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Santa Hildegarda, canal hacia Dios de reyes y papas


En el siglo XII hubo una abadesa que, además de advertir a papas, emperadores y demás nobles, vislumbró el inicio y desarrollo de la Revolución igualitaria y gnóstica que hoy domina la Tierra entera: Santa Hildegarda.

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Décimo hijo de una pareja de nobles y ricos terratenientes, Hildegarda nació en 1098, en un castillo cerca de Maguncia -suroeste de Alemania-, perteneciente a sus padres.

Admisión de niños a las órdenes religiosas

A la edad de ocho años, ingresó en un monasterio benedictino dirigido por una condesa cuyo marido gobernaba la región. Allí estudió, aprendió a tocar el arpa y tuvo muchas visiones sobrenaturales, pensando que todos los niños también recibían estas extraordinarias gracias místicas.

“Hoy, muchos se oponen a la existencia de seminarios para menores y también al hecho de admitir niños, incluso sin votos, en las órdenes religiosas. Santa Hildegarda, sin embargo, floreció maravillosamente con los benedictinos, institución a la que se unió a una edad tan temprana.”[1]

Durante tres décadas, sufrió varias enfermedades, pero continuó recibiendo visiones. A la edad de 38 años, fue elegida abadesa del monasterio y el prior ordenó que las escribiera. Tan pronto como comenzó este trabajo, dictando o escribiendo en pergamino con una pluma de ganso, se curó de sus dolencias. Tal era la sublimidad de los pensamientos contenidos en los textos que, en poco tiempo, se difundieron.

Respondiendo a una carta que le envió San Bernardo, lo llama padre, se declara su esclava y escribe: En una visión mística, “Te vi como un hombre que mira al sol sin miedo, pero con gran audacia. […] Eres el águila que mira al sol. Sé fuerte en las luchas de Dios. Amén.”[2]

Cartas al Papa Beato Eugenio III…

Habiendo sido convocado por el Beato Eugenio III para guiar un sínodo en Tréveris – Alemania Occidental – en 1147, San Bernardo la visitó y llevó a la asamblea textos escritos por ella. El Papa quedó asombrado e hizo leer un resumen de ellos a los participantes.

Luego escribió una carta a la Santa aprobando sus visiones y le pidió que le comunicara las revelaciones que había recibido sobre la situación de la Iglesia y la Cristiandad.

Transcribimos algunos comentarios realizados por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira sobre la respuesta de santa Hildegarda.

“La santa relató al Papa Eugenio, en una carta bastante larga, todo lo que había oído de la voz celestial, respecto al pontífice. Presagiaba un momento difícil, cuyos primeros signos ya se estaban manifestando.

“Como se verá, ese momento difícil que ella vislumbraba y cuyos primeros signos ya se manifestaban, fue el comienzo de la Revolución.

“Los valles se quejan de las montañas, las montañas caen sobre los valles”. Los valles son la parte baja de la sociedad y las montañas las clases superiores.

“Los súbditos ya no temen a Dios. Están un poco impacientes por subir, por así decirlo, a la cima de las montañas para incriminar a los prelados, en lugar de acusar sus propios pecados”. El término “prelado”, en lenguaje medieval, se refiere al primero, no sólo en el orden eclesiástico, sino también en el temporal.

“Los valles dicen: ‘Soy más apto que ellos para ser superior’. Denigrar, por envidia, todo lo que hacen los superiores”.

“Conviene recordar aquí lo que dijimos en ‘Revolución y Contrarrevolución’, respecto del orgullo, que es igualmente aplicable al vicio de la envidia: el orgulloso odia a su superior, y puede llegar al odio a la superioridad como tal. Para él, el bien es la completa igualdad”.

“Las propias montañas, es decir, los prelados…” Por tanto, los nobles, el clero y, en rigor, también la alta burguesía “... en vez de elevarse continuamente a la comunicación íntima con Dios, para transformarse cada vez más en la luz del mundo, están descuidados y oscurecidos.”

“En este pasaje aparece una hermosa noción sobre el papel de la nobleza y del clero: tener comunicación continua con Dios para iluminarse cada vez más con el esplendor divino, para efectos, ya sean espirituales o temporales. De esta manera, serán como la luz puesta en la cima de la montaña, iluminando el mundo entero. Como no siguieron este llamado, sino que se relajaron en el trato con Dios, se oscurecieron. Ya no arrojaban la luz que debían, provocando así la sombra y la perturbación que reinaba en las clases inferiores.

“Entonces, sectores de la plebe no estaban bien, pero el punto de partida de este declive fue la actitud de miembros de la nobleza y del clero que se dejaron llevar por la tibieza. En un justo y majestuoso castigo, las partes más bajas de la sociedad, llenas de envidia, se apresuran a derribar a esos superiores.

“¡Cuán lógico y grandioso nos parece esta disposición de las cosas, y cómo lo demuestra toda la economía de la Providencia a lo largo de la historia!”[3]

… al Emperador, al Rey, al Conde

Santa Hildegarda también tuvo contactos epistolares con altos dignatarios de la sociedad temporal.

Al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado III, que le había pedido consejo, le envió una carta que terminaba con estas palabras: “El que todo lo sabe te dice una vez más: Cuando oigas estas cosas, hombre, domina tu voluntad y corrígete, para que llegues purificado a los tiempos de que te hablo, y para que no tengas necesidad de avergonzarte de tus actos”[4].

Federico Barbarroja, que sucedió a su tío, el emperador Conrado III, fundador de la dinastía Hohenstaufen, en el gobierno de Alemania, le escribió una carta con preguntas. En su respuesta, ella afirmó: “¡Sé un caballero armado, luchando valientemente contra el diablo!”[5]

Pero, dejándose arrastrar por el príncipe de las tinieblas, Barbarroja apoyó a los antipapas y fue excomulgado. Participando en la III Cruzada, se ahogó en un río en Turquía, en 1190.

Felipe de Alsacia, Conde de Flandes, envió una misiva al Santo, comenzando con las palabras “Vuestra Santidad”, en la que le preguntaba si debía ir a la Cruzada. Después de recibir la respuesta, partió hacia Jerusalén en 1177.

Era primo hermano del rey de Jerusalén Balduíno IV, que aunque leproso tenía una combatividad heroica. Este último le pidió que comandara una expedición contra Egipto, pero rechazó esta empresa que habría impedido el ascenso del impío Saladino.

Habiendo quedado aislado por esta vergonzosa actitud, el conde de Flandes volvió a Francia y el rey Luis VII le nombró preceptor de su hijo Felipe Augusto. Tiempo después, movido por la gracia divina, regresa a Tierra Santa con motivo de la Tercera Cruzada y, alcanzado por una epidemia, muere en 1191.

Por: Paulo Francisco Martos

Lecciones de historia de la Iglesia

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[1] CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Santa Hildegarda de Bingen, um “milagre contínuo”. In Dr. Plinio. São Paulo Ano VII, n. 78 (setembro 2004), p. 26.

[2] PERNOUD, Régine. Santa Hildegarda de Bingen – mística e Doutora da Igreja. Dois Irmãos (RS) : Minha biblioteca católica. 2020, p. 92-93.

[3] CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Op. cit., p. 30.

[4] ROHRBACHER, René-François. Vida dos Santos. São Paulo: Editora das Américas. 1959, v. 16, p. 252.

[5] PERNOUD, Régine. Op. cit., p. 85.

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Fuente: https://es.gaudiumpress.org/

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¿Se inspiró el autor de "El Señor de los Anillos" en santa Hildegarda al hablar del «fuego secreto»?



Entre los recitales y musicales, talleres de artesanía y de quesos, partidas de rol y un largo etcétera de las actividades del encuentro anual de la Sociedad Tolkien Española que se ha celebrado esta semana, una de las varias conferencias se planteaba una pregunta cuanto menos curiosa: ¿Pudo santa Hildegarda de Bingen influir en J.R.R. Tolkien y su obra?

La pregunta le surgió al ponente, José Manuel Ferrández Bru, durante la pandemia, cuando en un concurso para mantener el contacto le entró la duda sobre si un poema sobre la muerte de la santa podía ser del escritor. «Sabía que Peter Dronke, el estudioso más importante del siglo XX sobre ella» y otros eruditos medievales, estuvo casado con una de sus alumnas y empezó a trabajar en el Merton College de Oxford el último año que Tolkien estuvo allí.

Con estas pistas empezó a tirar del hilo y descubrió «convergencias interesantes», y quizá incluso «inspiraciones». Por ejemplo, «santa Hildegarda fue la primera creadora de una lengua artificial», la lingua ignota. Como Tolkien, que con la Tierra Media quiso invitar un mundo en el que se hablaran los idiomas que inventaba. Ambos usaron también la imagen de una pluma que se mueve con el viento para expresar «la mezcla de predeterminación y libre albedrío», tema importante en Tolkien.

La biblioteca del cardenal Newman

Pero quizá la coincidencia más llamativa es que la religiosa y doctora de la Iglesia medieval se refirió a Dios como un «fuego secreto» que lo une todo. Una expresión que aparece en la obra de Tolkien en referencia a la «llama imperecedera», que en El Silmarillion Ilúvatar (Dios) envía «para arder en el corazón del mundo» y darle vida.

¿Conoció Tolkien la obra de la santa germana? ¿Le hizo un guiño al bautizar al personaje secundario del hobbit Hildegardo Tuk? No sería de extrañar. El escritor «tenía una formación teológica muy fuerte», afirma Ferrández. Al morir su madre, su tutor fue el padre Francis Morgan, del Oratorio de San Felipe Neri en Birmingham. «Y él tenía acceso a la biblioteca que había sido del cardenal Newman». En el Oratorio, además, hay una fuerte afinidad con los benedictinos, orden a la que perteneció santa Hildegarda.

«Un antes y un después»

Ferrández, ingeniero de profesión, espera poder seguir investigando este tema, aunque tiene una larga lista de tareas pendientes relacionadas con Tolkien. El año que viene, espera publicar un libro sobre sus viajes. Invertir tanto tiempo investigando es un hobby que nace de la fascinación por el autor que sintió al leer por primera vez El Señor de los Anillos a los 13 años. «Marcó un antes y un después», pues es el único libro «con el que he notado esa conexión íntima» que canalizó «sentimientos, valores y una visión del mundo que no era capaz de entender o expresar».

El entusiasmo le llevó también, a comienzos de los años 1990, a fundar junto con unos amigos de la Universidad la Sociedad Tolkien Española. En ella, se le conoce por el apodo de Gimli. Entre sus 1.000 socios hay personas «con muchas inquietudes diferentes», tanto en lo relativo a qué aspectos de la obra de Tolkien les atraen más o como lo expresan —ensayos, música, artesanía…—, como en cuanto a ideas políticas y creencias.

Católico, pero no apologeta

«El gran logro que tiene Tolkien y que aglutina a tantas personas» diferentes es que su obra se apoya en «las grandes verdades» y los «valores fundamentales», como la misericordia o la amistad. «Conozco a gente absolutamente agnóstica e izquierdista, que podríamos pensar que está en las antípodas de Tolkien, y que sin embargo lo admira profundamente porque también se ve reflejado en su obra».

Puesto que esta es para él la mayor grandeza del escritor inglés, Ferrández pide prudencia «respecto a algunos fenómenos que tratan de convertirlo en bandera de lo que no fue». Tolkien era un «católico convencido» en cuya vida fue fundamental la conversión de su madre, que le supuso no pocas dificultades y «a la que incluso achacaba su muerte prematura». Esto «evidentemente inspiró su obra, como otros fenómenos de su vida. Si no hubiera sido católico, no la habría escrito como lo hizo». Pero «a diferencia de C. S. Lewis, Tolkien no tenía un propósito apologético, no le gustaba avasallar» ni se veía con «la misión de convertir a todo el mundo a su alrededor».

El tío Curro

Lo afirma alguien que, igual que ha investigado la relación de Tolkien y santa Hildegarda, escribió el primer libro sobre el padre Francis Morgan, tutor de los hermanos Tolkien tras la muerte de su madre. En las biografías aparece como un personaje presente sobre todo en su infancia y adolescencia, con una difusa relación con España.

Pero Ferrández quiso saber más cuando descubrió que su segundo apellido era Osborne. Y que, de hecho, era «el tío Curro» del presidente honorífico del célebre grupo empresarial del mismo nombre, Tomás Osborne -Gamero-Civio. De ahí nació El tío Curro. La conexión española de J.R.R. Tolkien.

Ferrández descubrió la cara española del sacerdote, que también influyó en la obra de Tolkien. Por ejemplo, parte de sus estudios se pagaron con dinero que Morgan recibía del grupo Osborne y también de la empresa familiar de los Morgan en Andalucía. Además, al fallecer en 1935 «les dejó una buena cantidad», que «probablemente permitió a Tolkien», padre de familia numerosa con apuros económicos, relajar un poco su carga de trabajo y poder dedicar más tiempo a la escritura.

La influencia andaluza

La investigación también permitió a Gimli rebatir la imagen del sacerdote como alguien «de poco intelecto, ruidoso» y estricto, que obstaculizó el noviazgo de Tolkien con Edith Mary Barr, y de quien luego se distanciaron. La realidad es que pudo ser mal entendido porque, aunque de ascendencia inglesa, era un español de segunda generación «y muy andaluz».

Por otro lado, explica que su veto hacia el noviazgo de Tolkien y Edith hasta que fuera mayor de edad fue «la de un padre responsable» de principios de siglo XX, interesado en que el joven, sin ningún otro apoyo, se centrara en sus estudios. «Fue una decisión buena y Tolkien lo reconoció».

De hecho, después siguió siendo una especie de «patriarca de la familia», como le relató al mismo Ferrández Priscilla Tolkien, hija del escritor. Lo que el sacerdote le contaba lo que estaba pasando en España fue «una influencia para que él luego se preocupara tanto por la Guerra Civil».

¿Sabías que la cerveza lleva lúpulo gracias a una Santa? Es ella.



Una sabia monja de la Edad Media fue la encargada de añadirle a esta famosa bebida un ingrediente esencial. 

La monja Hildegarda de Bingen (1098-1179), mejor conocida simplemente como Santa Hildegarda era una santa muy particular. Al menos, así la considera la escritora española Adela Muñoz Páez en su libro "Sabias, la cara oculta de la ciencia". Esta mujer fue llevada, al poco tiempo de nacer, a un monasterio benedictino y más tarde fundó una abadía, además de desempeñarse como teóloga, filósofa, compositora musical y pionera de la medicina holística.

Además, durante toda su vida tuvo visiones que podrían calificarse de premonitorias, lo que le dio el mote de "visionaria" luego de su muerte.

Pero hoy en día, popularmente le podemos estar agradecidos por algo de lo que disfrutamos (siempre con moderación) en las reuniones o una tarde de verano calurosa: el sabor de la cerveza. Si bien ella no fue la que creó esta famosa bebida, fue la encargada de proporcionarle el ingrediente que le da su esencia: el lúpulo, elemento que le brinda amargura y propiedades benéficas a este trago. Antes de dar con el lúpulo, Hildegarda utilizaba una mezcla de especies y hierbas.

"La obra científica que convirtió a Hildegarda en la sabia más deslumbrante de la Edad Media fue Subtilitates diversaron naturarum creaturarum ('Las sutilezas de la diversa naturaleza de las cosas creadas'), que escribió entre 1151 y 1158. A partir de su publicación en el siglo XIV, se presenta como dos textos, el primero conocido como Physica o  'Libro de la medicina simple', y el segundo como Causae et Curae, o 'Libro de la medicina compleja'", explica Páez en su nuevo lanzamiento.

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