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El ‘Instrumentum laboris’ y el camino rumbo al Sínodo


Este martes se ha publicado el ‘Instrumentum laboris’ (instrumento de trabajo) de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo, que se celebrará del cuatro al 29 de octubre de este 2023, primera de dos sesiones.

El texto resume los casi dos años de reflexión por parte de las instancias diocesanas y regionales de la Iglesia, sobre lo que se conoce como ‘El Sínodo de la Sinodalidad. Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’, es el título de la magna convocatoria papal. El documento servirá para guiar el discernimiento previo de los asambleístas.

Llama la atención su estructura. Evidenciando una rigurosa metodología, inicia con un prólogo que relata el proceso de consulta vivido hasta la fecha, define el sentido del texto -una ayuda práctica para el desarrollo de la reunión- y explica con detenimiento la estructura de todo el documento.

El núcleo de la herramienta se divide en dos partes: A) ‘Por una Iglesia sinodal. Una experiencia integral’ y B) ‘Comunión, misión, participación. Tres temas prioritarios para la Iglesia sinodal’. El apartado A se subdivide en ‘Signos característicos de una Iglesia sinodal’ y ‘Un camino para la Iglesia sinodal: conversar en el Espíritu’. El B) en ‘Una comunión que se irradia’, ‘Corresponsables en la misión’, y ‘Participación, responsabilidad y autoridad’. Cada uno de estos títulos viene acompañado de una pregunta.

Pero lo que más resalta son las ‘Fichas de trabajo’, un conjunto de cuestionamientos que buscan ayudar a la reflexión previa de los sinodales, a su adecuado discernimiento. En estas preguntas se recogen las inquietudes de las consultas diocesanas y regionales en temas como la participación de las mujeres en puestos de responsabilidad y gobierno, su acceso a otros ministerios, la posibilidad de que varones casados reciban el presbiterado, la adecuada formación de los seminaristas, la renovación de las estructuras pastorales, sugerencias para combatir al nefasto clericalismo, etc.

Como lo ha comentado Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo: “El ‘Instrumentum laboris’ no ofrece soluciones, sino que abre caminos”.

Creo que el barco sinodal, desde que zarpó hace dos años, ha mantenido por el rumbo correcto su travesía, deteniéndose en cada puerto diocesano y regional para escuchar las inquietudes de los fieles. Confío en que llegará con bien a su destino en el próximo octubre.

Pro-vocación

Se celebró esta pasada semana el 50 aniversario de la inauguración de la Colección de Arte Moderno y Contemporáneo de los Museos Vaticanos. A los cerca de 200 artistas ahí reunidos, el Papa les hizo una petición: “Interpreten el grito silencioso de los pobres”, y cuestionó una idea muy extendida con relación a las expresiones artísticas: al contemplarlas nos trasladamos a otra realidad, olvidando los problemas de este mundo. No. Francisco de Roma remató: “El arte nunca puede ser anestésico; da paz, pero no adormece las conciencias, las despierta”. Órale.

Autor: José Francisco Gómez Hinojosa

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Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

El futuro de los seminarios



Hacia fines del año pasado, el papa Francisco encargó a dos obispos uruguayos, los monseñores Tróccoli y Fajardo, la tarea de realizar una visita apostólica -una suerte de auditoría- a los seminarios españoles. El encargo, así parece, puede extenderse a otros países.

Conviene recordar que estos institutos inician formalmente en el Concilio de Trento, realizado entre 1545 y 1563. Surgen con los noviciados de las órdenes religiosas, mucho más antiguos, como referencia obligada. En el Concilio Vaticano II (1962-1965) se buscó una renovación de los mismos, sintetizada en el decreto Optatam Totius, sobre la formación sacerdotal.

La indicación del Papa llega en un momento donde la disminución en el número de presbíteros, en el mundo entero, está tocando cifras alarmantes, por lo que abundan edificios enteros, dedicados a esta tarea formativa, prácticamente vacíos. Pero, más allá del problema numérico, me parece que estamos ante una excelente oportunidad para plantearnos el futuro de estos recintos.

Tendríamos que partir de una obviedad: por más y que han sufrido modificaciones, siguen reflejando el modelo de una Iglesia más propia del siglo XVI que del XXI: lejana del mundo, temerosa de él. No extraña, en esta hipótesis, que se busque reclutar a jóvenes para que se conviertan en pastores de ese tipo de Iglesia.

Así se entiende, entonces, la formación tan extensa -más de ocho años- que no corresponde, en ocasiones, a una excelente capacitación académica; el que los seminaristas permanezcan recluidos con esporádicas salidas “al mundo”; el que no trabajen de forma asalariada, cuando muchos de ellos ya lo hacían antes de ingresar, con las responsabilidades propias de cualquier joven a su edad; el que vistan ropajes que en vez de acercarles a los fieles, les aleja; el que de manera casi inconsciente empiecen a succionar el clericalismo, que tanto daño nos ha hecho siempre, pero más en los últimos tiempos.

Visualizar el futuro de los seminarios, exigiría, también, y quizá en primer lugar, preguntarnos qué tipo de presbíteros son los que la Iglesia del futuro va a necesitar: si críticos en lo intelectual, sensibles en lo pastoral, maduros en lo humano y místicos en lo espiritual, o plegados a lo que dicte la autoridad, distantes en su trato con las personas, infantiles a la hora de tomar decisiones, y burócratas de la religión.

Bienvenida, entonces, la auditoría a estos establecimientos en España. Ojalá se extiendan a otras naciones.

Pro-vocación

Murió el cardenal Pell, conocido más por su encarcelamiento en Australia -durante 404 días- que por sus labores en la Secretaría de Economía del Vaticano. ¿Fue culpable de abuso infantil o inocente? Las leyes civiles y eclesiásticas lo liberaron de toda culpa, no así, me parece, el imaginario colectivo. Hoy, cualquier acusación de ese tipo encuentra, de inmediato y sin mediar el mínimo análisis, el veredicto de culpabilidad en la opinión pública.

Autor: José Francisco Gómez Hinojosa

Vicario General de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

Ante escasez de harina (como en el caso de Cuba), ¿Se pueden consagrar tortillas como propuso un sacerdote?



Hace días, en su columna semanal "Pro-vocando" (que puede leerse aquí), el sacerdote José Francisco Gómez Hinojosa, Vicario General de la Arquidiócesis de Monterrey, propuso que en casos como el de Cuba, donde hay escasez de harina, podría usarse la tortilla. 

El padre Paco Gómez dijo lo siguiente:

"Y si en vez de pan… ¿tortillas? La ancestral escasez de productos básicos en Cuba ha llegado hasta la harina con la que se fabrican las obleas para las misas, las hostias. Este hecho ha ocasionado que las celebraciones eucarísticas se pongan en entredicho, por la falta de este insumo. Pero, ante la emergencia: ¿no se podría apelar a la creatividad y buscar la manera de mantener el necesario culto con… tortillas, por ejemplo? Se trataría de una medida excepcional y, de paso, se asumiría una encarnación litúrgica en esas comunidades para quienes la tortilla es el alimento básico."
Ante esto, responde el sacerdote liturgista Alberto Medel.

Compartimos la nota completa:

Hace algunos días, las Carmelitas Descalzas de Cuba anunciaron que no podrían seguir produciendo hostias para las diócesis de la isla debido a la escasez de harina. En la isla hay falta de hostias.

“Ya no hay hostias a la venta. Hemos estado trabajando con la poquita harina que quedaba, y ya lo que había de reserva ha llegado a su fin”, escribieron las religiosas en sus redes sociales.

A propósito de esta noticia, no han faltado las personas que opinan que la Iglesia debe de ser “más creativa” y permitir que también se consagren productos locales de fácil adquisición en algunas regiones, como por ejemplo, las arepas, las tortillas o el pan de maíz.

Preguntamos a un sacerdote liturgista si, a falta de hostias, es posible consagrar algún otro pan que no contenga harina de trigo, y ésta fue su respuesta.

El padre Alberto Medel, especialista en liturgia y rector del Seminario de Xochimilco, explicó que aunque sí ha habido algunas reflexiones al respecto, en el seno de la Iglesia nunca se ha puesto a discusión la sustitución del pan y el vino por otros elementos más acordes con las culturas locales.

La razón: el propio Jesús decidió que el pan y el vino fueran las dos especies para consagrar. “El que el Señor haya tomado pan y vino como materias para instituir la Eucaristía pertenece a la identidad de la fe bíblica”, dijo.

Pero -agregó- no se trata de una elección caprichosa, pues en aquel tiempo, en el mundo conocido -desde los países mediterráneos hasta el norte de África- el pan y el vino eran ampliamente consumidos.

“Constituían parte de la dieta esencial de los pueblos; en esa época eran elementos verdaderamente universales, que rebasaban las culturas y las tradiciones de los pueblos”.

“Además, particularmente para los judíos, el pan y el vino tenían un hondo significado religioso y eran parte fundamental del culto del pueblo de Israel”.

Elementos de identidad

“La religión -continúa el sacerdote- no es solamente predicar ideas espirituales. La predicación evangélica es algo más, es transmitir un estilo de vida, es transmitir una serie de signos, de símbolos que significan precisamente lo que se cree por la fe”.

“De manera que el pan y el vino constituyen elementos de identidad de la vida cristiana, no son cosas que se puedan adaptar sino elementos de identidad, de verdadera identidad”.

500 años después de la llegada de los españoles, agrega el padre Medel, en América -como todo el mundo- el pan y el vino siguen siendo universalmente aceptados, y siguen siendo parte fundamental de la identidad de la fe católica.

“En todo el mundo hay pan y vino, en cualquier rincón al que se vaya hay pan, no hay otro elemento que tenga esta presencia tan universal”.

Los riesgos de los “localismos”

Pretender sustituir estos elementos por otros más locales -como la tortilla o el tequila en México-, a juicio del padre Alberto Medel, no busca una seria intención de inculturizar.

“Si hablamos de cosas muy locales, como la tortilla en México, pues solamente aquí en México sí podría significar lo que es la Eucaristía, pero sólo para nosotros, y eso fragmentaría la fe; y así para cada comunidad, para cada pueblo de nuestra América Latina”.

“No es una seria reflexión de inculturación, sino simplemente una especie de localismo donde se pretende desfigurar la fe en sus elementos simbólicos y reducirla a algo que solamente entiende un pequeño grupo, y los signos y los símbolos de la liturgia son para que sean entendidos por todas las culturas, por todos los hombres, en todos los tiempos y en todos los idiomas”.

¿Qué hacer en casos como el de Cuba?

La escasez de productos básicos es un problema grave y constante para el pueblo de Cuba. En esta ocasión, la falta de harina afectó directamente la producción de hostias y, por lo tanto, la celebración de la Santa Misa en las diócesis del país.

“Si hay algo segurísimo, sin ninguna duda, que nos viene de Jesús, es la Eucaristía como la seguimos celebrando hoy. Esto nos une directamente a la voluntad expresa de Jesús que se ha mantenido inalterada por todos los siglos hasta nuestros días”.

“Por lo tanto, custodiemos la Santísima Eucaristía y mejor ayudemos a todos aquellos lugares donde no tienen acceso las materias aptas para la Eucaristía. Ayudemos en la caridad pero lo que sí es cierto es que, si llegara a faltar el trigo para la Eucaristía, simplemente no habría Misa”.

¿Tiene futuro la Iglesia Católica? La reflexión de un sacerdote.


Vida Nueva habla con el vicario general de la arquidiócesis de Monterrey, José Francisco Gómez, quien asegura que el futuro de la Iglesia católica está en el regreso a sus orígenes.

El sacerdote mexicano José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la arquidiócesis de Monterrey, asegura que el futuro de la Iglesia católica está en el regreso a sus orígenes: Jesús de Nazaret, así como en “evitar el retorno a actividades, prácticas, doctrinas, actitudes, esquemas, estructuras e instituciones que, precisamente, han afectado su presente y que ponen en grave riesgo su futuro”.

Vida Nueva platicó con el sacerdote regiomontano, quien recientemente publicó su libro: ‘¿Tiene futuro la Iglesia Católica? Su actuación ante la situación actual’ de editorial PPC. Él asegura que esta obra ” puede servir para hacer un buen examen de conciencia y, desde abajo -sin esperar a que el Papa lo haga, porque no lo dejan-, intentar los cambios que le permitan a nuestra Iglesia católica recuperar su carisma original“.

Asimismo, consideró que el libro es útil tanto para platicar en familia, como en “los grupos de Jesús, en las comunidades parroquiales”, sobre el papel que la Iglesia católica jugó en su atención a la pandemia, y cómo podría ella enfrentar su futuro, de acuerdo al seguimiento de Jesús.

Un distanciamiento en especial de los millennials

PREGUNTA.- ¿Cómo decidió el título del libro; será que en algún momento se cuestionó la posibilidad de que la Iglesia católica pudiera no tener futuro?

RESPUESTA.- Allá por los 90’s del siglo pasado me pregunté en tres ensayos por el futuro del capitalismo, del socialismo y de la postmodernidad, sistemas económico-político-sociales que atravesaban por una fuerte crisis. Pensé, ya a inicios del 2020, que algo semejante vivíamos en la Iglesia católica, con un gran distanciamiento de sus miembros, en especial de los jóvenes millennials, quienes no encontraban en su mensaje las respuestas a las preguntas que se plantean a diario.

Ya desde fuera de ella, con un opinión pública indignada por los escándalos que se sucedían semana a semana, y cuyos protagonistas eran clérigos encumbrados en el escalafón eclesiástico; ya desde dentro, con un Francisco de Roma empeñado en renovarla, y enfrentando una terrible oposición, sobre todo de la Curia Vaticana, lo cierto es que -me pareció- valía la pena una reflexión semejante a la que había hecho casi 30 años atrás.

¿Una Iglesia Católica capaz de salir fortalecida?

P.- ¿A quién va dirigido el libro y cómo está estructurado?

R.- A cualquier persona, católica o no, que le interese el futuro de la Iglesia Católica, y que quiera penetrar, al menos un poco, en la vida de Jesús de Nazaret.

A lo largo de todo el libro me planteo tres preguntas: ¿Cuáles fueron los temas doctrinales que más se predicaron durante la contingencia? ¿Y los que predicó Jesús?; ¿Y las acciones caritativas en beneficio de los enfermos y de los fieles en general? ¿Y las que hizo Jesús?, y ¿De qué manera se celebró la fe? ¿Y Jesús, cómo la celebró?

En las respuestas iremos intercalando el proceso que llevaba la Iglesia católica, antes del surgimiento de la pandemia, en la atención a estos tres aspectos fundamentales de su evangelización: una fe que se predica en la pastoral catequética, que se vive en la pastoral social y que se celebra en la pastoral litúrgica, con su actuación una vez que surgió la contingencia, en la primera parte del ensayo. En la segunda responderemos las mismas preguntas, pero de acuerdo a las palabras y hechos de Jesús. Los tres temas los abordaremos desde la metodología ‘Ver – Juzgar – Actuar’.

P.- ¿Considera usted, con base en lo escrito en su libro, que la situación de la pandemia ayudó de alguna manera a la Iglesia católica o la hizo madurar en algún sentido?

R.- Eso está por verse, y en ocasiones soy un poco pesimista. El coronavirus vino a agravar una crisis que ya se veía por el paulatino alejamiento de los fieles, y no siempre se dio una respuesta adecuada a ello. Sí, hubo muchas luces, pero creo que más sombras. Sólo el futuro nos dirá si la Iglesia Católica fue capaz de salir fortalecida de la contingencia o si, por el contrario, regresó a esquemas y actitudes que le dan mucha seguridad, pero que le impiden cumplir con su misión a cabalidad.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

'¿Se necesitan cardenales?' Opinión del Padre Paco Gómez.



El pasado fin de semana se llevó a cabo el consistorio en el que Francisco de Roma creó 20 nuevos Cardenales de la Iglesia Católica. Wikipedia define estas figuras como una dignidad: “eclesiástico de alto rango… es el más alto título honorífico que puede conceder el Papa”.

Bergoglio ha insistido, tanto en esta ocasión como en las anteriores ceremonias, que los elegidos no deben considerarse príncipes, que no se trata de una promoción ni un reconocimiento a su trayectoria pastoral, que no es un honor. Es, más bien, y de acuerdo a la intención papal, un servicio que exige mayor disponibilidad hasta, incluso, derramar la sangre, lo que quiere expresar el hábito rojo que utilizan estos prelados.

Pero, más allá de las buenas intenciones manifiestas por Francisco, y de sus constantes llamados a la humildad de los seleccionados, en la práctica se sigue considerando tales nombramientos como un ascenso en el escalafón eclesiástico.

Sus ropajes, su título -“Eminencia”-, su velado pero firme poder en los corredores vaticanos y en las nunciaturas de sus países, confirman lo que el Papa no quiere que se dé: son dignatarios que no reflejan, por más de que mantengan un estilo de vida sobrio y austero, la humildad de los seguidores de Jesús.

¿Son necesarios los Cardenales en una Iglesia de puertas abiertas y en salida? ¿Caben tales personajes en una Iglesia pobre para los pobres? ¿De qué sirven, entonces?

No se puede justificar su existencia argumentando que son los consejeros del Sumo Pontífice. No todos ni en todo. El Papa actual y sus antecesores sí han solicitado, es cierto, las recomendaciones de algunos purpurados, ya de manera personal, ya en los dicasterios romanos. Pero lo mismo ha sucedido con obispos, curas, consagradas y laicos, que son convocados para participar en tales tareas consultivas. En realidad, su principal tarea es elegir al siguiente Papa, ya porque el actual renuncie, ya porque muera.

Por todo lo anterior, y en consonancia con lo pretendido por Francisco de Roma: ¿no sería mejor que se suprimiera este colegio cardenalicio?

Dos razones podrían sostener tal supresión: la pompa que le acompaña, querámoslo o no, y que desdice con la imagen de Iglesia que se ha venido proyectando en los últimos años, por una parte, y por otra, la necesidad de abrir a una mayor participación eclesial la misma elección del Papa, democratizándola. ¿O qué el proceso sinodal que estamos viviendo no avalaría esta propuesta?

Sé que se mantendrá la estructura. La reforma bergogliana de la Iglesia Católica no da para tanto. Pero el solo hecho de plantear tal posibilidad nos mete en el camino de la discusión. Transitémoslo.

Pro-vocación

El evangelio de hoy nos invita a ser sensatos a la hora de construir una torre, que podría ser la Iglesia del futuro. Pero ello no significa que debamos ser timoratos, pusilánimes, cobardes. Antes de que Francisco de Roma se nos vaya, y no falta mucho, aprovechemos el impulso que nos ha dado para edificar esa Iglesia con cimientos firmes y robustos, basados en el servicio y la inclusión, en la misericordia.

Autor: José Francisco Gómez Hinojosa

Vicario General de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

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