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¿Cómo he nacido? Esto te dice Dios


¿CÓMO HE NACIDO?

Dice Dios:

Nací desnudo, dice Dios, para que tú sepas despojarte de ti mismo.

Nací pobre para que tú puedas considerarme la única riqueza

Nací en un establo para que tú aprendas a santificar cada ambiente

Nací débil para que tú no tengas nunca miedo de mí.

Nací por amor para que tú no dudes nunca de mi amor.

Nací de noche para que tú creas que te puedo iluminar cualquier realidad.

Nací persona para que no te avergüences nunca de ser tú mismo.

Nací hombre para que tú puedas ser "Dios"

Nací perseguido para que tú sepas aceptar las dificultades.

Nací en tu vida para atraer a todos a la casa del Padre.

Jesús nace entre los pobres, los marginados, los que sufren, lloran, gritan al cielo, los afligidos, los oprimidos, cuantos lo sirvan y esperan

¿Papi, de qué tamaño es Dios?


«¿Papi, de qué tamaño es Dios?», Le pregunto un día un hijo a su padre.

El padre, desconcertado por aquella pregunta, miró al cielo en busca de ayuda divina para encontrar una respuesta, y al ver un avión que pasaba, le respondió a su hijo con otra pregunta: «Hijo, ¿de qué tamaño ves aquel avión?».

El chico dijo: «Es muy pequeño, casi ni se alcanza a ver. Sólo se ve su estela…».

Entonces el padre lo llevó al aeropuerto, y al estar cerca de un avión le preguntó de nuevo: «Y ahora, de qué tamaño dices que es un avión?».

El chico le respondió con asombro: «¡Papá, es enorme!».

El papá le dijo entonces: «Pues así es Dios, el tamaño que tenga va a depender de la distancia que tú estés de Él. Cuanto más cerca estés de Él, más grande será su presencia en tu vida»

"Aprende ahora a morir al mundo, para comenzar a vivir con Cristo”.


“Si no estás preparado hoy, ¿cómo estarás preparado mañana? El mañana es incierto, quién sabe si llegarás…

Por la mañana piensa que no llegarás por la noche; y por la noche, no cuentes con la posibilidad de llegar al día siguiente. Por lo tanto, anda siempre preparado y vive de tal manera que la muerte nunca te sorprenda desprevenidos.

Pues muchos mueren de repente y sin previo aviso; porque “el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Lc 12,40). Cuando llegue esa hora extrema, comenzarás a juzgar toda tu vida pasada de una manera muy diferente y te arrepentirás mucho de haber sido tan descuidado y relajado.

Puedes hacer mucho bien mientras estés bien de salud, pero no sé qué serás capaz de hacer cuando estés enfermo (…).

Es mejor prever a tiempo las buenas obras y enviarlas adelante de ti, que esperar la ayuda de otros.

¡Ánimo, hermano! No te imaginas de cuántos peligros y de cuánto miedo podrás librarte, si ahora piensas siempre en la muerte con miedo y desconfianza. Aprende ahora a morir al mundo, para comenzar a vivir con Cristo”.

Cf. TOMÁS DE KEMPIS. Imitación de Cristo. São Paulo: Cultor de Livros, 2019, p.83.

La reflexión del Evangelio: "Tengan valor, porque yo he vencido al mundo"


Del santo Evangelio según san Juan: 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: "Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios".

Les contestó Jesús: "¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún, ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo".

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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Hoy nos reunimos para reflexionar y sumergirnos en las profundas enseñanzas del santo Evangelio según san Juan (16, 29-33). Este pasaje nos invita a adentrarnos en un diálogo revelador entre Jesús y sus discípulos, que nos revela verdades esenciales sobre la fe, la adversidad y la victoria en Cristo.

En este encuentro, los discípulos expresan su convicción de que Jesús está hablando de manera clara y directa, sin recurrir a las parábolas a las que nos tenía acostumbrados. Reconocen y afirman que Él posee el conocimiento de todas las cosas, demostrando así que no necesita que nadie le pregunte, ya que ha venido de Dios. En sus palabras, percibimos la creciente certeza que los discípulos tienen de la divinidad de Jesús y de su papel como el Mesías esperado, aquel enviado por el Padre para redimir al mundo.

Sin embargo, la respuesta de Jesús nos lleva a una advertencia y a una profecía que requerirán de una atención más detallada. Él les dice a sus discípulos que se acerca la hora en la que ellos se dispersarán cada uno por su lado, abandonándolo y dejándolo solo. Estas palabras podrían parecer desalentadoras y generar desconcierto en los corazones de los discípulos. Pero, es en el contexto de la respuesta de Jesús que encontramos una promesa llena de esperanza y consuelo.

A pesar de la aparente soledad que Jesús pronostica para sí mismo, les asegura a sus discípulos que no estará verdaderamente solo, ya que el Padre estará siempre con Él. En estas palabras, encontramos una muestra palpable de la intimidad y la relación especial entre Jesús y el Padre celestial. Él no solo es consciente de la presencia constante del Padre en su vida, sino que confía plenamente en esa comunión y nos invita a confiar en ella también.

Jesús revela a sus discípulos y a todos nosotros que estas cosas les ha dicho para que encuentren paz en Él. En medio de las tribulaciones y dificultades que encontrarán en el mundo, Él nos ofrece la paz que trasciende todas las circunstancias, la paz que solo Él puede otorgarnos. Esta paz no depende de las circunstancias externas, sino que proviene de la certeza de que Jesús ha vencido al mundo y ha abierto el camino hacia la vida eterna.

Aquí, surge una pregunta crucial para cada uno de nosotros: ¿cómo podemos alcanzar y experimentar esta paz que Jesús nos ofrece? La respuesta radica en una fe profunda y arraigada en Él. Es necesario creer y confiar en su palabra y en su promesa de estar con nosotros en cada momento de nuestras vidas. A través de la fe, encontramos la paz que el mundo no puede ofrecer y la seguridad de que, a pesar de las adversidades, nunca estamos solos.

Además, Jesús nos exhorta a tener valor en medio de las tribulaciones. Sabemos que en este mundo experimentaremos dificultades y pruebas. Sin embargo nuestra fe y confianza en Jesucristo son fundamentales para superar cualquier adversidad que enfrentemos. Aunque las tribulaciones puedan parecer abrumadoras, Jesús nos anima a no perder la esperanza ni el valor, porque Él ha vencido al mundo.

Al afirmar que ha vencido al mundo, Jesús nos revela su poder y autoridad sobre todo lo que nos rodea. Él ha conquistado el pecado, la muerte y todas las fuerzas que se oponen al plan de salvación de Dios. Su victoria es nuestra victoria. En Él encontramos el ejemplo perfecto de cómo enfrentar las dificultades con valentía y confianza en Dios.

A lo largo de la historia, la Iglesia y los seguidores de Jesús han enfrentado innumerables desafíos y persecuciones. Sin embargo, en medio de todas estas pruebas, la fe en Cristo ha prevalecido. Los mártires y los santos nos han dejado un legado de valentía y perseverancia en la fe, recordándonos que la victoria final es del Señor.

En nuestra vida cotidiana, también podemos encontrar tribulaciones de diferentes formas. Podemos enfrentar pruebas en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en nuestra salud o en nuestras luchas internas. Sin embargo, la promesa de Jesús de que no estamos solos nos da fortaleza y consuelo.

En esos momentos de dificultad, es vital recordar que Dios está con nosotros. Él nos fortalece, nos consuela y nos guía a través de su Espíritu Santo. Podemos recurrir a la oración, a la lectura de las Escrituras y a los sacramentos para encontrar la paz y la gracia que necesitamos. En la Eucaristía, en particular, encontramos la presencia real de Cristo, quien se une a nosotros en cuerpo y alma.

Además, como comunidad de creyentes, estamos llamados a apoyarnos y acompañarnos mutuamente en momentos de tribulación. La Iglesia, como familia de Dios, nos brinda una red de amor y apoyo en la cual podemos encontrar consuelo, aliento y fortaleza. A través de la comunión de los santos, tanto los vivos como los que han partido antes que nosotros, podemos encontrar inspiración y ayuda en nuestro camino de fe.

En resumen, el pasaje del Evangelio según san Juan (16, 29-33) nos invita a reflexionar sobre nuestra fe en Jesucristo y en su promesa de paz y victoria. Jesús nos asegura que, a pesar de las tribulaciones que enfrentamos en el mundo, no estamos solos. Él está con nosotros, y en Él encontramos la paz que trasciende todas las circunstancias.

La fe en Jesús nos da valor para enfrentar las dificultades con confianza en Dios, recordando que Él ha vencido al mundo. Nuestra fe nos fortalece, nos consuela y nos guía en medio de las pruebas, y también nos conecta con la comunidad de creyentes que nos apoya y acompaña en nuestro caminar.

Que este pasaje del Evangelio nos inspire a profundizar nuestra fe en Jesucristo, a confiar en su presencia constante en nuestras vidas y a encontrar paz y valor en medio de las tribulaciones. Que podamos ser testigos.

Autor: Padre Ignacio Andrade

"Allá en la otra parroquia". Importante reflexión para todo católico.


ALLÁ EN LA OTRA PARROQUIA.

“Allá en la otra parroquia, el padre predica breve y lo hace muy bien"

“Allá en la otra parroquia, el coro y el sonido de la iglesia es impresionante”.

“Allá en la otra parroquia, todo el mundo se demuestra amor”.

“Allá en la otra parroquia todos están unidos, y se apoyan”.

“Allá en la otra parroquia todo está muy bien organizado”.

“Allá en la otra parroquia, las celebraciones litúrgicas y los retiros son mucho más animados”.

“Allá en la otra parroquia la pastoral juvenil si está comprometida, todos los jóvenes están felices y unidos”.

¿Sabes lo que no hay en la otra parroquia, ni en ninguna otra?

¡¡¡TÚ!!!

Tú… Que participas muy poco, pero te quejas mucho.

Tú… Que solo ves el mal en la cara de todos y aún así hablas de falta de unidad.

Tú… Que no contribuyes, pero hablas de falta de inversiones y fondos, pero te olvidas de apoyar e incluso de ofrendar.

Tú… Que no te diriges la palabra con nadie, pero piensas que las homilías y predicaciones son débiles.

Tú… Que no reconoces el trabajo y entrega  de tu sacerdote, catequista, evangelizador, y de todas las personas que se entregan por amor y para dar vida a la Parroquia; pero eso si gastas saliva alabando a los de lejos, y te la pasas  criticando y calumniando a los que sirven en la tuya.

En lugar de vivir haciendo comparaciones, es mejor hacer la diferencia donde tú estás, ser la Iglesia que deseas, colabora, involúcrate, ora, ofrenda; lánzate en este compromiso de "no asistir a la Iglesia" sino a "ser Iglesia" y de preferencia una Iglesia saliente que se reúne para orar, fortalecerse y formarse  y así poder evangelizar y servir en las necesidades del pueblo de Dios.

“También ustedes, como piedras vivas, edifíquense y pasen a ser un Templo espiritual, una comunidad santa de sacerdotes que ofrecen sacrificios espirituales agradables a Dios, por medio de Cristo Jesús” (1 Pe 2, 5).

Para entender mejor el Evangelio: Jesús nos da su paz, ¿pero qué paz?


Del santo Evangelio según san Juan: 14, 27-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: 'Me voy, pero volveré a su lado'. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.

Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado".

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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Reflexión:

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy en el Evangelio escuchamos las palabras de Jesús a sus discípulos, palabras de despedida antes de su partida al Padre. Jesús les dice que les deja su paz, una paz que es diferente de la que el mundo ofrece. Él les dice que no pierdan la paz ni se acobarden, y les asegura que volverá a ellos.

La paz de Jesús es diferente de la paz del mundo porque la paz del mundo depende de las circunstancias externas. La paz del mundo es temporal y superficial, basada en cosas como la comodidad material, el poder, el prestigio y el placer. Pero la paz que Jesús nos ofrece es una paz profunda, una paz que trasciende las circunstancias externas, una paz que proviene de una fuente divina.

Esta paz es una paz interior que viene de la confianza en Dios y de la certeza de que Él está con nosotros en todo momento, incluso en los momentos más difíciles de la vida. La paz de Jesús nos da la fuerza para enfrentar las pruebas y tribulaciones de la vida con serenidad y esperanza, sabiendo que Dios está con nosotros y que nunca nos abandonará.

Jesús también les dice a sus discípulos que no se acobarden, que no se dejen intimidar por las dificultades y desafíos que enfrentan. Esta es una llamada a la valentía y la fortaleza, a no dejarse vencer por el miedo y la ansiedad. La fe en Jesús nos da la confianza para enfrentar el futuro con esperanza y serenidad, sabiendo que Él está con nosotros y que nunca nos abandonará.

Jesús les dice a sus discípulos que se alegrarán de que se vaya al Padre, porque el Padre es más que él. Esta es una afirmación sorprendente, ya que Jesús es el Hijo de Dios encarnado. Pero Jesús nos enseña que el Padre es más grande que él en el sentido de que el Padre es la fuente de toda la creación y de toda la vida, y que Jesús está en perfecta unión con el Padre. La partida de Jesús al Padre es una fuente de alegría porque significa que él está volviendo a su fuente y que nos ha abierto el camino para estar en unión con el Padre.

Jesús también les dice a sus discípulos que el príncipe de este mundo se acerca. Esta es una referencia al diablo, que es el enemigo de Dios y de la humanidad. Jesús nos asegura que el diablo no tiene poder sobre él, pero que es necesario que el mundo sepa que Jesús ama al Padre y cumple exactamente lo que el Padre le ha mandado. Esta es una afirmación de la fidelidad de Jesús a Dios y a su misión de salvar a la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, en esta semana en que celebramos la ascensión de Jesús al cielo, recordamos que Jesús nos ha dejado su paz y su amor, y nos ha prometido que volverá. Pero también nos enfrentamos a los desafíos del mundo, a la tentación del pecado y a las dificultades de la vida. Como discípulos de Jesús, debemos confiar en su promesa de paz y fortaleza, y no dejar que el miedo y la ansiedad nos dominen.

En este tiempo de incertidumbre y cambio, debemos recordar que nuestra verdadera paz y seguridad vienen de Dios. Debemos buscar su voluntad y confiar en que Él está con nosotros siempre, incluso en los momentos más oscuros de nuestra vida. Como discípulos de Jesús, debemos tener la valentía y la fortaleza para enfrentar los desafíos del mundo, sabiendo que Él está con nosotros y que nunca nos abandonará.

También debemos estar atentos a la presencia del diablo en nuestras vidas y en el mundo que nos rodea. El diablo es el enemigo de Dios y de la humanidad, y su objetivo es alejarnos de Dios y hacernos caer en el pecado y la desesperación. A veces el diablo puede ofrecernos una falsa paz, proveyéndonos de satisfacciones vanas, de comodidades, pero todo eso lo hace para que nos olvidemos de Dios. Debemos estar alerta y resistir sus tentaciones, confiando en el poder de Dios para protegernos y guiarnos en el camino de la verdad y la justicia.

Finalmente, como discípulos de Jesús, debemos recordar que nuestra misión es amar a Dios y amar a los demás como Él nos ha amado. Debemos vivir nuestras vidas en servicio a los demás, siguiendo el ejemplo de Jesús, que vino no para ser servido, sino para servir. Debemos ser portadores de la paz y el amor de Cristo al mundo, buscando construir un mundo más justo y fraterno, donde todos puedan vivir con dignidad y respeto.

Queridos hermanos y hermanas, en este día en que escuchamos las palabras de Jesús a sus discípulos, pidamos la gracia de vivir en su paz y fortaleza, confiando en su amor y fidelidad en todo momento. Pidamos la gracia de resistir las tentaciones del diablo y ser portadores de su paz y amor al mundo que nos rodea. Que el Espíritu Santo nos guíe y fortalezca en nuestra misión de ser discípulos de Jesús en el mundo de hoy. Amén.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Sermón de un sacerdote sobre el Día de la Madre



Queridos hermanos en Cristo,

Hoy nos reunimos para celebrar el día de las madres, una fecha muy especial en la que honramos y agradecemos a todas las madres por su amor incondicional, su sacrificio y su dedicación en la crianza de sus hijos. Este día también nos recuerda la importancia de la familia como institución fundamental de la sociedad y como lugar de crecimiento y formación de la fe cristiana.

En este día, no podemos dejar de reflexionar en la figura de la Madre de Jesús, la Virgen María, quien nos enseña con su ejemplo de humildad y entrega lo que significa ser madre. En su sí a la voluntad de Dios, María se convirtió en la Madre del Salvador y se entregó plenamente a su misión de cuidar y proteger a Jesús durante su infancia y juventud. Ella es para nosotros un modelo de madre y de discípula fiel, que nos invita a seguir sus pasos en el camino de la fe y en la entrega generosa a los demás.

Jesús, por su parte, nos enseña con su vida y su predicación el valor y la importancia de la familia. Él mismo nació y creció en una familia humana, en la que aprendió las virtudes del amor, el respeto, la obediencia y el servicio a los demás. Jesús nos invita a vivir en comunidad y a cuidar de los más necesitados, especialmente de los más vulnerables, como son los niños y las madres. Él nos muestra que el amor verdadero se expresa en el servicio y en la entrega a los demás, sin esperar nada a cambio.

Por otro lado, el Espíritu Santo acompaña a las mujeres y las fortalece en su tarea de ser madres y de formar una familia cristiana. Él es el que las ilumina con su luz y las guía en el camino de la fe, el que les da la fuerza y la paciencia necesarias para afrontar los desafíos y dificultades que se presentan en la vida familiar. El Espíritu Santo es el que les da la sabiduría y la comprensión para educar a sus hijos en los valores cristianos y para transmitirles la fe que hemos recibido de nuestros padres y abuelos.

Queridas madres, hoy queremos agradecerles por su amor incondicional, por su entrega y por su dedicación en la crianza de sus hijos. Sabemos que la tarea de ser madre no es fácil y que muchas veces implica sacrificios y renuncias, pero también sabemos que el amor que ustedes sienten por sus hijos es más fuerte que cualquier dificultad o sufrimiento. Ustedes son para sus hijos un modelo de amor, de generosidad y de servicio, y a través de su ejemplo y su testimonio, les enseñan a ser personas buenas, responsables y comprometidas con los demás.

En este día, también queremos recordar a todas aquellas madres que ya no están con nosotros, pero que siguen vivas en nuestro recuerdo y en nuestro corazón. Que Dios las tenga en su gloria y las recompense por su amor y su sacrificio.

Finalmente, queremos pedir a Dios que bendiga a todas las madres del mundo, que les dé la fuerza y la sabiduría necesarias para cumplir su misión de educar y formar a sus hijos en el camino del bien y del amor. Que las madres sigan siendo luz y esperanza en la vida de sus hijos, y que siempre se sientan acompañadas y sostenidas por la gracia de Dios.

Queridas madres, recuerden que su labor es esencial para la vida de la familia y de la sociedad. Ustedes son el corazón de la familia, el pilar fundamental sobre el que se construye el hogar. Por eso, nunca dejen de ser ese faro de amor y esperanza que sus hijos necesitan, y sigan trabajando día a día para construir un mundo mejor y más humano.

En este día de las madres, les pedimos que recen por sus hijos y por sus familias, para que el amor de Dios siga acompañando sus vidas y sus proyectos. Que María, la Madre de Jesús y nuestra madre, les cubra con su manto protector y les acompañe en todos los momentos de su vida.

Que el Espíritu Santo les conceda la paz, la alegría y la fortaleza para seguir adelante en su tarea de ser madres y de formar una familia cristiana, y que Jesús, el Salvador, las bendiga y las llene de su amor y su gracia.

Que este día de las madres sea una oportunidad para renovar nuestro compromiso con la familia y con los valores del Evangelio, y para agradecer a todas las madres por su amor y su entrega.

Que Dios las bendiga a todas, hoy y siempre. Amén.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Jesús, el Camino que Conduce a la Casa del Padre (Meditación del Padre Andrade)


Queridos hermanos, el evangelio de hoy nos muestra una imagen de Jesús como un guía que nos lleva a una casa llena de habitaciones, preparadas especialmente para nosotros. Él nos asegura que no hay nada de qué preocuparnos, porque Él mismo ha preparado el camino para nosotros y nos llevará allí personalmente.

Jesús es como un arquitecto que ha diseñado un hogar celestial, con habitaciones bellamente decoradas y personalizadas para cada uno de nosotros. Él ha puesto su corazón en cada detalle, asegurándose de que esté todo perfecto antes de invitarnos a entrar.

Pero algunos de nosotros todavía dudan, como Tomás, preguntándose cómo llegar allí. Jesús es como un GPS que nos guía en el camino, asegurándose de que no nos perdamos y lleguemos sanos y salvos a nuestro destino final. Él nos dice que Él mismo es el camino, la verdad y la vida, y que nadie llega al Padre sino a través de Él.

Felipe, por su parte, pregunta por el Padre, deseando conocerlo más profundamente. Jesús es como un espejo que refleja el rostro del Padre, mostrándonos su amor y su misericordia en todo momento. Él nos dice que el Padre y Él son uno solo, y que las obras que realiza son las del Padre que vive en Él.

Jesús nos invita a confiar en Él y a creer en sus palabras, porque Él es el camino hacia el hogar celestial que Él mismo ha preparado para nosotros. Él nos promete que si confiamos en Él y creemos en Él, haremos obras aún mayores que las suyas, porque Él se va al Padre y nos deja el Espíritu Santo como guía y ayuda en nuestras vidas.

Hermanos y hermanas, dejemos que Jesús sea nuestro arquitecto, nuestro GPS y nuestro espejo. Dejemos que Él nos guíe en el camino de la vida y nos lleve a la casa del Padre, donde nos espera con los brazos abiertos. Confiemos en Él y creamos en Él, porque Él es el camino, la verdad y la vida.

Además, Jesús nos invita a compartir este camino con otros y a llevarlos a la casa del Padre. Como discípulos de Cristo, debemos ser como guías turísticos que muestran a los demás el camino hacia la salvación y la vida eterna. Debemos ser como arquitectos que construyen puentes entre el mundo material y el mundo espiritual, creando oportunidades para que otros encuentren su camino hacia Dios.

También podemos ser como GPS, guiando a nuestros hermanos y hermanas hacia la verdad y la justicia, y mostrándoles cómo vivir una vida llena de amor y servicio. Y como espejos de Cristo, podemos reflejar su amor y su luz a los demás, compartiendo su misericordia y su gracia con todos aquellos que encontramos en nuestro camino.

Debemos ser testigos de la verdad de Cristo en nuestro día a día, hablando con nuestras acciones y nuestras palabras, y guiando a los demás hacia Él. Al compartir la buena noticia del evangelio con los demás, podemos llevar a otros a la casa del Padre, donde también encontrarán su lugar y su hogar.

Así que, hermanos y hermanas, no tengamos miedo de compartir la verdad de Cristo con los demás. No nos quedemos callados ante la injusticia o la maldad, sino que hablemos y actuemos con valentía y amor. Y cuando tengamos la oportunidad de guiar a alguien hacia la verdad y la vida, tomemos la mano del Señor y caminemos juntos hacia la casa del Padre.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Eres de los que se sienta detrás en la Misa? Este sacerdote tiene algo que decirte



El padre Caín, un sacerdote católico con miles seguidores en Facebook y TikTok, llamó la atención de los fieles durante la homilía porque se sentaban detrás en Misa. Esta es su conmovedora enseñanza.

En la celebración eucarística en el domingo de la Divina Misericordia, el padre Caín invitó a los fieles a vivir la fe de manera más plena y comprometida.

“¿Por qué llegamos y nos sentamos hasta atrás? ¿Qué refleja eso? ¿Qué motivo hay? Si fuera un concierto pagamos hasta extra para estar en la zona VIP, lo más cerca posible, para ver mejor, para cantar mejor, para participar mejor, porque estamos con el artista de moda y que admiramos… ¿Y por qué para participar en la Santa Misa nos replegamos hasta atrás? Queremos llegar al último y salir primero…”, expresó el sacerdote.

“¡Cuidado! Eso es uno, la asistencia. La otra, la participación. ¿De verdad te metés en el misterio de la celebración de la Santa Misa? ¿De verdad te esfuerzas por cantar? ¿De verdad te esfuerzas por participar? Ojo, porque la participación en la Santa Misa tiene que ser activa… tiene que involucrar tu querer”, agregó.

Poco después, el padre Caín preguntó a los fieles: “¿Qué nos pasa o qué nos falta? Lo mismo de Tomás, queremos ver“.

“Fíjense, -continuó- hay algo que se llaman los milagros eucarísticos… ¿Qué son los milagros eucarísticos? En ciertos lugares y en ciertos tiempos, Dios a permitido que una hostia consagrada se convierta en un pedazo de carne vivo… Cuando sucede un milagro eucarístico llega mucha gente y quieren ver, y quieren rezar. ¿Y por qué cuando es la Eucaristía, que verdaderamente el pan se transforma en el Cuerpo de Cristo y lo que recibimos no es vino sino la Sangre del Señor, no nos admiramos?“.

“¿Qué necesitamos hacer? ¡Despertar la fe que recibimos en nuestro Bautismo! Educarla. Es bien triste hermanos, que nos convirtamos solamente en católicos domingueros”, comentó el padre Caín.

Finalmente, el sacerdote recordó que ese día se celebraba la Divina Misericordia y expresó: “Dios nos muestra Su misericordia, su amor… Hoy -y esto es bien importante para nosotros hermanos. grábatelo en tu corazón-, no eres tan malo pero tan malo que el Señor no pueda rescatarte“.

Reflexión y oración: "Señor, enséñame a envejecer"


¡Señor! ¡Enséñame a envejecer! Hazme comprender que la Comunidad no tiene la culpa si ya no me encomienda responsabilidades ni pide mi opinión y ha llamado a otros para que ocupen mi lugar. Aleja de mí el orgullo de la experiencia vivida y la convicción de que soy necesario.

Que no me aferre únicamente a la ley del tiempo mientras poco a poco me voy desprendiendo de las cosas y me dé cuenta de que en este turnarse de tareas, descubro una de las experiencias más interesantes de la vida que se renueva bajo el impulso de tu Providencia.

Haz, oh Señor, que yo pueda ser útil todavía, contribuyendo con el optimismo y la oración a la alegría y al entusiasmo de quienes están de turno en las responsabilidades, viviendo un estilo de vida humilde y sereno en contacto con el mundo en continua renovación, sin quejas sobre el pasado, conviertiendo mis sufrimientos humanos en un don de reparación social.

Que mi retiro de la vida activa se cumpla de una manera simple y natural como un feliz ocaso del sol.

Perdona si solamente hoy, en la tranquilidad, logro comprender todo lo que Tú me has amado y socorrido. Que al menos ahora yo tenga viva y penetrante la percepción del destino de gozo que me has preparado y hacia el cual me has encaminado desde el primer día de mi vida.

Señor, ¡enséñame a envejecer así! Amén

¿Una mujer fuerte, o una mujer de fortaleza? ¿Qué tipo de mujer eres?


Una mujer fuerte hace ejercicios todos los días para mantener su cuerpo en forma... mientras que una mujer de fortaleza se arrodilla a orar, para mantener su alma en forma...

Una mujer fuerte no le teme a nada, ni a nadie... mientras que una mujer de fortaleza demuestra su valor a pesar de su temor o de su pánico...

Una mujer fuerte a nadie permite que le quite lo mejor de ella... mientras que una mujer de fortaleza da lo mejor de sí misma a todos, cada uno de los días de su vida...

Una mujer fuerte comete pocos errores y los evita en el futuro... mientras que una mujer de fortaleza se da cuenta de que los errores en la vida también pueden ser bendiciones de Dios, y aprende de ellos...

Una mujer fuerte camina confiada con pasos seguros y firmes... mientras que una mujer de fortaleza sabe que Dios la ayudará a levantarse cada vez que caiga...

Una mujer fuerte muestra en su rostro una expresión de seguridad y confianza en sí misma... mientras que una mujer de fortaleza muestra una expresión de gracia y serenidad...

Una mujer fuerte tiene fe en que tiene fuerza suficiente para su viaje por la vida... mientras que una mujer de fortaleza tiene fe en que el viaje la irá haciendo cada vez más fuerte...

Una mujer fuerte obtiene un compañero fuerte que incremente su fuerza... mientras que una mujer de fortaleza se convierte en la fuerza que hará invencible a su compañero...

Una mujer fuerte enseña a sus hijos a perseguir el éxito en la vida... mientras que una mujer de fortaleza les enseña a perseguir el amor y la virtud...

Reflexión: No cometas el mismo error.


Triste es cuando otros te fallan.

Cuando esa gente en quien confiaste y creíste, (tus amigos) te desilusionan, e incluso hablan mal de ti.

Desearías poner en evidencia su error.

Sientes odio, tristeza, dolor y desilusión al mismo tiempo. Y al final no sabes qué sentir.

Aunque esto te pase, sigue creyendo en la amistad sincera.

Sigue dando lo mejor de ti a las personas y nunca pagues con la misma moneda.

Si te han fallado, haz lo posible para no fallar.

Si te han desilusionado, sé siempre recto para no cometer el mismo error.

Si te han calumniado, ofrece a Dios esa situación. Que sea Él quien juzgue, pero no envenenes tu corazón con el deseo de hacer tu justicia.

No importa el error que otros hayan cometido, no te hagas insensible y frío ante las personas que te necesiten.

Sigue haciendo el bien, sigue creyendo, sigue ofreciendo lo mejor que tengas y ante todo, deja el juicio en las manos de Dios.

La vida es hermosa y tienes la oportunidad de seguir viviendo.

Sigue adelante tu camino sin ver los tropiezos tuyos y menos los de los demás como obstáculos.

Y no cometas los mismos errores que otros hayan cometido contigo

Reflexión: ¿Rezar cambia las cosas?

Dicen que rezar cambia las cosas, pero ¿es realmente cierto que cambia algo?

¿Rezar cambia tu situación presente o tus circunstancias? No, no siempre, pero cambia el modo en el que ves esos acontecimientos.

¿Rezar cambia tu futuro económico ? No, no siempre, pero cambia el modo en que buscas atender tus necesidades diarias.

¿Rezar cambia corazones o el cuerpo dolorido? No, no siempre, pero cambia tu energía interior.

¿Rezar cambia tu querer y tus deseos? No, no siempre, pero cambiará tu querer por el querer de Dios.

¿Rezar cambia como el mundo? No, no siempre, pero cambiará los ojos con los que ves el mundo.

¿Rezar cambia tus culpas del pasado? No, no siempre, pero cambiará tu esperanza en el futuro.

¿Rezar cambia a la gente a tu alrededor? No, no siempre, pero te cambiará a ti, pues el problema no está siempre en los otros.

¿Rezar cambia tu vida de un modo que no puedes explicar? Ah, sí, siempre. Y esto te cambiará totalmente.

Entonces, ¿rezar realmente cambia algo? Sí, realmente lo cambia TODO.


Reflexión: La Carta de Dios


Tú que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de dones y talentos. Cuenta con tus dones y talentos. Entusiásmate con ellos. Reconócete. Encuéntrate. Acéptate. Anímate. Y piensa que desde este momento puedes cambiar tu vida para bien si te lo propones y te llenas de entusiasmo. Y sobre todo, si te das cuenta de toda la felicidad que puedes conseguir con solo desearlo.

Eres mi creación más grande. ¡Eres mi milagro!

No temas: comienza una nueva vida.

No te lamentes nunca. No te quejes. No te atormentes. No te deprimas. ¿Cómo puedes temer si eres mi milagro?

Estas dotado de poderes desconocidos para todas las criaturas del universo.

¡Eres ÚNICO!. Nadie es igual a ti. Solo en ti está aceptar el camino de la felicidad y enfrentarlo y seguir siempre adelante, hasta el fin, simplemente porque eres libre.

En ti esta el poder de no atarte a las cosas.

Las cosas no hacen la felicidad. Te hice perfecto para que aprovecharas tu capacidad y no para que te destruyeras con las tonterías.

Te di el poder de PENSAR. Te di el poder de IMAGINAR. Te di el poder de AMAR. Te di el poder de CURAR. Te di el poder de DETERMINAR. Te di el poder de PLANIFICAR. Te di el poder de REIR. Te di el poder de HABLAR. Te di el poder de ORAR... Y te situé por encima de los Ángeles, cuando te di el poder de elección. Te di el poder de elegir tu propio destino usando tu voluntad.

¿Qué has hecho de esas tremendas fuerzas que te di?

¡No importa! De hoy en adelante, olvida tu pasado usando sabiamente ese poder de ELECCIÓN.

Elige AMAR en lugar de ODIAR.

Elige REIR en lugar de LLORAR.

Elige CREAR en lugar de DESTRUIR.

Elige ALABAR en lugar de CRITICAR.

Elige PERSEVERAR en lugar de RENUNCIAR.

Elige ACTUAR en lugar de APLAZAR.

Elige CRECER en lugar de CONSUMIRTE.

Elige VIVIR en lugar de MORIR.

Elige BENDECIR en lugar de BLASFEMAR.

Y, aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida.

Crece cada día un poco más en el optimismo y la esperanza. Deja atras los miedos y los sentimientos de derrota.

Yo estoy a tu lado siempre: LLÁMAME, BÚSCAME, ACUÉRDATE DE MI.

Vivo en ti desde siempre y siempre te estoy esperando para amarte.

Si has de venir hacia mí algún día ... ¡Que sea en este momento!

Cada instante que vivas sin mí, es un instante que pierdes paz.

¡Trata de volverte niño: simple, inocente, generoso, con capacidad de asombro y capacidad para convertirte ante la maravilla de sentirte humano!

Porque puedes conocer mi amor, puedes sentir una lágrima, puedes comprender el dolor... ¡No te olvides que eres el milagro! Que te quiero feliz, con misericordia, con piedad, para que este mundo que transitas pueda acostumbrarse a reír, siempre que tú... aprendas a reír... eres mi milagro, entonces usa tus dones y cambia tu medio ambiente, contagiando esperanza y optimismo sin temor, por que... YO ESTOY A TU LADO.

Dios.

Reflexión: El canasto de carbón.


Se cuenta la historia de un anciano que vivía en una granja en las montañas de Kentucky oriental con su joven nieto. Cada mañana, el abuelo se sentaba temprano en la mesa de la cocina para leer su vieja y estropeada Biblia. Su nieto, que quería ser como él, intentó imitarlo cuando era posible.

Un día el nieto preguntó, “Abuelo, yo intento leer la Biblia, me gusta pero no la entiendo, y lo que logro entender se me olvida cuando cierro el libro. ¿Que hay de bueno en leer la Biblia?”

El abuelo silenciosamente dejo de echar carbón en la estufa y dijo: “Baja el canasto del carbón, y ve al río, y traeme un canasto lleno de agua”. El muchacho hizo tal y como su abuelo le dijo, aunque toda el agua se salió del canasto antes de que él pudiera volver a la casa.El abuelo se rió y dijo, “Tendrás que moverte un poco más rápido la próxima vez”, y lo envió nuevamente al río con el canasto a intentar traer agua en él.

Esta vez, el muchacho corrió más rapidamente, pero el canasto estaba de nuevo vacío antes de llegar a la casa. Ya sin respiración, le dijo a su abuelo que era “imposible llevar agua en un canasto,” y fue a conseguir un balde. El anciano lo detuvo diciendo “yo no quiero un balde de agua, quiero un canasto de agua. Tú puedes hacerlo”. A estas alturas, el muchacho sabía que la tarea era imposible, pero quería mostrar a su abuelo que aún cuando corriese más rápido, el agua se saldría antes que llegase a la casa.

El muchacho sacó el agua y corrió tanto como pudo, pero cuando llegó donde su abuelo el canasto estaba de nuevo vacío. Exhausto, el muchacho dijo “abuelo es inútil”. “¿Por qué piensas que es inútil? contesto el abuelo. “Mira dentro del canasto”. Viendo su interior comprendió por primera vez que el canasto tenía algo diferente. En lugar de un fondo sucio por el carbón, este lucía limpio. “Esa es la obra de Dios en nuestras vidas. Él nos cambia desde dentro lentamente hasta transformarnos en Su Hijo.”

Shakira, Tamara Falcó y dos aprendizajes que clara-mente nos hacen crecer y no irnos a pique.


Por: Ianire Angulo Ordorika, ESSE Profesora de la Facultad de Teología de la Universidad Loyola
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Tengo un profundo desconocimiento de la prensa rosa. Me pierdo en cuanto empiezan a mencionar miembros de la aristocracia o a gente famosa que, se supone, resultan ser conocidos por todos menos para mí. De estos chismes me suelo enterar cuando todo el mundo está ya de vuelta. Con todo, entre la última canción de Shakira y la boda de Tamara Falcó, ha sido imposible escapar de la actualidad. Ambas noticias tienen puntos comunes. Las dos tienen que ver con sendos engaños de la pareja y, desde luego, con dos reacciones muy distintas.

Aquella que afirmaba que cualquier infidelidad era imperdonable, por más que hubiera durado “un nanosegundo en el metaverso”, no solo ha olvidado la traición, sino que se ha comprometido en un proyecto común con aquel que le había engañado y suenan ya campanas de boda. Shakira, por su parte, convierte una canción suya en un arma arrojadiza, lanzándole dardos envenenados a su exmarido. Ahí le recuerda que, ante estas situaciones, “la mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”. ‘Claramente’ hay muchas cuestiones a reflexionar en torno a estas dos noticias, por mucho que no nos ‘salpiquen’ directamente. Por mi parte, en medio de muchas cuestiones discutibles y cuestionables, quiero rescatar dos elementos positivos que nos pueden ayudar a todos.

Cicatrices

Todos hemos salido alguna vez magullados en las relaciones con los demás, que son dadoras de vida, pero también generadoras de heridas. Creo que es todo un regalo poder situarnos en la existencia sin que el dolor que genera un desengaño, del tipo que sea, nos condicione. No conviene que un “nanosegundo” determine el resto de los minutos de nuestra existencia. De esto nos enseña mucho y muy bien la tradición bíblica, que con el paso del tiempo es capaz de releer los acontecimientos de la historia del pueblo, también los dolorosos y complicados, como una muestra del misterioso cuidado de Quien “es eterno su amor” (cf. Sal 136). Aun así, esta sabiduría no es ingenua y no requiere que todo vuelva a estar como si nada hubiera sucedido. Aunque se sanen, toda herida deja una cicatriz que no conviene olvidar con demasiada facilidad.

Una segunda cuestión a rescatar es la importancia de reconocer el propio valor. La invitación que se nos lanza es a amar al prójimo como a nosotros mismos (cf. Mt 22,39), lo que resulta muy complejo si no somos capaces de descubrir que en nuestro interior hay todo un Rolex o la potencia de un Ferrari. Conviene hacernos valer ante los demás, está claro, pero nuestra dignidad e importancia no se logra por comparación. Vamos, que no es necesario considerar al resto como un Casio o un Twingo para afirmarnos en nuestra valía. De hecho, cuanto más nos convencemos de la riqueza que el Señor ve en nosotros, menos necesitamos creer que valemos “por dos de 22”.

Sanar y valorarnos, dos aprendizajes vitales más que interesantes porque en esto, como en todo, conviene quedarnos con lo que nos hace crecer.

Una reflexión desde la perspectiva católica sobre la famosa canción de Shakira para Piqué.


Sin duda el tema de la semana, que causó un revuelo impresionante en todas las redes sociales así como en los medios convencionales fue la canción de Shakira con dedicatorias a su “ex”, Gerard Piqué. 

En los mismos perfiles de muchos católicos podemos observar memes y más memes con respecto a este tema, y si bien no debemos de andar por la vida de puritanos, y es hasta sano reír con el ingenio popular con las bromas que se hacen en las redes, también es cierto que como cristianos debemos siempre estar alertas, pues el demonio, enemigo de Cristo y de los que somos de él, siempre buscará una oportunidad para hacernos caer.

¿Es peligrosa la canción de Shakira?

Sabemos que la cantante colombiana (de un talento musical indudable) es una persona con mucha influencia y lo que canta puede (valga la redundancia) influenciar en el criterio y las ideas de quienes escuchan su trabajo.

Sobre todo los más jóvenes (aún siendo practicantes de la fe) pueden encontrar normal o correcto arremeter contra la expareja que los ha engañado, excusándose en que ese otro no ha hecho lo que ha Dios agrada (como ser infiel), sin embargo los pecados del otro no justifican los míos.  

La letra “Music Sessions #53” con Bizarrap es completamente contraria al amor cristiano tal y como nos lo enseña nuestra madre y maestra, la Iglesia.

En la canción hay dos mensajes muy graves:

1. Se ataca con rencor (ningún verdadero cristiano debería sentir rencor contra nadie) a la expareja, se hace burla de ella, se busca humillarla, exhibirla, dejarla en mal públicamente.

Absolutamente nada de eso es lo que debería hacer un buen católico cuando termina una relación. 

Como mandato del Señor, los cristianos estamos llamados a amar a todos, y eso incluye a nuestras exparejas, aun cuando éstas nos hayan hecho daño. Obivamente amar a una expareja no supone tener las mismas emociones que cuando se estaba en la relación (sabemos que si vas y le dices a tu nueva novia que aun amas a tu ex vas a tener un grave problema), pero entendámonos, amar es desear el bien temporal y eterno del otro, y en ese sentido aun cuando termines una relación, debes seguir amando (es decir, deseando el bien temporal y eterno) de esa otra persona. Lo último que deberías hacer es exhibir o humillar a tu ex solo porque con él las cosas no funcionaron.

2. Shakira desafortunadamente no se detuvo solo en Piqué, sino que se lanzó también con la persona que ahora tiene una relación sentimental con él. Y al hacerlo usó el recurso del menosprecio, comparándola con un reloj más barato. 

Sabemos que es difícil controlar las emociones y que si nuestro novio o novia nos dejó por alguien más, ese alguien más despertará emociones dolorosas en nosotros,porque lo vemos como aquel que destruyó algo que era lindo y nos hacía felices, pero siempre debemos poner por encima la razón (¡y nuestra fe!) de las emociones. 

Así como debemos amar y perdonar a nuestro “ex”, debemos amar y perdonar a la persona que ahora esté con él y debemos desear que el Espíritu Santo los guíe y los santifique.

Así que cuidado, disfruta de los memes, pero mantén tus antenas espirituales encendidas para detectar lo que de plano nos es sano ni agradable a Dios.

Recemos mucho por Shakira, Piqué y todos los involucrados, para que el Señor sane las heridas de sus corazones y ponga orden en sus vidas. 


La vida se restaura en Cristo ¡Ven Señor Jesús!



Al escuchar los textos de este domingo tercero del tiempo de adviento nuestro espíritu experimenta esa gracia particular de la vida que Jesús viene a comunicarnos y renovarse constantemente, este espíritu, en cada uno de los amados por Dios. 

 A la consulta que llevan de parte de Juan el Bautista a Jesús, este responde: los ciegos ven, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena nueva.

El quebranto es experimentado de muchas formas por cada uno de nosotros; nuestro corazón se impacta de una fluidez de ánimo que corresponde a la vitalidad que puede darse dentro de nosotros.

El ánimo de nuestro ser se endereza y le da vigor a todo el cuerpo, en unidad de espíritu y en totalidad del ser. Nos podremos sentir plenos, en armonía que canta de gozo y alegría, como ya lo refiere Isaías en la primera lectura. 

 Jesús viene a invadir con su vida todo nuestro ser, todo desde Él, en la efusión de su espíritu se hace acontecimiento liberador.

 Los agobios y quebrantos quedan superados. Esta experiencia desde la comunicación de gracia de Jesús, a cada uno de los que nos abrimos con fe a Él, nos abre a una gozosa esperanza.

 Los sufridos son los destinatarios de esta buena nueva que se comunica en Jesús. 

 La iglesia está llamada a dar y ofrecer este anuncio gozoso, donde Cristo quiere seguir dándose a través de servidores que sean totalmente fieles a Su voluntad, que es voluntad trinitaria, es decir en comunión con el Padre y el Espíritu Santo.

Juan el Bautista es alguien más que profeta porque le ha tocado preparar el camino al Mesías. Un pueblo buen dispuesto para Jesús. 

 De tal forma que los bautizados estamos invitados a seguir el ejemplo de Juan el Bautista, preparar a nuestros más cercanos y con quienes nos encontramos, a recibir a Jesús, que está llegando a nosotros para renovarnos en gozo, alegría y belleza. 

 Una espera con paciencia, así fue el tiempo previo a la llegada de Jesús, los patriarcas , profetas y reyes del pueblo de Israel hablaron de la llegada del Mesías, sin embargo, en el tiempo de Jesús, los cojos, ciegos , sordos , leprosos , muertos y pobres experimentan una liberación real en Jesús, que se expresa en una confesión de fe verdadera por la acción misma de Jesús , que es acontecimiento de salvación.

 Nuestras realidades humanas e históricas siguen experimentando el dolor, el sufrimiento, la discapacidad de la ceguera, sordera, invalidez, apocados de ánimo. 

Solo esa presencia amorosa de Jesús que nos trae vida puede restaurar ese ánimo que necesitamos que explote en gozo y alegría desbordada. 

Juan prepara el camino a Jesús y manda preguntar si es El. Se le responde con la referencia de los signos realizados al quedar curados ciegos, cojos, sordomudos quienes necesitaban esta gracia de vida liberadora. 

La tarea de Juan ha sido cumplida y podrá quedar en paz, aún a pesar del martirio que sufrirá, pero lo más importante: la obra de Dios sigue su curso.

Que importante es entender en nuestros procesos de iglesia, donde quiera que nos encontremos, que la obra de Dios siga. Y que a nosotros nos dé tranquilidad de haber hecho lo que nos correspondía o nos corresponde. 

Como el grano de trigo si no muere queda infecundo, también nosotros aprendamos a morir a nosotros mismos, a nuestros egos, a querer tenerlo todo controlado o atado a nuestras manos. Cooperemos como servidores a la obra de Dios y seamos felices con saber que la obra de Dios sigue y que en ella hemos participado con lo que nos tocaba como servidores.

 Vivamos esa gran alegría de la fe ¡Ven Señor Jesús! 

Autor: Fray Alfredo Quintero Campoy

Yo era Católica... ¿Cuántas veces hemos escuchando eso? Pero...



YO ERA CATÓLICA... ¿CUÁNTAS VECES HEMOS ESCUCHADO ESO? PERO...

"Yo era católica", dijo la señora a unos metros de mí en el estacionamiento. "Ahora soy cristiana y tú también puedes serlo". Ella procedía a entregarle un folleto a un caballero que estaba al lado de la maletera abierta de su auto. Al ver esto, no pude contenerme.

"Disculpe", le dije a la dama "pero ¿me podría dar también un panfleto?" Ella sonrió. “¿Eres salvo?”, Preguntó ella. "Claro que lo soy; Soy un católico creyente", respondí. Ella me miró como si tuviera mal aliento o algo así.

Ella continuó: “Solo le estaba diciendo a este caballero que yo también era católica, católica desde hace treinta y tantos años. Ahora he encontrado a Cristo y estoy tratando de decirles a todos los que conozco acerca de la salvación a través de Cristo.”

“Wow, eso es algo interesante! ¿Puedo preguntarle por qué dejó la Iglesia? ”. Podría decir que, al hacer esta pregunta, la señora se estaba emocionando. Después de todo, probablemente había sido rechazada por docenas de personas y ahora tenía a alguien a quien podía "dar testimonio" de Cristo.

"Ya ves", dijo, "nací católica. Asistí a misa todas las semanas, recibí los sacramentos y me gradué de una escuela católica. Ni una sola vez escuché el evangelio proclamado. ¡Ni una vez! Fue después del nacimiento de mi primer hijo que un buen amigo mío compartió 'el evangelio' conmigo y acepté a Jesús como mi Señor y Salvador personal y me convertí en cristianismo. Ahora pertenezco a una iglesia 'creyente en la Biblia' y estoy compartiendo el evangelio con quien desee escucharnos."

Esto me sorprendió. "¿Quieres decir que perteneciste a la Iglesia Católica por más de cuarenta años y nunca escuchaste el evangelio?", le dije. Ella estaba cada vez más emocionada. “Sí, nunca escuché el evangelio de salvación predicado, enseñado o incluso mencionado en la Iglesia. Si no predican el evangelio, disculpe mi franqueza, simplemente no son cristianos". Me rasqué la cabeza y dije: "eso es extraño. He sido católico toda mi vida y apuesto a que escucho el evangelio cada semana en la Iglesia". Su sonrisa se desvaneció rápidamente en una mirada de curiosidad. "Tal vez, no estoy entendiendo algo", continué. "Dígame a qué se refiere con el evangelio".

La señora metió la mano en su bolso para sacar un pequeño folleto y dijo: “Este tratado explica el simple evangelio de salvación. Se puede dividir en cuatro sencillos pasos.

“Primero, reconocemos que todos somos pecadores que necesitamos el perdón de Dios.

En segundo lugar, reconocemos que solo Dios puede salvarnos.

El tercer paso es que Jesucristo murió en la Cruz por nuestros pecados y para llevarnos a Dios.

Y el cuarto y último paso es que cada individuo acepte a Jesucristo como su Señor y Salvador personal para ser salvo".

Pensé por un par de segundos y dije: "Si pudiera demostrarte que los católicos escuchan el evangelio todos los domingos, ¿estaría de acuerdo en echar un vistazo más de cerca a la Iglesia Católica?" Ahora, ella sabía que me tenía entre la espada y la pared. "Pruébalo", me dijo. Me disculpé por un segundo y corrí hacia mi auto para tomar un Misal.


"Dado que ha asistido a misa casi toda su vida, probablemente recuerde estas oraciones". Abrí el misal directamente a las oraciones iniciales de la misa y procedí a mostrarle cómo los católicos escuchan, rezan y viven el mensaje del evangelio todos los domingos.

El primer paso del folleto de mi nueva amiga decía que todos somos pecadores que necesitamos el perdón de Dios. En el misal, después del saludo inicial, la misa continúa con lo que se conoce como el rito penitencial. Le leí en voz alta el texto mientras ella seguía leyendo en silencio.

“Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión".

Mencioné que es aquí en esta sección donde cada católico declara públicamente que él o ella es individualmente un pecador, no solo en un sentido general, sino específicamente en pensamientos, palabras y acciones. No puedes ser mucho más específico que eso.

“Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor".

El sacerdote reafirma esta confesión de pecado rezando,

"Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna".

Y toda la congregación dice "Amén", es decir, "creo". El sacerdote continúa.

"Señor ten piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad" y termina diciendo “Señor, muéstranos tu bondad y concédenos tu salvación".

La miré y le dije: "Ve, los católicos comenzamos cada misa con una declaración pública de nuestro propio pecado personal y clamamos a Dios para que nos perdone". Ella respondió: "Pero los católicos no creen que solo Dios puede salvarlos. Creen que María y los santos los salvarán. Negué con la cabeza en desacuerdo. "No, no lo hacemos. Recuerde lo que acabamos de leer en la misa. Los católicos le piden a María, a los ángeles, a los santos y a toda la congregación que recen a Dios por misericordia en su nombre, tal como le pediría yo a usted que rezara por mí. ¿Eso significa que la busco para que usted me "salve"? No, por supuesto que no. Solo estaría pidiendo su ayuda. Además, el “Gloria" de la Misa demuestra que los católicos solo buscan a Dios para salvarnos.”

Comencé a leer el Misal enfatizando ciertas palabras para probar mi punto:

“Gloria a Dios en cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque solo tú eres Santo, Solo tú Señor, solo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.


Del mismo modo, la doxología hablada justo antes de la comunión dice:

“Por Cristo, con él, y en él; en la unidad del Espíritu Santo, toda honor y toda gloria, Padre todopoderoso, por los siglos de los siglos.”


Mientras miraba hacia arriba, pude ver a la dama leyendo atentamente la página. No podía creer que había rezado estas oraciones durante años y nunca se dio cuenta de lo que decía. Sin embargo, allí estaba frente a sus ojos. Continué con el tercer paso: el reconocimiento de que Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados y para llevarnos a Dios.

La Profesión de Fe dice:

“Por nosotros, los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre. Por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato.

En la Plegaria Eucarística 1, el sacerdote reza:


Acuérdate, Señor, de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces... Por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero... ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

La oración termina con un pedido a Dios por la salvación a través de Jesucristo...

Acuérdate también, Señor, de tus hijos que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires… Acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro. Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

Del mismo modo, la segunda plegaria eucarística proclama:

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.


Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Asimismo, la oración eucarística 3 dice:

“Santo eres, en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.


Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que sean Cuerpo y † Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó a celebrar estos misterios.”

Por último, la cuarta oración eucarística dice:

Y tanto amaste al mundo, Padre santo,

que, al cumplirse la plenitud de los tiempos,

nos enviaste como salvador a tu único Hijo...

Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.

En esta oración, la congregación proclama el misterio de la fe:

“Por tu cruz y resurrección, nos has salvado, Señor.".

Como ves, cada semana los católicos proclaman que Jesús murió por ellos, le dije a la señora que ahora estaba buscando algo que decir. Después de un breve momento de silencio, ella me devolvió una respuesta.

“¿Qué hay de aceptar a Jesucristo y su Señor y Salvador personal?”, Replicó ella. "Pueden estar diciendo todo esto, pero no hacen un acto personal de aceptación". Lo que ella no sabía es que deliberadamente no mencioné el último "paso" de su "evangelio".


Le expliqué que si los católicos no creen lo que están rezando, no deberían proclamarlo públicamente. Como no podemos leer las disposiciones de los corazones de otras personas, no debemos juzgar si realmente creen lo que están diciendo. Luego, señalé el último paso: donde los católicos aceptan a Jesús en sus corazones. Justo antes de la comunión, el sacerdote levanta la hostia (que ahora es el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Nuestro Señor bajo las apariencias de pan y vino) y ora:

“Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Felices los que son llamados a su cena.

Y la congregación responde:

"Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme".

Miré directamente a los ojos de la dama y dije: "Aquí es donde todos los que están preparados para recibir a Jesucristo caminan hacia el frente de la iglesia, pero no solo creen en Cristo o simplemente le piden a Jesús que entre en sus corazones". "¿No lo hacen?", Preguntó ella. “No”, respondí, “reciben a ese mismo Cristo que murió en la cruz en el Calvario en su boca y en sus estómagos (cuerpo, sangre, alma y divinidad) y se vuelven uno con él de una manera indescriptible. ¡Ahora eso es aceptar a Cristo! "Ella no tuvo una respuesta. No estoy seguro de que ella haya pensado realmente en la Misa y en la presencia real de Cristo en la Eucaristía porque parecía estar sorprendida e intrigada.

Le di mi número de teléfono y la invité a un grupo de estudio al que me dirigía en el vecindario que examina los fundamentos bíblicos para la doctrina católica. Al partir, no pude evitar preguntarme cuántas personas, como mi nueva amiga, dejaron la Iglesia pensando que ella no decía nada sobre la salvación. ¡Sin embargo, es la riqueza de la liturgia de la Misa y aún más la presencia sustancial real de Cristo en la Eucaristía la que hacen una gran diferencia!

Por Padre Emmanuel Anyan

¿Tus planes no se realizan? ¿Sientes que Dios se olvidó de ti? Lee esto.



Su hijo era toda su esperanza, pero la muerte vino a buscarlo de madrugada. Ahora ella, viuda y sin hijo, quedaba sin derecho a nada. Así era la ley en esos tiempos por allá en la ciudad de Naín (Lucas 7, 11-17). Con el corazón quebrado, se aferró fuerte al brazo de una amiga que la consolaba, mientras el cortejo fúnebre se iba a acercando al lugar de la sepultura.

¿Quién hacía tanto alboroto en medio de un sepelio? Un hombre desconocido se acercó con un montón de gente y la miró de un modo tan profundo que sintió que su corazón ya no sangraba. Jesús se compadeció de su dolor, entonces hizo lo que mejor sabía hacer, cambiar las lágrimas en gozo puro. Para ello dio una orden contundente al muchacho muerto, quien para alegría de los presentes y testimonio de multitudes, se puso de pie y le dijo unas palabras de ternura a su madre.

La gente del cortejo quedó perpleja: la tradición era llorar a gritos, no actuar de otra manera. Sin embargo, sus ropas luctuosas y oscuras se tiñeron de esperanza. Jesús le dijo a todos esa tarde que ningún plan se frustra en Su presencia.

“¿Le importaré a alguien?”

Te levantas temprano, enciendes el lavarropas, preparas las viandas para los niños, le das de comer al conejo y te sientas a coser un botón de tu uniforme de trabajo. Tienes inmensos planes para tu vida, quieres que tus hijos tengan todo lo que a ti te ha faltado, que no sufran. Tus planes no incluían una niña pequeña con dislexia y un seguro social que no alcanza, un hijo mayor experto en darte dolores de cabeza, un jefe anunciando el recorte de horas extras, los fines de semana con la soledad dominando tu almohada, la hipoteca en el buzón, y tu ex esposo en el Caribe con la secretaria. Dentro de ti te preguntas “¿le importaré a alguien?”. Claro que sí y, para que tengas ese sentimiento vivo en tu interior, te comparto estos tres consejos:

Cambia tus planes. Toma la Biblia, y lee conmigo Jeremías 29, 11. Te traigo muy buenas noticias: “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo”. Quizás por toda tu situación has dejado de buscar aliento en Sus palabras, quizás ya ni siquiera oras ni te haces tiempo para renovar tu fe. Definitivamente es hora de hacer cambios de planes, dejar los tuyos a un lado, y tomar los de Dios. Él te desea tiempos de bocadillos. Dios quiere tu bienestar y darte un futuro lleno de esperanza. Además, si miras bien, en el documento Él ha puesto su firma. No creas que es como los políticos de turno, es un Dios de palabra. Cuando vives con los planes de Dios, descubres que el gozo es una constante en tu vida.

Explora dentro de ti, tu necesidad de Dios. Busca cerca de tu casa un lugar donde reunirte y celebrar la gracia de Dios. Desarrolla tu fe y espera un regalo tan grande de amor verdadero que los vecinos quedarán sorprendidos. Cuando pides a Dios, recibes; al buscarlo, lo hallas. La dislexia, la soledad, los bajos ingresos y el resto de las complicaciones van a ir desapareciendo a medida que desarrolles fortaleza espiritual para sobrellevar todas las calamidades.

Promueve el Reino en tu casa. Enseña a los niños a depender de Él. Ora junto a ellos, enséñales que Dios escucha que sus necesidades tienen un lugar en la agenda de Dios, que Él se detiene en medio de la multitud y se vuelve para oír sus corazones doloridos. Lee con ellos la Biblia. Que sonrías al encontrar consuelo en sus palabras, es lo que mueve a Dios a darte vida abundante para seguir adelante.

Te has saturado de desgracias, has estado insatisfecha… Reconoce que necesitas algo diferente. El poder de Dios sacude los féretros, asombra multitudes, pero en medio de esas multitudes, Él te mira, te cuida y te espera. ¿Hay algo más maravilloso?

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