¡Jesús está vivo en la Eucaristía!: Perros policía detectaron vida dentro de un sagrario. Una impactante historia de Cristo en la Eucaristía


¿Perros policía detectaron vida dentro de un sagrario? Los católicos creemos que Cristo está realmente presente en la Eucaristía y no necesitamos pruebas de ello. Y sin embargo, Dios nos regala testimonios como los milagros eucarísticos o acontecimientos asombrosos como el de esta historia.

Hace varios años circula por internet una bellísima historia escrita por un sacerdote identificado como el padre Arthur Byrne.

El párroco en cuestión narra lo siguiente:

“En la noche del último día de su visita a los Estados Unidos en octubre de 1995, estaba previsto que Juan Pablo II saludara a los seminaristas en el Seminario de Saint Mary en Baltimore. Había sido un día muy completo que comenzó con una misa en el Oriole Park de Camden Yards, un desfile por las calles del centro, una visita a la Basílica de la Asunción, la primera catedral del país, un almuerzo en un comedor de beneficencia local dirigido por católicos. Organizaciones benéficas; un servicio de oración en la Catedral de María Nuestra Reina en el norte de Baltimore; y finalmente una breve parada en el Seminario de Saint Mary.

El horario era apretado, por lo que el plan era simplemente saludar a los seminaristas mientras estaban afuera en los escalones. Pero el Papa se abrió paso entre sus filas y entró en el edificio. Su plan era primero hacer una visita al Santísimo Sacramento.

Cuando se dieron a conocer sus deseos, la seguridad entró en acción. Barrieron el edificio prestando mucha atención a la capilla donde rezaría el Papa. Para ello se utilizaron perros altamente entrenados para detectar a cualquier persona que pudiera estar presente.

Los perros están entrenados para localizar sobrevivientes en edificios derrumbados después de terremotos y otros desastres. Estos perros muy inteligentes y ansiosos pasaron rápidamente por los pasillos, oficinas y aulas y luego fueron enviados a la capilla. Subieron y bajaron por el pasillo, pasaron los bancos y finalmente entraron en la capilla lateral donde está reservado el Santísimo Sacramento.

Al llegar al tabernáculo, los perros olisquearon, gimieron, señalaron y se negaron a salir, con la atención fija en el tabernáculo, hasta que los llamaron sus cuidadores. Estaban convencidos de que habían descubierto a alguien allí.

Nosotros, los católicos, sabemos que tenían razón: ¡Encontraron una Persona real y viva en el tabernáculo!".

¡Qué hermosa historia! ¿Tú qué crees?

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Fuente: https://es.churchpop.com/

El grito del Papa en la misa de Budapest: “Por favor, ¡abramos las puertas de nuestras comunidades eclesiales!”


La misa del domingo es el momento más solemne de cualquier visita apostólica. El papa Francisco ha presidido la eucaristía de la fiesta del Buen Pastor con numerosos fieles húngaros en la plaza Kossuth Lajos de Budapest. La celebración comenzó a las 9:30 y sumó después la oración pascual del Regina Caeli así como el agradecimiento por el viaje del cardenal Péter Erdő, arzobispo de Esztergom-Budapest. Posteriormente, según ha informado el Vaticano, el Papa volverá a la Nunciatura donde realizará en privado su almuerzo.

Un único abrazo

En la homilía presentó a Jesús “como un pastor que va en busca de su rebaño, vino a buscarnos cuando estábamos perdidos; como un pastor, vino a arrancarnos de la muerte; como un pastor, que conoce a cada una de sus ovejas y las ama con ternura infinita, nos ha hecho entrar en el redil del Padre, haciéndonos hijos suyos”. “Jesús vino como buen Pastor de la humanidad para llamarnos y llevarnos a casa”, apuntó el pontífice, a la que nosotros “con memoria agradecida, podemos recordar su amor por nosotros; por nosotros que estábamos alejados de Él”.

“Aún hoy, en cada situación de la vida, en aquello que llevamos en el corazón, en nuestros extravíos, en nuestros miedos, en el sentido de derrota que a veces nos asalta, en la prisión de la tristeza que amenaza con encerrarnos, Él nos llama. Viene como buen Pastor y nos llama por nuestro nombre, para decirnos lo valiosos que somos a sus ojos, para curar nuestras heridas y cargar sobre sí nuestras debilidades, para reunirnos en su grey y hacernos familia con el Padre y entre nosotros”, insistió Francisco.

Jesús, añadió, “nos ha reunido aquí para que, aun siendo diferentes entre nosotros y perteneciendo a comunidades distintas, la grandeza de su amor nos congregue a todos en un único abrazo”, señaló agradeciendo la presencia de tantos fieles y de los representantes de las comunidades religiosas o las autoridades. “Esto es catolicidad: todos nosotros cristianos, llamados por nuestro nombre por el buen Pastor, estamos invitados a acoger y difundir su amor, a hacer que su redil sea inclusivo y nunca excluyente” a través de “relaciones de fraternidad y colaboración, sin dividirnos entre nosotros, sin considerar nuestra comunidad como un ambiente reservado, sin dejarnos arrastrar por la preocupación de defender cada uno el propio espacio, sino abriéndonos al amor mutuo”.

Hasta las periferias

“Somos enviados al mundo para que, con valentía y sin miedo, seamos anunciadores de la Buena Noticia, testigos del amor que nos ha regenerado”, añadió el Papa ante la presentación de Jesús como la “puerta que se abre de par en par para hacernos entrar en la comunión del Padre y experimentar su misericordia”. Jesús, apuntó, “nos impulsa a ir al encuentro de los hermanos”. “Todos, sin excepción, estamos llamados a esto, a salir de nuestras comodidades y tener la valentía de llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”, recalcó.

“Estar ‘en salida’ significa para cada uno de nosotros convertirse, como Jesús, en una puerta abierta”, añadió lamentando que “es triste y hace daño ver puertas cerradas: las puertas cerradas de nuestro egoísmo hacia quien camina con nosotros cada día, las puertas cerradas de nuestro individualismo en una sociedad que corre el riesgo de atrofiarse en la soledad; las puertas cerradas de nuestra indiferencia ante quien está sumido en el sufrimiento y en la pobreza; las puertas cerradas al extranjero, al que es diferente, al migrante, al pobre”.

Puertas cerradas que, denunció el pontífice, llegan “incluso a nuestras comunidades eclesiales: cerradas entre nosotros, cerradas al mundo, cerradas al que ‘no está en regla’, cerradas al que anhela al perdón de Dios”. “Por favor, ¡abramos las puertas! También nosotros intentemos —con las palabras, los gestos, las actividades cotidianas— ser como Jesús, una puerta abierta, una puerta que nunca se le cierra en la cara a nadie, una puerta que permite entrar a experimentar la belleza del amor y del perdón del Señor”, insistió Francisco.

Pastores cercanos

Pensando en los obispos y sacerdotes recordó que el Buen Pastor “no se aprovecha de su cargo, es decir, no oprime al rebaño que le ha sido confiado; no ‘roba’ el espacio de los hermanos laicos; no ejercita una autoridad rígida”. “Animémonos a ser puertas cada vez más abiertas; ‘facilitadores’ de la gracia de Dios, expertos en cercanía, dispuestos a ofrecer la vida, así como Jesucristo, nuestro Señor y nuestro todo, nos lo enseña con los brazos abiertos desde la cátedra de la cruz y nos lo muestra cada vez en el altar, Pan vivo que se parte por nosotros”, propuso.

A los laicos y agentes de pastoral también les invitó a ser “puertas abiertas”. “Dejemos entrar en el corazón al Señor de la vida, su Palabra que consuela y sana, para luego salir y ser, nosotros mismos, puertas abiertas en la sociedad. Ser abiertos e inclusivos unos con otros, para ayudar a Hungría a crecer en la fraternidad, camino de la paz”, alentó. “No nos desanimemos nunca, no nos dejemos robar nunca la alegría y la paz que Él nos ha dado; no nos encerremos en los problemas o en la apatía”, concluyó desenado que Jesús acompañe “nuestra vida, nuestras familias, nuestras comunidades cristianas y toda Hungría resplandezcan de vida nueva”.

Autor: Mateo González Alonso.

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El voto de las mujeres en el sínodo


Autor: Presbítero José Francisco Gómez Hinojosa. Vicario General de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

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Una buena decisión, por más que se tarde en ser tomada, deberá ser siempre alabada. Bueno. Esa es mi opinión. Aunque no faltará quien se queje de esa demora.

Ello aplica a la reciente disposición del Papa, en relación al voto femenino en el próximo sínodo, a realizarse en dos sesiones: del 4 al 29 de octubre de este año, y en octubre del 2024. En un gesto para algunos tardío y para otros apresurado, Francisco de Roma ha indicado que las mujeres participantes en la asamblea sinodal podrán votar sobre los asuntos ahí tratados.

¿Cómo?, se preguntará algún lector, que desconoce la ancestral discriminación hacia la mujer en la Iglesia Católica, ¿a poco las damas que participaron en asambleas sinodales anteriores no podían votar? Así es. Por ello muchas personas la consideran como una de las instituciones más machistas del mundo.

Pese a que el sufragio femenino fue aceptado por Nueva Zelandia el 19 de septiembre de 1893, es decir, hace ¡130 años!, y que, además, la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 20 de diciembre de 1952 -o sea, hace 70 años-, estableció: “Las mujeres tendrán derecho a votar en todas las elecciones en igualdad de condiciones con los hombres, sin discriminación alguna”, en ese tipo de reuniones eclesiásticas no era aceptado.

¿Por qué, entonces, tal disparidad cronológica? Algunos defensores de esa restricción sostienen que, como las asambleas sinodales no son democráticas -se le presentan al Papa las resoluciones y él las confirma o las rechaza-, por ello no es necesario que las mujeres voten. Se le puede replicar que, si así son las cosas, lo mismo debería aplicarse a los varones votantes.

Hay, sin embargo, otra razón que me parece más expresiva del actual momento eclesial. Bergoglio no quiere imponer cambios desde su autoridad cupular, sino que ellos vengan consolidándose de abajo para arriba. Si a esto agregamos la gran oposición, creciendo día a día, que enfrenta el argentino para ejecutar las reformas ansiadas, comprenderemos su actitud: las prisas no van con él.

Para quienes quisiéramos ver ya cristalizados tales cambios -que tarde o temprano llegarán- convendría que fuéramos un poco más pacientes, por una parte y, por otra, que viéramos más allá, como lo sugiere González Faus, de temas como el aborto, la eutanasia, los anticonceptivos, el sacerdocio femenino, el celibato sacerdotal obligatorio, el matrimonio de homosexuales y la comunión a divorciados vueltos a casar. Todos esos tópicos exigen una reforma radical, es cierto, pero no son los únicos.

Pero, bueno, hay que ser optimistas. Por fin se terminó con una de las prácticas más aberrantes de nuestra Iglesia Institución. Enhorabuena.

Pro-vocación

¿Por qué será que altos jerarcas insisten -y con una vehemencia que podía ser empleada para mejores causas, como apostar por la austeridad en sus vestiduras litúrgicas- en que el sínodo no es democrático? ¿Por qué este temor a que los laicos se empoderen cada día más? ¿Será que tienen miedo a perder sus privilegios?

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Si Dios es omnisciente, ¿Por qué permite que nazcan personas que él sabe que se condenarán?



Creo que Dios es omnisciente y que Él es la fuente de toda la verdad y la sabiduría. Creo que Dios nos creó por amor y para amar, y que Él desea que todos los seres humanos vivan en la plenitud de la vida eterna. La pregunta que planteas es compleja y profunda, y no tiene una respuesta fácil o simple. Pero puedo compartir contigo algunas reflexiones que, espero, puedan ayudarte a encontrar un sentido en esta cuestión.

Primero, creo que es importante reconocer que Dios nos creó con libre albedrío, es decir, con la capacidad de elegir y tomar decisiones. La Biblia nos enseña que Dios creó a Adán y Eva y les dio libertad para decidir si obedecían o no su mandato (Génesis 2,15-17). La libertad es un don de Dios que nos permite ser verdaderamente humanos, capaces de amar y de hacer el bien. Pero también implica la posibilidad de elegir el mal y de separarnos de Dios. Dios nos da la libertad para que podamos amarlo y servirlo por elección propia, no por obligación o necesidad.

Segundo, aunque Dios es omnisciente y sabe todo lo que sucederá en el futuro, esto no significa que Él nos fuerce a tomar decisiones particulares. La Biblia nos enseña que Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan y vivan (2 Pedro 3,9). Él nos da las herramientas para tomar decisiones sabias y justas, pero nos deja la responsabilidad de elegir. En otras palabras, Dios no nos condena; nosotros nos condenamos a nosotros mismos por nuestras elecciones.

Tercero, la idea de que Dios sabe quiénes se condenarán puede ser un poco engañosa. Dios no nos juzga en base a nuestro destino final, sino en base a nuestras acciones y decisiones. La Biblia nos dice que Dios juzgará a cada uno según sus obras (Romanos 2,6). Es decir, no es tanto lo que creemos o lo que esperamos, sino lo que hacemos con nuestra vida lo que cuenta ante Dios. Nuestras acciones son las que determinan nuestra relación con Él y nuestra vida eterna.

Cuarto, creo que es importante recordar que Dios es infinitamente misericordioso y justo. La Biblia nos dice que Dios es amor (1 Juan 4,8) y que Él desea que todos se salven (1 Timoteo 2,4). La misericordia de Dios es más grande que cualquier pecado o maldad que podamos cometer. Él nos perdona cuando nos arrepentimos sinceramente y tratamos de enmendar nuestras faltas. Dios nos da siempre la oportunidad de volver a Él y de vivir en su gracia.

En resumen, como sacerdote católico creo que Dios es omnisciente, pero también que Él nos creó con libertad y responsabilidad. Dios nos da las herramientas para tomar decisiones sabias y justas, pero nos deja la responsabilidad de elegir. No es Dios quien nos condena, sino nuestras propias acciones y decisiones. Dios es infinitamente misericordioso y justo, y siempre nos da la oportunidad de volver a Él.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

El Papa, a los jóvenes: "Jesús no es el superhéroe de un cómic, es el mejor de los amigos, es el mejor de los hermanos"


No era Bruce Springsteen en Montjuic, pero casi. Francisco se dio un baño de masas, 'like a rolling stone', en el László Papp Budapest Spots Arena, donde se encontró con los jóvenes húngaros. Decenas de miles de chicos y chicas bailaron, cantaron, gritaron, y escucharon a un pontífice que, más allá de los achaques propios de la edad, se vio rejuvenecido por el contacto con los que son el futuro de la Iglesia y la sociedad europeas. El Papa, en su salsa, mientras algunos de los miembros de la comitiva oficial parecían más perdidos que una cabra en un garaje.

Francisco tocó, abrazó, se intercambió solideos, se detuvo a escuchar con atención a varios enfermos, se bamboleó al ritmo de los ritmos y los testimonios, y mostró su felicidad. "Estoy feliz de estar con ustedes", se arrancó al término de las experiencias de los jóvenes, en este tiempo "de grandes preguntas y grandes respuestas".

"Es importante que haya alguien que provoque y escuche sus preguntas, y que no les dé respuestas fáciles y preconfeccionadas, sino que les ayude a desafiar sin miedo la aventura de la vida en busca de grandes respuestas", como hizo Jesús, comenzó Francisco. Un Jesús que, como afirmó uno de los chicos, "no es un personaje de cuento ni el superhéroe de un cómic".

"Es verdad: Cristo es Dios en carne y hueso, el Dios vivo que se hace cercano; es el Amigo, el mejor de los amigos; es el Hermano, el mejor de los hermanos, y es muy bueno haciendo preguntas", destacó, desde un escenario monumental. Y, como Jesús, antes de dar respuestas el Papa prefirió hacer preguntas, y pedir caminar sin miedo. "Nunca debemos tener miedo de caminar y avanzar en la vida", señaló, insistiendo en que "Dios no quiere condenar, sino perdonar. Dios perdona siempre".

Dios no da lecciones, escucha nuestros sueños

El Papa quiso hablar de encuentros de Jesús. Con María Magdalena y las mujeres y, también, con los que iban a ser sus discípulos. "Venid y veréis", porque "Jesús no les da la dirección, sino que les abre el camino (...). No da lecciones, sino que camina con ellos: no quiere que sus discípulos sean alumnos repitiendo una lección, sino jóvenes libres y en camino, compañeros de un Dios que escucha sus necesidades y está atento a sus sueños".

"Jesús se alegra de que alcancemos grandes metas. No nos quiere vagos y perezosos, no nos quiere callados y tímidos; nos quiere vivos, activos, protagonistas", insistió Bergoglio, citando un proverbio húngaro: "Aki mer az nyer [El que no arriesga, no gana]".

Para ello, como en el deporte (se encontraban en un palacio de deportes), señalo dos pasos: "primero, apuntar alto; segundo, entrenar"."¿Tienes un talento? Seguramente lo tienes. No lo dejes de lado pensando que todo lo que necesitas para ser feliz es lo mínimo: un título, un trabajo para ganar dinero, un poco de diversión. No, pon en juego lo que tienes", pidió Francisco.

Jesús, el mejor entrenador

"¿Tienes una cualidad particular? Invierte en ella, ¡sin miedo! ¿Sientes en tu corazón que tienes una capacidad que puede hacer mucho bien? ¿Sientes que es hermoso amar al Señor, crear una familia numerosa, ayudar a los necesitados? No pienses que sean deseos inalcanzables, ¡invierte en las grandes metas de la vida!", insistió.

En cuanto al 'entrenamiento', el Papa instó a hacerlo "en diálogo con Jesús, que es el mejor entrenador posible". "Él te escucha, te motiva, cree en ti, sabe sacar lo mejor de ti. Y siempre te invita a hacer equipo: nunca solo, sino con los demás, en la Iglesia, en la comunidad, juntos, viviendo experiencias comunes", reclamó, aprovechando para invitar a la JMJ de Lisboa a todos los jóvenes.

Junto a ello, el tiempo, la rebeldía. "No tengan miedo de ir contra corriente, de encontrar cada día un tiempo de silencio para hacer un alto y rezar", incidió. "Hoy todo les dice que tienen que ser rápidos, eficientes, prácticamente perfectos, ¡como si fueran máquinas! Pero luego nos damos cuenta de que a menudo nos quedamos sin gasolina y no sabemos qué hacer".

Ante eso, "es muy bueno poder detenerse para volver a llenar el tanque, para recargar baterías". Pero "cuidado: no para sumergirse en las propias melancolías ni para estar rumiando nuestras tristezas; ni tampoco para pensar en la persona que me hizo esto o aquello, haciendo teorías sobre cómo se comportan los demás. Esto no hace bien".

El Evangelio del silencio

En este tiempo de urgencias y de ruido, "el silencio es el terreno en el cual se pueden cultivar relaciones provechosas". "El silencio nos da la posibilidad de leer una página del Evangelio que le hable a nuestra vida; de adorar a Dios, encontrando así la paz en nuestro corazón". Un silencio que "no es para quedarse pegado al celular y a las redes sociales. No, por favor. La vida es real, no virtual; no sucede en una pantalla, ¡sino en el mundo!".

Un silencio que abre la puerta de la oración, "y la oración es la puerta del amor". Porque la oración "es un diálogo con Jesús, como la Misa es un encuentro con Él, y la Confesión el abrazo que recibes de Él".

Francisco agradeció "la valentía de ser auténticos", cuando "hoy existe una gran necesidad de personas auténticas". También en Hungría, "a pocos kilómetros de la guerra y el sufrimiento, que están a la orden del día". Ahí el Papa lanzó "la invitación: tomar la vida en nuestras manos para ayudar al mundo a vivir en paz". Porque, "¿qué hago yo por los demás, por la Iglesia, por la sociedad? ¿Vivo pensando en mi propio bien o me arriesgo por alguien, sin calcular mis propios intereses? Preguntémonos por nuestra gratuidad, por nuestra capacidad de amar según Jesús, es decir, de servir".

El milagro viene del compartir

Recordando su visita, hace un año y medio, para el Congreso Eucarístico, el Papa pidió confianza en Dios a los jóvenes, con el recuerdo de la multiplicación de los panes y los peces. "El milagro viene del compartir: la multiplicación realizada por Jesús comienza cuando aquel muchacho comparte con Él y para los demás".

"Lo poco que tenía aquel joven, en manos de Jesús, se convierte en mucho. Es ahí a donde conduce la fe: a la libertad de dar, al entusiasmo de entregarse, a superar los miedos, a arriesgar. Amigos, cada uno de ustedes es valioso para Jesús, ¡y también para mí!", concluyó Francisco. "Recuerden que nadie puede ocupar su lugar en la historia de la Iglesia y del mundo; nadie puede hacer lo que sólo ustedes pueden hacer".

Autor: Jesús Bastante.

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Fuente: https://www.religiondigital.org/

La oración de Santa Catalina de Siena para vencer toda tentación del demonio


El 29 de abril se celebra la fiesta de la gran santa mística Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia. Ella solía tener muchas provocaciones del demonio, que se le aparecía para tratar de desviarla de la fe. Aquí una oración que ella pronunció para vencer al maligno.

En el libro “Obras de Santa Catalina de Siena” se recoge una pequeña oración que, de acuerdo a lo descrito por el Beato Raimundo de Capua, confesor de la santa, ella pronunció antes de ser terciaria dominicana. 

El demonio se le apareció con un vestido de seda y la tentaba para que se olvidara del hábito de terciaria que las mujeres seglares solían usar. Ante este incómodo y desafiante peligro, ella oró al Señor de la siguiente manera:

“¡Mi dulcísimo Esposo! Sabes que jamás quise otro esposo sino a Ti. Te ruego que me socorras, que venza estas tentaciones en tu Santo Nombre. No te pido que me las quites, sino que pueda vencerlas”

Cierto día, cuando ya era terciaria dominica, logró superar una fuerte tentación y Jesucristo se le apareció. En ese momento ambos entablaron un hermoso diálogo místico.

La Santa le dijo en oración: “Dulcísimo Señor mío: ¿dónde estabas cuando mi corazón se veía lleno de tanta deshonestidad?”. A lo que el Señor, para confirmarle su cercanía y protección, le contestó: “Estaba en tu corazón”.

Catalina de Siena

Esta gran santa mística nació en Italia (1347-1380). A los 7 años hizo una promesa de castidad y a los 18 años recibió el hábito de terciaria dominica. En 1366 experimentó un “matrimonio místico” con Jesucristo en presencia de la Virgen María.

Estuvo siempre al servicio de los pobres y enfermos. Trabajó por la unidad de la Iglesia y fue una gran defensora del papado. Murió un 29 de abril con tan sólo 33 años. Es Doctora de la Iglesia y Copatrona de Europa.

Autor: Abel Camasca.

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Fuente: https://www.aciprensa.com/

"Odiaba incluso la idea de Dios, vivía en la ansiedad que calmaba con alcohol, entré en una iglesia y ¡la paz de Cristo conquistó mi corazón ansioso y ateo!"


«Vi paz en la expresión de Aquel que había abierto las puertas del Cielo al sacrificar todo lo que tenía por nuestro bien. Mucho del catolicismo me llevaría años entenderlo. Todavía se me escapan muchas cosas. Pero entendí la Cruz inmediatamente. La enormidad de su amor me inundó, y la gracia me obligó a arrodillarme. Lloré por tantas cosas, pero sobre todo por el sufrimiento que mi egocentrismo había causado a quienes amaba. El remordimiento era fuerte y terrible, y las lágrimas amargas. Pero lo último que sentí fue ansiedad»

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 El periodista Peter Laffin, en su testimonio en CHNetwork.org,  asegura que “No era sólo que no creyera en Dios. Era que odiaba incluso la idea de Él… tardé años en darme cuenta de que el odio implicaba creer. Odiaba sus normas arbitrarias y su aparente indiferencia hacia males como la bomba y el cáncer infantil. Odiaba la idea de su perfección y, sobre todo, de su perfecta bondad”. Luchó con la ansiedad y un día optó por entrar en una Iglesia y quedó transformado: “¡La paz de Cristo conquistó mi corazón ansioso y ateo!”

Para Peter la ansiedad fue por años no solo un rasgo familiar «heredado de al menos dos generaciones», sino una cruz que intentó controlar desarrollando una personalidad «extrovertida», por su «terror al silencio». Asimismo, intentaba evadir la ansiedad con un consumo de alcohol que desde la juventud ya se proyectaba problemático.

Las desventajas de tratar la ansiedad con alcohol son obvias, y me encontré con cada una de ellas a su debido tiempo. Beber con regularidad es malo para la salud e impide avanzar en la vida. Beber demasiado aumenta la probabilidad de comportamientos insensatos. Beber provoca resaca y la resaca merma las facultades fundamentales del alma, como la imaginación, la comprensión y la memoria. El alcohol es un tratamiento eficaz a corto plazo para la ansiedad, pero a un precio muy alto. Este es su testimonio contado en primera persona:

Había decidido dejar de beber al comienzo de mi último año para concentrarme en mi tesis de licenciatura, que argumentaba un punto serio y poco original sobre la Crítica de la razón pura de Kant . Ya había perdido suficiente tiempo en fiestas con amigos, y aún existía la posibilidad de que pudiera ingresar a un programa de posgrado si me esforzaba. Pero sin mi medicamento auto-recetado (alcohol), la ansiedad hizo un trabajo rápido de mí.

Busqué ayuda en el centro médico del campus, donde me trató un anciano alegre y diminuto que hablaba un extraño dialecto del inglés británico, que finalmente descubrí que se debía a su infancia en Jamaica. Inmediatamente me sentí cómodo con él. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que me sentí así con alguien sin una copa en la mano. Empecé a hablar sobre cosas de las que nunca había hablado antes: mis muchos arrepentimientos, mis relaciones rotas, el vacío de la vida moderna y la desolación del futuro. No dijo mucho en respuesta aparte del ocasional: «Sabes, Peter, tal vez quieras reconsiderarlo». Su alegre autoridad era extrañamente persuasiva.

Nuestras citas nunca las vivíamos como suficientemente largas. Siempre tomaba notas mentales sobre dónde lo habíamos dejado y qué más tenía que decir. Fue gratificante liberar tanto después de tanto tiempo a este hombre, a quien comencé a llamar «Doc». Pero una vez que me fuera, la ansiedad volvería a tenerme en sus garras y estaría solo otra vez.

Este es el peor síntoma de la ansiedad: lo solo que te deja. El Catecismo describe el Infierno como un estado de “autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y los bienaventurados”. Estar en el Infierno es estar completamente solo, y la única forma de estar completamente solo es preocuparte solo por ti mismo. Es imposible imaginar algo más trágicamente tonto que la afirmación de Sartre de que «el infierno son los demás». Tristemente, era justo el tipo de cosas que creía antes de mi conversión.

Doc intuyó todo esto. Comenzó a llevarme al restaurante local para comer hamburguesas al final de la jornada laboral. El simple placer de su compañía, junto con su capacidad ilimitada para absorber mi ansiedad, comenzó a infundirme algo parecido a la esperanza. Irradiaba buena salud y autocontrol.

En algún momento le pregunté si podíamos encontrarnos un domingo y me dijo que solo podía llevarme a almorzar después de haber asistido a Misa. La iglesia a la que iba estaba a unos 15 metros de la casa donde alquilé un estudio. Sabía exactamente dónde estaba. Pasaba por allí todos los días de camino a clase.

No era sólo que no creía en Dios. Era que odiaba incluso la idea de Él. Me tomó años darme cuenta de que el odio implicaba creer. Odiaba sus normas arbitrarias y su aparente indiferencia hacia males como la bomba y el cáncer infantil. Odiaba la idea de su perfección y, sobre todo, de su perfecta bondad Mis tres años de licenciatura en filosofía me habían convencido de que el «bien» y el «mal» eran construcciones simplistas de ignorantes prehistóricos, y que la verdadera naturaleza de la realidad estaba en algún lugar más allá de ambos. Por supuesto, no tenía ni idea de lo que la Iglesia entendía por la palabra ‘Dios’. En mi mente, la ciencia había puesto fin a esas tonterías hacía siglos.

Una noche, mientras caminaba a casa después de un seminario tardío, entré en la iglesia de Doc en un intento de reconciliar mi admiración por él con estas creencias absurdas. No estoy seguro de lo que esperaba ver, tal vez ancianas santurronas y los ojos penetrantes de hombres sexualmente reprimidos. Pero lo que vi en cambio, inequívocamente, fue paz. Y no sólo en el altar iluminado por velas o en las vidrieras, sino en el rostro del Hombre cuyo cuerpo destrozado pendía patéticamente de la Cruz. Vi paz en la expresión de Aquel que había abierto las puertas del Cielo al sacrificar todo lo que tenía por nuestro bien. Mucho del catolicismo me llevaría años entenderlo. Todavía se me escapan muchas cosas. Pero entendí la Cruz inmediatamente.

La enormidad de su amor me inundó, y la gracia me obligó a arrodillarme. Lloré por tantas cosas, pero sobre todo por el sufrimiento que mi egocentrismo había causado a quienes amaba. El remordimiento era fuerte y terrible, y las lágrimas amargas. Pero lo último que sentí fue ansiedad. ¡La paz de Cristo conquistó mi corazón ansioso y ateo!

No mucho después, encontré a Doc en su oficina y le pregunté si podía unirme a él un domingo determinado en St. Joseph’s para  asistir a Misa. Respondió con una mirada de deleite tan sorprendido que realmente me pregunté en qué me había metido.

El párroco de San José era un anciano capuchino llamado Padre Bernabé. Tenía una barba larga y fibrosa y venas varicosas en las mejillas. Nunca antes había conocido a un sacerdote, pero esperaba una figura más impresionante. El padre Bernabé tartamudeaba al hablar. Sus homilías solo parecían tocar dos temas: la importancia de la oración y la reverencia por la Sagrada Eucaristía. Doc a menudo bromeaba amorosamente sobre si íbamos a escuchar «homilía A» o «homilía B» en un domingo determinado.


El padre Bernabé usó una gorra de béisbol de los Medias Rojas de Boston cuando saludó a los feligreses afuera después de la misa, lo cual era un riesgo legítimo durante el mes de octubre en Nueva York. Cuando lo confrontaban, como solía hacer, se reía y decía: “No, no, la ‘B’ significa Bernabé”, con una inocencia tan alegre que uno cuestionaba su planeta de origen. El padre me abrazó con fuerza cada vez que me saludaba, y me abrazó cuando le traje pastel de queso en su cumpleaños, y me abrazó cuando lloré en su oficina después de que me enseñó la oración de Jonás: “Pero tú sacaste mi vida del hoyo, Señor, Dios mío”, y me abrazó después de la Misa de Pascua en 2007, en la que recibí mi Primera Comunión con mi padrino Doc a mi lado.

El amor del padre fue cada vez mayor y nunca se desvaneció. Era como un superpoder. Todo lo que parecía hacer era entregarse a sí mismo: amar y dar y dar y amar. Aparte del cigarro ocasional que lo sorprendía disfrutando por la noche en el estacionamiento detrás de la iglesia, nunca lo vi satisfacer sus propias necesidades. Era anciano y frágil y sin dinero y libre.

Algunos de los recuerdos más dulces de mi temprana conversión son los de estar en silencio y quieto junto a mi cama, orando como me había enseñado el Padre Bernabé. Y de estar sentado en el banco de piedra en el lago del campus viendo la luz del sol brillar en las aguas ondulantes mientras los patos y los gansos bromeaban y se entretenían, flotando sin esfuerzo durante la tarde en perfecta armonía con la Creación. Eso es lo que más me impresionó, una vez que se arraigó la creencia: el Orden Divino de la naturaleza. Ante mis ojos, un caótico revoltijo de átomos se transformó en una danza sublimemente coreografiada. Es imposible exagerar el efecto que esto tiene sobre la ansiedad. Es la diferencia entre vivir con el temor constante de que nos arrebaten la vida y vivir con la gratitud constante por el don de la existencia, que Dios nos ha dado, como dice el Catecismo, “en un designio de pura bondad”.

Solo pensar en eso ahora es suficiente para hacer que mi corazón goce.

La ansiedad regresó de vez en cuando, pero la salud de la vida sacramental y la compañía de mis nuevos amigos la mitigaron con el tiempo. Ya no tenía que sufrir tontamente las malas rachas cuando se presentaban. Por fin tenía un lugar donde poner mi ansiedad. Podía hacer un uso práctico de ella ofreciéndosela a Cristo: «Aquí está mi ansiedad, Señor. Tómala. Tú puedes hacer bien de esto. Sólo acércame más a ti».

Cuando era joven, siempre había tenido la sensación nerviosa de no saber muy bien qué hacer conmigo mismo, cómo proceder, dónde poner mis energías. Yo era un joven errante, «libre» en la medida en que tenía poco control sobre mis impulsos, poca conciencia de mí mismo y no tenía idea de quién era mi Maestro. El efecto calmante de la vida sacramental fue inmenso, similar, me imagino, a la escuela de entrenamiento para un joven. Finalmente pude seguir adelante con confianza, propósito y seguridad. La vida católica parece legalista y rígida para algunos. Pero para los ansiosos, sus estructuras son extremadamente liberadoras.

Autor: Peter Laffin

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Fuente: https://escucharlavozdelamor.blogspot.com/

El Papa advierte sobre la división en la Iglesia: "Nos dividimos y, en vez de jugar en equipo, jugamos al juego del enemigo"


"Esta es la Iglesia que debemos soñar, capaz de escucha recíproca, de diálogo, de atención a los más débiles; acogedora para con todos y valiente para llevar a cada uno la profecía del Evangelio". La concatedral de San Esteban de Budapest acogió el segundo acto público del Papa Francisco en una Hungría que le ha recibido con grandes multitudes y aplausos en la calle.

Un encuentro con obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas, seminaristas y agentes pastorales de un país que, en palabras de Francisco, sufre, como en otros lugares, por la polarización política, económica y, también religiosa. "Nos polarizamos en temas que afectan a la vida de la Iglesia, pero también en aspectos políticos y sociales, atrincherándonos en posiciones ideológicas", recalcó Bergoglio.

"Si estamos distanciados o divididos, si nos volvemos rígidos en nuestras posiciones y en los grupos, no damos fruto", advirtió el Papa, quien lamentó contemplar "obispos desconectados entre sí, sacerdotes en tensión con el obispo, sacerdotes mayores en conflicto con los más jóvenes, diocesanos con religiosos, presbíteros con laicos, latinos con griegos", apuntó el Papa. "El diablo es el que divide, es el que disfruta. Por favor, no dejen entrar las ideologías".

Interpretar los cambios

Tras escuchar, como viene siendo habitual, los testimonios de representantes de la vida religiosa, y el saludo de monseñor Veres, presidente del episcopado, Francisco subrayó una de las exigencias de todo cristiano: "interpretar los cambios y las transformaciones de nuestro tiempo, tratando de afrontar los desafíos pastorales de la mejor manera posible". 

Siempre mirando a Cristo, para así "mirar las tormentas que a veces azotan nuestro mundo, los cambios rápidos y continuos de la sociedad y la misma crisis de fe en Occidente  con una mirada que no cede a la resignación y que no pierde de vista la centralidad de la Pascua: Cristo resucitado, centro de la historia, es el futuro".

"Si olvidamos esto, también nosotros, pastores y laicos, buscaremos medios e instrumentos humanos para defendernos del mundo, encerrándonos en nuestros  confortables y tranquilos oasis religiosos; o, por el contrario, nos adaptaremos a los vientos cambiantes de la mundanidad y, entonces, nuestro cristianismo perderá vigor y dejaremos de ser sal  de la tierra", advirtió, reclamando a los consagrados "cuidarnos como Iglesia" de dos "tentaciones".

Dos tentaciones: la lectura catastrofista o ingenua de la historia

En primer lugar, "una lectura catastrofista de la historia presente, que se  alimenta del derrotismo de quienes repiten que todo está perdido, que ya no existen los valores del  pasado, que no sabemos dónde iremos a parar". En segundo término, "la lectura ingenua de la propia época, que en cambio se basa en la comodidad del conformismo y nos hace creer que al fin de cuentas todo está bien, que el mundo ha cambiado y debemos adaptarnos".

"Contra el derrotismo catastrofista y el conformismo mundano, el Evangelio nos da ojos nuevos, nos da la gracia  del discernimiento para entrar en nuestro tiempo con actitud de acogida, pero también con espíritu  profético. Por tanto, con acogida profética" pidió el Papa, recordando que "no hay que absolutizar nada en esta tierra, porque todo es precario".

"Estamos llamados a acoger como una planta fecunda el tiempo  en que vivimos, con sus cambios y sus desafíos, porque a través de todo esto —dice el Evangelio— el Señor se acerca. Y mientras tanto, estamos llamados a cultivar la época que nos ha tocado, a leerla,  a sembrar el Evangelio, a podar las ramas secas del mal, a dar fruto. estamos llamados a una acogida profética", insistió.

Pero, ¿qué es la acogida profética? Para el Papa, "supone aprender a reconocer los signos de la presencia de Dios en la realidad" y, al tiempo, "interpretarlo todo a la luz del Evangelio, sin mundanizarse, sino como anunciadores y testigos de la  profecía cristiana". Todo esto dicho "en este país, donde la tradición de fe permanece firmemente  arraigada, presenciamos la difusión del secularismo y de cuanto lo acompaña, que a menudo amenaza  la integridad y la belleza de la familia, expone a los jóvenes a modelos de vida marcados por el  materialismo y el hedonismo, y polariza el debate sobre las nuevas cuestiones y los nuevos desafíos".  

Un "paganismo soft"

"Y entonces la tentación puede ser la de volverse rígidos, encerrarse y adoptar una actitud de 'combatientes'", advirtió Bergoglio, quien animó a "entrar en diálogo con el Evangelio, a buscar nuevos caminos, instrumentos y  lenguajes". Un "paganismo soft", como destacó, ya sin papeles.

Por ello, es imprescindible que "la Comunidad  cristiana esté presente y dé testimonio, que sea capaz de escuchar las preguntas y los retos sin miedo ni rigidez" lo que, admitió, "no es fácil en la situación actual, porque tampoco faltan las dificultades internas".

Cansancio y crisis de vocaciones

Entre ellas, destacó "la sobrecarga de trabajo de los sacerdotes", en un momento en que las exigencias crecen pero "las vocaciones disminuyen  y los sacerdotes son pocos, a menudo de edad avanzada y presenta algunos signos de cansancio".

"Se  trata de una condición común a muchas realidades europeas, respecto a la cual es importante que  todos —pastores y laicos— se sientan corresponsables; ante todo en la oración, porque las respuestas  vienen del Señor y no del mundo; del Sagrario y no del ordenador. Y luego, en la pasión por la pastoral  vocacional", apuntó.

Recordando las palabras de la hermana Krisztina, quien gustaba de 'discutir con Jesús', Francisco animó a todos a hacerlo. "¡Se necesita quien escuche y ayude a discutir bien con el  Señor!". Más aún, concretó, "es necesario comenzar una reflexión eclesial —sinodal, que debemos hacer  todos juntos— para actualizar la vida pastoral, sin conformarse con repetir el pasado y sin tener miedo  a reconfigurar la parroquia en el territorio, sino haciendo de la evangelización una prioridad e iniciando una colaboración activa entre sacerdotes, catequistas, agentes de pastoral y profesores".

Unidad y carismas diversos

"Ya  están en este camino; no se detengan. Busquen las formas posibles para colaborar con alegría en la  causa del Evangelio y lleven adelante juntos, cada uno con su propio carisma", proclamó el Papa, citando a Dorina, otra agente de pastoral, y agradeciendo a diáconos y catequistas su "papel decisivo en la transmisión de la fe a las  jóvenes generaciones, y a todos aquellos, profesores y formadores, que están comprometidos  generosamente en el campo de la educación".

La clave, con todo, está en la unidad. "Si estamos distanciados o divididos, si nos volvemos rígidos en nuestras posiciones y en los grupos, no damos fruto", advirtió. "Causa tristeza cuando nos dividimos porque, en vez de jugar en equipo, jugamos al juego del enemigo: obispos desconectados entre sí, sacerdotes en tensión con el obispo, sacerdotes mayores en conflicto con los más jóvenes, diocesanos con religiosos, presbíteros con laicos, latinos con griegos; nos polarizamos en temas que afectan a la vida de la Iglesia, pero también en aspectos políticos y sociales, atrincherándonos en posiciones ideológicas".

"Superemos las  divisiones humanas para trabajar juntos en la viña del Señor", clamó el Papa, centrándose especialmente en los sacerdotes: "Tratemos de no ser rígidos, sino de tener miradas y enfoques misericordiosos y compasivos", incidió tras escuchar a Jòzsef, quien evocó la entrega de su hermano, el beato János Brenner, bárbaramente asesinado con tan sólo 26 años. "¡Cuántos testigos y confesores de la fe tuvo este pueblo  durante los totalitarismos del siglo pasado!".

"El beato János experimentó en su propia piel muchos  sufrimientos; habría sido fácil para él guardar rencor, encerrarse en sí mismo, volverse rígido. En  cambio, fue un buen pastor. Esto se nos pide a todos, especialmente a los sacerdotes, una mirada misericordiosa, un corazón compasivo, que perdona siempre, siempre, que ayuda a recomenzar, que  acoge y no juzga, anima y no critica, sirve y no murmura", insistió.

Misericordia y cercanía

Frente a esta tentación, la "acogida profética", el "consuelo" frente a "las situaciones de dolor y pobreza del mundo, acompañando a los cristianos perseguidos, a los migrantes que buscan hospitalidad, a las personas de otras etnias, a cualquiera que lo necesite".

"Misericordia y cercanía", como san Martín, quien compartió su capa con el popbre, "imagen de la Iglesia hacia la que hay que tender, es lo que  la Iglesia de Hungría puede llevar como profecía al corazón de Europa". Y como San Esteban, "cuya reliquia está aquí junto a mí. Él, que fue el primero en  confiar la nación a la Madre de Dios, que fue un intrépido evangelizador y fundador de monasterios y abadías, sabía también escuchar y dialogar con todos y ocuparse de los pobres; por ellos bajó los  impuestos e iba a dar limosna disfrazado para no ser reconocido".

El Papa concluyó su intervención con un recuerdo a muchos "obispos, sacerdotes,  religiosos y religiosas martirizados durante la persecución atea; ellos testimonian la fe granítica de  los húngaros". Y con un llamado final: "Sean acogedores, sean testigos de la profecía del Evangelio, pero sobre todo sean mujeres y hombres de oración, porque la historia y el futuro dependen de ello".

AUTOR: Jesús Bastante.

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Fuente: https://www.religiondigital.org/

El Papa a los consagrados en su encuentro en Hungría: “Si nos volvemos rígidos en nuestras posiciones no damos fruto”


15,000 personas, con un gran número de sacerdotes, obispos y vida religiosa, han acudido a la concatedral de Budapest para encontrarse con el Papa

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La primera y muy intensa jornada de Francisco en Budapest ha tenido un remate de marcado significado religioso y espiritual. El Santo Padre llegó a la concatedral de San Esteban en torno a las cinco de la tarde. Le esperaban en un templo abarrotado los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados/as y seminaristas. Un total de 11.000 personas en la iglesia se sumaban a otras 4.000 en la plaza adyacente: una nutrida multitud que ha asistido a toda la ceremonia con silencioso recogimiento.

La basílica comenzó a construirse en el 1850; después de diversos avatares y sucesión de arquitectos que impusieron cada uno su estilo preferido fue inaugurada a comienzos del siglo XX en presencia del Emperador Francisco José. Durante la II Guerra Mundial sufrió como toda la ciudad ingentes destrozos y sólo a partir de 1983 comenzó su reconstrucción que se prolongó hasta el 2003 en que fue reabierta al culto.


La llegada de Bergoglio fue celebrada con un impresionante volteo de campanas la más pesada de las cuales ronda las noventa toneladas siendo la mayor de todo el país; hizo su entrada en silla de ruedas y fue saludado por el cardenal Peter Erdo arzobispo de Esztergom- Budapest ; recorrió la amplia nave central acompañado por el ‘Christus vincit’ y el ‘Tu es Petrus’. Al llegar al altar le dirigió unas palabras de acogida el Presidente de la Conferencia Episcopal Húngara (37 miembros) el obispo de Gyor András Veres.


En el uso de la palabra se sucedieron un sacerdote, un presbítero de rito greco-católico, una religiosa y una catequista; el primero era hermano de Janos Brenner, sacerdote de 26 años brutalmente asesinado por las autoridades comunistas y beatificado en el 2018.

El discurso del Papa Francisco

Después de estos testimonios Francisco inició la lectura de su discurso. Estas son algunas de las frases más notables:

“Nuestra vida, aunque marcada por la fragilidad, está puesta firmemente en las manos de Cristo Crucificado. Si olvidamos esto, también nosotros, pastores y laicos, buscaremos medios e instrumentos humanos para defendernos del mundo, encerrándonos en nuestros confortables y tranquilos oasis religiosos; o por el contrario, nos adaptaremos a los vientos cambiantes de la mundanidad y entonces nuestro cristianismo perderá vigor y dejaremos de ser sal de la tierra”.

“Estas son pues las dos interpretaciones, diría yo, las dos tentaciones de las que siempre debemos cuidarnos como iglesia. Primero una lectura catastrofista de la historia presente, que se alimenta del derrotismo de quienes repiten que todo está perdido, que ya no existen los valores del pasado, que no sabemos dónde iremos a parar. Y luego está el otro riesgo, el de la lectura ingenua de la propia época que en cambio se basa en la comodidad del conformismo y nos hace creer que al fin de cuentas todo está bien, que el mundo ha cambiado y debemos adaptarnos, sin discernimiento. Así , contra el derrotismo catastrofista y el conformismo mundano el Evangelio nos da ojos nuevos, nos da la gracia del discernimiento para entrar en nuestros tiempo con actitud de acogida pero también con espíritu profético. Por tanto con acogida profética”.

“El compromiso de entrar en diálogo con las situaciones e hoy exige que la Comunidad cristiana esté presente y de testimonio, que sea capaz de escuchar las preguntas y los retos sin miedo ni rigidez.Esto no es fácil en la situación actual porque tampoco faltan las dificultades internas. En particular quisiera destacar la sobrecarga de trabajo de los sacerdotes. En efecto, por una parte, las exigencias de la vida parroquial y pastoral son numerosas pero, por otra, las vocaciones disminuyen y los sacerdotes son pocos, a menuda edad avanzada y presenta algunos signos de cansancio”.

A este propósito la Santa Sede nos facilitó los siguientes datos estadísticos: los sacerdotes diocesanos y religiosos son 1.967 lo cual supone que a cada sacerdote le corresponde la asistencia pastoral de 3.028 personas. Los seminaristas mayores son sólo 287.

“Si estamos distanciados o divididos, si nos volvemos rígidos en nuestras posiciones y en los grupos no damos fruto. Causa tristeza cuando nos dividimos porque en vez de jugar en equipo, jugamos el juego del enemigo: obispos desconectados entre sí, sacerdotes en tensión con el obispo, sacerdotes mayores en conflicto con los más jóvenes, diocesanos con religiosos, presbíteros con laicos, latinos con griegos ;nos polarizamos en temas que afectan a la vida de la Iglesia, pero también en aspectos políticos y sociales, atrincherándonos en posiciones ideológicas”.

Autor: Antonio Pelayo.

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Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

¿Por qué hay sacerdotes que no creen en las apariciones de Fátima?


¿Por qué hay sacerdotes que no creen en las apariciones de Fátima? Hace poco supe del Padre Mario Oliveira que niega estos eventos y escribió un libro llamado "Fátima nunca más" en el que, según él, todo habría sido un invento del clero portugués de la época. ¿Qué me puede decir al respecto?

Respuesta:

Debo decir que la Iglesia Católica reconoce la existencia de las revelaciones privadas, pero también establece ciertas normas y criterios para discernir su autenticidad y su importancia para la fe de los creyentes. La Iglesia distingue entre las revelaciones privadas y el deposito de la fe, que son las verdades que Dios ha revelado de manera pública y definitiva a través de Jesucristo y los apóstoles.

En cuanto a las apariciones de Fátima, es importante señalar que la Iglesia no exige a los católicos creer en ellas como parte del deposito de la fe, pero tampoco las rechaza de manera automática. En cambio, la Iglesia ha estudiado detenidamente estas apariciones a lo largo de los años y ha emitido diversas declaraciones y juicios al respecto.

La Iglesia ha reconocido que las apariciones de Fátima son un fenómeno notable que ha despertado la devoción y la fe de muchos creyentes en todo el mundo. Sin embargo, también ha sido cuidadosa en no sobrestimar la importancia de estas apariciones y en no hacer afirmaciones que no estén respaldadas por pruebas sólidas.

En cuanto al caso del Padre Mario Oliveira, no puedo hablar en su nombre ni en nombre de la Iglesia, pero puedo decir que cada sacerdote tiene derecho a tener sus propias opiniones y creencias en cuanto a las apariciones de Fátima o cualquier otra cuestión de fe. Sin embargo, si un sacerdote enseña algo que va en contra del magisterio de la Iglesia o que pone en duda la autenticidad de una enseñanza importante de la fe, entonces debe ser llamado a rendir cuentas y aclarar sus posiciones.

Debo decir que el libro "Fátima nunca más" del padre Mario Oliveira presenta una opinión muy crítica y controvertida sobre las apariciones de Fátima y su interpretación por parte de la Iglesia Católica. Aunque es cierto que existen algunas discrepancias y debates en torno a este tema, la posición oficial de la Iglesia es que las apariciones son un evento sobrenatural digno de respeto y devoción.

Es importante recordar que la Iglesia ha realizado una extensa investigación sobre las apariciones de Fátima y ha reconocido su autenticidad y trascendencia religiosa. Además, la canonización de los niños Jacinta y Francisco Marto, quienes presenciaron las apariciones, es una prueba del reconocimiento oficial de la Iglesia sobre la importancia de este evento.

En cuanto al contenido del libro del padre Oliveira, es cierto que presenta algunas hipótesis interesantes y cuestiona algunos aspectos de las apariciones, pero como sacerdote, debo recordar que las opiniones y teorías personales no pueden sustituir la verdad revelada por Dios y transmitida a través de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

En cuanto al proceso de discernimiento de las revelaciones privadas, la Iglesia se basa en varios criterios para evaluar su autenticidad y su importancia para la fe de los creyentes. Estos criterios incluyen la conformidad con la enseñanza de la fe, la coherencia interna del mensaje, la santidad de la persona que recibió la revelación, la frutos espirituales que ha producido y la aceptación por parte del pueblo de Dios.

En el caso de las apariciones de Fátima, la Iglesia ha evaluado cuidadosamente cada uno de estos criterios y ha llegado a la conclusión de que estas apariciones fueron auténticas, que realmente la Virgen María se manifestó a los pastorcillos y por tanto son dignas de respeto y devoción, pero también es cierto que no constituyen una parte esencial del deposito de la fe. Por lo tanto, los católicos no están obligados a creer en ellas, pero pueden hacerlo como una expresión de su fe personal.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Estas son las dos tentaciones a las que se enfrenta la Iglesia según lo dicho por el Papa en su más reciente viaje


 El Papa ha animado a afrontar los cambios del mundo “con acogida profética”, lo cual significa “aprender a reconocer los signos de la presencia de Dios en la realidad”

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El papa Francisco ha continuado el programa de su viaje apostólico a Hungría esta tarde, tras visitar la Nunciatura, acudiendo a la concatedral de Santo Stefano donde, a las 17.00 horas, se ha reunido con los obispos, sacerdotes, diáconos, consagradas y consagradas, seminaristas y agentes de pastoral, en un acto en el que ha advertido acerca de las “dos grandes tentaciones” a las que se enfrenta la Iglesia.

Y es que, tal como ha señalado el Papa, “una de las exigencias más importantes para nosotros” es la de “interpretar los cambios y las transformaciones de nuestro tiempo, tratando de afrontar los desafíos pastorales de la mejor manera posible”.

Sin embargo, “esto sólo es posible mirando a Cristo como nuestro futuro”. “Cristo resucitado, centro de la historia, es el futuro. Nuestra vida, aunque marcada por la fragilidad, está puesta firmemente en sus manos. Si olvidamos esto, también nosotros, pastores y laicos, buscaremos medios e instrumentos humanos para defendernos del mundo, encerrándonos en nuestros confortables y tranquilos oasis religiosos; o, por el contrario, nos adaptaremos a los vientos cambiantes de la mundanidad y, entonces, nuestro cristianismo perderá vigor y dejaremos de ser sal de la tierra”, ha explicado el Pontífice.

Ni derrotismo ni conformismo

“Estas son, pues”, ha continuado, “las dos tentaciones de las que siempre debemos cuidarnos como Iglesia”. En primer lugar, “hacer una lectura catastrofista de la historia presente, que se alimenta del derrotismo de quienes repiten que todo está perdido, que ya no existen los valores del pasado, que no sabemos dónde iremos a parar”. Por otro lado, el otro riesgo es el de “la lectura ingenua de la propia época, que en cambio se basa en la comodidad del conformismo y nos hace creer que al fin de cuentas todo está bien, que el mundo ha cambiado y debemos adaptarnos”.

De esta manera, “contra el derrotismo catastrofista y el conformismo mundano, el Evangelio nos da ojos nuevos, nos da la gracia del discernimiento para entrar en nuestro tiempo con actitud de acogida, pero también con espíritu profético”.

Por tanto, Francisco ha animado a afrontar los cambios del mundo “con acogida profética”, lo cual significa “aprender a reconocer los signos de la presencia de Dios en la realidad, incluso allí donde no aparece explícitamente marcada por el espíritu cristiano y nos sale al encuentro con ese carácter que nos provoca y nos interpela”, y, al mismo tiempo, “interpretarlo todo a la luz del Evangelio, sin mundanizarse, sino como anunciadores y testigos de la profecía cristiana”.

Por otro lado, el Papa ha apuntado que “el compromiso de entrar en diálogo con las situaciones de hoy exige que la Comunidad cristiana esté presente y dé testimonio, que sea capaz de escuchar las preguntas y los retos sin miedo ni rigidez”. “Esto no es fácil en la situación actual”, ha reconocido, “porque tampoco faltan las dificultades internas”. Y, en este sentido, ha señalado la “sobrecarga de trabajo de los sacerdotes”.

Contra la rigidez pastoral

Aún así, Francisco ha recordado que “buena pastoral es posible si somos capaces de vivir el mandamiento del amor que el Señor nos ha dado y que es don de su Espíritu”, porque “si estamos distanciados o divididos, si nos volvemos rígidos en nuestras posiciones y en los grupos, no damos fruto”. Así, ha animado a superar las divisiones humanas “para trabajar juntos en la viña del Señor. Sumerjámonos en el espíritu del Evangelio, arraiguémonos en la oración, especialmente en la adoración y en la escucha de la Palabra de Dios, cultivemos la formación permanente, la fraternidad, la cercanía y la atención a los demás”. “Un gran tesoro ha sido puesto en nuestras manos, ¡no lo desperdiciemos buscando realidades secundarias respecto al Evangelio!”, ha aseverado.

Por ello, ha recordado a los sacerdotes que es necesario tratar “de no ser rígidos, sino de tener miradas y enfoques misericordiosos y compasivos”. “Esto nos ejercita para la acogida profética, para transmitir el consuelo del Señor en las situaciones de dolor y pobreza del mundo, acompañando a los cristianos perseguidos, a los migrantes que buscan hospitalidad, a las personas de otras etnias, a cualquiera que lo necesite”, ha añadido.

Autora: Elena Magariños.

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Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

Drag Queens leerán cuentos infantiles a niños en Monterrey.


¿Se planea entregar a la niñez regia contenido inapropiado y con sesgo ideológico?

La presentación de "Lectura de Drags" llamado Cuenti Drags en Monterrey, México, fue cancelada debido a las críticas recibidas por el contenido considerado inapropiado para menores de edad y promovía la ideología de género.

Las fechas contempladas para la lectura de cuentos eran el 23 y el próximo 30 de Abril, pero se canceló la actividad debido a que madres y padres de familia expresaron a través de redes sociales estar en contra de ella.

Sin embargo, la Diputada Jessica Martinez anunció y regaló el domingo 23 de abril libros con ideología LGBT+ a niños y jóvenes en el parque "El Capitán" en San Pedro Garza García, después de que el evento fue cancelado por el Municipio y este mismo adoptado por Colosio para llevarlo a cabo en Monterrey.

El evento, tenía objetivo promover la inclusión y la diversidad, donde se leerían cuentos a cargo de Drag Queens y comunidad LGBT+ de Monterrey.

La diputada Jessica Martinez sin darle importancia y respeto a la toma de decisión sobre la cancelación del evento, debido a la carga de contenido no apto y necesario para los niños, estuvo regalando y promocionando libros LGBT a los niños y niñas, en un parque .... es decir, en un espacio familiar.

"Esos días vamos a repartir libros entre los menores. Que no vayan a creer que no va a haber alguna actividad, vamos a regalar libros" ... estas fueron las palabras de la Diputada, buscando sobre pasar las observaciones y opiniones del Alcalde y la comunidad sampetrina.

Así mismo, las Drag Queens invitaron a los niños a una lectura de cuentos en otro lugar.

"Disfruta de las mágicas y divertidas historias que nuestras dragas invitadas compartirán para ti, tu familia y amigues", se lee en las imágenes compartidas por la organización. (El Universal)

Te pedimos que te sumes a nuestra exigencia, pidiéndoles a las autoridades, el gobernador, su esposa y específicamente al Presidente Municipal Luis Donaldo Colosio, que se le garantice mediante una iniciativa, la suma protección a los niños y jóvenes neoleoneses, específicamente en el ámbito educativo y recreativo.

Sigamos la exigencia del ex diputado local, Juan Carlos Leal Segovia, donde expresa que es urgente aprobar la iniciativa que presentó ante el Congreso del Estado, “para evitar el adoctrinamiento en ideología de género”. #CONLOSNIÑOSNO

Los padres de familia y la ciudadanía neoleoneses no están de acuerdo que se les enseñe a menores de edad sobre la diversidad sexual y temas relacionados con ellos.

Link para firmar: https://activate.org.mx/activacion/drag-queens-quieren-leer-cuentos-infantiles-en-mty-64485100a15b1

El Vaticano crea una comisión para el problema de las monjas quemadas por el estrés


Las uniones de superioras y superiores generales (USIG) crean una comisión para estudiar el síndrome de burnout (síndrome del trabajador quemado)

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El síndrome del trabajador quemado afecta también a las monjas, las religiosas que se dedican a servir en estructuras de la Iglesia o de los altos cargos de la institución sufren a menudo el síndrome del trabajador quemado o burnout, una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se produce por el estrés crónico en el lugar de trabajo. Las uniones de superioras y superiores generales (USIG) crean una comisión para estudiar este síndrome. Según el suplemento femenino del diario vaticano L'Osservatore Romano, 'Mujer, Iglesia y Mundo', muchas monjas están sujetas a una estricta jerarquía eclesiástica, sin contrato laboral ni reglas específicas, que las puede empujar a sufrir este síndrome.

Estrés postraumático

La monja australiana Maryanne Lounghry, psicóloga e investigadora del Boston College y la Universidad de Oxford, ha explicado que este síndrome puede generar trastornos de ansiedad, depresión o estrés postraumático en las religiosas. Por eso, propone elaborar una suerte de código de conducta o contrato laboral con el obispo o superior que favorezca el «bienestar» de la religiosa. Un acuerdo que establezca, por ejemplo, «dos semanas de vacaciones, una paga, una vivienda digna» o incluso «un año sabático después de cinco años de trabajo». Lounghry también ha anunciado que la Iglesia, en colaboración con la Unión Internacional de Superioras Generales, creará una comisión especial para estudiar durante los próximos tres años el efecto de esta enfermedad en las religiosas. El objetivo es construir comunidades resilientes y prevenir el burnout entre las monjas.

El síndrome 'burnout'

El síndrome de burnout o «síndrome del trabajador quemado» hace referencia, a la cronificación del estrés laboral. Este se manifiesta a través de agotamiento físico y mental que se prolonga en el tiempo y llega a alterar la personalidad y autoestima del trabajador. Las religiosas exigen mejores condiciones de su vida, sobre todo aquellas que se dedican a servir en estructuras de la Iglesia o de los altos cargos de la institución. Ya sea Papa, cardenal, cura o monja, por la fe, el cuerpo de profesionales religiosos debe cumplir y trabajar para extender la palabra del Señor. Sin embargo, esto no es tan sencillo, ni se consigue sin esfuerzo.

Las condiciones de trabajo, es un nuevo paso para erradicar la cultura de los abusos de conciencia, de poder y sexuales, el Papa Francisco ha aprobado la apertura de una residencia para monjas expulsadas de sus congregaciones.

El Vaticano lleva años castigando, incluso con la expulsión del sacerdocio, a quienes abusan sexualmente de religiosas, pero tan solo ahora está empezando a abordar seriamente otros dos problemas menos visibles: los abusos de poder y sexuales cometidos por superioras autoritarias, y el rescate de monjas expulsadas injustamente de sus propias congregaciones por denunciarlos o por el cambio de conducta a consecuencia de sufrirlos.

Las Misioneras Scalabrinianas están ya realizando esa tarea humanitaria, especialmente debida en el caso en que las religiosas han sido expulsadas injustamente, o en el caso de hermanas africanas y asiáticas, incluso privadas de su pasaporte, lo cual ha llevado a algunas a caer en las garras de las mafias de explotación de extranjeras y a practicar la prostitución callejera para sostenerse.

Transparencia

En el número que se publicó el 26 de febrero explicaba que el tema del agotamiento laboral y el estrés postraumático que sufren las religiosas fue abordado en la última reunión de la Unión Internacional de Superiores Generales (UISG) y se decidió establecer una comisión de cuidado personal en los próximos tres años.

Las monjas, explican en el artículo, esperan que al igual que en los casos de los abusos a menores se establezcan «líneas guías» para que se conozcan las obligaciones, pero también los derechos de las religiosas en sus lugares de trabajo, así como algo que se parezca a un contrato de trabajo.

Cada religiosa tendría que tener una especie de código de conducta, una carta de acuerdo con el obispo o el párroco para poder pedir un día libre o decir con libertad que lleva acumuladas más de 38 horas semanales.

Es necesario invertir en el bienestar de las monjas y por ejemplo concederles dos semanas de vacaciones, una paga, una vivienda digna, acceso a internet o «incluso un año sabático después de cinco años de trabajo». El prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada, el cardenal João Braz de Aviz, que afirma que el Papa Francisco quiere «transparencia total» en los casos de violencia sexual sobre las monjas.

El cardenal admite que su dicasterio, está recibiendo informes de casos de abusos a religiosas por parte de sacerdotes y que se están investigando, y agrega que lo sorprendente es que «comienzan a aparecer casos de abuso sexual entre monjas».

La Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) lo ha estudiado en su última reunión y ha creado, junto con la Unión de Superiores Generales (USG), una comisión conjunta para estudiar a fondo este problema a lo largo de tres años y proponer soluciones.

Hacen falta códigos de conducta que garanticen espacios de descanso y recreo, así como erradicar «la sensación de ser intimidada o acosada, que es una de las principales causas de stréss.

Autora: Matilde Latorre de Silva

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Fuente: https://www.eldebate.com/religion

Las mujeres y los laicos votarán por primera vez en la asamblea del Sínodo


El Papa elegirá a 70 miembros de una lista de 140 personas, entre sacerdotes, laicos o consagrados. El 50 % tendrán que ser mujeres

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El Papa Francisco permitirá, con una revolucionaria decisión, que las mujeres y los laicos que sean elegidos para participar en la próxima asamblea del Sínodo puedan votar por primera vez, una opción que hasta el momento estaba reservada a los obispos, informa EFE.

Los cardenales Mario Grech y Jean-Claude Hollerich, secretario general de la Secretaría del Sínodo y relator de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos respectivamente, han anunciado este miércoles esta novedad de cara a las dos reuniones, ordinaria y extraordinaria, que se celebrarán en 2023 y 2024 sobre la sinodalidad.

Diez clérigos serán «sustituidos por cinco religiosas y cinco religiosos pertenecientes a institutos de vida consagrada». Tendrán derecho a voto.

La otra gran novedad es que no habrá «auditores», como hasta ahora, sino que se añaden «otros 70 miembros, no obispos, que representen a otros fieles y que pueden ser sacerdotes, personas consagradas, diáconos o fieles laicos y que procedan de las Iglesias locales». Todos ellos, también con derecho a participar en las votaciones.

Estos serán elegidos por el Papa Francisco de una lista de 140 personas indicadas durante las reuniones internacionales de las Conferencias Episcopales y la Asamblea de Patriarcas de las Iglesias Orientales Católicas. Se ha pedido que el 50 % sean mujeres y que se valore también la presencia de jóvenes.

Autor: Alfa y Omega.

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Fuente: https://alfayomega.es/

La historia de Carmen, la mujer que liberaba almas del purgatorio rezando el Rosario todos los días.


A principios del siglo XX, en una pequeña aldea en el sur de España, vivía una mujer llamada Carmen. Carmen era una mujer piadosa y devota, y de vez en cuando rezaba el rosario en su pequeña capilla privada en honor a la Virgen María.

Un día, mientras rezaba, se le apareció una mujer vestida de blanco. La mujer le dijo que era un alma del purgatorio y que necesitaba su ayuda para salir de allí. Carmen, que era muy compasiva, decidió ayudar a la mujer.

La mujer del purgatorio le explicó a Carmen que tenía que rezar el rosario, pero no solo de vez en cuando, sino todos los días durante un mes, y que cada vez que lo hiciera, una pequeña luz aparecería en la capilla, representando una de las almas que estaba siendo liberada. Carmen aceptó la tarea y comenzó a rezar el rosario todos los días.

Al principio, no parecía estar sucediendo nada, pero después de unos días, empezó a notar algo extraño. Cada vez que rezaba el rosario, sentía una extraña sensación de paz y tranquilidad. Y luego, después de unos días más, comenzó a notar pequeñas luces parpadeantes en la capilla mientras rezaba.

Un mes después, Carmen había completado su tarea de rezar el rosario t durante 30 días consecutivos. Cuando terminó, la mujer del purgatorio se le apareció de nuevo y le agradeció por su ayuda. La mujer le dijo que gracias a su oración, había sido liberada del purgatorio y había sido llevada al cielo.

Carmen estaba muy emocionada y feliz de haber ayudado a una alma del purgatorio. Desde ese día en adelante, continuó rezando el rosario diariamente, esperando ayudar a otras almas que necesitaban su ayuda para entrar al cielo. 

¿Puedo ser católico sin creer en la virginidad perpetua de María?


Debo ser claro en que la creencia en la virginidad perpetua de María es un dogma de fe de la Iglesia Católica, es decir, una verdad divinamente revelada que todos los católicos deben aceptar y creer. Esta doctrina sostiene que María, la madre de Jesús, permaneció virgen antes, durante y después del parto de Jesús. Como católicos, nuestra fe en la virginidad perpetua de María es esencial porque forma parte de nuestra comprensión de quién es Jesucristo y cómo nos salvó.

La creencia en la virginidad perpetua de María se deriva de la Sagrada Escritura y de la Tradición de la Iglesia. Hay varios pasajes bíblicos que apuntan a la virginidad de María, como por ejemplo en Mateo 1,18, cuando se describe que María estaba "desposada con José, antes de vivir juntos, resultó que ella estaba encinta por obra del Espíritu Santo". Además, la afirmación de María en Lucas 1,34 de que no conoce hombre sugiere que ella se había consagrado completamente a Dios y había hecho un voto de virginidad.

La creencia en la virginidad perpetua de María también es respaldada por la Tradición de la Iglesia. Los primeros escritores cristianos, como San Ireneo y San Agustín, hablaron de la virginidad perpetua de María y la consideraron una enseñanza importante.

Como católicos, debemos aceptar y creer en todas las enseñanzas dogmáticas de la Iglesia. Esto incluye la virginidad perpetua de María. Negar esta enseñanza es negar una verdad divinamente revelada que ha sido sostenida por la Iglesia desde los primeros días del cristianismo.

Es importante recordar que nuestra fe católica no se basa únicamente en la Biblia, sino también en la Tradición de la Iglesia y en el Magisterio, que es la enseñanza oficial de la Iglesia. La creencia en la virginidad perpetua de María ha sido enseñada por la Iglesia desde sus primeros días y ha sido reafirmada en numerosas ocasiones por el Magisterio.

Como católicos, debemos tener cuidado de no oponernos con terquedad a la enseñanza de la Iglesia y desafiarla públicamente. Esto puede ser perjudicial para nuestra propia fe y para la fe de otros fieles, y puede llevar a la confusión y la división dentro de la Iglesia y causar división es un pecado grave.

Debo dejar claro que tener una duda en sí mismo no es un pecado. De hecho, es natural que tengamos preguntas y dudas sobre la fe católica y sus enseñanzas, y no hay nada malo en buscar una mayor comprensión y claridad sobre ellas.

Si tenemos una duda o pregunta sobre una enseñanza de la Iglesia, debemos buscar respuestas y aclaraciones a través de canales apropiados, como hablando con un sacerdote o líder espiritual de confianza. No debemos desafiar públicamente la enseñanza de la Iglesia ni llevar nuestra duda a otros fieles.

Es válido tener dudas, hay dogmas que son difíciles de comprender y aceptar, pero te animo a abandonarte en Dios y entender que el Espíritu Santo le ha revelado estas verdades al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. No te atemorices por pensar que estás pecando, te lo repito, la duda no es pecado, pero empeñarte en dudar y llevar esa duda a una confrontación doctrinal con la Iglesia del tipo "no me importa lo que diga la Iglesia, yo creo esto y punto", sí implica un pecado de desobediencia y de soberbia. Confía en que Dios no dejaría a la Iglesia a su suerte, Él la acompaña y no permitiría que la Iglesia llevara al error a millones y millones de fieles. 

Autor: Padre Ignacio Andrade.

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