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¿Qué Consejos Me Pueden Dar Para Dejar De Ver A Las Mujeres Con Deseo?


¡Qué gusto saludarte! Primero, déjame decirte que lo que sientes es algo con lo que muchos hombres, especialmente jóvenes, luchan en algún momento de sus vidas. El hecho de que estés buscando cómo manejar este asunto de una manera que honre a Dios y a las mujeres ya es un gran paso. Así que, vamos a charlar sobre esto con toda confianza.

Entendiendo el Deseo

El deseo sexual en sí mismo no es malo. Es parte de nuestra naturaleza humana y fue creado por Dios para un propósito muy bueno: unir a un hombre y a una mujer en el matrimonio, y, a través de esa unión, dar la vida. San Juan Pablo II hablaba mucho de esto en su “Teología del Cuerpo”. Él decía que la sexualidad humana es un regalo, pero como todo regalo, necesita ser usado de la manera correcta.

El problema surge cuando ese deseo, en lugar de ser una fuerza de amor y de unión, se convierte en algo egoísta. Ver a una mujer solo como un objeto para satisfacer un deseo personal no es amar; es usar. Y aquí es donde tenemos que hacer un esfuerzo consciente para cambiar nuestra manera de ver y pensar.

Empieza por la Oración

Lo primero y más importante es la oración. Pedirle a Dios que te dé la gracia de ver a las mujeres como Él las ve: como sus hijas, con una dignidad inmensa, no como objetos. La oración no solo transforma nuestro corazón, sino que nos ayuda a sintonizar nuestros pensamientos con los de Dios. En el Salmo 51, el rey David pide: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51,12). Esa debería ser también nuestra oración.

Reza diariamente, pidiendo pureza de corazón. El rosario es una herramienta poderosa, especialmente al meditar los Misterios, porque nos ayuda a concentrarnos en la vida de Cristo y en su relación con María, la mujer por excelencia.

Controla tus Pensamientos

San Pablo, en su carta a los Filipenses, nos da un consejo muy práctico: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, si hay alguna excelencia, si algo merece elogio, en esto pensad” (Filipenses 4,8). Tus pensamientos son el lugar donde todo empieza. Si llenas tu mente con cosas buenas, nobles y puras, será más difícil que pensamientos impuros echen raíces.

Esto significa ser intencional sobre lo que consumes. ¿Qué tipo de contenido ves en redes sociales, en películas o en programas de televisión? Si constantemente te expones a imágenes que alimentan el deseo, será mucho más difícil mantener la pureza de corazón. No te estoy diciendo que vivas en una burbuja, pero sí que seas prudente y selectivo.

Practica la Mortificación

La mortificación es una palabra que a veces suena fuerte, pero simplemente significa hacer pequeños sacrificios para disciplinar nuestros deseos. No tiene que ser algo extremo, pero puede ser tan simple como renunciar a algo que te gusta (una comida, una actividad, un entretenimiento) para ofrecerlo a Dios por la gracia de vivir en pureza. San Pablo decía: “Castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo quede descalificado” (1 Corintios 9,27). No se trata de hacer sufrir al cuerpo por el simple hecho de sufrir, sino de entrenarlo para que no domine tu espíritu.

Cultiva Relaciones Sanas

Otro aspecto importante es cómo te relacionas con las mujeres. Si estás acostumbrado a verlas desde un punto de vista superficial, es tiempo de cambiar eso. Empieza a verlas como personas completas, con sus propios sueños, luchas y virtudes. Trata de conocerlas realmente, más allá de lo exterior.

Si puedes, busca rodearte de amigos que compartan tus valores y que te ayuden a crecer en virtud. La comunidad es muy importante porque te sostiene y te recuerda que no estás solo en esta lucha. Como dice Proverbios 27,17: “El hierro se afila con hierro, y el hombre con el trato de su prójimo.”

Usa los Sacramentos

Los sacramentos son nuestra fuente principal de gracia. La Eucaristía, donde recibimos a Cristo mismo, es el alimento espiritual que nos fortalece en nuestra batalla contra el pecado. San Juan 6,56 dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él.” Permitir que Cristo habite en ti te da la fuerza para vivir una vida más acorde con el Evangelio.

Y no olvides la Confesión. El poder de este sacramento es inmenso. No solo te limpia del pecado, sino que te da la gracia para resistir en el futuro. Confesarse regularmente es como un entrenamiento espiritual, te ayuda a estar más alerta y preparado para cuando la tentación aparezca.

Busca el Consejo Espiritual

A veces, nuestras luchas no pueden ser superadas solo con fuerza de voluntad. Es útil tener a alguien con quien hablar, alguien que pueda darte un consejo sabio y acompañarte en tu camino. Puede ser un sacerdote, un director espiritual, o una persona de confianza que viva una vida piadosa. Ellos pueden ofrecerte una perspectiva que quizás no has considerado y ayudarte a trazar un plan concreto para vivir en pureza.

No Te Desanimes

Finalmente, quiero decirte que no te desanimes si fallas. La santidad es un proceso, un camino, y todos tropezamos en algún momento. Lo importante es levantarse, confesarse si es necesario, y seguir adelante. Dios ve tu esfuerzo, tu deseo de hacer lo correcto, y eso ya es muy valioso. Recuerda las palabras de San Pablo en Romanos 8,1: “Por lo tanto, ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.” No se trata de ser perfecto, sino de confiar en la gracia de Dios y perseverar.

Considera la Castidad como una Virtud Activa

La castidad no es simplemente la ausencia de actividad sexual o de pensamientos impuros; es una virtud que se vive activamente. Es un amor ordenado, donde nuestras acciones y pensamientos están alineados con la voluntad de Dios. Ser casto significa que has elegido amar de una manera que respeta a la otra persona y a ti mismo, como hijos de Dios. Este es un amor que se sacrifica, que ve el bien del otro como su primer objetivo.


La castidad, al final del día, es una forma de amar más profundamente. Y sí, a veces puede ser difícil, pero recuerda que Dios nunca nos pide más de lo que podemos manejar. Con su ayuda, con los sacramentos, y con una vida de oración, puedes vivir en pureza y encontrar en ello una gran alegría y libertad.

Espero que estos consejos te sean de ayuda y que te den una base sólida para comenzar a trabajar en este aspecto de tu vida. ¡Recuerda que Dios está contigo en cada paso del camino, y yo también estoy aquí para acompañarte en lo que necesites!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Cómo se vive la castidad dentro del matrimonio?

                 

¡Hola! Qué gusto poder charlar contigo sobre este tema tan bonito y profundo. Vamos a platicar de la castidad en el matrimonio, pero antes que nada, dejemos claro que la castidad no es lo mismo que la abstinencia. La castidad se trata de vivir la sexualidad de una manera ordenada y llena de amor, de acuerdo con el plan de Dios para nosotros. Así que no es simplemente evitar algo, sino vivir de una manera que realmente nos llene y nos acerque más a nuestra pareja y a Dios.

La base de la castidad: Amor y respeto

En el matrimonio, la castidad tiene todo que ver con el amor y el respeto mutuo. San Pablo nos dice en su carta a los Efesios: "Maridos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella" (Efesios 5, 25). Aquí, San Pablo nos está diciendo que el amor matrimonial debe ser un reflejo del amor de Cristo, un amor sacrificial, generoso y puro.

Amar a tu cónyuge de esta manera significa poner siempre su bien por encima de tus propios deseos. Y eso incluye el aspecto sexual. La castidad en el matrimonio implica que ambos cónyuges se esfuercen por buscar el bien del otro, también en lo que respecta a su vida sexual.

La donación total

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que la sexualidad en el matrimonio debe ser una "donación total" (CIC 2337-2350). Esto significa que cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, están haciendo una promesa de darse completamente el uno al otro. Esto no es solo un compromiso físico, sino también emocional y espiritual.

La donación total significa que ambos se entregan con sinceridad y sin reservas. Significa que durante el acto sexual no solamente están entregándose sus cuerpos, sino sus almas mutuamente, su amor, es una entrega de toda la dimensión de la persona. Es una entrega que no busca utilizar al otro para satisfacer deseos egoístas, sino que busca compartir el amor de manera auténtica y plena. Esto es esencial para vivir la castidad dentro del matrimonio.

Comunicación abierta y sincera

Para vivir la castidad en el matrimonio, es crucial tener una comunicación abierta y sincera. No hay nada más importante que poder hablar honestamente con tu pareja sobre tus sentimientos, deseos y límites. A veces, hablar de temas sexuales puede ser incómodo, pero es necesario para construir una relación fuerte y basada en la confianza.

Hablar sobre tus expectativas y necesidades puede ayudar a evitar malentendidos y conflictos. Además, es una forma de mostrar respeto por tu pareja y de trabajar juntos para vivir la castidad de una manera que ambos se sientan cómodos y amados.

La castidad y la apertura a la vida

La castidad en el matrimonio también está relacionada con la apertura a la vida. La Iglesia enseña que el acto conyugal tiene dos significados: unitivo y procreativo. Es decir, une a los esposos y también está abierto a la posibilidad de la procreación (CIC 2366-2379).

Esto significa que los esposos deben estar abiertos a la vida y ver la sexualidad como un regalo que puede dar frutos. Usar métodos anticonceptivos artificiales va en contra de esta visión, ya que cierran la puerta a la posibilidad de la vida y no respetan el diseño natural de Dios para la sexualidad humana.

El valor de la continencia periódica

La Iglesia propone la continencia periódica, es decir, los métodos naturales de planificación familiar, como una manera de vivir la castidad en el matrimonio. Estos métodos respetan el diseño natural del cuerpo y requieren una gran comunicación y cooperación entre los esposos.

La continencia periódica implica abstenerse de relaciones sexuales durante los periodos fértiles si los esposos deciden posponer un embarazo por razones serias. Esto puede ser un reto, pero también puede fortalecer la relación, ya que requiere disciplina, sacrificio y mucho amor.

Castidad y la lucha contra la tentación

Vivimos en un mundo lleno de tentaciones, y la castidad en el matrimonio no es una excepción. Las tentaciones pueden venir en muchas formas: la pornografía, la infidelidad emocional o física, y otros comportamientos que no respetan la dignidad de la pareja ni la santidad del matrimonio.

Para luchar contra estas tentaciones, es fundamental mantener una vida de oración y recurrir a los sacramentos. La Eucaristía y la confesión son fuentes de gracia que nos fortalecen y nos ayudan a vivir según la voluntad de Dios. Además, es importante buscar apoyo en la comunidad, ya sea en grupos de matrimonios, amigos de confianza o un director espiritual.

La gratificación diferida

La castidad en el matrimonio también nos enseña el valor de la gratificación diferida. En lugar de buscar satisfacción inmediata, los esposos aprenden a esperar y a valorar el sacrificio. Esto puede enriquecer la relación y hacer que los momentos de intimidad sean más significativos y llenos de amor.

El Papa Juan Pablo II habló mucho sobre esto en su Teología del Cuerpo, señalando que el dominio de uno mismo y el respeto por el otro en el matrimonio son esenciales para vivir una sexualidad plena y auténtica. Este enfoque nos ayuda a crecer en virtud y a fortalecer nuestra relación con nuestra pareja y con Dios.

La belleza de la castidad matrimonial

La castidad en el matrimonio no es una carga, sino una manera hermosa de vivir la vocación matrimonial. Es una forma de amar que es respetuosa, generosa y abierta a la vida. Cuando los esposos viven la castidad, están construyendo una relación basada en la confianza, el respeto y el amor verdadero.

Esto no significa que sea fácil. Requiere esfuerzo, sacrificio y, a veces, luchar contra nuestras propias debilidades y tentaciones. Pero con la gracia de Dios y el apoyo mutuo, es posible vivir la castidad de una manera que enriquezca la relación y la haga más profunda y significativa.

La castidad: un camino hacia la santidad

Finalmente, la castidad en el matrimonio es un camino hacia la santidad. Al vivir nuestra sexualidad de acuerdo con el plan de Dios, estamos diciendo "sí" a su voluntad y "no" a las tentaciones del mundo. Estamos eligiendo vivir de una manera que refleje el amor de Cristo y nos acerque más a Él.

En resumen, vivir la castidad dentro del matrimonio es un desafío, pero es un desafío hermoso que vale la pena. Es una forma de amar que respeta y honra a nuestra pareja y que nos ayuda a crecer en santidad. Con la ayuda de Dios y el apoyo de nuestra comunidad, podemos vivir la castidad de una manera que nos llene de alegría y nos acerque más a nuestro cónyuge y a nuestro Señor.

Espero que esta charla te haya sido útil y te anime a vivir la castidad en tu matrimonio de una manera que te llene de amor y paz. ¡Que Dios te bendiga a ti y a tu pareja en este hermoso camino!

Pregúntale al Padre: ¿Por qué la Iglesia se empeña tanto en regular la sexualidad de las personas?

 

Qué bueno que me hayas preguntado esto, es un tema que a veces se malinterpreta y puede parecer que la Iglesia está ahí solo para ponernos reglas y restricciones. Pero no es así, ¡te lo aseguro! La Iglesia, más que regular nuestra sexualidad, busca guiarnos hacia una vida plena y feliz, tal como Dios la diseñó.

Primero, déjame contarte un poco sobre la idea de la revelación divina. La Iglesia Católica cree que Dios, en su amor infinito, ha querido revelarnos su plan para nosotros a través de las Sagradas Escrituras y la Tradición. Esta revelación no es otra cosa que una guía para vivir de una manera que nos lleve a la felicidad verdadera y eterna. Y sí, dentro de esta revelación, hay enseñanzas específicas sobre la sexualidad humana.

La sexualidad es un don maravilloso de Dios. Es una parte integral de quienes somos como personas y tiene un propósito profundo en su diseño. En la Biblia, especialmente en el Génesis, vemos que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza y les dio la capacidad de ser co-creadores con Él al dar vida. Génesis 1,27-28 dice: "Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: 'Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla'". ¡Qué increíble es pensar que participamos en el acto creador de Dios!

La Iglesia enseña que la sexualidad tiene dos propósitos principales: la unión y la procreación. Estos dos aspectos están entrelazados de manera que no pueden separarse sin perder el significado pleno de lo que es el amor conyugal. La unión se refiere a la comunión total de las personas, no solo en un sentido físico, sino también emocional y espiritual. Es un donarse completamente al otro. San Pablo lo expresa muy bien en Efesios 5,31-32, donde dice: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este misterio es grande; pero yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia".

El segundo propósito, la procreación, es la apertura a la vida. Cada acto conyugal debe estar abierto a la posibilidad de la vida, porque es así como reflejamos el amor generoso y creativo de Dios. Esto no significa que cada acto sexual deba resultar en un hijo, sino que no debemos cerrar la puerta a la vida de manera artificial. La encíclica Humanae Vitae del Papa Pablo VI, publicada en 1968, aborda esta enseñanza con mucha claridad. Allí se explica que cualquier acto conyugal debe respetar las leyes naturales de Dios y estar abierto a la transmisión de la vida.

Ahora, hablemos un poco sobre la castidad y la pureza. A veces estas palabras pueden sonar anticuadas o difíciles de entender, pero son fundamentales para comprender la visión de la Iglesia sobre la sexualidad. La castidad no es simplemente la abstinencia sexual, sino una virtud que nos ayuda a vivir nuestra sexualidad de acuerdo con nuestro estado de vida. Para los solteros, significa abstinencia, pero para los casados, significa ser fieles y vivir la sexualidad dentro del matrimonio de manera que refleje el amor de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) tiene mucho que decir sobre esto. En el número 2337, se define la castidad como "la integración lograda de la sexualidad en la persona". No se trata de reprimir nuestros deseos, sino de ordenarlos de manera que nos lleven a una vida de amor auténtico. La pureza, por otro lado, es mantener nuestro corazón y mente libres de todo lo que pueda degradar nuestra dignidad como hijos de Dios. Jesús mismo nos llama a esto en el Sermón de la Montaña cuando dice: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mateo 5,8).

Sé que a veces puede parecer que las enseñanzas de la Iglesia son difíciles de seguir, especialmente en un mundo que a menudo tiene una visión muy diferente de la sexualidad. Pero debemos recordar que estas enseñanzas no son arbitrarias ni están destinadas a hacernos la vida más difícil. Al contrario, están ahí para ayudarnos a vivir de una manera que nos lleve a la verdadera felicidad y realización.

El mundo nos dice que la libertad es hacer lo que queramos cuando queramos, pero la verdadera libertad es poder elegir el bien, vivir en la verdad y amar de manera auténtica. La libertad que nos ofrece Cristo es una libertad que nos libera del pecado y nos capacita para vivir plenamente. Como dice San Juan en su Evangelio: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8,32).

Entonces, ¿por qué la Iglesia se empeña tanto en "regular" la sexualidad? Porque ha recibido una revelación que debe conservar y defender, una revelación que nos muestra el camino hacia la verdadera felicidad. En esta revelación hay reglas claras sobre la sexualidad humana que nos llaman a la castidad, la pureza y a vivir nuestra sexualidad de manera abierta a la vida. No se trata de imponernos cargas pesadas, sino de guiarnos hacia una vida de amor verdadero y libertad.

Espero que esto te ayude a entender mejor la posición de la Iglesia. Y recuerda, la Iglesia está aquí para acompañarte, no para juzgarte. Todos estamos en este camino juntos, tratando de vivir de la mejor manera posible según el plan de Dios. ¡No dudes en seguir preguntando y buscando respuestas, que estamos aquí para caminar contigo!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿El demonio puede tomar forma de mujer para tentar a los hombres al pecado de lujuria?


En cuanto a la posibilidad de que el demonio tome forma humana, incluyendo la forma de mujer, la enseñanza de la Iglesia nos lleva a considerar varios aspectos.

En primer lugar, es importante recordar que el demonio es un ser espiritual, un ángel caído, y como tal no tiene un cuerpo físico propio. Sin embargo, la tradición y la enseñanza de la Iglesia nos indican que los demonios tienen la capacidad de influir en el mundo material, incluyendo la capacidad de influir en nuestras percepciones y emociones.

La Biblia nos ofrece ejemplos de manifestaciones demoníacas que podrían interpretarse como la toma de formas humanas. Por ejemplo, en el Evangelio según San Marcos, Jesús exorciza a un hombre poseído por una legión de demonios, quienes luego poseen una piara de cerdos (Marcos 5,1-20). Aunque este relato no implica específicamente una toma de forma humana por parte de los demonios, sugiere que tienen la capacidad de interactuar con el mundo material de diversas maneras.

En la tradición cristiana, también encontramos relatos de personas que afirmaron haber experimentado encuentros con demonios que tomaban formas humanas para tentarlas o engañarlas. Estas experiencias, aunque no son doctrinales, han influido en la creencia popular sobre la capacidad del demonio para tomar formas humanas.

Sin embargo, es importante ser cautelosos al interpretar tales experiencias y relatos. La Iglesia nos enseña que el demonio es un mentiroso y engañador, y puede utilizar cualquier medio para desviarnos del camino de la verdad y el bien. Por lo tanto, es posible que algunas experiencias de encuentros con demonios en formas humanas sean ilusiones o engaños del demonio mismo.

Cuando consideramos la posibilidad de que el demonio tome forma humana para tentarnos, es crucial recordar el llamado a la castidad como una defensa contra las tentaciones del mal. La lujuria, en particular, es una tentación poderosa que puede distorsionar nuestra percepción del amor y la sexualidad, llevándonos a buscar la satisfacción egoísta de nuestros deseos en lugar del verdadero amor que busca el bien del otro.

San Pablo nos exhorta en su primera carta a los Tesalonicenses: "Pues esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo en santidad y honor" (1 Tesalonicenses 4,3-4). Aquí vemos claramente el llamado a vivir una vida de castidad y pureza, honrando nuestros cuerpos como templos del Espíritu Santo y evitando cualquier forma de inmoralidad sexual.

En un mundo donde la sexualidad se ha trivializado y se ha reducido a un mero acto físico, la castidad se convierte en un testimonio poderoso de nuestro compromiso con el amor auténtico y el respeto mutuo. La castidad nos ayuda a cultivar relaciones basadas en el verdadero amor y la verdadera intimidad, en lugar de la mera satisfacción de nuestros deseos pasajeros.

Por lo tanto, al enfrentarnos a la posibilidad de ser tentados por el demonio en cualquier forma, ya sea humana o de otra manera, recordemos la importancia de vivir una vida de castidad y pureza. La castidad no solo nos protege de las tentaciones del mal, sino que también nos permite vivir en comunión con Dios y con los demás de una manera auténtica y plena.

En última instancia, la mejor defensa contra las influencias del demonio, ya sea en forma humana u otra, es una vida de fe, oración y virtud. La oración nos conecta con Dios y nos fortalece en la lucha espiritual. La fe nos ayuda a discernir la verdad y a resistir las tentaciones del demonio. Y la práctica de la virtud, especialmente la virtud de la castidad y la pureza, nos ayuda a vivir de acuerdo con el plan de Dios para nuestras vidas y a resistir las tentaciones del pecado.

Por lo tanto, si alguna vez te encuentras en una situación en la que crees estar enfrentando la influencia de un demonio, recuerda recurrir a la oración, buscar el consejo de un sacerdote o un guía espiritual, y confiar en la protección y la gracia de Dios para ayudarte a resistir el mal. Con la ayuda de Dios y la fortaleza de tu fe, puedes vencer cualquier tentación y vivir una vida de santidad y pureza.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Hay posiciones sexuales prohibidas por la biblia o por la Iglesia para los matrimonios?



Abordar este tema de manera completa y comprensiva es esencial para proporcionar orientación y aclarar malentendidos.

La pregunta sobre si existen posiciones sexuales prohibidas por la Biblia o la Iglesia para los matrimonios es un tema delicado y complejo. La respuesta a esta pregunta no se encuentra en una lista detallada de posiciones sexuales específicas, ya que la Biblia y la Iglesia no proporcionan una enumeración exhaustiva de prácticas sexuales. En cambio, la enseñanza de la Iglesia y la moral sexual se basan en principios fundamentales que están diseñados para guiar la sexualidad dentro del contexto del matrimonio cristiano.

Para abordar este tema, primero consideremos algunos de los principios fundamentales que rigen la moral sexual en la enseñanza católica. Luego, exploraremos cómo se aplican estos principios a la intimidad sexual en el matrimonio.

1. El propósito del sexo según la Biblia y la Iglesia:

La Biblia nos enseña que el sexo fue creado por Dios con un propósito específico: ser una expresión de amor y unidad entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio. Génesis 2,24 establece: "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne". Esta es la base de la comprensión católica del matrimonio como una unión indisoluble entre un hombre y una mujer.

2. El respeto mutuo y el consentimiento son esenciales:

La enseñanza de la Iglesia enfatiza que cualquier actividad sexual debe ser mutuamente consentida y libre de coerción o violencia. El respeto hacia la dignidad de la persona es fundamental en cualquier actividad sexual.

3. La apertura a la vida es importante:

La Iglesia católica enseña que el acto sexual debe estar abierto a la posibilidad de la procreación. Si bien los métodos naturales de regulación de la fertilidad son permitidos, los métodos artificiales que buscan bloquear permanentemente la procreación se consideran contrarios a la enseñanza católica.

4. La castidad conyugal es un principio clave:

La Iglesia enfatiza la importancia de la castidad dentro del matrimonio. La castidad conyugal implica la moderación y la virtud en la vida sexual, evitando la explotación del otro cónyuge y viviendo la intimidad sexual de manera ordenada y moral.

5. La comunicación y la comprensión mutua son esenciales:

El diálogo abierto y la comprensión mutua entre los cónyuges son fundamentales para asegurarse de que las prácticas sexuales sean una expresión adecuada de amor y unidad en el matrimonio.

Dicho esto, la Iglesia católica no proporciona una lista específica de posiciones sexuales permitidas o prohibidas. Más bien, se centra en los principios morales que guían la sexualidad en el matrimonio. La razón de esto es que la intimidad sexual es una parte íntima y personal de la vida conyugal y no debe ser objeto de regulaciones minuciosas desde una autoridad externa. En cambio, se espera que las parejas casadas vivan su vida sexual dentro del marco de estos principios generales de la moral sexual.

La clave para una vida sexual sana y moral en el matrimonio, desde la perspectiva de la Iglesia católica, es que las prácticas sexuales sean mutuamente consentidas, respetuosas, y estén en conformidad con los principios generales de la enseñanza moral. El acto sexual debe ser una expresión de amor y unión entre esposo y esposa, vivido con castidad conyugal y con apertura a la vida.

Es importante reconocer que las preferencias y prácticas sexuales pueden variar entre las parejas, y la Iglesia no busca dictar detalles específicos sobre las prácticas sexuales en la vida de las parejas casadas. Más bien, se espera que las parejas casadas discutan y acuerden lo que es mutuamente satisfactorio y respetuoso dentro del marco de su matrimonio.

Si tienes preguntas específicas sobre prácticas sexuales en tu vida matrimonial o si estás buscando orientación en este tema, te animo a hablar con un sacerdote o un consejero católico de confianza. Están capacitados para proporcionar orientación pastoral y espiritual que sea coherente con la enseñanza de la Iglesia. La Iglesia católica reconoce la importancia de la vida conyugal y busca apoyar a las parejas en su viaje hacia la santidad y la felicidad en el matrimonio.

Autor: Padre Ignacio Andrade

¿Por qué el autoerotismo es pecado si no le hago daño a nadie?


Para abordar esta cuestión con la profundidad que merece, es necesario comprender la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la sexualidad, el pecado y la moralidad, y cómo se aplica a situaciones como esta.

La Enseñanza de la Iglesia Católica sobre la Sexualidad y el Propósito de la Sexualidad:

La Iglesia Católica enseña que la sexualidad es un don de Dios y que tiene un propósito intrínseco dentro del plan divino. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) establece que la sexualidad es un componente fundamental de la persona humana y que está destinada a expresar el amor y la unidad entre un hombre y una mujer en el contexto del matrimonio. El CIC, en el párrafo 2331, dice:

"Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen [...] Dios inscribió en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y así también la capacidad y la responsabilidad, del amor y de la comunión."

Esto significa que la sexualidad tiene un propósito orientado hacia el amor y la unión entre esposo y esposa, y la apertura a la vida en el contexto de la familia.

El Acto Sexual y su Significado:

El acto sexual es visto por la Iglesia como un acto que debe ser expresión de amor, unidad y apertura a la vida. Esta es la base de la enseñanza católica sobre la moralidad sexual. Cuando se utiliza la sexualidad fuera de este contexto, la Iglesia considera que se pervierte el significado y el propósito del acto sexual.

La Enseñanza sobre el Pecado y la Moralidad:

En la tradición católica, el pecado es visto como cualquier acción que va en contra del plan de Dios o de su ley moral. La moralidad se basa en la ley natural, que es la ley moral inscrita en la naturaleza humana por Dios y que se puede discernir mediante la razón.

En el caso del auto-erotismo o la masturbación, la Iglesia lo considera un acto que va en contra de la ley moral porque se emplea la sexualidad fuera del contexto de amor, unidad y apertura a la vida que se mencionó anteriormente. La masturbación se considera un acto egoísta y autocentrado que no respeta el propósito y el significado de la sexualidad según la enseñanza católica.

El Principio de la Responsabilidad Moral:

En la moral católica, la responsabilidad moral se basa en el entendimiento de que cada acto tiene un valor moral que se deriva de la intención, las circunstancias y la naturaleza del acto en sí. Es importante comprender que, en la moral católica, no solo se evalúa si se hace daño a otra persona directamente, sino también si el acto es coherente con la ley moral y el propósito de la sexualidad.

En el caso de la masturbación, la Iglesia considera que, aunque no cause daño directo a otra persona, es un acto que va en contra del orden moral y del propósito divino de la sexualidad, y, por lo tanto, se considera un pecado.

La Lucha contra las Tendencias y el Discernimiento Personal:

La Iglesia comprende que las personas pueden enfrentar luchas y desafíos en su vida moral, incluyendo la esfera sexual. La enseñanza católica destaca la importancia del discernimiento personal y la lucha contra las tendencias pecaminosas. La Iglesia anima a las personas a buscar la gracia de Dios a través de la oración, el sacramento de la reconciliación (confesión) y el crecimiento espiritual para superar las luchas morales.

El Respeto a la Dignidad Humana:

Es fundamental recordar que la Iglesia Católica enseña que todas las personas tienen una dignidad intrínseca y un valor inalienable, independientemente de sus acciones. La enseñanza sobre el pecado no debe interpretarse como un juicio sobre la valía de una persona. La Iglesia busca guiar a las personas hacia el camino del amor, la unidad y la santidad de acuerdo con su comprensión de la ley moral.

El Camino hacia la Santificación:

La enseñanza católica es un llamado a vivir de acuerdo con el plan divino y a buscar la santidad. Esto implica reconocer que todos somos pecadores en necesidad de la misericordia de Dios y que el camino de la santificación implica esfuerzo y conversión constante. La Iglesia está ahí para acompañar a las personas en su camino hacia la santidad y para ofrecer los sacramentos, como la reconciliación, como un medio para experimentar el perdón y la gracia de Dios.

Así que, para hacer un recuento de lo que hemos dicho hasta aquí, podemos decir que la enseñanza de la Iglesia Católica sobre el auto-erotismo o la masturbación se basa en su comprensión de la sexualidad humana como un don divino con un propósito específico: la expresión del amor, la unidad y la apertura a la vida en el contexto del matrimonio. Cuando se utiliza la sexualidad fuera de este contexto, la Iglesia lo considera un acto que va en contra de la ley moral y, por lo tanto, un pecado. El enfoque de la Iglesia es mantener la integridad y el significado del acto sexual de acuerdo con su comprensión de la moralidad sexual. La responsabilidad moral no se limita solo a hacer daño a otra persona, sino que también se relaciona con la coherencia con la ley moral y el propósito divino de la sexualidad. La Iglesia anima a las personas a buscar la gracia de Dios y el camino de la santificación a través del arrepentimiento, la oración y la recepción de los sacramentos. La enseñanza sobre el pecado no debe interpretarse como un juicio sobre la valía de una persona, sino como una guía para vivir de acuerdo con el plan de Dios y su ley moral.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Es pecado ir de vacaciones con mi novia y dormir en el mismo cuarto?


En primer lugar, la Biblia nos enseña que debemos vivir una vida de pureza y castidad. El apóstol Pablo nos exhorta en su carta a los Tesalonicenses (4,3-5): "La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, no dominado por los malos deseos como lo hacen los paganos que no conocen a Dios". Estas palabras nos invitan a vivir en pureza y a evitar cualquier forma de inmoralidad sexual.

El Catecismo de la Iglesia Católica también nos recuerda la importancia de la castidad. En el párrafo 2337 se afirma: "La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona y, por eso, en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual". Esto implica que debemos vivir nuestra sexualidad de acuerdo con el plan de Dios, que nos llama a la castidad antes del matrimonio.

El matrimonio es el sacramento en el que un hombre y una mujer se unen en una relación de amor y fidelidad para toda la vida. Antes del matrimonio, debemos vivir en castidad y evitar cualquier forma de intimidad sexual. El Catecismo, en el párrafo 2390, nos recuerda que "la castidad exige un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana". Esto significa que debemos aprender a controlar nuestros deseos y a vivir en pureza, incluso en situaciones que pueden ser tentadoras.

Ir de vacaciones con la novia y dormir en el mismo cuarto puede poner a la pareja en una ocasión de pecado. La cercanía física y la intimidad compartida pueden despertar deseos y tentaciones sexuales que van en contra de la enseñanza de la Iglesia. El Catecismo, en el párrafo 2353, nos recuerda que "la fornicación es la unión carnal fuera del matrimonio". Esto implica que cualquier forma de intimidad sexual antes del matrimonio es considerada como un pecado.

La Patrística también nos ofrece enseñanzas importantes sobre la pureza y la castidad. San Agustín, por ejemplo, nos habla sobre la importancia de evitar las ocasiones de pecado. En su obra "La Ciudad de Dios", escribió: "Huid de las ocasiones, si no queréis caer en el peligro". Esto implica que debemos evitar situaciones que puedan ponernos en tentación y nos alejen del camino de la virtud.

Además, debemos recordar que el cuerpo es templo del Espíritu Santo. El apóstol Pablo nos enseña en su primera carta a los Corintios (6,18-20): "Huid de la inmoralidad sexual. Cualquier otro pecado que una persona cometa, está fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales, peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren a Dios con su cuerpo".

Esto nos muestra la importancia de cuidar nuestro cuerpo y vivir en pureza, evitando cualquier forma de inmoralidad sexual. Ir de vacaciones con la novia y dormir en el mismo cuarto puede poner en peligro la pureza y la castidad, y alejarnos de la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Es importante recordar que el pecado no solo se trata de nuestras acciones externas, sino también de nuestros pensamientos y actitudes internas. La tentación y el deseo sexual son naturales, pero debemos aprender a controlarlos y a vivir en pureza. Jesús nos enseñó en el Evangelio de Mateo (5,27-28): "Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón".

Ir de vacaciones con la novia y dormir en el mismo cuarto puede poner a la pareja en una situación tentadora y alejarlos del camino de la virtud. En lugar de ello, les animo a buscar actividades y lugares que promuevan la pureza y el respeto mutuo.

Si la pareja está comprometida en un camino de crecimiento espiritual y desea vivir en pureza, pueden considerar otras opciones, como dormir en habitaciones separadas o buscar alojamientos que ofrezcan habitaciones separadas. Esto les ayudará a evitar las ocasiones de pecado y a vivir en conformidad con la enseñanza de la Iglesia.

En conclusión, ir de vacaciones con la novia y dormir en el mismo cuarto puede ser considerado como una ocasión de pecado, ya que puede despertar deseos y tentaciones sexuales que van en contra de la enseñanza de la Iglesia. La Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica y las enseñanzas de los Padres de la Iglesia nos llaman a vivir en pureza y castidad, evitando cualquier forma de inmoralidad sexual antes del matrimonio. Debemos aprender a controlar nuestros deseos y a buscar actividades y lugares que promuevan la pureza y el respeto mutuo. Al hacerlo, podemos vivir en conformidad con la voluntad de Dios y construir relaciones basadas en el amor verdadero y la fidelidad.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Es pecado salir a cenar con un amigo si tengo novio?


Para abordar esta cuestión de manera adecuada, es importante recurrir a la sabiduría y las enseñanzas de la Biblia y el Catecismo de la Iglesia Católica.

En primer lugar, es fundamental recordar que el Catecismo de la Iglesia Católica no aborda específicamente la cuestión de salir a cenar con un amigo mientras se tiene una relación de noviazgo. Sin embargo, podemos encontrar principios generales en la Escritura y la tradición de la Iglesia que nos pueden guiar en nuestra toma de decisiones.

En el contexto de las relaciones humanas, la Biblia nos enseña a amar y respetar a los demás, y a vivir nuestras vidas de manera virtuosa. Jesús nos enseñó el mandamiento del amor, que implica amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22,37-40). La virtud de la caridad nos llama a actuar con amor, benevolencia y respeto hacia los demás.

En el ámbito de las relaciones sentimentales y de pareja, la Biblia también nos ofrece principios claros. En el libro de Génesis, se nos muestra que Dios creó a la mujer para que el hombre no estuviera solo y que ambos se convirtieran en una sola carne (Génesis 2,18-24). Esto nos muestra que las relaciones de pareja están diseñadas para ser exclusivas y comprometidas, con el objetivo de formar una comunión de amor y respeto mutuo.

El sexto mandamiento, "No cometerás adulterio" (Éxodo 20,14), nos recuerda que la sexualidad y las relaciones afectivas tienen un lugar apropiado dentro del matrimonio. Fuera del matrimonio, la Iglesia enseña que las relaciones sexuales y la intimidad deben ser reservadas exclusivamente para el matrimonio entre un hombre y una mujer. Sin embargo, la situación que planteas no implica necesariamente una transgresión directa del sexto mandamiento.

En cuanto a la amistad, la Biblia nos presenta ejemplos positivos de amistades y nos exhorta a tener amigos fieles y verdaderos. Jesús mismo dijo: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Juan 15,13). La amistad es una relación importante y valiosa en la vida de una persona, y es natural y saludable tener amigos.

Dicho esto, es fundamental considerar la intención y las circunstancias de la situación que planteas. ¿Cuál es la naturaleza de tu amistad con esta persona con la que deseas salir a cenar? ¿Es una amistad puramente sin ninguna clase de segundas intenciones, o hay algún tipo de atracción romántica o emocional? ¿Cómo se sentiría tu novio acerca de esta salida? Estas son preguntas importantes que debes reflexionar y considerar.

En cualquier relación, ya sea de amistad o de pareja, es fundamental cultivar la confianza, la comunicación y el respeto mutuo. 

Si estás en una relación comprometida con tu novio, es esencial que respetes los límites y las expectativas que ambos han establecido. La fidelidad y la lealtad son valores importantes en una relación amorosa. Por lo tanto, es importante que consideres cómo esta salida a cenar con tu amigo puede afectar la confianza y la seguridad emocional de tu novio.

La comunicación abierta y honesta con tu novio es fundamental en esta situación. Habla con él sobre tus intenciones y sobre la naturaleza de tu amistad con esta persona. Asegúrate de escuchar sus sentimientos y preocupaciones. Juntos, podrán establecer límites claros y tomar decisiones informadas acerca de lo que es apropiado en su relación.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña sobre la importancia de la virtud de la castidad en todas las etapas de la vida. La castidad implica vivir nuestra sexualidad de manera integrada y adecuada a nuestra vocación y estado de vida. En el contexto del noviazgo, la castidad implica vivir la pureza y la moderación en nuestras relaciones afectivas y sexuales.

La virtud de la castidad nos llama a ser responsables y prudentes en nuestras acciones y decisiones. Esto implica evaluar cuidadosamente nuestras motivaciones y las consecuencias de nuestras acciones. Si la salida a cenar con tu amigo puede generar tentaciones, poner en riesgo la fidelidad a tu novio o comprometer la pureza de tu relación, sería prudente reconsiderar esa decisión.

En última instancia, como católicos, buscamos vivir nuestras vidas de acuerdo con la voluntad de Dios y los principios de nuestra fe. A través de la oración y la reflexión, podemos discernir qué es lo mejor en cada situación y buscar la guía del Espíritu Santo.

Recuerda que, como sacerdote, estoy aquí para brindar orientación y apoyo en tu camino espiritual. Si tienes más preguntas o inquietudes, no dudes en compartirlas. La Iglesia y su tradición están disponibles para ayudarnos a vivir una vida plena y virtuosa.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Cuál es la diferencia entre castidad y celibato?


El celibato es un estado de vida y la castidad es una virtud para cualquier estado de vida.
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Para comenzar, hay que decir que el celibato es un estado de vida y la castidad es una virtud que ha de vivirse en cualquier estado de vida, incluido el celibato. El célibe es la persona que vive el celibato por una decisión personal civilmente o por una vocación especial de consagración también religiosamente. 

Es cierto que el estado celibatario en el ámbito civil no siempre es fruto de una plena decisión personal, sino que puede ser fruto de algunas circunstancias o incluso imposiciones de índole sociales, culturales o incluso biológicas. 

En la vida cristiana la opción por el celibato es siempre un don de Dios y quien lo recibe está llamado a acogerlo como tal, a custodiarlo y a ponerlo al servicio del Reino (Mt 19,12). 

Son célibes los que se consagran en la vida religiosa bajo una carisma y estilo de vida particulares, convirtiéndose en signos del Reino de Dios en medio del mundo; son célibes los sacerdotes de rito latino y algunos de rito oriental; son célibes también muchos fieles que se siente llamados a esta condición de vida sin alguna consagración particular, ya que no todos son llamados a la vida matrimonial, que es también una vocación específica. 

Por otra parte, la castidad es la integración de la sexualidad de la persona en su ser corporal y espiritual, y como virtud cristiana debe ser practicada por todos, tanto célibes como casados, incluidos los novios y personas homosexuales.  Es parte de la templanza, virtud cardinal que consiste en moderar la atracción de los placeres y procurar el equilibrio de los bienes creados. Por tanto, la castidad no es simplemente “no tener sexo”, sino que consiste en respetar el propio cuerpo y el de los demás mediante el dominio de sí y de la propia libido, de tal manera que la práctica sexual exprese el don de sí y no el deseo egoísta del propio placer. 

En última instancia, el ejercicio de la castidad, como cualquier virtud, está animando e inspirado por el amor, que es la virtud teologal de la caridad.

Por P. Sergio Armando González*

*Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Gregoriana. Actualmente es formador del Seminario en la comunidad de San Pedro Apóstol en Tlalpan.

“Queremos esperar al matrimonio”: No se han dado ni un solo beso pese a llevar dos años de relación



La pareja tomó la decisión por las creencias cristianas que ambos comparten y se sienten felices con ello. “No significa que nos amemos menos y no hace que nuestra relación sea menos válida”, aseguró la chica.

Al estar en pareja, la mayoría hace cosas similares, ya sea tomarse de la mano, pasar tiempo juntos, abrazarse y darse besos, pero parece ser que esto último no es tan usual, ya que una pareja estadounidense asegura que, tras dos años de relación, jamás se han dado esa demostración de afecto.

Se trata de Kaytlin O’Neall, quien junto a su novio Drew Brown, decidieron que no se darán besos hasta llegar al matrimonio debido a sus creencias religiosas. Si bien ellos se encuentran tranquilos con este parecer, mucha gente en redes sociales los ha criticado, llegando incluso a cuestionar sus orientaciones sexuales. 

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Internautas sugieren que Drew podría ser gay, que en realidad ambos son solo amigos, o que son “amigos sin beneficios”, como indicó un usuario en TikTok. Pero nada de eso les importa a la pareja , ya que siguen fieles a sus ideales.

“Fuimos mejores amigos y luego nos enamoramos. Todo lo que hacemos es protegernos y esperar para algo más en el futuro. Quiero casarme con esta mujer con cada fibra de mi ser“, indicó el chico en un video que hicieron en TikTok para resolver algunas dudas que tenía la gente.

“Solo porque no nos besemos, no significa que nos amemos menos. No hace que nuestra relación sea menos válida. Así que para todos los que preguntan, esta es una decisión mutua”, agregó Kaytlin en la misma publicación.

Dando más detalles de cómo llegaron a eso, la joven mencionó que debido a su religión, ya había decidido no tener relaciones sexuales hasta que se casara, pero que no sabía qué hacer con otros aspectos de las relaciones románticas.

“Finalmente llegué a ‘No quiero besar’ porque quería guardar eso para mi futuro esposo. Miré los besos, y siempre lo he visto como algo muy íntimo, y para mí, personalmente, sentí que no era algo que tenía que ‘guardar’, pero quería hacerlo”, manifestó.

Kaytlin llegó a este parecer un año antes de comenzar su relación con Drew, por lo que tuvieron una conversación sobre las creencias personales de cada uno y ambos coincidían en todo.

“No necesitas tener una relación con los estándares de lo que el mundo dice que debe ser tu relación. Aún así puede ser feliz, equilibrada y próspera“, concluyó la joven.

OMS advierte que 98% de los casos de la viruela del mono provienen de relaciones homosexuales; les piden reducir número de parejas sexuales.



El pasado sábado la Organización Mundial de la Salud declaró la viruela del mono como «una emergencia de salud pública de interés internacional».

Hasta la fecha, el organismo internacional ha informado que ya se han notificado más de 18.000 casos a la OMS en 78 países. Cinco casos han terminado con la muerte del contagiado.

«Este es un brote que se puede detener si los países, las comunidades y las personas se informan, toman los riesgos con seriedad y toman las medidas necesarias para detener la transmisión y proteger a los grupos vulnerables», dijo Tedros Adhanom, Director general de la OMS.

Una de las recomendaciones lanzadas por Tedros Adhanom ha sido pedir a «los hombres que tienen sexo con hombres, reducir el número de parejas sexuales, reconsiderar el sexo con nuevas parejas e intercambiar detalles de contacto con cualquier nueva pareja para permitir el seguimiento si es necesario».

«For men who have sex with men, this includes, for the moment, reducing your number of sexual partners, reconsidering sex with new partners, and exchanging contact details with any new partners to enable follow-up if needed»-@DrTedros #monkeypox https://t.co/KEMcDDdA2s

— World Health Organization (WHO) (@WHO) July 27, 2022

La OMS ha puesto el punto de mira en las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo como principal foco de contagio y expansión de la enfermedad.

Así mismo, el máximo responsable de la OMS ha reconocido que “el 98% de los casos hasta el momento son entre hombres que tienen sexo con hombres», aunque advierte que «cualquier persona expuesta puede contraer la viruela del mono, razón por la cual la OMS recomienda que los países tomen medidas para reducir el riesgo de transmisión a otros grupos vulnerables».

Homosexual y católico: «La Iglesia tiene razón, cuando pide la castidad”



La Iglesia tiene razón cuando pide la castidad. A nivel psicológico y humano antes que en el espiritual

Tras mi último post sobre el pequeño Charlie y el caso del psicoanalista Ricci, rompo el silencio y vuelvo a hablar de heridas de la identidad y, por lo tanto, de homosexualidad cuyas heridas son un posible «síntoma». (…) Son todavía muchos los que creen que viven situaciones similares a la mía y esperan saber que no están solos. Por eso, aquí estoy, nuevamente.

En estos dos años de encuentros y conferencias muchos me han pedido que escriba algo, un libro, un vademecum sobre el tema de la homosexualidad, que cuente mi experiencia para que sirva de guía para quien busca respuestas alternativas para sí mismo, o para ayudar a quien está cerca de quien vive una atracción por el mismo sexo, quizá también con propuestas pastorales. Probablemente tarde o temprano lo haré. Mientras tanto intento usar este blog para decir algunas cosas a nivel teórico, sin tener la pretensión de agotar todo el tema.

Antes de ir al grano, quisiera aclarar de una vez por todas en virtud de lo que puedo decir sobre estos temas. Dado que nadie, de cualquier manera, está obligado a escucharme.

La acusación que mis detractores me hacen a menudo es que no estoy cualificado para hablar de homosexualidad desde un punto de vista psicológico, ni de ningún otro punto de vista (a menos que sea para sostener el pensamiento dominante de «naciste así», naturalmente).

Tal acusación se declina en dos casos:

- Soy católico

- No tengo una licenciatura en Psicología

Hoy quisiera detenerme en el primero: según mis detractores, al ser católico, mi posición sobre la homosexualidad depende de una visión dogmática impuesta por la Iglesia, que yo asumí como verdadera y a la que he buscado uniformarme pasivamente.

Pasando por alto el hecho que no existe una persona en el mundo que no lea la realidad según un sistema de valores de referencia, y el hecho que el mío sea el católico no significa que esto me vuelva más parcial de quien quizá tiene como referencia la ideología comunista, el capitalismo, la religión islámica, el racionalismo o quién sabe qué otra cosa. El verdadero problema, en cualquier caso, más que en el sistema de referencia, debería ser el motivo por el que se adopta y con qué actitud. En otras palabras: ¿es verdad que yo apoyo la posición de la Iglesia de manera dogmática, es decir, como un hecho indiscutible?

No. Para nada. Y mi historia da testimonio de eso.

En mi vida me he permitido experimentar cada aspecto de mi homosexualidad, desde los peores hasta los mejores, sin que mi fe y lo que me decían que era bueno (pero que en ciertos momentos me parecía inalcanzable), me detuviera en esta total puesta en discusión de lo que me habían enseñado

En algunas épocas llegué a vivir a la luz del sol comportamientos abiertamente contrarios a lo que me pedía mi fe, a pesar de no renegar nunca de ella (y sin nunca tener la presunción de tener que ser «entendido» por la Iglesia, sólo porque no tenía la fuerza de responder a su propuesta, o de entenderla). He experimentado la vida gay, los locales, el sexo ocasional; pero también tuve relaciones «estables» (hasta donde se pueda llamar la estabilidad entre dos hombres con una relación de experiencia sexual), me enamoré, y asumí la responsabilidad de vivir una historia con una persona también a nivel sexual, aunque sabía que eso contrastaba con lo que pedía mi fe.

Viví la dependencia sexual y afectiva; pero también tuve la gracia de amar tanto a un hermano como para dejarlo ir, en el momento en que me di cuenta que era por su bien; odié mi orientación sexual hasta desear con todo mi corazón cambiarlo, y luego acogí mi atracción homosexual como parte de mi historia, hasta oponerme a cualquier cambio, incluso cuando me enamoré de una mujer; para llegar a hoy que entiendo que «el cambio» ni se persigue ni se obstaculiza, puesto que no es el centro de la cuestión.

Viví lo peor y lo mejor. Y todo sin dar por sentado nada. Me pregunté y pregunté a cientos y quizá miles de personas, sobre cómo vivían, sobre su historia, sobre cuán felices eran, yéndome a la cama con ellos o no. Hice (casi) todo tipo de práctica que antes me parecía impracticable; fui usado y usé a muchas personas; toqué fondo y resurgí, muchas veces. Y si bien no estoy orgulloso de muchas bajezas que hice, no reniego de ellas, pues cada una de ellas fue un paso para un camino auténtico en la búsqueda de mí mismo y de ese hombre que Dios tenía en mente cuando me creó.

Si por un lado es verdad que nunca dejé de creer que existía Dios, por otro muchas veces dudé del hecho que Él estuviera interesado en mí y me amara. Y cuando esto me pareció claro, nunca dejé de buscar un camino para vivir todo lo que era, fragilidades incluidas, con Él, más allá de las respuestas simplistas que a veces daban los curas y que no respondían a la totalidad de mis preguntas, a menudo castrantes.

Por eso, a la luz de todo esto, no se me puede decir que mi visión de las cosas sea dogmática.

Si el día de hoy digo esto, es sólo porque de cada una de estas experiencias, incluso las peores, aprendí algo que me mostraba una verdad irreprimible en el fondo de nosotros, que es la misma que defiende la Iglesia desde siempre: nuestra naturaleza no está definida por nuestros deseos, sino por nuestro cuerpo masculino y femenino, en términos biológicos, y en términos espirituales por nuestro ser hijos de Dios por el Espíritu Santo que este cuerpo lo habita.

Y si nuestro cuerpo, nuestra carne, dice una verdad sobre nosotros, definiéndonos como hombres o mujeres, dice también de manera evidente que dos personas del mismo sexo no están hechos para tener relaciones sexuales entre sí (eso no impide que se amen, si por amor entendemos la manera como Cristo nos ama: «dando la vida por sus amigos»).

Por lo tanto, sí, soy católico, pero para apoyar lo que dice mi Iglesia, he debido antes ponerlo en discusión radicalmente, para llegar luego a descubrir su bondad. Por favor, no digo que esta sea la mejor manera de hacerlo: no siempre tienes que intentar todo para saber qué está mal. Por el contrario, si aprendiéramos a confiar en la experiencia de quien ha vivido ciertas cosas, nos ahorraríamos muchos problemas. Digo sólo que en mi caso mi enfoque estuvo lejos de ser teórico, o basado en una fe ciega. Y de esto, para bien y para mal, tengo huellas en mí.

En una época en que, más que en ninguna otra, estamos llamados a dar razón de lo que creemos, yo he buscado esas razones humanas que soportaran lo que se me decía por la fe: que tener relaciones sexuales con otro hombre no me haría bien. De paso, esto es también lo que invitaría a hacer a quien se preocupa de una pastoral para quien tiene heridas de identidad: antes de soltar las armas frente al pensamiento dominante, como muchos sacerdotes y obispos están haciendo (en buena o mala fe), verificar si no existen respuestas humanas que den razón a lo que la Iglesia propone y dice sobre este argumento.

Porque las respuestas, hermanos míos, existen. Y si existen, quiere decir que no las hemos buscado lo suficiente.

Si hay algo que he aprendido, de hecho, es que todo lo que creemos a nivel espiritual, como cristianos, hunde sus raíces antes en nuestra humanidad. No existe fe en el mundo como el catolicismo que respete más la naturaleza humana en su integridad. Y esta correspondencia no se contradice cuando enfrentamos cosas desde el punto de vista científico (si hablamos de la verdadera ciencia: la que intenta entender la realidad, y no doblegarla a priori a sus teorías y especulaciones ideológicas).

En el fondo ¿cómo podría se de otra manera? ¿Podía un Dios que ha tomado completamente nuestra naturaleza humana contradecir su propia voluntad y el orden que Él mismo había creado? Y si todo lo que es cristiano es también profundamente humano, entonces todo lo que creemos que es bueno para la vida, debe tener en realidad, antes de una razón espiritual, una motivación humana y terrenal, que sea reconocible a nivel racional por cualquier hombre intelectualmente honesto, independientemente de su fe.

Y en esto la homosexualidad no es una excepción.

En un determinado momento de mi camino, de hecho, me fue dada la gracia de descubrir algunos elementos teóricos y científicos que soportaban de manera sólida lo que yo había comprobado en mi experiencia personal y en la de todos los hombres con quien me había topado: que la homosexualidad no es inmutable, tiene razones, y debe comprendida por todos los comportamientos que se le relacionan y que impiden tener una vida plenamente libre, más allá de los estrictamente sexuales. Esos estudios son, además, los únicos coherentes con la visión y la petición de la Iglesia.

Me refiero a la así llamada Teoría Reparativa, de la que quizá hablaré más específicamente en otra ocasión y de la cual el fallecido Joseph Nicolosi era uno de los padres.

¿Y sabes qué he descubierto una vez más? Que la Iglesia tiene razón, cuando pide la castidad, a quien tiene heridas en la identidad como todos. Tiene razón a nivel psicológico y humano antes que en el espiritual.

Tiene razón, aunque ni ella misma sabe el porqué.

Y lo desconoce tanto, que sus pastores han empezado a dudar del beneficio efectivo que una vida vivida según el Evangelio pudiera traer. Mientras que los demás buscaban justificaciones «científicas» o pseudo tales para vivir según los propios deseos de manera indiscriminada, la Iglesia no se preocupaba por entender por qué es realmente bueno para el ser humano hacerlo de otra manera, quizá por nostalgia de un mundo en que se hacían menos preguntas.

Por este motivo hoy quien cita el Catecismo sobre el tema de la homosexualidad es acusado de dogmatismo. Porque cuando se pregunta el porqué es bueno para una persona con tendencias homosexuales no escuchar lo que para ella parece un deseo instintivo de amor, la respuesta que más fácilmente se obtiene puede resumirse más o menos en un «porque sí».

A mí el «porque sí», como católico, nunca me ha bastado. Y es por eso que, como católico, me reservo el derecho de hablar.

El único «vicio» que me reconozco en este camino, es el de haber confiado en el hecho que un bien debía buscarse. Muchos frente al «porque sí», simplemente eligieron no fiarse más de quien los guiaba y su buena fe y se fueron a otras partes.

Si no te fías del hecho que quien te ama está buscando decirte algo por tu bien, entonces no buscarás ni siquiera entender las razones que él no sabe explicarte.

Por eso, sí, soy católico y hablo como católico. Sin embargo, mi ser católico está en la libertad y no se somete a su Iglesia, sino que establece una relación de filiación que prevé también el conflicto, pero que no permite que ese conflicto ponga en duda el amor, y en virtud de ese amor busca comprender a esa Iglesia que lo ama y que ama.

Soy libremente católico, ortodoxo, pero no dogmático, fiel a lo que Dios me da, pecador según mi naturaleza. Y por eso me siento libre de hablar y dar testimonio de que lo que comprobado, incluso a quien no me considera creíble para hacerlo.

Respecto a la segunda acusación que se me dirige: yo no tengo una licenciatura en psicología, ni hablaré en un segundo momento. Quería sólo hacerles saber que he vuelto y volveré a hablar, donde quiera que se me de la oportunidad.

A quien cree y a quien no, no dejen de buscar la Verdad.

Ustedes son maravillosos.

P.D.

Quien quiera contactarme para encuentros u otra cosa, por el momento estoy en el Veneto (Italia) y debe calcular la distancia. Después de siete años dejé mi Milán, ciudad extraordinaria que he querido mucho, y me cambié a Verona (por cuánto tiempo aún no lo se), siguiendo un impulso que espero que sea de Dios. Era por eso que hace meses había pedido oraciones. Gracias a quien me ha escuchado. Sigan rezando, para que yo entienda lo que se me pide y tenga la fuerza para hacerlo. Lo necesito, incesantemente.

¿Cuál es el pecado que lleva más personas al infierno? ¡La Virgen lo reveló!


¡La Virgen de Fátima reveló algo sobre el infierno! The Catholic Talk Show, es un programa radial abiertamente católico de los Estados Unidos. En uno de sus episodios, los locutores Ryan DellaCrosse, Ryan Scheel y el Padre Rich Pagano, hablaron sobre la relación entre la Iglesia y el sexo.

Hablaron de cómo los sacerdotes y fieles católicos en general tienen la responsabilidad de enseñar debidamente sobre el sexo según el Catecismo, con el objetivo de que las personas lo vivan correctamente.

Dentro del tema, empezaron a recordar una anécdota que tuvieron las pastorcitas Jacinta y Lucía después de estar con Nuestra Señora de Fátima. 

¿Qué pecado envía a la mayoría de la gente al infierno?

La anécdota narra que, después de que Nuestra Señora de Fátima mostró a los tres niños pastores (Lucía, Jacinta y Francisco) una visión aterradora del infierno, Jacinta le contó a Lucía el pecado que envía a la mayoría de la gente al infierno.

Jacinta le preguntó a su prima: “Lucía, ¿recuerdas cómo el corazón de nuestra Señora, cuando nos lo mostró, estaba siendo atravesado por las espinas?”.

Lucía respondió: “Seguramente sí… Simplemente significa que su corazón está herido por los pecados de las personas, y les está pidiendo que se arrepientan y que compensen sus pecados, para que Dios no tenga que castigarlos también. Ella no puede hacer que la gente sea buena. Ellos mismos deben querer ser buenos”.

Jacinta luego reveló que, según Nuestra Señora, “los pecados que causan que la mayoría de las almas vayan al infierno son los pecados de la carne”, o pecados contra la castidad.

Nuestra Señora de Fátima, ¡por favor, ora por un aumento por la virtud de la pureza!

El papa Francisco pide a las parejas que no tengan relaciones antes del matrimonio



El papa señaló que la Iglesia debe acercarse a las personas divorciadas y a las parejas que viven en unión libre

El papa Francisco ha pedido a las parejas que se abstengan de tener relaciones sexuales antes del matrimonio. El llamado fue hecho en un documento dirigido a la preparación religiosa de quienes van a casarse.

El pasado 15 de junio, se publicó el Itinerario catecumenal para la vida matrimonial del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, un documento sobre el acompañamiento que reciben las parejas desde las iglesias.

En el prefacio a este documento, el papa Francisco hizo un llamado a que las parejas se abstengan de las relaciones prematrimoniales.

“A la Iglesia no le debe faltar nunca el valor de proponer la preciosa virtud de la castidad”, escribió.

El papa también señaló que, desde su perspectiva, la juventud actual está expuesta al hedonismo y al ejercicio de la sexualidad fuera del matrimonio.

“Los jóvenes están expuestos a dos peligros: por un lado, la difusión de una mentalidad hedonista y consumista que les priva de toda capacidad de comprender el bello y profundo significado de la sexualidad humana. Por otro, la separación entre la sexualidad y el ‘para siempre’ del matrimonio”.

Por lo mismo, este documento estaría encaminado a modificar la preparación y el acompañamiento pastoral que reciben las parejas, tanto antes como durante el matrimonio. Al respecto, el papa calificó como un desafío para el catolicismo la corta duración actual de los matrimonio y el bajo número de nuevas uniones que se celebra.

“El número cada vez menor de personas que se casan en general, pero también y sobre todo la corta duración de los matrimonios […], constituyen un desafío urgente, que pone en juego la realización y la felicidad de tantos fieles laicos en el mundo”.

Por último, el papa Francisco dijo que la Iglesia busca acercarse tanto a los divorciados como a las parejas que viven en unión libre.

Los dañinos y escabrosos efectos de la pornografía de los que nadie te habla.




Por: Brian Clowes.

"La recuperación del control moral y el retorno del orden espiritual se han convertido en la actualidad en las condiciones indispensables de la supervivencia humana" -- Christopher Dawson, historiador cultural (1).

Lo que dicen los que sostienen una ideología antivida

"No creo que la pornografía degrade a las mujeres. Las mujeres que la practican quieren hacerlo. Nadie les está apuntando con una pistola a la cabeza. No entiendo cuál es el problema" -- Madonna, Sex, 1992 (2).

Otras personas, tan despistadas como Madonna, afirman que la pornografía es simplemente una "válvula de escape" que las personas usan para disipar sus impulsos sexuales. Su efecto, dicen ellos, es "catártico". Ello quiere decir, afirman estos ilusos, que las personas que de otra forma hubieran expresado, por medio de su actuación, sus violentas fantasías sexuales, de esta manera, en cambio, usan su material pornográfico sin causar daño.


Introducción

Los nocivos efectos de la pornografía, tanto la mal llamada "leve" como la fuerte, son extensos y permanentes. Hay grupos de investigadores que han realizado más de 500 estudios sobre estos efectos y sus conclusiones son concretas, coherentes e irrefutables.

A través de estos estudios aparecen consistentemente muchas relaciones importantes. Las seis conclusiones en relación con el impacto de la pornografía que se encuentran en la lista más abajo también se presentan en el estudio sumario de David Scott: Pornography, Its Effects on the Family, Community, and Culture ("La pornografía, sus efectos en la familia, la comunidad y la cultura") (3). Obsérvese que estas conclusiones no son el resultado de estudios aislados o de estudios que han sido agrupados al azar. Los números de los estudios que arrojan cada una de las conclusiones encabezan los párrafos correspondientes a través de este artículo y han sido tomados de la obra de Scott.

La lista de referencias bibliográficas de todos estos estudios aparece también al final del libro de Scott. Esa lista sería de gran valor para el que esté interesado en llevar a cabo una investigación seria sobre los efectos de la pornografía.

A continuación ofrecemos la lista sumaria de los principales efectos de la pornografía, cada uno de los cuales es descrito en los párrafos subsiguientes:

1. Aún la pornografía "leve" hace daño a cualquiera.
2. Toda pornografía insensibiliza al que la ve.
3. La pornografía causa adicción.
4. La pornografía degrada al matrimonio.
5. La pornografía aumenta la intención criminal de delincuentes peligrosos.
6. La pornografía impulsa a realizar otros crímenes y los facilita.

1. Aún la pornografía "leve" hace daño a cualquiera

Dieciocho estudios distintos han demostrado que la pornografía "leve", que exhibe actos entre adultos, aun con su consentimiento, definitivamente insensibiliza a todos sus videntes, y puede provocar un comportamiento extremadamente violento (4).

La pornografía afecta adversamente a toda persona que la ve y no sólo a los peligrosos criminales sexuales que aparecen en las tiras cómicas. La pornografía interfiere en las relaciones interpersonales y en el desarrollo moral de todas las personas que la ven.

De hecho, la pornografía "leve" ha sido un factor que ha estado presente en numerosos suicidios de adolescentes varones. El FBI ha informado de muchos casos de jóvenes que se han colgado del cuello y se han masturbado mientras sostenían una revista de pornografía "leve". No es sorprendente que estas muertes (que se clasifican como "asfixia autoerótica") a menudo no son dadas a conocer al público. Se calcula que alrededor de 1.000 de estos suicidios accidentales ocurren en Estados Unidos todos los años. (5).

En muchos casos, hasta ha habido jovencitos que sin quererlo han matado a sus amigos y hermanos por seguir las sugerencias que se encontraban en las revistas de pornografía "leve". Ello demuestra que no son solamente los pervertidos y los criminales endurecidos los que han sido afectados adversamente por la pornografía. Por ejemplo, Zachariah Hurt, de 13 años, leyó una revista de pornografía y luego colocó con cuidado unos cordones de zapato alrededor del cuello de dos niños: su hermanito de 8 años, Benjamin, y Todd Pigg, Jr., de 7 años, luego tiró de los cordones y accidentalmente estranguló a los chicos.

2. Toda pornografía insensibiliza al que la ve

Toda pornografía, "leve", fuerte y aun los materiales de "educación" sexual "neutral", insensibilizan al vidente y lo condicionan a los actos sexuales, violentos o no, como parte integral de la conducta humana --26 estudios distintos han llegado a esta conclusión (4).

Una encuesta de Gallup de 1984 arrojó que dos tercios de los que respondieron creían que el ver violencia en la televisión era dañino para otros, pero sólo el 5% de ellos creía que era dañino para ellos mismos (4).

Neil Malamuth, Ed Donnerstein y Dolf Zillman, tres de los principales investigadores de la violencia sexual, han declarado que, en general: "La pornografía insensibiliza. El ver estos materiales, sean estos violentos o no, coactivos o no, aumenta experimentalmente la conducta agresiva del hombre contra la mujer, y disminuye la sensibilidad, de tanto el hombre como la mujer, hacia la violación sexual y hacia la situación deplorable de las víctimas. Tanto los hombres como las mujeres, después de haber visto este material, creen que la mujer que ha sido víctima de una violación sexual ha sido menos perjudicada, es menos digna y hasta es responsable de su propio sufrimiento (6).

Esta investigación demostró que, luego de haber visto brevemente un material pornográfico, las dos terceras partes de los varones universitarios estarían más dispuestos a obligar a una mujer a realizar actos sexuales, si se les pudiera asegurar que no serían atrapados o castigados. Un tercio de los estudiantes expresó sentir un aumento del deseo de cometer una violación sexual (6). Estos son cambios escalofriantes de la actitud, tomado en cuenta que la mayoría de las violaciones sexuales no se reportan.

La pornografía es particularmente eficaz en insensibilizar a personas emocionalmente perturbadas. Por lo menos 26 estudios han demostrado de forma definitiva que las personas emocionalmente perturbadas y aquellas con una tendencia hacia los actos violentos pueden llegar a ser significativamente insensibilizadas durante varias semanas luego de haber visto películas pornográficas y/o violentas durante tres horas (4).

3. La pornografía es adictiva

Varios estudios han demostrado que todas las personas, normales o desajustadas, que ven pornografía desarrollan el deseo de ver material pornográfico cada vez más perverso, así como los adictos a las drogas desean drogas cada vez más fuertes. Todas las personas fantasean acerca de materiales pornográficos y actos más perversos y aun muchos de ellos los incorporan en sus relaciones sexuales. Muchas personas comienzan a emplear métodos cada vez más violentos en sus relaciones sexuales.

Los psiquiatras británicos Martin Roth y Edward Nelson han declarado que "lejos de tener un efecto catártico, el ver pornografía produce un mayor interés en la desviación sexual" (7).

Donnerstein, Zillman y Malamuth informan que "el ver prolongadamente pornografía común, no violenta y no coactiva, creó el apetito de materiales más inusuales, extravagantes y desviados, incluyendo los violentos en un contexto sexual, como la exhibición del sadomasoquismo y la violación sexual".

Como ocurre con el caso de los drogadictos, aquellos que consumen pornografía llegan a sentir que necesitan materiales más y más perversos para mantener su nivel anterior de excitación sexual (4).

4. La pornografía degrada al matrimonio

Los que consumen pornografía generalmente ven material que muestra a mujeres atractivas que realizan casi cualquier tipo de acto con cualquier número de hombres (o animales). Los usuarios de la pornografía comienzan a creer que sus esposas también deberían realizar actos que sean por lo menos un poquito más "aventurados" o "experimentales" que aquellos a los cuales están acostumbradas. Cuando las esposas de estos irresponsables no satisfacen las fantasías que la pornografía les ha producido, entonces dichos usuarios se sienten insatisfechos. Puede que se sientan aún más insatisfechos con las imperfecciones físicas de sus esposas. Las esposas, por supuesto, se sentirán disgustadas y rechazarán el comportamiento cada vez más pervertido de sus esposos.

Entonces los esposos a menudo buscan a las prostitutas, quienes están acostumbradas a lidiar con estas peticiones tan extravagantes y perversas (3,8).

5. La pornografía aumenta la intención criminal de delincuentes peligrosos

Hay más de 65 estudios que demuestran que los criminales peligrosos (pederastas, asesinos, violadores, padres incestuosos) no sólo son más propensos a cometer sus delitos si consumen pornografía, sino que también son más propensos a usar extensamente la pornografía poco antes de cometer sus crímenes (4). Los hombres delicuentes que usan pornografía pronto comienzan a manifestar un comportamiento adictivo y compulsivo. Todos sus mecanismos para liberar tensión pronto se llegan a relacionar con las perversiones sexuales y su conducta se hace cada vez más criminal.

Cerca de dos millones de pederastas, violadores, sádicos y practicantes de relaciones sexuales con adolescentes o prostitutas infantiles cometen más de 2 millones de delitos al año. Esta cifra se refiere solamente a los incidentes que se reportan, el número total es evidentemente mucho más elevado.

Los ingenuos que creen que la pornografía "no tiene víctimas" deberían bajarse de la nube en que se encuentran durmiendo y darse cuenta de los hechos. Miles de personas han sido torturadas, violadas y asesinadas por seres humanos perturbados como resultado directo de la pornografía. Miles de estos casos abarrotan los archivos de la policía en todo Estados Unidos.

Jeffrey Dahmer, condenado por pederastia y al mismo tiempo un practicante confeso del homosexualismo, logró convencer a 17 jovencitos que fuesen a su apartamento. Una vez allí tuvo relaciones sexuales con ellos y luego los mató y los desmembró.

Este individuo fue un activista en organizaciones que defienden los "derechos de los homosexuales" y participó en desfiles para promover el "orgullo homosexual". La policía también encontró una enorme cantidad de pornografía fuerte y de videocintas en su apartamento (9).

El 24 de enero de 1988, el día antes de ser ejecutado por asesinato, Ted Bundy declaró, en una entrevista que le hizo el Dr. James Dobson de la organización Enfoque en la Familia, que: "Al principio, la pornografía enciende este tipo de corrientes de pensamiento... Como en el caso de las adicciones, sientes deseos de algo que sea más fuerte, más fuerte, algo que te provoque una excitación más intensa, hasta que llegas a un punto en que la pornografía ya no te ofrece más, llegas a un punto de salto en el cual te comienzas a preguntar si a lo mejor el hacerlo te daría aquello que está más allá de sólo leerlo o verlo".

Cuando Enfoque en la Familia publicó los resultados de esta importante entrevista, se encontró con la burla de aquellos que no acaban de aceptar las dañinas consecuencias de la pornografía, pero que en el fondo reconocieron cuán cierto fue lo que arrojó el diálogo de Dobson con Bundy. Evidentemente, las únicas personas que atacaron esta entrevista fueron aquellas que apoyan o lucran inmensamente con la pornografía.

Arthur Gary Bishop, que fue ejecutado en el Estado de Utah en 1983 por violar y matar a cinco niños, entre las edades de 4 y 13 años, declaró lo siguiente: "La pornografía no fue la única influencia negativa en mi vida, pero sus efectos en mí fueron devastadores. Yo soy un homosexual pederasta condenado por asesinato, y la pornografía fue el factor determinante de mi caída".

Los científicos del FBI de Quantico, Estado de Virginia, hicieron unos comentarios del papel que desempeñó la pornografía y sus efectos en el violador de Miami, Estado de la Florida, del caso de "la funda de la almohada". "Adquirió revistas [pornográficas] ... y soñó con realizar violaciones sexuales. Luego cruzó el umbral que separaba la fantasía de la realidad de los asaltos sexuales."

Ray Bauer, un adicto a la pornografía de St. Louis, Estado de Missouri, a menudo obligaba a su esposa de 29 años de edad a mirar películas de pornografía fuerte y luego la ataba y la torturaba. Finalmente, en abril de 1986, la Sra. Bauer no pudo aguantar más este maltrato y mató a su esposo a balazos después de un episodio de tortura particularmente violento. La espalda, el pecho y las posaderas tenían profundas marcas de latigazos. Los agentes del orden registraron la casa y encontraron la extensa colección que su esposo tenía de pornografía violenta y sadomasoquista, también encontraron instrumentos de tortura (10).

Los negociantes de la pornografía dicen que ésta no hace daño. El siguiente caso los desmiente.

En enero de 1986, Linda Lee Daniels, de 22 años de edad, de Albuquerque, Estado de Nuevo México, fue secuestrada en pleno día del estacionamiento de su propia casa por tres jóvenes, cuyo propósito era usarla, contra su voluntad, en una película pornográfica.

El productor de la película, Johnny Zinn, dijo a los tres secuestradores, a quienes él mismo había empleado, que quería un "producto" rubio para su película y que les pagaría $1.500 si encontraban a una mujer con esas características.

Después de raptar a Daniels, los jóvenes la drogaron y la violaron durante toda la noche y filmaron toda la secuencia de las violaciones. Los diarios matutinos del día siguiente mostraron una foto de Daniels. Entonces Zinn ordenó a sus compinches que la mataran. Ellos le dispararon repetidas veces, mientras la pobre víctima suplicaba que no le quitasen la vida.

A Zinn lo condenaron a cadena perpetua. Dos de sus cómplices, aunque los encontraron culpables de violación, ya están en libertad rondando las calles, quizás en búsqueda de más "productos" (11).

El FBI ha encontrado que el 80% (29 de 36) de los más recientes asesinos en masa utilizaron la pornografía extensamente como parte integral de sus crímenes sexuales, los cuales incluían violaciones y asesinatos en serie (4).

Algunos de estos asesinos fotografiaban a sus víctimas ya muertas, recortaban las fotos de sus rostros y los pegaban sobre fotos de pornografía fuerte como preparación para su próximo asesinato.

El FBI y la policía de toda la nación estadounidense han informado que han encontrado extensas colecciones de pornografía en las casas de prácticamente cada asesino en masa y pederasta que han arrestado.

El capítulo 18 del estudio, realizado en 1986, de la Comisión sobre la Pornografía del Fiscal General de Estados Unidos señala que las principales revistas pornográficas para hombres (Playboy, Penthouse, Hustler, Chic, Club, Gallery, Genesis y Oui) tienen una tasa de circulación cinco veces más elevada en los Estados de Alaska y Nevada que en el de Dakota del Norte (12). Es muy significativo que las tasas de violaciones sexuales de Alaska y Nevada son ocho veces más elevadas que la de Dakota del Norte.

Otros investigadores han confirmado que el 64% de todos los pederastas que son practicantes del homosexualismo y el 86% de todos los violadores usaron pornografía durante el momento en que cometían sus crímenes o inmediatamente antes.

Un sondeo de más de 400 criminales jóvenes en prisión demostró que los presidiarios que habían visto grandes cantidades de pornografía eran mucho más propensos a cometer actos violentos y sexualmente perversos que los otros presidiarios que no habían visto pornografía (3).

6. La pornografía impulsa a realizar otros crímenes y los facilita

Los que promueven la pornografía también promueven la pederastia al trivializar los actos sexuales entre niños y adultos.

Organizaciones como la Asociación de Norteamérica para el Amor entre Hombres y Niños o NAMBLA (North American Man-Boy Love Association) y la Rene Guyon Society están muy involucradas en el movimiento en pro del homosexualismo y en la pornografía fuerte. Ambas organizaciones también cabildean para que se eliminen las leyes que prohíben las relaciones sexuales con menores de edad.

Es un hecho que los magnates de la pornografía usan su gran riqueza e influencia para promover directamente los actos ilegales en sus revistas, incluyendo el uso de drogas peligrosas. Ello coincide con su ideología hedonista de que "todo es aceptable".

Según la Dra. Judith Reisman, presidenta del Institute for Media Education (Instituto para la Formación de los Medios de Comunicación Social), con sede en Washington, DC, la legalización de todos los tipos de uso de drogas ha sido una de las metas principales, a nivel económico, editorial y legislativo del imperio de la revista pornográfica Playboy desde 1966. La primera indicación de que Playboy iba a promover el uso de drogas y su legalización tuvo lugar en el número de septiembre de 1966 de esta revista. En ese número, Playboy publicó una entrevista que hizo a Timothy Leary, en la cual la revista se congració sobremanera con este portavoz del movimiento en pro de la legalización de las drogas.

En 1970, la Fundación Playboy formalmente subscribió el establecimiento, por parte del abogado Keith Stroup, de la National Organization for the Repeal of Marijuana Laws o NORML (Organización Nacional para la Anulación de las Leyes que prohiben el uso de la Mariguana). A finales de 1871, la Fundación contribuyó con $100.000, la primera de una larga series de donativos periódicos a NORML para su campaña en pro de las drogas de 1972.

Playboy ha continuado proporcionando una gran cantidad de asistencia, tanto editorial como económica, a la legalización de las drogas desde 1970. En 1973 y en 1975, los esfuerzos de NORML, con el respaldo de Playboy, tuvieron un triste éxito al lograr abolir la criminalidad legal de la mariguana en los Estados de Oregon y Alaska. La revista Playboy ha publicado anécdotas ficticias agasajando muchísimo a los que usaban drogas, ha impreso cuadros sinópticos sobre el uso de las drogas y ha servido de plataforma para numerosos portavoces a favor de las drogas, incluyendo a Timothy Leary y a la estrella de fútbol estadounidense Don Rogers --que luego murió de una sobredosis (13).

Según fuentes del Congreso de Estados Unidos, las drogas ilícitas constituyen un negocio de $70 mil millones al año. En la actualidad tenemos 20 millones de personas que fuman mariguana con frecuencia, 7 millones que usan cocaína con frecuencia y medio millón de adictos a la heroína (14). Nuestra sociedad se está realmente ahogando en un diluvio de drogas y ningún niño está plenamente protegido de las drogas y de la pederastia (¡incluyendo el suyo!)

Lo último que necesitamos es que venga un grupo de libertinos ricos a instigar a los que promueven el uso de drogas con sus ilógicos argumentos publicados en costosas revistas a colores.

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