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10 trucos de un papá para llevar a los pequeños a Misa


10 TRUCOS DE UN PAPÁ PARA LLEVAR A LOS PEQUEÑOS A MISA

Estos 10 pasos pueden servir también para cuando los niños asisten a otro tipo de celebración, espectáculo o reunión social . 

Un papá católico, Will Wright, ha escrito un artículo donde ofrece sus diez mejores estrategias para llevar a los niños pequeños a la celebración dominical del sacramento de la Eucaristía. Desde luego, no son estrategias infalibles, pero hacen posible una tarea que, sobre todo a partir de la irrupción del mundo virtual en la infancia, parecería poco menos que imposible. 

Las preguntas a las que quiere responder esta estrategia de Wright son las preguntas que cualquier padre de familia católico se hace cuando tiene en casa a niños pequeños y quiere ir en familia a Misa: “¿Cómo se puede esperar que se queden quietos y en silencio durante una hora o más? ¿Debo turnarme con mi cónyuge e ir a Misa en turnos? ¿Estarán molestos los otros fieles de la parroquia porque mi hijo está haciendo mucho ruido?” 

A muchos les parecería que el llanto de los pequeños los “descalifica” para estar en la celebración de la Eucaristía: “Los niños son una hermosa bendición para los padres, pero también son una hermosa bendición para la Iglesia. Si la Iglesia no está llorando, se está muriendo. Hay quienes dicen que los niños, o los bebés, no pertenecen a la Misa (…) Pero este es un enfoque equivocado”, escribió Wright en una columna publicada en The Catholic Link. 

A continuación, cita unas palabras del obispo de Phoenix (Arizona, Estados Unidos) Thomas Olmsted, obispo de Phoenix, quien en su Carta Pastoral Complete My Joy, escribió a los papás de la diócesis: “Quiero animarlos, especialmente, a que traigan a sus hijos pequeños a la Misa. Su presencia es deseada y necesaria entre nosotros en la familia de la Iglesia”. 

Diez de las mejores prácticas
A partir de esta certeza es como Wright publica “una guía” de diez pasos, o una estrategia en diez escalones para ayudar a los padres de familia a llevar a sus hijos pequeños a Misa, “reunida de las mejores prácticas de varias fuentes”. 

1. Que lleguen bien alimentados. El ayuno eucarístico no es para los niños pequeños. No los obliga ni mucho menos. “Por lo tanto, es mejor darles de comer antes de llegar a la misa. Asegúrate de que puedan sobrevivir sin estómagos ruidosos”. Y para las mamás que están amamantando, los confesionarios pueden ser una excelente opción, si no están en uso durante la liturgia. 

2. Vestirlos con ropa especial y algún complemento, también especial. A los pequeños les gusta las rutinas, responden bien a los horarios y a las actividades que se realizan de forma regular. “Es una buena idea vestir a los niños con ropa especial que suelen llevar solo para ir a la iglesia” y o para asistir a otra celebración especial. También puede ser útil entregarles “una bolsa especial que sirva solo para la Misa. Puede poner un juguete o un libro pequeño que sea solo para la Misa del domingo, hecho de material suave y silencioso”. 

3. Mantenerlos frescos. “Si sus hijos todavía usan pañales, póngales un pañal nuevo justo antes de que salga de su hogar o tan pronto como llegue a la iglesia. Si sus hijos están entrenados para ir al baño, pídales que usen el baño, o al menos que lo intenten, cuando lleguen a la Iglesia”. 

4. Establecer expectativas. Hay que recordarle al pequeño que está a punto de acercarse a Jesús y que es algo muy importante. Hay que mantener una expectativa que convenza al menor de que, en realidad, lo es. Ser pacientes y firmes en este punto. Y, sobre todo, recordárselo antes de ir al templo. 

5. Dar el ejemplo. Para que se tome “en serio” el hecho que se trata de un acontecimiento importante, el padre o la madre (ambos) tienen que dar el ejemplo de que, en efecto, lo es. No es cualquier otra actividad. “Su hijo debe saber que la situación es diferente solo por verlo a usted y su lenguaje corporal. Usted establece el tono. Si está calmado y concentrado, a pesar de la actividad de los niños, tendrán más posibilidades de recibir el mensaje”. 

6. Sentarse en el frente. Una tendencia muy comprensible indica que lo mejor sería sentarse atrás, casi a la salida del templo. Pero la gran mayoría de las fuentes al respecto sugieren sentarse delante. Los niños pueden ver lo que está sucediendo y es mucho más probable que se mantengan ocupados si pueden ver. Incluso puede susurrar en voz baja a su hijo, mientras los sostiene, diciéndoles lo que está sucediendo durante la Misa”. 

7. Turnarse en sostener al niño durante la Misa. El marido, la esposa, el hijo mayor, todos pueden ser de ayuda para tomar por cargar al bebé “Al sostener a su hijo, usted tiene un poco más de control sobre su atención. Puedes señalarles cosas o tratar de llamar su atención en otro lugar. 

8. Un poco de ruido está bien, solo se aborda el ruido continuo. Si el pequeño está haciendo un poco de ruido, entonces no hay de qué preocuparse. Los otros fieles perdonarán, y si no lo son … ese es realmente su problema, no el suyo. Solo si está haciendo un ruido continuo, debe abordarse. Se puede ir al atrio de la iglesia o incluso a la calle, “pero intente volver y tan pronto como sea posible”. 

9. Responder preguntas sobre la Misa. Los papás son los principales catequistas. La Misa es una oportunidad inmejorable de que los niños aprendan y asimilen la fe. “Cuanto más sepa su hijo sobre la Misa, más podrán participar y participar en ella”. Incluso, si las preguntas se hacen dentro de la celebración, se pueden contestar en voz baja o advirtiendo que se las contestaremos más adelante. 

10. Ser pacientes y perseverar. Estas estrategias están destinadas a ser una ayuda a los padres de niños pequeños, incluso si no funcionan de inmediato, hay que ser pacientes y perseverantes. “Dios quiere a su hijo en la Misa. Al final, debemos recordar: Dios ama a tu hijo infinitamente más que tú. Y Él te ama más de lo que sabes. Entonces, Él quiere que tú tengas éxito. Reza y sigue intentando. La paciencia y la perseverancia ganarán algún día”, termina diciendo Will Wright en su artículo de Catholic Link. 

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EL DÍA QUE FUI ENOJADO A MISA... Y OCURRIÓ ALGO MARAVILLOSO


EL DÍA QUE FUI ENOJADO A MISA… Y OCURRIÓ ALGO MARAVILLOSO
Por Sergio Arguello Vences 

Los sacerdotes también somos humanos 

Ese domingo me había despertado muy contento a celebrar en la parroquia. Prácticamente salté de la cama para arreglarme y llegar temprano a mi cita con el Señor y su pueblo. La Eucaristía fue muy bonita y terminando una señoras me dijeron: “Padre, ¿nos puede confesar?”. 

Eran solamente tres así que acepté… pero entonces comenzaron a llegar más y más y todavía más, sin decirles cuántas personas para que no me digan exagerado, pero me levanté tres horas después, con hambre, sed y ganas de irme a descansar un ratito. 

Iba ya muy contento de regreso al seminario y salió a mi encuentro una señora que me preguntó: “¿Usted es el padre verdad? Mi papá murió ayer y lo van a enterrar hoy y no he podido encontrar un sacerdote”. Interiormente pensé: “Señor, sí que quieres que trabaje en tu nombre hoy, te pido sólo que le des paz a mi estómago”. 

Celebré la Eucaristía de don Carlos, en paz descanse, y decidí irme en taxi a mi casa para desayunar y recostarme un poco… aunque parece que no es cansado, celebrar dos misas y confesar tres horas con el estómago vacío no es tan fácil como parece. 

Así que rápidamente y con la ilusión de un niño me disponía a comerme un sandwich… y como en cámara lenta llega un hermano y me dice: “Te buscan, el párroco se enfermó y no hay quien celebre misa de una…” De inmediato salió mi humana debilidad y brilló dentro de mí un reclamo a Dios: “Pero Señor, estás viendo que todavía ni desayuno… Con gusto voy pero después, dame un poco de tiempo… o mejor aún: manda a otro cura”. 

No deja de sorprenderme cómo es Dios porque acabando de reclamarle escuché claramente que me decía: “El día de tu ordenación me dijiste que te entregarías completamente a mí y a mi pueblo… además ve a esta misa, te tengo una sorpresa”. 

Le mordí rápido a mi sandwich y fui a misa francamente enojado, me puse en camino más por obligación que por ganas. 

Pero en cuanto entré a la sacristía y me revestía mi enojo comenzó a bajar, se acercaron unos esposos a decirme: “Padre, nuestra hija se intentó quitar la vida hace un mes y hemos logrado que venga a misa, póngala en sus intenciones por favor” (así que esta era la sorpresa, Dios me había enviado a esta misa para que le hablara a esta hija suya que estaba en tanta necesidad). 

Y es que siendo sacerdote te das cuenta de que las casualidades no existen, Dios mismo es el que nos pone en camino, era maravilloso porque el evangelio de ese día era justo para esta muchacha: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”. 

Salí a la Eucaristía convencido de que era Dios quien me había puesto allí; antes de comenzar le pedí ante el Sagrario que fuera Él mismo el que hablara, no yo, le recordé que tenía hambre y estaba un poco enojado… 

La celebración estuvo llena de unción, estoy convencido de que fue Jesús mismo el que la guió, no sé cómo explicarlo, soy muy deficiente hilando ideas, pero la homilía de ese día salió de Dios mismo, hasta el día de hoy no me explicó lo que pasó, las palabras de Jesús eran confortación, caricia, fortaleza, ánimo… 

Al terminar la santa misa, se acercaron de nuevo los esposos, esta vez con la joven llorando y abrazándome: “Padre, me hacía tanta falta escuchar todo lo que ha dicho, necesito tanto de la ayuda de Dios, me he alejado tanto de Él, ahora sólo quiero estar delante de Él y pedirle que me ame y me ayude a seguir adelante…”. 

Cuando la joven me abrazó, escuché el susurro de Dios: “Te necesitaba en esta eucaristía, por eso hice que vinieras, no lo pude haber hecho sin ti”. 

Me encanta el buen Jesús y cómo se las ingenia para llegar a donde lo necesitan. La joven que intentó suicidarse ahora es la más puntual en misa de una, Dios cambió su vida. 

Y desde ese día, cada vez que me siento cansado o enojado por el exceso de trabajo pienso: “Anda, dale, ve a misa y vívela como tu primera y última misa, Dios te necesita”. 

Y parece que Dios me contesta: “Tranquilo, ve, yo celebraré en tú lugar, préstame sólo tus manos y tu boca…”. 

Te pido una oración especial por el sacerdote de tu parroquia, seguramente él también irá enojado y sin desayunar a misa alguna vez… 

Padre Sergio 

¿Puedo comulgar si llego tarde a Misa?


¿PUEDO COMULGAR SI LLEGO TARDE A MISA?
Por: Daniel Alberto Robles Macías 

La Eucaristía resulta ser un acto único, por lo tanto, es necesario que se participe en ella de principio a fin. 

Recuerdo muy bien que alguna vez me dijeron que para que la Misa dominical “me contara” como precepto dominical, debía llegar antes de las lecturas, para así poder pasar a comulgar.Incluso, he escuchado que si no llegas a tiempo, hay sacerdotes que no dan la comunión por esta razón, lo que me confunde un poco. ¿Qué dice la Iglesia al respecto de esta situación?Vamos a verlo. 

Hay que recordar que para los católicos, asistir a Misa los domingos resulta ser una obligación como hijos de Dios, pues es la fuente y el pilar de la vida cristiana. No podemos llamarnos cristianos si no participamos de la Eucaristía, del pan vivo que es Cristo, que se entrega por todos. Pues ya lo dijo el Señor: “quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 54). Por lo tanto, cuando participamos de ella, nos preparamos para vivir en la eternidad con Él. 

La Misa comprende dos partes importantes: la liturgia de la Palabra y la liturgia de la Eucaristía. Las dos son igual de importantes e indispensables.La Eucaristía resulta ser un acto único, por lo tanto, es necesario que se participe en ella de principio a fin. 

Es muy triste ver, cómo muchas personas han perdido el interés y el deseo por ir a Misa. Muchos que se limitan a llegar a la hora que ellos quieren o que simplemente se quedan un rato y se retiran, como si se tratara de una simple charla. Participar de este sacrificio, no se debe ver solamente como un acto obligatorio, sino que formamos parte del acto de amor más grande y único en la tierra. A través de Él nos acercamos cada vez más al cielo, es como ir acumulando puntos para poder entrar a la presencia eterna de Dios. 

Ahora bien, ¿Qué pasa si por una situación ajena a mi o por descuido llego tarde a Misa? Lo preferente es que si tenemos previsto asistir a una hora adecuada, tomemos las precauciones necesarias para llegar incluso varios minutos antes. Esto con la intención de prepararnos para poder participar desde el inicio. Si, por alguna razón llegas muy tarde, puedes considerar entonces asistir a otra Misa en horas posteriores para que la escuches entera y participes adecuadamente. 

Actualmente no existe una normativa que nos diga hasta qué punto hemos llegado tarde a la Misa, lo que en consecuencia, no nos permita tener por cumplida nuestra obligación. Algunos dicen que antes de que inicie el ofertorio y otros que hasta antes de iniciar la Liturgia de la Palabra. Pero como ya dijimos, las dos partes de la Misa son importantes y únicas, las dos se complementan. Por lo tanto, guardemos la atención y el respeto a ambas. 

Aunque te quiero recordar uno de los mandamientos de la Santa Madre Iglesia es: “Oír misa entera todos los Domingos y fiestas de guardar”. Así que cuando dice entera, no es a media liturgia de la Palabra, sino desde el momento en el que el Sacerdote inicia con la procesión de entrada. 

Ahora bien, la comunión no puede negarse, a menos que la persona se encuentre dentro de los casos siguientes: “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave” (915 del Código de Derecho Canónico). Por lo tanto, quien la niegue fuera de estos casos, estaría cometiendo un abuso. 

Hagamos el esfuerzo de llegar a Misa a tiempo, con la consciencia de lo que significa acudir cada domingo, no por obligación sino como un gesto de amor y agradecimiento a Dios que nos ha dado tanto.Asimismo, no dejes de participar de la comunión, confiésate y prepárate para recibir al Señor, quien desea habitar en tu corazón. 

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:


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