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¿Jesús se entristece cuando pecamos?


En primer lugar, déjame decirte que la relación entre Jesús y el pecado es un tema esencial en nuestra creencia cristiana. La Biblia nos enseña que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo, quien tomó sobre sí mismo nuestros pecados para redimirnos y reconciliarnos con Dios.

Cuando nos referimos a si Jesús sufre cuando pecamos, podemos examinarlo desde un punto de vista teológico y bíblico. Según la doctrina cristiana, Jesús es totalmente divino y totalmente humano. Esto significa que experimentó todas las emociones y desafíos que enfrentamos como seres humanos, incluyendo el sufrimiento y el dolor. La Carta a los Hebreos nos dice que Jesús fue tentado en todo, pero sin pecado (Hebreos 4, 15). Esto significa que entendió nuestras luchas y tentaciones, pero nunca cedió al pecado.

En cuanto a si Jesús se entristece cuando pecamos, podemos encontrar una respuesta indirecta en la Biblia. En el Evangelio de Lucas, Jesús cuenta la parábola del hijo pródigo (Lucas 15, 11-32). En esta historia, un hijo decide dejar a su padre, gastar su herencia en vida disipada y finalmente se arrepiente y vuelve a casa. Cuando el padre ve a su hijo regresar, corre hacia él, lo abraza y lo besa. Esto nos muestra el amor incondicional de Dios y su alegría cuando un pecador se arrepiente y vuelve a Él.

Si bien la parábola no menciona directamente el sufrimiento de Jesús, nos revela el corazón amoroso de Dios hacia los pecadores arrepentidos. Podemos inferir que Dios se entristece cuando pecamos porque desobedecemos su voluntad y nos alejamos de su amor. Al mismo tiempo, su amor por nosotros es tan grande que nos ofrece el perdón y la oportunidad de volver a Él, como el padre en la parábola.

Además, el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña sobre el amor misericordioso de Dios y cómo el pecado nos separa de Él. En el párrafo 1849, el catecismo nos dice: "El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como 'una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna'".

Cuando pecamos, rompemos nuestra relación con Dios y nos apartamos de su amor. Dios, en su infinita sabiduría y amor, nos dio el libre albedrío, la capacidad de elegir entre el bien y el mal. Al elegir el mal, causamos tristeza a Dios porque ignoramos su sacrificio en la cruz y desvalorizamos su amor redentor.

Es importante entender que Dios no desea nuestra condenación, sino nuestra salvación. En la Primera Carta de Timoteo, encontramos estas palabras: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2, 4). Dios nos ama profundamente y anhela nuestra reconciliación con Él. Cuando pecamos, nos alejamos de ese amor, pero siempre podemos volver a Él a través del arrepentimiento sincero y la confesión.

En última instancia, nuestra fe nos enseña que el sufrimiento de Jesús en la cruz es un testimonio del amor incondicional de Dios por nosotros. En el Evangelio de San Juan, Jesús dice: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (San Juan 15, 13). Jesús dio su vida por nosotros, asumiendo nuestros pecados y sufriendo en la cruz, para que pudiéramos ser liberados del poder del pecado y la muerte. Su sacrificio nos ofrece la esperanza de la salvación y la promesa de la vida eterna junto a Él.

En resumen, sí, Jesús se entristece cuando pecamos porque de algún modo nuestro pecado es un desprecio por el sacrificio que él hizo en la cruz y nos alejamos de su amor. Cuando pecamos es como si fuéramos malagradecidos y claro que eso le entristece. Sin embargo, su amor por nosotros es infinito y siempre está dispuesto a perdonarnos cuando nos arrepentimos y volvemos a Él. Que esta comprensión del amor y la misericordia de Dios te guíe en tu camino de fe y te brinde consuelo en cada paso del camino.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

La Iglesia es un hospital para pecadores que buscan sanación


LA IGLESIA ES UN HOSPITAL PARA PECADORES QUE BUSCAN SANACIÓN

Que los pecadores en la Iglesia no te perturben. Todos somos pecadores y parte de la Iglesia porque deseamos ser curados

Aunque el hecho de que todos somos pecadores puede ser atractivo, especialmente cuando alguien se siente indigno de ser Cristiano, el demonio toma la realiza y la retuerce según sus propios intereses.

Museo de Santos
Usualmente tenemos esta falsa noción de que la Iglesia es de algún modo un "museo de santos". Es como si el ser miembro de la Iglesia nos diera automáticamente la gracia suficiente para ser "más santos que el Papa" y nos convirtiera en santos canonizados.

Esto es, de hecho, parte de las tácticas del demonio. Él aprovecha esta falsa noción y la infla.

Lo que sucede es que cuando alguien que forma parte de la Iglesia es reconocido como pecador, esto puede crear un sentimiento de decepción. Todos queremos creer que hay buenas personas en el mundo y que esto es verdadero, especialmente cuando se trata de la Iglesia. Queremos ver santos, de carne y hueso, porque nos da esperanza de que en realidad existe el bien en el mundo.

Sin embargo, cuando alguien que conocemos cae, esto puede crear un sentimiento de desesperación por nuestro deseo de querer ver a todos en la Iglesia como santos. El escritor Screwtape explica el escenario así:

"Hacer que su mente pase rápidamente de aquí para allá entre una expresión como "el cuerpo de Cristo" y las caras reales en la siguiente banca… En esta etapa, verá usted, que él tiene una idea de los "Cristianos" en su mente que se supone es espiritual, pero que en realidad, es en gran parte pictórica. Su mente está llena de togas y sandalias y armaduras y piernas desnudas y el mero hecho de que la otra gente en la iglesia vistan ropas modernas es una real – aunque por supuesto inconsciente – dificultad para él". (Screwtape Letters, 7, énfasis añadido)
Screwtape anima a su pupilo a concentrarse en este aspecto y crear un sentimiento de anticlímax. Él escribe luego que esto es para su bien si "el paciente conoce que la mujer con el sombrero absurdo es una fanática de los juegos de carta o que el hombre con las botas chillantes es un tacaño y un extorsionador".

Lo que el demonio ama
Ciertamente podemos ver esta tentación activa y viviendo en el mundo hoy en día. Solamente se necesita encender la televisión y mirar las noticias o una comedia donde se menciona algo acerca del "escándalo de los sacerdotes" que continuamente martiriza a la Iglesia.

Lo que el demonio ama es hacer ver a aquellos que están en la Iglesia como hipócritas que dicen una cosa y hacen otra. Esto crea una decepción general en los corazones de aquellos que querían que la Iglesia fuese un "museo de santos".

Muchos han dejado la Iglesia o se retiran continuamente basados en el hecho de que hay pecadores entre sus paredes.

Iglesia: Hospital para Pecadores
Sin embargo, hay una madera para combatir este "anticlímax". En lugar de ver a la Iglesia como un "museo de santos", es mucho más una realidad ver a la Iglesia como un "hospital para pecadores".

La Iglesia es un refugio para nosotros donde podemos ir y ser sanados de nuestros pecados. En lugar de decepcionarnos cuando reconocemos que todos en la Iglesia somos pecadores, nos deberíamos regocijar en este hecho e invitar a más pecadores a entrar a la Iglesia.

Vemos la Iglesia como un lugar de salvación que nos provee de un remedio sanador que está disponible para todo el que lo busca.

Esto lo vemos especialmente en la vida y las enseñanzas de Jesucristo. Mientras Él estuvo en la tierra, constantemente se juntó con pecadores públicos y recolectores de impuesto. Él quería atraerlos a Sus brazos y no alejarlos porque no eran "lo suficientemente santos". Jesús dijo:

"No he venido para llamar a los buenos, sino para invitar a los pecadores a que se arrepientan". (Lc 5,32)
Jesús incluso utiliza la misma analogía en referencia a la Iglesia siendo un hospital. Él le dice a los fariseos:

"No son las personas sanas las que necesitan médico, sino las enfermas". (Lucas 5,31)
Esto nos dice que sí, efectivamente todos somos pecadores y eso significa que estamos en el lugar correcto. Ser parte de la Iglesia no nos convierte automáticamente en santos, pero sí nos provee de una oportunidad para ser sanados de nuestras tantas heridas.

No estamos solos
Por esto, ver pecadores en la Iglesia, nos debería reconfortar. Nos ayuda a caer en cuenta de que no estamos solos. Sí, hay Santos en la Iglesia, pero ellos son canonizados porque tienen la humildad de reconocerse pecadores y necesitados de sanación.

Santos son aquellos que fueron al médico a diario a pedir sanación. Ellos sabían que eran débiles y que necesitaban la gracia de Dios para curarse y darles la fuerza para resistir las tentaciones.

Que los pecadores en la Iglesia no te perturben. Todos somos pecadores y parte de la Iglesia porque deseamos ser curados por el único y verdadero médico que nos pueda llevar a la Vida Eterna.

Adaptación y traducción por María Mercedes Vanegas, del artículo publicado en: Philipkosloski.com, autor: Philip Kosloski

Fuente, pildorasdeFe.net

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5 Santos que fueron unos muy conocidos pecadores


5 SANTOS QUE FUERON UNOS MUY CONOCIDOS PECADORES.

Estos Santos cometieron errores durante sus vidas y llevaron vidas públicas de depravación antes de que sus corazones fueran convertidos. Estos santos hombres y mujeres (un grupo que incluye una ex-mujer libertina, un extorsionista y un criminal de baja estofa) nos recuerdan que aún hay esperanza para nosotros.

Como sabemos, los santos no fueron perfectos. Ellos cometieron errores durante sus vidas y a menudo llevaron vidas públicas de depravación antes de que sus corazones fueran convertidos... Éstas son buenas noticias.

Esto nos da esperanzas de que incluso nuestros fríos corazones, tan distantes de Dios, pueden ser volcados hacia Él y ser dados una vida nueva.

Los santos siempre parecen “muy santos” como para que nosotros les imitemos, pero en realidad son mucho más parecidos a nosotros de lo que nos imaginamos. Ellos lucharon contra las mismas adicciones, pecados y malos hábitos que nos agobian a nosotros hoy en día.

Estos hombres y mujeres no siempre fueron santos y a través de la gracia de Dios superaron grandes obstáculos y se convirtieron en relucientes ejemplos de virtud.

1.- San Mateo, el Evangelista

A nadie nunca le han gustado los impuestos y esto era especialmente cierto en el antiguo Israel. Durante el primer siglo los Romanos subcontrataron a individuos privados para el trabajo de recolectar impuestos y estos recolectores de impuestos usaron la oportunidad para extraer tanto dinero como fuese posible de la gente. Todos los odiaban y su avaricia era bien conocida por todos.

Es por esto que cuando Jesús le pidió a Mateo que “le siguiera”, muchos se impactaron y hasta se escandalizaron por el episodio. ¿Cómo era posible que Jesús cenara con “recolectores de impuestos y pecadores”? Mateo fue un hombre totalmente cambiado a partir de ese punto, siguiendo a Jesús muy de cerca y escribiendo todo en lo que ahora llamamos el “Evangelio de Mateo”.

2.- San Dimas, el Buen Ladrón

Muy poco se conoce acerca del “Buen Ladrón” que fue crucificado junto a Jesús, pero sí sabemos que el crimen de Dimas le mereció la crucifixión. De acuerdo a un erudito bíblico, “dos de los más comunes [criminales condenados a la crucifixión] fueron criminales de baja estofa y enemigos del estado… Los criminales de baja estofa incluían, por ejemplo, esclavos que habían escapado de sus amos y cometieron un crimen. Si eran atrapados, un esclavo podía ser crucificado.

Habían dos razones por las cuales eran sujetos a semejante muerte tan tortuosa, lenta y humillante. Estaban recibiendo el ¡máximo castigo! por su crimen y, posiblemente más importante, estaban siendo utilizados como espectáculo para advertir a cualquier otro esclavo que estuviese pensando en escapar o cometer crímenes de lo que les podría suceder a ellos.”

En la última hora, Dimas entendió la severidad de sus crímenes y defendió a Jesús en la cruz del ridículo del “mal ladrón”: "¿No temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, pero éste no ha hecho nada malo". (Lc 23,40-42).

Jesús reconoció la sinceridad de su arrepentimiento y proclamó: "En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso". Después de llevar una vida de pecado, a Dimas se le concedió el perdón justo antes de su muerte.

3.- San Agustín.

Aunque fue criado por una madre Cristiana, San Agustín siguió la práctica de muchos estudiantes de su tiempo y buscó llevar una vida pagana guiada por el Maniqueísmo. Durante esta fase de su vida se comprometió en una relación con una concubina y tuvo un hijo con ella. Ellos permanecieron juntos muchos años, pero nunca se casaron y eventualmente terminaron la relación.

El mejor ejemplo que Agustín da sobre la severidad de su vida de pecado es el famoso episodio del “robo de las peras”. Él narra la escena en su libro Confesiones:

“¡Hermosas eran aquellas peras! Pero no eran éstas lo que apetecía mi alma miserable. Abundancia de ellas tenía yo y mejores. Pero las arranqué del árbol por sólo el hecho de hurtar, pues apenas las cogí las tiré, gustando en ellas sólo la iniquidad, de la que me gozaba con fruición. Porque si alguna de aquellas entró en mi boca, sólo el delito la hizo sabrosa”.

Después de tener una conversión de corazón, Agustín fue bautizado, se hizo sacerdote, obispo y, después de su muerte, “Doctor de la Iglesia”.

4.- Santa Pelagia.

Pelagia fue una actriz muy conocida y una mujer libertina en el siglo V. San Juan Crisóstomo dijo de ella, “Nada fue más vil que ella, cuando estaba en el escenario”. Craughwell retrata sus pecados muy bien, “los hombres que ella tomaba como sus amantes eran intoxicados por ella. Por el "bien" de Pelagia, padres abandonaban a sus hijos, hombres adinerados despilfarraban sus bienes. Ella incluso sedujo al hermano de la emperatriz. Tratando de entender el poder de Pelagia sobre los hombres, San Juan se preguntaba si ella los drogaba y especuló que tal vez ella utilizaba brujería”

No se sabe mucho acerca de su conversión, excepto que ella posiblemente escuchó una homilía de un obispo acerca de la misericordia de Dios y luego inmediatamente pidió ser instruida en la fe y ser bautizada. Se cree que luego se convirtió en monja y pasó el resto de sus días en oración.

5.- Santa María de Egipto (o María Egipcíaca)

A temprana edad, María se fue de su casa y pasó diecisiete años viviendo como seductora en la glamurosa ciudad de Alejandría durante el siglo IV. Ella no cobraba por sus servicios, pero disfrutaba el desafío de seducir a los hombres. Ella fue cautivada por la “aventura sexual” y guiada por sus pasiones. María luego confesaría: “No hay depravación digna de ser mencionada o no de la que yo no haya sido maestra”.

Sintiéndose atraída a unirse a un grupo de peregrinos en su travesía hacia Jerusalén, ella abordó el barco y sedujo a todos antes de que llegaran a su destino. Sin embargo, mientras estaba en la Ciudad Santa, María se arrepintió de sus pecados y fue reconciliada con la iglesia.

Ella pasó el resto de su vida como ermitaña en el desierto y continuamente luchó contra las tentaciones de regresar a su depravación hasta que Dios le concedió paz a su alma.

Fuente, www.pildorasdefe.net

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