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¿Por qué Testigos de Jehová y Adventistas creen que Jesús es el Arcángel Miguel? ¿Hay sustento bíblico para esto?


La creencia de los Testigos de Jehová y los Adventistas del Séptimo Día de que Jesús es el Arcángel Miguel se basa en su interpretación de ciertos pasajes bíblicos.

Para empezar, los Testigos de Jehová creen que Jesús es el Arcángel Miguel principalmente debido a una interpretación específica de algunos versículos de la Biblia, especialmente aquellos que se refieren a Miguel como "el arcángel" y a Jesús como el Hijo de Dios. Por ejemplo, en el libro de Judas 1.9, se menciona a Miguel como el arcángel que luchó contra Satanás por el cuerpo de Moisés. Además, en 1 Tesalonicenses 4.16, se describe a Jesús como descendiendo del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios. A partir de estas y otras referencias, los Testigos de Jehová interpretan que Jesús es el Arcángel Miguel, una figura celestial con un papel destacado en la lucha contra el mal y en la protección de los fieles.

Por otro lado, los Adventistas del Séptimo Día también comparten esta creencia, aunque su enfoque puede variar ligeramente. Para ellos, la idea de que Jesús sea el Arcángel Miguel está relacionada con su comprensión del concepto de "Cristo preexistente". Según su interpretación, Cristo no solo tomó forma humana en el tiempo de su encarnación terrenal, sino que también existía como una figura celestial antes de su llegada a la Tierra. En este sentido, identifican a Jesús con el Arcángel Miguel como una manifestación de su naturaleza celestial y su papel como líder y protector del pueblo de Dios.

Sin embargo, es importante señalar que estas interpretaciones no son universalmente aceptadas dentro del cristianismo, y hay muchas denominaciones que sostienen puntos de vista diferentes sobre la identidad de Jesús y su relación con los ángeles. Por ejemplo, en la tradición católica, Jesús es visto como el Hijo de Dios encarnado, pero no se le identifica específicamente como el Arcángel Miguel. En lugar de eso, se considera que Miguel es un arcángel creado por Dios para servir como un mensajero y protector, pero no se le equipara con Jesucristo.

En cuanto al sustento bíblico para estas interpretaciones, es importante reconocer que la Biblia es una colección de textos escritos en diferentes contextos culturales y lingüísticos, lo que a menudo permite una variedad de interpretaciones. Los versículos que mencioné anteriormente son aquellos a los que los Testigos de Jehová y los Adventistas del Séptimo Día se refieren para respaldar su creencia en la identificación de Jesús con el Arcángel Miguel. Sin embargo, es importante considerar el contexto completo de estos pasajes y analizarlos a la luz de otras enseñanzas bíblicas y tradiciones interpretativas.

Desde la perspectiva católica, la identificación de Jesús con el Arcángel Miguel no es una enseñanza que se encuentre en la tradición apostólica o en el magisterio de la Iglesia. La Iglesia católica enseña que Jesucristo es el Hijo eterno de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, quien se encarnó en la plenitud de los tiempos para redimir a la humanidad y revelar el amor y la misericordia de Dios. Aunque se reconoce la existencia de los ángeles y su papel en la obra de Dios, Jesús ocupa un lugar único y supremo en la fe católica como el Salvador y Señor de todos.

Invito a todos los lectores a acercarse a las enseñanzas del magisterio de la Iglesia católica para comprender más profundamente el misterio de la persona de Jesucristo y su relación con los ángeles. El magisterio de la Iglesia, en comunión con la tradición apostólica y la Sagrada Escritura, nos ofrece una guía sólida y confiable para profundizar en nuestra fe y vivirla de manera auténtica. Al estudiar las enseñanzas de la Iglesia sobre la identidad de Jesús y su papel redentor, podemos fortalecer nuestra relación con él y crecer en amor y fidelidad a su enseñanza.

Que nuestro deseo de conocer a Cristo más plenamente nos lleve a acoger con humildad y gratitud la luz que el magisterio de la Iglesia ofrece en este importante aspecto de nuestra fe.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Cómo San Miguel Arcángel salvó a dos monjas benedictinas de un ataque del demonio.




Mi nombre es María, y soy una monja benedictina. Desde mi juventud, he servido a la Iglesia Católica con devoción, dedicando mi vida a la oración y al servicio a los necesitados. Durante mi tiempo en el convento, he sido testigo de muchos milagros, pero el más notable de todos fue la intervención de San Miguel Arcángel en la lucha contra el demonio.

Todo comenzó en una tarde de primavera, cuando me encontraba en la capilla del convento, rezando el rosario. De repente, sentí una presencia maligna en el aire, como si el diablo mismo estuviera presente. No pude ver nada, pero sentí una opresión en el pecho y un miedo indescriptible se apoderó de mí. Empecé a temblar y a rezar con más fervor, pidiendo la protección de Dios y la intercesión de San Miguel Arcángel.

De repente, escuché una voz en mi mente, clara y fuerte, que me dijo: "No temas, María, yo estoy contigo". Reconocí esa voz como la de San Miguel, el protector de la Iglesia y el guerrero contra el mal. Me sentí más tranquila y segura, sabiendo que el poder de San Miguel me protegía.

Pero la presencia maligna persistía, y empecé a escuchar gritos y gemidos que venían de la capilla contigua. Era la hermana Sofía, una de nuestras monjas más jóvenes, que estaba siendo atacada por el demonio. Corrí hacia la capilla, donde encontré a Sofía tirada en el suelo, retorciéndose de dolor y gritando incoherencias.

"¡Sofía, hermana Sofía, despierta!" -grité, tratando de sacudirla-. "¡En el nombre de Dios, te ordeno que salgas de ella, demonio!"

Pero el demonio no cedía, y Sofía seguía sufriendo. Entonces, recordé las palabras de San Miguel y pedí su ayuda:

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.".

Y entonces ocurrió el milagro. De repente, un viento fuerte sacudió la capilla, y un rayo de luz brillante iluminó la habitación. Sentí una presencia divina que me envolvía y que me llenaba de una fuerza inexplicable. Y vi a San Miguel Arcángel, en toda su gloria, con su espada y su armadura, listo para luchar contra el demonio.

"¡Sal de aquí, demonio, en el nombre de Jesús y por la fuerza de San Miguel Arcángel!" -grité, y el demonio empezó a retroceder, como si fuera empujado por una fuerza invisible-. "¡San Miguel, defiéndenos, protege a las siervas de Dios, ayúdanos en esta lucha!"

Y San Miguel respondió a mi llamado. Con su espada, cortó las cadenas invisibles que ataban a Sofía y liberó su alma del demonio. La habitación se llenó de un brillo divino, y el demonio desapareció en un torbellino de oscuridad.

Sofía se levantó lentamente, como si despertara de un sueño profundo. Miró a su alrededor, confundida, y luego me miró a mí. Sus ojos estaban llenos de gratitud y asombro.

"¿Qué ha pasado?" -preguntó, todavía temblando-. "¿Dónde está el demonio?"

"Se ha ido, hermana" -le respondí, tratando de sonar calmada-. "Gracias a San Miguel Arcángel, hemos sido liberadas de su influencia maligna".

Sofía se arrodilló en el suelo y empezó a llorar, agradeciendo a Dios y a San Miguel por su protección. Yo me uní a ella en la oración, agradeciendo por el milagro que habíamos presenciado.

Desde ese día, Sofía y yo hemos sido testigos de muchos más milagros, todos ellos gracias a la intercesión de San Miguel Arcángel. Hemos visto cómo personas poseídas por el demonio han sido liberadas, cómo enfermedades han sido curadas y cómo los corazones más oscuros se han iluminado con la luz divina. Y siempre, siempre, pedimos la ayuda de San Miguel, el protector de la Iglesia y el defensor de los hijos de Dios.

"San Miguel, intercede por nosotros, para que podamos vivir en paz y seguridad" -rezamos, cada vez que sentimos la presencia del mal-. "Líbranos de todo peligro, y defiéndenos contra las asechanzas del demonio".

Y San Miguel siempre nos responde, con su poder divino y su amor incondicional. Gracias a él, hemos sido protegidas de todo mal, y seguimos sirviendo a la Iglesia y a los necesitados, con la confianza de que nunca estamos solas en esta lucha contra el mal.

Autor: Hermana María Margarita Cuellar.

Oración de exorcismo a San Miguel Arcángel


ORACIÓN DE EXORCISMO A SAN MIGUEL ARCÁNGEL 

San Miguel Arcángel no es solo el protector de la Iglesia, sino de cada alma fiel y devota. Oración de exorcismo a San Miguel Arcángel 

Entre los Santos Arcángeles, tres son particularmente distinguidos en las Sagradas Escrituras - San Michael, San Gabriel y San Raphael. San Miguel Arcángel, a quien la Iglesia honra este día, fue el príncipe de los ángeles fieles que se opusieron a Lucifer y a sus asociados en su revuelta contra Dios. 

San Miguel Arcángel, en hebreo, significa, "¿Quién como Dios?" esto era como si fuera, su lema, que por humildad reprimió el orgullo de ese ángel apóstata y estableció el estandarte contra él. Él continúa protegiendo a los santos de sus ataques. 

Este Santo Arcángel es honrado por la Iglesia Católica, bajo el mismo título de guardián de Dios, y como el protector de los fieles. 

A San Miguel Arcángel, se le menciona en la persecución del Anticristo, se levantará poderosamente en su defensa: 

"En ese momento se levantará Miguel, el gran príncipe, que está a favor de los niños de tu pueblo". 

San Miguel Arcángel no es solo el protector de la Iglesia, sino de cada alma fiel y devota de Nuestro Señor. San Miguel Arcángel derrotó al demonio por la humildad. Sus armas fueron la humildad y el ardiente amor a Dios; y éstas mismas deben ser nuestras armas. 

Oración de exorcismo a San Miguel Arcángel 

En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Glorioso Príncipe de la corte Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en el conflicto que tenemos que sostener contra los principados y potestades, contra los gobernantes del mundo de esta oscuridad, contra los espíritus de maldad en los lugares altos (Efesios 6,12). 

Ven al rescate de los hombres que Dios ha creado a su imagen y semejanza, y a quienes ha redimido a un alto precio de la tiranía del demonio. 

San Miguel Arcángel, eres tú a quien la Santa Iglesia venera como su guardia y protecto; a quien el Señor ha encargado llevar al cielo a las almas redimidas. Ora, por lo tanto, al Dios de la Paz para someter al demonio bajo nuestros pies, para que ya no retenga a los hombres cautivos ni lesione a la Iglesia. 

Glorioso príncipe celestia, presenta nuestras oraciones al Altísimo, para que sin demora pueda derramar Su misericordia sobre nosotros. Agarra al dragón, a la serpiente antigua, que es el demonio y Satanás, atalo y échalo al abismo sin fondo, para que ya no seduzca a las naciones (Apocalipsis 20.2-3). 

Por Jesucristo Nuestro Señor. 

Amén. 

Exorcismo 

En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, fortalecido por la intercesión de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, del bendito San Miguel Arcángel, de los Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo, y todos los Santos, [y poderoso en la santa autoridad de nuestro ministerio]*, nos comprometemos confiadamente a repeler los ataques y los engaños del demonio (los laicos omiten el texto marcado en asterisco) 

Salmo 67 

¡Se alza el Señor! Sus enemigos se dispersan y sus adversarios huyen delante de Él. Tú los disipas como se disipa el humo; como se derrite la cera ante el fuego, así desaparecen los impíos delante del Señor. 

V. ¡Mira la cruz del Señor! Huye, bandas de enemigos.
R. El León de la tribu de Judá, el linaje de David, ha vencido.
V. Que tu misericordia descienda sobre nosotros.
R. Tan grande como nuestra esperanza en Ti. 

Recitario 

Las cruces (†) indican una bendición que debe darse si un sacerdote recita el exorcismo. Si un laico la recita, indica que la señal de la cruz se hará por esa persona. 

Aléjense de nosotros, sean quienes sean, espíritus inmundos, poderes satánicos, invasores infernales, legiones malvadas, asambleas y sectas. En el nombre y por la virtud de Nuestro Señor Jesucristo (†). Que seas arrebatado y expulsado de la Iglesia de Dios y de las almas redimidas por la Preciosa Sangre del Divino Cordero (†). 

Cesa de tu audacia, astuta serpiente, para engañar a la raza humana, para perseguir a la Iglesia, para atormentar a los elegidos de Dios, y tamizarlos como trigo (†). 

Este es el mandato que te ha hecho el Dios Altísimo (†), con Quien en tu arrogante insolencia todavía pretendes ser igual (†). El Dios que tendrá a todos los hombres para ser salvos, y para llegar al conocimiento de la verdad (I Timoteo 2.4). 

Dios Padre te ordena (†). Dios Hijo te ordena (†). Dios Espíritu Santo te lo manda (†). 

Cristo, la Palabra Eterna de Dios hecha carne, te lo ordena (†). Aquel quién salvó nuestra raza, superó tu malicia, se humilló a Sí mismo, llegando a ser obediente hasta la muerte (Filipenses 2.8). 

Aquel que ha construido su iglesia sobre la roca firme y ha declarado que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, porque Él mora con ella todos los días, incluso hasta la consumación del mundo (Mateo 28.20). 

La virtud oculta de la Cruz, lo requiere de ti, al igual que el poder de los misterios de la Fe Cristiana (†). 

La gloriosa Madre de Dios, la Virgen María, te lo ordena (†). Ella que por su humildad y desde el primer momento de su Inmaculada Concepción aplastó tu orgullosa cabeza. 

La fe de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de los demás apóstoles te lo ordenan (†). La sangre de los Mártires y la intercesión piadosa de todos los santos te lo ordenan (†). 

Así, dragón maldito, y tú, legiones malvadas, te conjuramos por el Dios vivo (†), por el Dios verdadero (†), por el Dios santo (†), por el Dios que tanto amó al mundo, y entregó a su Hijo unigénito para que todo aquel que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna (San Juan 3,16). 

Deja de engañar a las criaturas humanas y derramarles el veneno de la perdición eterna. Deja de dañar a la Iglesia y obstaculiza su libertad. 

Retírate, Satanás, inventor y maestro de todo engaño, enemigo de la salvación del hombre. Cede el lugar a Cristo en quien no has encontrado ninguna de tus obras. Cede el lugar a la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica instaurada por Cristo a precio de Su Sangre. Arrodílate debajo de la todopoderosa Mano de Dios. Tiembla y huye ante la evocación del Santo nombre de Jesús; este Nombre que hace temblar el infierno mismo; este Nombre al cual las Virtudes, los Poderes y las Dominaciones del Cielo son humildemente sumisas; este Nombre que los Querubines y los Serafines alaban incesantemente, repitiendo: 

"Santo, Santo, Santo es el Señor, el Dios de los Ejércitos". 

V. Oh Señor escucha mi oración.
R. Y deja que mi clamor venga a ti.
V. Que el Señor esté contigo.
R. Y con tu espíritu. 

Oremos 

Dios de los Cielos, Dios de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tiene poder para dar vida después de la muerte y Descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios y no puede haber otro, porque Tú eres el Creador de todas las cosas, visibles e invisibles, de cuyo Reino no habrá fin. Humildemente nos postramos ante Tu gloriosa Majestad y te suplicamos que nos liberes de toda la tiranía de los espíritus infernales, de sus trampas, sus mentiras y su furiosa maldad. 

Dígnate, Señor, en protegernos con Tu poder y preservarnos sanos y salvos. Te suplicamos a través de Jesucristo, nuestro Señor. 

Amén. 

V. De las trampas del demonio
R. Líbranos, oh Señor. 

V. Que Tu Iglesia te sirva en paz y en libertad,
R. Te suplicamos que nos escuches. 

V. Tú que aplastas a todos los enemigos de Tu Iglesia,
R. Te suplicamos que nos escuches. 

(El agua bendita se rocía en el lugar donde podamos estar). 

Oración a San Miguel Arcángel 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestra protección contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios te reprenda, oramos humildemente y tú, oh Príncipe de la milicia Celestial, por el Poder Divino de Dios, arroja al infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos que merodean por el mundo en busca de la ruina de las almas. 

Amén. 

*Indulgencia de 300 días, plenaria bajo las condiciones habituales, si esta invocación se recita diariamente durante un mes. 

Imprimatur: 19 de diciembre de 1931 

Fuente, Píldoras de Fe 

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San Miguel Arcángel: Nuestro gran defensor en el combate espiritual


SAN MIGUEL ARCÁNGEL: NUESTRO GRAN DEFENSOR EN EL COMBATE ESPIRITUAL
Por Qriswell Quero 

San Miguel Arcángel es el poderoso ángel al que Dios le ha confiado la gran misión de ayudar a los hijos de Dios a derrotar a Satanás 

San Miguel Arcángel es uno de los tres arcángeles principales mencionados en la Santa Biblia; los otros dos que se mencionan son Gabriel y Rafael. 

San Miguel, San Miguel Arcángel, o Príncipe de la Milicia Celestial, es el principal guerrero celestial en la lucha espiritual. Es un poderoso ángel al que Dios le ha confiado la gran misión de ayudar a derrotar a Satanás y proteger a los hijos de Dios de las fuerzas demoníacas que rondan la tierra. 

Miguel significa: "¿Quién como Dios?"De hecho, ese era su grito de guerra cuando Lucifer se rebeló contra Dios. Fue el 

San Miguel Arcángel quien defendió la gloria de Dios y reunió a las fuerzas celestiales contra los ángeles rebeldes. Y su lucha continúa hasta nuestros días. 

La mención más antigua de San Miguel Arcángel en las Escrituras se encuentra en el libro del Antiguo Testamento de Daniel (12,1): 

"En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro" 

Este verso está explica que, si bien las personas eran esclavas, ellos no fueron olvidados nunca por Dios y tenían un gran aliado en San Miguel. 

La guerra espiritual 

Sin duda alguna, estamos en una guerra espiritual. Los combatientes son Dios, la Santísima Virgen María, los santos, el demonio, potestades, dominaciones, tronos con inmenso poder, y tú. Las armas que tenemos son la oración humilde, el ayuno frecuente, la fe, nuestro testimonio cristiano de la verdad, la caridad y el servicio 

San Pablo se encarga de ponernos en alerta con respecto a la batalla, y que estemos siempre listos en este combate: 

"Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio" (Efesios 6,12) 

En esta guerra está en juego la vida eterna de nuestra alma o su condenación eterna. No debemos tener miedo, pues de nuestro lado están los poderosos arcángeles, y el principal de ellos es San Miguel Arcángel, dotado por Dios con un poder más allá de nuestra comprensión. 

Estos poderosos ángeles están, incluso en este momento, ocupados librando alguna batalla contra Satanás y sus secuaces demoníacos. 

Una lucha que lleva siglos 

San Miguel Arcángel tiene una historia de lucha contra Satanás. Uno de sus primeros encuentros con Satanás está documentado en el Libro de Judas 1,9 cuando él y Satanás discuten sobre el cuerpo de Moisés. 

A pesar de que nunca se ha explicado exactamente por qué estaban discutiendo, Judas describe el resultado: 

"Sin embargo, el mismo Arcángel Miguel, cuando se enfrentaba con el demonio y discutía con él, respecto del cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir contra él ningún juicio injurioso, sino que dijo solamente: «Que el Señor te reprenda»" 

Se cree que Satanás estaba tratando de saber dónde fue enterrado el cuerpo de Moisés, con la esperanza de ir en contra el primer mandamiento de Dios: "no habrá para ti otros dioses delante de mí". Se cree que Satanás quería tentar al pueblo Judío para que adorasen el cuerpo de Moisés. 

La mayor batalla de San Miguel Arcángel contra Satanás se describe en el Libro de Revelaciones (12,7-9), cuando los ángeles malvados de Satanás tratan de rebelarse contra Dios: 

"Entonces se libró una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón, y este contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo. Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles" 

Debido a esta gran batalla y la derrota de Satanás, San Miguel Arcángel es considerado el gran defensor de la Iglesia. Todas las grandes victorias de San Miguel contra Satanás le valieron las siguientes cuatro funciones en la Iglesia: 

Luchar contra Satanás 

Rescatar a las almas de los fieles de Satanás, especialmente en la hora de la muerte 

Asistir a los moribundos y acompañarlos en su juicio 

Ser el campeón del pueblo de Dios y patrono de la Iglesia. 

Combatir firmes en la fe 

Como vemos, el combate espiritual es parte de la estructura misma del cristianismo. Debemos luchar porquetenemos un enemigo que no descansa ni de día ni de noche, un enemigo que "ronda como león rugiente, buscando a quien devorar" (Cfr 1 Pedro 5,8) 

A la vista de este enemigo implacable, ser pasivos no una opción. San Pedro nos ordena explícitamente a "resistirlo firmes en la fe" Debemos combatir contra el mundo, el demonio y la carne, o seremos destruidos por ellos. 

En un mundo en el que muchos buscan destronar a Dios o declararlo muerto, debemos, al igual que San Miguel, defender su gloria, diciendo: "¿Quién como Dios?", e invocándolo inmediatamente con la oración que nos enseñó la Iglesia: 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra las perversidades y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes. 

Y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. 

Amén 

Reza esta oración no sólo hoy, sino todos los días, porque como lo ha dicho el Papa Francisco en una de sus reflexiones: 

"También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús?: con su tentación" (Homilía en Santa Marta, 11 de Abril de 2014) 

San Miguel Arcángel, ruega por nosotros y defiéndenos en la batalla 


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