¿Por qué en el cielo no seguiré casada con mi esposo? Yo quiero seguir siendo su esposa en la eternidad


Querida amiga,

Tu pregunta es hermosa y refleja el profundo amor que sientes por tu esposo. Es una cuestión que toca el corazón de nuestra fe y nuestra comprensión del amor eterno y la vida después de la muerte. Para responderte, quiero que imaginemos esto como una conversación entre amigos, mientras tomamos un café o damos un paseo por el parque. Vamos a explorar juntos lo que nos enseña la Iglesia Católica sobre el matrimonio, el cielo y cómo se transforma nuestra relación con Dios y con los demás en la eternidad.

Primero, hablemos sobre el propósito del matrimonio en la vida terrenal. Según la enseñanza de la Iglesia, el matrimonio es un sacramento, un signo visible del amor de Dios. En el matrimonio, un hombre y una mujer se unen para formar una sola carne (Génesis 2, 24) y se comprometen a amarse y honrarse mutuamente por toda la vida. Este amor conyugal es un reflejo del amor de Cristo por su Iglesia (Efesios 5, 25-32). Además, el matrimonio tiene una dimensión procreativa, abierta a la vida, y una dimensión unificadora, que fortalece el vínculo entre los esposos.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) nos dice en el numeral 1601: "La alianza matrimonial, por la cual un hombre y una mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados". Esto significa que el matrimonio no solo es una institución natural, sino también una vía de santificación y gracia para los cristianos.

Ahora, hablemos del cielo. La Escritura nos ofrece algunas pistas sobre la naturaleza de la vida eterna, pero también nos deja con un sentido de misterio. Jesús nos dice en el Evangelio de Mateo: "En la resurrección, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como los ángeles de Dios en el cielo" (Mateo 22, 30). Este pasaje a menudo genera preguntas y, a veces, inquietudes sobre la naturaleza de nuestras relaciones en la vida eterna.

Lo que Jesús nos está diciendo aquí es que en el cielo, nuestra relación con Dios será plena y completa. Seremos absorbidos por el amor perfecto y eterno de Dios de una manera que trasciende nuestras experiencias terrenales. Esto no significa que perderemos nuestras identidades o nuestras relaciones significativas, sino que serán transformadas y elevadas a un nivel de amor y comunión que no podemos comprender completamente en esta vida.

Imagina esto: en la tierra, nuestro amor por los demás está siempre de alguna manera limitado por nuestra condición humana, nuestras debilidades y nuestros pecados. En el cielo, todas estas limitaciones desaparecerán. Nuestro amor por Dios y por los demás será perfecto y sin obstáculos. Podremos amar a nuestro esposo, nuestros hijos, nuestros amigos y todos los santos de una manera perfecta, en la plenitud del amor de Dios.

El Catecismo también nos enseña sobre la comunión de los santos, que es la comunión de toda la Iglesia, tanto los que están en la tierra como los que ya han alcanzado el cielo (CIC 946-962). Esta comunión es una unión espiritual que supera nuestras relaciones humanas y nos une a todos en el amor de Cristo. En este sentido, nuestra relación con nuestro esposo no terminará, sino que será transformada y perfeccionada en la comunión de los santos.

Es natural que desees mantener la relación especial que tienes con tu esposo, porque es un amor profundo y significativo. Pero te animo a ver este deseo a la luz de la esperanza cristiana. En el cielo, no perderás a tu esposo; más bien, ambos serán completamente unidos en el amor de Dios. Podrás amarlo con un amor aún más puro y perfecto que el que experimentas ahora.

San Pablo nos recuerda en su Primera Carta a los Corintios: "Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido" (1 Corintios 13, 12). Esto significa que nuestra comprensión de Dios y de nuestros seres queridos será completa y perfecta en el cielo. Todos los velos serán quitados, y podremos experimentar una comunión y un amor que supera cualquier cosa que podamos imaginar.

Es importante también recordar que el matrimonio es una preparación para el cielo. A través del matrimonio, aprendemos a amar y a sacrificarnos por el otro, reflejando el amor de Cristo. Estas lecciones de amor, entrega y servicio no se perderán en el cielo, sino que encontrarán su plenitud. Lo que comenzamos aquí en la tierra en nuestro matrimonio será perfeccionado en la eternidad.

Para resumir, en el cielo, no es que dejarás de estar casada con tu esposo en el sentido de que esa relación no tenga valor o significado. Al contrario, tu amor por él será transformado y elevado. Seréis unidos de una manera aún más profunda y perfecta en la comunión con Dios. La alegría y el amor que compartisteis en la tierra serán llevados a su perfección en la vida eterna.

Permíteme concluir con una oración. Pidamos a Dios que nos ayude a comprender y aceptar su plan para nosotros, tanto en esta vida como en la próxima.

Señor Dios, te damos gracias por el don del matrimonio y por el amor que nos has dado para compartir con nuestros esposos y esposas. Ayúdanos a vivir nuestras vocaciones con fidelidad y amor, reflejando siempre tu amor por nosotros. Abre nuestros corazones para comprender el misterio de la vida eterna y la comunión de los santos. Que podamos confiar en tu promesa de que en el cielo, todas nuestras relaciones serán perfeccionadas en tu amor. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

Espero que esto te haya ayudado a entender un poco mejor la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y el cielo. Que Dios te bendiga a ti y a tu esposo, y que ambos crezcan siempre en el amor y la gracia de nuestro Señor.

Con cariño y oraciones,

Padre Ignacio Andrade.

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