¿Los que vivieron antes de Jesús se pueden salvar?


Qué gran pregunta has planteado, y déjame decirte que es una de esas preguntas profundas que nos llevan a reflexionar sobre la misericordia y el plan de Dios para toda la humanidad. Entiendo que pueda surgir esta duda, especialmente considerando que Jesús vino hace más de dos mil años, pero déjame llevarte por un viaje a través de la fe y la enseñanza de la Iglesia Católica.

Primero que nada, es esencial recordar que Dios es infinitamente misericordioso y justo. Su amor por cada uno de nosotros trasciende el tiempo y el espacio, y su deseo más profundo es que todos sus hijos encuentren la salvación. En la Biblia, en la carta de Pedro, encontramos una afirmación que nos llena de esperanza: "El Señor no tarda en cumplir su promesa, como algunos creen que tarda; más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan" (2 Pedro 3,9).

Ahora, hablemos de aquellos que vivieron antes de la venida de Jesús. Desde el principio de la historia humana, Dios ha estado buscando el corazón de sus hijos. En el Antiguo Testamento, vemos cómo Dios se revela gradualmente a su pueblo elegido, guiándolos, enseñándoles y mostrándoles su amor. A través de los profetas, Dios comunicaba su voluntad y su deseo de que su pueblo viviera de acuerdo con sus mandamientos y se arrepintiera de sus pecados.

Entonces, ¿qué pasa con aquellos que vivieron antes de la llegada de Jesús? La Iglesia enseña que, a través de la gracia de Dios, aquellos que vivieron de acuerdo con la luz de la conciencia y buscaron sinceramente la voluntad de Dios pueden encontrar la salvación. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: "También pueden alcanzar la salvación eterna aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan a Dios con corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, por cumplir su voluntad conocida a través de lo que dice su conciencia" (Catecismo de la Iglesia Católica, 847).

Este pasaje nos enseña que la gracia de Dios no está limitada por el tiempo o por nuestras circunstancias. Aquellos que vivieron antes de la venida de Jesús pueden, por la gracia de Dios, ser salvos si buscaron sinceramente a Dios y vivieron de acuerdo con su conciencia. Es importante destacar que esta salvación no se logra por mérito propio, sino por la gracia y el amor infinito de Dios.

Además, la venida de Jesús trajo consigo una revelación más plena del plan de salvación de Dios. En Jesucristo, Dios se hizo hombre y nos mostró el camino hacia el Padre. Él mismo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie llega al Padre sino por mí" (Juan 14,6). Jesús es el mediador entre Dios y la humanidad, y su sacrificio en la cruz nos ofrece la redención y la reconciliación con Dios.

La Iglesia Católica enseña que la gracia de la salvación que fluye del sacrificio de Cristo en la cruz se aplica a todas las personas de todas las épocas. En su infinita sabiduría y amor, Dios ofrece la salvación a todos, y cada uno tiene la oportunidad de responder a ese regalo de amor.

Entonces, ¿cómo podemos aplicar esto a nuestras vidas hoy? Primero, es importante reconocer la bondad y la misericordia de Dios. Él desea nuestra salvación más que cualquier otra cosa y nos ofrece su gracia de manera abundante. En segundo lugar, debemos responder a ese amor con fe y arrepentimiento. Jesús nos llama a convertirnos y creer en el Evangelio (Marcos 1,15). Esto significa volverse hacia Dios, apartarnos del pecado y abrir nuestros corazones a su gracia sanadora.

Finalmente, recordemos que somos llamados a ser instrumentos de la misericordia de Dios en el mundo. Al vivir nuestras vidas en conformidad con el Evangelio y compartir el amor de Cristo con los demás, podemos ser luces que guíen a otros hacia la salvación.

Así que, en resumen, aquellos que vivieron antes de la venida de Jesús pueden, por la gracia de Dios, encontrar la salvación si buscaron sinceramente a Dios y vivieron de acuerdo con su conciencia. La venida de Jesús nos trajo una revelación más plena del plan de salvación de Dios, pero su gracia se aplica a todas las personas de todas las épocas. Confiamos en la infinita misericordia y justicia de Dios, y continuamos viviendo nuestras vidas en respuesta a su amor.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

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