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¿Nació María sin pecado? Respondiendo a un artículo protestante.


Afirmación protestante:  La Iglesia Católica Romana cree que María, la madre de Jesús, nació sin pecado. Esto se llama la doctrina de la Inmaculada Concepción y fue formalmente aceptada por la Iglesia Católica Romana en 1854. La doctrina católica romana establece que "La bendita Virgen María [fue] desde el primer instante de su concepción, por una gracia y privilegio singulares de Dios Todopoderoso, en vista de los méritos de Cristo Jesús, el Salvador de la humanidad, preservada libre de toda mancha del pecado original "(Papa Pío IX, Ineffabilis Deus, diciembre de 1854). En resumen, la Biblia no respalda esta afirmación en lo más mínimo, afirmando continuamente que Jesucristo es la única persona que ha nacido sin pecado.

Respuesta católica: La doctrina de la Inmaculada Concepción de María se refiere a que ella fue preservada del pecado original desde el momento de su concepción. Aunque la Biblia no menciona específicamente este evento, podemos encontrar pistas que sugieren esta enseñanza, como el saludo del ángel Gabriel a María como "llena de gracia" en Lucas 1,28. Además, la Iglesia tiene autoridad para interpretar las Escrituras y definir doctrinas de fe, y la Inmaculada Concepción fue formalmente aceptada en 1854 con respaldo de esa autoridad. Esta doctrina no contradice a la biblia ni a la singularidad de Jesucristo como el único sin pecado, sino que resalta su gracia redentora. Dios libró a María del pecado por los mérito de Cristo. Cristo es sin pecado por naturaleza (es Dios), María es sin pecado por la obra de Dios en ella.

Afirmación protestante: La idea de que María no tenía pecado se basa principalmente en un versículo de la Biblia. Cuando el ángel Gabriel se le apareció a María, dijo: "—¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo." (Lucas 1:28). La frase "recibido el favor" se puede traducir como "favorecida con gracia". La Biblia Douay-Rheims y la Biblia Aramea en Inglés Sencillo lo traducen como "llena de gracia". Los teólogos católicos romanos afirman que esta era la forma en que Gabriel le daba un nuevo nombre a María porque usa esta frase para dirigirse a María. La Iglesia Católica Romana enseña que, como en otras ocasiones las personas han sido renombradas en la Biblia, este cambio de nombre revela una parte de su carácter: María, favorecida con gracia, significa que está llena de la gracia de Dios, lo que dicen que refleja una naturaleza sin pecado. Incluso si este es Gabriel revelando una parte del carácter de María, ser "favorecida con gracia" o "llena de gracia" no significa que ella esté sin pecado. Hay una brecha teológica definida entre tener gracia y estar sin pecado.

Respuesta católica: Es cierto que el saludo del ángel Gabriel a María, "llena de gracia" o "favorecida con gracia", como se registra en Lucas 1,28, es un pasaje clave en el que se basa la doctrina de la Inmaculada Concepción. Sin embargo, la interpretación de este pasaje va más allá de un simple cambio de nombre o una mera expresión de favor divino.

Cuando el ángel Gabriel saluda a María como "llena de gracia", está reconociendo no solo un favor divino presente en ese momento, sino también una gracia que ha estado con ella desde el principio de su existencia. El uso del término "llena de gracia" en griego, "kecharitomene", implica una plenitud y una perfección de gracia que no se encuentra en ningún otro personaje bíblico. Esta gracia singular indica una intimidad especial con Dios y una preservación del pecado original.

Además, es importante considerar el contexto cultural y lingüístico en el que se escribió el Evangelio de Lucas. En la cultura judía de la época, el nombre de una persona no solo era una etiqueta, sino que reflejaba su identidad y carácter. Por lo tanto, el uso del término "llena de gracia" por parte del ángel Gabriel para dirigirse a María sugiere una cualidad intrínseca y distintiva en su ser.

La enseñanza de la Iglesia Católica sobre la Inmaculada Concepción de María no se basa únicamente en este pasaje, sino que también encuentra apoyo en la tradición apostólica y en la comprensión más amplia de la fe cristiana. Desde los primeros tiempos de la Iglesia, los cristianos han reconocido la santidad especial de María y su papel único en la historia de la salvación.

Afirmación protestante: Independientemente de si Gabriel le estaba dando un nuevo nombre a María o no, la doctrina católica romana malinterpreta las Escrituras aquí para decir algo que no dicen. La palabra griega traducida como "favorecido" es charitoo, que significa "agraciar" u "honrar con bendiciones". El griego para "llena de gracia" es pleis charis, y se usa dos veces en la Biblia, refiriéndose a Jesús y a Esteban (Juan 1:14; Hechos 6: 8). Se hace referencia a Esteban como lleno de gracia, pero nadie afirma que él no tiene pecado por eso. Al ser la madre de Jesús, María fue honrada con las bendiciones de Dios. Pero esto no implica impecabilidad.

Respuesta católica: La interpretación de Lucas 1,28 como evidencia de la Inmaculada Concepción de María no es una mera invención de la doctrina católica, sino una comprensión profunda y coherente de la Escritura en su contexto. Aunque es cierto que la palabra griega "charitoo" puede traducirse como "agraciar" u "honrar con bendiciones", la frase "llena de gracia" va más allá de una simple bendición externa. En el contexto bíblico, esta expresión indica una gracia especial y una relación única con Dios, un estado de gracia tan pleno donde el pecado no puede cohabitar.

Si bien la misma frase se usa para describir a Jesús y a Esteban en otras partes de la Biblia, no se puede ignorar el contexto particular en el que se presenta en relación con María. Como madre de Jesús, María ocupaba una posición singular en la historia de la salvación, y su papel requería una preparación especial por parte de Dios.

La doctrina de la Inmaculada Concepción no se basa únicamente en una palabra específica en la Escritura, sino en la comprensión más amplia de la revelación divina y la enseñanza de la Iglesia a lo largo de los siglos. Esta enseñanza resalta la gracia redentora de Dios y la singularidad de María como la mujer elegida para ser la Madre de su Hijo. Por lo tanto, descartar esta doctrina como un mero malentendido de la Escritura es pasar por alto su riqueza teológica y su coherencia con la fe cristiana.

Afirmación protestante: Si María fuese sin pecado, no habría tenido necesidad de un salvador, sin embargo, ella dice: "Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador," (Lucas 1:47). La doctrina católica romana enseña que María fue "salvada", pero que su salvación ocurrió en el momento de su concepción, y se le impidió heredar el pecado original. Para apoyar el acto de Dios de "salvar" a María en la concepción, la Iglesia Católica Romana usa Judas 1:24, que dice que Dios "puede guardarlos para que no caigan, y establecerlos sin tacha". Es una manipulación de la Escritura decir que esto significa que Dios evitó que María heredara el pecado original. Dios puede evitar que caigamos en la tentación (1 Corintios 10:13; Mateo 6:13). Cuando somos salvos en Jesucristo, tenemos seguridad eterna. Por su sacrificio somos irreprensibles ante Dios. Pero en ninguna parte las Escrituras apoyan o incluso implican que una persona puede ser libre de pecado desde la concepción. De hecho, la Biblia enseña todo lo contrario. Romanos 3: 10–12, citando el Salmo 14 y el Salmo 53, dice: "No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!" María no escapó del pecado original.

Respuesta católica: La afirmación de que María no pudo haber sido sin pecado porque se refiere a Dios como su Salvador en Lucas 1,47 no contradice la doctrina católica de la Inmaculada Concepción. La Iglesia enseña que María fue "salvada" de manera única por la gracia de Dios en el momento de su concepción, lo que la preservó del pecado original, pero esto no significa que no necesitara de un Salvador. 

María fue salvada por Dios al igual que nosotros, por gracia, pero la gracia para ella fue otorgada de manera plena y al momento de ser concebida y la salvación en nosotros llegó después de nacer.

Cuando María declara "Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador", reconoce a Dios como su Salvador en un sentido profundo y espiritual. Aunque María fue preservada del pecado original, aún necesitaba la redención de Cristo, ya que su salvación fue anticipada y aplicada de manera única y anticipada por Dios. Este acto de gracia no implica que María no necesitara de la redención de Cristo, sino que fue liberada del pecado por la anticipación de los méritos de la cruz.

Respecto a la interpretación de Judas 1,24, es importante entender que la Iglesia no manipula la Escritura para respaldar la doctrina de la Inmaculada Concepción. Más bien, interpreta este pasaje en el contexto de la enseñanza bíblica y la tradición apostólica. La Iglesia ve en este versículo una indicación de la capacidad de Dios para preservar a sus fieles del pecado y establecerlos sin mancha, como lo hizo con María.

En cuanto a las citas de Romanos 3,10-12, estas versículos resaltan la universalidad del pecado humano, pero no invalidan la posibilidad de una gracia especial y única como la experimentada por María. La doctrina de la Inmaculada Concepción no contradice la enseñanza bíblica sobre la universalidad del pecado, sino que afirma la singularidad de la gracia divina en la vida de María.

En resumen, la declaración de María como "llena de gracia" y su referencia a Dios como su Salvador no son incompatibles con la doctrina católica de la Inmaculada Concepción. Esta doctrina enseña que María fue preservada del pecado original por la gracia de Dios, anticipando los méritos de Cristo en la cruz, mientras que aún dependía de la redención de Cristo para su salvación personal.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Por qué la apologética ha caído en una guerra absurda de insultos y odio con los hermanos separados?


Pregunta: Padre, ¿Por qué la apologética ha caído en una guerra absurda de insultos y odio con los hermanos separados? ¿Es correcto llamarle "embangélicos" a los protestantes como les dice el Padre Luis Toro?

Querido hermano en Cristo,

Es un honor poder abordar contigo un tema tan importante y delicado como la apologética, especialmente cuando esta se ve envuelta en un escenario de confrontación y discordia. Antes que nada, quiero recordarte que nuestra fe está fundamentada en el amor de Dios y en el ejemplo de Cristo, quien nos enseñó a amar incluso a nuestros enemigos y a orar por aquellos que nos persiguen (Mateo 5,44). Por lo tanto, cualquier forma de apologética que carezca de este amor no puede considerarse verdaderamente apologética en el sentido cristiano.

La apologética, en su esencia más pura, busca defender y explicar la fe católica de manera razonada y amorosa, con el fin de ayudar a otros a comprenderla y aceptarla. Sin embargo, lamentablemente, en ocasiones la apologética ha sido malinterpretada y mal aplicada, cayendo en lo que popularmente se conoce como la "apologética del garrote". Este enfoque erróneo se caracteriza por el uso de insultos, burlas, ridiculizaciones e incluso memes para atacar a quienes discrepan de nuestras creencias. He llegado a ver en redes sociales incluso que algunos "apologetas" se meten con las familias de los "apologetas" del "bando contrario", haciendo burlas o divulgando chismes sobre sus vidas privadas, lo que además de ser vergonzoso, es pecado. Debemos entender que este tipo de actitudes no tienen cabida en la verdadera apologética cristiana.

La Biblia nos enseña en Efesios 4,29 que nuestras palabras deben ser edificantes y beneficiosas para los demás, y en Colosenses 4,6 se nos exhorta a hablar "siempre con gracia, sazonando nuestras palabras con sal para que sepamos cómo responder a cada uno". Esto significa que nuestra forma de comunicarnos, especialmente cuando estamos defendiendo nuestra fe, debe reflejar el amor y la gracia de Cristo operando en nuestros corazones en todo momento.

La apologética auténtica no busca denigrar ni menospreciar a quienes no comparten nuestra fe, sino más bien buscar puntos de encuentro y diálogo constructivo. Es importante recordar que todos somos hijos de Dios y que, como tales, merecemos ser tratados con respeto y dignidad, independientemente de nuestras diferencias doctrinales.

Respecto a la mención que haces del Padre Luis Toro y su estilo de apologética, es necesario abordar este asunto con delicadeza y respeto. El Padre Toro tiene un profundo conocimiento bíblico, un robusto amor por la Iglesia y una pasión inquebrantable por defender la fe católica y su ministerio apologético es un gran tesoro para los católicos que de hecho ha logrado que muchos hermanos separados vuelvan a la Iglesia católica. Pero si se me permite hacer una pequeña crítica en forma de corrección fraterna, y siempre desde el amor y respeto hacia el Padre Toro y su valiosa labor, diría que es importante reconocer que algunas de sus expresiones pueden haber contribuido a fomentar la confrontación y el antagonismo entre católicos y hermanos separados.

El uso de términos despectivos como "embangélicos" para referirse a los evangélicos, por ejemplo, no refleja el espíritu de amor y respeto que debería caracterizar a la apologética cristiana. En lugar de construir puentes de entendimiento y fraternidad, este tipo de lenguaje puede alimentar divisiones y resentimientos, alejando a las personas en lugar de acercarlas a la verdad del Evangelio.

Como amigos y hermanos en la fe, es nuestro deber promover un diálogo respetuoso y constructivo entre católicos y hermanos separados, reconociendo que todos estamos en un camino de búsqueda de la verdad y que podemos aprender unos de otros. Esto no significa renunciar a nuestras convicciones, sino más bien expresarlas de una manera que invite al entendimiento mutuo y al respeto por la dignidad de cada persona.

En resumen, la apologética del enfrentamiento, marcada por insultos, burlas y ridiculizaciones, no tiene lugar en la verdadera apologética cristiana. Como discípulos de Cristo, estamos llamados a defender nuestra fe con amor, respeto y humildad, buscando siempre construir puentes de unidad y fraternidad entre todos los hijos de Dios. Oremos para que el Espíritu Santo nos guíe en este camino de verdad y amor, y que podamos ser verdaderos testigos del Evangelio en todo momento y lugar.

Que la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo estén contigo siempre.

Con cariño y bendiciones,

Padre Ignacio Andrade.

¿Dónde dice en la Biblia que María siempre fue virgen?


Me alegra mucho que te interese conocer más sobre la fe que compartimos como católicos. La virginidad perpetua de María es un tema muy importante en nuestra tradición, y aunque no hay un solo pasaje en la Biblia que lo afirme explícitamente, podemos encontrar evidencias sólidas que nos llevan a esta creencia.

Primero, hablemos de la virginidad de María antes del nacimiento de Jesús. Seguramente estás familiarizado con el relato del Evangelio según San Lucas, capítulo 1, versículos 26 al 38, donde el ángel Gabriel visita a María para anunciarle que será la madre del Salvador. En ese pasaje, María, asombrada por el mensaje, pregunta al ángel: "¿Cómo será esto, pues no conozco varón?". Esta pregunta revela que María había hecho un voto de virginidad, comprometiéndose a mantenerse virgen. El ángel responde que el Espíritu Santo vendrá sobre ella y que el hijo que nacerá de ella será llamado "Hijo de Dios".

Además, en el Evangelio según San Mateo, capítulo 1, versículos 18 al 25, se nos cuenta la historia del nacimiento de Jesús. Mateo nos dice que José, el esposo de María, al enterarse de que estaba embarazada, consideró divorciarse de ella en secreto. Esto sugiere que José no había tenido relaciones con María, ya que de lo contrario habría sido obvio que él no era el padre del niño.

Ahora, pasemos al tema de la virginidad de María después del parto. Este es un punto que a menudo genera debate, especialmente entre nuestros hermanos separados en la fe. Pero la tradición católica siempre ha mantenido firmemente la creencia en la virginidad perpetua de María.

Te invito a considerar lo que dice el profeta Ezequiel en el Antiguo Testamento. En Ezequiel 44,1-2, el Señor le dice al profeta que la puerta oriental del templo debe permanecer cerrada y que nadie debe entrar por ella, "porque el Señor, el Dios de Israel, ha entrado por ella, y permanecerá cerrada". Este pasaje se interpreta en la tradición católica como un tipo o prefiguración de la virginidad de María, quien fue el tabernáculo viviente de Dios, y cuya virginidad permaneció cerrada incluso después del nacimiento de Jesús.

Además, en el Evangelio según San Mateo, capítulo 1, versículo 25, leemos que José "no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito". La palabra "hasta" en este contexto no implica que José y María hayan tenido relaciones después del nacimiento de Jesús, sino que simplemente indica que José no tuvo relaciones con ella antes del nacimiento de Jesús. Esta expresión "hasta que" se encuentra en otros pasajes de la Biblia donde no implica un cambio después del "hasta que" (por ejemplo, en Mateo 28,20, donde Jesús dice: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo").

Otro punto a considerar es que Jesús, en la cruz, confía a María al cuidado del apóstol Juan, diciendo: "Mujer, ahí tienes a tu hijo" y a Juan, "Ahí tienes a tu madre" (Juan 19,26-27). Este acto de confianza indicaría que María no tenía otros hijos que pudieran cuidar de ella, lo que es coherente con la enseñanza de la virginidad perpetua.

En cuanto a la virginidad de María por toda su vida, aunque la Biblia no lo afirma explícitamente, existen evidencias indirectas que apuntan en esa dirección. Volvemos nuevamente al Evangelio según San Juan, capítulo 19, versículo 26, donde como ya vimos antes, se menciona que Jesús, en la cruz, confía a María al cuidado del apóstol Juan. Si María hubiera tenido otros hijos, lo más probable es que Jesús los hubiera encomendado a ellos en lugar de a Juan. Este pasaje sugiere que María no tenía otros hijos aparte de Jesús.

Además, en los escritos de los primeros padres de la Iglesia, que son testigos de la tradición apostólica, encontramos afirmaciones claras sobre la virginidad perpetua de María. Por ejemplo, San Ignacio de Antioquía, quien fue discípulo de los apóstoles, escribió en su carta a los efesios: "Porque nuestro Dios, Jesucristo, nació de María, de la simiente de David, pero también del Espíritu Santo".

En resumen, aunque la Biblia no menciona explícitamente que María fue virgen después del parto y por toda su vida, podemos encontrar evidencias sólidas tanto en la Escritura como en la tradición apostólica que respaldan esta creencia. La virginidad perpetua de María es un aspecto importante de nuestra fe católica, que nos recuerda la singularidad y la santidad de la Madre de Dios. Espero que estas reflexiones te ayuden a comprender mejor este misterio de nuestra fe. Si tienes más preguntas, ¡no dudes en hacerlas! Estoy aquí para ayudarte en tu camino de fe.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Juan 5, 39: La Reina-Valera aleja a los protestantes de Jesús en la Eucaristía y de la vida eterna.

 

 
Hasta hace tiempo no creía que fuera tan importante la cuestión de las versiones bíblicas, si realmente era tan importante elegir entre ésta o aquella otra; pensaba que básicamente todas decían lo mismo, pero poco a poco he ido comprendiendo la importancia de la traducción, y he ido entendiendo cuan grandemente es equivocada la doctrina protestante en buena medida gracias a las malas traducciones.

Uno de los versículos más usados por el mundo protestante para sostener su doctrina de la "sola escritura" (doctrina desconocida, dicho sea de paso, en toda la antigüedad cristiana durante los primeros 1500 años) es el del Evangelio de San Juan 5, 39. En este versículo, según el pensamiento protestante y neoevangélico, Jesús estaría mandando a escudriñar las Escrituras como medio para alcanzar la vida eterna.

He participado en múltiples debates donde los adherentes del protestantismo han citado este versículo como "argumento" para defender que los cristianos deberíamos sustentarnos en la biblia y solo en la biblia, y buscar en ella, y solo en ella, nuestra salvación, e incluso no es extrañó que acompañen sus comentarios con alguna imagen con un bonito diseño donde se muestra una biblia y el versículo citado, pero, ¿realmente Jesús estaba mandando a escudriñar las Escrituras para encontrar la vida eterna, o estaba más bien reprochando a quienes creían que la vida eterna está encerrada en un libro?

La versión de la biblia Reina-Valera 1960, una de las más famosas y usadas en las congregaciones protestantes, dice:

"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí".

Cuando la traducción de la Reina-Valera usa erróneamente el imperativo "escudriñad", el lector es inducido a creer que Jesús le está dando la orden de estudiar infatigablemente las Escrituras porque "en ellas tienen vida eterna", y de este modo está puesto todo sobre la mesa para que se exacerbe el fundamentalismo 'solobiblista' y el evangélico protestante crea que está en todo lo correcto al prescindir del Magisterio, de la Tradición, de los Sacramentos, en pocas palabras, que puede rechazar a la Iglesia (con todo el depósito de la fe contenido en ella), como necesaria para la salvación.

No es difícil comprender la profunda división de denominaciones y sub-denominaciones protestantes -grupos de la misma corriente doctrinal pero divididos formalmente en distintas estructuras, organizaciones y congregaciones debido a las distintas interpretaciones bíblicas sobre éste u otro tema en particular-, cuando se parte de una premisa según la cual el creyente solo necesita su biblia. Incluso no es extraño observar que muchos hermanos separados se alejan de sus propias congregaciones y deciden llevar su fe de manera aislada y personal, sin asistir a ninguna comunidad protestante y hasta defender su aislamiento bajo el pretexto de que "la verdad no está en ninguna iglesia o religión", sino "solo en la biblia", por lo que lo único que necesitan es "la Palabra de Dios". ¿Y cómo no van a pensar así si les han hecho creer que el cristianismo se reduce a leer un libro?

La primera vez que leí Juan 5, 39 fue precisamente en una Reina-Valera 1960, y ya desde la primera ocasión que lo leí me pareció interesante que Jesús dice "porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna"; fíjense que no dice "porque en ellas tenéis la vida eterna", sino "a vosotros os parece"; Jesús nunca dijo que fuera así, más bien estaba haciendo una crítica a la creencia de aquellos a quienes se dirigía.

Al leer la versión católica de la Biblia de Jerusalén, observamos con mucha mayor claridad qué es aquello que el Señor Jesús quiso transmitir a los judíos que le escuchaban, veamos:

"Ustedes investigan las Escrituras, ya que creen tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mi".

Otras dos versiones católicas, la Biblia Latinoamericana, así como la versión llamada El Libro del Pueblo de Dios, dicen: "Ustedes escudriñan las Escrituras" y "Ustedes examinan las Escrituras", respectivamente.

Así vemos que cuando Jesús  habló de escudriñar, estudiar o examinar -Ἐραυνᾶτε (Eraunate)no lo hizo en un sentido imperativo, sino indicativo. Jesús estaba indicandodescribiendo o explicando lo que hacían los judíos, no estaba mandando a que lo hicieran como una condición imperativa para salvarse.

Y que Jesús habla en modo indicativo nos lo muestra el propio contexto con los versículos tanto anteriores como posteriores al 39.  Por ejemplo, si comenzáramos a leer desde el versículo 36 podríamos observar que Jesús les explica que las obras que Él realiza dan testimonio de que el Padre le envió. Los judíos estaban intentando encontrar en las letras la vida eterna que se les ofrecía delante de ellos en la Persona de Jesús, quien se les manifestaba por medio de sus obras.

Los versículos 37 y 38 son impresionantes por su profunda contundencia:
"37. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Ustedes no han oído nunca su voz, ni han visto nunca su rostro,
38. NI HABITA SU PALABRA EN USTEDES, porque no creen al que él ha enviado".
¡Ni habita su palabra en ustedes! Jesús le dice nada más y nada menos que a los expertos en las Escrituras, a los que las escudriñaban profusamente, ¡que la Palabra de Dios no habitaba en ellos! Escudriñaban las Escrituras, pero no tenían la Palabra, puesto que la Palabra de Dios es una Persona, no un libro; la Palabra de Dios es Jesús, en quien no habían creído a pesar de ver todas las cosas asombrosas que el Señor hacía frente a sus ojos.

Ahora bien, ¿de todo esto se desprende que las Escrituras son innecesarias? ¡Por supuesto que no! Jesús dice en el mismo versículo 39 que ellas daban testimonio de Él, refiriéndose, como es obvio, al ahora conocido como Antiguo Testamento -las únicas Escrituras que existían hasta el momento en que Jesús estaba hablando- el cual hablaba sobre la tan anhelada llegada del Mesías de Israel. Pero inmediatamente después de que les ha dicho que las Escrituras daban testimonio de su Persona, les deja clara la diferencia entre el testimonio y la vida: "y ustedes no quieren venir a mi para tener vida" (ver. 40).

Las Sagradas Escrituras están presentes los 365 días del año en toda la vida litúrgica de la Iglesia católica, pero entendemos que ellas son un testimonio que nos remiten siempre a la Persona Viva y Real de Jesús, de manera particular y especial en su Presencia en la Sagrada Eucaristía. De poco sirve leer sobre Jesús si no se va a Jesús, si no se tiene un Encuentro Vivo y Personal con el Señor.

La vida eterna no la encontramos en las letras que nos hablan sobre Jesús, sino en Jesús mismo, en el Jesús Vivo y Real, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, y si bien en la biblia leemos sobre Jesús, luego hay que ir a Él para tener vida, no basta quedarse con el testimonio.

Creer que la vida se encuentra en "escudriñar" las Escrituras es equivalente a pensar que para calmar el hambre bastaría con leer una receta, en lugar de poner manos a la obra, prepararla y comerla luego de que se ha obtenido el conocimiento de cómo cocinarla.

¿Y cómo se va Jesús para tener vida eterna? El mismo Señor nos lo dice:

"Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo". Juan 6, 51.

Ir a Jesús para tener vida es entrar en una perfecta Comunión con Él, es hacerse verdaderamente Uno con el Señor, dejar que Él habite en ti, ¿pero cómo nos hacemos uno con Jesús, cómo dejamos que Él habite en nosotros?  ¡Dejando que su Cuerpo entre en el nuestro, por medio de la Eucaristía que el instituyó para tal efecto y donde Él está realmente Vivo y realmente Presente, como Él mismo lo dijo, y cito la propia RVR 1960:

"El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, Y YO EN ÉL" Juan 6, 56.

No es casualidad que estas palabras se encuentren solo un capítulo después de que Jesús ha enseñado que la vida eterna no consiste en escudriñar las Escrituras. En un orden perfecto, primero les enseña a los judíos que si bien podían ser exegetas perfectos de la Escritura, no tenían la Palabra de Dios en ellos, para enseguida mostrarles cómo es que podían hacer habitar esa Palabra de manera viva en su interior; comiendo su carne y bebiendo su sangre sacramentalmente bajo el signo del pan que les estaba ofreciendo como medio eficaz para transmitirles Su Vida. 

Por eso desde tiempos muy remotos de la Iglesia primitiva, vemos que la estructura litúrgica de la fe cristiana está compuesta por la dimensión de una doble mesa desde donde Dios nos alimenta, y siendo Él nuestro propio alimento, estamos en Él y Él en nosotros para que nos haga partícipes de su vida eterna. Por eso el culto cristiano -y lo podemos ver en textos antiquísimos de la Iglesia primitiva como en los de San Justino Mártir a mediados del siglo II, donde básicamente está describiendo la Misa- siempre ha tenido la Mesa de la Palabra, donde se sirve el alimento de la Palabra proclamada desde el ambón, y la Mesa Eucarística, el altar donde por obra del Espíritu Santo el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para que comulgando permanezcamos en Él y Él en nosotros. 

Así que si ya escudriñas las Escrituras y reconoces en ellas a Jesús, ahora es tiempo de dar el siguiente paso, ve a tener un Encuentro Personal con Él en la Eucaristía.

¿Se puede adquirir la vida eterna con buenas obras? La Biblia dice que sí.

Como enseña la biblia y siempre lo ha enseñado la Iglesia católica, la fe salva, pero la fe que salva es la que actúa por medio de la caridad, la fe que es sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios, que es el amor. 


¿El hombre puede adquirir la vida eterna con buenas obras?

Aunque a los protestantes les escandalice porque contradice su doctrina: ¡LA BIBLIA DICE QUE SÍ!
1 Timoteo 6, 18-19: «que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera
(Biblia de Jerusalén).
Vemos cómo para San Pablo la verdadera doctrina de la Gracia no excluye la necesidad de las obras, pues nuestras buenas obras son posibilitadas por la gracia que Dios nos proporciona por medio de los Sacramentos para unirnos al amor de Cristo y poder dar fruto.

Por: Alfredo Rodríguez.
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San Lucas 7, 44-50 refuta la doctrina protestante de la "sola fe"


La obras que no pueden salvarnos son las de la ley mosáica, pero las obras del amor (la ley bajo Cristo), son el aval de nuestra fe, sin éstas, es imposible salvarse. El protestante "solofidelista" dirá "no hacemos obras para salvarnos, sino que hacemos obras porque ya somos salvos", los versículos de Lucas 7, 44-50 demuestran que no es exactamente así, la mujer pecadora no fue salva y luego comenzó a hacer buenas obras, hizo buenas obras, y por éstas Jesús le salvó ("sus numerosos pecados, le han sido perdonados PORQUE HA DEMOSTRADO MUCHO AMOR"), el amor con el que ella se comportó no fue la consecuencia de la salvación, sino la causa. Con sus obras ella demostró que tenía fe en aquel hombre a quien besaba y ungía los pies. Esto tampoco debe ser explicado como "fe + obras", pues no son dos cosas aisladas que luego se unen, son más bien un mismo proceso: "creo y vivo conforme a lo que creo" y así hasta alcanzar la meta. La fe que salva es "la fe que obra".



La única fe que salva es la que se demuestra por las obras (las del amor, no las de la ley)

En San Lucas 7, 50, Jesús dice a la pecadora «Tu fe te ha salvado. Vete en paz», ¿esta podría ser una prueba de la «sola fe»? Veamos, ¿la pecadora en algún momento le dijo a Jesús que tenía fe en Él, hizo una profesión pública de fe para «recibirlo en su corazón» como Señor y Salvador y sentirse justificada? ¡NO! La mujer no dijo absolutamente nada¿Cómo hizo válida pues Jesús la fe de esta mujer? Por las OBRAS que ella hizo, como vemos versículos antes, donde Jesús explica que aquella mujer le lavó los pies con sus lágrimas, lo secó con sus cabellos, los besó y ungió con perfume, por eso el Señor declara en el versículo 47:


«Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor»

Sin las obras del amor, ninguna «oración de la salvación», podrá salvarte.


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Dedicación de niños versus Bautismo de niños [Estudio del ex-pastor Rolando Obaldia]

 

DEDICACION DE NIÑOS vs BAUTISMO DE NIÑOS.
Por: Rolando Obaldia.

Fue un domingo, me tocó presentar (dedicar) a un niño. No era la primera vez que lo hacía. Sabía los textos bíblicos que tenía que utilizar, para que aquella Ceremonia fuese bíblica. Empecé citando I Samuel 1,22, a veces Lucas 2,21-23 o aquella, Mateo 19,13. Al leer los texto citados, una gran inquietud empezó a nacer en mí, y me pregunté al fin, si era correcto lo que yo estaba haciendo, ya que todo lo que yo hacía, tenía que ser bíblico y esto siempre había sido mi característica como pastor Evangélico Pentecostal. Sin embargo, me encontré, que aquellos textos que estaba yo citando, no encajaban con la realidad que estaba presenciando. Ya que, a áquel tierno niño, yo no lo iba a circunsidar, ademas, el niño, ya había pasado los ocho días de nacido. Si quería ser tan bíblico, yo tenía que circunsidar al niño y que fuera de ocho días de nacido, según el texto que yo estaba citando. Si hacía como dicen los textos, sabía que iba a caer en el judaismo y esto Pablo lo había condenado. Y al fin me pregunté: ¿Dónde está en la Biblia, la Ceremonia de la Presentación o Dedicación de Niños, sin cincuncidar? Por otro lado, yo no podía interpretar la Bíblia a mi manera o como me lo habían enseñado a lo largo de mi vida como pastor Pentecostal. ¿Tenía que seguir defendiéndome, que esta circuncisión de los judíos, habia sido reemplazada por la Presentación de Niños por el Cristianismo del siglo I? ¿Desde cuándo fue reemplezado? ¿Dónde está eso en la Bíblia?

Empecé a comparar la Circuncisión de los Judios con la Presentación de Niños. La circuncisión era una ceremonia muy doloroso, pero especial para los judíos, era el paso siguiente después del nacimiento de un infante judío, para que se considerara hijo de la ley, por lo tanto, ciudadano de Israel.

El infante no decidía si quería pertenecer a la religión judía, ya que de salida, como sus padres eran judíos, se requería completar esta ceremonia de la circuncisión, para ser salvo a través de las Obras de la Ley.

Aquella comparación no encajaba con la realidad que yo estaba viviendo en ese preciso momento. Si iba a comparar la Ceremonia de la Circuncisión con la Presentación de Niños, no era correcto. Estaba forzando la interpretación Bíblica y aun más, estaba siendo antibiblico.

Tampoco sus padres preguntaron al niño que si quería ser presentado o dedicado al Señor, porque supuestamente creíamos en el libre albedrío, para no obligarlo. Solo sabíamos, que era una gran responsabilidad de los padres, de no solo dedicar a los niños, sino que también, la responsabilidad de llevarlo de la mano, hasta que tenga cierta edad madura y pueda decidir por si solo, aceptar a Cristo en su corazón. ¿Esto no es lo que hacen los Católicos? Empecé a preguntar.

Si el Bautismo de infantes, para mi no se encontraba en la Biblia, la presentación o dedicación de niños, como tal, tampoco se encontraba en la Biblia, estaba siendo yo antibíblico.

Volví a leer y a estudiar éstos textos con cuidado: I Samuel 1,22 «pero Ana no subió, porque dijo a su marido: "Cuando el niño haya sido destetado, entonces le llevaré, será PRESENTADO a Yahveh y se quedará allí para siempre"». Despues de la circucision se presentaba el primogénito, para ser consagrado. Lucas 2,21-23 «Cuando se cumplieron los OCHO días para CINCUNCIDARLE, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para PRESENTARLE al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.»

Por otro lado Mateo 19,13 dice: «Entonces le fueron PRESENTADOS unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían».

¿Habrá querido Jesús, con este acto hacia los niños, ordenar, la Ceremonia de Infantes? Dudo ahora que esta fuese la intención de Jesús. Tomar un texto sin el contexto y aún sin el transfondo del contexto, solo para diferenciar de la Iglesia Católica, no era honesto. Tenía que ser honesto, esto me había enseñado mi difunto padre que en paz descanse "manejar el código penal honestamente", y en mi caso el "Código espiritual de Dios". Jesús no estaba estableciendo la Ceremonia de la Dedicación de Niños en este pasaje ni mucho menos la Biblia establece la Dedicación o Presentación de Niños.

Una siguiente pregunta surgió en mi mente ¿Dónde esta prohibiendo la Biblia el bautismo de infantes? ¡No, en absoluto! No hay siquiera un texto que este prohibiendo el bautismo de infantes en la Biblia. Si la Biblia no lo prohíbe, ¿por qué es correcto bautizar a los niños? ¿Que importancia tiene el bautismo en la vida de los primeros cristiano del siglo I? Pues déjeme decirle que mucho. Ya que Jesús así le dijo a Nicodemo en Juan 3, 5 «Respondió Jesús: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios». Noté que para nacer de nuevo es necesario nacer del agua y del espíritu, para pertenecer o entrar en la Comunión de la Comunidad Cristiana. Así como un niño judío para pertenecer a la Comunidad de Israel tenía que ser circuncidado a los ocho dias de nacido y ser salvo a través de las obras de la ley, ahora en esta Nueva Alianza, para pertenecer a la Comunidad del Nuevo Israel era a través del Nuevo Rito o Ceremonia del Bautismo, como nos los confirma Pablo en Colosenses 2, 11-12 «en él también fuisteis circuncidados con la circuncisión no quirúrgica, sino mediante el despojo de vuestro cuerpo mortal, por la circuncisión en Cristo. Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos».

En la Nueva Alianza ya no era la misma ceremonia como en el Antigua Alianza, que era por medio de la circuncisión, ahora era a través del bautismo.


Rolando Obaldia
Contacto: https://www.facebook.com/rolando.obaldia

Los que acusan a los católicos de adorar a María, ignoran estas 5 verdades.

 


Después de muchas acusaciones a católicos de adorar a María, nos ponemos de pie para defender a María. Son 5 mentiras con las que nos acusan de adorar a María.

5 datos que ignoran los que acusan a los católicos de adorar a María.

Amo a la Santísima Virgen María. Ahí está, lo dije y me alegro de haberlo hecho. Como católico soy muy afortunado de ser parte de la iglesia que verdaderamente honra y respeta a la Madre de mi Señor y Salvador. 

Pero este amor que sentimos por ella, muchos lo tergiversan y terminan por acusar a los católicos de adorar a Maria, cuando en realidad estamos ofreciendo, a través de ella, un verdadero acto de adoración al Señor, llamándola bienaventurada por todas las generaciones. 

Debo admitir que a pesar de que soy católico de nacimiento, no siempre me sentí de esta manera. De hecho, durante la mayor parte de mi vida yo no entendía el papel de María, ni me importaba mucho.
 ¡Qué error! Ahora, después de muchas acusaciones de "adorar a María" en mi página de Facebook, es el momento de ponerme de pie por mi mamá.

 Y a pesar de que amo a María y quiero defender su honor, no tengo ninguna intención de ser desagradable en mis respuestas. Más bien, prefiero presentarles cinco hechos sobre María. 

Antes de acusar a los católicos de "adorar a María", les pido que se tomen un tiempo para evaluar estos hechos, algunos tienen una manera de tapar los agujeros en la teoría de que ponemos demasiado énfasis en María.

5 cosas que deben saber los que acusan a católicos de adorar a María.

Así que si aun después quieres acusarnos de adorar a María, te sugiero que ignores estos hechos.

1. Dios envió a El Salvador a través de María.

Señalo esto de primero porque es muy difícil minimizar la importancia de María, al mismo tiempo que se reconoce que el Mesías, al que por tanto tiempo esperamos, vino a la tierra para nacer a través de una mujer… y esa mujer fue María. De todas las formas en las que Jesús pudo haber llegado a la tierra, ¿por qué eligió a María? Entonces, si María fue muy importante para Dios, ¿no debería ella significar algo para nosotros?.

2. Jesús realizó su primer milagro a petición de María.


Esta es otra buena razón. Oh lo sé, Jesús no necesitaba a María para convertir el agua en vino en Caná. Ella casualmente estaba allí. Bien, ¿por qué entonces San Juan cuando hizo la lista de los invitados a su boda puso a María de Primera? "Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí; También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos" (Juan 2,1-2) 

Si María no es importante en este capítulo, ¿por qué está en la lista ANTES que los Apóstoles y ANTES que Jesús? San Juan Evangelista no es conocido por insertar detalles extraños. María estaba primero porque Juan quería destacar su presencia en la boda

Pero ¿Qué hay de "el reproche"? Sabes, ese argumento que dice que Jesús le estaba diciendo a María que no se entrometiera cuando le dijo: 

"Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". (Juan 2,4) 

Primero, déjame decirte que Jesús era un judío devoto y un seguidor obediente de los diez mandamientos. ¿Por qué Él deshonraría públicamente a su madre en violación al cuarto mandamiento? En segundo lugar, si se trataba de un "déjalo" de Jesús, ¿por qué siguió adelante y realizó el milagro de convertir agua en vino? Este no hubiera sido el final de esa solicitud. 

Por supuesto que no lo haría, a menos que Él no estuviera ignorando a María. Cuando su madre intercedió en nombre de la pareja, Nuestro Señor decidió que su tiempo había llegado. ¿No crees que Jesús esté tratando de decirnos algo?, ¿No crees que sea probable que Jesús esperara hasta el momento de la petición de María, con el fin de mostrarnos su poder de intercesión?, ¿No explica eso porque San Juan la mencionó primero en la lista de invitados?

3. Jesús le entregó a María a Juan en la cruz.

En el momento en que Jesús sufrió y murió en la cruz, Jesús hizo una declaración muy profunda: "Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre:

 «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa". (Juan 19,27-28)

 ¿Por qué mientras luchaba para hablar en la cruz, Jesús habría dicho esas palabras si no significaban nada?, ¿Pudo haber tenido Él solo una simple charla? Obviamente había una razón para que nuestro Señor hiciera lo que hizo. 

La Iglesia siempre ha creído que Juan representa cada miembro de la Iglesia, y que desde ese momento en adelante, María se convirtió en una Madre espiritual. Las Escrituras nos dicen que ese día Juan acepto el regalo de Jesús "y la llevó a su casa" (Juan 19,27). ¿No deberíamos hacer lo mismo?

4. Las primeras gracias de Jesús fueron dadas a través de María.

Este es un hecho que con frecuencia es pasado por alto por aquellos que desean minimizar la importancia de María y viene directamente de la Biblia. Después de aceptar el ofrecimiento del Ángel para ser la Madre de Dios Salvador, María viajó "con prontitud" a visitar a su pariente Isabel.

"Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo". (Lucas 1,41)

De acuerdo con este pasaje de la Biblia, incluso antes del nacimiento de Jesús, se utilizó la voz de María para entregar las gracias a Isabel. ¿Por qué?, ¿Por qué ella no es importante?, ¿No hay otra forma en que esas gracias se podrían haber repartido? ¿No te convence esto? Escucha lo que Isabel dijo (también directamente desde la Biblia):

"Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas" (Lucas 1,44)

Es muy difícil negar la importancia de la presencia y la voz de María, en la dispensación de estas gracias a Isabel. ¿Las gracias se originaron de María? No, obviamente vinieron de Jesús. Sin embargo, Él eligió tener a María y usar su voz para entregarlas. ¿Por qué? Porque Él quiere que nos demos cuenta de que ella es importante.

5. Jesucristo es el mediador único entre Dios y el hombre.

Ahora, esto no tiene sentido. ¿Cómo ayuda esto en apoyar la posición católica? Es por esto que nosotros los católicos "tenemos todo esto equivocado", ¿no es así? Lo siento si estoy reventando las burbujas de alguien, pero los católicos creemos absolutamente que Jesús es el único mediador entre Dios y el hombre.

Hay una gran diferencia entre mediador e intercesor que deberían conocer. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) así lo establece claramente: "La intercesión es una oración de petición que nos lleva a orar como lo hizo Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en nombre de todos los hombres, especialmente los pecadores". (CIC 2634) Esta enseñanza católica es apoyada por los siguientes pasajes Bíblicos:

"Dios es único, y único también es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre; Que en el tiempo fijado dio el testimonio: se entregó para rescatar a todos". (1 Timoteo 2,5-6)

Aunque Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres, no evita que otros (incluyendo a María) puedan estar involucrados en una mediación subordinada o intercesión. San Pablo, quien hizo la declaración anterior, obviamente es consiente ese hecho, ya que él varias veces insta a sus lectores a orar los unos por otros (Romanos 1:9, 1 Tesalonicenses 5,25, 1 Timoteo 2,1).

El Catecismo se refiere a este tipo de intercesión como una "participación en la intercesión de Cristo" (CIC 2635) y se pone en práctica cada vez que oramos los unos por otros. Pedir a María que interceda por nosotros de ninguna manera quita el papel de Jesús como mediador de Dios y los hombres. Conclusión sobre esa mentira de adorar a María.

Aunque no soy tan ingenuo como para pensar que la inclusión de estos cinco hechos hará que me hará inmune a nuevas acusaciones de "adorar a María", creo que tendrán efecto si se miran con una mente abierta.

Las Sagradas Escrituras no contienen una gran cantidad de palabras sobre María, pero lo que está ahí tiene un gran alcance. Los teólogos han pasado 2000 mil años estudiando sus apariciones bíblicas y continuarán haciéndolo. ¿Adoramos a la Virgen María? Puedes disfrutar de este hermoso video que hemos realizado para transmitir este mensaje de forma sencilla.

Podemos aprender mucho al estudiar el papel de María como se documenta en las páginas de la Biblia. Si alguien quiere acusar a los católicos de adorar la Virgen María, le pido primero que mire estos cinco hechos. Si aún desea señalar con el dedo y acusar que los católicos adoramos a maría, tendrá que ignorar estas afirmaciones de hecho, porque aceptarlas socavará seriamente la credibilidad de los acusadores

¿Es cierto que Dios no comparte su gloria con nadie? ¿Está mal venerar a la Virgen? Un apologista católico responde con la Biblia.

 


Un hermano católico cuestionó por facebook qué tan válido era la veneración a la Santísima Virgen y a nuestros hermanos los Santos, ya que el miembro de una comunidad protestante lo abordó y le dijo que venerar a la madre de nuestro Señor Jesucristo era incorrecto, ya que, según este hermano separado, "dice la biblia que Dios no comparte su gloria con nadie" y para esto le citó Isaías 42, 8 desde su biblia Reina-Valera 1960:
"Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas."
El hermano católico leyó el versículo y sorprendido pensó que quizá ellos tienen razón y que los católicos hacemos mal en amar demasiado a Nuestra Señora y Madre de nuestro Redentor. Exactamente a eso es a lo que apuestan esa clase de grupos con su proselitismo anti-católico, a confundir a católicos con poca o deficiente formación doctrinal, y que conocen poco las Escrituras, para así llevárselos de la Iglesia. 

Así que respondamos a la pregunta: ¿realmente Dios no comparte su gloria con nadie?
 

Pues muy lejos de lo que tristemente le han hecho creer a los hermanos separados, a quienes les han vendido la imagen de un Dios egoísta o envidioso, que quiere todo solo para sí mismo, en realidad resulta que Dios SÍ comparte su gloria.

¿Pero cómo? Si Isaías 41, 8 dice que Dios no comparte su gloria, ¿cómo es que los católicos decimos que sí la comparte? ¿Es esto acaso otro de los "inventos romanistas" de los que nos acusan los enemigos de la Iglesia católica? Pues no, ningún invento; si decimos que Dios comparte su gloria es porque lo dicen las propias Escrituras:
"Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno" (San Juan 17, 22)
Dios Padre ha compartido su gloria con Dios Hijo y como Dios es caridad en estado absoluto, no se guarda su gloria para sí, sino que la comparte con los suyos, con sus siervos, con sus hijos, con sus santos. Porque precisamente de eso se trata la salvación, de que en su infinito amor, Dios quiere rescatarnos de la caída a la que nos ha conducido el pecado y hacernos entrar en Su Gloria. 

Si algo quiere Dios es precisamente compartir su gloria con nosotros, y compartirla eternamente.  

¿Pero entonces la biblia se contradice entre lo que dice Isaías y lo que dice San Juan? Por supuesto que no, lo que sucede es que Dios comparte su gloria, pero NO la comparte con cualquiera. Es lógico, si revisamos correctamente el versículo de Isaías 42, 8 veremos que Dios está dando una enseñanza muy específica y concreta contra la idolatría, es decir, contra los falsos dioses y las esculturas de esos dioses falsos (no confundir con las imágenes cristianas, que no representan a ídolos, sino a siervos santos, humildes y obedientes de nuestro Señor Jesucristo). 

¡Obviamente Dios no comparte su gloria con dioses falsos, que llevan a la perdición y a la ruina a las almas de sus criaturas, a los que Él quiere salvar! Dios a través del profeta Isaías quiere enseñarnos que el único Dios que existe es Él, y que por tanto mirar hacia otros dioses nos desvía de sus enseñanzas, nos extravía del conocimiento de su voluntad.

Pero la Santísima Virgen no es un ídolo, no es un dios falso que compite con el Dios verdadero, María es el modelo perfecto de sierva del Señor, de ese mismo Dios verdadero que la creó y la predestinó para encarnarse en su vientre, ¿cómo habría de sentir Dios envidia por María? ¿Cómo podría no compartir su gloria con ella, su hija predilecta? ¿Cómo podría no compartirles de su gloria a sus hijos, los santos? 

Para eso fue enviado Jesús al mundo, para compartir su gloria con sus siervos, como ya lo vimos en el evangelio de Juan, pero allí no es el único lugar en que lo dice la biblia. Veamos ahora lo que dice San Pablo en II de Tesalonicenses en la propia versión protestante Reina Valera 1960:
"a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo" (2 Tes. 2, 14).
¿Cómo es que podemos alcanzar la gloria de Cristo, si se supone que Dios no comparte su gloria con nadie?

La versión Latinoamericana de la biblia católica es aún más clara:
"Con ese fin los llamó mediante el Evangelio que predicamos, y los destinó a COMPARTIR la gloria de Cristo Jesús, nuestro Señor". (II Tes. 2, 14)
Dios no comparte su gloria con otros dioses, pero, y lo dice la biblia, sí la comparte con sus hijos.

Pero esa no fue la única vez que San Pablo habló en sus epístolas sobre la gloria que Dios da a sus hijos. En la carta a los romanos, en el capítulo 2, en el que el apóstol explica que Dios es Dios tanto para judíos como para gentiles, en el último versículo dice lo siguiente:
"El verdadero judío lo es en el interior, y la verdadera circuncisión, la del corazón, según el espíritu y no según la letra. Ese es quien RECIBE DE DIOS LA GLORIA y no de los hombres" (Rom. 2, 29).

Por otra parte, no está de más volver a ser enfáticos en que la veneración o el sumo grado de respeto y amor que sentimos los cristianos por María y los santos no implica colocarlos al mismo nivel de Dios, pues Dios es el Creador y los santos son sus criaturas, las que precisamente ya han sido glorificadas por Él y admitidas en su reino.

Así que no te dejes confundir con textos aislados o sacados de contexto, que no te confundan equiparando a los ídolos con la madre del Salvador (ya que Jesús no nació de ningún ídolo), ni a la idolatría con la sana veneración de los siervos de Dios, a quienes se les venera precisamente porque reconocemos que han sido glorificados por el único Dios verdadero en el que creemos y al cual adoramos: El Dios Uno y Trino; Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Pregunta un protestante ¿Si solo Jesús salva por qué los católicos recurren a la Virgen y los Santos? Un sacerdote responde


La cuestión de por qué los católicos recurren a la Virgen María y a los santos es una pregunta frecuente que se plantea en el diálogo entre católicos y protestantes. Para responder a esta pregunta, es importante explorar las creencias y enseñanzas católicas en relación con la intercesión de la Virgen María y los santos.

En primer lugar, como católicos, creemos firmemente en la centralidad de Jesucristo como el único Salvador y Redentor de la humanidad. La salvación es un don gratuito de Dios que se obtiene a través de la fe en Jesucristo y en su obra salvadora. Esta es una creencia común compartida con los protestantes y no hay discrepancia en ese punto fundamental.

Entonces, ¿por qué recurrimos a la Virgen María y a los santos? La respuesta radica en la comprensión católica de la comunión de los santos, que se basa en la enseñanza bíblica y la tradición apostólica. La comunión de los santos se refiere a la unión espiritual y mística de todos los creyentes, tanto los que están en la tierra como los que están en el cielo.

En la carta a los Efesios, el apóstol Pablo habla de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo, y afirma que todos los creyentes forman parte de este cuerpo (Efesios 1, 22-23). Esto implica una comunión espiritual y una conexión mutua entre todos los miembros del Cuerpo de Cristo, tanto los que están vivos como los que han fallecido y están en la presencia de Dios.

En la tradición católica, creemos que aquellos que están en el cielo, incluyendo a la Virgen María y a los santos, están plenamente vivos en Cristo y comparten en su gloria. Por lo tanto, creemos que ellos pueden interceder por nosotros ante Dios. La intercesión significa que ellos presentan nuestras oraciones y necesidades a Dios, actuando como mediadores en nuestro nombre.

La base bíblica para la intercesión de los santos se encuentra en varios pasajes. Por ejemplo, en el libro del Apocalipsis, se nos presenta una visión de los santos en el cielo presentando las oraciones de los santos en la tierra ante el trono de Dios (Apocalipsis 5, 8). También encontramos ejemplos de intercesión en el Antiguo Testamento, como el caso de Moisés intercediendo por el pueblo de Israel (Éxodo 32, 11-14).

La intercesión de los santos no se trata de poner a los santos en el lugar de Jesús, sino de reconocer su papel como miembros del Cuerpo de Cristo que pueden orar por nosotros y unirse a nuestras súplicas. La Virgen María, como madre de Jesús y primera discípula, ocupa un lugar especial en la devoción católica. Ella es considerada como la "nueva Eva" y un modelo de fe para todos los creyentes. Su papel como intercesora se deriva de su cercanía única a Jesús y de su papel en la obra de la redención.

Es importante destacar que la intercesión de los santos no es un requisito para la salvación, ni es una forma de desviar la atención de Jesús como Salvador. La enseñanza católica es clara en afirmar que solo Jesús salva y que solo a través de Él obtenemos la salvación. La intercesión de los santos es una manifestación del amor y la comunión que existe dentro del Cuerpo de Cristo, y es una expresión de nuestra creencia en la unidad y la comunión de todos los creyentes.

La devoción a la Virgen María y a los santos no es obligatoria para los católicos, sino que es una expresión de piedad y amor hacia aquellos que han sido ejemplos de vida cristiana y que pueden ayudarnos con su intercesión. En la Iglesia católica, se anima a los fieles a pedir la intercesión de la Virgen María y de los santos, pero siempre reconociendo que la salvación viene únicamente de Jesús.

Además, la devoción a la Virgen María y a los santos no es una práctica exclusiva de los católicos. Muchos cristianos de diferentes tradiciones también veneran a la Virgen María y a los santos como ejemplos de fe y virtud. Reconocer el papel de la Virgen María y de los santos en la comunión de los creyentes no es una negación de la obra de Jesús, sino una afirmación de la unidad y el amor que existe entre todos los miembros del Cuerpo de Cristo.

En resumen, los católicos recurren a la Virgen María y a los santos como intercesores porque creemos en la comunión de los santos, que es una realidad espiritual y mística basada en la enseñanza bíblica y la tradición apostólica. La intercesión de los santos no es un requisito para la salvación, sino una expresión de nuestra fe en la unidad y el amor que existe entre todos los creyentes. Reconocemos que solo Jesús salva, pero también creemos en el poder de la oración y en la intercesión de aquellos que están en la presencia de Dios. La devoción a la Virgen María y a los santos es una expresión de piedad y amor, y una manera de seguir los ejemplos de fe y virtud que nos han dejado. Que Dios los bendiga en su camino de fe.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿La Virgen María también es madre de los protestantes aunque ellos no la reconozcan como tal?


Me gustaría comenzar diciendo que la figura de la Virgen María es muy importante en la fe católica. La Iglesia Católica cree que María es la madre de Jesús, el Hijo de Dios, y que es un modelo para todos los cristianos por su ejemplo de humildad, obediencia y amor a Dios.

Ahora bien, ¿es la Virgen María también madre de los protestantes aunque ellos no la reconozcan como tal? Esta es una pregunta interesante que ha sido objeto de debate en la teología católica y protestante durante muchos años.

Desde la perspectiva católica, la respuesta es clara: sí, la Virgen María es madre de todos los cristianos, incluyendo a los protestantes, aunque estos no la reconozcan como tal. Esta afirmación se basa en varias creencias y enseñanzas de la Iglesia Católica, que ahora explicaré con más detalle.

En primer lugar, la Iglesia Católica cree que la Virgen María es la madre de Jesús, el Hijo de Dios. Según el Evangelio de Lucas, María fue visitada por el ángel Gabriel, quien le dijo que iba a concebir y dar a luz a un hijo, que sería llamado Jesús y sería el Hijo de Dios. María aceptó humildemente esta misión y dio a luz a Jesús en Belén.

La Iglesia Católica también enseña que María es la madre de la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo compuesto por todos los cristianos. Esta enseñanza se basa en varios pasajes bíblicos que se refieren a María como la madre de los discípulos de Jesús, como en el Evangelio de Juan, donde Jesús le dice a su discípulo amado: "Ahí está tu madre" (Juan 19,27). La Iglesia Católica interpreta esto como una indicación de que María es la madre espiritual de todos los discípulos de Jesús, incluyendo a los cristianos de hoy en día.

La maternidad espiritual de María trasciende las divisiones denominacionales y abarca a todos los cristianos, independientemente de su afiliación eclesiástica. María es vista como una madre amorosa que intercede por sus hijos ante su Hijo, Jesucristo. Su papel como madre espiritual es reconocido y valorado por los católicos, y ellos se acogen a su amorosa protección y oraciones, pero esto no significa que no sea también una madre amorosa para los cristianos protestantes. María quiere a todos sus hijos por igual, aun que ellos no le expresen ese mismo amor. 

Es importante señalar que aunque los protestantes pueden tener diferencias teológicas en relación con la figura de la Virgen María, existen algunas pocas corrientes y denominaciones protestantes que sí reconocen y honran a María como una figura importante en la historia de la salvación (algunos sectores del luteranismo, del anglicanismo e incluso de las iglesias reformadas o calvinistas). Algunos de estos grupos protestantes mantienen una devoción mariana y valoran su ejemplo de fe y entrega a Dios.

En resumen, desde la perspectiva católica, la Virgen María es considerada la madre de todos los cristianos, incluyendo a los protestantes, aunque estos no la reconozcan como tal. Su maternidad espiritual se basa en su papel como madre de Jesús y como madre de la Iglesia, el cuerpo de Cristo. Aunque existen diferencias teológicas en cuanto a la figura de María entre los católicos y los protestantes, su amor y protección se extienden a todos los que se acogen a ella como madre espiritual.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Por qué Dios permitía la poligamia en el antiguo testamento y en el nuevo no?


Es importante entender que la poligamia, o el matrimonio con múltiples personas, no es una práctica que Dios aprueba. Ciertamente como usted indica la poligamia aparece en algunas partes del Antiguo Testamento, pero esto no significa que Dios lo haya permitido o aprobado. La mayoría de las veces, los casos de poligamia en la Biblia se presentan como una descripción de lo que ocurrió en una sociedad específica en un momento determinado, y no como un modelo para seguir.

En Génesis 2,24, leemos que Dios creó al hombre y a la mujer y que "serán una sola carne". En este pasaje, vemos que Dios establece el modelo de matrimonio como una unión entre un hombre y una mujer, no entre un hombre y varias mujeres. Además, en el Nuevo Testamento, Jesús habla sobre el matrimonio en Mateo 19:4,6, diciendo: "¿No han leído que al principio el Creador los hizo hombre y mujer, y que dijo: 'Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne'? Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". Jesús claramente indica que el matrimonio es una unión entre un hombre y una mujer.

El Catecismo de la Iglesia Católica también enseña que el matrimonio es una unión entre un hombre y una mujer: "La Iglesia enseña que el matrimonio es una institución divina, una unión indisoluble entre un hombre y una mujer, que ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento" (CIC 1601). Además, el Catecismo afirma que el matrimonio es una imagen del amor de Dios por su pueblo: "El amor humano refleja el amor divino y se eleva a su perfección" (CIC 1604).

Aunque la poligamia aparece en algunos pasajes del Antiguo Testamento, es importante recordar que Dios no la aprueba. Algunos de los personajes bíblicos que practicaron la poligamia, como Abraham y Jacob, sufrieron las consecuencias de sus decisiones. Por ejemplo, el conflicto entre Sara y Agar, las esposas de Abraham, causó problemas para toda la familia (Génesis 16). Del mismo modo, el matrimonio de Jacob con sus dos esposas, Raquel y Lía, causó tensiones y conflictos entre los miembros de la familia (Génesis 29-30).

En resumen, aunque algunos pasajes del Antiguo Testamento describen la poligamia, es importante recordar que el modelo de matrimonio establecido por Dios es una unión entre un hombre y una mujer. Dios "soportó" la acitud polígama de algunos de sus siervos, pero no porque Él lo aprobara, sino porque entendía el contexto cultural e histórico de esos personajes cuando los eligió para formarle un pueblo. Dios fue paciente con los israelitas, les educó paulatinamente, pero eso no significa que en su plan original la poligamia haya tenido cabida. 

La Iglesia Católica enseña que el matrimonio es una institución divina y que, a través de él, podemos entender mejor el amor de Dios por su pueblo. Como sacerdote, mi función es guiar a las personas en su comprensión de la fe y de la voluntad de Dios, y ayudarles a seguir el camino del amor y la verdad que se nos ha revelado en las Sagradas Escrituras y en la enseñanza de la Iglesia.

Autor: Pbro. Ignacio Andrade. 

¿La Adoración a la Cruz en Viernes Santo no demuestra que los católicos son idólatras?



Entiendo tu pregunta, y es importante aclarar que el término "adoración" se usa comúnmente en la liturgia católica para referirse a la veneración de la cruz en el Viernes Santo. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el uso de la palabra "adoración" en este contexto no implica una adoración divina, como se hace a Dios.

En la Iglesia Católica, el término "adoración" se usa en dos contextos diferentes. En primer lugar, se usa para referirse a la adoración divina, que es el culto debido solamente a Dios, a esto le llamamos "latría absoluta". Este tipo de adoración se realiza en la liturgia de la Iglesia durante la Misa y la Adoración Eucarística, donde los fieles adoran a Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento.

En segundo lugar, se utiliza la palabra "adoración" en un sentido más amplio para referirse a la veneración de objetos sagrados, como la cruz, las reliquias, imágenes sagradas, entre otros. Este tipo de adoración no implica una adoración divina, sino que se trata de un acto de respeto y veneración hacia objetos que están relacionados con la fe y la devoción; a esto le llamamos "latría relativa".

En el caso de la veneración de la cruz en el Viernes Santo, el término "adoración" se usa para indicar el respeto y veneración hacia la cruz, que es un símbolo de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Los católicos veneran la cruz como un signo de la salvación que Jesucristo nos ha dado al morir por nuestros pecados. La cruz es un objeto sagrado, pero no es adorado en el sentido de una adoración divina.

Latría absoluta y latría relativa.

En el contexto de la pregunta inicial sobre la adoración a la cruz en Viernes Santo, es importante entender que la Iglesia Católica enseña que la cruz no debe ser adorada con latría absoluta, es decir, con el culto divino que se le rinde exclusivamente a Dios. En cambio, la cruz es objeto de veneración y respeto como un símbolo de la Pasión y Muerte de Jesucristo, quien es el objeto de la latría absoluta.

En este sentido, podemos decir que la veneración de la cruz en Viernes Santo es un ejemplo de latría relativa, ya que se trata de una forma de adoración que se rinde a un objeto sagrado en función de su relación con Dios. La cruz no es Dios, sino un objeto que representa el sacrificio de Cristo por la humanidad y su relación con Él. Por lo tanto, la veneración de la cruz no se realiza con latría absoluta, sino con un respeto y una devoción que reconoce la importancia de este símbolo en la fe cristiana.

Es importante destacar que la Iglesia Católica no tiene ningún interés en promover la idolatría o cualquier otra práctica que se aleje de la fe cristiana. Por el contrario, nuestra misión es llevar a cabo la obra de Dios en la Tierra y acercar a las personas a su amor y misericordia. La veneración de la cruz en el Viernes Santo es un medio para recordar a los fieles el sacrificio de Jesucristo y renovar nuestra fe en él.

En resumen, la Iglesia Católica utiliza el término "adoración" para referirse a la veneración de objetos sagrados, como la cruz, en un sentido más amplio que no implica una adoración divina, como se hace solo a Dios. Espero haber aclarado cualquier confusión en torno a este tema.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Protestante pregunta: ¿Por qué los católicos creen que los santos y la Virgen salvan si solo Jesús salva? Esto le responde un sacerdote.


Querido hermano protestante,

En primer lugar, quiero agradecerte por tomarte el tiempo para dialogar conmigo sobre nuestra fe y nuestras creencias. Quiero aclarar que los católicos creemos firmemente que solo Jesucristo es el Salvador del mundo. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: "El nombre de Jesús significa que el Nombre mismo de Dios está presente en la persona de su Hijo, hecho hombre para la redención universal y definitiva de los pecados" (n. 432).

Entonces, ¿por qué veneramos a los santos y a la Virgen María? La respuesta se encuentra en el concepto de la comunión de los santos. La Iglesia Católica cree que la comunidad de los cristianos no se limita a aquellos que viven en la tierra, sino que incluye a todos los que han muerto en Cristo y están en el cielo. Esto significa que los santos, que están en comunión con Dios, pueden interceder por nosotros y ayudarnos en nuestra vida espiritual.

La veneración de los santos es una práctica que se remonta a los primeros días de la Iglesia. En el libro del Apocalipsis, San Juan ve una multitud de santos en el cielo, que adoran a Dios y oran por los habitantes de la tierra (Apocalipsis 7, 9-10). La Iglesia Católica cree que los santos pueden interceder por nosotros porque están cerca de Dios y tienen una comprensión profunda de su voluntad. En la misma línea, María, la madre de Jesús, es considerada como la primera y más perfecta de los santos y como nuestra madre espiritual.

Sin embargo, es importante aclarar que la intercesión de los santos no significa que creamos que ellos son salvadores independientes de Cristo. La salvación solo puede ser encontrada en Jesucristo, quien es el único camino, la verdad y la vida (Juan 14, 6). Los santos son modelos de vida cristiana y testigos del amor de Dios en el mundo, pero no son un sustituto de Cristo.

Además, es importante tener en cuenta que la Iglesia Católica no enseña que los santos y la Virgen María son obligatorios para la salvación. La salvación es un regalo gratuito de Dios, que se nos ofrece a través de la fe en Jesucristo y la gracia de Dios. La veneración de los santos y la Virgen María son prácticas que nos ayudan a crecer en nuestra relación con Dios y a acercarnos más a Cristo, pero no son una condición para la salvación.

En resumen, la Iglesia Católica cree que solo Jesucristo es el Salvador del mundo y que la salvación solo puede ser encontrada en él. Sin embargo, también creemos que los santos y la Virgen María, al estar en comunión con Dios, pueden interceder por nosotros y ayudarnos en nuestra vida espiritual. La veneración de los santos y la Virgen María son prácticas que nos ayudan a crecer en nuestra relación con Dios, pero no son un sustituto de Cristo ni una condición para la salvación.

Espero que esta explicación te haya sido útil y que podamos seguir dialogando juntos sobre nuestra fe. Que Dios te bendiga y te guíe en tu camino espiritual.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

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