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¿Es pecado amar más a una mascota que a las personas?


Esta cuestión plantea una pregunta importante: ¿Es pecado amar más a una mascota que a las personas? Para responder a esta pregunta, es necesario considerar varios aspectos.

En primer lugar, es importante recordar que como seres humanos, estamos llamados a amar a nuestros semejantes, es decir, a las personas, ya que Dios nos ha creado a imagen y semejanza suya (Génesis 1, 26-27). Como dice Jesús en el evangelio de Mateo, “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22, 37-39). Nuestra vocación como cristianos es amar y servir a los demás, especialmente a los más necesitados, como Jesús nos enseñó con su ejemplo.

Sin embargo, esto no significa que no podamos amar a los animales, incluyendo a nuestras mascotas. Como seres creados por Dios, los animales tienen valor intrínseco y merecen ser tratados con respeto y compasión. En el libro del Génesis, se nos dice que Dios creó a los animales junto con el hombre y los entregó a su cuidado (Génesis 1, 26-28). También se nos dice en el libro de los Proverbios que “el justo se preocupa de la vida de sus animales” (Proverbios 12, 10). La Iglesia enseña que los animales son criaturas de Dios y que debemos tratarlos con amor y cuidado.

Ahora bien, ¿puede el amor por una mascota llegar a ser excesivo o incluso pecaminoso? Para responder a esta pregunta, es importante tener en cuenta el papel que las mascotas juegan en nuestras vidas. Para muchas personas, las mascotas son una fuente de compañía, consuelo y alegría. Pueden ayudar a reducir el estrés, mejorar la salud mental y fomentar la responsabilidad y el cuidado. Sin embargo, es posible que algunas personas se obsesionen con sus mascotas hasta el punto de descuidar sus relaciones con los demás o incluso de ignorar sus obligaciones básicas.

Desde una perspectiva católica, el amor por una mascota no es pecaminoso en sí mismo. Sin embargo, si ese amor nos lleva a descuidar nuestras relaciones con los demás o a poner a nuestra mascota por encima de Dios o de nuestras responsabilidades, entonces puede convertirse en un pecado. Esto se debe a que el amor por nuestras mascotas, al igual que cualquier otro amor en nuestra vida, debe estar equilibrado y en consonancia con nuestra vocación como cristianos.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla del papel de los animales en nuestras vidas. En el número 2417, se nos dice que “Dios confía los animales a la diligencia del hombre, que debe servirse de ellos racionalmente y respetar la bondad de la creación para glorificar al Creador”. Esto significa que, como seres humanos, tenemos la responsabilidad de tratar a los animales con respeto y dignidad, cuidando de sus necesidades básicas y utilizando su presencia de manera racional. De hecho, el número 2418 del Catecismo señala que “es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas”.

En cuanto al amor por las mascotas, es importante recordar que nuestro amor por los animales no debe impedirnos cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia los demás. Nuestro amor por nuestras mascotas no debe ser un sustituto del amor y la atención que debemos prestar a las personas en nuestras vidas. Como dice el número 2232 del Catecismo, “los deberes hacia la familia preceden a los deberes para con la sociedad”.

Por lo tanto, si amamos a nuestra mascota más que a las personas y descuidamos nuestras relaciones con los demás, estamos fallando en nuestra vocación como cristianos. El amor a las mascotas debe estar enmarcado dentro del amor que debemos tener por los demás, y no puede ser un obstáculo para nuestro compromiso con la sociedad y nuestro deber de cuidar y proteger a los demás.

Además, el amor por las mascotas no debe convertirse en idolatría. Como cristianos, debemos amar y adorar solamente a Dios, y no a ninguna otra cosa creada. Si el amor por una mascota se convierte en algo que nos aleja de Dios, entonces estamos pecando. Como dice el número 2113 del Catecismo, “la idolatría consiste en divinizar lo que no es Dios”. El amor por las mascotas no debe ser una forma de idolatría, sino una expresión de nuestro amor y cuidado por las criaturas de Dios.

En conclusión, amar a una mascota no es pecado en sí mismo, siempre y cuando ese amor esté equilibrado y en consonancia con nuestra vocación como cristianos. Debemos tratar a los animales con respeto y dignidad, cuidando de sus necesidades básicas y utilizando su presencia de manera racional. Al mismo tiempo, nuestro amor por las mascotas no debe impedirnos cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia los demás. Si amamos a nuestras mascotas más que a las personas y descuidamos nuestras relaciones con los demás, estamos fallando en nuestra vocación como cristianos y cometiendo un pecado. Por lo tanto, es importante mantener un equilibrio adecuado en nuestro amor por las mascotas y asegurarnos de que este amor no se convierta en algo que nos aleje de Dios o de nuestras responsabilidades básicas como cristianos.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Sacerdote afirma que "es un amor desordenado" amar más a los animales que a las personas y desata enojo de personas con "perrhijos"


El padre Jorge Vargas, conocido en redes sociales por subir contenido de guía espiritual de acuerdo a la tradición católica, abrió un debate en redes sociales entre las personas que ponen a los animales sobre los demás humanos y aquellos que dicen que no se debe humanizar a los animales.

El sacerdote calificó esta tendencia de amar a las mascotas sobre los humanos como un "amor desordenado" y lo tildó de "peligroso" porque, asegura, que eso puede ser afectar el trato con las otras personas, "porque si los humanizamos [a los animales], corremos el riesgo de deshumanizar a las personas", aseguró el hombre en un video de un minuto. 

La afirmación del clérigo se hizo a raíz de una pregunta que uno de sus seguidores envió; "Padre, ¿está mal tener un amor desmedido por tú mascota?". 

El religioso no dudó en responder con un sí rotundo y procedió a explicar que todo amor tiene que ser ordenado y que el amor desmedido puede ser indicio de lo contrario.

Sin embargo, aseguró que debido al vínculo emocional que se desarrolla con las mascotas es normal experimentar sentimientos fuertes relacionados a ellos, "tú puedes tener a tu mascota y si se muere puedes llorar y llevar un tiempo de luto, sí, porque son compañeros; te alegran y te acompañan". Resaltó, sin embargo, que "los animales no valen más que una persona" y que este pensamiento puede ser resultado de una humanización de las mascotas.

"No humanicemos a los animales. Quiéranlos mucho, respétenlos, cuídenlos, protejámoslos; pero no a costa de la humanidad", concluyó Vargas.

El video, que cuenta con más de 27,000 reproducciones, ya ha recibido varios comentarios divididos entre los que apoyan al padre y aquellos que discrepan con él. 

"Soy adiestrador canino. Y estoy de acuerdo con el padre, utilizando las palabras correctas", dice una de las opiniones. Otras afirman que no se arrepienten de amar o humanizar a sus mascotas porque dicen que los animales "dan un amor que nadie dará" y otros, porque han perdido su confianza en los humanos. 

@p.jorgevargas El amor debe ser de manera ordenada #amor #petlover #dolor #orden #padrejorgevargas #qdtb ♬ sonido original - P.JorgeVargas

¿Fue Jesucristo cruel con los animales? ¿Por qué Jesús permitió la muerte de los cerdos en Gerasa?

 


¿FUE JESÚS CRUEL CON LOS ANIMALES? ¿POR QUÉ JESÚS PERMITIÓ LA MUERTE DE LOS CERDOS EN GERASA?
Por Álvaro Molina

El animalismo es una ideología que propone igualitarismo entre los animales y los seres humanos. La radicalidad de esa ideología propone que la vida de un animal vale lo mismo, o más, que la de un humano, incluso proponen que los animales son personas, y que hasta tienen derechos. Y lamentablemente hay hasta cristianos que le dan la razón a los errores que pregona el animalismo.

Un animal nunca será más importante que un ser humano. La vida de un humano siempre será mucho más valiosa que la de los animales. Esto lo podemos comprobar en las escrituras, cuando Jesús les recuerda a los hebreos que Dios alimenta a las aves, aun cuando estas son menos importantes que los hombres (San Mateo 6,26). Y lo volvemos a confirmar en el pasaje donde Jesús visita la región de Gerasa (San Marcos 5,1-20; San Mateo 8,28-34; San Lucas 8,26-39).

Gerasa, una de las ciudades de Gadara, era una población griega, bajo dominio romano, que estaba prácticamente viviendo en medio de Judea, llevando su vida según sus costumbres, totalmente alejados de lo que mandaba la ley del Dios de los hebreos. Siendo griegos, los de Gerasa creían en el panteón de dioses griegos, o tal vez hasta en el de los romanos. Además de que, siendo la antigua Grecia la cuna de la filosofía y el conocimiento, aquella gente no se guiaba mucho por lo divino, y más bien lo hacían por los estudios y tratados de los grandes filósofos griegos.

Probablemente los gerasenos no tenían noción de qué cosa es un demonio. Tal vez los hebreos habían podido determinar la posesión que sufrían aquellos hombres. Pero dado que Gerasa era habitada por griegos, los griegos trataron de resolver el problema usando conocimientos, no fe. Trataron de encadenar a aquellos endemoniados, que seguramente para los gerasenos eran solo dementes, pero las cadenas no rindieron ningún efecto. Era más que obvio que los gerasenos no sabían qué hacer con aquellos endemoniados.

Entonces vemos a una comunidad de gente que, a pesar de vivir rodeados por el pueblo de Dios, vivían muy alejados de los preceptos de ese Dios, y más bien se guiaban por la razón y el conocimiento. Qué enorme similitud vemos entre los gerasenos y la actual sociedad, alejada de Dios, queriendo resolverlo todo con razón y ciencia, pero nunca acudiendo a Dios. Y cuando los métodos de la ciencia y la razón fallan, las víctimas son abandonadas a su suerte porque la actual sociedad, al persistir en su alejamiento de Dios, se declara inútil ante muchos de los problemas sociales, problemas que se resolverían con suma facilidad, sin tan sólo la sociedad aceptara vivir bajo los preceptos divinos. Si las naciones abrazaran esos preceptos, no tendríamos indigentes, embarazos en adolescentes, adictos, borrachos, familias rotas, etc.

Pero volvamos a Gerasa, cuando Jesús llega a visitarla. Ya sabemos lo que ocurrió. Aquellos hombres estaban poseídos por una legión de demonios. Jesús los expulsa y estos le ruegan a Jesús que los deje poseer una piara de cerdos que se encontraba en aquel lugar. Jesús sabe lo que va a pasar. Una vez que los cerdos estén poseídos, actuarán enloquecidos. Y así ocurrió, los animales se descontrolaron, se precipitaron al mar y se ahogaron.

Los gerasenos criaban cerdos, animales que eran considerados por los hebreos como impuros. Comer cerdo era un acto inimaginable para un hebreo, lo mismo que criarlos. Aquello era algo muy conocido en el mundo antiguo. En el libro 1 de Macabeos está el relato sobre Antíoco Epifanes, un rey sirio que profanó el templo de los hebreos, sacrificando cerdos dentro de el. De manera que para nadie era desconocido el rechazo de los hebreos hacia los cerdos.

Todo lo que Jesús hizo y dijo no fue en vano. Jesús no dejó nada a la deriva. Jesús sabía que los cerdos morirían, pero no por eso podemos concluir que Jesús era cruel con los animales. En Su ministerio, Jesús va en pos de la salvación de los hombres. Él no ha venido por los animales, ha venido por la especie humana. Con la muerte de los cerdos, Jesús les da un claro mensaje a los gerasenos: la salvación de dos hombres poseídos vale más que aquellos cerdos.

Podríamos añadir que la salvación de una sola alma vale más que las vidas de todos los cerdos del mundo. De manera que si el maligno, al quitársele una sola alma, quiere contentarse con las vidas de miles y miles de cerdos, pues que así sea. Así de valiosa es la salvación de una sola alma, para Dios.

Pero con la muerte de los cerdos, Jesús también quiere darles otro mensaje importante a los gerasenos: ustedes, con toda su sabiduría, ciencia y filosofía, van camino a la perdición.

Antes del exorcismo hecho por Jesús, los gerasenos no supieron qué hacer con aquellos dos posesos. Su ciencia y filosofía les fallaron por completo. Después del exorcismo, la primera reacción es de espanto. Han visto algo que no pueden reconciliar por medio de su ciencia. Luego hay una segunda reacción: van y le piden a Jesús que se vaya. Los evangelios no lo mencionan, pero probablemente también le pidieron que nunca más regresara. Jesús los deja, acatando la petición de los gerasenos.

Atrapados por su ciencia, filosofía y conocimientos, los gerasenos no ven en Jesús la solución al problema que ellos nunca pudieron resolver. En su ceguera, todo lo que ven es una amenaza a su estilo de vida. Si cada vez que haya que liberar a un poseso en Gerasa, que seguramente había muchos, se tendrán que perder tantos cerdos, mejor que Jesús se vaya, y que los posesos vean cómo hacen. Para los gerasenos son más importantes los cerdos que los seres humanos.

Los gerasenos solo ven la pérdida monetaria por la muerte de los cerdos. Esto es algo muy similar a lo que se ve hoy con el capitalismo salvaje, donde importan más las cifras y el dinero que las vidas humanas. Es algo similar a lo que ocurre también con el negocio del aborto, con Planned Parenthood, donde lo que les interesa es conseguir cadáveres de bebés no natos, para comerciar con ellos. Les importa solamente el dinero, no los seres humanos.

Jesús se va, pero antes deja a uno de los hombres liberados con una instrucción: ve a contar a los tuyos lo que ocurrió. Una vez liberado, Jesús lo convierte en un enviado suyo. Tal vez con el testimonio de ese hombre algunos se salvarán. Tal vez con su testimonio algunos gerasenos entenderán que los dioses griegos, que la ciencia y la filosofía no son el camino a la salvación. Tal vez así entenderán que las personas valen mucho más que los animales, y que la salvación pasa muchas veces por hacer cambios radicales en nuestro estilo de vida.

Hoy muchas naciones están justamente como los gerasenos, pensando solamente en el dinero, olvidando por completo a sus semejantes. En muchos países hay severas leyes para proteger a los animales, pero dejan en total abandono a las personas más necesitadas, tanto así que muchos mueren de frío en las calles. Jesús es rechazado en esas naciones porque lo que Jesús ofrece no puede conciliarse con el cientificismo y el racionalismo que practican en esos países. Tampoco quieren escuchar a los enviados de Jesús, cuando estos les dicen que deben valorar a sus semejantes. Rechazan a los enviados y prefieren seguir pensando en dinero, y hasta prefieren legislar para proteger animales, antes que hacerlo para proteger la vida humana.

Nada de malo hay en amar a los animales, ya que estos son un don de Dios, como parte de Su creación. Lo malo está darles a los animales igual o hasta más valor que a los humanos. Nada de malo hay en hacer dinero honradamente. Lo malo es enfocarse solamente en eso, y dejar a un lado a nuestros semejantes. Este mundo está demasiado lleno de modernos gerasenos, eso es lo malo.

Pax et bonum

¿Tienen alma los animales?


¿TIENEN ALMA LOS ANIMALES?


Las palabras animales y animación provienen del latín anima, que se traduce como alma.

¿Quién no ha disfrutado de la compañía y lealtad de un perro? En los momentos en que disfrutamos de la compañía un animal no se puede ocultar que hay cierta comunicación no verbal entre los dos, hombre y animal, más aún si son animales queridos. Esto nos puede impulsar a creer que, los animales tienen alma semejante a la nuestra. ¿Pero la tienen?

Sabemos que los animales tienen movimiento y facultades que no son sólo el cuerpo, sino del cuerpo como la nutrición, la sensación, imaginación, etc. Recordemos que los animales están animados. Ambas palabras, "animales" y "animación" provienen del latín: anima, que se traduce como alma. Así que, en cierto modo, animales como perros, gatos y hasta peces de colores tienen alma. Sin embargo, el alma de los animales no es como la de los seres humanos, porque no tiene una tendencia la vida espiritual, de reconocimiento personal de Dios.

En suma digamos que el alma humana es de naturaleza espiritual, mientras que el alma de los animales no lo es. Este reconocimiento no demerita a los animales como compañeros leales y creaturas útiles al hombre. Más bien nos mueve a reflexionar sobre las actitudes exageradas que se toman con los animales. Si bien muchos de ellos pueden ser nuestros compañeros leales, esto no significa que sean idénticos a nosotros y que deban recibir las mismas atenciones espirituales que un ser humano.

El católico actúa de forma respetuosa y considerada con los animales porque sabe que sienten y pueden sufrir, pues tienen alma y una dignidad como creaturas de Dios. Además de esto sabe que un animal no tiene la misma dignidad, en cuanto a facultades espirituales, que un ser humano. Esto es porque el hombre es espíritu y cuerpo animado, mientras que los animales son cuerpos animados que no han alcanzado un desarrollo espiritual.

A eso se refería Juan Pablo II cuando declaró en una audiencia semanal en 1990 que el reino animal participa del aliento de vida que procede de Dios, y que por tanto debemos amar y respetar a los animales como criaturas de Él que son.

Nunca debemos olvidar que sólo el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios y está destinado a la inmortalidad, que consistirá en participar de los deleites del Cielo o las penas del infierno.

Fuentes bibliográficas:
¿Tienen alma los animales? de Gabriel González Nares en Encuentra.com
Could there be a Puppy Heaven? by P. Richard Gennaro Cipolla in rorate-caeli.blogspot.com (en inglés)

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:

http://es.catholic.net/op/articulos/56277/tienen-alma-los-animales.html


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