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7 Propósitos que tiene el Asistir a Misa para nuestra Vida de Fe.


Hermanos en Cristo, me complace reflexionar con ustedes sobre siete propósitos de la Santa Misa, que es el acto central de nuestra fe y la fuente y cumbre de nuestra vida cristiana. En efecto, en la Misa nos unimos para:

1. Adorar a Dios: En la Misa, rendimos culto al Señor, reconociendo su grandeza y majestad. Nos postramos ante su presencia, reconociendo nuestra pequeñez y su infinita bondad.

2. Expresar gratitud: Agradecemos a Dios por los dones recibidos, especialmente por la Eucaristía, que nos alimenta en nuestro camino espiritual. La Misa es un acto de acción de gracias, donde reconocemos la abundancia de sus dones.

3. Pedir perdón y ayuda: En la Misa, nos acercamos a Dios con humildad, pidiendo perdón por nuestros pecados y solicitando su protección y guía. Reconocemos nuestra debilidad y su misericordia.

4. Unirnos en comunidad: La Misa nos une como familia de Dios, fortaleciendo nuestros lazos y compromiso con los demás. Somos el Cuerpo de Cristo, y en la Misa celebramos nuestra unidad y diversidad.

5. Conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús: En la Misa, recordamos el sacrificio de Jesús y celebramos su victoria sobre la muerte. La Misa es un memorial de su amor y redención.

6. Recibir la Eucaristía: En la Comunión, recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo, que nos nutre y fortalece en nuestra fe. Somos alimentados por el Pan de Vida, para vivir como discípulos de Jesús.

7. Santificarnos: La Misa nos ayuda a crecer en santidad, transformándonos en discípulos de Jesús, para vivir según sus enseñanzas y ser testigos de su amor. La Misa es un encuentro con el Señor que nos renueva y fortalece.

Que la Misa sea para nosotros un encuentro vivo con el Señor, que nos renueve y fortalezca en nuestra fe y en nuestro compromiso de seguir a Jesús. Que nos ayude a crecer en amor y santidad, y a ser luz y esperanza en el mundo. Amén.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Qué significa "Sacrificio Incruento" cuando hablamos de la Misa?

                              

¿Qué es un "Sacrificio Incruento"?

Para entender qué significa "sacrificio incruento", desglosémoslo en dos partes: "sacrificio" e "incruento".

Sacrificio

En términos religiosos, un sacrificio es una ofrenda hecha a Dios. Históricamente, esto solía involucrar el derramamiento de sangre, como en los sacrificios de animales en el Antiguo Testamento. Estos sacrificios tenían propósitos específicos, como la expiación de pecados y el fortalecimiento de la relación con Dios.

Incruento

"Incruento" significa "sin derramamiento de sangre". Es una palabra que describe algo que no involucra violencia o la muerte física. Entonces, cuando hablamos de un "sacrificio incruento", estamos hablando de un sacrificio que no implica el derramamiento de sangre o la muerte física.

El Contexto del Sacrificio Incruento en la Misa

En la Misa, el término "sacrificio incruento" se refiere a la manera en que el sacrificio de Jesucristo en la cruz se hace presente de nuevo, pero sin el sufrimiento físico y el derramamiento de sangre que ocurrió en el Calvario.

El Sacrificio de Cristo

Jesús, al morir en la cruz, realizó el sacrificio perfecto, único y eterno para la salvación de la humanidad. Este sacrificio fue cruento porque involucró su sufrimiento y la derramamiento de su sangre. En la carta a los Hebreos se nos dice que "sin derramamiento de sangre no hay perdón" (Hebreos 9,22), indicando que el sacrificio de Cristo era necesario y completo.

La Eucaristía como Sacrificio Incruento

La Misa es la actualización de este sacrificio único de Cristo. Durante la consagración, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sin embargo, esto ocurre de manera sacramental, es decir, sin que haya un nuevo derramamiento de sangre. De ahí que llamemos a la Misa un "sacrificio incruento".

El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica de la siguiente manera:

"El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio: 'La víctima es una y la misma: el mismo que entonces se ofreció a sí mismo en la cruz, se ofrece ahora por ministerio de los sacerdotes; solo difiere la manera de ofrecer'. 'Y puesto que en este sacrificio divino que se realiza en la Misa, el mismo Cristo que se ofreció a sí mismo una vez de manera cruenta en el altar de la cruz está contenido y es ofrecido de manera incruenta, este sacrificio es verdaderamente propiciatorio'" (CIC 1367).

La Importancia del Sacrificio Incruento

¿Por qué es importante que la Misa sea un sacrificio incruento? Hay varias razones teológicas y espirituales que hacen de esta característica algo fundamental para nuestra fe:

  1. Participación en el Sacrificio de Cristo: Al participar en la Misa, los fieles no están asistiendo a una repetición del sacrificio de Cristo, sino a su representación sacramental. Esto significa que el único sacrificio de Cristo se hace presente y accesible para nosotros de una manera real pero incruenta.

  2. Renovación de la Alianza: En cada Misa, se renueva la nueva y eterna alianza que Cristo estableció con su sacrificio. Aunque no se derrama sangre en cada Misa, la Eucaristía nos permite entrar en comunión con el sacrificio redentor de Jesús.

  3. Eficacia Redentora: El hecho de que la Misa sea un sacrificio incruento no disminuye su eficacia. En cada Eucaristía, recibimos las gracias del sacrificio de Cristo. Esto incluye la expiación de nuestros pecados y la fortaleza para vivir nuestra fe.

Comparación con los Sacrificios del Antiguo Testamento

Para entender mejor el significado del sacrificio incruento, es útil compararlo con los sacrificios del Antiguo Testamento. En esos tiempos, los sacrificios de animales eran comunes y requerían el derramamiento de sangre para la expiación de los pecados. Estos sacrificios eran símbolos y anticipaciones del sacrificio perfecto que Jesús realizaría.

En la carta a los Hebreos, se hace esta comparación explícita: "Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados" (Hebreos 10,4). Aquí, el autor subraya que esos sacrificios eran insuficientes y solo el sacrificio de Cristo, realizado una vez y para siempre, podía verdaderamente redimirnos.

La Misa y el Misterio Pascual

La Misa es una participación en el misterio pascual de Cristo, que incluye su pasión, muerte y resurrección. Aunque no vemos el sufrimiento físico de Jesús en cada Misa, el misterio de su sacrificio está presente. Este es el corazón del sacrificio incruento: participamos en el sacrificio de Jesús de una manera que trasciende el tiempo y el espacio, entrando en el misterio de su amor redentor.

La Presencia Real de Cristo

Una de las maravillas del sacrificio incruento de la Misa es la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Aunque no vemos el derramamiento de sangre, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo de manera real. San Pablo dice en 1 Corintios 11,24-25: "Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí".

Reflexión Final

El concepto de "sacrificio incruento" puede parecer complicado, pero en su esencia es una expresión del amor infinito de Dios por nosotros. Cada vez que asistimos a la Misa, somos invitados a participar en el sacrificio redentor de Cristo de una manera profunda y transformadora. Aunque no vemos sangre derramarse, el poder y la gracia del sacrificio de Jesús están presentes y activos en nuestras vidas.

Así que, la próxima vez que estés en la Misa, recuerda que estás participando en el mismo sacrificio que Jesús ofreció en el Calvario. Es una oportunidad para renovar tu fe, recibir la gracia de Dios y unirte más profundamente a Cristo.

Espero que esta explicación te haya ayudado a entender mejor lo que significa el "sacrificio incruento" en la Misa. 

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Increíble historia: Muere en plena misa ante el altar y se realiza allí mismo la Misa de cuerpo presente.

 


Juan, tenía 60 años y bastante fe.

Entró a una iglesia a rezar y se arrodilló delante del altar, pero poco después vino a su encuentro la muerte, fue minutos después.

La parroquia era la de Jesús Sacerdote, en Tlalpan, una de las demarcaciones territoriales de Ciudad de México. Ocurrió el domingo pasado, poco antes del inicio de la misa de la tarde, la de la 1 de la tarde.

Cuando Juan cayó, se llamó a una ambulancia, pero era manifiesto que había fallecido. Había sufrido un infarto fulminante.

“Juan vino por su propio pie a su Misa de cuerpo presente”, dijo el P. Sajid Lozano, el párroco. “Juan tuvo la fortaleza y el ánimo de venir a la casa de Dios a dar su último suspiro”, agregó.

La policía dio el permiso para que se realizara la ceremonia de cuerpo presente, el cual fue cubierto con una sábana blanca.

El hijo también estuvo

El párroco y los fieles presentes no sabían quien era Juan. Pero un joven que pasó por la iglesia lo identificó, y fue a avisar a su hijo, quien corrió hasta la parroquia y allí participó de la Misa de Exequias de su padres.

Narró el P. Lozano que los fieles “rezaron por una persona que no conocían, pero que era un miembro de la comunidad”.

“A la gente le impactó mucho, noté a mi comunidad sorprendida por lo que había pasado, juntos reflexionamos que la muerte es solo el final de nuestro peregrinar en este mundo, pero el comienzo de la vida eterna”, afirmó.

Increíble historia: Muere en plena misa ante el altar y se realiza allí mismo la Misa de cuerpo presente.

 


Juan, tenía 60 años y bastante fe.

Entró a una iglesia a rezar y se arrodilló delante del altar, pero poco después vino a su encuentro la muerte, fue minutos después.

La parroquia era la de Jesús Sacerdote, en Tlalpan, una de las demarcaciones territoriales de Ciudad de México. Ocurrió el domingo pasado, poco antes del inicio de la misa de la tarde, la de la 1 de la tarde.

Cuando Juan cayó, se llamó a una ambulancia, pero era manifiesto que había fallecido. Había sufrido un infarto fulminante.

“Juan vino por su propio pie a su Misa de cuerpo presente”, dijo el P. Sajid Lozano, el párroco. “Juan tuvo la fortaleza y el ánimo de venir a la casa de Dios a dar su último suspiro”, agregó.

La policía dio el permiso para que se realizara la ceremonia de cuerpo presente, el cual fue cubierto con una sábana blanca.

El hijo también estuvo

El párroco y los fieles presentes no sabían quien era Juan. Pero un joven que pasó por la iglesia lo identificó, y fue a avisar a su hijo, quien corrió hasta la parroquia y allí participó de la Misa de Exequias de su padres.

Narró el P. Lozano que los fieles “rezaron por una persona que no conocían, pero que era un miembro de la comunidad”.

“A la gente le impactó mucho, noté a mi comunidad sorprendida por lo que había pasado, juntos reflexionamos que la muerte es solo el final de nuestro peregrinar en este mundo, pero el comienzo de la vida eterna”, afirmó.

¿Por qué nos damos tres golpes en el pecho en el ‘Yo pecador’?




La oración del ‘Yo pecador’ se utiliza en los ritos iniciales de la Santa Misa, pero también en el Sacramento de la Penitencia-Reconciliación. Cuando lo recitamos, acostumbramos darnos tres suaves golpes en el pecho. ¿Esto qué significa? 

Vayamos por partes.

En la Santa Misa, quizás, de forma rutinaria (y más si somos de los que llegamos tarde), recitamos el ‘Yo pecador’ a la carrera, muchas veces balbuceando sin darnos cuenta de la importancia que tiene.

Y es que, recitar el ‘Yo pecador’ es un signo de purificación para estar atentos a la Palabra y con el corazón y el alma dispuestos a participar del Banquete Divino; es también disponer nuestro cuerpo y nuestro espíritu limpio con Dios y con nuestros hermanos; y en el aspecto individual y comunitario, es pedir perdón por mis pecados y por los de los demás, y reconocer que el otro necesita de mi oración y yo necesito del hermano para una auténtica conversión.

En cuanto al Sacramento de la Penitencia, al momento de recibir la absolución, se acostumbra también recitar el ‘Yo pecador‘ (También se le conoce como el ‘Yo confieso’), en una actitud de arrepentimiento y de agradecimiento por recibir el bálsamo del perdón ante nuestra fragilidad humana, rescatada por los méritos de la Sangre de Cristo. Es como decir: “quedo perdonado”.

¿Por qué nos damos tres golpes en el pecho?

Respondo a esta pregunta: cuando, con sincero corazón, reconocemos el amor de Dios que nos perdona y reconcilia, nos devuelve a la comunión, decimos: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, y entonces nos damos tres golpes de pecho, pues tres veces nos reconocemos, así nos mortificamos (no nos lastimamos), una expresión de sincero dolor.

Llanamente, el “tres” significa la totalidad, como decimos en los refranes populares: “la tercera es la vencida”, “hasta tres”; ni más ni menos (sin exagerar), con tres ya expresamos sinceridad y arrepentimiento.

También, como se nos muestra en la Pasión de Cristo, Jesús cayó tres veces y tres veces se levantó; y fue cuando San Pedro negó por tercera vez a Jesús cuando cayó en la cuenta de que había negado a su Maestro, y se arrepintió.

Estos suaves golpes en el pecho son un signo visible de conversión a Dios y a los hermanos; son también un signo comunitario y, a la vez, muy personal de reconocer que somos culpables y necesitamos de la redención para el perdón de nuestras faltas y pecados. Asimismo, es un signo de súplica para obtener el perdón de nuestros pecados.

Así es, nosotros caemos, y al darnos cuenta, nos volvemos a Dios con un corazón arrepentido y confiado.

En nuestro lenguaje cotidiano hemos escuchado el mea culpa, pues viene de esta bella oración. Podemos utilizarlo siempre en nuestras oraciones de la noche para tener un descanso sereno, en los brazos misericordiosos de Dios, que siempre perdona y acoge al pecador.

Oración Yo Pecador (Yo Confieso)

Yo confieso ante Dios Todopoderoso,

y ante ustedes, hermanos,

que he pecado mucho

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a ustedes, hermanos,

que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

Grupo de encapuchados irrumpieron en una Catedral en plena celebración de la Misa


Un grupo de encapuchados irrumpió en la Catedral de Bogotá en la mañana del domingo 20 de marzo durante la celebración de la Misa.

Según explica el comunicado de la Arquidiócesis de Bogotá “un grupo de personas interrumpió la celebración sagrada al final de la misma, con arengas y gritos en contra de la Iglesia y del Estado”.

Según comentó el padre Jorge María, párroco de la Catedral los encapuchados participaron inicialmente de la celebración.

“Entraron con tapabocas y se hicieron en las bancas para participar de la celebración, como cualquier persona. Y cuando iba a empezar la comunión, se encapucharon ahí mismo, se pararon sobre las bancas y empezaron a gritar arengas. Pero no se entendía qué era lo que pedían o de qué movimiento eran”, explicó.

El personal de la Catedral les pidió a los encapuchados “que se retiraran, que respetaran la celebración y los fieles… algunos se levantaron muy indispuestos por el abuso que estaban cometiendo. Se llamó a la Policía en la Plaza de Bolívar y ellos los sacaron… y ya. Fue una cuestión que duró tres o cuatro minutos y se continuó la celebración normal”, concluyó.

El comunicado de la Arquidiócesis de Bogotá comenta que las autoridades manejaron “la situación y llevaron estas personas al exterior del templo, sin que se presentara ningún tipo de violencia ni actos vandálicos”.

Al mismo tiempo, hace “un llamado a respetar los recintos y celebraciones religiosas que hacen parte de la vida de todo el pueblo colombiano”.

“De igual manera, invita a buscar los escenarios adecuados para que todas las personas puedan ser escuchadas y también para respetar los derechos de todos, incluyendo el de profesar una religión y realizar actos de culto en paz y armonía”.

¿Qué piensas de la irrupción de estos encapuchados?

¿Se puede cantar música protestante en la Santa Misa?


¿SE PUEDE CANTAR MÚSICA PROTESTANTE EN LA SANTA MISA?
Por Padre Paulo Ricardo

El Papa Emérito Benedicto XVI trabajó arduamente todo su pontificado para mostrar la belleza y la importancia de la liturgia en la vida de la Iglesia. Más que documentos y papeles (los cuales poseen obviamente su relevancia), buscó vivir la liturgia en toda su plenitud, educando por el ejemplo. Enseñó a todos que “una liturgia participativa es importante siempre que no sea sentimental. La liturgia no debe ser simplemente una expresión de sentimientos sino que debe emergir la presencia y el misterio de Dios en el cual él entra y por el cual nosotros nos permitimos ser formados. 

Así, todo lo que envuelve la liturgia tiene su importancia y su significado. Como centro de la vida del cristiano católico, por lo tanto no se puede realizar de cualquier forma. La Iglesia, a lo largo de sus dos mil años de historia, siempre tuvo especial atención a los canticos y a las músicas ejecutadas en las diversas celebraciones especialmente en la Santa Misa. 

El Catecismo de la Iglesia Católica dedica los números 1156 y siguientes, para explicar la importancia del canto y de la música para la liturgia: 

“La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne” (…) El canto y la música cumplen su función de signos de una manera tanto más significativa cuanto “más estrechamente estén vinculadas a la acción litúrgica” (SC 112), según tres criterios principales: la belleza expresiva de la oración, la participación unánime de la asamblea en los momentos previstos y el carácter solemne de la celebración. Participan así de la finalidad de las palabras y de las acciones litúrgicas: la gloria de Dios y la santificación de los fieles (…) Pero los textos destinados al canto sagrado deben estar de acuerdo con la doctrina católica; más aún, deben tomase principalmente de la Sagrada Escritura y de las fuentes litúrgicas.” 

Ahora bien, el Catecismo es bastante claro en el sentido de que la Iglesia posse la música como patrimonio y este no debe ser ignrado o substituido por modismos. Los cantos y la música colaboran para que cada fiel se sumerja en el misterio de la celebración y se aproxime al centro, que es Dios. El Papa Benedicto XVI en su exhortación apostólica Sacramentum Caritatis es aún más objetivo cuando dice: 

“La Iglesia, en su historia bimilenaria, ha compuesto y sigue componiendo música y cantos que son un patrimonio de fe y de amor que no se ha de perder. Ciertamente,no podemos decir que en la liturgia sirva cualquier canto. A este respecto, se ha de evitar la fácil improvisación o la introducción de géneros musicales no respetuosos del sentido de la liturgia. Como elemento litúrgico, el canto debe estar en consonancia con la identidad propia de la celebración.[128] Por consiguiente, todo —el texto, la melodía, la ejecución— ha de corresponder al sentido del misterio celebrado, a las partes del rito y a los tiempos litúrgicos. Finalmente, si bien se han de tener en cuenta las diversas tendencias y tradiciones muy loables, deseo, como han pedido los Padres sinodales, que se valore adecuadamente el canto gregoriano como canto propio de la liturgia romana.” 

Se percibe entonces que la música y el canto deben ser escogidos con criterio,respetando el sentido de la liturgia que no es otro sino adorar a Dios, haciendo memoria de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo 

Las músicas y canciones que hacen parte del patrimonio de la Iglesia ya pasaron por el cribo teológico y se presume por lo tanto que estén exentas de errores o de herejías. Lo que no sucede con canciones de autores declaradamente protestantes, pues como el mismo nombre lo indica, están separados de la iglesia por algún motivo que de alguna forma se puede reflejar en la letra de la música. Si eso sucede, el católico, inadvertidamente estará prefiriendo un error o una herejía. 

Para no correr el riesgo de equivocarse y hacer que otros se equivoquen o lo que aún es peor, caer en herejías, se recomienda permanecer siempre con el patrimonio de la Iglesia. Por lo tanto, es seguro caminar por la vereda señalada por el Papa Emérito Benedicto XVI: “preservar el patrimonio de fe y de amor que es la música y el canto sagrado, utilizandolos y enfocandolos en la fomación de los músicos, valorizando adecuadamente el canto gregoriano, como canto propio de la liturgia romana”. Así el mundo será introducido en el misterio de la liturgia y no lo contrario. 

Padre Paulo Ricardo

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¿Pedir por una mascota enferma en las intenciones de la Santa Misa? ¿Se puede?


¿PEDIR POR UNA MASCOTA ENFERMA EN LAS INTENCIONES DE LA SANTA MISA? ¿SE PUEDE?
Por Fray Nelson Medina, OP 

No debe celebrarse esa misa con esa intención. Una mascota supone un modo de amar que puede ser educativo pero que es incompleto. 

La siguiente, es una pregunta realizada al Sacerdote de la orden de predicadores de los Dominicos, Fray Nelson Medina, O.P. 

¿Fray Nelson, está bien que una señora que vive sola con un perrito y este se enferma, puede cancelar el estipendio de una Eucaristía por la salud del perrito? Dios te guarde y te traiga con salud. - M.C. (Ibagué). 

Responde Fray Nelson Medina, OP: 

"No debe celebrarse esa misa con esa intención, aunque tal vez haya algún lugar donde reciban el estipendio." 

Una mascota supone un modo de amar que puede ser educativo pero que es incompleto. 

La mascota no configura un "tú" real sino que es más bien una prolongación del propio "yo." 

A pesar de sus rasgos de personalidad, y de otros factores que nos hacen ver a las mascotas como semejantes a nosotros, es ante todo nuestra propia observación, y el lenguaje con que conectamos su comportamiento, lo que hace que los veamos tan humanos. 

La realidad es que estos animales (y lo mismo vale para las plantas) son sólo espejos de aumento que nos permiten ver con detenimiento aspectos de nuestro propio ser. 

Por ejemplo: la delicadeza y destreza con que un ave hace su nido nos ayuda a reconocer el rasgo humano que lleva a cuidar de los niños, o por extensión, de otros seres desvalidos. 

La alegría con que el perro bate su cola al recibirnos en casa nos hace reflexionar sobre lo que significa acoger y ser acogido. Mas esos comportamientos animales (o incluso vegetales) no provienen propiamente de deliberación ni por eso son fruto de voluntad, sino de instinto: están programados en las condiciones genéticas y de maduración del animal. 

Al descubrirlos estamos descubriendo la naturaleza animal en la riqueza que le dio el Creador; no estamos descubriendo un genuino "tú." 

Por eso el amor a las mascotas (que tiene su valor y significado, por ejemplo, como recurso pedagógico) es, desde el punto de vista ético, una variación del amor a uno mismo. 

Ahora bien, el amor a sí mismo, dentro de ciertos límites, es razonable y hace bien. Si una persona tiene una vivienda en pésima condición, y ora pidiendo al Señor que le conceda un lugar más digno para habitar, creo que nadie criticará esa plegaria. Pero a la vez uno se da cuenta que una oración que no sale del ámbito de lo inmediato de mi necesidad de compañía o afecto tiene una cierta contradicción con el espíritu propio de ser comunidad, y de celebrar la liturgia. 

Imaginemos una eucaristía dominical, y el sacerdote anunciando la intención de la misa de 12: 

"En esta eucaristía vamos a orar para que nuestro estimado Jaime pueda mejorar su automóvil..." 

Aunque uno ve que es entendible que Jaime rece por ese auto de sus sueños, hay algo contradictorio o insuficiente en ese tipo de petición. Es lo mismo que sucede en el caso de las mascotas. 

¿Cómo orar por una mascota? 

¿Cómo debería orar entonces la persona que, de manera muy explicable, sufre al ver la mala condición de salud o de vejez de su mascota? 

Desde la humildad, y con un corazón abierto a un bien mayor, podría decir palabras como estas: 

"Señor, tú me conoces. Tú conoces mi necesidad y circunstancias, y sabes cuánto bien, compañía y alegría ha traído este [animal]. 

Reconozco que tu providencia me ha guiado en todo y que es un don tuyo experimentar que eres bueno en tus creaturas. 

Si es tu voluntad, yo recibo con agradecimiento que este [animal] mejore en su salud, como una expresión de tu consuelo. 

Haz también, te suplico, que mi corazón esté atento a todos los signos de tu misericordia y haz misericordioso mi corazón con mi prójimo y con toda creatura tuya. 

Por Jesucristo, Nuestro Señor. 

Amén". 

Publicado originalmente en: Fraynelson.com

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30 Consejos prácticos para vivir mejor la Santa Misa


30 CONSEJOS PRÁCTICOS PARA VIVIR MEJOR LA SANTA MISA
Por: Padre Samuel Bonilla

Una lista simple y sencilla de consejos dados por un sacerdote

Cómo lo he dicho en una reflexión en mi canal de Youtube, nosotros los seres humanos somos -incluso- más dichosos que los ángeles, pues ellos pueden alabar a Dios, servirle, etc., pero nosotros, además de eso, podemos alimentarnos de su Cuerpo y de su Sangre, en el sacramento de la Eucaristía. Por eso, hoy te dejo estos consejos para que vivas de una manera adecuada la Santa Misa.

Ayunar antes de la Eucaristía al menos una hora.

Leer las lecturas del día antes de llegar a Misa.

Vestir de una manera modesta.

Llegar unos minutos antes para que no estés agitado.

Quitarse gorras o sombreros al ingresar a al templo.

Hacer la señal de la Cruz al entrar y salir del templo.

Hacer una genuflexión hacia el sagrario cuando entres y salgas del templo.

No tomar fotografías o selfies.

No utilizar el celular durante la santa Misa.

No masticar chicle durante la santa Misa.

No introducir comidas o bebidas en el templo.

Sentarse decorosamente (no cruzar los pies por ejemplo).

No sentarse en el borde de la banca si la ves vacía.

Llevar a los niños a la parte posterior para calmarlos.

Guardar silencio mientras se está en el templo.

Guardar la calma si alguien se equivoca en el servicio al altar.

Ponerse de pie en cuanto comienza el Aleluya.

Preparar la ofrenda antes de Misa.

En el momento de la paz, saluda solo a los que estén cercanos a ti.

Respetar los limites que otros pueden tener (al momento de dar la Paz)

No añadir el Amén al final del Padre Nuestro (durante la misa se omite).

Ponerse de rodilla durante la consagración (a menos que esté imposibilitado de hacerlo)

Hacer una leve inclinación antes de recibir la Sagrada Comunión (mientras el que va adelante la recibe)

Decir “Amén” cuando el Sacerdote te dice “El cuerpo de Cristo”.

Al recibir la comunión, dejar rápido el espacio al que sigue.

Inclina tu rostro al momento de recibir la bendición.

No repetir la fórmula de bendición (eso le corresponde al sacerdote), tú sólo responde “Amén”.

Orar después de Misa agradeciéndole al Señor el don de la Eucaristía.

No salir antes de que termine la Santa Misa (con el canto final).

Despedirse tranquilamente.

No te olvides poner en práctica estos consejos, pues es un momento sublime la Santa Misa. Y si alguno no los pusiera en práctica, con caridad podrías hacerle la corrección.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:

http://www.es.catholic.net/op/articulos/66987/30-consejos-practicos-para-vivir-mejor-la-santa-misa.html



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