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¿Se puede ser feliz en el cielo si tus familiares se condenan?


Mi querido amigo, esta es una de esas preguntas profundas y conmovedoras que a veces nos asaltan en nuestra búsqueda de comprensión y consuelo espiritual. Entiendo que la idea de que nuestros seres queridos puedan estar en una situación espiritual desafiante pueda generar preocupación y dolor. Permíteme abordar esta cuestión con amor y sabiduría, confiando en la enseñanza de nuestra fe católica.

La base de nuestra reflexión sobre el cielo y la posibilidad de felicidad, incluso en medio de las dificultades que podrían enfrentar nuestros seres queridos, se encuentra en la profunda comprensión del amor de Dios. La Biblia nos enseña que Dios es amor (1 Juan 4, 8), un amor que trasciende nuestra comprensión humana y que abraza a cada uno de nosotros con una ternura infinita.

Primero, recordemos que el cielo es la plenitud de la comunión con Dios. En el cielo, experimentaremos la presencia divina en su máxima expresión, un amor que colma toda necesidad y supera cualquier dolor que hayamos experimentado en la tierra. San Pablo nos dice en 1 Corintios 2, 9 que "cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman".

En cuanto a la situación de nuestros seres queridos, el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2, 4). Su deseo de salvación abarca a todos, y su misericordia es infinita. La Iglesia nos enseña que solo Dios conoce el corazón humano y la relación íntima que cada persona tiene con Él. Por lo tanto, la condena final solo puede venir de una elección consciente y libre de apartarse de Dios, una elección que solo Dios puede juzgar de manera justa y misericordiosa.

En este contexto, es fundamental comprender que la felicidad en el cielo no proviene de la ignorancia o la indiferencia hacia aquellos que puedan haberse apartado de Dios. En lugar de eso, se basa en la perfección del amor divino, que reconcilia toda la creación en Cristo. En el cielo, veremos todas las cosas a la luz de Dios, y su amor misericordioso será la fuerza que dará sentido incluso a las situaciones más difíciles.

La Biblia nos ofrece una imagen esperanzadora en Apocalipsis 21, 4, donde se nos promete que Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos, y no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las cosas antiguas habrán pasado. Este versículo nos da una visión consoladora de la realidad del cielo, donde Dios redimirá todo sufrimiento y reconciliará cada situación.

Es importante mencionar que, como seres humanos, a veces nos enfrentamos a la limitación de comprender plenamente los designios de Dios. Su sabiduría infinita va más allá de nuestra comprensión finita, y confiamos en su bondad y justicia divinas.

En cuanto a la pregunta de si se puede ser feliz en el cielo si nuestros seres queridos se condenan, la respuesta radica en confiar en el amor redentor de Dios. En el cielo, experimentaremos una visión completa y perfecta de la realidad, y confiaremos en la misericordia divina para reconciliar cualquier dolor o preocupación que hayamos llevado con nosotros.

Además, el cielo es un estado de comunión perfecta con Dios y con todos los que comparten ese estado. En este contexto, la fe católica nos enseña que el amor en el cielo será tan perfecto que abrazará incluso a aquellos que puedan haberse alejado de Dios en la tierra. Nuestra unión en el cielo será una expresión de la plenitud del amor divino que todo lo abarca.

En última instancia, la respuesta a esta pregunta está arraigada en la confianza en el amor y la misericordia de Dios. Nos sostiene la esperanza de que, en la plenitud de su amor, Él redimirá todas las cosas y reconciliará cada corazón con su divina providencia. Confiemos en que el cielo será un estado de alegría y comunión perfecta, donde experimentaremos la plenitud del amor divino que abraza todo, incluso aquello que nos ha causado dolor en esta vida terrenal.

Espero que esta charla haya proporcionado un consuelo en medio de una pregunta tan profunda. Sigamos caminando juntos en nuestra búsqueda de comprender el amor infinito de Dios y confiando en su misericordia. Estoy aquí para ti, siempre dispuesto a compartir esta maravillosa travesía de fe.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Rezando el Rosario, Clara salvó el alma de un desconocido, un ángel se lo confesó.


En una pequeña comunidad, un hombre llamado Antonio llevaba una vida apartada de su fe católica, sumido en una existencia llena de pecados y malas decisiones. Sin embargo, su destino estaba a punto de cambiar de una manera milagrosa.

En medio de su camino de perdición, Antonio sufrió un trágico accidente que le arrebató la vida. Su alma, cargada de culpas y en peligro de condenación, se preparaba para enfrentar un juicio que le llevaría eternamente al infierno. Mientras tanto, en esa misma comunidad, vivía una mujer llamada Clara, una ferviente creyente y devota del rosario. Clara rezaba cada noche ofreciendo el Rosario por las almas de los que estaban a punto de morir y estaban en peligro de condenarse.

Una noche, mientras Clara rezaba con fervor su Rosario en la intimidad de su hogar, un resplandor celestial inundó la habitación. Un ángel se le apareció, envuelto en una luz divina. Con voz suave pero llena de autoridad, el ángel habló a Clara: "Clara, tu oración ha sido escuchada. Tus súplicas han salvado el alma de un hombre llamado Antonio, a quien no conoces, pero a quien has ayudado, tus ruegos han sido atendidos. Jesús le ha perdonado en su juicio particular ya que te ha visto rezar el Rosario por las almas de los que están por condenarse".

Sorprendida y emocionada, Clara escuchó atentamente las palabras del ángel. Este le contó que Antonio, a pesar de sus pecados, había sido perdonado y había encontrado la salvación gracias al poder de sus oraciones. El ángel le aseguró que su ferviente intercesión había conmovido el corazón de Dios, quien había decidido extender su misericordia sobre el alma de Antonio.

Clara, inundada de alegría y gratitud, recibió la noticia con lágrimas de emoción. El ángel la animó a continuar rezando, a persistir en su devoción al rosario y a interceder por las almas en necesidad de perdón y redención.

Inspirada por la revelación celestial y consciente del impacto de su oración, Clara se comprometió a seguir rezando con mayor fervor y devoción. Comprendió que su papel en la salvación de las almas era de gran importancia y que, a través de su intercesión, podía ser un instrumento del amor y la misericordia divina.

A partir de ese momento, Clara continuó con dedicación su práctica del Rosario. Rezaba por las almas perdidas, por aquellos que se encontraban en peligro espiritual y por aquellos que necesitaban experimentar el amor de Dios en sus vidas. Su fe inquebrantable y su entrega constante a la oración se convirtieron en un faro de esperanza para aquellos que conocían su historia.

La historia de Antonio y la intercesión de Clara se propagaron rápidamente por la comunidad. Inspirados por el poder de la oración, muchos se unieron a Clara en la devoción al rosario y en la búsqueda de la reconciliación con Dios.

La experiencia de Clara y su encuentro con el ángel recordaron a todos la importancia de la oración perseverante y la confianza en la misericordia divina. Su ejemplo se convirtió en un testimonio vivo de que a través de la intercesión y la fe, incluso aquellos que parecen estar perdidos pueden encontrar la salvación y la gracia de Dios.

Pregúntale al sacerdote: "¿Me podría explicar la enseñanza de la Iglesia sobre el infierno?"


Pregunta: "¿Me podría explicar la enseñanza de la Iglesia sobre el infierno?"

Respuesta:

Debo comenzar diciendo que el infierno es un concepto difícil y controvertido. La idea del infierno es una de las creencias fundamentales de la Iglesia Católica, pero también es una de las enseñanzas más difíciles de entender y aceptar.

El infierno es el lugar donde se cree que van las almas de aquellos que han rechazado a Dios y han vivido una vida de pecado. Es un lugar de sufrimiento eterno y separación de Dios. La existencia del infierno se basa en la enseñanza de que el ser humano tiene libre albedrío y puede tomar decisiones que le alejen de Dios.

La Iglesia Católica enseña que el infierno es un lugar de castigo eterno y que las almas que están allí sufren tormentos inimaginables. La idea del infierno como un lugar de sufrimiento y castigo eterno ha sido objeto de crítica y debate, pero la Iglesia Católica sostiene que esta enseñanza es una verdad de fe.

La enseñanza de la Iglesia Católica sobre el infierno no debe ser entendida como una amenaza o un castigo arbitrario. En cambio, debe ser vista como una llamada a la conversión y a la vida en plenitud en Cristo. La Iglesia Católica cree que el infierno es una realidad, pero también cree que la misericordia de Dios es más grande que cualquier pecado o maldad.

La enseñanza de la Iglesia Católica sobre el infierno no es algo que deba ser utilizado para asustar a las personas o para coaccionarlas a creer en Dios. En cambio, debe ser vista como una verdad que nos recuerda la importancia de vivir una vida de virtud y de fidelidad a Dios.


En la enseñanza de la Iglesia Católica, el infierno es una consecuencia del pecado y del rechazo de Dios. La Iglesia Católica cree que el ser humano tiene la capacidad de elegir entre el bien y el mal, y que esta elección tiene consecuencias eternas. El infierno es el resultado de una elección libre y consciente de alejarse de Dios y de vivir en el pecado.

La Iglesia Católica también enseña que el infierno no es un lugar que Dios haya creado para castigar a las personas, sino que es el resultado de la elección de las personas de alejarse de Dios. La Iglesia Católica cree que Dios nos ama incondicionalmente y que desea que todos los seres humanos se salven.

En resumen, el infierno es una realidad enseñada por la Iglesia Católica, pero no debe ser entendido como una amenaza o un castigo arbitrario. En cambio, debe ser visto como una llamada a la conversión y a la vida en plenitud en Cristo. La enseñanza de la Iglesia Católica sobre el infierno nos recuerda la importancia de vivir una vida de virtud y de fidelidad a Dios y nos ofrece la esperanza de la misericordia de Dios, que es más grande que cualquier pecado o maldad.

La Iglesia Católica ha enseñado tradicionalmente que el infierno es un lugar, pero hay diferentes interpretaciones y matices en lo que respecta a su naturaleza y ubicación. Algunos teólogos católicos han sugerido que el infierno podría ser un estado o una condición, más que un lugar físico.

Según la enseñanza tradicional de la Iglesia, el infierno es un lugar de sufrimiento eterno donde las almas que han rechazado a Dios y han vivido una vida de pecado son enviadas después de su muerte. Se ha descrito como un lugar de oscuridad, fuego y tormento, donde las almas están separadas de Dios para siempre.

Sin embargo, la Iglesia también ha reconocido que la descripción del infierno en la Biblia y en las enseñanzas de la Iglesia puede ser simbólica o figurativa. Por ejemplo, el lenguaje de la Biblia sobre el infierno puede ser interpretado como una forma de describir el sufrimiento y el dolor que resultan del pecado y la separación de Dios.

En cualquier caso, la enseñanza de la Iglesia Católica sobre el infierno no debe ser entendida simplemente en términos físicos o geográficos. El infierno es ante todo una consecuencia del pecado y del rechazo de Dios, y se trata de una realidad espiritual que afecta a la relación del ser humano con Dios y con los demás.

En última instancia, la naturaleza del infierno sigue siendo un misterio y es objeto de debate y reflexión dentro de la teología católica. La Iglesia Católica nos llama a mantener una actitud de humildad y respeto ante la realidad del infierno, a la vez que nos invita a buscar la misericordia y el perdón de Dios a través de la Confesión para evitar sufrir la separación eterna de Dios en el infierno.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Es Dios realmente el que envía a las personas al infierno?



¿Cómo es que se produce la Condena de una Persona al Infierno y a otra al Cielo?

Hay una serie de preguntas que asaltan a la gente de nuestro tiempo.

¿Si Dios ama tanto a los seres humanos que Él creó, cómo podría enviar a alguno al infierno?

¿Sí es un Padre amoroso cómo puede permitir que la gente se pierda por toda la eternidad?

Y efectivamente Dios es un Padre amoroso para los hombres, porque envió a Su único Hijo para que muriera en la cruz y rescatarnos.

¿Un ser amoroso como ese, crearía un lugar donde reina el dolor, y que sea para toda la eternidad?

¿Y que las personas condenadas allí sean privadas para siempre de estar con Él?

Aquí hablaremos sobre la existencia del infierno, sobre cómo llega la gente a ese lugar, qué hace Dios para que la gente no llegue allí, cómo debemos precavernos de no llegar allí y que podemos hacer para prevenir que nuestros seres queridos se dirijan allí.

En el siglo XX ha tomado fuerza la idea de que todos los seres humanos irán al Cielo, independientemente de sus creencias o de sus conductas. 

A esto se le llama universalismo.

Algunos han argumentado que el infierno no existe.

Pero como es un dogma de fe de la Iglesia Católica, entonces aparecieron teólogos, como Hans Urs von Balthasar, que lo han evadido, argumentado engañosamente que el Infierno está vacío, y que los cristianos deben esperar eso.

Que es lo mismo que decir que no existe, porque tiene el mismo resultado.

¿Y qué consecuencias tiene esto?

En primer lugar nos sugiere que Dios es moralmente esquizofrénico, dice una cosa y hace otra.

Porque 21 de las 38 parábolas de la Biblia advierten sobre un juicio, en el que Dios separará aquellos que puedan entrar en el reino de los cielos, de aquellos que no puedan o no quieran entrar.

Hay parábolas que hablan de ovejas y cabras, de trigo y cizaña, de separación a la derecha y la izquierda, de vírgenes necias y vírgenes sabias, de aquellos que aceptan la invitación a la boda y aquellos que no, de los que están bien vestidos y los que no lo están para el banquete.

Están aquellos a los que Jesús les dice vengan benditos de mi padre y a los que dice aléjense de mí, y aquellos que golpean y Jesús les abre la puerta y aquellos a los que les dice no te conozco.

También habla repetidamente de un lugar donde el fuego no se apaga, y no precisamente el fuego del amor.

Un lugar al que se entra por una puerta ancha, donde habrá llanto y crujir de dientes.

Todo esto que se expresa en el Nuevo Testamento suena como que hay un lugar peor que la muerte física, al que algunos irán y otros no.

De modo que si se lee sólo con un poco de detenimiento la Biblia, dejando de lado los deseos humanos, es insostenible pensar que el infierno no existe o que no haya gente allí.


Sin embargo en la época actual prima más la emoción personal que la credibilidad de la Biblia o la palabra de Jesús.


Esto es lo que podemos llamar endurecimiento del corazón a la palabra de Dios.


En segundo lugar, el arrepentimiento no tiene sentido si no hay un lugar como el infierno. 


Porque de esta forma podrías hacer lo que quieras a quien quieras y no sufrir consecuencias eternas. 


Y en tercer lugar, no solo justifica el caos moral de hoy día, sino que lo vuelve más poderoso y persuasivo que un Dios supuestamente todopoderoso.


Aún así, algunos dirán que Dios condena a algo muy cruel por toda la eternidad.


Y en este hay un error garrafal.


Dios no envía a nadie al Infierno.


Pero Él no prohíbe que las almas se auto condenen, de lo contrario no tendríamos libre albedrío.


Es más, Él está en la puerta del infierno tratando de convencer a los que quieren entrar para que no lo hagan.


Mientras que desde dentro del infierno se oyen improperios e insultos contra Dios.


Vociferando incluso que no deberían permitirle que estuviera en la puerta haciendo proselitismo.


De modo que no es Dios el que envía o condena sino que sólo lo permite.


¿Y porque Dios permite que sucedan estas cosas desagradables?


De nuevo, se trata del respeto que tiene por nuestra libertad de elección, del libre albedrío con que nos creó.


Quienes van al infierno es porque ellos prefieren la oscuridad en lugar de la luz, eligen separarse de Dios.


¿Y porque la gente querría decidir separarse de Dios?


No es una respuesta fácil, pero en principio quizás el tema pase por una disconformidad respecto a la propia vida de la persona y a lo que le ha pasado en la Tierra.

Si Dios existe habría sido el culpable de todos los males que le sucedieron, inclusive de su propia personalidad y sus propios defectos.

Y no quieren tener ningún trato con una persona que califican negativamente.

Hoy esto queda más claro que nunca, porque ha surgido un nuevo ateísmo que no pone énfasis en que Dios no existe, sino en que podría llegar a existir, pero es un ser malo, porque su moral no deja a las personas hacer lo que ellas quieran. 

Pero lo cierto es que durante toda nuestra vida, Dios ha estado esperando que aceptemos Su misericordia.

Él nos ha dado la gracia de ver nuestros pecados a la luz, para que cambiemos.

Dios nos ha propuesto aceptar Su amor misericordioso y enfrentar la verdad sobre nuestros actos; que los veamos como lucen a sus ojos.

Esto vale tanto para conductas inmorales menores, como para actos inmorales que definimos como pecados mortales.

Y nos ha llamado permanentemente al arrepentimiento, que lava todas las culpas, aunque a veces no las consecuencias terrenales de nuestros pecados.

¿Y cómo actúa la misericordia de Dios en este caso de pecadores consuetudinarios y empedernidos?

¿Los abandona sin tratar de rescatarlos? Noooo.

Jesucristo ha dicho «no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento» Lucas 5:32, expresión que también se repite en los otros evangelios, porque es central en la misión del hijo de Dios.

Dios le da a cada persona, incluido los pecadores, un primer influjo misericordioso a través de la gracia preveniente, que les ilumina al alma para percibir lo que es el bien y el mal, y las verdades trascendentes.

Y además libera su voluntad para elegir entre el bien y el mal.

Es la gracia que les permite entender lo que es bueno y lo que es malo, y su culpabilidad de haber elegido lo malo.

Y además le da la capacidad de elegir por lo bueno.

Pero el individuo puede aceptar a Dios o no hacerlo.

Si lo acepta, entonces Dios derrama sobre él la gracia subsiguiente, para que coopere con Dios y con el prójimo.

Pero aunque el pecador odie a Dios y a su bondad, y tenga su alma tan endurecida como para continuar en el pecado, Él de cualquier manera le ayudará con su providencia.

Está constantemente mostrándole su amor y dándole esperanza; acercándole ejemplos de santidad, y produciendo en su vida situaciones para conducirlo al arrepentimiento.

Esta gracia providente no necesita la cooperación del libre albedrío, por lo que es un auxilio para acercarse a Dios que está presente aún en los casos más duros; es la lucecita que aún está encendida en el alma del pecador aún más impenitente. 

Y si el individuo comienza el proceso de arrepentimiento, Dios profundiza su gracia providente.

Pero aún hay más, cuando morimos, en el juicio personal, Dios nos presenta la elección final de un destino irrevocable: estar junto a Él para siempre, aunque pueda suponer una parada intermedia en el purgatorio para purificarnos, o ir al infierno.

De modo que en todo momento no es Dios quien condena al individuo al infierno, sino que el propio individuo es el que se condena al no elegir a Dios.

Y por tanto no se puede acusar a Dios de crueldad por enviar a la gente al infierno, porque Él no envía a nadie a allí.

Algunos tienen miedo de que sus hijos o sus seres queridos vayan al infierno, porque no responden a ningún llamado de arrepentimiento de sus conductas pecaminosas.

Esto se ha multiplicado en los últimos tiempos, porque la oscuridad se ha apoderado del mundo.

Pero deben considerar que Dios está actuando con las 3 gracias previas al arrepentimiento que hemos mencionado.

Y también los padres y familiares pueden cooperar con la gracia de Dios con su conducta y pidiendo un milagro.

Los evangelios nos avalan que la esperanza tiene bases factibles.

Nos muestran cómo la fe de otras personas han salvado por ejemplo a enfermos.

Y es especialmente importante para los padres que la fe de otra persona pueda lograr el milagro del arrepentimiento.

En caso de que sus hijos parezca que se dirigen expreso hacia el infierno, los padres deben confiar plenamente en la gracia de Dios.

Y permanecer más atados a Dios aún, tratando de agradarle y obedecerle, para pedirle constantemente por sus hijos con más legitimidad.

«Señor yo estoy haciendo lo que no hacen mis hijos, por favor míralos a ellos».

Por lo tanto la recomendación a los padres es no bajar los brazos, orar constantemente por la conversión de sus hijos y mostrar una ferviente fe cristiana en su vida diaria.

Esto mismo vale para cualquier persona que queramos salvar.

Bueno hasta aquí lo que queríamos hablar, sobre que el infierno existe, pero Dios no envía a nadie allí, sino que la propia persona lo elige y mientras Dios dará todas las instancias posibles para producir el arrepentimiento. 

La Virgen María intentó que Judas pidiera perdón a Jesús para que no se condenara



La vida de Judas es una de las más enigmáticas de la historia de la salvación.

Se dice que está en el infierno y que colabora con los demonios en la posesión de seres humanos.

Aunque por otro lado, su traición hizo posible que se cumpliera el plan de Dios.

Que Su hijo fuera apresado, condenado, crucificado y muerto, para cumplir su misión de tomar sobre sí los pecados de la humanidad y curar las heridas de la desobediencia a Dios, que le infringieron Adán y Eva.

Y hay unas revelaciones que Judas ha realizado en un exorcismo sobre su relación con la Virgen María, que ponen luz adicional sobre lo que sucedió en esos días.

Aquí hablaremos sobre las revelaciones de Judas Iscariote de su vida en el infierno, y del momento de la traición a Jesús, que sucedió y cómo actuó la Virgen María.

En medio de la apostasía que hoy afecta a los cristianos ha surgido la herejía de que el infierno no existe, o lo que dicen algunos ordenados para no contradecir las enseñanzas de la Iglesia, que está vacío, porque Dios es tan misericordioso que no enviaría a nadie allí.

Afirmar que el infierno puede estar vacío es una contradicción, porque la condenación en sí misma es el rechazo deliberado del hombre de Dios.

No habría gente en el infierno si nadie negara a Dios, pero la realidad muestra que hay seres humanos que tienen un rechazo deliberado, persistente y militante hacia Dios.

Y sabemos que al cielo entran solo los que aman a Dios.

Por otro lado sabemos de su existencia porque varios videntes de las apariciones marianas han sido llevados al infierno, pensemos nomás en Fátima, en Santa Faustina Kowalska, en la Beata Ana Catalina Emmerich.

Y cuentan que no está vacío, que han visto seres humanos y demonios allí.

Otra corroboración es lo que han dicho los demonios en exorcismos.

Que el infierno existe, no está vacío porque ellos viven allí y también hay seres humanos junto a ellos.

Este debate debería estar zanjado, pero sin embargo aún hay cristianos que siguen pensando que el infierno no existe o está vacío.

Y entre los que aceptan la existencia del infierno, que por lo cierto aún son la mayoría de los cristianos, ha habido dos debates.

Uno es si Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús está en el infierno o no.

Hasta mediados del siglo XX se había aceptado que Judas estaba en el infierno.

Tanto el Concilio de Trento, como los Padres y Doctores de la Iglesia, la liturgia, eran unánimes sobre la creencia de que Judas estaba en el infierno.

Y hay videntes que lo han visto en el infierno.

Pero hoy, sin embargo, se sostiene que no se sabe, de la misma forma que se supone que el infierno está vacío.

Y otro debate es si los seres humanos, que han caído en el infierno, pueden poseer personas como los demonios.

Porque la experiencia en varios exorcismos es que se ha encontrado a Judas Iscariote entre los seres que poseen a una persona.

Cuando se exige a los demonios que contesten la verdad en el nombre de Jesús lo hacen obligados, y también sucede cuando se les exige que lo hagan en el nombre de la Virgen María.

Y hubo casos en que un ser poseyó a distintas personas, detectado por distintos exorcistas, admitió ser el mismo Judas que mencionan los evangelios, el ser humano, el Iscariote.

Y se ha encontrado que es más difícil de expulsar que los demás.

Parece que Judas es impermeable al Rito del Exorcismo, al agua bendita y a casi todo lo demás.

Y además que finalmente la Virgen María es quien tiene la capacidad de expulsar a este Judas.

¿Por qué tanta dificultad para expulsar a un ser humano humilde cuando pueden expulsar demonios poderosos como satanás, belcebú, asmodeo en el nombre de Jesús?

La respuesta parece ser que Jesús dio a sus discípulos Su autoridad para expulsar demonios, pero no para expulsar a los seres humanos caídos.

Entonces los exorcistas no tienen autoridad para expulsar a Judas.

Marcos 16, 17 pone en la boca de Jesús ese permiso a los apóstoles «estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios».

Y junto con esto les dio también autoridad sobre las enfermedades, sobre las fieras, sobre los venenos y sobre el lenguaje.

Ahora, ¿qué informaciones ha dado este Judas cuando ha sido obligado a hablar mientras poseía a una persona?

En un exorcismo realizado en 1975 a una mujer, Judas reveló que luego de su resurrección Jesucristo no sólo fue al lugar dónde las almas de los justos estaban esperando por él.

Sino también al infierno, dijo,

«Vino para mostrar que también había muerto por nosotros. Fue terrible para nosotros.

Fue necesario que Miguel y los ángeles nos encadenasen, para evitar que nos precipitásemos sobre Él»
.

Es que el infierno es un lugar de odio y desesperación.

Y es por esa desesperación la necesidad de aferrarse a su gente poseída que tienen los demonios, y no sólo porque es su misión.

Una y otra vez Judas y los demonios dicen que no quieren irse de la persona poseída.

Lo que nos hace recordar a los demonios «Legión» en la Biblia, que rogaron a Jesús, mientras los exorcizaba, para entrar a los cerdos.

Pero en realidad los demonios y Judas deberían considerar que el Infierno es su casa, porque viven allí por la eternidad.

Al punto que un demonio expresó así,

«Dios no hizo el infierno. Nunca hubiera pensado en un lugar así. Nosotros lo hicimos»

Aunque quizás quiso decir que si bien Dios lo creó, los demonios le dieron la impronta del odio que se respira allí, por eso el infierno es tan horrible.

Pero lo cierto es que a pesar de ser su casa, los demonios intentarán todos los trucos para quedarse.

Se esconderán, harán pensar que se han ido, intentarán evitar que la persona poseída vaya a las sesiones.

En las sesiones ellos mismos suplicarán y alargarán lo más posible su estadía en ese cuerpo poseído.

Y Judas también suplica que lo dejen, diciendo que el infierno no sólo es terrible en sí mismo, sino que además, los demonios no lo quieren tener en el infierno.

El infierno es una jerarquía que se rige por la maldad y el castigo, los demonios más poderosos castigan a los menos poderosos.

Satanás visita cuerpos de personas poseídas y aunque los otros demonios están cumpliendo su misión, aún así son castigados por él.

Pero Judas la tiene peor, ha dicho en tono de desesperación,

«¡Vosotros no sabéis lo cruel que es el infierno, no sabéis lo que es eso!. Tengo un rincón horroroso ahí abajo».

Y su mensaje es una advertencia para nosotros, porque dijo,

«Decid a todos que tengo un rincón horroroso. Vivid honestamente.

Haced todo lo que podáis para llegar al cielo, aunque tengáis que ser torturados durante mil años».


Y agregó,

«¡Resistid, el infierno es horrible! Nadie sabe lo que es el infierno. Es mucho peor de lo que podéis creer. ¡Es terrible!».

«Decid a la juventud, a los herejes, a todos: ¡Existe un infierno! Y es execrablemente terrible».

Ahora bien, sabemos que el demonio es un mentiroso y que es obligado a decir la verdad en el nombre de Jesús.

Y algunos pueden tener dudas de si cuando los demonios hablan en los exorcismos no mienten.

Sin embargo en este caso precisamente está previniendo a los seres humanos para que no caigan en el infierno, o sea haciendo todo lo contrario que lo que debería hacer un habitante de ese lugar, que sabe que no podrá salir de allí.

Pero quizás lo más importante que Judas reveló, fueron algunas cosas sobre su caída.

En primer lugar habla de su relación con la Santísima Virgen diciendo que Ella lo amaba,

«¡Me ha amado tanto! ¿Sabéis lo que es eso?»

En segundo lugar, recuerda que luego de la traición a Jesús no tuvo la esperanza de acudir a Él arrepentido, para pedir el perdón de su pecado, y sabemos que el Señor lo hubiera hecho.

Lo hizo con Pedro cuando lo negó 3 veces.

En cambio su falta de esperanza lo llevó al suicidio, se ahorcó.

Y en tercer lugar revela que hubo una gestión de la Santísima Virgen para que él no se condenara, para que se arrepintiera y fuera a pedir perdón al Señor, dice,

«Si hubiera escuchado a la Santa Virgen y no me hubiera pasado la cuerda alrededor del cuello, hubiera tenido esperanza»

«Ella me advirtió, pero no la escuché. ¡Si la hubiera escuchado! La desprecié».


No hizo caso al consejo de María y su condenación no estuvo dada por la traición, sino por el pecado de no pedir perdón por la misma, no arrepentirse y ahorcarse.

Y también revela algo que ya se suponía, dijo,

«En realidad, desde el principio no había venido por Jesús.

Había esperado el poder y la realeza, y al no realizarse esto, me decepcioné».


O sea que había apostado a que Jesús fuera un mesías político y revolucionario.

Bueno hasta aquí para concluir que en definitiva Judas está en el infierno, porque no aceptó pedir la misericordia de Jesucristo cuando lo traicionó y que Nuestra Señora lo intentó llevar a la esperanza y él no aceptó.

Y me gustaría preguntarte cuál es tu impresión sobre Judas y qué relación supones tenía con la Santísima Virgen.

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