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Pregúntale al Padre: ¿Por qué la Iglesia se empeña tanto en regular la sexualidad de las personas?

 

Qué bueno que me hayas preguntado esto, es un tema que a veces se malinterpreta y puede parecer que la Iglesia está ahí solo para ponernos reglas y restricciones. Pero no es así, ¡te lo aseguro! La Iglesia, más que regular nuestra sexualidad, busca guiarnos hacia una vida plena y feliz, tal como Dios la diseñó.

Primero, déjame contarte un poco sobre la idea de la revelación divina. La Iglesia Católica cree que Dios, en su amor infinito, ha querido revelarnos su plan para nosotros a través de las Sagradas Escrituras y la Tradición. Esta revelación no es otra cosa que una guía para vivir de una manera que nos lleve a la felicidad verdadera y eterna. Y sí, dentro de esta revelación, hay enseñanzas específicas sobre la sexualidad humana.

La sexualidad es un don maravilloso de Dios. Es una parte integral de quienes somos como personas y tiene un propósito profundo en su diseño. En la Biblia, especialmente en el Génesis, vemos que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza y les dio la capacidad de ser co-creadores con Él al dar vida. Génesis 1,27-28 dice: "Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: 'Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla'". ¡Qué increíble es pensar que participamos en el acto creador de Dios!

La Iglesia enseña que la sexualidad tiene dos propósitos principales: la unión y la procreación. Estos dos aspectos están entrelazados de manera que no pueden separarse sin perder el significado pleno de lo que es el amor conyugal. La unión se refiere a la comunión total de las personas, no solo en un sentido físico, sino también emocional y espiritual. Es un donarse completamente al otro. San Pablo lo expresa muy bien en Efesios 5,31-32, donde dice: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este misterio es grande; pero yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia".

El segundo propósito, la procreación, es la apertura a la vida. Cada acto conyugal debe estar abierto a la posibilidad de la vida, porque es así como reflejamos el amor generoso y creativo de Dios. Esto no significa que cada acto sexual deba resultar en un hijo, sino que no debemos cerrar la puerta a la vida de manera artificial. La encíclica Humanae Vitae del Papa Pablo VI, publicada en 1968, aborda esta enseñanza con mucha claridad. Allí se explica que cualquier acto conyugal debe respetar las leyes naturales de Dios y estar abierto a la transmisión de la vida.

Ahora, hablemos un poco sobre la castidad y la pureza. A veces estas palabras pueden sonar anticuadas o difíciles de entender, pero son fundamentales para comprender la visión de la Iglesia sobre la sexualidad. La castidad no es simplemente la abstinencia sexual, sino una virtud que nos ayuda a vivir nuestra sexualidad de acuerdo con nuestro estado de vida. Para los solteros, significa abstinencia, pero para los casados, significa ser fieles y vivir la sexualidad dentro del matrimonio de manera que refleje el amor de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) tiene mucho que decir sobre esto. En el número 2337, se define la castidad como "la integración lograda de la sexualidad en la persona". No se trata de reprimir nuestros deseos, sino de ordenarlos de manera que nos lleven a una vida de amor auténtico. La pureza, por otro lado, es mantener nuestro corazón y mente libres de todo lo que pueda degradar nuestra dignidad como hijos de Dios. Jesús mismo nos llama a esto en el Sermón de la Montaña cuando dice: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mateo 5,8).

Sé que a veces puede parecer que las enseñanzas de la Iglesia son difíciles de seguir, especialmente en un mundo que a menudo tiene una visión muy diferente de la sexualidad. Pero debemos recordar que estas enseñanzas no son arbitrarias ni están destinadas a hacernos la vida más difícil. Al contrario, están ahí para ayudarnos a vivir de una manera que nos lleve a la verdadera felicidad y realización.

El mundo nos dice que la libertad es hacer lo que queramos cuando queramos, pero la verdadera libertad es poder elegir el bien, vivir en la verdad y amar de manera auténtica. La libertad que nos ofrece Cristo es una libertad que nos libera del pecado y nos capacita para vivir plenamente. Como dice San Juan en su Evangelio: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8,32).

Entonces, ¿por qué la Iglesia se empeña tanto en "regular" la sexualidad? Porque ha recibido una revelación que debe conservar y defender, una revelación que nos muestra el camino hacia la verdadera felicidad. En esta revelación hay reglas claras sobre la sexualidad humana que nos llaman a la castidad, la pureza y a vivir nuestra sexualidad de manera abierta a la vida. No se trata de imponernos cargas pesadas, sino de guiarnos hacia una vida de amor verdadero y libertad.

Espero que esto te ayude a entender mejor la posición de la Iglesia. Y recuerda, la Iglesia está aquí para acompañarte, no para juzgarte. Todos estamos en este camino juntos, tratando de vivir de la mejor manera posible según el plan de Dios. ¡No dudes en seguir preguntando y buscando respuestas, que estamos aquí para caminar contigo!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Es pecado que un católico tome Viagra?


¿Es pecado que un católico tome Viagra?

La cuestión de tomar Viagra (o Cialis o cualquier otro medicamento para la disfución eréctil) en el contexto católico es interesante y vale la pena explorarla.

En primer lugar, es importante recordar que la Iglesia Católica tiene un enfoque comprensivo y equilibrado sobre la sexualidad. La sexualidad en sí misma no es vista como algo malo, sino más bien como un don divino destinado a ser vivido y experimentado dentro de un marco específico: el matrimonio.

La doctrina católica enseña que la sexualidad tiene un propósito preciso: la unión y procreación. En este sentido, cualquier acto sexual que se realice fuera del matrimonio o que vaya en contra de estos propósitos fundamentales puede ser considerado pecaminoso.

Cuando hablamos de tomar Viagra, es esencial entender las intenciones detrás de su uso. Si alguien recurre a este medicamento para mejorar su rendimiento sexual dentro del matrimonio y fortalecer la conexión íntima con su cónyuge, no hay un problema moral inherente. La Iglesia valora la unión conyugal y reconoce la importancia de la intimidad dentro de este contexto.

El Catecismo de la Iglesia Católica aborda la sexualidad en el matrimonio en los párrafos 2360 y 2361. En el 2360 se establece que "la sexualidad ordenada al amor conyugal es un valor de la persona, en sí misma y en relación con la comunión de los esposos y la transmisión de la vida". Y el 2361 señala que "la expresión del amor conyugal, aun siendo respetuosa y honrada, no deja de ser objeto de una regulación moral. En la regulación de la natalidad, la pareja debe tomar en consideración tanto las dimensiones morales y culturales como las dimensiones individuales y psicológicas".

Entonces, el uso de Viagra en el contexto del matrimonio sería ético siempre y cuando no se busque un mero placer egoísta, sino que se inscriba dentro de una unión respetuosa y amorosa conyugal. Es fundamental recordar que la intención detrás de nuestros actos es crucial en la ética católica.

Ahora bien, si el uso de un potenciador sexual como el Viagra o el Cialis se relaciona con relaciones fuera del matrimonio, como en el caso de adulterio o en el noviazgo, la situación cambia. La enseñanza católica sostiene que las relaciones sexuales fuera del matrimonio son contrarias a la moralidad. El Noveno Mandamiento nos advierte sobre no cometer adulterio, y en el Sermón del Monte, Jesús refuerza la importancia de la pureza del corazón y la fidelidad en el matrimonio (Mateo 5,27-28).

En este contexto, el uso de Viagra para facilitar relaciones sexuales fuera del matrimonio podría considerarse como un acto que va en contra de la moral sexual católica. La Iglesia nos insta a vivir la sexualidad de acuerdo con los designios divinos, y el respeto a la castidad y la fidelidad en el matrimonio son principios fundamentales.

Espero que esta explicación haya aclarado tus dudas sobre este tema. 

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Mi novio dice que no es pecado tener relaciones si nos amamos, ¿qué puedo hacer?


Antes que nada, quiero agradecerte por confiar en mí y abrir tu corazón. La sexualidad es un tema importante y delicado, y estoy aquí para ayudarte en lo que pueda.

La visión católica sobre la sexualidad está profundamente arraigada en la fe y en el diseño divino para la unión entre el hombre y la mujer. Para entender mejor este punto, podemos remontarnos al principio de la Creación, al relato del Génesis. En Génesis 2,24 se nos dice: "Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". Aquí, la Biblia nos presenta la idea de la unión entre un hombre y una mujer como algo sagrado y diseñado por Dios.

Además, el Catecismo de la Iglesia Católica aborda la sexualidad en el contexto del matrimonio. En los párrafos 2331 y 2332, se enfatiza que la sexualidad tiene su verdad y su significado plenos solo dentro del matrimonio. El acto sexual no solo es un medio de procreación sino también un acto de amor y entrega mutua entre esposo y esposa.

Entiendo que tu novio menciona que no ve pecado en tener relaciones si ambos se aman. Amar es un sentimiento hermoso y poderoso, y es algo que Dios quiere que experimentemos. Sin embargo, la Iglesia nos enseña que el acto sexual tiene un propósito específico y sagrado que se manifiesta plenamente dentro del matrimonio.

Ahora, volvamos a tu situación específica. Entiendo que estás en una relación y que ambos se aman. Eso es maravilloso y algo que Dios desea para nosotros, pero también es esencial abordar esta relación de una manera que sea coherente con la enseñanza de la Iglesia.

Primero, te animaría a hablar abierta y honestamente con tu novio sobre tus pensamientos y preocupaciones. La comunicación clara y sincera es clave en cualquier relación. Explícale tus inquietudes y comparte tus creencias de manera respetuosa. Es posible que él también tenga sus propias perspectivas y que esté dispuesto a entender tu posición.

Luego, juntos podrían buscar crecer en la fe y en la comprensión de lo que significa vivir una relación basada en los principios católicos. Podrían considerar buscar orientación pastoral, ya sea a través de un sacerdote, un consejero católico o un mentor espiritual. Estas personas están ahí para ayudar y guiar, y pueden ofrecer una perspectiva valiosa desde la fe.

Además, es importante orar juntos como pareja. La oración fortalece la relación y permite que Dios sea una parte integral de su vida como pareja. Pídele a Dios que los guíe y les dé la sabiduría y la gracia necesarias para tomar decisiones que estén en línea con Su voluntad.

Recuerda que todos somos seres humanos y cometemos errores. La Iglesia nos enseña sobre la misericordia de Dios, y siempre hay oportunidad para el arrepentimiento y la reconciliación. Si han tomado decisiones en el pasado que van en contra de los principios católicos, no tengan miedo de acercarse al sacramento de la reconciliación, donde podrán experimentar el perdón de Dios y un nuevo comienzo.

En resumen, amar a alguien es hermoso y es un regalo de Dios. Sin embargo, la Iglesia nos enseña que el acto sexual tiene un propósito divino específico y debe vivirse dentro del matrimonio. Hablar abierta y honestamente con tu novio, buscar orientación pastoral y orar juntos son pasos importantes para construir una relación sólida y centrada en la fe. Recuerda que Dios siempre está dispuesto a guiarnos y ayudarnos en nuestro camino de fe.

Espero que estas palabras te sean de ayuda y te alienten en tu jornada espiritual y en tu relación. ¡Que la gracia y la paz de Dios estén contigo siempre!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Hay posiciones sexuales prohibidas por la biblia o por la Iglesia para los matrimonios?



Abordar este tema de manera completa y comprensiva es esencial para proporcionar orientación y aclarar malentendidos.

La pregunta sobre si existen posiciones sexuales prohibidas por la Biblia o la Iglesia para los matrimonios es un tema delicado y complejo. La respuesta a esta pregunta no se encuentra en una lista detallada de posiciones sexuales específicas, ya que la Biblia y la Iglesia no proporcionan una enumeración exhaustiva de prácticas sexuales. En cambio, la enseñanza de la Iglesia y la moral sexual se basan en principios fundamentales que están diseñados para guiar la sexualidad dentro del contexto del matrimonio cristiano.

Para abordar este tema, primero consideremos algunos de los principios fundamentales que rigen la moral sexual en la enseñanza católica. Luego, exploraremos cómo se aplican estos principios a la intimidad sexual en el matrimonio.

1. El propósito del sexo según la Biblia y la Iglesia:

La Biblia nos enseña que el sexo fue creado por Dios con un propósito específico: ser una expresión de amor y unidad entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio. Génesis 2,24 establece: "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne". Esta es la base de la comprensión católica del matrimonio como una unión indisoluble entre un hombre y una mujer.

2. El respeto mutuo y el consentimiento son esenciales:

La enseñanza de la Iglesia enfatiza que cualquier actividad sexual debe ser mutuamente consentida y libre de coerción o violencia. El respeto hacia la dignidad de la persona es fundamental en cualquier actividad sexual.

3. La apertura a la vida es importante:

La Iglesia católica enseña que el acto sexual debe estar abierto a la posibilidad de la procreación. Si bien los métodos naturales de regulación de la fertilidad son permitidos, los métodos artificiales que buscan bloquear permanentemente la procreación se consideran contrarios a la enseñanza católica.

4. La castidad conyugal es un principio clave:

La Iglesia enfatiza la importancia de la castidad dentro del matrimonio. La castidad conyugal implica la moderación y la virtud en la vida sexual, evitando la explotación del otro cónyuge y viviendo la intimidad sexual de manera ordenada y moral.

5. La comunicación y la comprensión mutua son esenciales:

El diálogo abierto y la comprensión mutua entre los cónyuges son fundamentales para asegurarse de que las prácticas sexuales sean una expresión adecuada de amor y unidad en el matrimonio.

Dicho esto, la Iglesia católica no proporciona una lista específica de posiciones sexuales permitidas o prohibidas. Más bien, se centra en los principios morales que guían la sexualidad en el matrimonio. La razón de esto es que la intimidad sexual es una parte íntima y personal de la vida conyugal y no debe ser objeto de regulaciones minuciosas desde una autoridad externa. En cambio, se espera que las parejas casadas vivan su vida sexual dentro del marco de estos principios generales de la moral sexual.

La clave para una vida sexual sana y moral en el matrimonio, desde la perspectiva de la Iglesia católica, es que las prácticas sexuales sean mutuamente consentidas, respetuosas, y estén en conformidad con los principios generales de la enseñanza moral. El acto sexual debe ser una expresión de amor y unión entre esposo y esposa, vivido con castidad conyugal y con apertura a la vida.

Es importante reconocer que las preferencias y prácticas sexuales pueden variar entre las parejas, y la Iglesia no busca dictar detalles específicos sobre las prácticas sexuales en la vida de las parejas casadas. Más bien, se espera que las parejas casadas discutan y acuerden lo que es mutuamente satisfactorio y respetuoso dentro del marco de su matrimonio.

Si tienes preguntas específicas sobre prácticas sexuales en tu vida matrimonial o si estás buscando orientación en este tema, te animo a hablar con un sacerdote o un consejero católico de confianza. Están capacitados para proporcionar orientación pastoral y espiritual que sea coherente con la enseñanza de la Iglesia. La Iglesia católica reconoce la importancia de la vida conyugal y busca apoyar a las parejas en su viaje hacia la santidad y la felicidad en el matrimonio.

Autor: Padre Ignacio Andrade

“Aprender a amar implica aprender a prometer”: Padre Juan de Dios Larrú


“El amor, al que el apóstol Pablo dedicó un himno en la primera carta a los Corintios —amor «paciente», «servicial», y que «todo lo soporta» (1 Co 13, 4. 7)—, es ciertamente exigente. Su belleza está precisamente en el hecho de ser exigente, porque de este modo constituye el verdadero bien del hombre y lo irradia también a los demás” (Carta a las familias “Gratissimam sane” de san Juan Pablo II, 1994).

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Hablar de amor es hablar de un tópico, pero también es hablar de un modo de vida. “Toda la vida del hombre es vocacional” y esta vocación, la llamada divina, es precisamente una invitación a tener una vida enraizada en el amor.

La respuesta a dicha llamada se concreta de formas muy distintas y una de ellas es el matrimonio, sacramento que une al varón y la mujer para que sean una sola carne. La importancia de esto no es poca y de ello sabe mucho el sacerdote Juan de Dios Larrú, presidente de la asociación Persona y Familia, dedicada, tal como se describe en su web “a la promoción social, la investigación y la formación sobre el matrimonio y la familia”.

En esta entrevista con Omnes, Juan de Dios habla sobre esta iniciativa de formación, sobre la sexualidad y la llamada de la Iglesia “a ser una gran familia que genera, educa y acompaña a todas las personas hacia Cristo”.

¿Cómo y por qué nace la asociación Persona y Familia? El nombre recuerda mucho al título de San Juan Pablo II, “Persona y Acción”, ¿hay alguna relación con este santo?

–La Asociación nace en el año 2000, coincidiendo con el fin de la primera promoción de los matrimonios y familias que terminan la especialidad universitaria de pastoral familiar. Una experiencia que empezó en España en el año 1996 como experiencia piloto.

Nace de un deseo de las familias de seguir unidas. Habiendo vivido una experiencia de comunión entre ellas, que procedían de distintas partes de España, y querían seguir en contacto, promoviendo la pastoral familiar, profundizando en la formación que habían recibido, pero fundamentalmente con la vocación apostólica de llevar a otros lo que ellos habían experimentado. La importancia de una asociación familiar es muy grande, porque la raíz de la sociedad es la familia y la Iglesia está llamada a ser una gran familia que genera, educa y acompaña a todas las personas hacia Cristo.

“Persona y Familia” tiene relación con Juan Pablo II porque la especialización universitaria de pastoral familiar nace en el seno del Instituto Juan Pablo II para estudios sobre matrimonio y familia. Es una experiencia inspirada en la genialidad de Juan Pablo II para acercarse al matrimonio y a la familia. Él hizo una experiencia, siendo un joven sacerdote, en su diócesis de origen, en Cracovia. Y después, cuando fue elegido sucesor de Pedro, ofreció a toda la Iglesia aquella experiencia que él había vivido, creando el Instituto en el año 1981 en Roma, con distintas secciones en todo el mundo. Aquí en España, en el año 94 llegó el Instituto a Valencia.

¿Cómo surge la idea de la experiencia y del diploma de especialización en pastoral familiar?

–La Asociación nació con la vocación de formar familias a través de una experiencia que no fuera simplemente un curso, sino que tuviera el ingrediente de la formación integrada con la convivencia de las familias, la espiritualidad matrimonial y familiar, en la forma de encuentros.

El acontecimiento de encontrarse unas familias con otras, de ver que procedían de distintos ámbitos eclesiales, diferentes diócesis, parroquias y movimientos, les enriquecía enormemente. Se crearon amistades que han perdurado en el tiempo.

¿A quién está dirigido el Diploma de Especialización en Pastoral Familiar?

–Está dirigido a todo el mundo. El hombre es un ser familiar. Evidentemente está orientado principalmente a las familias, pero un sacerdote, un religioso, una religiosa, un seminarista, una persona soltera, también lo pueden hacer. Porque también tienen familias. También las personas que no tengan una titulación universitaria pueden hacer el curso, aunque el título que obtienen no tiene lógicamente valor universitario.

En definitiva, es para cualquier persona que quiera hacer una experiencia de encuentro de familias para comprender mejor esta pastoral familiar y para promoverla.

¿Por qué está dividido el plan de estudios en cinco módulos tan concretos: filosófico, teológico, pastoral, moral y psicopedagógico?

–El plan de estudios se inspira en la original metodología de san Juan Pablo II, desarrollada en las catequesis sobre el amor humano en el plan divino. La genialidad del santo papa polaco consiste en acercarse a la realidad del matrimonio y la familia desde la circularidad entre Revelación divina y experiencias humanas. Este acercamiento sapiencial permite integrar teología, filosofía y ciencias humanas para reconocer el significado de las experiencias humanas que se viven en el matrimonio y la familia, y que se encuentran inscritas en el lenguaje del cuerpo creado por Dios y llamado a la gloria.

En las últimas décadas, las ciencias mencionadas han profundizado en el matrimonio y se encuentran juntas en un acercamiento unitario. La unidad en la diferencia es una clave, distinguir en lo unido es una clave metodológica en el saber de Juan Pablo II.

Actualmente es muy difícil encontrar a personas dispuestas a comprometerse con otra para toda la vida y, si lo hacen, la decisión se retrasa muchísimo. ¿Es esto un problema? ¿Cómo puede solucionarse?

 –Es verdad que vivimos en lo que podríamos llamar una “crisis de la promesa”, hay miedo al compromiso, temor al fracaso, incertidumbre del futuro. El momento histórico que vivimos está marcado por el primado de la emotividad. La transición cultural posmoderna está llena de incógnitas todavía. Esto genera mucha inseguridad en las personas y se refleja en la crisis de la promesa que es inseparable de la crisis de la generatividad. Es decir, las personas se han dejado de casar y han dejado de tener hijos, y esto constituye un verdadero desafío para la sociedad y para la Iglesia.

Toda la vida del hombre es vocacional, y la vocación al amor es el hilo conductor de toda la pastoral familiar. Aprender a amar incluye necesariamente aprender a prometer, pues la promesa es la forma del amor. La dificultad o imposibilidad para prometer está provocando un gran cambio en nuestra sociedad. Lo que está en juego es la felicidad de las personas, la capacidad generativa y la fecundidad de una vida. No es tanto un problema que hay que solucionar sino un misterio en el que es necesario saber introducirse para que las personas podamos vivir una vida plena, lograda, grande, a la altura de la vocación a la santidad a la que Dios nos llama a todos.

Durante mucho tiempo daba la sensación de que a la Iglesia le daba miedo hablar sobre la sexualidad, ¿por qué? ¿Qué ha cambiado?

–El siglo XX ha sido testigo de dos revoluciones sexuales, la de 1917, que coincide con la revolución rusa, y la del 68, marcada por el cambio generacional tras la segunda guerra mundial. Por eso, hoy es más necesario que nunca profundizar en el significado de la diferencia sexual, aprender a integrar la afectividad y descubrir que el misterio de la sexualidad se dirige al don sincero de sí.

Hoy podemos constatar el potente influjo de las ideologías que han desfigurado y deconstruido el verdadero significado de la sexualidad. La Iglesia experimenta la apremiante necesidad de ayudar a tantas personas que sufren a causa de todo esto, y de mostrar y comunicar el tesoro que ha recibido en un modo asequible para el hombre de hoy.

¿Cómo se puede ayudar a los novios a llevar una relación dirigida al matrimonio? ¿Qué necesitan conocer para saber si están con la persona adecuada?

–Lo primero que diría es que hoy necesitamos generar novios, pues el principal desafío es de índole generativo. El acompañamiento de los novios es fundamental. La “Familiaris consortio” dividió en tres etapas la preparación al matrimonio: remota, próxima e inmediata, y “Amoris laetitia” ha insistido en la importancia de la preparación, la necesidad de crear itinerarios de fe que vayan haciendo madurar a las personas hacia el sacramento, que no es únicamente el final, sino más bien el principio. Por ello, junto al acompañamiento de los novios, es necesario cuidar a los matrimonios jóvenes, enseñándoles a vivir el amor conyugal.

Autor: Paloma López Camps.

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Fuente: https://omnesmag.com/foco/amor-formacion-persona-y-familia/

¿La Iglesia ve el sexo como algo "impuro"?


No, la Iglesia Católica no ve el sexo como algo "impuro". De hecho, la Iglesia enseña que el sexo es un don sagrado de Dios, que debe ser vivido dentro del matrimonio y en conformidad con su plan divino.

La enseñanza de la Iglesia Católica sobre la sexualidad es que el acto sexual tiene un doble propósito: la unión de los esposos y la procreación. La Iglesia enseña que la sexualidad es un don maravilloso de Dios y que, cuando se vive de acuerdo con su plan divino, puede ser una fuente de gozo y de expresión del amor entre esposos.

Sin embargo, la Iglesia también enseña que el sexo debe ser vivido dentro del matrimonio, ya que es el único lugar en el que puede ser plenamente expresado y disfrutado sin ser una fuente de conflicto o destrucción. Fuera del matrimonio, el sexo puede ser una fuente de dolor y confusión, ya que no está en consonancia con la voluntad de Dios y no respeta la dignidad humana.

En resumen, la Iglesia Católica no ve el sexo como algo "impuro", sino como un regalo sagrado de Dios que debe ser vivido dentro del matrimonio y en conformidad con su plan divino.

¿Qué enseña la Iglesia sobre los anticonceptivos?

La enseñanza de la Iglesia Católica sobre los anticonceptivos es que su uso está en desacuerdo con la ley moral divina, porque la relación sexual entre esposos debe estar abierta a la posibilidad de la procreación. La Iglesia enseña que el acto sexual es un acto sagrado que debe ser respetado en su integridad y su propósito natural.

El uso de anticonceptivos se considera un acto que impide la posibilidad de la procreación, lo que se opone al plan divino para la sexualidad humana. La Iglesia sostiene que el sexo debe estar orientado hacia la unidad y la procreación, y que el uso de anticonceptivos altera esta dinámica natural y esencial.

En la encíclica Humanae Vitae, el Papa Pablo VI afirmó que "cualquier acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación, es intrínsecamente mala". La Iglesia reconoce que hay situaciones en las que la regulación natural de la fertilidad es apropiada, pero siempre se deben usar métodos que respeten la integridad y propósito natural del acto conyugal.

Es importante señalar que la enseñanza de la Iglesia sobre los anticonceptivos se basa en la creencia de que la vida humana es sagrada y que la sexualidad es una parte importante de la vida humana que debe ser vivida de acuerdo con el plan divino. Aunque algunos católicos pueden tener dificultades para aceptar esta enseñanza, es un aspecto fundamental de la doctrina de la Iglesia Católica y no puede ser ignorado o rechazado sin consecuencias en su vida espiritual.

El 58% de curas y seminaristas encuestados por una universidad jesuita se declaró "no heterosexual"



El 49% de los sacerdotes y el 73% de los seminaristas encuestados dijeron que les habían aconsejado reprimir la sexualidad como estrategia para afrontar su propia sexualidad. Proporciones similares de sacerdotes y seminaristas dijeron que les resultaba difícil hablar de su sexualidad. 

Estos datos forman parte de un estudio realizado por teólogos de la Universidad jesuita de Santa Clara, donde examinan las actitudes del clero y de los laicos ante el clericalismo, entendido este "como una estructura de poder que sitúa a los sacerdotes por encima de los demás, les otorga un exceso de poder y autoridad, y limita la competencia de los laicos para actuar".

Según las conclusiones, en la formación del clerose descuida el examen de la sexualidad, los roles de género y el poder, recalcando queel clericalismo se ve favorecido por las deficiencias en la formación para una sana integración de la sexualidad, según informa a la agencia KNA.

Violencia y dominación

Otro factor fue la falta de confrontación con los roles de género. "El clericalismo se manifiesta en formas de masculinidad que se asocian en la investigación con la violencia y la dominación. El estudio llega a la conclusión de que una forma clericalista de ejercer el poder está asociada a estilos de liderazgo autoritarios y caóticos", apunta la misma fuente.

Según los autores, los abusos sexuales en la Iglesia no pueden explicarse de forma individualista por el hecho de que sólo los lleven a cabo autores individuales. "En cambio, es necesario un análisis estructural de la vida de la Iglesia. Para superar el clericalismo, se necesitan estrategias 'anticlericalistas', a las que hasta ahora no se ha prestado suficiente atención entre las medidas para afrontar y prevenir la violencia sexualizada en la Iglesia".

Los estudios demuestran que existe una conexión entre la falta de capacidad para hablar de la sexualidad y el abuso. También faltan enfoques sobre cómo dar forma adecuada a la intimidad y la vulnerabilidad. El tratamiento de esto debe ir más allá de establecer límites con los demás, señalan los autores.

Tras la ordenación sacerdotal, muchos clérigos carecen de estrategias sobre cómo implicar más a los laicos y permitirles asumir mayores responsabilidades. "Por lo tanto, uno de los enfoques en los seminarios y facultades de teología, pero también en las parroquias, debería ser el tema del 'empoderamiento'. Desde el punto de vista teológico -apunta el informe- hay que reforzar las imágenes del sacerdocio que se centran menos en la autoridad del clérigo individual".

Los nuevos modelos de sacerdocio

"Los nuevos modelos de sacerdocio que se centran en el empoderamiento de los laicos, el cuidado mutuo, la transparencia, la apertura y la vulnerabilidad, son cruciales para la prevención de la violencia sexual en la Iglesia", subrayan los autores.

Esto incluye también la reflexión sobre las prácticas litúrgicas. En este sentido, "el clericalismo estructural debe ser contrarrestado por prácticas litúrgicas que enfaticen la posición del sacerdote como miembro de la congregación que preside, se centren en la oración de la congregación (sacerdote y pueblo) y fomenten con alegría la participación plena, consciente y activa de todo el pueblo de Dios", dice el estudio.

Dificultades para encontrar posibles encuestados

El estudio se basó en casi 300 encuestados, de los cuales aproximadamente la mitad eran clérigos, en formación para ser clérigos o religiosos. Aunque querían haber llegado a los 600 encastados, no fue posible debido a la resistencia de las diócesis y los seminarios, lo que ha hecho que los encuestados formados en instituciones jesuitas estén sobrerrepresentados.

"Al compararlos con los egresados de otras instituciones de formación, se notan grandes diferencias: la mitad de los sacerdotes y seminaristas entrevistados afirmaron haber sido preparados adecuadamente en su formación para vivir el celibato sin negar su sexualidad; todos ellos eran egresados de instituciones jesuitas", subrayan los autores.

Muy llamativo fue el dato de que entre los encuestados, el 58% dijo no ser heterosexual (25% homosexual, 10% bisexual, 11% otro o sin respuesta), mientras que entre los encuestados laicos, el 85% se describió como heterosexual y sólo el 1% no dio ninguna indicación sobre su orientación sexual. "No se puede obviar la concentración de hombres homosexuales en el sacerdocio, ya que la mayoría de los sacerdotes son incapaces de hablar abiertamente de su orientación sexual, y algunos de ellos, consciente o inconscientemente, eligen el sacerdocio como una forma de evitar o reprimir su sexualidad, lo que dificulta extraordinariamente un enfoque saludable del celibato", señalan los autores en la información acogida por la agencia alemana.

Absolutamente falso que Iglesia "recomiende" sexo anal para evitar aborto




El Obispado de Alcalá de Henares (España), gobernado por Mons. Juan Antonio Reig Pla, denunció el "ignominioso artículo" publicado en la revista satírica "El Jueves", en la que se atribuyó al Prelado la recomendación de practicar el sexo anal como "medida de prevención del aborto".

En un comunicado emitido hoy, la diócesis española señaló que "la revista editada en España denominada ‘El Jueves’ ha publicado en su página web un ignominioso artículo titulado La Iglesia recomienda practicar el sexo anal como ‘medida de prevención del aborto’".

"Esta inmoral recomendación se atribuye a la Iglesia y en particular a la Conferencia Episcopal Española, que, a su vez, habría utilizado como portavoz, en una ‘multitudinaria rueda de prensa’, a Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares", indicó el Obispado.

La Diócesis de Alcalá de Henares aseguró que "naturalmente todo ello es absolutamente falso, una invención incalificable que repugna a la inteligencia, a la Doctrina Católica, a los fieles y demás personas de buena voluntad".

"Que Dios perdone al autor o autores de dicho artículo, a quienes lo han publicado y a quienes lo difunden", concluyó.

Los dañinos y escabrosos efectos de la pornografía de los que nadie te habla.




Por: Brian Clowes.

"La recuperación del control moral y el retorno del orden espiritual se han convertido en la actualidad en las condiciones indispensables de la supervivencia humana" -- Christopher Dawson, historiador cultural (1).

Lo que dicen los que sostienen una ideología antivida

"No creo que la pornografía degrade a las mujeres. Las mujeres que la practican quieren hacerlo. Nadie les está apuntando con una pistola a la cabeza. No entiendo cuál es el problema" -- Madonna, Sex, 1992 (2).

Otras personas, tan despistadas como Madonna, afirman que la pornografía es simplemente una "válvula de escape" que las personas usan para disipar sus impulsos sexuales. Su efecto, dicen ellos, es "catártico". Ello quiere decir, afirman estos ilusos, que las personas que de otra forma hubieran expresado, por medio de su actuación, sus violentas fantasías sexuales, de esta manera, en cambio, usan su material pornográfico sin causar daño.


Introducción

Los nocivos efectos de la pornografía, tanto la mal llamada "leve" como la fuerte, son extensos y permanentes. Hay grupos de investigadores que han realizado más de 500 estudios sobre estos efectos y sus conclusiones son concretas, coherentes e irrefutables.

A través de estos estudios aparecen consistentemente muchas relaciones importantes. Las seis conclusiones en relación con el impacto de la pornografía que se encuentran en la lista más abajo también se presentan en el estudio sumario de David Scott: Pornography, Its Effects on the Family, Community, and Culture ("La pornografía, sus efectos en la familia, la comunidad y la cultura") (3). Obsérvese que estas conclusiones no son el resultado de estudios aislados o de estudios que han sido agrupados al azar. Los números de los estudios que arrojan cada una de las conclusiones encabezan los párrafos correspondientes a través de este artículo y han sido tomados de la obra de Scott.

La lista de referencias bibliográficas de todos estos estudios aparece también al final del libro de Scott. Esa lista sería de gran valor para el que esté interesado en llevar a cabo una investigación seria sobre los efectos de la pornografía.

A continuación ofrecemos la lista sumaria de los principales efectos de la pornografía, cada uno de los cuales es descrito en los párrafos subsiguientes:

1. Aún la pornografía "leve" hace daño a cualquiera.
2. Toda pornografía insensibiliza al que la ve.
3. La pornografía causa adicción.
4. La pornografía degrada al matrimonio.
5. La pornografía aumenta la intención criminal de delincuentes peligrosos.
6. La pornografía impulsa a realizar otros crímenes y los facilita.

1. Aún la pornografía "leve" hace daño a cualquiera

Dieciocho estudios distintos han demostrado que la pornografía "leve", que exhibe actos entre adultos, aun con su consentimiento, definitivamente insensibiliza a todos sus videntes, y puede provocar un comportamiento extremadamente violento (4).

La pornografía afecta adversamente a toda persona que la ve y no sólo a los peligrosos criminales sexuales que aparecen en las tiras cómicas. La pornografía interfiere en las relaciones interpersonales y en el desarrollo moral de todas las personas que la ven.

De hecho, la pornografía "leve" ha sido un factor que ha estado presente en numerosos suicidios de adolescentes varones. El FBI ha informado de muchos casos de jóvenes que se han colgado del cuello y se han masturbado mientras sostenían una revista de pornografía "leve". No es sorprendente que estas muertes (que se clasifican como "asfixia autoerótica") a menudo no son dadas a conocer al público. Se calcula que alrededor de 1.000 de estos suicidios accidentales ocurren en Estados Unidos todos los años. (5).

En muchos casos, hasta ha habido jovencitos que sin quererlo han matado a sus amigos y hermanos por seguir las sugerencias que se encontraban en las revistas de pornografía "leve". Ello demuestra que no son solamente los pervertidos y los criminales endurecidos los que han sido afectados adversamente por la pornografía. Por ejemplo, Zachariah Hurt, de 13 años, leyó una revista de pornografía y luego colocó con cuidado unos cordones de zapato alrededor del cuello de dos niños: su hermanito de 8 años, Benjamin, y Todd Pigg, Jr., de 7 años, luego tiró de los cordones y accidentalmente estranguló a los chicos.

2. Toda pornografía insensibiliza al que la ve

Toda pornografía, "leve", fuerte y aun los materiales de "educación" sexual "neutral", insensibilizan al vidente y lo condicionan a los actos sexuales, violentos o no, como parte integral de la conducta humana --26 estudios distintos han llegado a esta conclusión (4).

Una encuesta de Gallup de 1984 arrojó que dos tercios de los que respondieron creían que el ver violencia en la televisión era dañino para otros, pero sólo el 5% de ellos creía que era dañino para ellos mismos (4).

Neil Malamuth, Ed Donnerstein y Dolf Zillman, tres de los principales investigadores de la violencia sexual, han declarado que, en general: "La pornografía insensibiliza. El ver estos materiales, sean estos violentos o no, coactivos o no, aumenta experimentalmente la conducta agresiva del hombre contra la mujer, y disminuye la sensibilidad, de tanto el hombre como la mujer, hacia la violación sexual y hacia la situación deplorable de las víctimas. Tanto los hombres como las mujeres, después de haber visto este material, creen que la mujer que ha sido víctima de una violación sexual ha sido menos perjudicada, es menos digna y hasta es responsable de su propio sufrimiento (6).

Esta investigación demostró que, luego de haber visto brevemente un material pornográfico, las dos terceras partes de los varones universitarios estarían más dispuestos a obligar a una mujer a realizar actos sexuales, si se les pudiera asegurar que no serían atrapados o castigados. Un tercio de los estudiantes expresó sentir un aumento del deseo de cometer una violación sexual (6). Estos son cambios escalofriantes de la actitud, tomado en cuenta que la mayoría de las violaciones sexuales no se reportan.

La pornografía es particularmente eficaz en insensibilizar a personas emocionalmente perturbadas. Por lo menos 26 estudios han demostrado de forma definitiva que las personas emocionalmente perturbadas y aquellas con una tendencia hacia los actos violentos pueden llegar a ser significativamente insensibilizadas durante varias semanas luego de haber visto películas pornográficas y/o violentas durante tres horas (4).

3. La pornografía es adictiva

Varios estudios han demostrado que todas las personas, normales o desajustadas, que ven pornografía desarrollan el deseo de ver material pornográfico cada vez más perverso, así como los adictos a las drogas desean drogas cada vez más fuertes. Todas las personas fantasean acerca de materiales pornográficos y actos más perversos y aun muchos de ellos los incorporan en sus relaciones sexuales. Muchas personas comienzan a emplear métodos cada vez más violentos en sus relaciones sexuales.

Los psiquiatras británicos Martin Roth y Edward Nelson han declarado que "lejos de tener un efecto catártico, el ver pornografía produce un mayor interés en la desviación sexual" (7).

Donnerstein, Zillman y Malamuth informan que "el ver prolongadamente pornografía común, no violenta y no coactiva, creó el apetito de materiales más inusuales, extravagantes y desviados, incluyendo los violentos en un contexto sexual, como la exhibición del sadomasoquismo y la violación sexual".

Como ocurre con el caso de los drogadictos, aquellos que consumen pornografía llegan a sentir que necesitan materiales más y más perversos para mantener su nivel anterior de excitación sexual (4).

4. La pornografía degrada al matrimonio

Los que consumen pornografía generalmente ven material que muestra a mujeres atractivas que realizan casi cualquier tipo de acto con cualquier número de hombres (o animales). Los usuarios de la pornografía comienzan a creer que sus esposas también deberían realizar actos que sean por lo menos un poquito más "aventurados" o "experimentales" que aquellos a los cuales están acostumbradas. Cuando las esposas de estos irresponsables no satisfacen las fantasías que la pornografía les ha producido, entonces dichos usuarios se sienten insatisfechos. Puede que se sientan aún más insatisfechos con las imperfecciones físicas de sus esposas. Las esposas, por supuesto, se sentirán disgustadas y rechazarán el comportamiento cada vez más pervertido de sus esposos.

Entonces los esposos a menudo buscan a las prostitutas, quienes están acostumbradas a lidiar con estas peticiones tan extravagantes y perversas (3,8).

5. La pornografía aumenta la intención criminal de delincuentes peligrosos

Hay más de 65 estudios que demuestran que los criminales peligrosos (pederastas, asesinos, violadores, padres incestuosos) no sólo son más propensos a cometer sus delitos si consumen pornografía, sino que también son más propensos a usar extensamente la pornografía poco antes de cometer sus crímenes (4). Los hombres delicuentes que usan pornografía pronto comienzan a manifestar un comportamiento adictivo y compulsivo. Todos sus mecanismos para liberar tensión pronto se llegan a relacionar con las perversiones sexuales y su conducta se hace cada vez más criminal.

Cerca de dos millones de pederastas, violadores, sádicos y practicantes de relaciones sexuales con adolescentes o prostitutas infantiles cometen más de 2 millones de delitos al año. Esta cifra se refiere solamente a los incidentes que se reportan, el número total es evidentemente mucho más elevado.

Los ingenuos que creen que la pornografía "no tiene víctimas" deberían bajarse de la nube en que se encuentran durmiendo y darse cuenta de los hechos. Miles de personas han sido torturadas, violadas y asesinadas por seres humanos perturbados como resultado directo de la pornografía. Miles de estos casos abarrotan los archivos de la policía en todo Estados Unidos.

Jeffrey Dahmer, condenado por pederastia y al mismo tiempo un practicante confeso del homosexualismo, logró convencer a 17 jovencitos que fuesen a su apartamento. Una vez allí tuvo relaciones sexuales con ellos y luego los mató y los desmembró.

Este individuo fue un activista en organizaciones que defienden los "derechos de los homosexuales" y participó en desfiles para promover el "orgullo homosexual". La policía también encontró una enorme cantidad de pornografía fuerte y de videocintas en su apartamento (9).

El 24 de enero de 1988, el día antes de ser ejecutado por asesinato, Ted Bundy declaró, en una entrevista que le hizo el Dr. James Dobson de la organización Enfoque en la Familia, que: "Al principio, la pornografía enciende este tipo de corrientes de pensamiento... Como en el caso de las adicciones, sientes deseos de algo que sea más fuerte, más fuerte, algo que te provoque una excitación más intensa, hasta que llegas a un punto en que la pornografía ya no te ofrece más, llegas a un punto de salto en el cual te comienzas a preguntar si a lo mejor el hacerlo te daría aquello que está más allá de sólo leerlo o verlo".

Cuando Enfoque en la Familia publicó los resultados de esta importante entrevista, se encontró con la burla de aquellos que no acaban de aceptar las dañinas consecuencias de la pornografía, pero que en el fondo reconocieron cuán cierto fue lo que arrojó el diálogo de Dobson con Bundy. Evidentemente, las únicas personas que atacaron esta entrevista fueron aquellas que apoyan o lucran inmensamente con la pornografía.

Arthur Gary Bishop, que fue ejecutado en el Estado de Utah en 1983 por violar y matar a cinco niños, entre las edades de 4 y 13 años, declaró lo siguiente: "La pornografía no fue la única influencia negativa en mi vida, pero sus efectos en mí fueron devastadores. Yo soy un homosexual pederasta condenado por asesinato, y la pornografía fue el factor determinante de mi caída".

Los científicos del FBI de Quantico, Estado de Virginia, hicieron unos comentarios del papel que desempeñó la pornografía y sus efectos en el violador de Miami, Estado de la Florida, del caso de "la funda de la almohada". "Adquirió revistas [pornográficas] ... y soñó con realizar violaciones sexuales. Luego cruzó el umbral que separaba la fantasía de la realidad de los asaltos sexuales."

Ray Bauer, un adicto a la pornografía de St. Louis, Estado de Missouri, a menudo obligaba a su esposa de 29 años de edad a mirar películas de pornografía fuerte y luego la ataba y la torturaba. Finalmente, en abril de 1986, la Sra. Bauer no pudo aguantar más este maltrato y mató a su esposo a balazos después de un episodio de tortura particularmente violento. La espalda, el pecho y las posaderas tenían profundas marcas de latigazos. Los agentes del orden registraron la casa y encontraron la extensa colección que su esposo tenía de pornografía violenta y sadomasoquista, también encontraron instrumentos de tortura (10).

Los negociantes de la pornografía dicen que ésta no hace daño. El siguiente caso los desmiente.

En enero de 1986, Linda Lee Daniels, de 22 años de edad, de Albuquerque, Estado de Nuevo México, fue secuestrada en pleno día del estacionamiento de su propia casa por tres jóvenes, cuyo propósito era usarla, contra su voluntad, en una película pornográfica.

El productor de la película, Johnny Zinn, dijo a los tres secuestradores, a quienes él mismo había empleado, que quería un "producto" rubio para su película y que les pagaría $1.500 si encontraban a una mujer con esas características.

Después de raptar a Daniels, los jóvenes la drogaron y la violaron durante toda la noche y filmaron toda la secuencia de las violaciones. Los diarios matutinos del día siguiente mostraron una foto de Daniels. Entonces Zinn ordenó a sus compinches que la mataran. Ellos le dispararon repetidas veces, mientras la pobre víctima suplicaba que no le quitasen la vida.

A Zinn lo condenaron a cadena perpetua. Dos de sus cómplices, aunque los encontraron culpables de violación, ya están en libertad rondando las calles, quizás en búsqueda de más "productos" (11).

El FBI ha encontrado que el 80% (29 de 36) de los más recientes asesinos en masa utilizaron la pornografía extensamente como parte integral de sus crímenes sexuales, los cuales incluían violaciones y asesinatos en serie (4).

Algunos de estos asesinos fotografiaban a sus víctimas ya muertas, recortaban las fotos de sus rostros y los pegaban sobre fotos de pornografía fuerte como preparación para su próximo asesinato.

El FBI y la policía de toda la nación estadounidense han informado que han encontrado extensas colecciones de pornografía en las casas de prácticamente cada asesino en masa y pederasta que han arrestado.

El capítulo 18 del estudio, realizado en 1986, de la Comisión sobre la Pornografía del Fiscal General de Estados Unidos señala que las principales revistas pornográficas para hombres (Playboy, Penthouse, Hustler, Chic, Club, Gallery, Genesis y Oui) tienen una tasa de circulación cinco veces más elevada en los Estados de Alaska y Nevada que en el de Dakota del Norte (12). Es muy significativo que las tasas de violaciones sexuales de Alaska y Nevada son ocho veces más elevadas que la de Dakota del Norte.

Otros investigadores han confirmado que el 64% de todos los pederastas que son practicantes del homosexualismo y el 86% de todos los violadores usaron pornografía durante el momento en que cometían sus crímenes o inmediatamente antes.

Un sondeo de más de 400 criminales jóvenes en prisión demostró que los presidiarios que habían visto grandes cantidades de pornografía eran mucho más propensos a cometer actos violentos y sexualmente perversos que los otros presidiarios que no habían visto pornografía (3).

6. La pornografía impulsa a realizar otros crímenes y los facilita

Los que promueven la pornografía también promueven la pederastia al trivializar los actos sexuales entre niños y adultos.

Organizaciones como la Asociación de Norteamérica para el Amor entre Hombres y Niños o NAMBLA (North American Man-Boy Love Association) y la Rene Guyon Society están muy involucradas en el movimiento en pro del homosexualismo y en la pornografía fuerte. Ambas organizaciones también cabildean para que se eliminen las leyes que prohíben las relaciones sexuales con menores de edad.

Es un hecho que los magnates de la pornografía usan su gran riqueza e influencia para promover directamente los actos ilegales en sus revistas, incluyendo el uso de drogas peligrosas. Ello coincide con su ideología hedonista de que "todo es aceptable".

Según la Dra. Judith Reisman, presidenta del Institute for Media Education (Instituto para la Formación de los Medios de Comunicación Social), con sede en Washington, DC, la legalización de todos los tipos de uso de drogas ha sido una de las metas principales, a nivel económico, editorial y legislativo del imperio de la revista pornográfica Playboy desde 1966. La primera indicación de que Playboy iba a promover el uso de drogas y su legalización tuvo lugar en el número de septiembre de 1966 de esta revista. En ese número, Playboy publicó una entrevista que hizo a Timothy Leary, en la cual la revista se congració sobremanera con este portavoz del movimiento en pro de la legalización de las drogas.

En 1970, la Fundación Playboy formalmente subscribió el establecimiento, por parte del abogado Keith Stroup, de la National Organization for the Repeal of Marijuana Laws o NORML (Organización Nacional para la Anulación de las Leyes que prohiben el uso de la Mariguana). A finales de 1871, la Fundación contribuyó con $100.000, la primera de una larga series de donativos periódicos a NORML para su campaña en pro de las drogas de 1972.

Playboy ha continuado proporcionando una gran cantidad de asistencia, tanto editorial como económica, a la legalización de las drogas desde 1970. En 1973 y en 1975, los esfuerzos de NORML, con el respaldo de Playboy, tuvieron un triste éxito al lograr abolir la criminalidad legal de la mariguana en los Estados de Oregon y Alaska. La revista Playboy ha publicado anécdotas ficticias agasajando muchísimo a los que usaban drogas, ha impreso cuadros sinópticos sobre el uso de las drogas y ha servido de plataforma para numerosos portavoces a favor de las drogas, incluyendo a Timothy Leary y a la estrella de fútbol estadounidense Don Rogers --que luego murió de una sobredosis (13).

Según fuentes del Congreso de Estados Unidos, las drogas ilícitas constituyen un negocio de $70 mil millones al año. En la actualidad tenemos 20 millones de personas que fuman mariguana con frecuencia, 7 millones que usan cocaína con frecuencia y medio millón de adictos a la heroína (14). Nuestra sociedad se está realmente ahogando en un diluvio de drogas y ningún niño está plenamente protegido de las drogas y de la pederastia (¡incluyendo el suyo!)

Lo último que necesitamos es que venga un grupo de libertinos ricos a instigar a los que promueven el uso de drogas con sus ilógicos argumentos publicados en costosas revistas a colores.

¿Quieres arruinar tu noviazgo? Ten sexo



Las consecuencias emocionales del sexo prematrimonial nadie las enseña, pero son una realidad. Muchos jóvenes las sufren todos los días.

Por: Padre Eduardo Hayen.

Aquel chico me decía que estaba super enamorado de su novia. Se habían conocido en un antro y desde la primera noche de noviazgo habían tenido relaciones sexuales. Él era muy detallista con ella. Llevaban algunos años de novios, el sexo formaba parte de su romance y todo parecía marchar bien, hasta que él descubrió que ella lo había engañado con un amigo. Fue un verdadero drama. El mundo se le vino abajo y lloró durante semanas como una Magdalena. “¿Por qué, por qué –se preguntaba– si todo iba muy bien y teníamos planes de casarnos?”

En sus clases de educación sexual escolar le habían informado muy bien del uso del condón, de los métodos anticonceptivos, de las principales enfermedades venéreas, de la responsabilidad que debían tener para no procrear hijos durante el noviazgo. Pero nunca le hablaron de la castidad ni de las consecuencias emocionales de llevar una vida sexual activa.

Jamás le dijeron que cuando un hombre y una mujer se relacionan sexualmente, se forma entre ellos un poderoso vínculo –como un super pegamento emocional– que provoca el querer estar juntos y ponerse una venda en los ojos del corazón para no verse los defectos uno al otro.

Las relaciones sexuales no son algo que se hace con el cuerpo mientras que el cerebro se queda allá lejos, fuera de la habitación. El sexo crea una hormona llamada oxitocina que, en sus efectos, provoca un apego, fuera de toda explicación lógica, a la otra persona. La misma hormona se produce cuando la madre, en su período de lactancia, amamanta a su bebé, y se crea también ese super vínculo emocional entre los dos, dificilísimo de romper.

En el caso del chico super enamorado de su novia, ellos, a través de mantener relaciones sexuales, crearon la oxitocina que los vinculó fuertemente, y por ese motivo la ruptura fue una experiencia tremendamente dolorosa. El vínculo emocional o apego al otro funciona maravillosamente en el matrimonio.

Dios creó esa hormona con el propósito de mantener unidas a las parejas casadas. Pero cuando la hormona se crea en el noviazgo al mantener una vida sexual activa, la relación fácilmente puede desembocar en un desastre. Nadie tiene la fuerza para impedir la acción de ese super pegamento. Es algo que ocurre en la psique de las personas a niveles profundos, de manera inconsciente y es extremadamente poderoso.

Es falso creer que los varones no experimentan ese vínculo emocional. Si bien es cierto que las mujeres se sienten más vinculadas, los hombres también lo hacen, y las experiencias de ruptura suelen dejarlos devastados. He conocido jóvenes varones que estuvieron a punto del suicidio cuando la novia decidió cortar la relación.

Algunos jóvenes que piden consejo a los sacerdotes nos comentan que ellos no han tenido relaciones sexuales con sus parejas en el noviazgo, pero que se han ido deslizando por una pendiente de tocamientos cada vez más permisivos hasta casi llegar al sexo completo.

¿Qué sucede en esos casos? ¿Se crea el vínculo emocional? Si bien es cierto que el apego a la otra persona es más poderoso cuando las relaciones sexuales son totales, un vínculo creado por tocamientos permisivos o besos muy apasionados es suficientemente fuerte para estropear el noviazgo.

Chicas y chicos que tuvieron relaciones sexuales –incompletas o completas– con sus parejas jamás olvidarán a ese “primer amor” de su vida que los dejó marcados para siempre.

Dios no es el aguafiestas de la juventud al prohibir a los solteros abstenerse de relaciones sexuales. La ley moral de Dios es sabia y por eso establece que el sexo es exclusivo del matrimonio. Es en la vida de casados donde el hombre y la mujer hablan un lenguaje que es “para siempre”, y donde ese vínculo emocional que se crea con la hormona oxitocina, funciona muy bien. En cambio no funciona bien en el noviazgo, donde no existe el compromiso total y donde la inmadurez afectiva suele estar presente.

Estas consecuencias emocionales del sexo prematrimonial nadie las enseña, ni las quieren enseñar en las clases de educación sexual escolar. En las aulas sólo se informa sobre condones y anticonceptivos, y así se establecen las bases para que ocurran futuros desastres emocionales.

¿Cómo afianzar a los niños en su sexo?


A Manuelito le gusta ponerse los tacones de su mamá. El niño tiene siete años y le llama la atención cómo ella se pinta las uñas y se maquilla. Él le pide que le enseñe a hacer lo mismo. La madre de Manuelito se queda desconcertada y no sabe cómo actuar.

Ella tuvo dos hijos varones y siempre soñó con tener una niña. Su tentación es permitir a Manuelito que se maquille y se pinte las uñas obedeciendo al deseo de haber tenido una hija a quien enseñarle las conductas propias de las mujeres. ¿Qué debe hacer esta madre de familia?

Hace algunas décadas los varones y mujeres tenían muy bien definido su comportamiento, su manera de hablar y de vestir. Era impensable que un hombre llevara aretes o que usara maquillaje, y que una mujer dijera malas palabras y vistiera con pantalones de mezclilla rotos.

La ideología de género enseñó que era necesario borrar la frontera entre los sexos, y que varones y mujeres podían adoptar conductas y formas del sexo contrario. Hoy cada vez son más frecuentes los adolescentes varones que se maquillan y adoptan conductas afeminadas, así como mujeres masculinizadas que visten y se comportan como hombres.

La creciente moda transgénero o transexual es hija de la conducta unisex de hace algunos años, y hoy ha adquirido tintes políticos. Se está adoctrinando a las nuevas generaciones para que emigren al sexo contrario a base de tratamientos hormonales y hasta cirugías, con los riesgos, desequilibrios y enfermedades mentales que pueda traer, y que ya explicamos en el artículo anterior.

Muchos padres se quedan perplejos ante su niña que les dice que quiere ser hombre, y muchas veces no saben qué hacer. Otros insensatamente consienten que su hijo pueda convertirse en una persona del sexo contrario, si así él se siente cómodo.

¿Cómo afianzar a un hijo en su propio sexo?

Ricardo Sada Fernández en su libro sobre educación sexual a niños, adolescentes y jóvenes, explica que un niño, entre los dos y tres años, sabe perfectamente cuál es su sexo. Se lo han revelado por la manera en que lo visten, le cortan el cabello y por el tipo de juguetes que le han proporcionado. Ha escuchado que los demás lo tratan con el pronombre “él” si es niño, o “ella” si es niña. Por eso la ideología de género busca modificar el lenguaje, introduciendo palabras como “todes” o “compañeres”, –que además de destruir el idioma– crean conflictos de identidad en las nuevas generaciones.

Sin embargo, si los padres quieren procurarle salud mental a sus hijos y una personalidad equilibrada, es importante que los afiancen en su propio sexo.

¿Cómo lograrlo?

Deberán de educarlos dándoles ejemplo en su manera de comportarse. Los niños aprenden a ser varones observando a su papá, y las niñas a su mamá. Si el padre muestra a su hijo características varoniles como la firmeza, el vigor, el emprendimiento, la conquista del espacio, el dominio y la capacidad para afrontar retos, el ser fuerte, justo, emprendedor, el sentido de conquista y aventura, sabrá preparar a su hijo a comportarse como hombre.

Una madre que quiera educar a su niña en la feminidad deberá transmitir para ella características como la intuición, la cercanía a las personas y a las situaciones; el conocimiento a través del corazón sintiendo lo que siente el otro; el ser cobijo para todos y dar calor de hogar a su familia. De esa manera su hija desarrollará virtudes como la ternura, la abnegación, la renuncia y el amor por su familia.

Tener ejemplos claros de masculinidad y feminidad hará que los niños se afiancen en su sexo, sintiéndose felices y seguros. Cada uno de los cónyuges deberá proyectar una imagen adecuada sobre la masculinidad y la feminidad.

Regresemos al caso de Manuelito. Afortunadamente la madre de este niño que siente curiosidad por hacer ciertas cosas de mujeres, ha sabido reaccionar adecuadamente, y sabe encauzar el comportamiento de su hijo para afianzarlo en su sexo. No lo regaña por la petición del niño de maquillarse como ella, sino que mejor lo invita a ponerse espuma de afeitar en su rostro para hacer un ensayo de lo que será su vida cuando se rasure, como su papá, o a vestirse varonilmente como su padre.

Los niños entre dos y seis años logran la identificación con su progenitor del mismo sexo. Por eso la ideología de género busca intervenir en la educación de los niños desde la etapa preescolar creando confusión en su identidad sexual. Los padres deben estar muy atentos a lo que ocurre en la escuela y oponerse con firmeza a cualquier iniciativa educativa que lleve a sus hijos a comportarse como el sexo que no son.

Los padres deben también cortarles el cabello varonilmente a sus niños, y femeninamente a sus niñas; han de procurarles juguetes a los niños como balones, herramientas, coches, espadas o máscaras de luchador; y a las niñas muñecas, casitas, accesorios para la cocinita, o para pintarse.

Es importante que los niños tengan juegos varoniles con su papá con cierta brusquedad, y las niñas participen en actividades femeniles más delicadas con su mamá. Y que también los encaucen hacia su identificación sexual diciéndole, por ejemplo, la madre a su niño: “camina rápido como tu papá” o “cómete tus verduras como tu papá” o “ponte tus botas como tu papá”. Y el padre a su niña: “cambia el vestido a tu muñeca como tu mamá” o “qué bonito te arreglaste tu cabello, como tu mamá”.

Cuando en la familia falta el papá, es conveniente invitar a tíos, cuñados o algún varón cercano que conviva con el niño para ayudarle a su identificación con su mismo sexo. Si falta la madre, el proceso de identificación de una niña es más fácil ya que, por lo general, no faltan las abuelas y las tías que les facilitan el proceso.

Mientras la ideología de género avanza, no debemos permitir que los niños sufran la confusión de su identidad sexual. Hemos de facilitarles  la identificación con su sexo biológico para que, de esa manera, puedan crecer seguros, fuertes y felices.

El P. Eduardo Hayen es Director de Comunicación de la Diócesis de Ciudad Juárez.

Sexo, ¿es bueno o malo? ¿Qué dice la Iglesia?



Casi todas las voces que escuchan los jóvenes en la cultura secular los invitan a experimentar con el sexo. Pero, ¿el sexo es bueno o malo?

La misma educación sexual escolar les proporciona la información para que, desde la adolescencia, los chicos se enrolen en actividad sexual. Les hablan de derechos sexuales y reproductivos, incluso les han dado una cartilla nacional que los promueve; de esa manera los van incitando hacia la promiscuidad.

En este ambiente cultural, la Iglesia con su enseñanza sobre la castidad hasta el matrimonio parece retrógrada. La ética sexual católica se ve como el aguafiestas en medio del desenfreno del mundo. Parece que se cumple aquellas palabras de san Pablo: “llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina” (2Tim 4,3).

¿Qué dice la Iglesia sobre el sexo?

Sin embargo cuando echamos una mirada a nuestro alrededor y vemos las consecuencias de la Revolución sexual de los años 60 en la manera en que los jóvenes viven su vida sexual –con todas las heridas físicas, psicológicas, familiares y espirituales–, nos convencemos, más que nunca, de que la Iglesia debe seguir proclamando el plan de Dios sobre el amor y la sexualidad con valentía, arguyendo, reprendiendo, exhortando, con paciencia incansable y con afán de enseñar (2Tim 4,2).

Enseñar a los adolescentes y jóvenes que antes de casarse vivan una vida sexual activa es un grave error. Pero hay que explicarles por qué. Para entenderlo, primero hay que saber que el sexo es una creación de Dios y, como tal, es bueno. Cuando creó el mundo vio que todo era muy bueno (Gen 1,31), incluido el sexo. Sin embargo el sexo no solamente es bueno sino increíblemente bueno.

Tan bueno es, que Dios hizo el mundo para que fuera poblado con seres humanos, hechos a su imagen y semejanza, llamados por vocación a compartir con ellos la vida eterna en el Cielo. “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla” (Gen 1,28). Si tú y yo somos seres hermosos salidos de las manos de Dios, a quienes Él ama apasionadamente, eso significa que el acto sexual que nos dio origen –el sexo– es querido por Dios y es algo extraordinariamente positivo. Podemos decir que no hay en la tierra una forma de contacto físico con una dignidad tan alta como es el acto conyugal.

Dios pudo hacer que los niños llegaran al mundo por otros medios. Algún pájaro como la cigüeña podía traerlos del cielo, o pudieron haber sido plantados en la tierra y cosechados, pero no fue así. Dios quiso crear otro sistema para que viniéramos al mundo.

Dios  ama a cada vida humana que existe y, para traer esas vidas, se vale de un sistema llamado “familia”, donde el hombre y la mujer se aman y donde comparten sus vidas. ¿Podemos imaginar lo que significa pasar todo el resto de la vida juntos, viviendo bajo el mismo techo, comiendo con la misma vajilla, durmiendo en la misma cama, compartiendo el baño, incluso el tiempo de descanso? Para ser los dos una sola carne se requiere de mucho amor y de una cantidad muy generosa de sacrificio (Mc 10,6-9).

Cuando una pareja se casa por la Iglesia, hacen la promesa de aceptarse mutua y totalmente, de ser fieles uno al otro, en las alegrías y las penas, en la salud y la enfermedad y amarse y respetarse todos los días de su vida. Prometen que nunca se utilizarán como si fueran objetos o cosas, sino que se tratarán como personas que buscan lo mejor uno para el otro; y para toda la vida.

El sacramento del Matrimonio los convierte en una sola persona conyugal (Mt 19,5). Después de la boda, la pareja suele salir a un viaje llamado “luna de miel”, donde se entregan sus cuerpos para manifestar la alianza que sellaron con Dios ante el altar de la iglesia. Este intercambio sexual es una entrega absoluta de la totalidad de sus personas.

Este es el idioma del amor que los jóvenes deben descubrir como algo grandioso. De esa entrega total Dios puede crear una nueva vida humana a su imagen y semejanza (Gen 1,26). Crear seres humanos es uno de los actos predilectos de Dios.

El resultado de este idioma del amor es una familia. La vida familiar existe para que todos sus miembros puedan aprender a amar, a buscar lo mejor para el bien de los demás, y para aprender a entregarse por los otros, aún con sacrificio.

En las familias amamos y somos amados. Las familias se edifican por el amor y se originan en el sexo. Así que no enseñemos a los jóvenes que el sexo es malo sino algo bueno, algo maravilloso. Y por ser tan increíblemente bueno, debe realizarse sólo en el matrimonio y para formar una familia.

¿Dónde está Cristo en tu sexualidad?


¿DÓNDE ESTÁ CRISTO EN TU SEXUALIDAD?
Por Álvaro Molina 

Muchos católicos ponen a San Antonio de cabeza para que les busque pareja. Pero esa superstición, que más bien degrada grandemente la vida consagrada de San Antonio, no lleva a ningún lado y no acerca a Cristo a sus vidas. 

Quedaste embarazada de tu novio y no sabes qué hacer, porque él no quiere responsabilizarse. Te casaste no hace mucho pero dentro de poco estarán divorciados, porque descubrieron que son compatibles solamente en lo sexual, y no siempre. Las prácticas homosexuales ya no te satisfacen y quieres abandonarlas pero no sabes cómo hacerlo. La pornografía te tiene en sus redes y no sabes cómo escapar. Le eres infiel a tu cónyuge. Te contagiaste de una enfermedad incurable debido a tu promiscuidad. 

A todo lo anterior, y a muchas otras situaciones más, relacionadas con la sexualidad, le cabe una pregunta: ¿Dónde dejaron a Cristo? Si reconocen a Cristo como el Señor, ¿Alguna vez lo invitaron a ser el Señor de sus vidas sexuales? 

Muchos puritanos se sonrojarán y clamarán por más respeto para Cristo. Pero recordemos que Cristo es el Señor, el que se supone debemos dejar que gobierne nuestras vidas, por completo, incluyendo lo sexual. De otro modo, Cristo no sería el Señor, sino que sería solo un mayordomo con poderes limitados, dejándonos a nosotros como nuestros propios señores. 

Cuando pasan catástrofes en lo sexual, es porque decidimos dejar a Cristo fuera de nuestra sexualidad. Le decimos el Señor, pero en lo sexual no le dejamos mandar, sino que mandamos solamente nosotros. Ahí es cuando nos volvemos dioses de nosotros mismos en nuestra sexualidad, y por eso nos ocurren tantas desgracias relacionadas con lo sexual. 

¿Dejaría de haber divorcios o enfermedades venéreas si dejáramos entrar a Cristo en nuestra sexualidad? Claro que sí. O por lo menos las cosas andarían mucho mejor de lo que hoy andan. No podemos olvidar que la obediencia no es precisamente nuestro común denominador, lo cual hará que siempre haya uno que otro que se salga del buen camino, pero serían casos en mucha menor cuantía. 

Nuestra actual sociedad híper sexualizada ha caído en la trampa de que lo sexual es la máxima expresión de la relación de pareja. También nos quiere hacer caer en la trampa de que las sensaciones son lo más importante, que sentirnos bien es lo fundamental. Además esa misma sociedad ha promovido que los valores morales son cosa del medievo, que la castidad y la fidelidad son aburridas, que una vida llena de picantes relaciones furtivas, que colmen nuestros sentidos, es la mejor forma de disfrutar la vida. De ahí que hoy tengamos tantas adolescentes embarazadas, muchísimas de ellas de apenas 16 o 15 años de edad. 

¿Tu salvación vale hacerte un aborto? ¿Tu salvación vale unos momentos de placer con esa otra persona que no es tu cónyuge? ¿Tener sexo libre es mejor que alcanzar la vida eterna? ¿Tu matrimonio se basa solo en lo sexual? ¿Crees que sólo los heterosexuales solteros están llamados a la castidad? ¿Crees que la pornografía es inofensiva y que no te afecta? Jesús, en San Mateo 10,15 confirmó que los pecados de índole sexual son castigados. De manera que al no invitar a Cristo a nuestra vida sexual, estamos jugando con nuestra salvación. Los pecados sexuales son pecados mortales, por ende pueden ser causa de que perdamos nuestra salvación. 

Si decimos que Cristo es el Señor, pues tiene que serlo, pero de toda nuestra vida. Tenemos que invitar a Cristo a nuestra sexualidad. Tenemos que dejarlo ser el Señor de nuestra vida íntima y afectiva para que Él sea quien la gobierne. Solo así podremos vivir una sexualidad sana, sin riesgos, saludable y fuerte, como Dios quiere. Solo así las relaciones de pareja contarán con su bendición. Solo así los noviazgos serán castos y cumplirán con su legítima finalidad: la de preparar bases sólidas para el matrimonio. Solo con Cristo, gobernando nuestra sexualidad, dejará de haber tanta adolescente embarazada. Solo con Cristo en nuestra vida íntima dejarán de ser necesarios los métodos anticonceptivos y entrarán los métodos naturales de planificación familiar. Solo con Cristo como Señor de toda nuestra vida, dejarán de haber tantos abortos. 

Cristo quiere que tengas una vida plena, pero eso solo será posible lejos del pecado y del desorden sexual. Si eres soltero, abraza la castidad. Si eres casado, abraza tu matrimonio. Tu salvación no vale unos momentos de placer, ni un aborto, ni una infidelidad. Ábrele la puerta de toda tu vida a Cristo, hazlo hoy.


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