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“Aprender a amar implica aprender a prometer”: Padre Juan de Dios Larrú


“El amor, al que el apóstol Pablo dedicó un himno en la primera carta a los Corintios —amor «paciente», «servicial», y que «todo lo soporta» (1 Co 13, 4. 7)—, es ciertamente exigente. Su belleza está precisamente en el hecho de ser exigente, porque de este modo constituye el verdadero bien del hombre y lo irradia también a los demás” (Carta a las familias “Gratissimam sane” de san Juan Pablo II, 1994).

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Hablar de amor es hablar de un tópico, pero también es hablar de un modo de vida. “Toda la vida del hombre es vocacional” y esta vocación, la llamada divina, es precisamente una invitación a tener una vida enraizada en el amor.

La respuesta a dicha llamada se concreta de formas muy distintas y una de ellas es el matrimonio, sacramento que une al varón y la mujer para que sean una sola carne. La importancia de esto no es poca y de ello sabe mucho el sacerdote Juan de Dios Larrú, presidente de la asociación Persona y Familia, dedicada, tal como se describe en su web “a la promoción social, la investigación y la formación sobre el matrimonio y la familia”.

En esta entrevista con Omnes, Juan de Dios habla sobre esta iniciativa de formación, sobre la sexualidad y la llamada de la Iglesia “a ser una gran familia que genera, educa y acompaña a todas las personas hacia Cristo”.

¿Cómo y por qué nace la asociación Persona y Familia? El nombre recuerda mucho al título de San Juan Pablo II, “Persona y Acción”, ¿hay alguna relación con este santo?

–La Asociación nace en el año 2000, coincidiendo con el fin de la primera promoción de los matrimonios y familias que terminan la especialidad universitaria de pastoral familiar. Una experiencia que empezó en España en el año 1996 como experiencia piloto.

Nace de un deseo de las familias de seguir unidas. Habiendo vivido una experiencia de comunión entre ellas, que procedían de distintas partes de España, y querían seguir en contacto, promoviendo la pastoral familiar, profundizando en la formación que habían recibido, pero fundamentalmente con la vocación apostólica de llevar a otros lo que ellos habían experimentado. La importancia de una asociación familiar es muy grande, porque la raíz de la sociedad es la familia y la Iglesia está llamada a ser una gran familia que genera, educa y acompaña a todas las personas hacia Cristo.

“Persona y Familia” tiene relación con Juan Pablo II porque la especialización universitaria de pastoral familiar nace en el seno del Instituto Juan Pablo II para estudios sobre matrimonio y familia. Es una experiencia inspirada en la genialidad de Juan Pablo II para acercarse al matrimonio y a la familia. Él hizo una experiencia, siendo un joven sacerdote, en su diócesis de origen, en Cracovia. Y después, cuando fue elegido sucesor de Pedro, ofreció a toda la Iglesia aquella experiencia que él había vivido, creando el Instituto en el año 1981 en Roma, con distintas secciones en todo el mundo. Aquí en España, en el año 94 llegó el Instituto a Valencia.

¿Cómo surge la idea de la experiencia y del diploma de especialización en pastoral familiar?

–La Asociación nació con la vocación de formar familias a través de una experiencia que no fuera simplemente un curso, sino que tuviera el ingrediente de la formación integrada con la convivencia de las familias, la espiritualidad matrimonial y familiar, en la forma de encuentros.

El acontecimiento de encontrarse unas familias con otras, de ver que procedían de distintos ámbitos eclesiales, diferentes diócesis, parroquias y movimientos, les enriquecía enormemente. Se crearon amistades que han perdurado en el tiempo.

¿A quién está dirigido el Diploma de Especialización en Pastoral Familiar?

–Está dirigido a todo el mundo. El hombre es un ser familiar. Evidentemente está orientado principalmente a las familias, pero un sacerdote, un religioso, una religiosa, un seminarista, una persona soltera, también lo pueden hacer. Porque también tienen familias. También las personas que no tengan una titulación universitaria pueden hacer el curso, aunque el título que obtienen no tiene lógicamente valor universitario.

En definitiva, es para cualquier persona que quiera hacer una experiencia de encuentro de familias para comprender mejor esta pastoral familiar y para promoverla.

¿Por qué está dividido el plan de estudios en cinco módulos tan concretos: filosófico, teológico, pastoral, moral y psicopedagógico?

–El plan de estudios se inspira en la original metodología de san Juan Pablo II, desarrollada en las catequesis sobre el amor humano en el plan divino. La genialidad del santo papa polaco consiste en acercarse a la realidad del matrimonio y la familia desde la circularidad entre Revelación divina y experiencias humanas. Este acercamiento sapiencial permite integrar teología, filosofía y ciencias humanas para reconocer el significado de las experiencias humanas que se viven en el matrimonio y la familia, y que se encuentran inscritas en el lenguaje del cuerpo creado por Dios y llamado a la gloria.

En las últimas décadas, las ciencias mencionadas han profundizado en el matrimonio y se encuentran juntas en un acercamiento unitario. La unidad en la diferencia es una clave, distinguir en lo unido es una clave metodológica en el saber de Juan Pablo II.

Actualmente es muy difícil encontrar a personas dispuestas a comprometerse con otra para toda la vida y, si lo hacen, la decisión se retrasa muchísimo. ¿Es esto un problema? ¿Cómo puede solucionarse?

 –Es verdad que vivimos en lo que podríamos llamar una “crisis de la promesa”, hay miedo al compromiso, temor al fracaso, incertidumbre del futuro. El momento histórico que vivimos está marcado por el primado de la emotividad. La transición cultural posmoderna está llena de incógnitas todavía. Esto genera mucha inseguridad en las personas y se refleja en la crisis de la promesa que es inseparable de la crisis de la generatividad. Es decir, las personas se han dejado de casar y han dejado de tener hijos, y esto constituye un verdadero desafío para la sociedad y para la Iglesia.

Toda la vida del hombre es vocacional, y la vocación al amor es el hilo conductor de toda la pastoral familiar. Aprender a amar incluye necesariamente aprender a prometer, pues la promesa es la forma del amor. La dificultad o imposibilidad para prometer está provocando un gran cambio en nuestra sociedad. Lo que está en juego es la felicidad de las personas, la capacidad generativa y la fecundidad de una vida. No es tanto un problema que hay que solucionar sino un misterio en el que es necesario saber introducirse para que las personas podamos vivir una vida plena, lograda, grande, a la altura de la vocación a la santidad a la que Dios nos llama a todos.

Durante mucho tiempo daba la sensación de que a la Iglesia le daba miedo hablar sobre la sexualidad, ¿por qué? ¿Qué ha cambiado?

–El siglo XX ha sido testigo de dos revoluciones sexuales, la de 1917, que coincide con la revolución rusa, y la del 68, marcada por el cambio generacional tras la segunda guerra mundial. Por eso, hoy es más necesario que nunca profundizar en el significado de la diferencia sexual, aprender a integrar la afectividad y descubrir que el misterio de la sexualidad se dirige al don sincero de sí.

Hoy podemos constatar el potente influjo de las ideologías que han desfigurado y deconstruido el verdadero significado de la sexualidad. La Iglesia experimenta la apremiante necesidad de ayudar a tantas personas que sufren a causa de todo esto, y de mostrar y comunicar el tesoro que ha recibido en un modo asequible para el hombre de hoy.

¿Cómo se puede ayudar a los novios a llevar una relación dirigida al matrimonio? ¿Qué necesitan conocer para saber si están con la persona adecuada?

–Lo primero que diría es que hoy necesitamos generar novios, pues el principal desafío es de índole generativo. El acompañamiento de los novios es fundamental. La “Familiaris consortio” dividió en tres etapas la preparación al matrimonio: remota, próxima e inmediata, y “Amoris laetitia” ha insistido en la importancia de la preparación, la necesidad de crear itinerarios de fe que vayan haciendo madurar a las personas hacia el sacramento, que no es únicamente el final, sino más bien el principio. Por ello, junto al acompañamiento de los novios, es necesario cuidar a los matrimonios jóvenes, enseñándoles a vivir el amor conyugal.

Autor: Paloma López Camps.

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Fuente: https://omnesmag.com/foco/amor-formacion-persona-y-familia/

Periodista Católica sufre persecución en Reino Unido. Podría ir a prisión por emplear pronombre "Equivocado" sobre una persona transexual


PERIODISTA CATÓLICA SUFRE PERSECUCIÓN EN REINO UNIDO. PODRÍA IR A PRISIÓN POR EMPLEAR PRONOMBRE "EQUIVOCADO" SOBRE UNA PERSONA TRANSEXUAL

Londres (Gaudium Press) Una periodista católica en Inglaterra denunció haber sido contactada por la policía por haber empleado el pronombre "equivocado" para referirse a una persona que se identifica como "transgénero" en una publicación en la red social Twitter. La posible infracción a la Ley de Comunicaciones Maliciosas de 2003 podría significarle una sentencia de hasta seis meses de prisión.

Un comentario en Twitter podría ser interpretado como una infracción a la ley y podría ser castigado con prisión hasta de seis meses."Esto es bastante orwelliano y bastante espantoso", declaró Caroline Farrow, quien es una mujer católica, madre de cinco hijos y colaboradora de EWTN, LifeSite y Catholic Universe. "Trato en todo tiempo de ser educada en Twitter, pero es mi creencia tanto en una base religiosa como científica que uno no puede cambiar el sexo en el que ha nacido".

Otro aspecto complejo de la indagación policial es que la supuesta infracción se habría cometido en octubre de 2018. "La cosa es que yo no puedo ni siquiera recordar lo que dije. Mis tweets se borran automáticamente cada dos semanas, así que ellos están investigando por tweets que han sido borrados pero que causaron ofensa". Aparentemente la denunciante retiró su queja el pasado 20 de marzo, pero la policía continuó las indagaciones. "Esta es una cacería de brujas pública", se lamentó Farrow.

La policía de Surrey confirmó en un comunicado que sí se encuentra investigando a Farrow a causa de sus publicaciones en Twitter. "Recibimos una denuncia el 15 de octubre de 2018 en relación a un número de tweets que fueron publicados en octubre de 2018", declararon las autoridades. "Una investigación exhaustiva está siendo realizada para establecer si algunas ofensas criminales han tenido lugar. A una mujer de 44 años se le ha pedido asistir a una entrevista voluntaria en relación a la denuncia como parte de nuestra investigación continua".

Fuente: es.gaudiumpress.org con información de uCatholic

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¿Conoces bien a esa persona con quien te casaste?


¿CONOCES BIEN A ESA PERSONA CON QUIEN TE CASASTE?
Por Álvaro Molina

La inmensa mayoría de las parejas se casan muy enamorados. O por lo menos eso piensan. Tienen su luna de miel, algunos viajan, otros prefieren quedarse en casa. Pero luego de unos meses comienzan a aparecer rasgos en ella o en él, que a veces sorprenden, porque son rasgos que no estaban ahí antes. Podemos decir que, a pesar de estar casados, aún no se conocían. Esto es algo que ocurre principalmente cuando no invitamos a Jesús a ser parte del matrimonio.

En San Mateo 1,25 podemos leer acerca un esposo que aún no conocía a su esposa, hasta que Jesús entró en sus vidas: «Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.» San José, el esposo de la virgen María y padre adoptivo de Jesús, aún no conocía a su esposa. Fue hasta que Jesús nació que San José comenzó a ver quién era su esposa en verdad.

A pesar de recibir varios avisos del Señor, en sueños, San José en verdad no tenía idea de quién era su esposa antes de que naciera Jesús. Él creía ser un carpintero, casado con una muchacha de Nazaret, que había quedado embarazada de forma milagrosa, sin intervención de varón alguno. Quizás San José pensó que al nacer el niño, tal vez un grupo de ángeles vendría a llevarse al bebé y con eso concluiría aquel episodio. Pero ya sabemos que la historia no ocurrió de esa manera.

Fue hasta después del nacimiento de Jesús que San José empezó a ver por dónde iba a continuar todo aquello. Primero llegaron unos pastores contando cómo los cielos se habían abierto y unos ángeles les habían avisado del nacimiento del niño. Aquella historia extrañó a todos, pero a San José debió llamarle más la atención que aquellos pastores habían llegado hasta donde ellos, para adorar al niño (San Lucas 2,1-18). Como todo buen hebreo, San José seguramente sabía que la adoración es solamente para Dios. Sin embargo ahí estaban los pastores, adorando al niño, de quien el ángel le había revelado que era obra del Espíritu Santo.

Ahí San José empezó a ver que María, su esposa, no era simplemente una jovencita campesina de Nazaret, sino que la madre de un niño que era más que solamente humano. Pero aquello no paró ahí. La siguiente visita ya no fue de humildes pastores, sino que de hombres venidos de lejanas tierras, cargados con presentes. Y no se trataba de presentes cualquiera, sino que de oro, por tratarse de un rey, incienso, por ser Dios, y mirra, por su naturaleza humana. Los magos de oriente llegaron buscando al niño (San Mateo 2,11). Al igual que los pastores, lo encontraron con su madre, y ahí presentaron sus ofrendas y le adoraron.

Sólo Dios sabe qué otros eventos similares ocurrieron en Belén, con gente adorando al niño. Pero con solo esos dos seguramente fue suficiente para que San José conociera mejor a su esposa, para que viera que ella no era una mujer común y corriente, sino que la madre del Hijo de Dios. Seguramente San José vio que ella no se había convertido en diosa al ser la madre de Dios Hijo, pero le quedaba claro que ella era sumamente especial, que ella era la escogida de Dios Padre, el vaso colmado de gracia, inmaculado, de donde nacería el Mesías.

También el propio San José llegó a conocerse mejor en su papel de esposo. Él logró ver que no era solamente un carpintero casado con una joven campesina de Nazaret, sino que en verdad era el esposo de la Kejaritomene, la Llena de la Gracia de Dios, y además el padre adoptivo del Hijo de Dios.

¿Y cómo fue que San José llegó a conocer todo eso? Fue por medio de Jesús. Jesús tuvo que ser parte de aquel matrimonio para que San José finalmente pudiera conocer plena y verdaderamente quién era él y quién era su esposa, la virgen María.

Si estás por casarte, o si ya te casaste, ¿realmente conoces a esa persona con quien vas a compartir tu vida? ¿Esa persona realmente sabe quién eres tú? Conocerse plena y verdaderamente les llevará a los cónyuges toda una vida. Habrá muchas gratas sorpresas, y tal vez haya otras no tan gratas, aunque todo será parte del proceso de conocerse. Pero toda pareja de esposos que quiera realmente conocerse a plenitud necesita invitar a Cristo a su matrimonio. De la misma manera que la presencia viva de Cristo, en el matrimonio de María y José, ayudó a que el esposo conociera verdaderamente a su esposa, de esa misma forma la presencia de Cristo, en cada matrimonio, hará que los esposos se conozcan plenamente.

Inviten a Jesús a sus matrimonios. Si aún no se han casado, invítenlo a sus noviazgos. Jesús es la forma más segura para que los novios o los esposos lleguen a conocerse bien, plenamente, verdaderamente. Si ya están casados, procuren ir a visitar a Jesús en la santa eucaristía, o en el santísimo sacramento. No permitan que la última vez que vean a Jesús sea en la misa del casamiento, y de ahí ya nunca más. Si aún no se casan, vayan juntos a la santa eucaristía. Vayan juntos a visitar a Jesús sacramentado. Invítenlo a participar en su noviazgo, para que la bendición de tener a Jesús en esa etapa les acompañe también en el matrimonio.

Sigamos el ejemplo de la familia de Nazaret. Invitemos a Jesús a participar en cada etapa de nuestras vidas. Si damos en llamarle Señor, dejémosle gobernar nuestras vidas, ya que Él sabe qué es lo mejor para nosotros.


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