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Pastor protestante Yattenciy Bonilla confirma que los católicos usamos el Antiguo Testamento de la Iglesia primitiva.

 

 
En el espectro del protestantismo (o de los 'protestantismos', en plural) hay, desde "pastores" autonombrados, que ellos a sí mismos se dieron su "ministerio" y abrieron su "iglesia", hasta hombres realmente serios, estudiosos, que aunque en muchos puntos podamos no estar de acuerdo con ellos y un buen número de enseñanzas doctrinales nos separen, no nos impide reconocer sus gestos de genuina honestidad, al apreciar que no recurren a cubrir información que pueda de alguna forma dar la razón a lo que la Iglesia católica defiende, este es el caso del pastor Yattenciy Bonilla, un investigador y estudioso de las Sagradas Escrituras, de su historia, de su formación y de su uso eclesiástico.

En este fragmento, que forma parte de una conferencia dada por Yattenciy en un seminario evangélico en México, el pastor de origen colombiano pero radicado en Ecuador, demuestra que los primeros cristianos del siglo I usaban la versión conocido como la Septuaginta, versión de la Escrituras judías (lo que para nosotros los cristianos es el Antiguo Testamento) en lengua griega, la cual contiene los libros llamados "deuterocanónicos" (I y II de Macabeos, Judit, Tobías, Eclesiástico, Sabiduría, y agregados a los libros de Ester y Daniel), de los cuales carecen las Biblias protestantes.

Yattenciy demuestra que la razón por la cual los judíos de Palestina reunidos en Yamnia a finales del siglo I, rechazaron los libros deuterocanónicos en el canon de las Escrituras judías fue para pelear con los cristianos, es decir, para oponerse a la Iglesia de Cristo que reconocía y aceptaba estos libros.

Bonilla apunta con precisión que en Yamnia los judíos decidieron decretar que ningún documento escrito en lengua griega podía ser catalogado como inspirado por Dios y con esta excusa retiraron los libros que usaban los cristianos y que habían sido originalmente escritos en griego. Y aunque Yattenciy no lo menciona, esto implica que como consecuencia lógica, los judíos de Yamnia rechazaban absolutamente todo el Nuevo Testamento, que estaba escrito en griego. Nosotros diríamos que posiblemente esa fue la principal intención al tomar la decisión, invalidar el Nuevo Testamento que nos habla de Jesucristo, el cual no aceptaban, apelando a un supuesto criterio de que Dios solo inspiraba textos en hebreo, y así quedaron invalidados también los deuterocanónicos.

Por tanto nos parece totalmente inconcebible y desatinado que el protestantismo siga rechazando los libros deuterocanónicos de la Septuaginta como parte del canon de la Biblia amparándose en la resolución y la opinión de un grupo judío de finales del siglo I que rechazaba a Jesucristo, y que combatía y negaba a Su Iglesia.
Por: Alfredo Rdz

Los dejamos con los comentarios de Yattenciy Bonilla:


Era protestante, acudió a «Mamá María» y llegó en el momento preciso: ella «lo cambió todo»


Desde que nació, la venezolana Yolimar Reyes vivió una «cuna de oro» en lo relativo a la fe, iba a colegios católicos, respetaba a su familia, recibía una buena formación y rezaba a la Virgen, a la que llama «Mamá María». Aunque admite que nunca profundizó demasiado, «el Señor y la Virgen siempre estuvieron» en su vida. Sin embargo, esta se empezó a truncar con el divorcio de sus padres y, especialmente, cuando se fue a vivir a Estados Unidos a los 22 años.

«Me ofreció un mundo de libertinaje y al tener independencia, me desaté«, explica al canal de El rosario de las 11.  Especialmente en lo material, hasta el punto en que fue olvidando su fe y cambiándola «por el dios dinero».

Llegó a tener tres trabajos, una buena casa, su propio negocio… en lo material, «había triunfado», pero vivir «entregada al yo, a la soberbia y al ego» hizo que «el enemigo empezase a pasar facturas».

A la euforia del éxito pronto le siguió «una sensación de vacío, de tristeza» que la quebró… y trató de llenarla junto a su pareja, a quien le propuso involucrar a Dios en su vida, plagad de bonitos recuerdos junto a la Virgen y su formación cristiana.

En el protestantismo para «involucrar a Dios»

«El me dijo que no iríamos a la Iglesia católica, pero yo con tal de involucrar a Dios no me importaba como, así que accedí a ir con él a la iglesia protestante«, comenta.

Yolimar recuerda que desde entonces asistió al «comienzo de la deformación» de su fe. Se sentía cómoda con sus nuevas amistades protestantes y el pastor «hablaba muy bien», pero los santos y María ya no estaban y no podía evitar pensar en que estaba traicionando a su familia.

Su relación no prosperó. Tras la ruptura, sola y sin saber dónde ir o qué hacer, el sentimiento de vacío aumentó y se aferró a la iglesia protestante como el único consuelo y «alimento del alma».

Con perspectiva, hoy sabe que la Virgen y Dios siempre estuvieron llamándola a través de invitaciones frecuentes de amigas católicas para asistir a grupos de oración. «Pero yo me sentía cómoda, hacía amigos, celebraba Halloween, hasta era amiga del pastor», pensaba.

El «quiebre» de Yolimar llegó con la mudanza de su madre a Estados Unidos: «Tras 10 años viviendo sola, empezamos a chocar. Ya era independiente y fue como si se invirtieran los papeles, ahora me tocaba a mí cuidar de ella. Todo fueron peleas, disturbios e ira».

Hasta el punto de que prefería estar en cualquier sitio menos en su casa. Por eso cuando recibió una nueva invitación de una amiga para ir a un grupo católico de oración hace 4 años, no dudó en aceptar.

«Mamá María», entre los mejores recuerdos de su niñez

Cuando entró a la iglesia, se sintió como en casa. «Lo primero que vi fue a la Virgen, el tabernáculo, el vía crucis… me trajo los mejores recuerdos de mi infancia, cuando mi abuela escuchaba misa y me hablaba de la Virgen, tantos recuerdos en tan pocos segundos que colapsé de amor. No podía parar de llorar ni controlar lo que me estaba sucediendo», relata.

Cuando empezó el grupo de oración, poco antes de Cuaresma, el sacerdote, Osvaldo, propuso a los presentes diversas formas de vivir el sacrificio e imitar a Cristo y la Virgen durante los próximos 40 días.

«En mi soberbia de hacer las cosas como yo considerase, dije que no leería el Evangelio [que propuso el sacerdote]», explica. En su lugar, «me quité el chocolate y el café con leche y me propuse ir todos los martes al grupo de oración como tiempo de lectura y cuaresma para el Señor».

Un antes y un después: «O católica o protestante»

Yolimar empezó el ayuno y a asistir con regularidad a la misma iglesia cuando llegó «un antes y un después» a su vida a través de un libro, los 36 volúmenes del Libro del Cielo de Luisa Picarreta y la consagración a María que incluía esta mística de la «Divina Voluntad». «No podía parar de leer. Empecé la consagración y `Mamá María´ tocó mi corazón», admite.

Pero Yolimar seguía en la iglesia protestante, a la que iba cada domingo antes de ir a la católica, de la que siempre admiraba la belleza de la Virgen y los «golpes de amor» que sentía al verla.

Incluso hacía apostolado con otras amigas a las que invitaba al grupo de oración de la iglesia católica. Lo más curioso de todo, dice, es que el último día de la consagración a la Virgen del mes de mayo, una de esas amigas a las que había invitado le dijo: «Me gusta mucho el grupo, pero tú te tienes que decidir. O eres católica o eres protestante«.

Tenía mucho que perder si abandonaba los cultos dominicales protestantes. Especialmente los amigos, la comodidad y el apoyo que encontraba.

Indecisa, acudió a su recién reparada relación con la Virgen María.

María llegó en el momento preciso para cambiarlo todo

«`Tengo miedo, pena, vergüenza, pero no quiero dejarme llevar más por el mundo. Tú eres un ejemplo a seguir y yo soy católica, no protestante´. Le pedí ser fuerte y dar la cara, porque sentía que iba a herir a mucha gente, pero cuando sentí que Mamá María me daba el valor, asumí la responsabilidad y dejé de ir a la iglesia protestante«, relata.

Tras tomar la decisión, su vida dio un giro total. Sus antiguas amistades le retiraron la palabra, pero ella decidió «seguir el ejemplo de Jesús y perdonarles«.

Mientras, se involucró por completo en la cultura y la fe católica, peregrinó a Tierra Santa, hizo ayunos y se empapó de enseñanzas y lecturas, completando la transformación «de la mano de la Virgen», que le suscitaba recuerdos de su pasado para comprender «que ella siempre estuvo» a su lado.

Hoy, sabe más que nunca que «ser católico no es fácil, es ser un guerrero«, pero que también «Dios da las herramientas» a través de los sacramentos, los mandamientos y la gracia para vivir y mantener la fe.

Entre las muchas gracias y regalos que ha recibido de Dios, destaca el rescate de su familia. «La relación con mi madre es ahora mucho mejor. Mi abuela falleció y estuve con ella haciendo la unción de enfermos y novenas. Mamá María llegó en el momento preciso para llevar también a mi familia a convertirse y al Señor y a cambiar mi vida«, concluye.

La historia de Lucas, el joven protestante que tenía miedo de decirle a su familia que se convertiría al catolicismo... ¡Y todos se convirtieron!


Esta es la historia de Lucas, un joven argentino quien había sido criado en una familia protestante. Desde muy pequeño, sus padres le habían enseñado la fe cristiana y la importancia de seguir los mandamientos de la Biblia. Lucas creció en un ambiente muy religioso y siempre se consideró a sí mismo como un fiel protestante.

Sin embargo, a medida que crecía, Lucas comenzó a tener preguntas y dudas sobre su fe. Empezó a leer más sobre la historia de la Iglesia y a investigar sobre la teología católica. Al principio, esto solo fue por curiosidad, pero pronto se convirtió en una búsqueda seria de la verdad.

Lucas descubrió que muchas de las creencias y prácticas católicas que había considerado erróneas y extrañas durante toda su vida eran en realidad profundas y significativas. Empezó a estudiar más sobre la Eucaristía, la confesión y la intercesión de los santos, y se dio cuenta de que estas eran enseñanzas que no solo tenían una base bíblica sólida, sino que también tenían una larga tradición en la Iglesia.

A pesar de su creciente interés en la teología católica, Lucas se resistió a la idea de convertirse al catolicismo durante mucho tiempo. Sentía que estaba traicionando a su familia y a sus antepasados ​​protestantes, y temía la reacción de sus amigos y su comunidad religiosa.

Pero finalmente, después de mucho tiempo de reflexión y oración, Lucas tomó la decisión de convertirse al catolicismo. Fue un paso difícil y doloroso para él, pero sabía que era lo correcto.

Lucas comenzó su camino de conversión asistiendo a misa católica regularmente y aprendiendo más sobre la doctrina católica. A medida que profundizaba en su fe católica, encontró una comunidad acogedora y amorosa que lo ayudó en su camino de conversión.

Al principio, hubo momentos en los que Lucas se sintió incómodo en la iglesia católica, especialmente cuando participaba en los sacramentos como la confesión y la Eucaristía. Pero con el tiempo, comenzó a apreciar la riqueza y la profundidad de estas prácticas, y se dio cuenta de que eran esenciales para su vida espiritual.

A medida que Lucas se acercaba a su conversión completa, tuvo que enfrentarse a la difícil tarea de comunicar su decisión a su familia y amigos protestantes. Sabía que su decisión sería difícil de aceptar, pero se aseguró de ser respetuoso y comprensivo al explicar sus motivos y su camino de conversión.

Aunque algunos de sus amigos y familiares no entendieron su decisión y se alejaron de él, otros lo apoyaron y lo alentaron en su camino de fe. Y a medida que Lucas continuó creciendo en su fe católica, encontró una comunidad cálida y acogedora en su parroquia que se convirtió en su hogar espiritual.

La conversión de Lucas al catolicismo no fue fácil, pero fue un camino de fe significativo que lo llevó a descubrir la riqueza y la profundidad de la teología católica. A través de su camino de conversión, Lucas encontró una nueva comunidad de fe y un sentido renovado de propósito en su vida. Descubrió que la Iglesia Católica tenía una rica historia y tradición que se remontaba a los primeros siglos del cristianismo, y que esta historia y tradición habían sido cuidadosamente transmitidas a través de los siglos.

Lucas también descubrió que la Iglesia Católica tenía una visión del mundo muy completa y que abarcaba todos los aspectos de la vida humana. No solo se centraba en la salvación del alma, sino también en la promoción del bien común y la justicia social. Esto resonó profundamente con Lucas, ya que siempre había sentido una llamada a servir a los demás.

A medida que Lucas continuó profundizando en su fe católica, también se dio cuenta de que su conversión no significaba que debía dejar atrás todo lo que había aprendido en su educación protestante. De hecho, encontró muchos puntos de convergencia entre la teología católica y la teología protestante. Descubrió que la división entre católicos y protestantes no era tan profunda como pensaba, y que había mucho más que los unía que los separaba.

Con el tiempo, Lucas se convirtió en un miembro activo y comprometido de su parroquia católica. Se unió a grupos de estudio bíblico y se ofreció como voluntario en varias actividades de la iglesia. También comenzó a profundizar en su vida de oración, y encontró una gran paz y consuelo en la devoción a la Virgen María y a los santos.

A medida que Lucas continuaba creciendo en su fe católica, también notó un cambio en su vida diaria. Descubrió que sus relaciones se volvieron más profundas y significativas, y que su vida se volvió más enfocada y coherente. Se dio cuenta de que había encontrado un sentido renovado de propósito en su vida, y que su conversión había sido un paso importante en su camino de descubrimiento espiritual.

Su familia se convierte.

Además de los cambios en su vida personal, la conversión de Lucas también tuvo un impacto en su familia. A medida que Lucas profundizaba en su fe católica, comenzó a compartir lo que había aprendido con su esposa e hijos. Juntos, comenzaron a estudiar la Biblia desde una perspectiva católica y a asistir a misa en una parroquia cercana.

Para su sorpresa, su esposa y sus hijos encontraron la misma paz y sentido de propósito que Lucas había encontrado en su camino hacia la Iglesia Católica. A medida que continuaban estudiando y reflexionando juntos, comenzaron a ver la verdad y la belleza de la Iglesia Católica y decidieron unirse a la fe católica.

La conversión de toda su familia al catolicismo fue un momento muy especial para Lucas, ya que sintió que su decisión de convertirse había tenido un impacto positivo en aquellos que más amaba. La experiencia también fortaleció la unidad de su familia, ya que ahora compartían una fe común y trabajaban juntos para crecer en ella.

En general, la conversión de Lucas al catolicismo y la decisión de su familia de unirse a la fe católica fueron un testimonio del poder transformador de la gracia de Dios y de la importancia de estudiar la Biblia desde una perspectiva católica. A través de su experiencia, Lucas y su familia encontraron una fe más profunda y significativa y se unieron a una comunidad global de creyentes que compartían sus valores y visión del mundo.

Era protestante, desconfiado se acercó a San José y su vida dio un vuelco



Como bautista, no pensé demasiado en San José. En primer lugar, las Escrituras dicen muy poco sobre él, no registran nada de sus palabras reales, y dado que como buen protestante creía que las Escrituras eran la única regla infalible de fe, eso debe significar que San José no era demasiado importante.

Vaya, estaba equivocado, pero no lo sabía en ese momento, y fue a través de un camino sinuoso que nuestro Señor me mostró la grandeza de su padre adoptivo.

Conversión

San José no era lo único que tenía mal acerca de Jesús, pero por la gracia de Dios, tenía poco más de veinte años cuando descubrí la Iglesia Católica y dejé mi iglesia Bautista del Sur por la plenitud de la verdad en el catolicismo.

Me había graduado de la universidad, acababa de comenzar mi carrera e iba a una parroquia en la ciudad cuando conocí a un esposo y padre católico mayor en la misa diaria.

Llegué a conocer a este hombre, el Sr. K, que tenía cinco hijos. Lo observaba en la misa para ver cómo se preocupaba por sus hijos, cómo les enseñaba la fe, para que yo también pudiera aprender a ser un buen padre algún día.

Pureza

El Sr. K me tomó bajo su protección y me enseñó informalmente cómo ser un hombre católico sólido. Le conté que luché con la pureza y un día me dio una tarjeta sagrada con la imagen de San José.

En el reverso de la tarjeta había una oración por la pureza que invocaba la intercesión de San José. Fascinado por esto, comencé a pedirle a San José que orara por mí por pureza. El Sr. K explicó que San José permaneció puro durante toda su vida y fue un poderoso intercesor.

Comencé a aprender más sobre la rica tradición de la Iglesia Católica con respecto a este santo y crecí en aprecio por él. Leí la Exhortación Apostólica del Papa San Juan Pablo II sobre San José, llamada Redemptoris Custos (Guardián del Redentor). ¡Resulta que había mucho más en este santo silencioso de lo que jamás había imaginado!

En mi estudio, descubrí una ayuda espiritual adicional para la pureza: el Cordón de San José. Este cordón es una simple cuerda con nudos que se coloca alrededor de la cintura, debajo de la ropa para que no se vea.

Un sacerdote lo bendice y, a través de oraciones regulares y devoción a San José, Dios concede al portador las gracias para ser un hombre virtuoso.

San José estaba creciendo en mi corazón y en mi vida, y estaba viendo los frutos de ello.

Noviazgo

Creí que Dios me estaba llamando al matrimonio, y tuve la bendición de conocer a una joven católica, con quien comencé un noviazgo.

Por primera vez en mi vida, estaba tratando de tener una relación a la manera de Dios y no a la mía. Esta joven tenía una devoción por la Sagrada Familia de Jesús, María y José, y compartió conmigo la imagen completa de cómo nuestro Señor unió a la Sagrada Familia.

Me di cuenta de cuánto quería ser como este enorme santo: fiel, puro, fuerte, santo. Él personificó lo que significaba ser un esposo y padre piadoso.

A través de su estrecha relación con Nuestra Señora y Jesús, se elevó a alturas de santidad con las que solo podía soñar; sin embargo, Dios me lo dio como padre espiritual y patrón.

Fue en ese momento que supe que mi cumpleaños coincidía con la festividad de San José, el 19 de marzo. Este descubrimiento fue un regalo secreto que nuestro Señor había planeado que yo lo averiguara un día, cuando estuviera listo.

Matrimonio

El noviazgo que había tenido con la joven no condujo en última instancia al compromiso, pero había aprendido mucho sobre qué tipo de hombre quería ser para mi futura esposa.

Descubrí novenas durante este tiempo y comencé a rezar la Novena de San José por la intención de encontrarme con mi cónyuge.

No sucedió de inmediato, nuestro Señor sabía cuánto tiempo me tomaría estar lista, pero unos años más tarde, mientras estaba en medio de la novena a San José, conocí a Catalina, quien se convertiría en mi esposa.

Para mi deleite, mientras pasábamos de la amistad al noviazgo al compromiso, ella compartió conmigo que, debido a situaciones difíciles en su propia educación, había tomado a San José como su padre espiritual, donde su propio padre se había quedado corto.

A lo largo de nuestra relación, ella vio mi devoción a este santo y para ella era la marca del hombre con el que quería casarse. San José volvió a pasar sin que yo me diera cuenta.

Mecenazgo

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha revelado todo el alcance de la grandeza de San José. Este santo silencioso de la Biblia ahora es reconocido como el patrón de innumerables causas, personas y lugares, que incluyen: esposos y padres, la Iglesia Universal, los niños por nacer, los inmigrantes, los trabajadores, el empleo, contra la duda y la vacilación, y de una muerte feliz. .

San José murió de la manera más feliz, en los brazos de Jesús y María, por lo que es el santo patrón de una muerte feliz y cada vez que escucho que alguien ha muerto, le pido a San José que ore por ellos.

¿Cómo conocer por ti mismo a este santo o profundizar tu relación con él? ¿Por qué no empezar con una novena de nueve días a San José ? La fecha tradicional comienza el 10 de marzo y conduce a su fiesta.

¡Te garantizo que no te arrepentirás!

Siete razones por las cuales nunca me haría evangélico/protestante



7 razones por las cuales nunca sería evangélico/protestante

1. Porque el evangelicalismo no puede demostrar su existencia histórica en los primeros siglos del cristianismo, por tanto sus comunidades no son comunidades de origen apostólico. Y para detectar cual es la Iglesia de Cristo, aquella a la que le fue dada la promesa de que ni el infierno prevalecerá contra ella, es necesario rastrearla en la historia hasta el siglo I. Si no se remonta hasta el primer siglo NO es la Iglesia de la promesa.

2. Sus enseñanzas no son las que fueron creídas durante los primeros 1500 años del cristianismo, sus doctrinas se empezaron a elaborar hasta que apareció el protestantismo. "Sola fide" y "sola scriptura" son creencias completamente ajenas al cristianismo primitivo de los apóstoles y los Padres de la Iglesia.

3. Porque si creyera en la "sola scriptura" sería completamente incapaz de responderle a un católico si me preguntara dónde está el canon de la biblia en la biblia, así que no podría sustentar el contenido de la biblia, solo con la biblia, y además no podría demostrar que los evangélicos intervinieron en la formación del canon, ya que no existían en el siglo IV en que el canon se definió.

4. Porque si eligiera ser evangélico tendría luego que discernir entre tanta denominación para escoger una (unirme a los que creen en el rapto o los que no, con los que bautizan bebés o los que no, con los que creen que el diezmo obligatorio es bíblico o los que no, con los que creen que los carismas del E.S. están vigentes o con los que creen que ya cesaron, con los que creen que la salvación se puede perder o los que no, con los monergistas o con los sinergistas, con los que creen en el gobierno episcopal o en el presbiterial o en el congregacional, con los que creen que el bautismo es necesario para salvación o con los que creen que es solo un acto simbólico de obediencia, con los que creen que Jesús murió por todos o solo por unos elegidos, etc., etc.).

5. Porque no me gustaría pertenecer a un grupo que me fomentara el miedo y el desprecio por el arte y la belleza de lo sacro expresada en imágenes cristianas donde se nos representa al Señor o nuestros hermanos los santos de Dios.

6. Porque no me gustaría pertenecer a un "cristianismo" sin cristianos, donde se me prohiba honrar la memoria de los propios miembros del Cuerpo de Cristo (los santos) y se me enseñe que es malo y que ofende y enoja a Dios que tenga comunión con aquellos que Él mismo santificó, como si fueran sus enemigos o competidores.

7. Y lo más importante, porque no podrían darme a comer el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Cristo en la Eucaristía (ni ninguno de los otros sacramentos, medios por los que se transmite la gracia divina que necesito para salvarme). Y al Cuerpo de Jesús, realmente presente en el Santísimo Sacramento, medicina de inmortalidad, según los primeros cristianos, no lo cambiaría por un simple pedazo de pan simbólico.

Alfredo Rodríguez

Un pastor les afeita el vello púbico a mujeres para que puedan "recibir al espíritu santo"



Un video en el que un supuesto pastor les rasura el vello púbico a varias mujeres en medio de una ceremonia religiosa en Ghana, África para “poder recibir al espíritu santo”, se ha hecho viral en redes sociales, provocando conmoción e incredulidad.

En la grabación se puede ver cómo el presunto pastor -con ayuda de otro hombre- les levantan las faldas a por lo menos a tres mujeres distintas, a quienes se les pone de frente y de rodillas, mientras aparentemente humedece una navaja de afeitar.

Ya con las navajas previamente sumergidas en un bowl de agua que sostiene su ayudante, el hombre pasa luego al proceso de depilación mientras al mismo tiempo no deja de dar gritos y supuestas alabanzas a dios.

Aunado a esas mujeres, también se observa a una adulta mayor pararse frente al hombre y quitarse la ropa frente a todos los asistentes para que el pastor le rasure su vello púbico.

Diversos comentarios en diferentes redes han mostrado su indignación sobre lo ocurrido. “La Biblia no dice que ningún hombre, ni siquiera el esposo de la mujer, haga esto de forma privada o pública”, se puede leer.

Otro comentario recuerda que Jesús lavaba los pies de las personas, “no les afeitaba el vello púbico”.

Estudio bíblico de un pastor protestante explica quien es la "gran ramera" (y NO es la Iglesia católica).


Dejando de lado las innumerables diferencias que mantienen divididos a los grupos evangélicos modernos, hay una posición en la que encuentran consenso, y es en la de interpretar a la "gran ramera del apocalipsis" como la Iglesia católica; esta interpretación prácticamente es una "verdad absoluta" para esos grupos. Y si bien muchos apologistas católicos han contestado a este ataque con muy buenos argumentos, pensamos que quizá sea aún más convincente para estas personas conocer la interpretación bíblica de un propio protestante, que deja claro que la gran ramera NO es la Iglesia católica. ¿Entonces quien es la "gran ramera"? Que sea el propio estudio bíblico del pastor David Chilton el que lo responda:
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La gran ramera

(Apocalipsis 17-19)

El libro de Apocalipsis nos presenta dos grandes ciudades, antitéticas entre sí: Babilonia y la Nueva Jerusalén. Como veremos en un capítulo posterior, la Nueva Jerusalén es el paraíso consumado, la comunidad de los santos, la ciudad de Dios. La otra ciudad, a la que constantemente se la contrasta con la Nueva Jerusalén, es la antigua Jerusalén, que se ha vuelto infiel a Dios. Si conociéramos mejor nuestras Biblias, esto sería evidente inmediatamente, porque la mayor parte del lenguaje que describe a "Babilonia" ha sido tomado de otras descripciones bíblicas de Jerusalén. Consideremos algo de la información que Juan proporciona sobre esta perversa ciudad.

Primero, se nos dice que ella es "la gran ramera ... con la cual han fornicado los reyes de la tierra" (Apoc. 17:1-2). Esta llamativa descripción de una ciudad-ramera que fornica con las naciones procede de Isaías 57 y Ezequiel 16 y 23, donde Jerusalén es representada como la Esposa de Dios que se ha vuelto prostituta. El pueblo de Jerusalén había abandonado la verdadera fe y se había vuelto a los dioses paganos y a las naciones impías en busca de ayuda, más bien que a la confianza en Dios para que fuese su protector y libertador. Usando lenguaje tan explícito que la mayoría de los pastores no quieren predicar sobre estos capítulos, Ezequiel condena a Jerusalén como una ramera degradada y lasciva. "Abriste tus piernas a cualquiera que pasaba, y fornicaste sin cesar" (Eze. 16.25). Juan ve a la ramera sentada en un desierto, un símbolo que ya hemos considerado bastante como imagen de la maldición; además, la imagen específica de Jerusalén como ramera en un desierto se usa en Jeremías 2-3 y Oseas 2.

La ramera en el desierto, dice Juan, está sentada sobre la bestia (Apoc. 17:3), representando su dependencia del Imperio Romano para su existencia nacional y poderío; por el testimonio del Nuevo Testamento, no hay duda de que Jerusalén estaba, política y religiosamente, "fornicando" con el imperio pagano, cooperando con Roma en la crucifixión de Cristo y la persecución homicida de los cristianos. Desarrollando aun más este aspecto del simbolismo, un ángel le dice a Juan más sobre la bestia: "Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo" (Apoc. 17:9-10). Los "siete montes" nuevamente identifican la bestia como Roma, famosa por sus "siete colinas"; pero éstas también corresponden a la línea de los Césares. Cinco han caído: los primeros cinco Césares eran Julio, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio. Uno es: Nerón, el sexto César, estaba en el trono cuando Juan escribía el Apocalipsis. El otro... debe permanecer breve tiempo: Galba, el séptimo César, reinó durante siete meses.

El nombre simbólico dado a la ramera era Babilonia la grande (Apoc. 17:5), un recordatorio de la ciudad del Antiguo Testamento que era el epítome de la rebelión contra Dios (ver Gén. 11:1-9; Jer. 50-51). Esta nueva y mayor Babilonia, la "madre de las rameras", "está ebria con la sangre de los santos, y con la sangre de los testigos de Jesús" (Apoc. 17:6). Más tarde, Juan nos dice que "en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra" (Apoc. 18:24). Esta afirmación suena familiar, ¿verdad? Viene de un pasaje que hemos considerado varias veces antes: la condena de Jerusalén por Jesús.

Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra... (Apoc. 18:24). De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! (Mat. 23:34-37).

Históricamente, Jerusalén es la que siempre había sido la gran ramera, cayendo constantemente en la apostasía y persiguiendo a los profetas (Hech. 7:51-52); Jerusalén era el lugar donde los profetas eran asesinados (Lucas 13:33). No podemos captar el mensaje de Apocalipsis si no reconocemos su carácter central como documento de pacto, legal; como los escritos de Amós y otros profetas del Antiguo Testamento, Apocalipsis representa una demanda de pacto, que acusa a Jerusalén de violar el pacto y declara su juicio.

Juan recuerda que los "diez reyes", los gobernantes sujetos al imperio, se unen a la bestia contra Cristo: "Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero" - ¿y cuál será el resultado? "Y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles" (Apoc. 17:13-14). Juan asegura a la iglesia que, en su terrible y terrorífico conflicto con el tremendo poder de la Roma imperial, la victoria de Cristo está garantizada.

En este punto, el centro de atención parece cambiar. Dice Juan que, cuando la guerra entre César y Cristo se caliente, los pueblos del imperio "aborrecerán a la ramera y la dejarán desolada [ver Mat. 24:15] y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios" (Apoc. 17:16-17; ver 18:6-8). Jerusalén había fornicado con las naciones paganas, pero, en el año 70 D. C., éstas se volvieron contra ella y la destruyeron. Nuevamente, este cuadro ha sido tomado de los profetas del Antiguo Testamento que hablaban de Jerusalén como ramera: habían dicho que, así como la hija del sacerdote que se había vuelto ramera debía ser "quemada con fuego" (Lev. 21:9), así también Dios usaría a los anteriores "amantes" de Jerusalén, las naciones paganas, para destruirla y quemarla hasta los cimientos (Jer. 4:11-13, 30-31; Eze. 16:37-41; 23:22, 25-30). Sin embargo, vale la pena observar que la bestia destruye a Jerusalén como parte de su guerra contra Cristo; los primeros historiadores informan que el motivo de los líderes romanos para destruir el templo era, no sólo destruir a los judíos, sino borrar el cristianismo. ¡La bestia pensaba que podía matar a la ramera y a la Esposa de un solo golpe! Pero, cuando el polvo se asentó, la estructura de la Jerusalén antigua y apóstata yacía en ruinas, y la iglesia quedó revelada como el templo nuevo y más glorioso, la eterna morada de Dios.

Juan nos dice que la ramera "es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra" (Apoc. 17:18). Este versículo ha confundido a algunos intérpretes. Aunque todas las otras señales apuntan a Jerusalén como la ramera, ¿cómo puede decirse de ella que blande esta clase de poder político mundial? La respuesta es que Apocalipsis no es un libro sobre política; es un libro sobre el pacto. Jerusalén sí reinó sobre las naciones. Tenía una prioridad de pacto sobre los reinos de la tierra. Rara vez se aprecia lo suficiente el hecho de que Israel era un reino de sacerdotes (Éx. 19:6), y que ejercía este ministerio en nombre de las naciones del mundo. Mientras Israel fue fiel a Dios, y ofreció sacrificios a nombre de las naciones, el mundo estuvo en paz; cuando Israel rompió el pacto, el mundo quedó envuelto en confusión. Las naciones gentiles reconocieron esto (1 Reyes 10:24; Esdras 1; 4-7; ver Rom. 2:17-24). Pero, perversamente, las naciones paganas trataron de seducir a Israel para que cometiera adulterio contra el pacto - y cuando lo hizo, se volvieron contra ella y la destruyeron. Ese patrón se repite varias veces, hasta la excomunión final de Israel en el 70 D. C., cuando Jerusalén fue destruida como señal de que el reino había sido transferido a su nuevo pueblo, la iglesia (Apoc. 11:19; 15:5; 21:3).

Puesto que Israel debía ser destruido, los apóstoles pasaron gran parte de su tiempo en los últimos días advirtiendo al pueblo de Dios que se separara de él y se alineara con la iglesia (ver Hech. 2:37-40; 3:19, 26; 4:8-12; 5:27-32). Este es el mensaje de Juan en Apocalipsis. La apostasía de Jerusalén ha sido tan grande, dice Juan, que su juicio es permanente e irrevocable. Ahora ella es Babilonia, la implacable enemiga de Dios. "Y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible" (Apoc. 18:2). Puesto que Israel rechazó a Cristo, la nación entera es habitación de demonios, sin ninguna esperanza (ver Mat. 12:38-45; Apoc. 9:1-11). Por consiguiente, el pueblo de Dios no debía tratar de reformar a Israel, sino abandonarlo a su suerte. La salvación está en Cristo y la iglesia, y sólo la destrucción aguarda a los que se ponen de parte de la ramera: "Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas" (Apoc. 18:4; ver Heb. 10:19-39; 12:15-29; 13:10-14).

Y así, Jerusalén fue destruida, para no levantarse más: "Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar [ver Lucas 17:21] diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada" (Apoc. 18:21). Pero "Jerusalén" todavía está en pie en el siglo veinte, ¿no? ¿Cómo es que fue destruida para siempre en el 70 D. C.? Lo que esto significa es que Israel, como el pueblo del pacto, dejará de existir. Jerusalén - como la gran ciudad, la santa ciudad - no se hallará más. Es verdad que, como hemos visto en Romanos 11, los descendientes de Abraham entrarán al pacto nuevamente. Pero no serán una nación separada y santa de sacerdotes especiales. Se unirán a los pueblos del mundo en la multitud de los salvados, sin ninguna distinción (Isa. 19:19-25; ver Efe. 2:11-22). Así, pues, Jerusalén, que abandonó la religión del pacto y se volvió a un culto demoníaco de hechicería, brujería, y culto al estado, quedará en la ruina para siempre. Lo que una vez fue un paraíso, nunca más volverá a conocer las bendiciones del huerto de Edén (Apoc. 18:22-23).

El pueblo de Dios había estado orando por la destrucción de Jerusalén (Apoc. 6:9-11). Ahora que sus oraciones son contestadas, la gran multitud de los redimidos prorrumpe en alabanza antifónica:

¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos" (Apoc. 19:1-3; ver 18:20).

Contrariamente a lo que esperaba Roma, la destrucción de Jerusalén no fue el fin de la iglesia. En vez de eso, fue el pleno establecimiento de la iglesia como el nuevo templo, la declaración final de que la ramera ha experimentado el divorcio y ha sido ejecutada, y que Dios ha tomado para sí una nueva Esposa. El juicio y la salvación son inseparables. El colapso de la cultura impía no es el fin del mundo sino su re-creación, como en al diluvio y el éxodo. El pueblo de Dios ha sido salvado de las fornicaciones del mundo para que se convierta en su Esposa; y la señal constante de este hecho es la celebración de la comunión en la iglesia, la "cena de bodas del Cordero" (Apoc. 19:7-9).

Pero hay otra gran fiesta registrada aquí, la "gran cena de Dios", en la cual todas las aves carroñeras son invitadas a "comer las carnes de reyes y capitanes, carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes" (Apoc. 19:17-18) - todos los enemigos de Cristo, los que rehúsan someterse a su ley. Porque Él cabalga en su corcel de guerra, seguido por su ejército de santos, conquistando a las naciones con la Palabra de Dios, el evangelio, simbolizado por una espada que salía de su boca (Apoc. 19:11-16). Esta no es la segunda venida; es más bien una declaración simbólica de esperanza, la certeza de que la Palabra de Dios será victoriosa en todo el mundo, de modo que el gobierno de Cristo será establecido universalmente. Cristo será reconocido en todas partes como Rey de reyes y Señor de señores. Desde el comienzo de Apocalipsis, el mensaje de Cristo a su iglesia ha sido una orden de vencer, conquistar (Apoc. 2:7, 11, 17, 26-28, 3:5, 12, 21); aquí, le asegura a la iglesia sufriente que, a pesar de la feroz persecución por Israel y Roma, Cristo y su pueblo serán victoriosos sobre todos los enemigos. El destino de la bestia, del falso profeta, y de todos los que se oponen al señorío de Cristo es la muerte y la destrucción, en el tiempo y la eternidad (Apoc. 19:19-21).

Los cristianos del siglo primero, rodeados por la persecución y la apostasía, podrían haberse visto tentados fácilmente a considerar su generación como la del fin. El gran testimonio de Apocalipsis era que estas cosas no eran el fin, sino el principio. En el peor de los casos, la bestia y sus co-conspiradores están meramente cumpliendo los decretos del Dios soberano (Apoc. 17:17). Él ha ordenado cada uno de sus movimientos, y ha ordenado su destrucción. La naciones rugen, pero Dios ríe: Él ya ha establecido a su rey en su santo monte, y todas las naciones serán gobernados por Él (Sal. 2). Toda potestad le ha sido dada a Cristo en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18); como cantaba Lutero, "Él tiene que ganar la batalla". Al progresar el evangelio en todo el mundo, vencerá, y vencerá, y vencerá, hasta que todos los reinos vengan a ser los reinos de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por siempre. No cederá al enemigo ni una sola pulgada de terreno ni en el cielo ni en la tierra. Cristo y su ejército cabalgan por lo alto, conquistando y para conquistar, y nosotros, por medio de Él, heredaremos todas las cosas.

Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas, y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Apoc. 19:11-16).

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El Texto anterior corresponde al capítulo 21 del Libro "El Paraiso Restaurado". El libro puede leerse en el siguiente enlace: https://sites.google.com/site/hombrereformado/el-paraiso-restaurado-david-chilton

La tía Mari y el Rosario, y el protestante que la quiso humillar


LA TÍA MARY Y EL SANTO ROSARIO 

Había una señora muy humilde, que vendía verduras en una vecindad. Cierto día, la tía Mary, así era conocida por toda la vecindad, fue a vender sus verduras en la casa de un señor y allí perdió su rosario. Después de algunos días, la tía Mary volvió a esa casa, y este señor cuando la vio, enseguida buscó el Rosario encontrado, y burlándose le dijo así: 

- Usted ha perdido a su Dios
- Ella respondió: ¿Yo? ¿Perder a mi Dios? ¡Nunca!
Entonces él sacó el rosario y le dijo:
- ¿No es este su Dios?
- A lo que ella contesto: Gracias a Dios, el Señor me ha regresado mi Rosario. Muchas gracias.
- ¿Por qué no cambia señora este cordón con cuentas, por la Biblia?; preguntó él.
Y ella humildemente respondió:
- Porque yo no sé leer, señor, y con el Rosario, yo medito toda la palabra de Dios y la guardo en mi corazón.
- ¿Medita la palabra de Dios? ¿Cómo es eso? ¿Podría decirme cómo es eso?
- ¡Claro que sí!: respondió la tía Mary; y tomando el Rosario le dijo: 

- Cuando yo tomo la Cruz, recuerdo que el hijo de Dios derramó Su Sangre en la Cruz, para Salvar a la humanidad. 

Esta primera cuenta gorda me recuerda que hay un solo Dios omnipotente. Estas tres cuentas pequeñas me recuerdan las tres personas de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Esta cuenta gorda me recuerda la oración que Jesús mismo nos enseñó, que es el Padre Nuestro. El rosario tiene cinco misterios, que me recuerdan a las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo, cuando cargó la Cruz. 

Y cada misterio tiene diez Ave Marías, que me recuerdan a los diez mandamientos que Dios mismo escribió en las Tablas de Moisés. 

El Rosario de Nuestra Señora tiene veinte Misterios, que son: cinco Gozosos, cinco Dolorosos, cinco Luminosos y cinco Gloriosos. Por la mañana, cuando me levanto para iniciar mi lucha llevando mi cruz del día, yo rezo los Misterios Gozosos, que me recuerdan el humilde hogar de MARÍA en NAZARET. 

Al medio día, en mi cansancio y fatiga del trabajo, yo rezo los Misterios Dolorosos, que me recuerdan el duro camino que recorrió Jesucristo para llegar al Calvario. 

Cuando llega el final del día, con las luchas que a veces perdemos, por haber olvidado que Dios está conmigo y que con Él todo lo puedo, yo rezo los Misterios Gloriosos, que me recuerdan que Jesús le ganó a la muerte para darnos la Salvación a toda la humanidad. 

Y finalmente cuando me voy a dormir con la gracia de Dios, le doy gracias a ese mismo Dios que siempre es nuestra luz, que está pendiente de todos, así como invitándonos a ir a Él y esperando por nosotros con mucho amor, con el rezo de los Misterios Luminosos.
Y ahora, dígame: ¿Por qué me dice que perdí a mi Dios? 

Él… después de escuchar todo esto, le dijo con lágrimas en los ojos a la humilde señora: 

- Yo, NO SABÍA que ese Rosario era un instrumento para meditar las grandezas de Dios. A mí me habían hecho creer que era un ídolo, y que ustedes los católicos lo adoraban; y por ello, ustedes eran unos idólatras.
Perdón por hablarle y juzgarle, sin haber averiguado primero. Por amor a Dios, enséñame tía Mary… a rezar el Rosario. 

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Página protestante, sin querer, da la razón a la Iglesia Católica sobre la eucaristía: Había sagrarios en la Iglesia primitiva


PÁGINA PROTESTANTE, SIN QUERER, DA LA RAZÓN A LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE LA EUCARISTÍA: HABÍA SAGRARIOS EN LA IGLESIA PRIMITIVA
Por Alfredo Rodríguez 

Hace días, dando un vistazo por facebook, me encontré con la publicación de uno de mis contactos protestantes (él se identifica como 'reformado', o sea, de teología calvinista). La publicación pertenecía a una página protestante de facebook (llamada Reformed Site) desde donde mi amigo compartió en su muro.

En el post de Reformed Site publicaron la cita de un libro que recupera un acontecimiento providencial suscitado en la Iglesia en el contexto de la batalla doctrinal del Concilio de Nicea del año 325 (el suceso habría acontecido en el año 336), Concilio donde la doctrina herética arriana salió derrotada formalmente, pero que por varios años más siguió manteniendo un gran poder en los hechos.

La cita explica cómo Alejandro, primado de Alejandría (o sea, Obispo de la Iglesia de Alejandría), se postra ante el Sagrario para rogar al Señor que Arrio no pudiera seguir esparciendo su herejía (el arrianismo enseñaba que Jesús no era Dios) y cómo de camino a Alejandría, Arrio comenzó a tener malestares gastrointestinales que le impidieron continuar su procesión, solo para que momentos más tarde sus seguidores lo encontraran muerto, pues había caído de cabeza a la letrina, acontecimiento que fue entendido por los Cristianos de aquel tiempo como una respuesta providencial a la oración del Obispo Alejandro.

Sagrarios en la Iglesia primitiva, ausentes en las Iglesias protestantes.
Pero lo interesante de todo esto, es que en la cita que los propios protestantes de Reformed Site han escogido y publicado, se demuestra la enseñanza católica sobre la Eucaristía y se prueba que la Iglesia católica es la misma Iglesia de los primeros siglos, y que quienes abandonaron el cristianismo primitivo fueron los protestantes.

Los católicos tenemos Sagrarios (o Tabernáculos) en nuestros templos (y el Sagrario es de hecho el lugar más importante dentro de una iglesia) porque creemos que Jesús está verdaderamente presente de manera sustancial en la Eucaristía, creemos que cada hostia consagrada contiene la sustancia de su verdadero Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de modo que las formas consagradas que no fueron consumidas durante la Misa se reservan en el Sagrario, y allí son adoradas por los fieles cristianos antes de que sean distribuidas en las Misas siguientes o llevadas a los enfermos.

Los protestantes no tienen Sagrarios. ¿Pero por qué no los tienen? Porque no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, o en el menos peor de los casos (como en el caso de los luteranos), creen que su presencia solo se limita al momento de la celebración y de la recepción de la comunión por parte de los fieles. Niegan la presencia de Cristo bajo los signos del pan y el vino luego de la Misa, por lo cual no es necesario preservar el pan que se haya "consagrado".

El Obispo Alejandro ante el Sagrario.

Así entonces, si las propias fuentes utilizadas por los protestantes demuestran que en la Iglesia primitiva había Sagrarios, se comprueba que la enseñanza católica es la enseñanza ortodoxa, la enseñanza de los Santos Padres de la Iglesia Primitiva, y que quienes cambiaron la doctrina fueron los protestantes.

¿Por qué habría de postrarse y oraría un Obispo ante el Sagrario si no creyera que Cristo estaba allí, en la Eucaristía reservada? Aun más, ¿por qué siquiera habría de haber Sagrarios si no creyeran que luego de la Consagración Cristo está allí realmente presente en el signo del pan?

La cita (que publicaremos íntegra más abajo), demuestra fielmente que los Cristianos de los primeros siglos creían en la Transustanciación, es decir, creían que el pan y el vino se convertían realmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y que esa presencia permanecía allí aun luego de la Misa, por eso construían Sagrarios y por eso se postraban y oraban ante esos Sagrarios donde Cristo estaba presente.

Esto debería ser bastante revelador para cualquier protestante sincero y debería preguntarse muy seriamente por qué es que en la Iglesia primitiva había Sagrarios y no los hay hoy en día en sus iglesias. Evidentemente hay una doctrina cristiana mutilada en el protestantismo.

LA CITA EN CUESTIÓN:

"Arrio, después de Nicea, recuperó el poder a través de la influencia política. En su retirada, Alejandro, primado de Alejandría, con lágrimas se postró en el sagrario y pidió en oración, “Si Arrio viene mañana a la iglesia, llévame lejos, y no me dejes perecer con el culpable. Pero si tienes compasión por la Iglesia como Tú la compadeces, expulsa lejos a Arrio, para que no entre acá y con él entre la herejía.”

A la mañana siguiente, en su procesión triunfal a la iglesia para ser consagrado formal y públicamente con la autoridad imperial, Arrio se detuvo de repente y salió de la procesión a causa de un dolor gástrico.

Después de esperar un tiempo, sus seguidores investigaron y encontraron que el viejo Arrio había colapsado en su sangre y cayó de cabeza en la letrina abierta. El partido ortodoxo recordó triunfalmente las palabras sobre la muerte de Judas, quien, “cayendo de cabeza, se reventó por medio” y murió (Hechos 1:18). La manera como murió Arrio fue utilizada por los ortodoxos para desconcertar a los herejes y alentar a los santos y fue declarada una obra de Dios.

Los herejes prefirieron olvidarlo y los herejes modernos han eliminado este, al igual que otros eventos similares de los libros de historia, calificándolos como “irrelevantes”. Era, sin embargo, una conclusión providencial para la gran batalla intelectual y espiritual de Nicea".

Fuente: Rousas, RUSHDOONY. Los Fundamentos del Orden Social. Capítulo II. Nicea: La Historia versus La Imaginación.

Publicado originalmente en Cristianismo Católico

Era protestante e ingeniero espacial: Gracias al Rosario ahora es sacerdote



ERA PROTESTANTE E INGENIERO ESPACIAL: GRACIAS AL ROSARIO AHORA ES SACERDOTE
Por Bárbara Bustamante

Desde el 24 de junio de 2019, la diócesis de Birmingham en Estados Unidos, cuenta con dos nuevos sacerdotes, uno de ellos, Brad Jantz, exprotestante, capitán de la Fuerza Aérea e ingeniero espacial.

La celebración fue presidida por el Obispo de la Diócesis, Mons. Robert Joseph Baker, en la Catedral de San Pablo en Birmingham, Alabama.

Jantz se crío como cristiano en la Convención Bautista del Sur (protestante), en el condado rural de Shelby, en Alabama.

“No tengo nada malo que decir acerca de ser bautista, tengo una buena y sólida educación moral, un conocimiento de las Escrituras y un tremendo amor por Jesucristo. Estos son todos los regalos que obtuve”, afirmó Jantz.

Según señala el portal Alabama Media Group, el interés de Jantz por el servicio militar surgió cuando su madre le mostró un álbum de recuerdos de su abuelo materno, quien sirvió en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial y participó en el aterrizaje de Normandía.

“Me inspiré por eso. Sentí que debía devolver algo al país que me ha dado tanto”, recordó Jantz, quien se graduó en 2005 la Academia de la Fuerza Aérea donde llegó al rango de capitán.

Pero ese no era el único interés del joven y en 2001 se graduó del programa de matemáticas y ciencias en la Escuela de Alabama de Bellas Artes (ASFA).

Jantz se especializó en ingeniería aeroespacial y mientras sacaba adelante un programa de prueba en satélites en Albuquerque, comenzó a reevaluar sus creencias.

En un momento de su vida, uno de sus amigos, que era católico, murió a causa de una insuficiencia cardíaca. Jantz ayudó sin éxito a hacer la reanimación cardio-pulmonar.

En el velorio, Jantz participó del rezo del Rosario, un momento que recuerda con mucha emoción.

“El Rosario se convirtió en una piedra de toque para mi vida de oración”, dijo Jantz quien después de esa experiencia comenzó a rezar más “preguntando al Señor ¿A dónde quieres que vaya?”.

“Comencé a experimentar, de repente, este llamado a investigar el sacerdocio. En la oración tuve esta poderosa experiencia de que Dios me llamaba a ser sacerdote”, recordó.

Es así como en 2009 se unió a la Iglesia Católica en Nuevo México, se confirmó en 2010, se puso en contacto con la Diócesis de Birmingham, y comenzó el seminario en agosto de 2011.

“Durante mi tiempo en la Fuerza Aérea conocí a muchos maravillosos católicos que unieron la fe y el intelecto. Leí la historia de la Iglesia y descubrí que la comunión era la manera en que los cristianos históricamente experimentaron a Cristo”, dijo Jantz.

“Me sentía atraído por la historia de la Iglesia, por la integración de lo espiritual y lo intelectual, por la espiritualidad, el Rosario, la Eucaristía”, agregó.

En septiembre de 2015, mientras estaba en un retiro en Italia al sureste de Roma, Jantz sufrió una caída que pudo haberlo matado.

“Fue en un sendero que estaba un poco traicionero. Di un paso en falso sobre una roca que me tiró de un acantilado”, relató Jantz, quien sufrió una caída de 20 a 30 pies donde se fracturó los dos talones.

Después de horas de búsqueda, Jantz fue hallado y posteriormente trasladado en avión de regreso a Alabama para someterse a una cirugía en el Hospital UAB Highlands.

“Estuve incapacitado durante tres meses”, recordó Jantz, “Dios ha sido bueno en todo. He completado una carrera de 5 kilómetros hace unos meses. Todavía estoy trabajando con un fisioterapeuta. Creo que estoy mejorando”.

Con un pasado militar y experiencias inusuales de vida como caerse de un acantilado y sobrevivir, Jantz está listo para servir a la Iglesia.

“Es una buena experiencia relacionarse con la gente en muchos aspectos de la vida. Cuando uno está asignado a una unidad en el ejército, no puede escoger a la gente, pero tiene que completar una misión juntos”, dijo Jantz.

En el caso de la Iglesia, el sacerdote y los fieles están asignados para compartir una misión, afirmó Jantz, “estamos aquí para predicar el Evangelio a todos”.

Fuente, ACI prensa

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"El demonio es protestante" asegura un pastor evangélico convertido al catolicismo


«EL DEMONIO ES PROTESTANTE» ASEGURA UN PASTOR EVANGÉLICO CONVERTIDO AL CATOLICISMO
Por: Luis Miguel Boullón

“El Demonio es protestante”, fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.

“Al principio fue el Verbo”

Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en esta Revista que ahora aprecio tanto, como es la que me honra publicando este trabajo. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer.

No me dejaba muchos ‘flancos’ descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.

En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como “leyendas negras”, porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente.

Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al “adversario” diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.

El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.

Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un “cura nuevo”, con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.

Primera confesión de mala fe

Yo aprovechaba – Dios me perdone – de sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importaba tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina.

Otra cosa que solía hacer – me avergüenzo al recordarla – era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones.

En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.

Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar.

Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan “cálido” en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.

A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían ‘castigado’ relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante.

Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.

El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga.

En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi… porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.

En un aprieto que me puso, le dije: “Padre M… comencemos desde el principio” Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: “De acuerdo: al principio era el Verbo y…”

Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia!

“Pastor Boullón”, me dijo luego, “No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen… y por eso también fue el primer Evangélico”.

Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó:

– Si… fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!

– Pero Cristo les respondió con la Biblia…

– Entonces usted me da la razón, Pastor… los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien… y le tapó la boca.

Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12): “Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra”

Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito “No tentarás al Señor tu Dios”. Y el demonio se alejó confundido.

Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto!

Creo que fue la plática más saludable de mi vida.

La táctica del demonio

Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan ‘evangélicos’ como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban.

Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado.

Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí – creo – brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí hechos XVI, 31: ¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús – respondió Pablo – y te salvarás tú y toda tu casa.

Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio.

Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo:

– “¿Continuará la lectura de San Pablo?”

– “Ya terminé, Padre M.”

– “¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a 1ª Corintios, XIII, 32.

– Leí en voz alta: “Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy”

– Entonces la fe…

– La fe… la fe… la fe es lo que salva

– ¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No se bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse.

– ¿Salvarse?

– Si.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva…

– …

– No se quede en silencio, Pastor… siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque “como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta” (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice “Si quieres salvarte, guarda los mandamientos” Ahí tiene usted la respuesta completa.

Me acompañó hasta la puerta y me dijo: Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica – sólo una me basta – en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia.

Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.

“Sólo la Biblia”

Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. “Si es sólo la Biblia”, me dije, “entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba”.

Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición.

Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de esta revista y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.

El pago del mundo

Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un “Pastor” protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas “no estrictamente ecuménicas”.

Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban.

Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio – pensaba – me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones.

Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.

Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me sentí y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención.

Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto… para ella.

Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.

Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía.

Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento.

Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.

Mi querido amigo se despide

No he querido exponer aquí todas las cosas que charlamos con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!

El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos.

Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades… o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba – si tenía sentido – desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad.

Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía – jamás dio muestras de sufrir – y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo.

Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia.

Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.

Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba.

Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. “Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades”, sentenció.

Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. “¡El Demonio es protestante!” les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones.

Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma… y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe

Roma… mi dulce hogar

Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión.

Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado.

A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.

Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada.

Bien se por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto – por superficiales y emocionales – de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!

Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre Sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.

Fuente, Cristiandad.org

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