Mostrando las entradas con la etiqueta explicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta explicación. Mostrar todas las entradas

¿Por qué el diablo es el príncipe de este mundo si fue Dios el que creó al mundo? ¿Dios le dio ese poder o él lo obtuvo?

                

A veces, las preguntas sobre el mal y el diablo pueden ser bastante inquietantes, pero abordarlas con una mente abierta y un corazón dispuesto a aprender siempre es bueno. Vamos a sumergirnos en esto juntos, ¿te parece?

¿Por qué el diablo es el príncipe de este mundo si fue Dios quien creó al mundo?

Primero, es importante entender que cuando decimos que el diablo es el "príncipe de este mundo", no estamos diciendo que él tenga la última palabra o el poder supremo sobre todo lo que sucede. Eso le pertenece a Dios y sólo a Dios. Pero entonces, ¿qué significa realmente este título?

La creación de Dios y el libre albedrío

Dios creó el mundo y todo lo que hay en él, incluyendo a los ángeles y a los seres humanos. Él lo hizo todo bueno. Génesis 1,31 dice: "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno". Todo lo que Dios creó era bueno y perfecto.

Sin embargo, Dios también nos dotó a todos, tanto a los ángeles como a los humanos, de libre albedrío, la capacidad de elegir. Este don es fundamental para el amor verdadero, porque el amor forzado no es amor en absoluto. Con el libre albedrío, podemos elegir amar a Dios y seguir su voluntad, o podemos rechazarlo.

La rebelión de Satanás

Según la tradición cristiana, Lucifer (quien después se convertiría en Satanás) era uno de los ángeles más poderosos y bellos creados por Dios. Pero, lleno de orgullo, Lucifer decidió rebelarse contra Dios. Quería ser como Dios, o incluso mayor. Este acto de rebelión es lo que lo convirtió en Satanás, el adversario.

En Isaías 14,12-15 y Ezequiel 28,12-17, encontramos descripciones que la Iglesia ha interpretado como alusiones a la caída de Lucifer. Por ejemplo, Isaías 14,12 dice: "¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones".

La caída del hombre

La rebelión de Satanás no se detuvo con su propio pecado. Según el relato bíblico, él también tentó a los primeros seres humanos, Adán y Eva, para que desobedecieran a Dios. En el jardín del Edén, Satanás, en forma de serpiente, engañó a Eva y la incitó a comer del fruto prohibido. Génesis 3 nos narra esta historia. Esta desobediencia llevó al pecado y a la muerte a entrar en el mundo.

Romanos 5,12 dice: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron".

¿Dios le dio ese poder o él lo obtuvo?

El poder de Satanás en este mundo no es absoluto ni omnipotente. Más bien, su influencia y poder vienen del hecho de que muchos eligen seguirlo y rechazar a Dios. Jesús mismo se refirió a Satanás como el "príncipe de este mundo" en varias ocasiones (por ejemplo, San Juan 12,31, San Juan 14,30).

Cuando Jesús llama a Satanás el "príncipe de este mundo", se refiere a la realidad de que el mal tiene una influencia significativa en el mundo debido al pecado humano. Satanás tiene poder en la medida en que las personas eligen seguir sus caminos en lugar de los caminos de Dios.

La victoria de Cristo

A pesar de esta influencia, es crucial recordar que Satanás ya ha sido derrotado. La victoria de Cristo en la cruz y su resurrección significan que el poder de Satanás ha sido quebrantado. Colosenses 2,15 dice: "Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz".

El Catecismo de la Iglesia Católica también subraya esto en el párrafo 2853: "La victoria sobre el 'príncipe de este mundo' (Jn 14,30) se realizó, de una vez para siempre, en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su vida. Este es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo será echado fuera" (Jn 12,31).

Nuestra lucha contra el mal

Mientras esperamos la consumación final del Reino de Dios, estamos en un tiempo de lucha. San Pablo nos recuerda en Efesios 6,12: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes".

Esta lucha espiritual requiere que nos mantengamos firmes en la fe, que usemos la armadura de Dios (Efesios 6,13-18) y que pongamos nuestra confianza en el poder de Cristo.

La esperanza y la promesa

Aunque el diablo tiene influencia en el mundo actual, no debemos perder de vista que su tiempo es limitado. El libro del Apocalipsis nos da una visión clara del destino final de Satanás. Apocalipsis 20,10 dice: "Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos".

Esta promesa nos da esperanza y nos asegura que, al final, el mal no tendrá la última palabra. Dios reinará supremo y su Reino de justicia, paz y amor prevalecerá.

Viviendo como hijos de Dios

Mientras tanto, nuestro llamado es vivir como hijos de Dios, reflejando su amor y verdad en un mundo que a menudo está bajo la influencia del mal. Somos llamados a ser luz en la oscuridad (Mateo 5,14-16) y a ser embajadores de Cristo (2 Corintios 5,20).

Recordemos siempre que, aunque enfrentemos dificultades y tentaciones, no estamos solos. Dios nos ha dado su Espíritu Santo, que nos fortalece y nos guía. Romanos 8,26-27 nos asegura: "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles".

Conclusión

En resumen, el diablo es considerado el "príncipe de este mundo" debido a la influencia significativa que tiene sobre aquellos que eligen seguir el pecado y rechazar a Dios. Es una forma de decir que son los hombres los que lo glorifican y lo hacen su príncipe al elegir el pecado sobre la virtud. Este poder no le fue dado por Dios, sino que es el resultado de la libre elección del mal tanto por parte de Satanás como de la humanidad. Sin embargo, el poder de Satanás es limitado y temporal, y ya ha sido derrotado a través de la obra redentora de Jesucristo. Nuestra esperanza está en la promesa de Dios de un Reino eterno donde el mal será erradicado para siempre. Hasta entonces, vivimos como hijos de Dios, con la fuerza y la guía del Espíritu Santo, reflejando su amor y verdad en el mundo.

Espero que esta conversación te haya aclarado un poco más este tema. Siempre es un placer charlar contigo sobre nuestra fe y nuestras preguntas. Si tienes más dudas o necesitas profundizar en algún punto, aquí estoy para ayudarte. ¡Dios te bendiga!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Cómo explicar la Resurrección a jóvenes demasiado racionalistas y escépticos?



Cuando hablamos de la Resurrección de Jesús, estamos abordando uno de los eventos más trascendentales de la historia humana y uno de los pilares fundamentales de la fe cristiana. La Resurrección no es solo una creencia central para los cristianos, sino que también ha sido objeto de estudio y debate a lo largo de los siglos.

Para aquellos que se acercan al tema desde una perspectiva más racionalista y escéptica, es importante abordar la cuestión desde un enfoque que tenga en cuenta las pruebas históricas disponibles. Aunque la fe es un aspecto crucial en la comprensión de la Resurrección, también es posible encontrar evidencias externas que respalden este evento.

Uno de los primeros argumentos que podemos presentar es el testimonio de los Evangelios. Aunque estos textos son escritos religiosos, son considerados por los historiadores como fuentes importantes para el estudio de la vida de Jesús y los primeros años del cristianismo. Los Evangelios proporcionan relatos detallados de la muerte y Resurrección de Jesús, incluyendo detalles sobre cómo fue crucificado, sepultado y cómo se apareció a sus seguidores después de su Resurrección. Aunque algunos críticos pueden cuestionar la fiabilidad de los Evangelios debido a su naturaleza religiosa, es importante recordar que estos textos fueron escritos por testigos presenciales o personas cercanas a los eventos que describen.

Además del testimonio de los Evangelios, existen otras fuentes históricas que corroboran la existencia de Jesús y los eventos que rodearon su vida. Por ejemplo, el historiador judío Flavio Josefo, en su obra "Antigüedades judías", menciona a Jesús y su ejecución por orden de Poncio Pilato. Aunque hay debates sobre la autenticidad de algunos pasajes en los escritos de Josefo, la mención de Jesús como una figura histórica es ampliamente aceptada por los historiadores.

Otro aspecto importante a considerar es el testimonio de los primeros seguidores de Jesús. Después de la muerte de Jesús, sus seguidores experimentaron un cambio radical en sus vidas y se convirtieron en fervientes predicadores de su mensaje, a pesar del peligro y la persecución que enfrentaban. El hecho de que estos hombres y mujeres estuvieran dispuestos a enfrentar la muerte por su fe en la Resurrección de Jesús es un poderoso testimonio de la realidad de este evento. Además, el surgimiento y la expansión del cristianismo primitivo en un contexto hostil proporciona evidencia adicional de la fuerza y convicción de los primeros cristianos en la Resurrección de Jesús.

También podemos mencionar las apariciones de Jesús resucitado a sus seguidores como una prueba de su Resurrección. Según los relatos bíblicos, Jesús se apareció a varias personas después de su Resurrección, incluyendo a María Magdalena, a los discípulos en el camino a Emaús y a los apóstoles en el Cenáculo. Estas apariciones fueron presenciadas por múltiples personas y ocurrieron en diferentes momentos y lugares, lo que sugiere que no fueron alucinaciones individuales, sino experiencias compartidas y verificadas por múltiples testigos.

Además de las pruebas históricas, también podemos reflexionar sobre el impacto y la relevancia continua de la Resurrección en la vida de los creyentes. A lo largo de los siglos, la fe en la Resurrección de Jesús ha sido una fuente de esperanza, consuelo y fortaleza para millones de personas en todo el mundo. La Resurrección nos recuerda que la vida es más fuerte que la muerte y que el amor de Dios es más poderoso que cualquier fuerza en el universo. Esta realidad es palpable en la experiencia personal de muchos creyentes, quienes han experimentado la presencia viva de Jesús en sus vidas y han sido transformados por su amor y gracia.

En conclusión, cuando abordamos la Resurrección de Jesús desde una perspectiva racionalista y escéptica, es importante considerar las pruebas históricas disponibles, como el testimonio de los Evangelios, las fuentes históricas externas, el testimonio de los primeros seguidores de Jesús y las apariciones de Jesús resucitado. Aunque la fe desempeña un papel crucial en nuestra comprensión de la Resurrección, también podemos encontrar evidencias externas que respalden este evento. Al mismo tiempo, la relevancia continua de la Resurrección en la vida de los creyentes y su impacto transformador en la historia humana nos invita a reflexionar sobre su importancia y veracidad.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo "Yo soy el camino, la verdad y la vida"?


Cuando Jesús dijo esas poderosas palabras, "Yo soy el camino, la verdad y la vida", nos estaba ofreciendo una guía eterna para nuestras vidas y una conexión directa con Dios. Permíteme explorar este pasaje contigo para que podamos entender mejor su significado.

Primero, vamos a desglosar cada parte de esa afirmación. Cuando Jesús dice "Yo soy el camino", nos está indicando que Él es la senda que debemos seguir en nuestra jornada espiritual. Nos guía con amor y compasión, mostrándonos cómo vivir de acuerdo con los principios del amor, la misericordia y la justicia. Siguiendo su ejemplo, encontramos la dirección y el propósito en nuestras vidas, ayudándonos a tomar decisiones que nos acerquen a Dios y a los demás.

En cuanto a "Yo soy la verdad", Jesús nos está revelando que Él es la encarnación misma de la verdad divina. En un mundo lleno de confusiones y engaños, su mensaje es claro y genuino. Su enseñanza nos muestra la verdad sobre el amor de Dios por nosotros, nuestra necesidad de redención y el camino hacia la vida eterna. Nos invita a conocer la verdad sobre quiénes somos, cuál es nuestro propósito y cómo podemos vivir de manera auténtica y significativa.

Finalmente, cuando dice "Yo soy la vida", Jesús nos está ofreciendo la promesa de la vida eterna a través de la fe en Él. Nos invita a experimentar una vida plena y abundante en comunión con Dios. En él encontramos la fuente de vida, el aliento que llena nuestros pulmones y el latido que anima nuestros corazones. Su sacrificio en la cruz nos brinda la esperanza de la resurrección y la promesa de vivir eternamente en la presencia amorosa de Dios.

Para entender mejor esta afirmación de Jesús, podemos acudir al Evangelio de Juan, específicamente en el capítulo 14, versículos 6 y 7, donde encontramos estas palabras: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto". Aquí, Jesús está estableciendo claramente que Él es el único camino que nos conduce a Dios. No hay otra senda, ninguna otra verdad, ninguna otra fuente de vida eterna que no sea a través de Él.

Esta afirmación de Jesús también se relaciona con la enseñanza fundamental de la Iglesia católica. En el Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 169, se afirma: "Salvo la fe, no hay acceso a Dios. Para poder creer en Dios, el hombre necesita ser iluminado por Dios". Esto significa que nuestra fe en Jesucristo como el camino, la verdad y la vida proviene de la gracia divina. Es Dios quien nos ilumina para que podamos reconocer a Jesús como el Salvador y seguir su camino con confianza.

En nuestro caminar diario, a menudo enfrentamos desafíos y obstáculos que pueden hacernos dudar de nuestro camino espiritual. Sin embargo, estas palabras de Jesús nos ofrecen consuelo y fortaleza. Nos recuerdan que, a pesar de las dificultades, podemos confiar en que Él es nuestra guía segura, nuestra verdad inmutable y nuestra fuente inagotable de vida.

Como amigos en la fe, te animo a que reflexionemos juntos sobre estas palabras y las apliquemos en nuestras vidas cotidianas. Sigamos el camino de Jesús, viviendo en su verdad y experimentando la plenitud de la vida que solo Él puede ofrecer. Recuerda que siempre puedes acudir a la oración y a la lectura de las Escrituras para fortalecer tu relación con Jesús y profundizar en su enseñanza.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Qué significa "parábola" cuando hablamos de la Biblia?


Hablar de parábolas en el contexto de la Biblia es entrar en el fascinante mundo de las enseñanzas de Jesús. Las parábolas son relatos cortos y sencillos que utilizan imágenes y situaciones de la vida cotidiana para transmitir verdades espirituales y morales más profundas. Son como pequeñas historias que contienen grandes lecciones, y Jesús, el Maestro divino, las utilizó de manera magistral para enseñar a sus seguidores.

La palabra "parábola" proviene del griego "parabolé", que significa "colocar junto" o "comparar". En las parábolas, Jesús toma situaciones comunes y familiares y las coloca junto a las verdades espirituales para ilustrar y explicar conceptos abstractos de una manera que todos puedan entender. Al hacerlo, Jesús conecta las realidades terrenales con las verdades eternas del Reino de Dios.

Una de las características distintivas de las parábolas es su capacidad para desafiar a quienes las escuchan. A menudo, presentan situaciones inesperadas o inversiones de roles que provocan una reflexión profunda. Jesús utilizaba estas historias para abrir los corazones y las mentes de las personas, incitándolas a cuestionar sus propias creencias y comportamientos. Las parábolas no son simplemente cuentos bonitos, sino herramientas poderosas que transforman y desafían nuestra comprensión del mundo y de Dios.

Un ejemplo clásico de una parábola es la del Buen Samaritano (Lucas 10, 25-37). En esta historia, Jesús cuenta cómo un hombre fue asaltado y dejado medio muerto al lado del camino. Tres personas diferentes, incluyendo un sacerdote y un levita, pasan de largo sin ayudar. Sin embargo, un samaritano, a menudo despreciado por los judíos de esa época, muestra compasión y cuidado hacia el hombre herido. Al final de la historia, Jesús pregunta quién fue el verdadero vecino para el hombre herido, mostrando así que el amor y la misericordia son más importantes que las diferencias culturales o religiosas.

Este relato ilustra el corazón de muchas parábolas: la importancia del amor, la compasión y la misericordia en nuestras vidas. Al mismo tiempo, nos invita a examinar nuestras propias actitudes hacia los demás y nos desafía a imitar el ejemplo del Buen Samaritano en nuestras interacciones diarias.

Las parábolas también nos ofrecen una visión profunda del Reino de Dios. En Mateo 13, Jesús utiliza varias parábolas para describir cómo funciona el Reino de los Cielos. Por ejemplo, la parábola del sembrador nos enseña sobre la variedad de respuestas que las personas tienen al mensaje del Evangelio. Algunas personas reciben la Palabra con corazones abiertos y fértiles, mientras que otros la rechazan debido a las distracciones y preocupaciones del mundo. Esta parábola nos insta a reflexionar sobre la disposición de nuestro propio corazón para recibir la Palabra de Dios y nos motiva a cultivar una fe profunda y fructífera.

En cuanto a la enseñanza de la Iglesia, el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que "Jesús ama usar las imágenes tomadas del mundo agrícola y artesanal, de la vida cotidiana y de las relaciones familiares para revelar el misterio de Dios. Las parábolas son imágenes o comparaciones que usan las realidades familiares para describir las realidades divinas. Las parábolas son pequeñas historias, pero encierran una gran enseñanza. No son solo para aquellos que vivieron en la época de Jesús, sino para todos nosotros, ya que las verdades que contienen son eternas y universales.

Entender las parábolas implica más que simplemente conocer las historias. Significa sumergirse en su significado más profundo, preguntándonos qué nos están enseñando acerca de Dios, de nosotros mismos y de cómo debemos vivir como discípulos de Cristo. Nos desafían a ver el mundo desde una perspectiva divina y a actuar de acuerdo con los valores del Reino de Dios en nuestra vida diaria.

En resumen, las parábolas son tesoros espirituales que Jesús nos ha dejado para iluminar nuestro camino en la fe. Son lecciones vivas que nos invitan a una reflexión profunda, a una introspección sincera y a una transformación espiritual. Al contemplar estas pequeñas historias, somos guiados hacia una comprensión más profunda de la verdad y el amor de Dios.

Que cada parábola que encontramos en las Escrituras sea para nosotros una puerta abierta hacia el corazón de Dios, una luz en nuestro camino y una inspiración para vivir como verdaderos discípulos de Jesús.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Explicación de un Sacerdote sobre las palabras de Jesús: "Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá"



Del santo Evangelio según san Lucas: 11,5-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo que viene a medianoche a decirle: 'Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle'. Pero él le responde desde dentro: 'No me molestes. No puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados'. Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.

Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pida pescado, le dé una víbora? ¿O cuando le pida huevo, le dé un alacrán?

Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?"

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

En el Evangelio de Lucas, encontramos una poderosa enseñanza de nuestro Señor Jesucristo sobre la importancia de la persistencia en la oración y la confianza en la generosidad del Padre celestial. Jesús nos cuenta la parábola del amigo inoportuno que va a su vecino en medio de la noche para pedir pan. A pesar de la inicial negativa del vecino, debido a la importunidad de su amigo, se levanta y le da lo que necesita.

Esta parábola nos revela una verdad fundamental sobre la naturaleza de la oración y nuestra relación con Dios. Nos enseña que la oración efectiva es persistente y audaz, que debemos acercarnos a Dios con confianza y sin vacilación. En este pasaje, Jesús nos dice: "Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá". Nos anima a perseverar en la oración, a no desanimarnos cuando nuestras peticiones no se responden de inmediato.

El relato también nos muestra cómo nuestra relación con Dios es similar a la de un padre amoroso con sus hijos. Jesús nos plantea una pregunta poderosa y conmovedora: ¿Qué padre, si su hijo le pide pescado, le dará una víbora? ¿O si le pide un huevo, le dará un alacrán? La respuesta es evidente: ningún padre que ame a su hijo haría tal cosa. Jesús utiliza esta imagen para ilustrar la generosidad y la bondad del Padre celestial hacia sus hijos.

A menudo, en nuestra vida de oración, podemos sentirnos desanimados o dudar de si nuestras peticiones serán respondidas. Podemos preguntarnos si somos dignos de recibir las bendiciones que buscamos, o si nuestros deseos son importantes para Dios. Pero Jesús nos asegura que Dios, que nos ama infinitamente más de lo que cualquier padre terrenal podría hacerlo, nos dará cosas buenas cuando se lo pidamos.

Es importante destacar que, aunque a veces nuestras oraciones pueden no ser respondidas de la manera que esperamos, Dios siempre nos da lo que necesitamos. A veces, nuestras peticiones pueden estar centradas en deseos temporales o superficiales, pero Dios, en su sabiduría infinita, conoce nuestras verdaderas necesidades y nos brinda lo que es mejor para nosotros en su plan divino.

Además, Jesús nos habla del regalo supremo que el Padre celestial está dispuesto a darnos: el Espíritu Santo. Este don divino, el Consolador prometido, es nuestra fuerza, nuestra guía y nuestro consuelo en medio de las tribulaciones y las alegrías de la vida. El Espíritu Santo nos ilumina, nos fortalece y nos capacita para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

Entonces, ¿cómo podemos aplicar esta enseñanza en nuestra vida diaria? En primer lugar, debemos acercarnos a Dios en oración con confianza y esperanza. Debemos presentar nuestras necesidades, preocupaciones y deseos ante el Padre celestial, sabiendo que él nos ama y que está dispuesto a dar buenas cosas a sus hijos. Nuestra oración debe ser constante y perseverante, incluso cuando enfrentamos desafíos y aparentes obstáculos.

En segundo lugar, debemos confiar en la sabiduría y la bondad de Dios. A veces, nuestras peticiones pueden estar en conflicto con su plan divino para nuestras vidas. En esos momentos, necesitamos confiar en que Dios sabe lo que es mejor para nosotros y estar abiertos a aceptar su voluntad, incluso si difiere de la nuestra. Esto requiere humildad y confianza en el amor incondicional de Dios por nosotros.

En tercer lugar, debemos estar atentos a la forma en que Dios responde a nuestras oraciones. A veces, las respuestas pueden no ser evidentes de inmediato. Podemos encontrar la respuesta en las circunstancias que cambian, en las personas que Dios pone en nuestro camino o en las nuevas oportunidades que se presentan. Debemos aprender a reconocer la mano amorosa de Dios en nuestra vida y agradecerle por sus bendiciones, incluso cuando no se manifiestan de la manera que esperamos.

Finalmente, debemos recordar que la oración no es solo pedir cosas a Dios. También es un tiempo de comunión con nuestro Padre celestial, un momento para estar en su presencia y escuchar su voz en nuestras vidas. La oración nos conecta con Dios y nos ayuda a crecer en nuestra relación con él. Nos permite conocer su corazón y nos transforma a medida que nos abrimos a su gracia y su amor.

Queridos hermanos y hermanas, que este pasaje del Evangelio de Lucas nos inspire a profundizar en nuestra vida de oración, a confiar en el amor generoso de nuestro Padre celestial y a abrir nuestros corazones a la guía del Espíritu Santo. Que nuestra oración sea persistente, confiada y llena de gratitud, sabiendo que somos amados y cuidados por el Dios que nos escucha y nos responde. Que el Señor nos bendiga y nos guarde, ahora y siempre.

Con amor y bendiciones,

Padre Ignacio Andrade.

Sacerdote Católico

¿Cómo pueden los santos escucharnos si dice la Biblia que duermen?


Por: Christian

Cuando los protestantes niegan la intercesión de los santos, su razón fundamental es que los santos del cielo están durmiendo en espera del Juicio Final

Cuando los protestantes niegan la intercesión de los santos, su razón fundamental es que los santos del cielo no pueden interceder ni hacer nada porque están durmiendo en espera del Juicio Final, que llegará al final de los tiempos.

Un lector nuestro, llamado Stuard, nos acaba de escribir un mensaje en ese mismo sentido, intentando demostrar con citas bíblicas que los muertos duermen. Esta es su carta, escrita en respuesta a nuestro artículo ¿Pueden los santos interceder por nosotros? Copiaremos aquí su carta y después de ella pondremos nuestra respuesta, y de paso agradecemos la participación de Stuard en nuestros enriquecedores debates y pedimos disculpas por abreviar algunas citas, dejando sólo la referencia, pero quien quiera puede leerlas clicando en ella.

CARTA DE STUARD

Bastante persuasivo, como las palabras que escuchó Eva, pero todo el argumento se derrumba por una verdad claramente bíblica; todos quienes han fallecido han dejado de existir, están en un estado “dormido”, no pueden tener contacto con ningún ser humano y por ende no pueden interceder por ningún ser humano.
Job 3:11-13 / Job 7:9-10,21 / Job 10:18-22 

Job 14:10-15,20-21: Pero el hombre muere, y queda postrado. Y al morir, ¿a dónde va? Como el agua de un lago se evapora, y el río se agota y se seca; así el hombre yace y no se vuelve a levantar, hasta que no pase el cielo, no despertará de su sueño. ¡Ojalá me escondas en el sepulcro, me encubras hasta que pase tu ira, y me fijes un plazo, para acordarte luego de mí! Cuando el hombre muere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi milicia esperaré, hasta que venga mi liberación. Entonces llamarás, y yo te responderé. Pues tú amas la obra de tus manos. Siempre serás más fuerte que él, y él se va. Desfiguras su rostro, y lo despides. Si sus hijos son honrados, él no lo sabrá, O serán humillados, y no entenderá de ello.

Salmo 6:5: Porque en la muerte no hay memoria de ti. ¿Quién te loará en el sepulcro?

Salmo 13:3 / Salmo 30:9 / Salmo 76:5 / Salmo 78:39

Salmo 88:10-12: ¿Mostrarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? ¿Se hablará de tu amor en la tumba? O, ¿de tu fidelidad en el lugar de la destrucción? ¿Serán conocidas en las tinieblas tus maravillas tu justicia en la tierra del olvido?

Salmo 115:17: Los muertos no alabarán al Señor, ni cuantos descienden al silencio.

Salmo 146:4: Sale su aliento, vuelven a la tierra. En ese mismo día perecen sus pensamientos.
Isaías 26:14: Están muertos, no vivirán; son sombras que no se levantarán; porque los castigaste y destruiste, y borraste todo recuerdo de ellos. 

Isaías 38:18: Porque el sepulcro no te exaltará, ni te alabará la muerte. Ni los que descienden al hoyo esperarán en tu fidelidad.

Jeremías 51:39,57: Cuando tengan calor les serviré su bebida, y los embriagaré, para que se alegren, y duerman el sueño eterno, y no despierten jamás —dice el Señor— Embriagaré a sus príncipes y a sus sabios, a sus capitanes, a sus nobles y a sus fuertes. Y dormirán el sueño eterno y no despertarán” —dice el Rey, cuyo nombre es el Eterno Todopoderoso. 

Hechos 2:34: Porque David no subió al cielo, pero él dice: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra. 

1 Corintios 11:30: Por eso hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y algunos duermen. 

1 Corintios 15:6,51: Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales la mayoría vive aún, y otros duermen. Os voy a decir un misterio. No todos dormiremos, pero todos seremos transformados. 

En resumen: Los vivos saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; hasta su memoria es puesta en olvido También su amor, su odio y su envidia perecieron ya, y nunca más participan en nada de lo que se hace bajo el sol. (Eclesiastés 9:5-6)

Así pues, tantas palabras para que queden vacías ya que tanto María, Teresa y nuestros familiares que ya duermen el descanso de la muerte no paran nada de lo que sucede en nuestras vidas hoy ¡Cuánta no será la sorpresa de todos ellos cuando despierten en la resurrección de Cristo para enterarse que nunca oyeron los pedidos que se hicieron a sus nombres!

Si bien la Biblia menciona que Moisés y Elías están en el Cielo, ellos están en carne y hueso. Elías fue trasformado y llevado vivo mientras que Moisés fue resucitado, glorificado y llevado así al Cielo, ambos como modelos de lo que ocurrirá con los santos vivos y muertos al momento que Jesús regrese.

NUESTRA RESPUESTA

Estimado Stuard

Para empezar, gracias por tu comentario y por haberte tomado la molestia de explicar a fondo tu visión del tema. Reconociendo que tienes parte de razón y que tus ideas no son en absoluto absurdas ni antibíblicas, intentaremos aquí demostrar que, no obstante, están en esencia equivocadas, pues aunque tus citas son correctas, tus conclusiones no lo son, y ello se debe a que te centras en unas partes de la Biblia que apoyan tu teoría pero ignoras o malinterpretas otras muchas.

Señalar también un error de expresión (a todos nos pasa), por si alguien queda confundido. Creo que lo que dices no es exactamente lo que pretendías decir, así que me atrevo a aclararlo. Dices “todos quienes han fallecido han dejado de existir, están en un estado ‘dormido’”. Es evidente que lo que no existe no puede estar en ningún estado, así que dejémoslo en que quienes han fallecido están en un estado dormido, mas no han dejado de existir. O si han dejado de existir entonces no están ya dormidos ni de ningún otro modo.

Aclaremos también, en favor de algunos lectores, dos puntos básicos: 

1- Resucitar significa que el alma recupera su cuerpo (glorificado), no simplemente que el alma inmortal sigue existiendo tras la muerte.

2- La revelación es progresiva. Los antiguos hebreos iban paso a paso descubriendo la verdad según Dios, calculando muy bien los tiempos, se la iba revelando. Ellos, por ejemplo, no sabían que Dios era trino ni muchas otras cosas que fueron descubriendo poco a poco o que no supieron hasta que Jesús las mostró. Por tanto en el Antiguo Testamento podemos encontrar algunas creencias que no muestran la verdad, sino el camino hacia la verdad.

La mayoría de esas citas que das, tomadas del Antiguo Testamento, reflejan la antigua creencia de que todos los muertos iban al hades y, al igual que creían muchos griegos, quedaban allí en un estado inconsciente, o simplemente desaparecían. Incluso en la época de Jesús buena parte de los judíos aún no creían en la resurrección, aunque ya sí estaba generalizada la creencia de que el alma (sin cuerpo) iba al cielo o al infierno.

Lo que cree el cristianismo es que tras la muerte habrá un Juicio Final y entonces resucitaremos todos a salvación o condenación. Esa idea de que desde que morimos hasta que resucitamos hay que esperar un tiempo es lógica, pues el Juicio Final se hará con todo el mundo, y por tanto no podría realizarse hasta el fin de los tiempos, o sea, sería tras el fin de la humanidad. Por lo tanto, si alguien muere hoy, hasta el fin del mundo no resucitaría.

Y sin embargo la Iglesia primitiva, como puedes comprobar por las citas de nuestro artículo sobre el cual comentas, creía que al morir, aunque aún esperando la resurrección del cuerpo, ya ibas al cielo o al infierno, lo que no deja de ser paradójico porque aún no ha ocurrido el Juicio, que ocurrirá en el futuro lejano (o no tan lejano). Y esa idea era la que justificaba el que los santos del cielo (que ya estaban en el cielo) pudieran interceder por nosotros. Si piensas que la Iglesia primitiva se equivocaba lo entiendo perfectamente, tiene sentido, pero te explicaré por qué no.

Hace un siglo podría haberte dicho que si los protestantes rechazasteis las creencias de la Iglesia primitiva, al menos en ese punto parecía tener sentido, si nos limitamos a la lógica humana. Pero hoy, descubierta ya la teoría de la Relatividad, podemos comprender por qué las creencias de la Iglesia primitiva no eran ninguna contradicción, pues si en el plano espiritual no existe tiempo ni espacio (pues ambas cosas son atributos de la materia, sin existencia por sí mismas), entonces lo absurdo es pensar que los muertos, que pasan al plano espiritual, tienen que estar en algún lugar esperando cierto tiempo. Ni lugar ni espera. Si Pedro muere hoy, ¿a dónde está durmiendo? ¿cuánto tiempo va a esperar a la resurrección? Antiguamente era comprensible que uno se empeñase en pensar con esquemas espaciotemporales incluso pensando en el Más Allá, pero con lo que hoy sabemos, tenemos que dar la razón a la Iglesia primitiva, resuelta al fin su paradoja. Y dicha paradoja se ha resuelto ni más ni menos que dándole la razón a San Agustín, que fue el primero, al menos conocido, que formuló claramente que el tiempo y el espacio no forman parte sino del universo físico, aunque no formulase ninguna teoría científica.

Si leyeras escritos católicos o simplemente de gente católica, verás que también nosotros, como San Pablo etc, hablamos a menudo de “dormir” para referirnos al “eterno descanso”, pero nunca lo usamos en el sentido literal de que realmente el muerto está dormido, simplemente es una forma dulce de referirnos a que está muerto, y así mismo parece usarse en la Biblia. Si en un epitafio católico lees “María, 9 años, se durmió el 5 de abril, descanse en paz” no pienses que quien tal escribió está de acuerdo contigo, sólo es una forma bonita de decir que se ha muerto, al igual que es frecuente la expresión “durmió el sueño de los justos”, con el significado de que se murió. Te copio aquí de nuevo una de las citas que muestra el artículo:

Entonces [durante la oración eucarística] conmemoramos a aquellos que ya han dormido: primero a los patriarcas, a los profetas, apóstoles y mártires, para que a través de sus oraciones y suplicas, Dios reciba nuestras peticiones. (San Cirilo de Jerusalén. Lecturas catecumenales 23:9, año 350)

Habla de santos “que ya han dormido” y añade que les rezan “para que a través de sus oraciones… Dios reciba nuestras peticiones”. Descansar, reposar, dormir, son formas de expresar la idea de la muerte, pero dicho por un católico (o en la Biblia) no significa que el alma del difunto esté realmente durmiendo o sentada en una silla por toda la eternidad. De hecho se da el caso que la misma Biblia afirma que ese “dormir” es una forma literaria de expresar el morir, no significa que realmente la muerte sea un sueño:

Dijo esto, y después de esto añadió: Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo. Los discípulos entonces le dijeron: Señor, si se ha dormido, se recuperará. Pero Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, mas ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño. (Juan 11:11-14)

Probablemente tú dirás que cuando los protestantes afirman que los muertos “duermen” no quieren decir que duerman literalmente, sino que están en un estado similar al sueño (por eso tú, con buen criterio, pusiste “dormir” entre comillas). En tal caso estáis interpretando, igual que nosotros, el sentido de “dormir” de forma alegórica, pues dormir sería “entrar en un estado temporal de inconsciencia”, como en un sueño. ¿Y quién os asegura que vuestra alegoría es la correcta? Nosotros lo interpretamos de la misma manera en que lo hacían los primeros cristianos (“dormir” es una alegoría de “morir”), los cuales recibieron las explicaciones doctrinales de los apóstoles o sus discípulos, pero vosotros ¿en qué os apoyáis para pensar que vuestra interpretación es la correcta? Porque además esa interpretación vuestra hace que muchos pasajes de la Biblia resulten o bien oscuros o bien incorrectos.

Pero sigamos con tu escrito y veamos algunas de las citas que tan amablemente nos ofreces. Job, por ejemplo, ni siquiera creía en la resurrección, por eso se empeña en buscar el premio o castigo en esta vida y no en la otra, y por tanto citar a Job no tiene ningún sentido en ese punto concreto, sus creencias sobre el tema no son cristianas, él no cree en la vida después de la muerte. Y por ejemplo Isaías, al menos interpretado literalmente como tú pareces hacer, tampoco ha alcanzado aún la revelación del cristianismo cuando dice, según tu cita:

Están muertos, no vivirán; son sombras que no se levantarán; porque los castigaste y destruiste, y borraste todo recuerdo de ellos (Isaías 26:14)

Según el cristianismo, si Dios castiga a gente malvada que muere, esos condenados van al infierno, o según tú, dormirán por cierto tiempo y luego irán al infierno. Mas no es eso lo que Isaías cree, él dice que han sido destruidos, sin vida, sombras que ya no resucitarán (o según tu traducción, que no se levantarán) y su recuerdo desaparecerá, que es lo único que según los antiguos hebreos podía dar cierta inmortalidad a quien había muerto. Por tanto esa cita tampoco sirve para demostrar ninguna doctrina cristiana sino sólo para documentar una antigua creencia judía. Pero peor aún para este caso es tu cita de Jeremías:

Porque el sepulcro no te exaltará, ni te alabará la muerte. Ni los que descienden al hoyo esperarán en tu fidelidad. (Isaías 38:18)

Además de que, como veremos más adelante, esto contradice otra cita bíblica, de nuevo vemos aquí la idea no de que los muertos duermen, sino que dejan de existir, y por tanto, buenos o malos, una vez muertos ninguno “esperará en tu fidelidad”. Incluso tú mismo has de ver que cuando alguien muere, al menos si es bueno, esperará en la fidelidad del Señor el día de la resurrección, aunque sea dormido.

Igual podría ofrecerte yo, como tú has hecho, un montón de citas del Antiguo Testamento para defender la muy poco cristiana creencia de que los muertos, que van todos al reino de las sombras, llamado allí hades o sheol o infierno (en el sentido judío), tienen ese destino independientemente de que sean o no justos, y sólo en algunos casos, por deseo del Altísimo, esos muertos que allí son sólo sombras vuelven a la vida, que no al cielo:

Yahvé da muerte y vida, hace bajar al sheol y retornar (1 Samuel 2:6)

Evidentemente esa cita no puede usarse para discutir ninguna doctrina cristiana, pues Jesús nos reveló algo muy distinto, aunque cierto es que el concepto de sheol y de qué nos espera tras la muerte es muy ambiguo en el Antiguo Testamento y se podrían hacer interpretaciones para todos los gustos, lo que también se ven en las traducciones a veces muy diferentes que existen. Y si crees que los salmos muestran con claridad la misma doctrina que el cristianismo, puedes ver montones de citas que dicen lo contrario, como esta:

Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan, y hasta mi carne en seguro descansa; pues no has de abandonar mi alma al sheol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa (Salmo 16[15]:9-10).

¿Está diciendo el salmista que Dios no permitirá que muera? Hasta el mismo Jesús “vio la fosa”. Incluso para un judío de entonces tal afirmación es metafórica, y así la entendería, pero al parecer la interpretación que tú haces en tus citas es siempre literal (creo yo), mas si hiciéramos lo mismo con este salmo, quedaríamos perplejos y pensaríamos que tal vez todas nuestras creencias son falsas o algo por el estilo, pues en estos salmos no vemos que tras la muerte tengamos un cielo o un infierno esperando.

Esta otra cita tampoco parece de doctrina muy cristiana:

“Embriagaré a sus príncipes y a sus sabios, a sus capitanes, a sus nobles y a sus fuertes. Y dormirán el sueño eterno y no despertarán” —dice el Rey, cuyo nombre es el Eterno Todopoderoso. (Jeremías 51:57)

Tú la usas para intentar demostrar que los muertos duermen, pero aquí ese sueño del que hablas parece ser eterno y sin fin, “no despertarán”. Si lo interpretamos literalmente tendríamos que admitir que los muertos duermen, y también que no hay ni cielo ni infierno, al menos para algunos. Esta otra cita, sin embargo, parece más clara a tu favor:

Porque David no subió al cielo, pero él dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra…” (Hechos 2:34)

Pero sólo lo parece, porque San Pablo podría estar refiriéndose simplemente a que cuando David dijo esa frase, no estaba en el cielo, sino aún vivo. Pero bien podría ser que sí quiso San Pablo decir que al momento de escribir su carta el rey David aún no estaba en el cielo. En ese caso tendríamos que contextualizarla para entenderla. Si Jesús nos trajo la salvación, antes de Jesús nadie podía acceder al cielo, sea al momento o esperando al Juicio. San Pablo, como todo el mundo antes, pensaba que el espacio y el tiempo eran cosas que tenían existencia propia (la Biblia no es un libro de ciencias), por tanto en el Más Allá también existía el tiempo y el “antes” y “después”. Por eso el mismo Nuevo testamento sugiere que Jesús bajó a los “infiernos” a sacar de allí las almas de los justos que estaban “esperando”. La propia Iglesia primitiva desarrolló esta creencia y fruto de ello es el Evangelio apócrifo de Nicodemo, en el capítulo XVII, donde se explica tal suceso con todo lujo de fantasiosos detalles (puede descargárselo aquí). Es de suponer que los primeros cristianos recibieran por predicación oral más detalles sobre el tema, pero lo que la Biblia nos dice al respecto, más que explicar la bajada de Jesús a los infiernos, da el asunto por ya sabido y sólo encontramos algunas referencias a dicho suceso. Hablando de Jesús dice:

“Este que bajó es el mismo que subió” 
(Efesios 4:9-10)

Bajó a “los infiernos”, o sea, al hades, la morada de los muertos y luego subió de los infiernos al resucitar. Si queda duda, más claro es Pedro aquí:

…por eso hasta a los muertos se ha anunciado la Buena Nueva, para que, condenados en carne según los hombres, vivan en espíritu según Dios (1 Pedro 4:6)

Vemos que alguien ha predicado la Buena Nueva de Jesús entre los muertos (en el hades), y sabemos que quien lo hizo fue el mismo Jesús porque ya nos lo había dicho un poco antes:

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. (1 de Pedro 3:18-20)

Según esta cita, los “espíritus encarcelados” son las almas de los pecadores que ofendieron a Dios en tiempos de Moisés, y que en el capítulo siguiente son nombradas como “los muertos”, así que se trataría del hades o del infierno. Y Jesús tras ser “muerto en la carne”, antes de resucitar, aún sólo espíritu, “fue y predicó a los espíritus encarcelados”. Jesús al morir no estuvo dormido esperando la resurrección, y al igual que su resurrección fue señal de la nuestra, sus actividades entre muerte y resurrección podrían ser interpretadas igualmente como señal de la nuestra. Pero si decidimos que tal no es el caso porque siendo Dios es lógico pensar que él no podía estar esos tres días dormidos (aunque digo yo que por qué no, si siendo Dios dormía por las noches mientras estuvo con nosotros), decíamos que si negamos que Jesús sea en este caso ejemplo para nosotros, aun así quedaría la clara idea de que bajó a predicar a los muertos.

Si la Biblia en repetidas ocasiones afirma que Jesús predicó a los muertos… ¿cómo es que pudo predicarles si estaban dormidos? Si los muertos duermen y están inconscientes, la predicación de Jesús sería inútil y entonces Jesús habría empleado esos tres días claves en perder el tiempo. Por lo tanto, esta cita de Pedro sólo tiene sentido si admitimos que los muertos pudieron escuchar a Jesús, y por tanto no estaban dormidos. Pero ya de paso no dejaremos la oportunidad de señalar algo más: si esa gente pecadora, que sufrió el castigo divino por su maldad, estaba en el infierno, según el mismo Jesús nos dijo vana era ya su esperanza y por tanto, nuevamente, inútil su predicación, pues del infierno no se puede salir. Por tanto habría que suponer que no estaban en el infierno, pero tampoco en el cielo por la sencilla razón, diría un protestante, de que aún no ha llegado el Día del Juicio Final.

Esta idea de que “aún no ha llegado” y por tanto tienen que esperar, nos obligaría a suponer que San Agustín y Einstein y la ciencia entera se equivocan al pensar que el tiempo y el espacio son atributos de la materia y sólo en ella existen. Pero incluso si admitimos tal cosa, volvemos a caer en el catolicismo, pues siendo que tal lugar no es cielo ni infierno… entonces ¿qué es? Tendríamos que decir que es limbo o purgatorio, y ninguna de las dos cosas podrían ser admitidas por un protestante, así que se mire por donde se mire, las creencias del apóstol Pedro chocan con las de los protestantes y las contradicen. Sin embargo para un católico no existe en esta cita ninguna dificultad.

Frente a esto, he oído a protestantes decir que esos “espíritus encarcelados” no se refieren a hombres muertos, sino que la Biblia usa “espíritus” para referirse a los ángeles, por tanto serían demonios. No sé si tiene sentido predicar a los demonios pues ellos, “estando” en el infierno, tampoco de él pueden ya salir, con lo cual volvemos al absurdo de que Jesús empleó tres días claves en perder el tiempo predicando a quien no lo puede aprovechar. Además la palabra “espíritus” puede referirse a los ángeles pero igualmente a los muertos, y de hecho en esa misma cita se está usando para referirse al mismo Jesús descarnado, o sea, muerto y aún sin resucitar. Por tanto esa típica explicación, además de improbable no resuelve el problema al que se enfrenta un protestante. Y fíjate también en esta otra:

al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos (Filipenses 2:10)

Si los muertos están dormidos, malamente podrán doblar su rodilla ni hacer nada. Y si suponemos que esas rodillas del cielo y los abismos son las de ángeles y demonios, nos encontramos con que los demonios han de arrodillarse ante Jesús. Sería como pedir que los ángeles blasfemen contra Dios, tal cosa no tiene sentido. Los demonios podrían temer a Dios, pero nunca lo adorarían. Por tanto San Pablo se está refiriendo a los vivos y a los muertos. Veamos otra de tus citas:

Yo embriagaré a sus príncipes y a sus sabios, a sus gobernadores, a sus prefectos y sus guerreros: ellos dormirán el sueño eterno y no se despertarán –así dice el Rey cuyo nombre es Señor de los ejércitos–. (Jeremías 51:57)

Si interpretamos esta cita de forma literal, el mismo Dios dice que “dormirán el sueño eterno y no despertarán”. O sea, nada de esperar la resurrección para ir al infierno y sufrir su justo castigo, no; duermen, pero para siempre. Si según tú ese dormir es más o menos literal (= inconsciencia), entonces tendrá también que ser literal el “sueño eterno” y el “no despertarán”, lo cual nos llevaría a la conclusión de que tras la muerte no habrá ni cielo ni infierno, sino sólo una humanidad eternamente dormida, sin provecho ni sentido alguno ni para nosotros ni para el mismo Dios. Y si total nos espera una eterna inconsciencia ¿qué más da entonces la fe o las obras en esta vida si todos acabaremos del mismo y absurdo modo?

Cuando verdaderamente vemos claro en la Biblia la creencia en la resurrección y en que nuestro destino tras la muerte será de premio en el cielo o de castigo en el infierno es en el segundo libro de Macabeos. Pero hay un gran problema con este libro, que allí mismo también se muestra la creencia en el purgatorio y que se puede rezar por los muertos. Cuando Lutero rompió con la Iglesia, una de las principales fuentes de conflicto (de hecho la causa principal y primera) fue el bochornoso tratamiento de las indulgencias, y eso estaba íntimamente relacionado con la creencia en el purgatorio y las oraciones por los difuntos. Eso fue por sí mismo motivo más que suficiente para que Lutero declarase que Macabeos y algunos otros libros “demasiado católicos”, no eran Palabra de Dios y por tanto no formaban parte estricta de la Biblia. De ese modo era mucho más fácil para un protestante decir que ciertas ideas católicas no se encontraban en la Biblia. También quiso suprimir libros excesivamente católicos del Nuevo Testamento, como la epístola de San Juan o el mismo Apocalipsis. De haberlo conseguido tendrían los protestantes aún más argumentos para decir que estas o aquellas creencias católicas no están en la Biblia. Si alguien eliminase de la Biblia todos los libros del Nuevo Testamento, podría afirmar con certeza que Jesús es antibíblico (según su Biblia, claro).

Si de verdad Jesús, en sus años de predicación, pensase que los muertos están dormidos esperando la resurrección, ¿cómo se le ocurrió contarnos algo tan contrario como esto?:

Cuando el pobre murió, los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Tiempo después murió también el rico, y fue enterrado. Y sucedió que, estando el rico en el abismo, levantó los ojos en medio de los tormentos y vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su compañía. Entonces exclamó:… (Lucas 16:22-24) etc. (leer historia completa)

Se supone que ambos, Lázaro y el rico, deberían están durmiendo, y por tanto ni hablando ni sufriendo ni disfrutando de nada, y tampoco en el cielo ni en el infierno, pues habrían de esperar al Juicio Final. Sería absurdo pensar que Jesús nos cuenta una historia sobre el cielo (si no me equivoco la única que habla del cielo y del infierno sin recurrir a simbolismos) y nos lo presenta de forma totalmente incorrecta. Menudo maestro sería en tal caso si utiliza una historia para crearnos tal confusión, pues aquí vemos que nada más morir, tanto el uno como el otro van directamente al cielo o al infierno, y allí presentes, hablan y se preocupan de lo que en la tierra acontece.

Un detalle a tener en cuenta es que la historia de Lázaro y el hombre rico suele suponerse parábola, pero tiene en realidad todos los signos de ser verdaderamente un suceso real, pues no encaja con los parámetros de las parábolas. Las parábolas son relatos de sucesos terrenales que se usan como analogías para explicar cosas espirituales. Sus personajes y acciones son simbólicos y arquetípicos, nunca se habla de gente concreta con nombres propios. En cambio aquí Jesús nos está hablando de personas concretas con circunstancias concretas y nos cuenta lo que les sucedió en la tierra y luego en el cielo sin usar simbologías terrenas. Todo eso hace pensar que no nos encontramos aquí con una parábola sino con un suceso histórico. Mas si pensamos que es parábola, lo muy peculiar de su estilo la convertiría en una parábola que no puede ser interpretada como alegoría, sino como descripción real, que si no ocurrió realmente así, al menos se trata de algo que perfectamente podría haber ocurrido exactamente así. Por todo ello sería un error interpretar alegóricamente una historia que no está escrita en modo de alegoría sino a modo de crónica. Más citas:

Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir” Y Saúl respondió… (1 Samuel 28:15)

En esta escena Samuel está muerto y Saúl lo ha convocado. La Biblia condena esto de convocar a los difuntos, pero el hecho de que Saúl convoque al espíritu de Samuel y éste acuda, aunque sea para reprochárselo, contradice la idea de que los muertos no se enteran de nada ni pueden escucharnos. Otra cita:

Y se les apareció Elías junto con Moisés, y estaban hablando con Jesús. (Marcos 9:4)

En la Transfiguración Jesús aparece hablando con Moisés y Elías. Puesto que Elías fue arrebatado al cielo en un carro de fuego, los protestantes dicen que el espíritu de Elías está vivo y consciente porque subió al cielo sin morir, y por eso no está dormido, y por tanto suponen que a Moisés le ocurrió lo mismo. Pero si suponemos que Moisés corrió la misma suerte que Elías, o que fue resucitado por favor especial, entonces resulta pasmoso que tal enorme dignidad haya sido en la Biblia silenciada acerca de nada menos que Moisés, teniendo en cuenta que hoy en día, según los protestantes, en el cielo sólo habitan Dios, Elías, Enoc y Moisés (y los ángeles). Siendo Enoc alguien de quien apenas se cuenta nada, sí nos dice la Biblia que subió al cielo sin conocer la muerte, ¿y de Moisés se callaría? Del destino de Moisés lo que la Biblia únicamente cuenta es esto:

Y murió allí Moisés, siervo del señor, en la tierra de Moab, conforme al dicho del Señor. (Deuteronomio 34:5)

Pues fíjense que sí se nos habla de su muerte, y ciertamente dice la Biblia “murió allí”, no que fuese ascendido vivo al cielo, que sí se nos dice de Enoc, de Elías y de Jesús. Y si eso no basta tenemos otra cita, esta vez del Nuevo Testamento:

Y, sin embargo, la muerte ejerció su imperio desde Adán hasta Moisés, incluso sobre quienes no pecaron con una transgresión como la de Adán, que es figura del que había de venir. (Romanos 5:14)

La Biblia no dice que Jesús murió y ascendió al cielo, o que Elías murió y fue arrebatado en un carro de fuego, no, ellos estaban vivos cuando ascendieron o fueron ascendidos, el uno por no haber muerto y el otro (Jesús) por haber resucitado, pero de Moisés la Biblia es muy clara, dice que murió, y según las creencias protestantes, tras morir tuvo que haber entrado en un estado de inconsciencia hasta el fin de los tiempos. Pero luego lo vemos hablando con Jesús en la tierra. Y en la epístola de Judas no se nos habla de que Moisés subiera al cielo en cuerpo y alma, sino todo lo contrario, que el ángel y el diablo se peleaban por llevárselo, lo cual también contradice la idea de que al morir duermes y hasta el Juicio no serás despertado y juzgado, según Judas Moisés murió y fue juzgado (juicio representado por esa simbólica lucha del ángel y el diablo por su alma):

Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo disputando con él por el cuerpo de Moisés… (Judas 1:9)

Que en esa “pelea” ganó el ángel y se lo llevó al cielo, lo sabemos por lógica y porque como ya vimos aparecerá luego Moisés junto con Elías hablando con Jesús en la Transfiguración.

Sin embargo tú das una versión de los hechos más sensata al afirmar que Moisés, tras morir, “fue resucitado, glorificado y llevado así al cielo”, y de ese modo aceptas, como dice la Biblia, que Moisés murió. Sólo hay un problema con tu explicación (que otros protestantes también usan), que la Biblia tampoco dice absolutamente nada que nos lleve a pensar semejante cosa. Y puesto que tú eres protestante y lo que no está escrito en la Biblia no puede ser cierto, al igual que imagino que tú negarás que la Virgen María fuese “resucitada, glorificada y llevada así al cielo” en cuerpo y alma, yo te aplico a ti la misma regla y declaro que no puedes creer de ningún modo que Moisés disfrutara de eso mismo, pues al no decir la Biblia nada de ello tal creencia sería, según vuestros parámetros, antibíblica. Para afirmar lo que afirmas tendrías antes que hacerte católico, pero a continuación tendrías que negar tu afirmación porque tal idea tampoco se encuentra en la Tradición oral de la Iglesia primitiva. A mayores, creer que Moisés fue muerto y glorificado y resucitado entraría en contradicción con la cita bíblica en donde se nos dice que la resurrección de Jesús fue la primicia y anuncio de la de los hombres, con lo que la primicia no pudo haberla tenido ya Moisés:

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. (Corintios 15:20-23)

Y algunos pueden pensar que en cualquier caso Jesús no fue el primero en resucitar, pues ya en el Antiguo y Nuevo Testamento encontramos personas muertas que han sido resucitadas. Todas esas personas murieron, y al poco un profeta o Jesús las devolvió a la vida y siguieron viviendo hasta que de nuevo murieron y resucitaron en cuerpo glorioso para ir al Más Allá. Cuando Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naím, por ejemplo, no fue que el hijo resucitó en cuerpo glorioso y fue al cielo, fue simplemente que el cadáver fue reanimado. Eso no es “la resurrección de la carne”, sino la reanimación de un cadáver. Por tanto sí es exacto decir, como nos dice la Biblia, que Jesús fue el primero en resucitar, “las primicias de la resurrección” (quienes afirman que en esta cita “las primicias” se refiere a toda la gente que vivirá “el Rapto” es que no sabe lo que significa la expresión “las primicias”). Si Moisés hubiera muerto, resucitado con cuerpo glorioso y ascendido al cielo, entonces las primicias serían Moisés, no Jesús. Menudo chasco para el cristianismo.

Por tanto, sigo sosteniendo que la escena de la Transfiguración es uno de los elementos bíblicos que con más fuerza imposibilitan esa idea moderna de que los muertos duermen. Otra cita importante en el mismo sentido:

Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso». (Lucas 23:42-43)

Jesús le promete al buen ladrón que estará con él en el Paraíso “hoy”, no dentro de milenios. He leído artículos en donde intentaban explicar que cuando Jesús dijo ahí “Paraíso” no se refería al cielo, sino a un estado de paz, y por tanto Jesús no quería decir que el buen ladrón estaría en el cielo ese mismo día, sino que antes de morir tendría paz. ¿En serio? En tal caso el pobre ladrón se llevó una buena desilusión, y con razón, pues lo que él pidió nada tenía que ver con eso. Otra.

Me siento urgido de ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que permanezca en este cuerpo. (Filipenses 1:23)

En la segunda cita San Pablo dice que preferiría irse (morir) y así estar con Jesús, pero no dentro de milenios, sino ya mismo, por eso dice “me siento urgido”, urgencia, ya mismo. Si pensara que tiene que esperar muchos años o siglos o milenios o quién sabe, ¿dónde estaría la urgencia? Igual podría vivir cien años sirviendo aquí a los cristianos y morir luego. Si él siente urgencia por estar con Jesús es porque piensa que en cuanto muera podrá estar con él.

Y de paso fijémonos en un pequeño detalle, dice San Pablo “es preferible que permanezca en este cuerpo”. Si nos lo tomamos al pie de la letra podríamos usar esta cita para afirmar que San Pablo no creía en la resurrección de la carne, pues en esta cita parece que ir al cielo con Jesús supone abandonar el cuerpo, y seguir vivo en la tierra supone “permanecer en este cuerpo”. Pero los cristianos creemos que después de morir (al instante o tiempo después, según católicos o protestantes) resucitaremos en nuestro cuerpo glorioso y después tendremos el Juicio y después iremos al cielo o al infierno. Lo que San Pablo afirma, como se puede ver, no encaja para nada con este esquema, él parece creer que si muere va derecho al cielo y sin cuerpo alguno. A no ser que pensemos que el cuerpo glorioso no es “este cuerpo” glorificado sino un cuerpo nuevo y diferente, lo cual tampoco es creencia cristiana. Pero el mismo San Pablo es quien más detalles nos da sobre la resurrección de la carne y nuestro cuerpo glorioso, así que tal conclusión sería errónea. Este detalle sirve para ver claramente que cuando una persona intenta interpretar citas bíblicas fuera del Magisterio y la Tradición de la Iglesia, es muy fácil “rayarse” y acabar viendo lo que no es. Y el método protestante de interpretación bíblica (cada uno puede interpretar la Biblia por su cuenta) se presta totalmente a ello. Pero volvamos al tema de nuestra carta. Otra cita.

Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían, y clamaban a gran voz diciendo… (Apocalipsis 6:9-10)

Esta escena ocurre hacia el principio del Apocalipsis, el Juicio Final ocurre hacia el final del mismo libro. O sea, mucho antes del Juicio nos encontramos a los mártires muertos hablando con Dios en el cielo y pidiendo vengar sus crímenes. Según los protestantes deberían estar durmiendo. Vale que estén ya en el cielo sin juicio alguno por ser mártires, pero dormidos.

Pero los protestantes entonces señalan a la continuación de esta cita, en donde “se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos que también habían de ser muertos como ellos“; pero ese “descansad un poco más” no implica que se vuelvan a dormir, simplemente que no se afanen aún en buscar venganza de sus asesinos (que siguen vivos) porque la retribución no llegará hasta el fin de los tiempos (en el Juicio). En cualquier caso, el hecho de que Dios y los muertos estén en tal conversación implica que los muertos no están en estado inconsciente hasta la Resurrección, en el futuro, sino que son seres con consciencia y voluntad, y que son capaces de hablar con Dios y pedirle cosas, que es lo que nosotros afirmamos.

Pero los cristianos católicos no negamos las otras citas en donde la Biblia nos habla de que la gente irá al cielo o al infierno después del Juicio Final, el cual ocurrirá al final de los tiempos. Los protestantes creen que esa fase de dormición y espera es la única que la Biblia defiende, nosotros creemos que lo que dicen unas citas es correcto y lo que dicen las otras también es correcto, sin necesidad de retorcer los significados hasta hacerlos poco o nada creíbles. Dicho de otro modo, el catolicismo siempre ha aceptado la paradoja de que estas dos verdades, aparentemente contradictorias, son ciertas al mismo tiempo.

NI DORMIR, NI CIELO NI INFIERNO: EXTINCIÓN Y TODO LO CONTRARIO
Para que se vea bien que una o un puñado de citas no hacen doctrina, excepto cuando consideramos globalmente la Biblia entera, vamos a dar varias citas que parecen contradecir en parte o en todo la doctrina cristiana de católicos o protestantes. Por ejemplo estas afirman que cuando morimos simplemente desaparecemos sin más nada, o al menos algunos sí desaparecerán, o al menos dormirán eternamente sin sufrir premio ni castigo alguno.

Entonces, ¿por qué no perdonas mi transgresión y quitas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo; y tú me buscarás, pero ya no existiré. (Job 7:21)

Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad (Eclesiastés 3:19)

Está diciendo aquí que los hombres, igual que los animales, al morir se acabó, no hay diferencia. En realidad, buscando citas bíblicas podemos encontrar toda una gama de creencias, como que al morir no desaparecemos pero dormiremos eternamente (ya vimos la cita) o que algunos serán despertados para recibir premio o castigo y otros seguirán durmiendo, o que los justos despertarán al cielo y los otros seguirán durmiendo, etc, etc, etc. Por ejemplo compare estas dos afirmaciones:

“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados” (Daniel 12:2)

“Porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz..”. (Juan 5:28)

En la primera cita se dice que “muchos” muertos serán despertados, se supone que el resto seguirá durmiendo eternamente. En la segunda cita se dice que “todos” los muertos serán despertados y resucitarán para premio o castigo. Pero ya vimos a Isaías decir que los malvados nunca despertarán:

Están muertos, no vivirán; son sombras que no se levantarán; porque los castigaste y destruiste, y borraste todo recuerdo de ellos. (Isaías 26:14)

Y el salmo 88 dice que incluso Dios se olvida de los muertos.

Yo tengo mi lecho entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, como aquellos en los que tú ya ni piensas, porque fueron arrancados de tu mano. (Salmo 88)

Pero el salmo 139 dice lo contrario, que incluso en el Sheol está Dios:

Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si hiciere mi estrado en el Sheol, hete allí. (Salmos 139:8)

Claro que ya vimos que según la Biblia Jesús, tras morir, bajó al hades a predicar a los muertos y que los muertos del sheol se arrodillan ante él en adoración, y sin embargo en el Antiguo Testamento se nos dice que los muertos ni pueden adorar a Dios ni pueden escuchar su predicación:

Porque el Seol no te confesará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden en el hoyo esperarán tu verdad. (Isaías 38:18)

Sólo para dejar claro que en la Biblia encontramos citas para todos los gustos si queremos valorarlas aisladamente y si nos olvidamos de que la revelación es progresiva. Tal como comentamos anteriormente, es muy peligroso ponerse a interpretar citas bíblicas por cuenta propia, y ofrecer citas bíblicas no es garantía de verdad en sí mismo. Cualquier persona que conozca bien la Biblia sería fácilmente capaz de confundir a un creyente haciéndole creer que la Biblia dice tal o cual verdad aunque sea totalmente lo contrario.

Y por último, dejemos la Biblia para dar otro dato interesante: las experiencias de la vida después de la muerte (NDE). Toda la gente que afirma haber muerto durante cierto tiempo y luego ha vuelto a la vida (reanimados, que no resucitados), lo mismo católicos que protestantes y aún de otras creencias, afirman que al morir iban hacia una luz o un ángel o persona venía a por ellos y cuentas todo lo que vieron, oyeron y hablaron en esas visiones, generalmente beatíficas, hasta que vuelven a su cuerpo. Si al morir cayésemos en la inconsciencia absoluta, nadie tendría ninguna experiencia de estos hechos ocurridos al abandonar su cuerpo, y lo curioso es que muchos protestantes cuentan sus experiencias sin caer en la cuenta de que su propia experiencia está yendo en contra de su protestantismo. Del mismo modo muchos afirman haber entrado en el cielo o haber ido camino de él (del infierno ya no podrían regresar), lo cual contradice igualmente su idea de que tras la muerte el alma no va ni al cielo ni al infierno hasta que llegue el Juicio, que sería al final de los tiempos. Un enorme bestseller en Estados Unidos hace tres años (Heaven is for Real) está escrito por un pastor evangélico fundamentalista que nos describe con todo detalle las experiencias postmortem de su hijo, que fue declarado muerto por los médicos y que tiempo después volvió a la vida dando también detalles claros de cosas que habían sucedido dentro y fuera de su habitación durante la operación. El padre considera todo ello como cierto, y sin embargo en ningún momento se hace la pregunta de ¿entonces estamos equivocados al pensar que los muertos pierden su consciencia al morir? Pues si crees que es de día pero niegas que exista la luz ¿cómo puedes creer que es de día?

CONCLUSIÓN

Pensemos lo que pensemos, vimos ya que en la Biblia encontraremos citas para todos los gustos, principalmente tres categorías:

1- Al morir desaparecemos o entramos en un estado eterno de inconsciencia en el limbo o algo similar.

2- Al morir quedamos en estado suspendido (dormido, inconsciente) en el limbo o algún sitio similar hasta que el Día del Juicio, al final de los tiempos, Dios nos resucite y juzgue y envíe al cielo o al infierno.

3- Al morir, en ese momento Dios nos juzga y vamos al cielo o al infierno (o al purgatorio).

La primera idea sólo corresponde con las antiguas creencias judías, que así se reflejan en el Antiguo Testamento, pero Jesús, en la plenitud de la revelación, dejó atrás.

La segunda y tercera ideas son cristianas, y el Nuevo Testamento afirma claramente ambas cosas así que de un modo u otro, ambas deberían ser ciertas, a pesar de que son incompatibles en cuanto al tiempo (¿cuándo es el Juicio y la resurrección, al morir o al final de los tiempos?). Ante esta aparente contradicción la Iglesia siempre reaccionó aceptando ambas cosas como ciertas aun sin comprender bien de qué modo podían ambas ser posibles. Cuando apareció el protestantismo, éste resolvió la paradoja negando las antiguas creencias y diciendo que sólo la idea 2 era cierta y la 3 no lo era, lo cual resolvía la paradoja al tremendo precio de alejarse de la Iglesia primitiva y de tener que ignorar o darle vueltas a todas las citas que expresaban la idea tercera para presentarlas como si en realidad también quisiesen expresar la 2.

La Iglesia fue sabia al aceptar como verdaderas la 2 y la 3 aunque no comprendiera bien de qué modo ambas podían ser ciertas, pues estaba claro para los primeros cristianos que ambas cosas eran ciertas, pues así se lo enseñaron y como tal las mantuvieron. El pionero de San Agustín ya resolvió la paradoja no negando nada, sino estableciendo que el tiempo y el espacio eran atributos del mundo físico. Esa misma idea, que durante milenio y medio era una teoría teológica, se convirtió en realidad científica cuando Einstein la propugnó en su Teoría de la Relatividad y la ciencia moderna pudo luego demostrar que era cierto. De este modo sabemos hoy que en el mundo espiritual no existe ni espacio ni tiempo, y por tanto no es necesario ni posible preguntar dónde ocurre algo ni cuándo ocurre. La misma idea de “esperar” implica tiempo, y decir que los muertos esperan hasta el Juicio Final es cierto desde la perspectiva de los que habitamos la tierra, pero deja de tener sentido en cuanto nos trasladamos al cielo. Por tanto quienes pasan al plano espiritual no están en ninguna parte esperando a nada, ya están disfrutando del cielo o penando en el infierno. El mismo purgatorio sería una purificación por la que atravesaría el cristiano impuro para entrar en el cielo, pero tampoco tiene ya ningún sentido discutir de dónde se encuentra el purgatorio o cuánto dura. Lo mismo sirve para el concepto de limbo, que la Iglesia sabiamente utilizó, porque en un esquema espaciotemporal es imprescindible contar con ello, pero nunca llegó a aceptar oficialmente como doctrina porque no tenía ninguna base bíblica ni se hallaba en la Tradición de la Iglesia primitiva.

Por lo tanto, no podemos hoy sostener la idea de que los muertos están dormidos esperando el fin de los tiempos. Ni la Biblia ni la ciencia nos permiten suponer que la idea 2 sea falsa mientras sólo la 3 es verdadera. Sorprendentemente, hoy podemos afirmar que el Juicio Final ocurrirá al final de los tiempos, con toda la humanidad cumplida, y al mismo tiempo afirmar que cuando alguien muere inmediatamente pasa por ese juicio. Todo depende de si estamos mirando el fenómeno desde aquí o desde allí. Es por eso que la idea de que nuestros difuntos están allá en el cielo (esperemos) y nos pueden escuchar, santos oficiales incluidos, no sólo no contradice sino que encaja perfectamente con lo que la Biblia, además de la Tradición, nos cuenta.

En la Biblia Jesús habla muchas veces del cielo, pero usando símbolos y analogías. Las dos únicas veces en las que el Nuevo Testamento nos habla con claridad y detalle del cielo son en la historia del mendigo Lázaro y en el Apocalipsis, y en ambos casos se nos muestra claramente a los muertos bien despiertos y actuando e interactuando, y preocupados de lo que en la tierra sucede.

Y otra aclaración. No creemos en un lugar llamado sheol (morada de los muertos), eso es creencia de los antiguos hebreos, que aún no conocían bien la revelación, pero incluso si el sheol existiera, no tiene sentido utilizar citas sobre el sheol, como muchos hacen, para con ellas negar que los santos estén despiertos y puedan comunicarse con nosotros. Nuestros santos están en el cielo, no en el sheol, así que lo que ocurra en el sheol no tiene ninguna relevancia para este asunto.

Baste para terminar señalar que los cristianos católicos, también en este asunto, estamos de acuerdo con lo que la Iglesia primitiva defendía. Los protestantes no. Complicado defender la idea de que el Dios Todopoderoso se hizo hombre, predicó la Verdad, y a los tres días sus seguidores ya eran todos una panda de herejes desorientados y confusos. ¿Tan mal predicó Jesús? ¿Tan mal lo hicieron sus apóstoles? ¿de tan poco sirvió la protección del Espíritu Santo que envió Jesús a su Iglesia al marcharse? Yo, desde luego, no lo creo así, la Verdad que trajo Jesús fue por su gracia fielmente preservada en su Iglesia. Fuera de ella es lógico y normal que el tiempo vaya haciendo mudar las ideas.

Jesús les respondió… Que los muertos van resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque él no es Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él. (Lucas 20:34..7-38)

Si desea leer sobre el papel del culto a los santos en la Iglesia primitiva haga clic aquí. Para el tema de si los santos pueden o no interceder por nosotros haga clic aquí.

APÉNDICE

Nos han recordado un argumento que algunos protestantes y paraprotestantes dan para afirmar que al morir no vamos al cielo o infierno, sino que esperamos nuestro premio o castigo durmiendo. De entrada el argumento nos pareció poco sólido pero hemos creído conveniente añadir un apéndice sobre ello tras comprobar que en muchos sitios de internet se utilizan estas dos citas para “demostrar” su doctrina de la dormición. Se trata ni más ni menos que de dos citas del mismo Jesús. Empecemos por la escena del Jesús resucitado a María Magdalena.

NOLI ME TANGERE

Entonces Jesús la llamó por su nombre:

— ¡María!

Ella se volvió y exclamó en arameo:

— ¡Rabboní! (que quiere decir “Maestro”).

Jesús le dijo:

— No me retengas más, porque todavía no he ido a mi Padre. Anda, ve y diles a mis hermanos que voy a mi Padre, que es también vuestro Padre; a mi Dios, que es también vuestro Dios.

(Juan 20:16-17)

El argumento de ellos, no sin lógica, es que si tras resucitar Jesús dice que “aún no he subido al Padre”, eso demuestra que cuando Jesús murió no subió al cielo, sino que permaneció dormido en su tumba, pues tal es como acontece a quienes mueren. Para no alargar este apéndice, en lugar de entrar en explicaciones más profundas, contextualizando más las cosas y entrando en sutiles debates científicos y teológicos, vamos a dejar a un lado la noción de que en el Más Allá no hay espacio ni tiempo y vamos a dar una explicación más simple y más apegada a la Biblia, pues eso hará que sea también más efectiva.

El principal error de este argumento es suponer que si al morir Jesús no estuvo con el Padre, entonces necesariamente tuvo que estar “durmiendo”. Pero es la propia Biblia la que nos da otra alternativa: Jesús estuvo… en los infiernos! Bueno, en realidad esos “infiernos” no se refieren al infierno eterno, sino al Más Allá, al Hades o como queramos llamarlo. Sea donde sea que estuvo el caso es que allí no estuvo dormido, sino muy activo:

Fue entonces también cuando proclamó su mensaje a los espíritus que se hallaban en prisión (1 Pedro 3:19)

Y nada más diremos sobre esta cita porque ya ha sido comentada en este artículo. Hay otra cita que incide en la misma idea:

Si “subió”, como dice, ¿no supone que previamente había bajado a lo profundo de la tierra? (Efesios 4:9)

Esto debería bastar para ver que, según la Biblia, Jesús no estuvo dormido en estado inconsciente durante esos tres días (o más exactamente un día y dos trozos). Pero entonces, ¿qué quiere decir Jesús cuando dice “aún no he subido al Padre”?

La respuesta más sencilla sería decir que al morir Jesús bajó a los infiernos a predicar a los espíritus encarcelados (respuesta literal de la Biblia), luego resucitó, y por eso cuando vio a la Magdalena aún no había subido al Padre, cosa que no hizo hasta el día de su Ascensión. Pero también hay otra respuesta posible, otra respuesta que tiene más en cuenta esa ausencia de espacio-tiempo en el Más Allá.

Recordemos las palabras de Jesús: “No me retengas más, porque todavía no he ido al Padre”. La antigua traducción de “no me toques” no es exacta, pues el griego muestra que la acción de “no tocar” se refiere a algo que está ya en marcha, por lo tanto María le estaba “tocando” cuando Jesús pronuncia sus palabras. Después de la inmensa alegría de hallar vivo a quien ella creía muerto, María Magdalena se abalanzó a Jesús y lo abrazaría o se aferraría a sus pies (como se hacía con los maestros) y al cabo de segundos o de minutos o del tiempo que fuera, Jesús decidió que ya era suficiente, pues si por María fuese seguiría abrazada a él por los siglos de los siglos, pero él tenía otras cosas que hacer. Pero tampoco podemos decir que es una traducción errónea, pues al igual que pasa en español, si yo estoy tumbado en el sofá y le digo a mi hijo pequeño “no te subas encima de mí que me haces daño”, eso puede interpretarse como que le veo intención de subirse encima de mí y le prohíbo que lo haga, o como que ya lo tengo encima y le pido que se baje porque me hace daño.

Cuando Jesús habla de “todavía no he subido al Padre” nos está hablando del futuro, no del pasado. Dicho de otro modo, Jesús no está diciendo: nunca he estado antes en el cielo (de lo que esos protestantes concluyen que tras morir Jesús había estado dormido). De hecho, si yo, simple mortal, digo “todavía no he subido al cielo” se entiende que nunca lo he hecho, pero si es Jesús quien lo dice, tal cosa no se puede entender, pues él sí que ha estado antes en el cielo (de hecho siempre estuvo en el cielo hasta el día de su encarnación en María). Más claro aún que Jesús estaba pensando en el futuro, y no en el pasado, al decir esa frase lo vemos por la frase siguiente que dice: “Anda, ve y diles a mis hermanos que voy a mi Padre”. Puede que esa subida al Padre se refiera a la que hará en la Ascensión o puede que no, que Jesús va a subir al Padre al cabo de un rato (en tal caso en los días que estuvo aquí resucitado estaría constantemente “subiendo y bajando” del Padre a los hombres hasta que finalmente en la Ascensión regresó al cielo “definitivamente”). De ser así, Jesús tras resucitar tenía el plan de regresar al Padre de nuevo y la aparición a la Magdalena sólo debía durar lo suficiente como para dar testimonio, por eso Jesús no quiso alargarla y le dijo que le dejara marchar porque todavía no había subido al Padre tal como tenía pensado hacer. Sinceramente, preferiríamos no tener que meternos en tantas especulaciones, pero puesto que otros se meten, no hay más remedio que acompañarles y especular igualmente, aunque sólo sea para demostrar que otras opciones también son posibles.

Ahondando más podríamos preguntarnos que si Jesús le dijo a María que le soltara “porque aún no había subido al Padre”, ¿quiere eso decir que podría volver a abrazarlo después de que subiera al Padre? Pues ciertamente sí. Si ese subir al Padre se refiere a la Ascensión, entonces tal como prometió Jesús a todos enviaría luego el Espíritu Santo y a través de él Jesús estaría con nosotros (y con María Magdalena) de nuevo. María volvería a tenerlo no en sus brazos (hasta que ella misma muriera), pero sí dentro de su corazón, no como un recuerdo sino de forma real, cuando quedara ella también llena del Espíritu Santo.

Así que da igual si suponemos que al morir Jesús fue al cielo o que, tal como dice la Biblia, estuvo también en los “infiernos” (el hades, el reino de los muertos), el caso es que Jesús no estuvo inconsciente y que las palabras que le dijo a la Magdalena no demuestran nada sobre este asunto que nos ocupa, pues si significaran lo que algunos quieren que signifique estaríamos contradiciendo a la Tradición e incluso a la misma Biblia.

EL BUEN LADRÓN

El otro argumento que esos mismos utilizan es la cita del buen ladrón: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.” (Lucas 23:43). Ellos dicen que la cita literal sería esta: “Yo te aseguro hoy, que estarás conmigo (algún día) en el Paraíso”. De este modo no está hablando de que ese mismo día ambos estarían en el Paraíso, sino de que “hoy te aseguro” que algún día estarás conmigo en el Paraíso (cuando tú despiertes el día del Juicio).

Desde el punto de vista lingüístico esa otra forma de traducir el pasaje griego es posible, pues el “hoy” podría referirse a la promesa o al paraíso. Pero siendo ambos sentidos posible, la Iglesia siempre tuvo claro que el sentido era el de “hoy estarás”, no del de “hoy te prometo”, y los protestantes también lo han entendido así siempre, hasta que algunos en tiempos recientes han querido verlo de la otra forma (porque de ese modo eliminaban una de las dificultades que contradecían a su idea de la dormición post-muerte). E incluso si esa hubiera sido la intención del evangelista (que como hemos visto, no lo fue), “hoy te prometo” tampoco impide que sea “hoy” cuando estarás conmigo en el paraíso.

Pero para comprobar mejor el otro punto de vista, comprobamos un montón de comentarios de teólogos protestantes a cerca de esa cita de Lucas. Hemos encontrado que muchos de ellos, más de la mitad, no sólo no ignoraban el hecho de que el “hoy” podía referirse a “te digo” o a “estarás conmigo”, sino que se metían de lleno en el asunto, y todos ellos, sin excepción, defendían la idea de que se refería a “hoy estarás conmigo”. De hecho no deja de sorprender que creyendo ellos que al morir quedas dormido, no aprovechen la “fácil” oportunidad de elegir la otra traducción, que les sería mucho más conveniente. Así que incluso ellos deben de ver muy claro que la traducción tradicional es la correcta dadas las circunstancias. Uno de los comentarios, por el famoso ministro metodista y exegeta bíblico Joseph Benson, daba esta explicación:

Jesús usa frecuentemente expresiones enfáticas habituales del arameo como “yo te/os digo” o “verdaderamente te/os digo”, pero nunca utiliza en ninguna parte la expresión “hoy te digo”, que sería, como las otras, una forma enfática de “te digo” (pues el verbo presente indica que se dice “hoy”). Además, en este pasaje Jesús dice “En verdad te digo…”, con lo cual ya está utilizando la forma enfática, así que sería inútil añadir otra forma enfática, que no encontramos en ningún otro lugar, en una supuesta construcción “En verdad hoy te digo”, a menos que el énfasis (y esto ya lo añadimos nosotros) vaya dirigido al “hoy” (realmente es hoy cuando te lo digo, y no ayer ni mañana), lo que nos daría un sentido absurdo a la frase, pues el énfasis no puede dirigirse a otra cosa que al “te digo”, y ese ya está enfatizado por “verdaderamente te digo” (no hay ningún motivo para enfatizar que es hoy cuando te lo digo, pues su promesa sería igual de válida aunque se lo hubiera dicho ayer).

En el evangelio apócrifo de Nicodemo, del 350 aproximadamente, se narra la escena del buen ladrón (a quien llaman allí Dimas) y luego nos cuentan su llegada al cielo ese mismo día, lo que demuestra que la tradición de esa interpretación es muy antigua. En copias siríacas y coptas del evangelio de siglos anteriores aún, también aparece la traducción de “te digo que hoy”, lo que muestra que también ellos interpretaban la cita griega de la misma forma que nosotros.

Hay otro argumento. Los judíos, cuando alguien moría, solían decir “hoy se sentará en el seno de Abraham”. Era una expresión muy corriente, algo así como hoy, cuando muere alguien, que decimos “que Dios le tenga en su gloria” o algo semejante. Pues bien, en esa situación de estar al borde de la muerte, la idea expresada por esas palabras (hoy te sentarás en el seno de Abraham) estarían a flor de piel en la mente del ladrón, y del judío Jesús, así que es en ese contexto donde mejor interpretaremos las palabras de “hoy estarás conmigo en el paraíso”, que es un equivalente casi exacto de esa idea pero expresada de forma personal, y más aún si tenemos en cuenta que la palabra “paraíso” se utiliza a veces como equivalente moderno del hebreo “seno de Abraham”, tal como por ejemplo ocurre en la traducción de los Setenta del hebreo al griego hecha muchos años antes de Cristo. Jesús le estaría confirmando casi literalmente el deseo típico para el difunto. Algo así como si en nuestra época Jesús hubiera dicho “yo te tendré en mi gloria”, parafraseando a nuestro “que Dios te tenga en su gloria”, y todos hoy captaríamos claramente ese paralelismo.

Por lo tanto, sin darle ya más vueltas al asunto y ciñéndonos a lo que la Biblia dice, la respuesta a ¿dónde estuvo Jesús entre su muerte y su resurrección? sería: en el cielo y en el hades, pues ambas cosas afirma la Biblia. Y no estuvo dormido.

Publicaciones más leídas del mes

Donaciones:

BÚSCANOS EN FACEBOOK