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Una amiga me invita a clases de yoga, ¿puedo ir o es contrario a mi fe católica?


Me gustaría ofrecer mi perspectiva sobre la práctica del yoga y su relación con la fe católica. En mi opinión, NO es posible para un católico practicar yoga debido a sus orígenes en la religión hindú y su filosofía que entra en conflicto con los valores cristianos.

El yoga se originó en la India como una práctica religiosa que busca la unión del ser individual con la divinidad. Se basa en la filosofía del hinduismo, que sostiene que el universo es una manifestación de la divinidad y que la liberación de la ilusión de la individualidad es el objetivo final de la vida. Esta filosofía contradice la visión cristiana de Dios como un ser personal que se revela a la humanidad a través de la historia y de su Hijo Jesucristo.

Además, el yoga involucra la práctica de asanas (posturas) y la meditación, que a menudo se realizan en una posición sentada y en un estado de concentración profunda. En este estado, se busca unir la mente, el cuerpo y el espíritu en una sola entidad. Sin embargo, desde la perspectiva católica, la meditación debe estar basada en la oración cristiana y en la relación personal con Dios, y no en la vacuidad o en la autosuficiencia.

Otra preocupación que tengo como sacerdote es que algunas formas de yoga pueden incluir prácticas ocultas, como la invocación de espíritus o la utilización de mantras que pueden estar relacionados con deidades hindúes. La Iglesia Católica enseña que los cristianos no deben participar en prácticas que involucren la invocación de espíritus o que puedan ser consideradas supersticiosas.

Por estas razones, como sacerdote católico, no puedo recomendar la práctica del yoga para los católicos. En cambio, sugiero que aquellos que buscan formas de cuidar su cuerpo y su mente consideren otras opciones, como el ejercicio físico, la meditación cristiana o las prácticas de atención plena que se centran en la respiración y la atención consciente.

Además, me gustaría recordar que como católicos, nuestra fe es el centro de nuestras vidas y debe guiar nuestras decisiones en todas las áreas. Debemos buscar siempre la voluntad de Dios en nuestra vida y ser fieles a la enseñanza de la Iglesia en todo lo que hacemos. Siempre podemos hablar con un sacerdote o un consejero espiritual si tenemos preguntas o inquietudes sobre una práctica en particular y su relación con la fe católica.

Autor: Pbro. Ignacio Andrade

¿Qué le dice Dios al hombre ante el mal en el mundo? Sacerdote responde




El P. Francisco Javier “Patxi” Bronchalo, sacerdote de la Diócesis española de Getafe, ofreció una breve reflexión sobre lo que Dios le dice al hombre ante el mal y los desastres en el mundo actual.

“Ante desastres, plagas y catástrofes la Iglesia ha visto siempre en la historia la necesidad de conversión, ayuno, penitencia y volver a Dios”, escribió el sacerdote en su cuenta de Twitter.

“No olvidemos discernir los acontecimientos históricos también a la luz de la pregunta: ¿qué nos está diciendo Dios con esto que sucede?”, continuó.

El P. Bronchalo resaltó luego que “las palabras de la segunda lectura del domingo me parecen de gran ayuda frente al pecado y el mal”.

“En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en Él”, señala el texto bíblico.

La segunda lectura de este Cuarto Domingo de Cuaresma está tomada de la Segunda Carta a los Corintios 5, 17-21:

“Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo.

Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.

Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación.

Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en Él”.

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