¿Puede un sacerdote ser maldecido por una brujería? Exorcista responde



Un sacerdote, ¿puede ser maldecido por una brujería o maleficio? En un artículo escrito en Exorcist Diary, Mons. Stephen Rossetti comparte su opinión y su experiencia para responder a esta pregunta.

Mons. Rossetti relata la historia de una mujer llamada Sarah, hija de una sacerdotisa satánica de alto rango, quien fue introducida en las práctica de la brujería desde muy joven.

“Sarah dijo que cada semana se reunían seis brujas para maldecir a los sacerdotes y los obispos por su nombre. Se sentaron alrededor de una efigie del sacerdote y lo maldijeron ritualmente. Agregó que había muchos aquelarres en su área y todos maldecían semanalmente a diferentes sacerdotes“, cuenta Mons. Rossetti.

Después de 20 años, la mujer decidió buscar ayuda de un sacerdote, quien la recibió, oró por ella y finalmente le practicó un exorcismo. Sarah, después de tantos años de practicar la brujería estaba poseída.

“Mientras practicaba la brujería, Sarah no se dio cuenta de que la persona que estaba ante todo maldecida por sus rituales era ella misma“, explica el sacerdote.

A continuación, Mons. Rossetti señala que “los sacerdotes (o cualquiera) que vive una sólida vida cristiana de sacramentos y virtudes están en gran parte protegidos de la maldición de una bruja, aunque es posible cierto acoso”.

En este sentido, “los exorcistas simplemente asumimos que estamos siendo maldecidos regularmente. Si uno sale de la protección de la Iglesia y/o se desvía hacia el pecado, las maldiciones pueden echar raíces más fácilmente y causar estragos”.

“El número de personas que practican la brujería en nuestro país está aumentando exponencialmente. El número de sacerdotes está cayendo. Hay tiempos espiritualmente difíciles por delante. Pero, en el análisis final, todas las brujas del mundo son impotentes en la presencia de Cristo“, concluye el sacerdote.

Homosexual y católico: «La Iglesia tiene razón, cuando pide la castidad”



La Iglesia tiene razón cuando pide la castidad. A nivel psicológico y humano antes que en el espiritual

Tras mi último post sobre el pequeño Charlie y el caso del psicoanalista Ricci, rompo el silencio y vuelvo a hablar de heridas de la identidad y, por lo tanto, de homosexualidad cuyas heridas son un posible «síntoma». (…) Son todavía muchos los que creen que viven situaciones similares a la mía y esperan saber que no están solos. Por eso, aquí estoy, nuevamente.

En estos dos años de encuentros y conferencias muchos me han pedido que escriba algo, un libro, un vademecum sobre el tema de la homosexualidad, que cuente mi experiencia para que sirva de guía para quien busca respuestas alternativas para sí mismo, o para ayudar a quien está cerca de quien vive una atracción por el mismo sexo, quizá también con propuestas pastorales. Probablemente tarde o temprano lo haré. Mientras tanto intento usar este blog para decir algunas cosas a nivel teórico, sin tener la pretensión de agotar todo el tema.

Antes de ir al grano, quisiera aclarar de una vez por todas en virtud de lo que puedo decir sobre estos temas. Dado que nadie, de cualquier manera, está obligado a escucharme.

La acusación que mis detractores me hacen a menudo es que no estoy cualificado para hablar de homosexualidad desde un punto de vista psicológico, ni de ningún otro punto de vista (a menos que sea para sostener el pensamiento dominante de «naciste así», naturalmente).

Tal acusación se declina en dos casos:

- Soy católico

- No tengo una licenciatura en Psicología

Hoy quisiera detenerme en el primero: según mis detractores, al ser católico, mi posición sobre la homosexualidad depende de una visión dogmática impuesta por la Iglesia, que yo asumí como verdadera y a la que he buscado uniformarme pasivamente.

Pasando por alto el hecho que no existe una persona en el mundo que no lea la realidad según un sistema de valores de referencia, y el hecho que el mío sea el católico no significa que esto me vuelva más parcial de quien quizá tiene como referencia la ideología comunista, el capitalismo, la religión islámica, el racionalismo o quién sabe qué otra cosa. El verdadero problema, en cualquier caso, más que en el sistema de referencia, debería ser el motivo por el que se adopta y con qué actitud. En otras palabras: ¿es verdad que yo apoyo la posición de la Iglesia de manera dogmática, es decir, como un hecho indiscutible?

No. Para nada. Y mi historia da testimonio de eso.

En mi vida me he permitido experimentar cada aspecto de mi homosexualidad, desde los peores hasta los mejores, sin que mi fe y lo que me decían que era bueno (pero que en ciertos momentos me parecía inalcanzable), me detuviera en esta total puesta en discusión de lo que me habían enseñado

En algunas épocas llegué a vivir a la luz del sol comportamientos abiertamente contrarios a lo que me pedía mi fe, a pesar de no renegar nunca de ella (y sin nunca tener la presunción de tener que ser «entendido» por la Iglesia, sólo porque no tenía la fuerza de responder a su propuesta, o de entenderla). He experimentado la vida gay, los locales, el sexo ocasional; pero también tuve relaciones «estables» (hasta donde se pueda llamar la estabilidad entre dos hombres con una relación de experiencia sexual), me enamoré, y asumí la responsabilidad de vivir una historia con una persona también a nivel sexual, aunque sabía que eso contrastaba con lo que pedía mi fe.

Viví la dependencia sexual y afectiva; pero también tuve la gracia de amar tanto a un hermano como para dejarlo ir, en el momento en que me di cuenta que era por su bien; odié mi orientación sexual hasta desear con todo mi corazón cambiarlo, y luego acogí mi atracción homosexual como parte de mi historia, hasta oponerme a cualquier cambio, incluso cuando me enamoré de una mujer; para llegar a hoy que entiendo que «el cambio» ni se persigue ni se obstaculiza, puesto que no es el centro de la cuestión.

Viví lo peor y lo mejor. Y todo sin dar por sentado nada. Me pregunté y pregunté a cientos y quizá miles de personas, sobre cómo vivían, sobre su historia, sobre cuán felices eran, yéndome a la cama con ellos o no. Hice (casi) todo tipo de práctica que antes me parecía impracticable; fui usado y usé a muchas personas; toqué fondo y resurgí, muchas veces. Y si bien no estoy orgulloso de muchas bajezas que hice, no reniego de ellas, pues cada una de ellas fue un paso para un camino auténtico en la búsqueda de mí mismo y de ese hombre que Dios tenía en mente cuando me creó.

Si por un lado es verdad que nunca dejé de creer que existía Dios, por otro muchas veces dudé del hecho que Él estuviera interesado en mí y me amara. Y cuando esto me pareció claro, nunca dejé de buscar un camino para vivir todo lo que era, fragilidades incluidas, con Él, más allá de las respuestas simplistas que a veces daban los curas y que no respondían a la totalidad de mis preguntas, a menudo castrantes.

Por eso, a la luz de todo esto, no se me puede decir que mi visión de las cosas sea dogmática.

Si el día de hoy digo esto, es sólo porque de cada una de estas experiencias, incluso las peores, aprendí algo que me mostraba una verdad irreprimible en el fondo de nosotros, que es la misma que defiende la Iglesia desde siempre: nuestra naturaleza no está definida por nuestros deseos, sino por nuestro cuerpo masculino y femenino, en términos biológicos, y en términos espirituales por nuestro ser hijos de Dios por el Espíritu Santo que este cuerpo lo habita.

Y si nuestro cuerpo, nuestra carne, dice una verdad sobre nosotros, definiéndonos como hombres o mujeres, dice también de manera evidente que dos personas del mismo sexo no están hechos para tener relaciones sexuales entre sí (eso no impide que se amen, si por amor entendemos la manera como Cristo nos ama: «dando la vida por sus amigos»).

Por lo tanto, sí, soy católico, pero para apoyar lo que dice mi Iglesia, he debido antes ponerlo en discusión radicalmente, para llegar luego a descubrir su bondad. Por favor, no digo que esta sea la mejor manera de hacerlo: no siempre tienes que intentar todo para saber qué está mal. Por el contrario, si aprendiéramos a confiar en la experiencia de quien ha vivido ciertas cosas, nos ahorraríamos muchos problemas. Digo sólo que en mi caso mi enfoque estuvo lejos de ser teórico, o basado en una fe ciega. Y de esto, para bien y para mal, tengo huellas en mí.

En una época en que, más que en ninguna otra, estamos llamados a dar razón de lo que creemos, yo he buscado esas razones humanas que soportaran lo que se me decía por la fe: que tener relaciones sexuales con otro hombre no me haría bien. De paso, esto es también lo que invitaría a hacer a quien se preocupa de una pastoral para quien tiene heridas de identidad: antes de soltar las armas frente al pensamiento dominante, como muchos sacerdotes y obispos están haciendo (en buena o mala fe), verificar si no existen respuestas humanas que den razón a lo que la Iglesia propone y dice sobre este argumento.

Porque las respuestas, hermanos míos, existen. Y si existen, quiere decir que no las hemos buscado lo suficiente.

Si hay algo que he aprendido, de hecho, es que todo lo que creemos a nivel espiritual, como cristianos, hunde sus raíces antes en nuestra humanidad. No existe fe en el mundo como el catolicismo que respete más la naturaleza humana en su integridad. Y esta correspondencia no se contradice cuando enfrentamos cosas desde el punto de vista científico (si hablamos de la verdadera ciencia: la que intenta entender la realidad, y no doblegarla a priori a sus teorías y especulaciones ideológicas).

En el fondo ¿cómo podría se de otra manera? ¿Podía un Dios que ha tomado completamente nuestra naturaleza humana contradecir su propia voluntad y el orden que Él mismo había creado? Y si todo lo que es cristiano es también profundamente humano, entonces todo lo que creemos que es bueno para la vida, debe tener en realidad, antes de una razón espiritual, una motivación humana y terrenal, que sea reconocible a nivel racional por cualquier hombre intelectualmente honesto, independientemente de su fe.

Y en esto la homosexualidad no es una excepción.

En un determinado momento de mi camino, de hecho, me fue dada la gracia de descubrir algunos elementos teóricos y científicos que soportaban de manera sólida lo que yo había comprobado en mi experiencia personal y en la de todos los hombres con quien me había topado: que la homosexualidad no es inmutable, tiene razones, y debe comprendida por todos los comportamientos que se le relacionan y que impiden tener una vida plenamente libre, más allá de los estrictamente sexuales. Esos estudios son, además, los únicos coherentes con la visión y la petición de la Iglesia.

Me refiero a la así llamada Teoría Reparativa, de la que quizá hablaré más específicamente en otra ocasión y de la cual el fallecido Joseph Nicolosi era uno de los padres.

¿Y sabes qué he descubierto una vez más? Que la Iglesia tiene razón, cuando pide la castidad, a quien tiene heridas en la identidad como todos. Tiene razón a nivel psicológico y humano antes que en el espiritual.

Tiene razón, aunque ni ella misma sabe el porqué.

Y lo desconoce tanto, que sus pastores han empezado a dudar del beneficio efectivo que una vida vivida según el Evangelio pudiera traer. Mientras que los demás buscaban justificaciones «científicas» o pseudo tales para vivir según los propios deseos de manera indiscriminada, la Iglesia no se preocupaba por entender por qué es realmente bueno para el ser humano hacerlo de otra manera, quizá por nostalgia de un mundo en que se hacían menos preguntas.

Por este motivo hoy quien cita el Catecismo sobre el tema de la homosexualidad es acusado de dogmatismo. Porque cuando se pregunta el porqué es bueno para una persona con tendencias homosexuales no escuchar lo que para ella parece un deseo instintivo de amor, la respuesta que más fácilmente se obtiene puede resumirse más o menos en un «porque sí».

A mí el «porque sí», como católico, nunca me ha bastado. Y es por eso que, como católico, me reservo el derecho de hablar.

El único «vicio» que me reconozco en este camino, es el de haber confiado en el hecho que un bien debía buscarse. Muchos frente al «porque sí», simplemente eligieron no fiarse más de quien los guiaba y su buena fe y se fueron a otras partes.

Si no te fías del hecho que quien te ama está buscando decirte algo por tu bien, entonces no buscarás ni siquiera entender las razones que él no sabe explicarte.

Por eso, sí, soy católico y hablo como católico. Sin embargo, mi ser católico está en la libertad y no se somete a su Iglesia, sino que establece una relación de filiación que prevé también el conflicto, pero que no permite que ese conflicto ponga en duda el amor, y en virtud de ese amor busca comprender a esa Iglesia que lo ama y que ama.

Soy libremente católico, ortodoxo, pero no dogmático, fiel a lo que Dios me da, pecador según mi naturaleza. Y por eso me siento libre de hablar y dar testimonio de que lo que comprobado, incluso a quien no me considera creíble para hacerlo.

Respecto a la segunda acusación que se me dirige: yo no tengo una licenciatura en psicología, ni hablaré en un segundo momento. Quería sólo hacerles saber que he vuelto y volveré a hablar, donde quiera que se me de la oportunidad.

A quien cree y a quien no, no dejen de buscar la Verdad.

Ustedes son maravillosos.

P.D.

Quien quiera contactarme para encuentros u otra cosa, por el momento estoy en el Veneto (Italia) y debe calcular la distancia. Después de siete años dejé mi Milán, ciudad extraordinaria que he querido mucho, y me cambié a Verona (por cuánto tiempo aún no lo se), siguiendo un impulso que espero que sea de Dios. Era por eso que hace meses había pedido oraciones. Gracias a quien me ha escuchado. Sigan rezando, para que yo entienda lo que se me pide y tenga la fuerza para hacerlo. Lo necesito, incesantemente.

¿Las personas con demencia pueden recibir los sacramentos?



El Bautismo y la Confirmación sí, el resto hay que ver cada caso, pero no se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia


Quería consultar sobre la administración de los sacramentos a personas dementes sin momentos de lucidez y a otras que tienen algún intervalo de lucidez.

Antes todo tres premisas:

1.- Cuando hablamos de este tipo de personas se supone que estamos hablando de personas adultas en el ámbito civil. No confundir la edad adulta de la fe con la edad adulta del crecimiento natural.

2.- Aquí se trata el tema de los sacramentos en términos generales. Cada persona con su problema psiquiátrico es un mundo aparte. Hay una amplia gama de dolencias mentales según su origen, circunstancias y consecuencias. El sacerdote mirará caso por caso.

3.- Cuando aquí se habla de enfermos mentales, se supone que son personas incurables. Porque es importante señalar que muchas enfermedades mentales pueden ser curadas o controladas a través de tratamientos especiales y fármacos o medicamentos.


A partir de aquí, sin hacer distinción de personas, miremos cada sacramento.

El Bautismo


Una persona con sus facultades mentales deterioradas que no haya recibido de recién nacido el bautismo, no hay inconveniente en que reciba el sacramento del bautismo. Aunque no tenga uso de razón puede y debe ser hijo de Dios.

Hay que hacer como si esa persona fuera un recién nacido que no tiene uso de razón. En peligro de muerte no sólo se puede, sino que se debe bautizar.

La salvación de los que son incapaces de actos propiamente humanos desde el nacimiento (niños sin uso de razón y deficientes mentales) está asegurada en ellos porque al recibir el bautismo está presente la gracia santificante habitual, aunque no realicen ningún acto meritorio personal, puesto que no tienen uso de sus facultades (inteligencia y voluntad).

Como se puede apreciar, el uso de razón, en peligro de muerte, no es necesario para la confirmación; es el caso de los enfermos mentales que también carecen del uso de razón. Sólo se pide que estén bautizados.

La razón a favor de que los niños moribundos sin uso de razón sean confirmados es que en la resurrección futura aparezcan como cristianos perfectos y no sean privados de este aumento de gracia y de la gloria; de consecuencia, y por analogía, se debe extender a los dementes perpetuos, en los cuales no hay ninguna esperanza de que antes de su muerte reciban el uso de razón.

En el caso de éstos adultos enfermos mentales conviene que se confirmen acto seguido al bautismo.

El matrimonio

En este caso las personas con problemas mentales no solo están exentas de contraer matrimonio sino que además no se les permite. Es un sacramento inviable por obvias razones. Estas personas son incapaces de contraer matrimonio porque carecen de suficiente uso de razón (Can. 1095).

Este canon no solo toca las enfermedades mentales sino también los trastornos psíquicos. Personas así son incapaces no solo para el consentimiento (parte fundamental para contraer matrimonio es el consentimiento), que es un acto humano -y ya sabemos en qué consiste un acto humano, Catecismo, 1627)- sino que además “tienen un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio…” (Can. 1096).

El orden sacerdotal

Lo mismo que con el matrimonio. Sacramento totalmente excluido por obvias razones, comenzando porque “nadie tiene derecho a recibir el sacramento del Orden” (Catecismo 1578).

La unción de enfermos

También aquí los enajenados mentales están exentos de recibir el sacramento pues igualmente se necesita el uso de razón. El canon 1004,1 supone el uso de razón para administrar el sacramento.

El derecho dice que la unción de los enfermos se puede administrar incluso a los niños siempre y cuando ellos sepan, conozcan y comprendan el significado de este sacramento, es decir si tienen uso de razón.

En esta misma línea, el canon 1006 dice: “Debe administrarse este sacramento a los enfermos que, cuando estaban en posesión de sus facultades, lo hayan pedido al menos de manera implícita”; cosa que no se da en un enajenado mental.

Una persona con demencia o locura, al carecer de uso de razón, nunca tendrá la intención de recibir el sacramento y, en consecuencia, nunca llegará a pedirlo.

Por supuesto que al morir, estas personas con problemas psiquiátricos, como cualquier bautizado, tienen derecho a la oración de la Iglesia el día de la muerte.

Conclusión

En el caso de que una persona, ya bautizada de niño, en edad adulta haya adquirido los trastornos mentales, su situación va a depender de lo vivido en el momento de adquirir dicho trastorno mental y de que haya o no haya habido culpa personal en la causa; pero aquí la cosa queda en manos de Dios, que es justicia y misericordia, queda en las manos de Jesús que quiere que todos los hombres se salven.

Un consuelo lo encontramos en el evangelio: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6,37). Todo lo que el Padre le da a Su Hijo, será salvo. Estos podrían ser también los severamente retardados mentales, los no nacidos, aquellos que mueren en la niñez, o aquellos que mueren en estado de inconsciencia o en coma.

Además San Pablo dice: “¿Qué diremos pues? ¿Qué hay injusticia en Dios? De ningún modo. Pues dice Él a Moisés: ‘Seré misericordioso con quien lo sea; me apiadaré de quien me apiade’. Por tanto no se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia” (Romanos 9, 16).

Es por eso que son bautizados los niños, para que aunque no lleguen a ser adultos puedan ser salvos. Eso mismo se aplica a las personas con graves trastornos mentales.

Las que los sufren desde su nacimiento, aunque no pudieran conocer a Cristo y optar por Él, tendrán lógicamente la visión de Dios no solo por el bautismo; podemos estar seguros de ello, desde el conocimiento de quién es Dios, que es amoroso y justo.

El destino eterno que tendrán estas personas estará de acuerdo con la voluntad salvadora de Dios; podemos confiar plenamente en Él.

La Confesión

En el caso de la confesión, la persona con demencia o locura no se puede confesar o no necesita la confesión porque la persona no es consciente de sus actos; la persona, por más atrocidades que haya cometido, no peca.

¿Por qué no peca? Porque para que la persona haya pecado y se tenga que confesar se necesitan que existan al mismo tiempo tres cosas:

1.- La materia grave: que la materia sea gravemente mala en sí o en sus circunstancias o que la persona crea que su pecado es grave aunque puede que no lo sea.

2.- Tener uso de razón o lo que es lo mismo, pleno conocimiento o plena advertencia: que al hacerlo la persona sepa que es pecado, que haga el acto conscientemente, que el acto sea hecho con maldad. Esto presupone entre otras cosas el conocimiento de la ley.

3.- Deliberado consentimiento: que la persona quiera hacer aquello que sabe que es pecado e incluso, peor aún, lo haga con premeditación (Catecismo1857).

A propósito de la plena advertencia, la ignorancia vencible o culpable o “la ignorancia afectada y el endurecimiento del corazón no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado” (Catecismo 1859), no excusa el pecado. Lo que se hace por ignorancia invencible o violencia extrínseca nunca es pecado.

Un paréntesis: Si se tiene una conciencia bien formada y la persona sabe a ciencia cierta que solo tiene pecados veniales, el mínimo es una confesión en Semana Santa de cara al cumplimiento del precepto pascual (comulgar por Pascua de resurrección) ya que está mandado que los fieles se confiesen mínimo una vez al año. Si hay pecado grave, ese pecado se tiene que confesar inmediatamente. Cierro paréntesis.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, y dicho de otra manera, para que se recurra al sacramento de la confesión deben darse las tres condiciones al mismo tiempo. Si falta aunque sea una de estas tres condiciones, no hay motivo para la confesión.




Las personas que tienen deterioradas sus facultades mentales no se pueden confesar aunque haya materia porque les falta el pleno conocimiento y el deliberado consentimiento, no son dueños de sus actos.




En teología moral hay que distinguir pues entre actos de hombre y actos humanos porque son cosas muy distintas pues no todos los actos del hombre son actos humanos.




Los actos humanos, a diferencia de los actos de hombre, son actos conscientes y libres. Sólo los actos humanos son responsables moralmente. Conocimiento y libertad constituyen la base de la moralidad.




Si la acción cometida por un loco tiene forma o aspecto de delito, serán las autoridades con sus peritos y/o expertos los que certificaran realmente dicha condición de la persona. Si las autoridades dictaminan que la persona es realmente una persona demente pues no irá a la cárcel pero sí irá obligado a un centro psiquiátrico; y ante Dios y la Iglesia, pues no hay pecado.

En consecuencia, las acciones de un demente o un loco no son pecado y por tanto no necesitan la confesión.

La Eucaristía

Existen enfermedades que impiden la administración de este sacramento. Unas de estas enfermedades va contra una de las condiciones naturales necesarias (porque hay más) para poder recibir la Eucaristía. ¿De qué condición hablamos? Del uso de razón.

Los niños que no han llegado todavía al uso de la razón, los faltos de juicio, los enajenados y los dementes de nacimiento o los que lo son poco antes o poco después del uso de la razón están exentos de la comunión y no es lícito administrar este sacramento a estas personas ni siquiera in articulo mortis.

¿Y por qué no se les puede dar la comunión? Porque además de que no hay consciencia de saber a Quien se recibe, existe el peligro de irreverencia y al mismo tiempo el peligro de que la persona arroje, profane o maltrate la sagrada hostia.

Si antes de la enfermedad mental o de tener perturbada la cabeza la persona tuvo uso de razón, es decir, si la persona no fue siempre demente, y en ese momento se vio en dicha persona fe y devoción a este sacramento, puede dársele la comunión pero sólo como Viático e in articulo mortis, siempre que no hayan los peligros antes mencionados.

Otra cosa muy diferente es si la persona tiene momentos de clara, normal y absoluta lucidez. En estos intervalos lúcidos se puede y debe administrar la Eucaristía siempre y cuando, como con cualquier persona, esté en gracia de Dios.

Y la persona sólo se debe confesar en esos intervalos lucidos, pero sólo de sus pecados cometidos en dichos intervalos.

La Confirmación

Si el enfermo mental adulto se encuentra sin la Confirmación, éste se puede confirmar porque el sujeto capaz de una válida confirmación es todo hombre bautizado y no confirmado, aunque carezca del uso de la razón porque la confirmación es un complemento de la vida espiritual que se confiere en el bautismo, y de igual manera, para todos está instituida.

En los niños que todavía no han alcanzado el uso de razón y en las personas que a ello se equiparan no se requiere ninguna intención personal para recibir los sacramentos de que son capaces: bautismo y confirmación.

En estos sacramentos, para su validez, basta la fe de la comunidad y la intención de la Iglesia manifestada por medio del ministro ordenado. El Canon 889, 2 insinúa que, en peligro de muerte, el uso de razón no sea necesario para conferir el sacramento. “En peligro de muerte, se debe confirmar a los niños incluso si no han alcanzado todavía la edad del uso de razón” (Catecismo 1307).

"No por el momento": El papa desmiente rumores sobre su supuesta renuncia


El Papa Francisco rechazó que esté en su cabeza la posibilidad de presentar su renuncia; también desmintió que tenga cáncer

“Nunca se me ha pasado por la cabeza. No por el momento”. Con estas palabras, el Papa Francisco rechazó de forma contundente los rumores que apuntan a una posible renuncia al papado.

El Santo Padre concedió una amplia entrevista a la agencia Reuters, en la que también descartó otro rumor apuntaba a que padecía cáncer. “Los médicos no me dijeron nada”, dijo en tono de broma.

Sobre su renuncia, el Santo Padre explicó que los rumores crecieron por su reciente visita a visita a L’Aquila, el lugar donde está enterrado Celestino V, que renunció en 1294. El Papa Benedicto XVI también realizó esa visita, años antes de presentar su dimisión.

“Todas estas coincidencias hicieron que algunos pensaran que la misma ‘liturgia’ ocurriría (…) pero nunca se me pasó por la cabeza. De momento, no, de momento, no. De verdad”, insistió.

No obstante, aseguró que dentro de algunos años podría considerar esta posibilidad, si la vejez o la enfermedad le impidieran realizar su labor.

Sobre su estado de salud, el Papa Francisco explicó que el agravamiento del problema en su rodilla se debió a una fractura provocada por un paso en falso, misma que se está curando poco a poco con tratamiento láser y con imanes. “”Estoy bien, voy mejorando poco a poco”.

Sin embargo, lamentó que esto provocara el aplazamiento de su viaje a África, por indicaciones médicas. En esta visita apostólica tenía previsto visitar la República Democrática del Congo y Sudán del Sur.

¿Visitas a Rusia y Ucrania?

Además, el Papa insistió en su deseo de visitar las capitales de Rusia y Ucrania, para hacer un llamado a la paz que pueda abonar a detener la invasión, algo que finalmente podría ocurrir después de la Visita Apostólica a Canadá, que se llevará a cabo del 24 al 30 de julio.

“Me gustaría ir a Ucrania, y primero quería ir a Moscú. Intercambiamos mensajes al respecto, porque pensé que si el presidente ruso me concedía una pequeña ventana para servir a la causa de la paz”.

“Y ahora es posible que, tras mi regreso de Canadá, pueda ir a Ucrania. Lo primero es ir a Rusia para intentar ayudar de alguna manera, pero me gustaría ir a las dos capitales”.

Esta oración puede liberar 1000 almas del purgatorio



Esta oración, revelada por Jesús a la mística santa Gertrudis la Grande en el siglo XIII, ayuda a las almas del purgatorio cada vez que se reza con amor

La religiosa benedictina santa Gertrudis (1256-1302), cuyo día se celebra el 16 de noviembre, fue confiada a la edad de cinco años al monasterio de Helfa cerca de Eisleben (Sajonia).

Famosa por su gran piedad, esta mística tuvo una visión de Cristo en la que le enseñó una oración que permitía liberar 1.000 almas del purgatorio cada vez que se rezara con amor:

Padre eterno, yo Te ofrezco la Preciosísima Sangre de tu Divino Hijo Jesús,

en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo

por todas las benditas ánimas del Purgatorio, por todos los pecadores del mundo,

por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.

“Cada vez que liberas un alma del purgatorio, haces un acto que me complace, que no sería más grande si me hubieras salvado del sufrimiento”, le habría dicho el Señor a la santa.

“A su debido tiempo, recompensaré a mis liberadores según la abundancia de mis riquezas. Los fieles liberarán un alma con más rapidez si sus oraciones se dicen con más o menos fervor y también según los méritos que cada uno haya adquirido durante su vida”.

¿Hay que inclinarse o mirar hacia arriba en la elevación en misa?



Hagas lo que hagas, considera realizar alguna acción de reverencia cuando Jesús se haga presente en los elementos consagrados

En una misa católica romana, la consagración del pan y el vino suele estar marcada por la elevación de la hostia y el cáliz, a menudo acompañada por el sonido de la campana.

Además, a menudo hay un breve período de silencio, cuando el sacerdote no dice nada y simplemente levanta la hostia o el cáliz para que todos lo vean. Después de cada elevación, el sacerdote hace una genuflexión.

Si en ese momento una persona está de pie, ¿habría que inclinarse o bien mirar hacia arriba a la elevación en la misa?

Un poco de historia

Después de que la elevación de la hostia y el cáliz se introdujeron en la misa en el siglo XIII, una de las respuestas más comunes de la gente fue inclinar la cabeza en reverencia.

Fue una acción para reconocer la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía, reconociendo la llegada del Rey de reyes.

En el siglo XVI, este gesto fue prescrito por varios concilios y se convirtió en una respuesta estándar.

Sin embargo, san Pío X sugirió una respuesta diferente, animando a los fieles a mirar hacia arriba y adorar la hostia eucarística.

San Pío X concedió una indulgencia a cualquiera que dijera: “Señor mío y Dios mío…» con fe, piedad y amor, mirando al Santísimo Sacramento, ya sea durante la elevación en la Misa, o cuando se expone en el altar.

Jesús está ahí

Muchos católicos rezan esta oración en silencio mientras contemplan la hostia elevada y rezan “Jesús mío, misericordia” en la elevación del cáliz.

Podemos inclinar la cabeza cuando el sacerdote hace una genuflexión después de cada elevación.

Ambos gestos se pueden hacer con fe y pueden conducir a un aumento del amor de Dios.

La Instrucción General del Misal Romano indica: “[Los fieles] estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración” (IGMR 43).

Hagas lo que hagas, considera realizar alguna acción de reverencia cuando Jesús se haga presente en los elementos consagrados.

¿De verdad hay extraterrestres y OVNIs en la Biblia?



¿Por qué la primera versión de la Biblia “Nácar-Colunga” hablaba de "alienígenas"?

Una anécdota sucedida en Facebook puede servirnos para ir más allá y conocer mejor la Sagrada Escritura. Recientemente publiqué en esta red social una fotografía de una página de la Biblia. Se trataba del Salmo 144, y en sus versículos 7-8 se podía leer:

“Tiende tus manos desde lo alto y líbrame de la muchedumbre de las aguas, de mano de los alienígenas, cuya boca habla dolosamente y cuya diestra es diestra de perfidia”.

¿Alienígenas? La sorpresa de casi todos se hacía evidente.

No podía tratarse de algún corrector automático malvado que hubiera dañado así el texto bíblico, dada la antigüedad del texto impreso: la Biblia “Nácar-Colunga”.

La primera edición de esta Biblia data de 1944. Supuso un importante avance en la lectura de la Biblia en España, al ser publicada y divulgada enormemente por la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).

Algunos amigos avispados dieron enseguida con la razón de tal palabra en el versículo, que no sorprendería en aquellos años.

La primera: que “alienígena” significa, en su primera acepción, según el Diccionario de la Real Academia Española, “extranjero” (y sólo la segunda se refiere a “extraterrestre”).

La segunda y más importante: el texto latino de la Vulgata, donde se lee “de manu filiorum alienigenarum”… luego “alienígenas” era la traducción más literal, se mire por donde se mire.

En la última traducción española, la de la Conferencia Episcopal, pone “de la mano de los extranjeros”.

Una reacción curiosa que suscitó compartir esta página bíblica fue la de varias personas que se interesaron por la presencia o no de extraterrestres y OVNIs (objetos volantes no identificados) en la Escritura. Vamos allá.

¿De dónde viene esto? El imaginario esotérico

En la producción cultural de tipo esotérico-mistérico-paranormal, que engloba programas de radio y televisión, libros, revistas y páginas de Internet, uno de los temas que aparece con cierta frecuencia es el de identificar los personajes y hechos sobrenaturales de la Biblia con los extraterrestres.

Se viene a decir, en resumen, que lo que a ojos de los antiguos parecían ángeles, hoy “sabemos” que son alienígenas.

Como señaló en una ocasión el popular escritor español J.J. Benítez, creador de la saga novelesca Caballo de Troya, “la Biblia es el mejor libro de ovnis que existe”. Y muchos se lo creen.

Aquí el problema ya no está en la historicidad de lo que se cuenta ni en la crítica textual. Para ellos no es un problema exegético ni hermenéutico.

Por el filón “misterioso” que tiene en sí misma la Sagrada Escritura, en este contexto esotérico se da por hecho que lo que se ha puesto por escrito es cierto.

Pero se le aplica el criterio de la ignorancia.

Los hagiógrafos –las personas concretas que escribieron la Biblia– no poseían los conocimientos actuales ni sabían que existían seres inteligentes en otros planetas.

Por ello daban una explicación religiosa a todo aquel hecho extraordinario del que eran testigos.

Algunos ejemplos del Antiguo Testamento

Un ejemplo podemos verlo en el episodio de la zarza ardiente que vio Moisés, una zarza que inexplicablemente ardía sin consumirse.

¿Cómo lo explican? Diciendo que se trataba de un caso de utilización de la luz artificial, desconocida entonces en la Tierra pero empleada en otras culturas más avanzadas tecnológicamente.

De la misma manera, lo que había detrás de aquella presencia divina que guiaba al pueblo de Israel por el desierto (en forma de columna de nube durante el día y de fuego por la noche) no sería otra cosa que “una aeronave que se mantenía a cierta altura”.

Está claro que todo contacto humano con ángeles o con el mismo Dios –de los que está repleta la Biblia entera, no sólo el Antiguo Testamento– no sería otra cosa que un “encuentro en la tercera fase”, empleando el lenguaje cinematográfico de la ciencia-ficción.

Como resumíamos antes, los ángeles eran extraterrestres. Grandes acontecimientos como el diluvio universal o la destrucción de Sodoma y Gomorra, debidos ambos a un fenómeno que vino “de lo alto”, habrían sido causados por esos seres superiores venidos de otros planetas o galaxias.

Como “prueba irrefutable” de esta presencia alienígena en la primera mitad de la Biblia los autores de este subgénero presentan la ascensión del profeta Elías al cielo, que tuvo lugar en un carro de fuego (también se asemejaría el rapto del patriarca Enoc).

La escena les sirve a los defensores de estas teorías para afirmar sin duda alguna que nos encontramos ante un episodio de “abducción” o secuestro extraterrestre.
Jesucristo: ¿un mesías extraterrestre?

Después de todo lo visto hasta ahora, casi parece lógico pensar que Jesús de Nazaret, nacido en circunstancias tan especiales, sería claramente un extraterrestre.

Comenzando con su concepción virginal, que no rechazan –dado que está clara en el texto evangélico–, sino que reinterpretan en clave de “operación de inseminación artificial” realizada en el cuerpo de María gracias a lo avanzado de la ciencia y de la técnica alienígenas.

De esta manera, como Superman, Cristo sería el enviado de una civilización extraterrestre con la misión de salvar a la humanidad.

Y si hay que reconocer que es el Hijo de Dios, no hay problema. Ningún atisbo de herejía, como puede verse.

Sin embargo, lo importante es el cambio de significado que se le está dando a los términos cristianos: sería el hijo del líder de una raza de seres de otro planeta.

Todos los hechos de la vida de Jesús son, de este modo, interpretados a la luz de lo ufológico.

Por ejemplo, esa estrella que guía a los magos de Oriente, estrella que aparece, desaparece, reaparece y acaba quedándose quieta en el lugar donde está el Niño… ¡es una nave espacial!
Los anuncios y apariciones de los ángeles en torno a su nacimiento… ¡contactos con extraterrestres!

El bautismo en el Jordán… ¡la designación interplanetaria del enviado especial! La entrada en la nube que tuvo lugar en la transfiguración… ¡una visita a la nave espacial luminosa!

Yendo al misterio pascual, momento culminante de la vida de Jesús, también tiene su interpretación extraterrestre.

La Resurrección es el inicio del regreso del Cristo alienígena a su civilización originaria, dejando a unos humanoides como recaderos del asunto, que serían los ángeles con vestidos refulgentes que vieron María Magdalena y los apóstoles.

Como acontecimiento definitivo, la Ascensión, que vuelve a ser una abducción en una nave espacial que se lleva a Jesús a su lugar.

Relativismo

Es muy significativa esta afirmación que he encontrado en una web dedicada a divulgar estos disparates: “la referencia a ovnis en los tiempos bíblicos es constante, cuando se lee la Biblia con la predisposición favorable para ello”. Esta es la cuestión: el relativismo.

La exégesis bíblica es un saber contrastado, con sus métodos y su rigor.

La lectura creyente de los textos sagrados tiene en cuenta las aportaciones de la interpretación académica y, además, lee la Biblia con la perspectiva de la fe, como un libro en el que Dios se está revelando.

Ahora algunos quieren demostrar que es más moderna y más racional la interpretación extraterrestre, que se establecería como un nuevo criterio de lectura de la Sagrada Escritura.

Hallamos así los efectos devastadores de un positivismo que llegó a erigirse en cosmovisión religiosa: el ser humano, en su evolución cultural, vive una transición de la mitología religiosa a la explicación filosófica, para terminar, en el cúlmen de su intelectualidad, en un pleno saber científico, lo más racional del mundo, desterrada ya toda religión y toda metafísica.

Y al final, pienso yo, hemos pasado de creer en Dios con unos fundamentos racionales a creer en los extraterrestres –quiénes son, cuántos, de dónde vienen… no lo sabemos–, sobre multitud de fundamentos irracionales.

Porque para el hombre postmoderno da igual creer en uno o en otros.

La importancia del origen

Tiene razón Benedicto XVI cuando inicia La infancia de Jesús con la pregunta “¿De dónde eres tú?”.

La cuestión acerca del origen de Jesús tiene mucho que decirnos sobre su identidad y su misión, quién es y para qué ha venido.

La Biblia muestra claramente la naturaleza especial –y no “espacial”– del Dios que se hace hombre para salvar a los hombres.

Si bien es verdad que se trató de una intervención sobrenatural del Eterno en el tiempo, lo hizo de manera totalmente histórica, y así el Verbo de Dios nació como hombre, vivió como hombre y murió como hombre. Y por el poder divino, resucitó de la muerte.

Un Dios cercano

¿Por qué será que muchos prefieren un Dios algo más lejano (o unos dioses varios igual de alejados) que de forma condescendiente y paternalista nos mande un recadero en un platillo volante, con cosmonautas de apoyo y luces fluorescentes?

No, no es ése el Dios revelado en la Biblia y encarnado en Palestina.

El misterio de su persona lo resumieron bien sus escépticos paisanos cuando decían:

“¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?” (Jn 6,42).

Del cielo, que es la morada de Dios. No del cielo estrellado de los ovnis.

De gladiador a exorcista: Russell Crowe protagonizará al padre Amorth



Rossell Crowe, mundialmente famoso por la película de El Gladiador, ahora interpretará al padre Gabriel Amorth.

Al parecer todo está listo para que la película sobre la vida del padre Gabriel Amorth, fallecido en septiembre 2016, comience a grabarse a finales de este año.

Si bien ya existe un documental sobre el Padre Amorth en Netflix, titulado The Devil and Father Amorth, ésta sería la primera película en torno a quien por más de 30 años dedicó su vida a la Pastoral de Liberación.

La participación de Crowe

Según reporta Zenith, la productora Screen Gems ha informado que será el actor Russell Crowe, internacionalmente famoso por haber sido el protagonista de la cinta El Gladiador, quien interprete el papel del padre Gabriel Amorth.

Julius Avery, quien será el director de la cinta, señaló: “Siempre ha sido mi objetivo trabajar con Russell. Colaborar con él en la increíble The Exorcist´s Pope es realmente un sueño hecho realidad para mí”.

¿Quién fue el padre Amorth?

El padre Gabriele Amorth fue el exorcista más famoso del mundo; durante 30 años atendió casos de posesiones demoniacas, periodo en el que realizó alrededor de 70 mil exorcismos.

En 1990 fundó la Asociación Internacional de Exorcistas, organización que presidió hasta el año 2000, y que posteriormente fue reconocida jurídicamente por El Vaticano al recibir el visto bueno de la Congregación para el Clero.

Nació el 1 de mayo de 1925 en Módena (Italia), se unió a la Sociedad de San Pablo en 1947, se ordenó como sacerdote en 1951 y en 1985 fue nombrado Exorcista oficial de la Diócesis de Roma.

Su nombramiento como exorcista oficial de dicha diócesis hizo de él una celebridad mundial, y en diversas entrevistas concedidas a medios de comunicación llegó a asegurar que recibía hasta 600 peticiones al día para celebrar exorcismos.

Sacerdote brasileño recoge perros callejeros y pide a fieles adoptarlos



La Parroquia de Sant’Ana en Gravatá, en la Diócesis de Caruaru (Brasil), se ha convertido en un cálido hogar para perros callejeros, gracias a la labor del padre João Paulo Araujo Gomes, quien ha sido noticia en varios medios de comunicación por recoger a estos animales para posteriormente darlos en adopción.

Su amor por estos perritos le ha acarreado varias críticas, por parte de quienes, en su soberbia, piensan que sólo los seres humanos son merecedores de afecto y protección. Pero para él no es raro que haya personas que critiquen a quienes protegen animales, o que quieran creer que el amor por ellos está por encima del amor a Dios y al prójimo.

No han sido pocos los reportajes que se han hecho sobre la labor de este sacerdote, quien, entre otras cosas, cuenta que tiene un comedor para los animales y ofrece atención para los que llegan heridos.

Aunque ningún medio cita la fecha en que el padre João Paulo Araujo Gomes inició esta labor, medios de comunicación como La Vanguardia recuerdan un famoso episodio de antaño, en que un grupo de fieles llevó a la parroquia gallinas para ser vendidas con fines caritativos. “Yo les propuse recoger perritos, adoptarlos y permitirles que estuvieran en la iglesia”, expresó el sacerdote.

El padre João Paulo Araujo Gomes cuenta con varios voluntarios que lo apoyan en esta tarea. El trabajo que realiza es posible apreciarlo a través de su red social Instagram, gracias a la publicación de fotos y videos.

En su último mensaje, el padre João Paulo publicó: “Quizás pienses: la Palabra dice amar a las personas y no a los animales. ¡Qué falta de fe! Cuando amo, rescato o protejo a un animal, estoy amando, protegiendo y rescatando a la humanidad. Mateo 25 dice que seremos juzgados en el amor. ¡Ama a todos, incluida la naturaleza y los animales, y no temas que las puertas del cielo se te abran!”.

¿Quién es Fray Bigotes y por qué es tan viral en las redes sociales?



La historia de Fray Bigotes es un testimonio contundente de cómo la adopción de mascotas les puede abrir la puerta a una vida más digna.

Las mascotas se han vuelto parte importante de las familias; reciben el amor y cuidados que hasta hace algunos años no se les tenía. Y la historia de Fray Bigotes es precisamente un testimonio de cómo este cambio de conciencia en la sociedad puede darle a los animalitos una vida digna.

Fray Bigotes es un perrito schnauzer, raza que se caracteriza por el bigote en la parte superior del hocico, pero también por su estado siempre alerta y una gran lealtad hacia sus dueños. Pero lo que lo distingue a este perrito de otros de su raza es su hábito franciscano color marrón, lo que ha provocado una gran ternura en las redes sociales.

La historia de Fray Bigotes

Este perrito fue adoptado por la comunidad de los franciscanos de Cochabamba, Bolivia. Fue un religioso polaco quien lo llevó a vivir al convento, pues un feligrés se lo había dado en adopción.

Cuando llegó, el cachorro tenía sólo un mes de edad, y desde entonces se convirtió en parte de esa familia religiosa, pero bajo el nombre de Carmelo. Fue tiempo después, cuando empezó a aparecer en las redes, que los propios usuarios le pusieron el mote de Fray Bigotes.

La primera foto de él que aparece en Facebook data del 30 de julio de 2017, hace cinco años. La congregación lo presumía entonces como un cachorro juguetón.

Pero fue el 17 de agosto del 2021 cuando Bigotón –como también se le conoce- se hizo viral tras la publicación de una fotogalería en la que se le observa vestido como franciscano, caminando por los jardines del convento, viendo nadar a unos peces en la fuente y tomado de las patas por dos religiosos.

Tan grande fue el impacto, que en abril de 2019, fray Jorge Fernández, quien es su principal cuidador, se vio en la necesidad de llevar a cabo un live a través de Facebook para aclarar algunas dudas y cuestiones en torno a Fray Bigotes.

Ahí explicó que Fray Bigotes no lleva encima todo el tiempo la vestimenta, sino que solamente se le ha puesto para tomar algunas fotografías. De hecho, el hábito es de un muñeco de peluche que los franciscanos suelen utilizar para evangelizar a los pequeños.

En febrero de este 2022, Fray Jorge abrió su cuenta en TikTok @fraygorgeyfraybigoton en la que también se muestran varios videos del perrito jugando, por ejemplo, con un gato llamado Michi que también vive en el convento, así como con su cría macho de nombre Metodio, porque Fray Bigotes ya es papá.

Más allá de ser famoso

Pero el cariño que la gente tiene por Fray Bigotes no depende sólo de lo que se muestra en las redes sociales.

El perrito se ha convertido también en bandera para la adopción de mascotas en Cochabamba, Bolivia, a través de un proyecto llamado Franciskanitos, una organización sin fines de lucro, dirigida por laicos, para dar en adopción a mascotas maltratadas o abandonadas.

Esta organización ha sido inspirada en la vida de Fray Bigotes, que si bien no llegó al convento en condiciones de abandono, sí fue adoptado por la familia religiosa, cuyo fundador, San Francisco de Asís, es el principal patrono de los animales.

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