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¿Si voy solo a una fiesta puedo bailar con una mujer que no sea mi novia/esposa?


Antes que nada, quiero decirte que me encanta poder hablar sobre estos temas y espero que nuestra charla sea de ayuda para ti. La fe y la moral son aspectos importantes de nuestras vidas, y siempre es bueno reflexionar sobre cómo vivirlas de la mejor manera posible.

Cuando se trata de participar en una fiesta y la posibilidad de bailar con alguien que no es tu novia o esposa, es fundamental recordar que la moral católica está basada en principios que buscan el bien común y el respeto mutuo. La intención detrás de nuestras acciones es crucial para evaluar si algo puede considerarse pecaminoso o no.

En la Biblia, encontramos enseñanzas que destacan la importancia de vivir de acuerdo con los principios del amor y la justicia. En el Evangelio según San Mateo (22, 37-40), Jesús resume los mandamientos en dos grandes principios: amar a Dios con todo nuestro ser y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esto nos proporciona una guía clara sobre cómo debemos orientar nuestras acciones.

Cuando nos sumergimos en la moral católica, podemos recurrir al Catecismo de la Iglesia Católica, que nos ofrece una comprensión más detallada de los principios morales que guían nuestra vida. El Catecismo nos dice que nuestras acciones deben estar impulsadas por la caridad, es decir, el amor a Dios y al prójimo (Catecismo de la Iglesia Católica, párrafo 1822).

Ahora bien, volviendo a tu pregunta sobre bailar con alguien que no es tu novia o esposa en una fiesta, la clave radica en la intención detrás de ese baile. Si bailas con respeto mutuo, con alegría y amistad, sin caer en la provocación o la deshonestidad, entonces no hay razón para considerarlo pecaminoso.

Es importante recordar que el pecado no está simplemente en las acciones externas, sino también en las intenciones y en el estado del corazón. La Primera Epístola de San Pablo a los Corintios (10, 31) nos dice: "Así que, ya comáis, ya bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios". Esto significa que nuestras acciones deben reflejar la gloria de Dios y estar alineadas con Su voluntad.

Ahora bien, si al bailar con alguien que no es tu novia o esposa sientes que estás cruzando límites, ya sea en tu propio corazón o en el de la otra persona, es crucial detenerte y reflexionar. La pureza de intención es esencial. Si la situación comienza a derivar hacia la tentación o el deseo desordenado, sería sabio retirarse y reconsiderar la elección de tus acciones.

La Iglesia nos enseña que la castidad es un valor fundamental. No se trata solo de abstenerse de ciertos actos sexuales, sino también de vivir en una disposición de respeto y pureza en nuestras relaciones con los demás. El Catecismo nos recuerda que la castidad "significa la integración lograda de la sexualidad en la persona y, por ello, la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual" (Catecismo de la Iglesia Católica, párrafo 2337).

En una fiesta, el baile puede ser una expresión hermosa y alegre de la camaradería y la celebración. Si te encuentras en una situación en la que bailar con alguien puede contribuir a esa atmósfera positiva y no va en contra de los principios de la moral católica, entonces adelante, diviértete y comparte momentos de alegría con tus amigos, pero si el baile te lleva al deseo sexual o a pensamientos impuros, inmediatamente apártate de la ocasión de pecado.

Recuerda siempre la importancia de la moderación y la prudencia. San Pablo nos aconseja en su Primera Epístola a los Tesalonicenses (5, 22): "Absteneos de toda especie de mal". Esto no significa que debamos evitar todas las situaciones, sino que debemos discernir y actuar de manera que nuestra participación en ellas sea positiva y conforme a los principios de la fe.

Bailar con alguien que no es tu novia o esposa en una fiesta no es intrínsecamente pecaminoso, pero es vital evaluar tus intenciones y mantener la pureza en tus interacciones. Recuerda siempre buscar la gloria de Dios en todo lo que haces y cultivar relaciones basadas en el respeto y el amor mutuo.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Es pecado salir a cenar con un amigo si tengo novio?


Para abordar esta cuestión de manera adecuada, es importante recurrir a la sabiduría y las enseñanzas de la Biblia y el Catecismo de la Iglesia Católica.

En primer lugar, es fundamental recordar que el Catecismo de la Iglesia Católica no aborda específicamente la cuestión de salir a cenar con un amigo mientras se tiene una relación de noviazgo. Sin embargo, podemos encontrar principios generales en la Escritura y la tradición de la Iglesia que nos pueden guiar en nuestra toma de decisiones.

En el contexto de las relaciones humanas, la Biblia nos enseña a amar y respetar a los demás, y a vivir nuestras vidas de manera virtuosa. Jesús nos enseñó el mandamiento del amor, que implica amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22,37-40). La virtud de la caridad nos llama a actuar con amor, benevolencia y respeto hacia los demás.

En el ámbito de las relaciones sentimentales y de pareja, la Biblia también nos ofrece principios claros. En el libro de Génesis, se nos muestra que Dios creó a la mujer para que el hombre no estuviera solo y que ambos se convirtieran en una sola carne (Génesis 2,18-24). Esto nos muestra que las relaciones de pareja están diseñadas para ser exclusivas y comprometidas, con el objetivo de formar una comunión de amor y respeto mutuo.

El sexto mandamiento, "No cometerás adulterio" (Éxodo 20,14), nos recuerda que la sexualidad y las relaciones afectivas tienen un lugar apropiado dentro del matrimonio. Fuera del matrimonio, la Iglesia enseña que las relaciones sexuales y la intimidad deben ser reservadas exclusivamente para el matrimonio entre un hombre y una mujer. Sin embargo, la situación que planteas no implica necesariamente una transgresión directa del sexto mandamiento.

En cuanto a la amistad, la Biblia nos presenta ejemplos positivos de amistades y nos exhorta a tener amigos fieles y verdaderos. Jesús mismo dijo: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Juan 15,13). La amistad es una relación importante y valiosa en la vida de una persona, y es natural y saludable tener amigos.

Dicho esto, es fundamental considerar la intención y las circunstancias de la situación que planteas. ¿Cuál es la naturaleza de tu amistad con esta persona con la que deseas salir a cenar? ¿Es una amistad puramente sin ninguna clase de segundas intenciones, o hay algún tipo de atracción romántica o emocional? ¿Cómo se sentiría tu novio acerca de esta salida? Estas son preguntas importantes que debes reflexionar y considerar.

En cualquier relación, ya sea de amistad o de pareja, es fundamental cultivar la confianza, la comunicación y el respeto mutuo. 

Si estás en una relación comprometida con tu novio, es esencial que respetes los límites y las expectativas que ambos han establecido. La fidelidad y la lealtad son valores importantes en una relación amorosa. Por lo tanto, es importante que consideres cómo esta salida a cenar con tu amigo puede afectar la confianza y la seguridad emocional de tu novio.

La comunicación abierta y honesta con tu novio es fundamental en esta situación. Habla con él sobre tus intenciones y sobre la naturaleza de tu amistad con esta persona. Asegúrate de escuchar sus sentimientos y preocupaciones. Juntos, podrán establecer límites claros y tomar decisiones informadas acerca de lo que es apropiado en su relación.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña sobre la importancia de la virtud de la castidad en todas las etapas de la vida. La castidad implica vivir nuestra sexualidad de manera integrada y adecuada a nuestra vocación y estado de vida. En el contexto del noviazgo, la castidad implica vivir la pureza y la moderación en nuestras relaciones afectivas y sexuales.

La virtud de la castidad nos llama a ser responsables y prudentes en nuestras acciones y decisiones. Esto implica evaluar cuidadosamente nuestras motivaciones y las consecuencias de nuestras acciones. Si la salida a cenar con tu amigo puede generar tentaciones, poner en riesgo la fidelidad a tu novio o comprometer la pureza de tu relación, sería prudente reconsiderar esa decisión.

En última instancia, como católicos, buscamos vivir nuestras vidas de acuerdo con la voluntad de Dios y los principios de nuestra fe. A través de la oración y la reflexión, podemos discernir qué es lo mejor en cada situación y buscar la guía del Espíritu Santo.

Recuerda que, como sacerdote, estoy aquí para brindar orientación y apoyo en tu camino espiritual. Si tienes más preguntas o inquietudes, no dudes en compartirlas. La Iglesia y su tradición están disponibles para ayudarnos a vivir una vida plena y virtuosa.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Noviazgo: ¿cómo guiar a los hijos cuando se les ‘alborota la hormona’?



El noviazgo es la búsqueda del otro yo, de la media naranja, y el momento en que los padres deben saber orientar a los hijos en este camino.

Muchos padres se enfrentan, cada vez más temprano, al desafío de orientar a sus hijos que están deseosos de iniciar un noviazgo. En México se le conoce como la “edad de la punzada” o el “alboroto de la hormona“.

En primer lugar, a los padres les preocupa que estén o no preparados para ello, y si entienden el verdadero sentido del noviazgo, pues muchas veces ellos mismos lo desconocen. ¿Qué hacer? Empezar por explicarles lo siguiente.

Leyes grabadas en el corazón

Hay leyes que no surgen de la cultura ni de la sociedad en la que vivimos, son leyes que surgen de la naturaleza misma y que están escritas “en el corazón”; es decir, en nuestra información genética ínter construida. Los llamamos instintos y son muy fuertes.

Entre estos instintos, a modo de ejemplo, tenemos el instinto de la conservación de la vida que nos obliga a luchar por conservarla. El que ahora nos ocupa es otro maravilloso instinto que tenemos en común con todos los seres vivos del universos: el instinto de la conservación de la especie que es el que hace que el hombre y la mujer tengan hijos.

Dios es el autor del universo, el sabio constructor que pone normas y límites para la buena marcha de su creación. Por eso, en la Santa Biblia, cuando se nos habla de cómo Dios creo al hombre, se nos dice: Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”.(Gn 1, 27-28)  y así, los creyentes que sabemos que Dios existe y que es creador, pensamos que esos instintos y lo que llamamos las leyes naturales, han sido escritas en el corazón por el mismo Dios.

La edad de la punzada

Cuando la infancia queda atrás y comienza la pubertad decimos que es la edad de la punzada y que se alborotan las hormonas. Es la búsqueda del otro yo, de la media naranja. Es el momento en que la naturaleza, maternal y sabia, reclama el cumplimiento de la ley de la conservación de la especie.

La cultura condiciona los instintos a las conveniencias de la sociedad y la conciencia da normas en bien de la familia.

Se puede buscar tan sólo el cuerpo en busca de placer y la relación, porque ni siquiera alcanza el nombre de amor, durará lo que dure el cuerpo y la satisfacción que pueda dar.

Cuando se busca el cuerpo y el alma, el amor perdura, se hace fértil y trasciende. Cuando a través del cuerpo y del alma se descubre el amor infinito de Dios, el amor humano se transforma, se llena de gracia, se parece al amor mismo de Dios. Por eso los católicos decimos que el matrimonio es un llamado de Dios a la santificación y a la salvación.

No somos sólo animales

Somos, sí, animales a los que se ha añadido el nombre de racionales para distinguirnos de los animalitos que no gozan del raciocinio. Animales racionales, pero, a final de cuentas, animales.

Cuando se desbocan los instintos y nos dejamos llevar por ellos en búsqueda de un placer que sentimos como exigencia de nuestra misma naturaleza, no somos más que animales.

Cuando somos guías de nuestros instintos y hacemos intervenir el raciocinio para comprender y aceptar que el placer es tan sólo un medio que la naturaleza usa para lograr su gran fin de la continuación de la vida humana, entonces no somos sólo animales.

Todo nuestro potencial de dar vida está al servicio de la familia, ¡de nuestra familia!

La transmisión de la vida

El movimiento feminista, que busca igualar a los dos sexos, dice que la mujer está condicionada por la sociedad para ser madre. Y consideran la maternidad como una esclavitud que impide a la mujer realizarse en plenitud.

La maternidad no es una carga impuesta por la sociedad machista a la pobre mujer sometida. La maternidad es la función propia de la mujer y todo su organismo, hasta el gen más pequeño, define a la mujer por su vocación natural a trasmitir la vida. No es cuestión de cultura, es cuestión de naturaleza.

El ser humano, normalmente, está hecho para vivir en familia y para realizarse en ella alcanzando su plenitud humana y su trascendencia en la paternidad.

Por eso es tan importante encontrar la propia familia. Es la misión más importante para los jóvenes y para ella se preparan aprendiendo a ser útiles y a sobrevivir con dignidad.

En busca de familia

Cuando se busca pareja, usando el raciocinio, no sólo se busca a alguien con quien tener momentos de placer, sino a alguien con quien fundar una familia. Se busca a “la madre de mis hijos o al padre de mis hijos”.

El noviazgo, como respuesta al llamado divino al matrimonio, consistirá en buscar a aquella persona que no sólo sea grata a los ojos, sino que sea grata al alma. ¡Pobres de los que se casan atrapados tan sólo por el aspecto físico de su pareja!, su amor durará lo que el apetito sexual alcance a durar y después vendrá la desilusión y el aburrimiento.

Son mejores esposos los que cuando eran novios podían pasar largas horas platicando, que los que pasaban largas horas acariciándose.

Los que buscan su familia, procuran escoger a la persona que les hará compañía toda su vida, tratarán de encontrar a alguien que comparta no sólo sus normas morales, sino también su misma fe, para poder decir: “tu Dios será mi Dios”.

Oren los novios, juntos, para que Dios les conceda fundar esa familia anhelada en la que se bendiga el nombre de Dios.

¿Tu pareja revisa a escondidas tu celular? Su relación está en riesgo



Los celos no nacieron con la tecnología, pero en nuestra época, pareciera que las redes sociales los han incrementado.

Revisar el celular o las redes sociales de la pareja se ha convertido en una práctica común en las relaciones amorosas, sobre todo en los jóvenes, muchas veces motivados por los celos. Pero, ¿esto es normal? Aquí te explicamos que hay detrás de esta obsesión.

Revisar el celular, una invasión a la privacidad

¿Tienes una relación en la que todo el tiempo te sientes vigilado(a) por tu pareja? ¿Te pide compartir tu ubicación de forma constante? ¿Te exige decir siempre con quién estás? ¿Te ha obligado a que le des la contraseñas de tus redes sociales? ¿Te revisa a escondidas tu celular? ¡Cuidado, esto no es normal! Su relación es muy frágil.

Primero que nada debemos hacer conciencia es de que todo esto constituye una invasiones a la privacidad, e incluso, es una forma de violencia, ya sea que tú la ejerzas o la recibas.

Es algo similar -y resultaría igual de desagradable- que encontraras a tu pareja revisando tus cajones en busca de algo que le haga confirmar algún engaño. Es muy probable que no escondas nada, pero está violando tu espacio personal.

Los celos y las redes sociales

En nuestra época, las redes sociales han incrementado los celos: “¿por qué le diste like a esa foto?”, “¿por qué le comentaste a esa persona?”, “¿quién es ese tipo que te escribió?” Pero el problema no es la tecnología, pues los celos no nacieron con ella.

El verdadero problema surge de las inseguridades personales y también de la falta de comunicación y confianza en muchas parejas; es el no haber aprendido a llevar una relación basada en el amor y la confianza.

Esto se incrementa en el noviazgo. Cada vez son más los jóvenes que padecen celos obsesivo, incluso delirantes, que buscan resolver sus problemas internos a través de lo que pueden encontrar en el celular o en las redes sociales de su pareja.

Las redes sociales lo que hacen es abrirnos una puerta a una nueva forma de intentar vigilar al otro, sólo para al final darnos cuenta de que no podemos controlar a los demás.

¿Qué hacer para acabar con esta obsesión?

Si queremos generar relaciones sanas entonces tenemos una solución: hay que confiar en las personas y aprender a comunicarnos de forma constante y efectiva.

En el caso de una relación de pareja, en lugar de imaginar “¿por qué le dio like a tal foto?”, lo más sencillo sería decirle: “Vi esto y me causó molestia”, con lo cual obtendrías al menos una explicación.

Cualquier relación de pareja y amistad se basa en el respeto, la confianza y la comunicación, y es algo en lo que siempre tendremos que trabajar, no importa de cuántos años nos conozcamos.

En la vida privada hay barreras que no debemos transgredir. Y antes de caer en esta violación a la privacidad de la pareja, recordemos el dicho: “El que busca encuentra… y quien busca donde no debe, se entera de lo que no quiere”.

¿Quieres arruinar tu noviazgo? Ten sexo



Las consecuencias emocionales del sexo prematrimonial nadie las enseña, pero son una realidad. Muchos jóvenes las sufren todos los días.

Por: Padre Eduardo Hayen.

Aquel chico me decía que estaba super enamorado de su novia. Se habían conocido en un antro y desde la primera noche de noviazgo habían tenido relaciones sexuales. Él era muy detallista con ella. Llevaban algunos años de novios, el sexo formaba parte de su romance y todo parecía marchar bien, hasta que él descubrió que ella lo había engañado con un amigo. Fue un verdadero drama. El mundo se le vino abajo y lloró durante semanas como una Magdalena. “¿Por qué, por qué –se preguntaba– si todo iba muy bien y teníamos planes de casarnos?”

En sus clases de educación sexual escolar le habían informado muy bien del uso del condón, de los métodos anticonceptivos, de las principales enfermedades venéreas, de la responsabilidad que debían tener para no procrear hijos durante el noviazgo. Pero nunca le hablaron de la castidad ni de las consecuencias emocionales de llevar una vida sexual activa.

Jamás le dijeron que cuando un hombre y una mujer se relacionan sexualmente, se forma entre ellos un poderoso vínculo –como un super pegamento emocional– que provoca el querer estar juntos y ponerse una venda en los ojos del corazón para no verse los defectos uno al otro.

Las relaciones sexuales no son algo que se hace con el cuerpo mientras que el cerebro se queda allá lejos, fuera de la habitación. El sexo crea una hormona llamada oxitocina que, en sus efectos, provoca un apego, fuera de toda explicación lógica, a la otra persona. La misma hormona se produce cuando la madre, en su período de lactancia, amamanta a su bebé, y se crea también ese super vínculo emocional entre los dos, dificilísimo de romper.

En el caso del chico super enamorado de su novia, ellos, a través de mantener relaciones sexuales, crearon la oxitocina que los vinculó fuertemente, y por ese motivo la ruptura fue una experiencia tremendamente dolorosa. El vínculo emocional o apego al otro funciona maravillosamente en el matrimonio.

Dios creó esa hormona con el propósito de mantener unidas a las parejas casadas. Pero cuando la hormona se crea en el noviazgo al mantener una vida sexual activa, la relación fácilmente puede desembocar en un desastre. Nadie tiene la fuerza para impedir la acción de ese super pegamento. Es algo que ocurre en la psique de las personas a niveles profundos, de manera inconsciente y es extremadamente poderoso.

Es falso creer que los varones no experimentan ese vínculo emocional. Si bien es cierto que las mujeres se sienten más vinculadas, los hombres también lo hacen, y las experiencias de ruptura suelen dejarlos devastados. He conocido jóvenes varones que estuvieron a punto del suicidio cuando la novia decidió cortar la relación.

Algunos jóvenes que piden consejo a los sacerdotes nos comentan que ellos no han tenido relaciones sexuales con sus parejas en el noviazgo, pero que se han ido deslizando por una pendiente de tocamientos cada vez más permisivos hasta casi llegar al sexo completo.

¿Qué sucede en esos casos? ¿Se crea el vínculo emocional? Si bien es cierto que el apego a la otra persona es más poderoso cuando las relaciones sexuales son totales, un vínculo creado por tocamientos permisivos o besos muy apasionados es suficientemente fuerte para estropear el noviazgo.

Chicas y chicos que tuvieron relaciones sexuales –incompletas o completas– con sus parejas jamás olvidarán a ese “primer amor” de su vida que los dejó marcados para siempre.

Dios no es el aguafiestas de la juventud al prohibir a los solteros abstenerse de relaciones sexuales. La ley moral de Dios es sabia y por eso establece que el sexo es exclusivo del matrimonio. Es en la vida de casados donde el hombre y la mujer hablan un lenguaje que es “para siempre”, y donde ese vínculo emocional que se crea con la hormona oxitocina, funciona muy bien. En cambio no funciona bien en el noviazgo, donde no existe el compromiso total y donde la inmadurez afectiva suele estar presente.

Estas consecuencias emocionales del sexo prematrimonial nadie las enseña, ni las quieren enseñar en las clases de educación sexual escolar. En las aulas sólo se informa sobre condones y anticonceptivos, y así se establecen las bases para que ocurran futuros desastres emocionales.

Novios embarazados: ¿deben casarse?, ¿qué dice la Iglesia?


En mis tiempos de juventud era común que las parejas de novios que quedaban embarazadas aceleraran la boda. Había que arreglarlo todo un poco apresuradamente para que antes de que la novia dejara ver cierto abultamiento en su vientre, ellos se casaran por el civil y por la Iglesia.

Recuerdo que en aquellos años asistí a una fiesta nupcial donde algunos, al calor de las copas, armaron una riña con golpes. Una amiga de la novia, preocupada porque ésta no fuera a resultar maltratada, comenzó a gritar: “¡Cuidado, cuidado que la novia está embarazada!“. Todos los invitados se fueron escabullendo, uno a uno, apenados por esa inédita revelación.

La Iglesia Católica, en su Código de Derecho Canónico, señala que el consentimiento matrimonial –el “yo te acepto como mi esposa…” que dicen los novios en la celebración de la boda–, pronunciado sin la plena libertad para casarse, puede ser causa de nulidad conyugal.

Es decir, forzar el matrimonio debido a un embarazo inesperado puede ser causa de que la unión sea inválida.

La importancia de la entrevista pre matrimonial

Por ese motivo es importante la entrevista que los novios tienen con el sacerdote, antes de la boda, para verificar si las condiciones son las adecuadas para celebrar el Matrimonio, y así evitar nupcias inválidas.

El sacerdote les pregunta, entre otras cosas, si hay un embarazo de por medio. De ser así, celebrar el Matrimonio es desaconsajable.

¿Fuertemente comprometidos?

Puede ser que ellos estén realmente enamorados y digan que están fuertemente comprometidos uno con el otro. Por ese motivo ellos pueden estar de acuerdo en que las relaciones sexuales deben ser parte de su noviazgo.

Sin embargo, deben ponerse a pensar qué significa estar “fuertemente comprometidos”. ¿Hasta que terminen el año escolar? ¿Hasta que acaben la prepa? ¿Hasta que algún día decidan casarse? ¿Hasta que se vayan a vivir en unión libre? Ninguna de estas opciones es estar fuertemente comprometidos.

Además, los jóvenes están en proceso de maduración y se vuelven inestables y cambiantes.

En cualquiera de las alternativas anteriores queda una puerta abierta para terminar con la relación y buscar una nueva pareja. Ninguna de esas opciones es tampoco adecuada para dar la protección que un bebé necesita.

“Fuertemente comprometidos” solamente puede darse en el matrimonio. Por ello es mejor que, absteniéndose de tener vida sexual y cultivando un noviazgo casto, eviten el embarazo.

¿Cómo deben actuar los novios si ocurre un embarazo?

Por ningún motivo deben recurrir al aborto. Un embarazo no es una bolsita con células que lleva la mujer. Es un hijo en gestación, una persona humana creada a imagen de Dios, una persona inocente a la que se debe de respetar su vida y a la que se debe cuidar.

Los jóvenes que caen en la tentación de abortar –hombres y mujeres– se hacen una herida muy grande en sus almas que es difícil de curar. Suelen vivir en la tristeza y con sentimientos profundos de culpa que pueden durar toda la vida.

Ante la presión familiar, económica o social que puedan sentir por un niño que viene en camino, “a las voces del feminismo, oídos sordos”; es mejor acudir a un centro de embarazo en crisis de la propia localidad para obtener asesoría y poder llevar la gestación hasta el alumbramiento del bebé.

¿Y deben casarse los novios?

Los novios que tienen un embarazo no deben casarse de manera forzada. Los matrimonios entre adolescentes tienen un alto índice de divorcios, sobre todo hoy, más que nunca, cuando los jóvenes tardan más tiempo en madurar.

Si ellos no estaban planeando su boda, contraer matrimonio en esas circunstancias sólo aumentará sus problemas.

Un ambiente lleno de conflictos, discordias, peleas e infelicidad nunca será adecuado para un niño. Así que vale más la ausencia de matrimonio que un mal matrimonio.

Cuando una chica adolescente se embaraza, es frecuente que ella y el novio experimenten una profunda turbación.

La responsabilidad tan grande de tener un hijo puede provocarles un gran miedo, sobre todo a ella que lleva la gestación, además de la vergüenza de lo que dirán sus padres, amigos y familiares.

El hecho de no poder compartir con la propia pareja –ya que por lo general no viven juntos– las interrogantes del futuro, los ponen en una dura prueba psicológica.

Más que obligarlos a casarse, se debe ayudarles rodeándolos de comprensión y apoyo. No les ayudarán ni el desprecio, ni la marginación de los padres, sino la reflexión serena sobre cómo deberán afrontar la maternidad y la paternidad una vez que nazca el bebé.

Conclusión

Con esto no digo que los novios embarazados nunca deberán casarse. Al contrario: si una pareja estaba planeando su boda es bueno que continúe haciendo sus planes.

Si, en cambio, los novios no tenían planes de casarse y son suficientemente maduros para tomar la decisión de vivir en una relación de matrimonio por el resto de sus vidas, es bueno que sigan avanzando en ese proyecto.

Pero es altamente recomendable que esas parejas de novios embarazados esperen hasta que nazca el bebé, y entonces continúen con sus planes de casarse.

El embarazo es un período de intensas emociones e incertidumbres para una joven, lo que podría ofuscar la mente de los novios y llevarlos a contraer matrimonio con ligereza.

Mi novia ya no es virgen, ¿me caso o no me caso?, ¿qué hago?

 


Hace unos días recibí esta pregunta, cuya respuesta publiqué en la sección Confesionario sin absolución de mi blog. Mi novia ya no es virgen, ¿me caso o no me caso? A continuación comparto el texto:

Pregunta: Soy español y tengo un noviazgo con una chica desde hace nueve meses. Yo soy virgen y hay algo que me duele en el alma, y es que ella no lo es. Me atormenta pensar que, mientras yo mantenía mi virginidad para entregarla a una chica que también se guardara para mí, ella estaba teniendo relaciones con su exnovio. Mientras yo renunciaba a tener relaciones sexuales con mi exnovia por un bien mayor, por un futuro mejor; mientras yo rezaba en la capilla para que Dios cuidara a mi futura novia, ella estaba teniendo relaciones sexuales con otro. Quizá son sentimientos de celos el saber que otro ya se llevó su inocencia. Me consume muchísimo, me duele en el alma que yo haya tenido que esperar y ella no. ¿Que si la quiero? Si ella fuese virgen le pediría que nos casáramos mañana mismo. Ahora ella se ha enfocado en vivir lo que es el amor y la castidad, y siento que es muy buena chica. Me consume pensar ¿por qué me tengo que entregar completamente a ella, cuando ella ya no se entregará completamente a mí porque ya se entregó a otro? Esto me genera muchas dudas, sentimientos encontrados, ansiedad. Si en mi corazón hay un anhelo de casarme con alguien que haya vivido la castidad, ¿por qué tendría que casarme con ella? ¿Será la indicada o no? ¿Dejamos morir el amor que nos tenemos sólo por el pasado de ella?

Respuesta: Te agradezco mucho la confianza de escribir y abrir tu corazón para mostrar tus sentimientos encontrados y tus dudas.

Antes que nada te felicito por mantener tu virginidad considerándola como un valor para tu juventud y como regalo para la que vaya a ser tu esposa. Eso quiere decir que estás logrando tener autocontrol sobre tus impulsos para encauzarlos hacia la vida matrimonial.

Es lo que se llama la virtud de la castidad, y es fruto del Espíritu Santo. Un hombre que se sabe dominar será digno de confianza en el matrimonio.

Tu novia no es virgen. Ella tiene una historia diversa a la tuya, y quizá no fue educada con los valores cristianos que tú tienes.

Seguramente el ambiente juvenil permisivo que hoy se vive influyó, de alguna manera, sobre la que hoy es tu novia, para que tuviera relaciones con su exnovio. Tal vez aquel ex novio la presionó.

Lo cierto es que ella se ha dado cuenta de que aquello estuvo mal y hoy está arrepentida. Te aseguro que son muchísimos los jóvenes –y sobre todo las chicas– que se arrepienten de haber tenido sexo en su noviazgo.

El sexo anterior al matrimonio suele ser una experiencia traumática que nunca mejora un noviazgo, sino que lo complica y lo empeora porque las personas terminan sintiéndose utilizadas y solas.

Dentro de lo malo que ocurrió a tu novia en su pasado, hay algo grande que Dios ha hecho: ha suscitado en ella el arrepentimiento y el deseo de cultivar la virtud de la castidad hasta el matrimonio.

Eso es algo magnífico porque solamente Dios puede hacer nuevas todas las cosas, así que allá donde antes hubo pecado hoy puede sobreabundar la gracia.

Trata de descubrir cómo el Espíritu de Dios está actuando en ella y agradece por ese motivo. Al querer tu novia vivir la castidad hasta el día en que se casen, en realidad ella se está guardando para ti, y eso es ya un regalo.

Un chico o una chica que perdió su virginidad y que se da cuenta de su error, ¿significa que ya no podrá encontrar el amor verdadero y vivir su vida feliz? No lo creo.

Esa persona puede sanar sus heridas y encontrar a alguien que la ame realmente y que no la rechace por los errores que cometió en su pasado. Lo importante es que la persona que se equivocó –en este caso tu novia– encuentre a alguien capaz de asumir su historia y aceptarla.

Hay personas a las que no les importan los errores o pecados pasados de su pareja, pero hay otras que sí les dan mucha importancia y no viven tranquilos.

Si tú eres de estas personas, y para ti es un tormento saber que tu novia no es virgen, es mejor evitar el matrimonio, al menos por ahora. Si no logras superar el pasado de tu novia podrías vivir en un tormento psicológico durante toda la vida conyugal.

Mi consejo es que sigas conservando tu virginidad y que pongas en oración tu situación. Lo importante no es si tu futura esposa será virgen o no. Si Dios perdona nuestros pecados del pasado, también nosotros podemos hacerlo. Si Dios asume nuestra historia de pecado para transformarla en historia de salvación, también podemos asumir la historia de otras personas.

Lo importante es ¿cuál es la actitud de tu novia ahora? ¿Vive la castidad? ¿Tiene la motivación, la fuerza y al autocontrol para vivirla durante el noviazgo? Si la respuesta es sí, entonces estamos hablando de una buena chica.

También te aconsejo que, si decides casarte con ella, le pidas, antes de la boda, que se haga una prueba de enfermedades de transmisión sexual. Dios perdona nuestras faltas pero la naturaleza no.

Te invito a considerar el nivel de amor que le tienes a tu novia. Hay un nivel que se basa en los afectos y sentimientos. Cuando uno dice “amo a esta persona porque la paso muy bien con ella, porque me gusta, porque me hace reír, porque me hace sentir bien, porque me consuela y me da paz”, cuidado.

No es un nivel de amor para contraer matrimonio. En el fondo es un amor egoísta basado en “me siento bien”. Lamentablemente la mayoría de las parejas se quedan en este nivel de amor.

Para casarse con una persona hay que dar un salto de nivel y estar dispuesto a amarla por ella misma, amarla totalmente, con sus virtudes y defectos, con su pasado, presente y futuro, con capacidad de sacrificio, y estar dispuesto a tener hijos con ella y confiarlos a su cuidado.

Sólo así un matrimonio puede durar para toda la vida. Te pongo en mi oración y, hasta España, te envío mi abrazo y bendición.

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El Pbro. Eduardo Hayen es director de Comunicación Social y coordinador de la Pastoral de la Vida aquí en la Diócesis de Ciudad Juárez. Este texto ha sido publicado previamente en el blog del Pbro. Eduardo Hayen.

Los 10 No del noviazgo


Los 10 NO del noviazgo
Por: Desde la Fe 

10 cosas a las que hay que decir NO con firmeza para que el noviazgo lleve a un buen matrimonio.

El portal católico mexicano Desde la Fe presenta un completo repaso de cosas que hay que tener en cuenta para aprovechar el noviazgo y evitar malos matrimonios. Lo reproducimos por su interés.

Un buen matrimonio depende en gran parte de un buen noviazgo, de que él y ella aprovechen bien ese tiempo para conocerse.Además de amor, ¿Qué se necesita para tener un buen noviazgo? He aquí diez recomendaciones que conviene considerar:

1. NO dejar fuera a Dios
Antes que nada, pregúntale a Dios si tu vocación es el matrimonio. Consulta un director espiritual. Cuando creas haber conocido a la persona indicada, oren juntos, vayan juntos a Misa, encomiéndense a Dios y a María. Antes de casarse, acudan a un retiro para novios. Y después no se atengan a sus solas míseras fuerzas para amarse: no se vayan a vivir juntos ni se unan sólo por lo civil, sino mediante el sacramento del matrimonio, para recibir de Dios la gracia sobrenatural de ser fieles y amarse mutuamente como Dios los ama.

2. NO engañar
Esto abarca dos aspectos. Primero: no finjas lo que no eres. No digas que te gusta lo que no te gusta, que haces lo que nunca haces, etc. sólo para ser como crees que tu novia o novio espera que seas. Descubrirá tu engaño al casarse, y puede ser motivo para separarse. Sé tú mismo, tú misma. Si no es compatible contigo, ni modo, no fuerces las cosas, ya encontrarás a quien lo sea. Recuerda que “siempre hay un roto para un descosido”. Y, segundo: no seas infiel. La infidelidad en el noviazgo es motivo para terminar la relación, porque los novios infieles, suelen ser cónyuges infieles.
3. NO querer cambiar al otro
Hay quien piensa: “mi pareja tiene esta forma de ser, o este hábito, o este vicio que no me agrada, pero yo la voy a cambiar”. Es una falsa expectativa. La gente no suele cambiar. El introvertido nunca se volverá extrovertido; la parlanchina no sabrá quedarse callada; el novio que nunca se acomide a ayudar será un marido haragán; la novia desaliñada será una esposa de bata y pantuflas. Y las características que te molestan en el noviazgo, en el matrimonio pueden aumentar y resultarte intolerables. O le aceptas como es, o no te cases.

4. NO justificar lo injustificable
Si en el noviazgo, cuando se supone que están enamorados y desea complacerte, tiene desatenciones, te deja esperándole y no se disculpa; se la pasa viendo el celular, llega tarde, no te pregunta cómo estás, te calla, te critica, en el matrimonio será peor. No busques pretextos para justificar sus malas actitudes, busca mejor otra pareja.

5. NO violencia
Si en el noviazgo ya hay gritos, malos modos, insultos y hasta golpes, ¡hay que salir huyendo! Un novio que te levanta la voz, será un esposo que te levantará la mano; una novia que te humilla ante tus amigos, será una esposa que te humillará ante tus hijos. ¿A qué arriesgarse a casarse con alguien que puede poner en riesgo tu integridad y la de tu familia?

6. NO relaciones sexuales
El sexo es fabuloso. Decir esto parecería razón para practicarlo en el noviazgo, pero es justo lo contrario: puede hacer que una pareja crea que son compatibles, cuando en realidad sólo lo son en la cama. Un amante habilidoso no necesariamente es un buen esposo. Y hay muchos momentos en el matrimonio en que no será posible tener relaciones sexuales, así que si el sexo es lo único que los une, su relación irá a pique.

Una amiga me contó que su hija fue a confesarse de haber tenido relaciones sexuales con su novio, y el padre le dijo: “si se aman, no es pecado”. Sorprende semejante respuesta, porque Jesús menciona, en la lista de maldades que manchan al hombre, la fornicación, es decir, la relación sexual fuera del matrimonio (ver Mc 7, 14-23). La relación sexual está pensada para ser una donación total entre esposos que prometen, con la gracia de Dios, amarse toda la vida. No hay que banalizarla adelantándola, ni arriesgarse a un embarazo no deseado. Y, sobre todo, no hay que olvidar que para unos novios católicos tener relaciones sexuales pre-matrimoniales no es algo que alguien pueda autorizar por encima de la Palabra de Dios y de la Iglesia, que enseñan que es pecado (ver Catecismo de la Iglesia Católica #1755; 1852; 2353).

7. NO desoír opiniones y consejos
Por tener una visión desde fuera, puede suceder que tus familiares y amigos capten actitudes de tu pareja que tú no has percibido. “ay, mijita, tu novio toma demasiado”, “ay, hijo, ella trata muy feo a su mamá”, “oye, amiga, como que tu novio es ojo alegre, lo he visto coqueteando…”; “híjole carnal, me late que esa chava sólo te busca por tu dinero, se la pasa haciéndote gastar…”; “uy, le vi fumando mariguana”. Presta atención, no cierres los oídos. En los procesos de declaración de nulidad matrimonial, suelen preguntar cuál era la opinión de quienes rodeaban a los novios. Y es casi seguro que hubo muchas críticas que fueron desoídas…

8. NO suponer, mejor preguntar
El noviazgo es un tiempo para conocerse, para hablar, hablar y hablar de todos los temas habidos y por haber, para preguntar. Muchos matrimonios se rompen porque no descubrieron a tiempo que pensaban muy distinto: “¡creí que sí querías tener hijos!”; “¡no pensé que te molestara que trabaje!”; “¡no sabía que tu mamá vendría a vivir con nosotros!”. Más vale dialogar que lamentar.

9. NO dejar de considerar a la familia
No sólo hay que fijarse en la pareja, sino en su familia. ¿Cómo es?, ¿cómo se llevan sus miembros entre sí?, ¿Cuáles son sus valores? Recuerda que muy probablemente tendrás que convivir con ellos en Navidad, año nuevo, cumpleaños, aniversarios, algunos fines de semana, etc. Sus papás serán abuelos de tus hijos, y tus cuñados, sus tíos; querrán pasar tiempo con ellos, ¿qué clase de ejemplo les darán? ¿Es ésta la familia a la que quieres pertenecer?, ¿o vas a discutir y a pelearte cada vez que tu cónyuge la quiera ver?

10. NO sólo buscar “que te haga feliz”
Muchos se casan pensando: “ésta me hará feliz” (porque es bonita y puede lucirla en las fiestas de la oficina, o porque cocina rico, o es hacendosa), o éste me hará feliz, (porque es tan guapo que sus amigas la envidiarán; o porque gana tanto que podrá darle una vida de lujos). Buscan la pareja que los haga felices. Pero si la bonita se pone fea o se enferma, al guapo le sale panza, o pierde la chamba, ya no “hace feliz”, es hora de descartarlo.

La motivación para casarse no debe ser “que me haga feliz”, sino “quiero hacerle feliz”. Y qué mayor felicidad que santificarse mutuamente para llegar al cielo. Si tanto él como ella dicen: “le amo tanto que quiero dedicarme a que sea feliz aquí y por toda la eternidad”, eso sí que con la ayuda de Dios, se puede lograr pase lo que pase, en la salud y en la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso, hasta que la muerte los separe en este mundo y puedan reencontrarse en la vida eterna para siempre.

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religion en Libertad


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¿Relaciones sexuales en el noviazgo?


¿RELACIONES SEXUALES EN EL NOVIAZGO?
Por: INEsea | Fuente: Centro de Espiritualidad Santa María 

Volvamos a educar en la castidad

Si escuchamos las voces de nuestra cultura y de nuestro mundo, no podemos apartar la vista de una realidad muy generalizada entre nuestros adolescentes y jóvenes. Hoy la mayoría, con o sin formación cristiana, consideran algo natural tener relaciones sexuales, y no sólo con el novio sino también con aquel o aquella que están saliendo para conocerse más.

Sabemos que el principio "todo el mundo lo hace" no justifica su moralidad pero sí vale para adentrarnos en sus causas y en sus consecuencias.
Como padres deseamos lo mejor para nuestros hijos; que sepan elegir bien, que se casen, tengan hijos y una linda familia; pero a la hora de formarlos para el matrimonio, no estamos nada convencidos de porqué no es bueno para ellos que tengan relaciones sexuales. Son muchos los padres que aconsejan a sus hijos cómo cuidarse y si bien no lo fomentan, no los educan; y después sufrimos nuestro propio dolor, el de nuestros hijos y el de nuestros nietos.

La crisis por las consecuencias de este desorden también se manifiesta en la salud; son muchos los que contraen enfermedades venéreas a causa de excesos y relaciones promiscuas.

Si ampliamos la mirada y vemos qué pasa con estos adolescentes-jóvenes que han vivido así sus relaciones de amistad y noviazgo, no descubrimos que ha sido un aporte para los nuevos matrimonios, sino al contrario. Cada vez más las separaciones se dan en los primeros años del matrimonio. ¿Qué pasa?

Sin pretender dar respuestas quisiera reflexionar sobre la manera de vivir la sexualidad durante el noviazgo y profundizar en el desarrollo de la comunicación.

Nos confundimos al pensar que es sólo una cuestión "religiosa"; es mucho más honda, sus raíces se hunden nada menos que en el orden natural de nuestra comunicación.
Vamos a intentar profundizar en este tema sin pretender tener todas las respuestas.

Cuando varones y mujeres nos encontramos, descubrimos que esta capacidad de encuentro, de diálogo, de comunicación y por lo tanto de unión y de comunión, atraviesa todas nuestras dimensiones. Cuando la persona se comunica, lo hace con su cuerpo, con su alma y con su espíritu. Lo visible es el cuerpo, es lo que llama la atención, lo que atrae "a primera vista". Pero no es sólo el cuerpo, que es la corporeidad del alma y del espíritu, lo que nos atrae del otro, es también su interior que se transparenta y emana por medio del cuerpo y como un imán atrae el afuera hacia el adentro.

Y esto conlleva un orden con sus propias leyes que, cuando las quebramos se desordena algo muy profundo.

En el encuentro entre un varón y una mujer, lo primero que atrae es esta encanto del cuerpo; y es a través de la mirada y del lenguaje, verbal y gestual, que comenzamos el juego de la seducción.

Este juego es un arte ancestral. Nadie nos enseña a seducir, sencillamente emerge de lo más hondo de nuestra sexualidad y de nuestra capacidad de comunicarnos. Lo encontramos también en los animales, se acercan, se olfatean y, según las especies podemos encontrar maneras que van de lo más sencillo hasta lo más sofisticado para aparearse y procrear.

Esta atracción abre la puerta a algo más, a una comunicación de nuestro mundo interior, que se expresa por medio de gestos y palabras y nos invita a profundizar en el conocimiento mutuo.

a, ¡Quisiéramos estar juntos todo el tiempo! ¡Quisiéramos decirnos tantas cosas... revelar todo el misterio de lo que somos...!

La atracción es enorme, los sentidos corporales se activan, necesitamos mirarnos, escucharnos, tocarnos, olernos y gustarnos. La intimidad e intensidad de estas caricias va creciendo al mismo tiempo que se desarrollan los sentidos interiores y crece la comunicación espiritual.
El enamoramiento nos hace capaces de escucharnos en todo lo que tenemos que decirnos, y también de escucharnos en todo lo que no expresamos con palabras; Somos capaces de recibirnos con la mirada y con los gestos , con sólo verte me voy dando cuenta qué pasa en el interior de tu corazón, con solo tocarte siento que puedo tocar tu misterio. Es cuando nuestros gestos se van haciendo cada vez más elocuentes para quien nos ama. Como si el conocimiento de cada uno avanzara al mismo tiempo por la profundidad de lo que somos capaces de compartirnos, verbal y gestualmente. Palabras y gestos son los rieles por donde avanza la comunicación.

Cuando en el noviazgo la comunicación pretende avanzar sólo en un carril, en vez de avanzar se desordena. Pero este desorden no es percibido en la misma relación, que, aunque en forma desordenada, "parece" seguir avanzando.

El noviazgo es el tiempo aprender a comunicarnos, a intercambiar opiniones, visiones, a
compartir nuestros pensamientos, creencias, ideales, para ver si congeniamos y si podemos construir un proyecto común cimentado con lo que los dos traemos de diferente. Es el tiempo de salir y de relacionarnos también con otras personas, conocer nuestra manera de ser y de comportarnos en distintas situaciones. No sólo lo que decimos, sino lo que hacemos y cómo lo hacemos.

Y mientras va avanzando nuestra comunicación, van surgiendo las primeras dificultades.
Y si bien la dificultad entorpece la relación y nos desanima, sin embargo es la única posibilidad de darnos cuenta si somos capaces de resolverla; si los dos contamos con los medios internos para atravesarla. Esto manifiesta nuestra capacidad de frustrarnos, de aceptar nuestras diferencias y, lo que es más importante, de ver si podemos resolverlas juntos. . El noviazgo es el tiempo de resolver nuestras dificultades a través de la palabra. Este proceso, largo y a veces trabajoso es el que permite que nuestras facultades del alma, nuestra psicología y nuestra dimensión espiritual vayan interactuando y compenetrándose.

En el noviazgo quebramos la armonía del orden en el desarrollo de la comunicación cuando dejamos que el gesto desplace a la palabra y nos apresuramos a resolver las dificultades por medio de la entrega íntima corporal, que es la culminación de la comunicación, el último paso y que supone nuestra mayor entrega.

Dejamos que nuestros cuerpos se fundan y se penetren el uno en el otro, sin que esta fusión / penetración se haya realizado al mismo tiempo en las otras dimensiones de nuestro ser.

No respetamos la sabiduría del ritmo que impone el mismo orden y deviene un desorden casi imperceptible en la misma relación ya que la comunicación continúa y "parece" avanzar porque nos "sentimos" muy bien, nuestro cuerpo está gratificado y colmado de sensaciones placenteras.

Sin embargo, en lo interior, en lo invisible, en el alma y en el espíritu de esas personas, está sucediendo otra cosa que todavía no puede ser comunicada por medio de la palabra.

La entrega íntima de nuestros cuerpos nos toma por entero, avasalla cualquier otro tipo de comunicación. Es la comunicación por excelencia cuando ocupa su lugar; cuando no es así, desplaza a todas las otras que necesitan crecer en consistencia.

Cuando rompemos este orden no estamos eligiendo, estamos actuando desde el impulso o la reacción, desde lo que "siento". Y las sensaciones pueden tener tanta fuerza que no nos ayudan a pensar para elegir. Es cuando nos dejamos llevar por las necesidades del cuerpo. Esto está bien para las funciones vitales, pero la comunicación es espiritual y exige de nuestra inteligencia, de las facultades de nuestra alma. Y ésta a su vez está supeditada a un orden que la trasciende; el orden espiritual que une a todas las personas entre sí con toda la creación y con su creador.

Es de esta hondura de mi espíritu humano unido al espíritu divino, de quien soy deudor y criatura, desde donde la persona elige el sentido último de su vida, quién es y qué va a hacer para realizarse en el ser.

La comunicación del alma y del espíritu requiere mucho más tiempo que la corporal. Al cuerpo le toca esperar y respetar el ritmo de cada dimensión de nuestros ser.

La relación sexual es el punto máximo de convergencia de la comunicación; en donde no sólo nuestros cuerpos exigen tal compenetración, también nuestras almas y nuestro espíritu. Es la comunicación más espiritual que somos capaces de tener como personas, por lo tanto el tener o no tener relaciones sexuales con otra persona es una decisión espiritual. El que mi cuerpo y la atracción que el otro ejerza sobre mí lo requieran, no debería ser, por sí mismo, un indicativo de mi elección.

Las desinteligencias del noviazgo deben solucionarse por medio de la palabra. Debemos conocer el límite de la palabra, la impotencia, la frustración, el no saber cómo decirte todo lo que quiero expresarte.; aprender a intercambiar opiniones y vivencias, a gozar la experiencia de "estar de acuerdo" y también a sufrir el "desacuerdo" para encontrar juntos la solución. Nos toca aprender a discutir, a pelearnos y a reconciliarnos sin faltarnos el respeto. Es el tiempo de darnos tiempo para aprender a poner en palabras lo que nos pasa, y a silenciarnos para poder escuchar lo que no somos capaces de decirnos, la humillación de la palabra da lugar a la comunicación sin palabras, la comunicación espiritual, de corazón a corazón.

Todo esto es parte del noviazgo. No es fácil aprender a aceptar nuestras diferencias, sólo si somos capaces de hacerlo estaremos en condiciones de dar un paso más; pero ¿Cómo lo sabremos si incluimos las relaciones sexuales para superarlas?

Por supuesto que en el noviazgo la relación sexual parece resolver casi todas las diferencias; en la intimidad sexual la palabra pierde toda su potencia para dejar espacio al gesto; Pero el gesto no resuelve la diferencia que queda sumergida para volver a aparecer en otro momento, muchas veces ya casados y con la tristísima experiencia de que no podemos ni sabemos solucionarlas.

El que antes era todo para mí, comienza a ser un desconocido. Nunca antes lo había oído hablar así, ni comportarse de esa manera. Nos sentimos dolidos y desilusionados, perdemos interés por estar juntos y nuestras diferencias nos van separando cada vez más.

Es importante que sepamos las consecuencias de este desorden para ser más responsables a la hora de actuar. La entrega sexual es la entrega de toda mi persona a otra persona, es el máximo exponente de nuestra capacidad de comunicarnos.

Es lícito que exija reciprocidad, privacidad, intimidad y respeto. Está abierta a la procreación, eso supone que asumo el riesgo de que pueda ser una entrega fecunda en un hijo.

Sabemos que aunque lo evitemos, el riesgo siempre está y esto por sí sólo debería ser un límite para quienes no están dispuestos o preparados para formar una familia.

La familia exige una casa, un hogar, un lecho común; Una vida compartida con todas sus consecuencias: Compromiso, seguridad, estabilidad y fidelidad. Cuando no estamos dispuestos a formar una familia, pero igual queremos tener relaciones sexuales, estamos desoyendo las exigencias que conlleva la relación sexual, pensando en nosotros mismos, en el ahora, pero sin proyectarnos en un compromiso estable. Y esto es un desorden, que muchas veces trae aparejados otros desordenes aún mayores.
De relaciones sexuales apuradas, surgen los matrimonios de apuro y los hijos no deseados y tantas veces abortados. Las familias que nacen así ya tienen en su constitución este desorden. Si bien pensaban casarse, la fecha anunciada fue por el hijo y no por un consentimiento responsable.

De relaciones sexuales apuradas surgen elecciones equivocadas , en las que falta la claridad suficiente para discernir, evaluar y elegir.

Muchas veces, los novios que viven situaciones de entrega casi matrimonial, no son muy libres para elegir si quieren o no continuar con la relación, quedan "pegados" a una forma de relacionarse desordenada que les quita libertad de elección.

Volvamos a mirar como queremos crecer en la comunicación del amor. La comunicación es espiritual y exige una inteligencia espiritual que es la integración de mi cuerpo con las facultades del alma y del espíritu que actúa como principio integrador de todo el ser.

Volvamos a educar en la castidad, que es la virtud que nos invita a ordenar toda nuestra sexualidad a la comunicación del amor. Aspiremos a la castidad, y no nos cansemos de las dificultades que vamos encontrando en el camino. ¡Que este sea nuestro deseo! Que esta sea nuestra aspiración. No importa que nos equivoquemos, o que las cosas "se nos desordenen" en el camino.

Sigamos caminando en un noviazgo casto y puro, poniendo nuestra mirada en los bienes más altos. Una y otra vez. Sin cansarnos ni desfallecer.

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