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La Fiesta de Corpus Christi: Celebrando la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía


Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Hoy quiero que reflexionemos sobre una de las festividades más importantes de nuestro calendario litúrgico: la Fiesta de Corpus Christi, también conocida como la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es una ocasión en la que celebramos y adoramos el don más grande que Jesús nos dejó: su propio cuerpo y sangre en la Eucaristía.

La base de nuestra fe católica se encuentra en la Sagrada Escritura y en el Catecismo de la Iglesia Católica. Por lo tanto, me gustaría destacar algunos pasajes bíblicos y enseñanzas catequéticas que nos ayudarán a comprender mejor el significado y la importancia de esta celebración.

Comencemos con la Sagrada Escritura. En el Evangelio según San Lucas, capítulo 22, versículos 19-20, Jesús instituyó la Eucaristía durante la Última Cena con sus discípulos, diciendo: "Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios". Y tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a ellos, diciendo: "Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en memoria mía". De manera similar, tomó la copa después de cenar, diciendo: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que se derrama por vosotros".

Estas palabras de Jesús son fundamentales para comprender que la Eucaristía no es solo un símbolo o una representación, sino la verdadera presencia de Jesús, su cuerpo, sangre, alma y divinidad. En el Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 1374, se nos enseña: "En la celebración de la Misa, por la palabra de Cristo y la invocación del Espíritu Santo, se hace sacramentalmente presente, bajo las especies de pan y vino, Cristo muerto y resucitado, con su cuerpo y su sangre, su alma y su divinidad, para ser dado en alimento espiritual a los fieles".

La Fiesta de Corpus Christi nos invita a adorar y honrar a Jesús presente en la Eucaristía. Es un momento de profunda gratitud por el sacrificio redentor de Cristo y una oportunidad para renovar nuestra fe en su presencia real. En el Catecismo, en el párrafo 1380, se nos recuerda que "en la sagrada Eucaristía está contenido todo el tesoro espiritual de la Iglesia, es decir, el mismo Cristo, nuestra Pascua y Pan vivo que da la vida a los hombres; por eso la Iglesia exhorta a los fieles a participar activamente en la Eucaristía, en la que se actualiza el sacrificio de la cruz".

Durante la procesión del Corpus Christi, llevamos en nuestras manos y corazones la Hostia consagrada, proclamando al mundo que Jesús está presente entre nosotros. Siguiendo las enseñanzas del Catecismo, en el párrafo 1378, comprendemos que "la Iglesia, en su adoración, venera y honra también la imagen de Cristo, que se presenta en los dones eucarísticos". Nuestra devoción y respeto hacia la Eucaristía expresan nuestra fe en el misterio de la transubstanciación, en el cual el pan y el vino se convierten verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, la Fiesta de Corpus Christi es un recordatorio de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Nos invita a abrir nuestros corazones a su amor y a recibirlo con fe y gratitud. Al contemplar el misterio de la Eucaristía, recordemos las palabras de Jesús en el Evangelio según San Juan, capítulo 6, versículo 51: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre".

Que esta fiesta nos impulse a participar en la Eucaristía con mayor fervor y devoción, y a llevar la presencia de Cristo a los demás a través de nuestras acciones y palabras. Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos fortalezcan, nos unan como comunidad y nos guíen hacia la vida eterna.

Que Dios los bendiga y los acompañe siempre. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Padres de niña de 1 año le celebran su cumpleaños con temática satánica; son criticados en redes.



En redes sociales ha generado polémica una fiesta de cumpleaños que unos padres le organizaron a su bebé de 1 año. ¿El motivo de la controversia? La fiesta era de temática “satánica”.

A través de TikTok, una madre de nombre Janeth Zapata (janethzapata31) compartió algunas fotos y videos de la fiesta de cumpleaños que le hicieron a Lilith, su hija de 1 año.

Pero lo que no pasó desapercibido por miles de usuarios fue la peculiar temática de la celebración.

Adornado por múltiples símbolos del satanismo como pentagramas y cabras negras, aunque con un toque más infantil, la fiesta de Lilith generó todo tipo de reacciones, desde indignación y consternación por la niña, hasta gracia.

“Cuando no sabes si es fiesta o sacrificio”, comentó un usuario. “¿Y los invocados? Digo, invitados”, escribió otra personas.

Oremos por la conversión de estos padres.

@janethzapata31 Respuesta a @estehisygarcia Lilith Alexa 🤭 #gracioso #raro #tiktok #foryou #parati #trending #Lilith ♬ Rumor Has It x Beggin - LAUREN🌈🦋✨🌎

29 de junio: La Iglesia Católica celebra a San Pedro y San Pablo



Pedro era un sencillo pescador y, Pablo, un culto fariseo; el primero evangelizó a los judíos y, el segundo, a los paganos. Sus discusiones y diferencias han quedado plasmadas incluso en las Sagradas Escrituras. Pero a san Pedro y san Pablo los unía un vínculo más fuerte: Nuestro Señor Jesucristo.

Podemos decir que eran compañeros de misión. Su amor al Señor y su celo evangélico fue fundamental para llevar el testimonio de Jesús a todos los confines de la tierra. En su homilía de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo de 2020, el Papa Francisco destacó la unidad que mostraron siempre ambos apóstoles, pese a que sus diferentes puntos de vista eran públicos.

Esto -dijo el Santo Padre- es prueba de la unidad que debemos tener los cristianos. “Se sentían hermanos –recordaba el Papa Francisco-, como en una familia unida, donde a menudo se discute, aunque realmente se aman. Pero la familiaridad no provenía de inclinaciones naturales, sino del Señor. Él no nos ordenó que nos lleváramos bien, sino que nos amáramos. Es Él quien nos une, sin uniformarnos, en las diferencias”.

Pedro y Pablo eran tan diferentes y ¡tan parecidos! Se les celebra juntos el 29 de junio, fecha en que, según la tradición de la Iglesia, habrían sido martirizados.

¿Qué dice la Biblia de San Pablo?

Fue el primer escritor cristiano y aquel cuyos textos han sido leídos o escuchados por más millones de personas en todo el mundo a lo largo de los siglos, aunque curiosamente una parte importante de quienes han aprovechado sus enseñanzas desconocen que son suyas. Le llaman ‘apóstol’ (incluso ‘súper-apóstol’), pero nunca perteneció al grupo de los Doce y no sólo eso: hubo un tiempo en que fue perseguidor de cristianos.

¿Quién fue este apóstol conocido también como Saulo de Tarso? Lo primero que se sabe de él es que fue contemporáneo de la primera comunidad cristiana; era judío y pertenecía a la secta de los fariseos, quienes se caracterizaban por creer que podían obtener la salvación si cumplían hasta la exageración la ley, es decir, los mandamientos y mandatos que Dios, a través de Moisés, dio al pueblo judío.

Cabe hacer notar que, a diferencia de muchos fariseos hipócritas que sólo aparentaban cumplir, o que se habían ido al extremo de hacer de la ley un ídolo al que ponían por encima de todo, él realmente buscaba servir a Dios de corazón; lo malo es que dedicó todo su esfuerzo a perseguir a los cristianos, a los que consideraba enemigos de Dios pues seguían a Jesús, a quien los dirigentes de su pueblo habían rechazado y condenado a muerte.

¿Qué vio el Señor en este hombre que no tenía empacho en meter a la cárcel a mujeres y ancianos, que cometió muchos atropellos, uno de los cuales fue aprobar la muerte de san Esteban, el primer mártir cristiano? Vio sin duda que estaba equivocado, pero vio también que su error era de buena fe, que provenía de un corazón puro, sin doblez, cuya sola intención era la de servirlo. Así pues, quiso aprovechar todo ese fuego, reorientarlo, darle un sentido verdadero. Y un día tuvo lugar un encuentro que cambiaría la historia.

Tres veces nos lo relata el libro de Hechos, como para que captemos su importancia: Sucede que un día, cuando él se dirige a Damasco a continuar su ‘cacería’ de cristianos, el Señor se le aparece en el camino y lo cuestiona: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’, a lo que éste pregunta: ‘¿Quién eres, Señor?’ Recibe esta respuesta: ‘Soy Jesús, a quien tú persigues’.

Era un hombre conscientemente valiente y comprometido, pero inconscientemente temeroso, lo que lo hacía contradecir sus principios. Lleno de limitaciones humanas, es un hombre rico en fe y en amor, un hombre muy parecido a nosotros que caemos con frecuencia en la incoherencia entre vida y fe.

Lo que no podemos dudar es que, a su modo, amaba al Señor, quizás más que ningún otro de los apóstoles. San Andrés, hermano de Pedro; y Juan, hermano de Santiago, fueron los primeros a quienes Jesús llamó cuando lo siguieron a instancias de su maestro, Juan Bautista, quien les señaló a Jesús como al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Estos primeros apóstoles contagiaron la alegría de haber encontrado al Mesías, en primer lugar, a sus hermanos, a quienes presentaron a Jesús.

San Juan, en su Evangelio (1, 42) nos dice que desde el primer momento Jesús le cambió el nombre y le puso “Cefas”, que significa piedra y de donde viene el nombre de Pedro. San Mateo (16, 16-18) coloca este cambio de nombre después de la confesión del apóstol de que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios: Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella”.

Pedro ama a Jesús, lo manifiesta cuando está dispuesto a defenderlo y a morir por Él. Incluso, defiende a Jesús cuando lo arrestan y es capaz de cortar la oreja del criado del sacerdote. Pero Pedro es miedoso. El temor vence al amor y opaca la fe. Pedro niega tres veces a su Señor antes del canto del gallo y, ante la mirada de Jesús preso, se da cuenta de su traición y llora amargamente. Pedro no fue testigo de su muerte porque se escondió por miedo a los judíos. Pero, a pesar de todo, la misericordia de Jesús triunfa sobre la humanidad de Pedro y, una vez resucitado, lo confirma en su misión de pastorear la Iglesia.

Cuando Jesús ascendió al Cielo, Pedro asumió la dirección de la Iglesia. La primera comunidad reconocía en él la indiscutible autoridad que le otorgó Jesús. Por ejemplo, en el Concilio de Jerusalén, su palabra fue decisiva para tomar una decisión. Pedro fue obispo de Antioquía y después el primer obispo de Roma. Su sucesor es el Papa Francisco, quien insiste en su título de Obispo de Roma. El Obispo de Roma, sucesor de Pedro, es el jefe, el pastor, de la Iglesia Católica; sigue siendo la roca humana sobre la que Jesús quiere seguir edificando su Iglesia. La fe de Pedro es la misma fe de la Iglesia católica a través de los siglos.

¿Por qué celebramos a Cristo Rey al final de cada año?

 



En la Iglesia Católica el fin de año no es el 31 de diciembre, sino cuando se termina el ciclo o año litúrgico, lo cual sucede el domingo anterior a que inicie el Adviento (que es el tiempo con que comienza el nuevo ciclo litúrgico, período de preparación para la Navidad y que abarca 4 domingos antes del 25 de diciembre).

Siempre al final del año litúrgico se celebra la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.

¿Cuál es la razón de esto? Quizá para recordarnos otro final, el nuestro, y ayudarnos a tener presentes al menos estas tres consideraciones:

Nuestra historia es lineal

Va avanzando hacia una meta: encontrarnos con Jesucristo. Se han puesto de moda espiritualidades orientales que proponen la reencarnación, según la cual cuando alguien muere su alma migra a otro ser, animal o persona, para expiar, en esa nueva vida, lo malo que hizo en la vida anterior (aparente justicia que en realidad no lo es, pues nadie sabe qué hizo mal en esa supuesta vida anterior y por lo tanto ignora cómo evitarlo en la actual), en un continuo nacer y morir, un ciclo al que no se le ve la salida y en el que la persona intenta salvarse por su propio esfuerzo.

Es un concepto completamente incompatible con el cristianismo, cuyos miembros sabemos que no podemos salvarnos a nosotros mismos, que Cristo es nuestro Salvador, y que, como nos lo reveló en Su Palabra, vivimos una sola vez, morimos una sola vez y después nos encontraremos con Él (ver Heb 9, 27).

Nuestro Señor Jesucristo es el Rey del Universo

Y nos ha prometido que volverá, y cuando venga de nuevo, ya no vendrá como lo hizo la primera vez, discretamente, humildemente, sino precedido de signos cósmicos que no pasarán desapercibidos, rodeado de Sus ángeles y con gran poder y majestad (ver Mc 13, 24-25). A todo ser humano le quedará clarísimo que Jesucristo es Dios, sobre todo a los que pensaban que no existía o que había sido solamente un gran líder o filósofo, un personaje admirable del pasado. Tenemos la firme certeza de que Jesús cumplirá Su promesa de venir, porque antes cumplió otra promesa que parecía incumplible: Su Resurrección, un hecho histórico del que hay irrefutables pruebas y que le da absoluta credibilidad a todo lo que enseñó, a todo lo que hizo, a todo lo que prometió. En Su promesa de que vendrá tenemos puesta nuestra esperanza, es lo que anhela nuestro corazón. Por eso clamamos en Misa, después de la Consagración: “¡Ven, Señor Jesús!”

Cuando muramos seremos juzgados por Dios

Será un Juicio personal, en el que se determinará dónde pasaremos la eternidad, y sólo entre Él y nosotros. Pero al final de los tiempos, cuando Jesucristo venga por segunda vez, habrá un Juicio Universal, en el que todos seremos juzgados ante todos. Se cumplirá lo que anunció Jesús: que no hay nada oculto que no llegue a saberse (ver Lc 8, 16-18). Se revelará cada pensamiento, palabra, obra y omisión; se conocerán las consecuencias de cada acto de amor y de cada acto de maldad e injusticia, a quiénes afectó, cuándo, dónde, cómo, por qué. Y cada uno recibirá lo que merezca: si fue misericordioso, recibirá misericordia, si no lo fue, será juzgado sin misericordia.

Esto será necesario por justicia, para que no sean ignorados sino conocidos y recompensados, todos los buenos pensamientos, intenciones, palabras y acciones, y también para que no pase desapercibido ni quede impune ningún mal cometido.

Muchos descubrirán que no bastaba llamar a Jesús “Señor” y creer que por considerarlo su salvador personal podían vivir como quisieran y no perder su salvación (ver Mt 7, 21-23). La fe de todos será probada o desmentida por sus obras (ver Mt 25,31-46).

Tener presentes estas tres consideraciones al final del año nos puede ayudar a preguntarnos hacia dónde vamos, cómo estamos, cómo nos iría en ese Juicio si lo enfrentáramos hoy. Y si calculamos que no nos iría muy bien, enmendar lo que sea necesario. Todavía estamos a tiempo, pero hay que aprovecharlo, pues no sabemos cuándo regresará el Señor, puede ser antes de lo que imaginamos.

7 cosas que todo católico debe saber sobre Halloween



Como católicos, debemos tomar en cuenta esto cuando hablamos de esta fiesta de origen pagano.

Cada año, conforme se acerca el ‘Halloween’ las tiendas comienzan la venta de disfraces y en la televisión podemos ver más películas de terror. Lo malo de esta fiesta es que se festeja el mal, la tiniebla, el miedo, todo lo opuesto a nuestra fe que exalta el bien, la amistad con Dios y la paz.

¿Qué debemos saber como católicos sobre el Halloween?

1. El origen del nombre “Halloween”

La Solemnidad de todos los Santos es el 1 de noviembre y en la Iglesia se empieza a celebrar desde la noche anterior. Por ello la noche del 31 de octubre, en el inglés antiguo, era llamada All hallow’s eve (víspera de todos los santos). Más adelante esta palabra se abrevió como “Halloween”.

2. Las raíces celtas

Ya en el siglo VI a.C., los celtas del norte de Europa celebraban el fin de año con una festividad llamada Samhein, que iniciaba la noche del 31 de octubre y que marcaba el fin del verano y de las cosechas. Ellos creían que esa noche el dios de la muerte permitía a los muertos retornar a la tierra, fomentando un ambiente de terror. Una forma de evitar la maldad de los espíritus malignos, era disfrazándose para tratar de asemejarse a ellos y así pasar desapercibido ante sus miradas.

3. Su mezcla con el cristianismo

Cuando los pueblos celtas fueron cristianizados, no todos renunciaron a sus costumbres paganas, y la coincidencia cronológica de su fiesta con la celebración de todos los Santos y la de los difuntos, al día siguiente (2 de noviembre), hizo que las creencias cristianas se mezclaran con las antiguas supersticiones de la muerte. Con el arribo de algunos irlandeses a Estados Unidos, se introdujo en este país el Halloween, y de ahí a todo el mundo.

4. ¿Una celebración del diablo?

Según muchos testimonios de personas que practicaron el satanismo y luego se convirtieron al cristianismo, Halloween es la más importante fiesta para los cultos demoníacos porque es como una especie de “cumpleaños del diablo”.

5. ¿Truco o dulce?

El inicio de la frase dulce o travesura está en la persecución que se hacía a los católicos en Inglaterra, donde sus casas eran presa de amenazas y agresiones.

6. Un gran negocio

Hollywood ha contribuido con la expansión celebrativa del Halloween a través de sus películas, provocando muchas veces una idea errónea de la realidad. Asimismo, las máscaras, disfraces, dulces, maquillaje y demás artículos son motivo para que algunos empresarios fomenten el “consumo del terror” y saquen su provecho económico de esta “moda” norteamericana.

7. ¿Qué podemos hacer como católicos?

En los últimos años ha ido en aumento la celebración alternativa del “Holywins” (la santidad vence), que consiste en disfrazarse del Santo o Santa favorito y participar la noche del 31 de octubre en diversas actividades de la parroquia, como Misas, vigilias, grupos de oración por las calles, adoración eucarística, canto, música y baile en “clave cristiana”.

De esta celebración podemos conservar lo bueno y desechar lo malo. Asumirla y darle un sentido distinto, aprovecharla para evangelizar.

Fiesta de Santa María Magdalena, la primera mujer que vio a Cristo resucitado


FIESTA DE SANTA MARÍA MAGDALENA, LA PRIMERA MUJER QUE VIO A CRISTO RESUCITADO

Santa María Magdalena es una de las discípulas más fieles y que el Señor escogió para ser testigo de su resurrección ante los apóstoles, asimismo es ejemplo para toda mujer de la Iglesia y de auténtica evangelizadora, es decir, de una evangelizadora que anuncia el mensaje gozoso central de la Pascua.

El 10 de junio del 2016 el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano, emitió un decreto en el que, siguiendo la voluntad del Papa Francisco, se estableció que la memoria litúrgica de Santa María Magdalena se eleve al rango de fiesta.

En referencia a ella, Benedicto XVI expresó en el 2006 que “la historia de María de Magdala recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él, y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte”.

En los Evangelios se habla de María Magdalena, la pecadora (Lc. 7, 37-50); María Magdalena, una de las mujeres que seguían al Señor (Jn. 20, 10-18) y María de Betania, la hermana de Lázaro (Lc. 10, 38-42).

La liturgia romana identifica a las tres mujeres con el nombre de María Magdalena, como lo hace la antigua tradición occidental desde la época de San Gregorio Magno.

María Magdalena siguió a Jesús hasta el Calvario y estuvo ante el cuerpo yacente del Señor. El domingo de Resurrección fue la primera que vio a Cristo resucitado y tuvo el honor de ser enviada por el Señor a anunciar esta buena noticia a los discípulos.

Oración

Señor, Dios nuestro, Cristo, tu unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por la intercesión y el ejemplo de aquella cuya fiesta celebramos, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Evangelios se habla de María Magdalena, la pecadora (Luc 7, 37-50); María Magdalena, una de las mujeres que seguían al Señor (Jn 20, 10-18) y María de Betania, la hermana de Lázaro (Lc 10, 38-42). La liturgia romana identifica a las tres mujeres con el nombre de María Magdalena, como lo hace la antigua tradición occidental desde la época de San Gregorio Magno.



El nombre de María Magdalena se deriva de Magdala, una población situada sobre la orilla occidental del mar de Galilea, cerca de Tiberíades, en la que el Señor encontró por primera vez a aquella mujer. San Lucas hace notar que era una pecadora (aunque no afirma que haya sido una prostituta, como se supone comúnmente). Cristo cenaba en casa de un fariseo donde la pecadora se presentó y al momento se arrojó al suelo frente al Señor, se echó a llorar y le enjugó los pies con sus cabellos. Después le ungió el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. El fariseo interpretó el silencio de Cristo como una especie de aprobación del pecado y murmuró en su corazón. Jesús le recriminó por sus pensamientos. Le preguntó en forma de parábola cuál de dos deudores debe mayor agradecimiento a su acreedor: aquél a quién se perdona una deuda mayor, o al que se perdona una suma menor. En el capítulo siguiente, San Lucas, habla de los viajes de Cristo por Galilea, dice que le acompañaban los apóstoles y que le servían varias mujeres.

Entre ellas figuraba María Magdalena, de la que había arrojado "siete demonios". También se recuerda a María Magdalena por otros episodios. En la hora más oscura de la vida de Cristo, María Magdalena contemplaba la cruz a cierta distancia. Acompañada por "la otra María", descubrió que alguien había apartado la pesada piedra del sepulcro del Señor. Fue ella la primera persona que vio, saludó y reconoció a Cristo resucitado. María Magdalena, la contemplativa, fue el primer testigo de la resurrección del Señor, sin la cual vana es nuestra esperanza. El Hijo de Dios quiso manifestar la gloria de su resurrección a aquella mujer manchada por el pecado y santificada por la penitencia. La tradición oriental afirma que después de Pentecostés, fue a vivir a Efeso con la Virgen María y San Juan y que murió ahí. Pero, según la tradición francesa adoptada por el Martirologio Romano y muy difundida en occidente, María Magdalena fue con Lázaro y Marta a evangelizar la Provenza y pasó los treinta años de su vida en los Alpes Marítimos, en la caverna de la Sainte Baume. Poco antes de su muerte fue trasladada milagrosamente a la capilla de San Maximino, donde recibió los últimos sacramentos y fue enterrada por el santo.

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Fieasta de Jesucrista sumo y eterno sacerdote...


FIESTA DE JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE…

El primer jueves siguiente a la celebración de la Solemnidad de Pentecostés, se celebra la festividad de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote…

El primer jueves siguiente a la celebración de la Solemnidad de Pentecostés, se celebra la festividad de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, tanto en España, como en algunos otros países, aunque aún no está elevada aún a festividad universal.

Origen de la fiesta

La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, fue introducida en España en 1973. Posteriormente fue solicitada por numerosos Episcopados de todo el mundo.

Aunque en algunos misales de principios del siglo XX ya se encontraba la Misa de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, esta festividad, de origen español, obtuvo la aprobación de la Santa Sede en 1971. Comenzó a ser festividad litúrgica el 22 de agosto de 1973 gracias al esfuerzo de S.E.R. D. José María García Lahiguera, Arzobispo de Valencia, fijando su celebración en el jueves siguiente a la solemnidad de Pentecostés. Fue incluida en el calendario litúrgico en 1974. En 1996, San Juan Pablo II, agregó los textos de la Liturgia de las Horas, que habían sido enviados desde Madrid

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

Nuestro Señor Jesucristo es el sacerdote de la Nueva Alianza que nos ha reconciliado con Dios y nos ha llamado a formar parte de su Iglesia, haciéndonos hijos del Padre.

En muchas diócesis se celebra también en este día la Jornada de santificación de los sacerdotes.

En el Nuevo Testamento, no se utiliza el término «sacerdote» para referirse sólo a los ministros. Este término se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real, tal cual lo indica Pedro en su segunda carta:

“Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz” (1 Pedro 2,9)

Un famoso pasaje de Hebreos explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de la siguiente manera:

“Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Hebreos 4,14-16)

En relación con Cristo, la carta a los Hebreos interpreta su sacrificio, en oposición a los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza, como el nuevo, único y definitivo sacerdocio:

“Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec” (Hebreos 5,5-6)

La misma carta a los Hebreos también añade lo siguiente:

“Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos” (Hebreos 9,11)

Profetas, Sacerdotes y Reyes

Mediante el bautismo, todos hemos sido configurados con Cristo Profeta, Sacerdote y Rey. Nuestra vida es sacerdotal en la medida en que, unida a la suya, se convierte en una completa oblación al Padre.

La celebración de la fiesta de Jesucristo, Sumo Sacerdote y Rey, debe ser contemplada, para todos los católicos, como un día intensamente sacerdotal. Un día para amar y adorar el sacerdocio de Jesucristo, que a su vez está aunado al sacerdocio de todos sus ministros.

Hoy es un día para agradecer a Jesús habernos regalado este precioso don a toda la humanidad, en la que cada día, en cada Iglesia del mundo, cada presbítero hace presente, mediante la consagración de las dos especies, a Jesucristo, el Hijo de Dios altísimo.

Todos los cristianos, debemos de tomar este día como una gran jornada de oración por la santidad de todos los Sacerdotes, unirnos con fe y esperanza, en comunión con todos los Santos, sintiéndonos verdaderamente parte del Cuerpo místico de Cristo, para así pedir, al Dueño de la mies, para que envíen y hayan muchos y santos Sacerdotes.

Oración por los Sacerdotes:

Señor Jesús, te pido por tus sacerdotes. Que cuando estén clavados en la cruz del confesionario, pongas en ellos tu corona de luz en vez de tu corona de espinas.

Que cuando, día a día, te traigan al pan convertido en tu cuerpo, ello no se les vuelva rutina, sino diario milagro.

Que su trato con las almas sea siempre para dejar en ellas el amor y el valor que Tú nos entregas.

Que cuando jóvenes, tengan la fortaleza de tus últimos tres años y cuando viejos, sigan sintiendo que «Dios alegra su juventud».

Que espíritu viviente en carne y hueso, sean como Tú, profundamente humanos y perfectamente divinos.

Que cuando el desánimo y la debilidad los agobien en el camino de su calvario, estés Tú, como Cirineo, para llevarles la cruz y volvérselas gozo.

¡Y que nunca falte quien de la vida por ellos, así como Tú la diste por nosotros. Amén

PildorasdeFe.net | Solemnidades y fiestas

REDACCIÓN CENTRAL, 08 Jun. 17 / 01:58 am (ACI).- El jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés en algunos países se celebra la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, festividad que no aparece en el calendario de la Iglesiauniversal (como sí lo hacen las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús o Jesucristo Rey del Universo), pero que se ha expandido por muchos países.

Esta fiesta tiene sus orígenes en la celebración del sacerdocio de Cristo que en la misa latina se introdujo en algunos calendarios y que tras la reforma litúrgica delConcilio Vaticano II fue renovada por la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.

La celebración fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino. Asimismo, ésta contiene textos propios para la Santa Misa y el Oficio que fueron aprobados dos años antes.

Además de España, otras Conferencias Episcopales incluyeron esta fiesta en sus calendarios particulares como Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela. En algunas diócesis este día es también la ‘Jornada de Santificación de los Sacerdotes’.

San Juan Pablo II, en el documento “Ecclesia de Eucharistia” señala que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada”.

“De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de suCruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.

Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza

En el Nuevo Testamento con la palabra “sacerdote” no solo se nombra a los ministros, sino que se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real:

“Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz” (1 Pedro 2,9)

En el capítulo 4 de Hebreos se explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de esta forma:

“Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Hebreos 4,14-16)

La carta a los Hebreos también interpreta el sacrificio de Cristo como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza:

“Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec” (Hebreos 5,5-6)

La misma carta a los Hebreos añade: “Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos” (Hebreos 9,11)

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Fiesta de Pentecostés


FIESTA DE PENTECOSTÉS

Sermón 5º de Juan Taulero para la fiesta de Pentecostés o para los días de la Octava: Sobre cómo a ejemplo de los discípulos de Cristo debemos prepararnos para recibir al Espíritu Santo[1]

Los Apóstoles regresaron a Jerusalén (Hch 1, 12)

Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo único de Dios, habiendo concluido todo lo que el Padre le había concedido hacer, y habiendo dado fin a la obra para la que había sido enviado a este mundo, acababa el día de la Ascensión de sustraer su dulce presencia corporal a los apóstoles, para retornar al cielo, y éstos, abandonando entonces el monte de los olivos, regresaron a Jerusalén. Allí se dedicaron a seis cosas.

En primer lugar, viéndose abandonados por el mundo entero, sin amigos, sin consuelos de ninguna clase, se apartaron completamente de todas las cosas exteriores para entrar en sí mismos, en su interior. A partir de ese momento, en efecto, habían hecho el sacrificio del mundo y de todo lo que podía proporcionarles alguna satisfacción: habían muerto a todo.

En segundo lugar, se ofrecieron enteramente a Dios, dispuestos a morir o a vivir por su amor, no teniendo otra preocupación que ser los instrumentos dóciles de su santísima voluntad, indiferentes a su propia suerte, cualquiera que fuesen los sufrimientos que tuvieran que soportar, con tal de que Dios fuera glorificado en ellos. También regresaron, siguiendo la orden que habían recibido, a la ciudad de Jerusalén, en medio de sus enemigos, esperando la buena voluntad de Dios. Sin duda, sin embargo, no se resignaron a este proceder sin un gran temor.

En tercer lugar, repasando en su espíritu las dulces enseñanzas de Cristo, se daban cuenta, en ese momento, con qué falta de respeto las habían recibido; les parecía que se habían mostrado indignos de ver los magníficos ejemplos que habían tenido ante sus ojos, y de escuchar los discursos abrasados de amor de su divino Maestro. ¿Qué habían hecho para sacar provecho de ello? ¡Cómo le habían seguido con tibieza y cobardía! Entonces –digo yo– comenzaron a conocer su error, a lamentar su endurecimientos y castigarse a sí mismos con lágrimas amargas y sollozos profundos.

En cuarto lugar, se acordaron con atención de la perfecta abnegación de su santísimo Maestro: jamás lo habían visto, a lo largo de toda su vida, buscarse a sí mismo. Las palabras que él había dicho le venían a la memoria: Si alguien quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo (Mt 16, 24), y, bajo la impresión de estos recuerdos, examinaban y veían claramente lo alejados que estaban de esta verdadera abnegación total de Cristo y cómo habían tomado de una manera natural y carnal sus ejemplos Se daban cuenta de lo poco libres que eran todavía y de lo poco desprendidos que estaban del vano temor y de las preocupaciones de la naturaleza. Y se acusaban sin piedad, se confesaban culpables, reconociendo humildemente su imperfección con una especie de disgusto de sí mismos.

En quinto lugar, después de haber reconocido sus vicios y sus defectos, se dirigieron interiormente, con todo el afecto de su alma, hacia su querido Maestro, para suplicarle, desde el fondo de su corazón, para que les perdonase todas sus afecciones, todos sus deseos desordenados, su excesiva grosería, sus incontables imperfecciones de todo tipo; le pedían insistentemente que destruyera en ellos el vano temor, el amor propio, todos los sentimientos sensuales que habían tenido hacia las formas exteriores de su humanidad: le rogaban, finalmente, que les quitara totalmente todos los obstáculos que se oponían a su verdadero progreso hacia la vida perfecta. Eso es lo que deseaban, lo que pedían de todo corazón. Y si no hubiera sido así –es mi convicción– no hubieran recibido el Espíritu Santo.

En sexto lugar, tenían una confianza absoluta en que el Señor Jesús les enviaría los consuelos y las ayudas que les había prometido. También, a pesar de la privación de las cosas más necesarias, a pesar de las oposiciones del mundo entero, se sentían sostenidos por esta confianza que tenían puesta en su buen Señor y su dulce Maestro. Estaban seguros de que no les abandonaría jamás, a pesar del temor que a veces les invadía al recordar sus propias faltas. ¿No serían castigados por su poca resignación?

Podemos preguntarnos aquí, no sin razón, ¿por qué la misión del Espíritu Santo había sido retrasada?, ¿por qué no fue enviado inmediatamente después de la Ascensión, puesto que ya en ese momento los Apóstoles habían muerto para el mundo, y habían pedido que todo afecto carnal, toda sensualidad de la naturaleza, les fuera quitada por la luz divina?

A esa cuestión respondo diciendo que no es verosímil que el Espíritu Santo les haya sido negado hasta el día santo de Pentecostés. Ya lo habían recibido, incluso antes de que Nuestro Señor hubiera subido al cielo, y a continuación fueron penetrados cada vez más profundamente por él. Entre más a fondo se conocían, más descendían en la humildad y el desprecio de sí mismos, y más también los visitaba e inundaba el Espíritu de Dios. Sin embargo, jamás lo habían recibido aún con esta plenitud y esta sobreabundancia que les fue concedida el día de Pentecostés, porque hasta ese momento no se habían desprendido totalmente de sí mismos, no se habían vaciado totalmente, no se habían desnudado completamente, no estaban todavía exentos de todo bien. En Pentecostés, por el contrario, el vacío es completo, el desprendimiento es total. Sin embargo, antes de la recepción del Espíritu Santo no había sido abandonados completamente; pero solamente entonces la fuerza divina se derramó sobre ellos sin el menor obstáculo, y penetrándoles perfectamente, les desprendía, les hacía completamente libres de su naturaleza. Y, al mismo tiempo que esta fuerza se derramaba, se instauraba la paz en sus almas.

San Gregorio, hablando de los discípulos del Señor, y de todos los que se le asemejan, se expresa así: “Entre más crece en nosotros la fuerza divina, más va perdiendo su fuerza nuestro espíritu. Cuando nos negamos plenamente a nosotros mismos adquirimos el perfecto desarrollo en Dios”.

Que Dios Padre, que Dios Hijo, que Dios Espíritu Santo, bendito por todos los siglos, se digne concedernos a todos esta gracia. Así sea.

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Fiesta de Nuestra Señora de Fátima


FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
Desde el 13 de mayo de 1917 la Sma. Virgen María se apareció en seis ocasiones en Fátima (Portugal) a tres pastorcitos: Lucía, Francisco y Jacinta. En un hermoso libro titulado "Memorias de Lucía" (cuya lectura recomendamos) la que vio a la Virgen cuenta todos los detalles de esas apariciones.

El 13 de mayo se produjo el siguiente diálogo:
- ¿De dónde es su merced? - Mi patria es el cielo.

- ¿Y qué desea de nosotros? - Vengo a pedirles que vengan el 13 de cada mes a esta hora (mediodía). En octubre les diré quién soy y qué es lo que quiero.

- ¿Y nosotros también iremos al cielo? - Lucía y Jacinta sí.

- ¿Y Francisco?

Los ojos de la aparición se vuelven hacia el jovencito y lo miran con expresión de bondad y de maternal reproche mientras va diciendo: - El también irá al cielo, pero antes tendrá que rezar muchos rosarios.
Y la Sma. Virgen continuó diciéndoles:

- ¿Quieren ofrecerse al Señor y estar prontos para aceptar con generosidad los sufrimientos que Dios permita que les lleguen y ofreciéndolo todo en desagravio por las ofensas que se hacen a Nuestro Señor?

- Sí, Señora, queremos y aceptamos.

Con un gesto de amable alegría, al ver su generosidad, les dijo:

- Tendrán ocasión de padecer y sufrir, pero la gracia de Dios los fortalecerá y asistirá.

Segunda aparición: 13 de Junio de 1917.

La Sma. Virgen le dice a los tres niños: "Es necesario que recen el rosario y aprendan a leer".

Lucía le pide la curación de un enfermo y la Virgen le dice: "Que se convierta y el año entrante recuperará la salud".

Lucía le suplica: "Señora: ¿quiere llevarnos a los tres al cielo?".

- Sí a Jacinta y a Francisco los llevaré muy pronto, pero tú debes quedarte aquí abajo, porque Jesús quiere valerse de ti para hacerme amar y conocer. El desea propagar por el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María.

- ¿Y voy a quedarme solita en este mundo?

- ¡No hijita! ¿Sufres mucho? Pero no te desanimes, que yo no te abandonaré. Mi corazón inmaculado será tu refugio y yo seré el camino que te conduzca a Dios.

Tercera aparición: 13 de julio de 1917.

Ya hay 4,000 personas. Nuestra Señora les dice a los videntes: "Es necesario rezar el rosario para que se termine la guerra. Con la oración a la Virgen se puede obtener la paz. Cuando sufran algo digan: ‘Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores’".
La Virgen abrió sus manos y un haz de luz penetró en la tierra y apareció un enorme horno lleno de fuego, y en él muchísimas personas semejantes a brasas encendidas, que levantadas hacia lo alto por las llamas volvían a caer gritando entre lamentos de dolor. Lucía dio un grito de susto. Los niños levantaron los ojos hacia la Virgen como pidiendo socorro y Ella les dijo:

- ¿Han visto el infierno donde van a caer tantos pecadores? Para salvarlos, el Señor quiere establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María. Si se reza y se hace penitencia, muchas almas se salvarán y vendrá la paz. Pero si no se reza y no se deja de pecar tanto, vendrá otra guerra peor que las anteriores, y el castigo del mundo por sus pecados será la guerra, la escasez de alimentos y la persecución a la Santa Iglesia y al Santo Padre. Vengo a pedir la Consagración del mundo al Corazón de María y la Comunión de los Primeros Sábados, en desagravio y reparación por tantos pecados. Si se acepta lo que yo pido, Rusia se convertirá y vendrá la paz. Pero si no una propaganda impía difundirá por el mundo sus errores y habrá guerras y persecuciones a la Iglesia. Muchos buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho. Varias naciones quedarán aniquiladas. Pero al fin mi Inmaculado Corazón triunfará.

Y añadió Nuestra Señora: Cuando recen el Rosario, después de cada misterio digan: "Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".
Cuarta aparición: Agosto 1917.

Cuarta aparición. Esta no ue posible el 13 de agosto, porque ese día el alcalde tenía prisioneros a los 3 niños intentando hacerlos decir que ellos no habían visto a la Virgen. Aunque el alcalde de no logró su propósito, la aparición sucedió unos días después.

La Sma. Virgen les dijo en la 4ª. Aparición: "Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas". (El Papa Pío XII decía que esta frase era la que más le impresionaba del mensaje de Fátima y exclamaba: "Misterio tremendo: que la salvación de muchas almas dependa de las oraciones y sacrificios que se hagan por los pecadores).

Desde esta aparición los tres niños se dedicaron a ofrecer todos los sacrificios posibles por la conversión de los pecadores y a rezar con más fervor el Rosario.

Quinto aparición: 13 de Septiembre 1917.
Ya hay unas 12,000 personas. Nuestra Señora les recomienda a los videntes que sigan rezando el Rosario y anuncia el fin de la guerra. Lucía le pide por varios enfermos. La Virgen le responde que algunos sí curarán, pero que otros no, porque Dios no se confía de ellos, y porque para la santificación de algunas personas es más conveniente la enfermedad que la buena salud. E invita a todos a presenciar un gran milagro el próximo 13 de octubre.

Sexta y última aparición. 13 de octubre de 1917.

En este día hay 70,000 personas. La aparición dice a los tres niños: "Yo soy la Virgen del Rosario. Deseo que en este sitio me construyan un templo y que recen todos los días el Santo Rosario".

Lucía les dice los nombres de bastantes personas que quieren conseguir salud y otros favores muy importantes. Nuestra Señora le responde que algunos de esos favores serán concedidos y otros serán reemplazados por favores mejores. Y añade: "Pero es muy importante que se enmienden y que pidan perdón por sus pecados".

Y tomando un aire de tristeza la Sma. Virgen dijo estas sus últimas palabras de las apariciones: QUE NO OFENDAN MAS A DIOS QUE YA ESTA MUY OFENDIDO (Lucía afirma que de todas las frases oídas en Fátima, esta fue la que más le impresionó).

La Sma. Virgen antes de despedirse señaló con sus manos hacia el sol y entonces los 70,000 espectadores presenciaron un milagro conmovedor, un espectáculo maravilloso, nunca visto: la lluvia cesó instantáneamente (había llovido desde el amanecer y era mediodía) las nubes se alejaron y el sol apareció como un inmenso globo de plata o de nieve, que empezó a dar vueltas a gran velocidad, esparciendo hacia todas partes luces amarillas, rojas, verdes, azules y moradas, y coloreando de una manera hermosísima las lejanas nubes, los árboles, las rocas y los rostros de la muchedumbre que allí estaba presente. De pronto el sol se detiene y empieza a girar hacia la izquierda despidiendo luces tan bellas que parece una explosión de juegos pirotécnicos, y luego la multitud ve algo que la llena de terror y espanto.
Ven que el sol se viene hacia abajo, como si fuera a caer encima de todos ellos y a carbonizarlos, y un grito inmenso de terror se desprende de todas las gargantas. "Perdón, Señor, perdón", fue un acto de contrición dicho por muchos miles de pecadores. Este fenómeno natural se repitió tres veces y duró diez minutos. No fue registrado por ningún observatorio astronómico porque era un milagro absolutamente sobrenatural.

Luego el sol volvió a su sitio y los miles de peregrinos que tenían sus ropas totalmente empapadas por tanta lluvia, quedaron con sus vestidos instantáneamente secos. Y aquel día se produjeron maravillosos milagros de sanaciones y conversiones.

Y nosotros queremos recordar y obedecer los mensajes de la Sma. Virgen en Fátima: "Rezar el Rosario. Hacer oración y sacrificios por la conversión de los pecadores y NO ofender más a Dios, que ya esta muy ofendido".

Apariciones del Ángel de La Paz

Un tiempo antes de la manifestación de Nuestra Señora de Fátima, los niños Videntes, tuvieron tres apariciones de un Angel. La primera tuvo lugar en la primavera de 1916 en la cueva "Loca de Cabeco".

El Angel les dijo: " No teman. Soy el Angel de la Paz. Recen conmigo."

Luego se arrodillo en la tierra, se inclino y dijo :
"Mi Dios, Yo creo en ti, Yo te adoro y Yo te amo. Te pido perdón por todos aquellos que no creen , que no te adoran y no te aman."

Lo repitió tres veces, se levanto y le dijo a los pequeños "Recen de esta manera. Los corazones de Jesús y María están atentos a sus súplicas." Luego desapareció.

En la segunda aparición, entre otras cosas, el Angel les dijo: "Yo soy el Angel de su guardia, el Angel de Portugal. Sobre todo, acepten y soporten con sumisión el sufrimiento que el Señor les envíe".

En la tercer aparición: El Angel nuevamente se apareció en la cueva Loca de Cabeco, llevaba consigo un cáliz y sostuvo sobre él, una Hostia. Repitió tres veces esta oración:

"Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en acto de reparación por los sacrilegios, ultrajes e indiferencia por la cual Él Mismo es ofendido. Y mediante los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, yo le pido la conversión de los pobres pecadores."

Después le dio la Hostia a Lucía y ofreció el contenido del Cáliz a Jacinta y Francisco para que lo bebieran. Volvió a repetir la oración y se marcho.

Apariciones de la Santísima Virgen

Ocurrieron entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917.

Primera Aparición:

Aconteció el 13 de mayo, los tres niños se encontraban en la Cova de Iría, cuando vieron un luz como si fuera un relámpago, entonces creyendo que era una tormenta, intentaron marcharse, pero nuevamente otro rayo de luz los detuvo, de repente por encima de un arbusto apareció Nuestra Señora vestida de blanco, brillaba como el sol, en su mano derecha llevaba un Rosario. La Virgen les hablo así:

"No tengan miedo. No les haré daño."

Lucia pregunto:
- ¿De dónde es su merced?

La Virgen María respondió:
- Mi lugar es el cielo.

Y el diálogo siguió, más o menos de esta manera:
- ¿Y qué desea de nosotros?

- Vengo a pedirles que vengan el 13 de cada mes al mediodía. En octubre les diré quién soy y qué es lo que quiero.

Lucía le Pregunto:
- ¿Nosotros también iremos al cielo?

- Jacinta y tu, sí.

- ¿Y Francisco?, preguntó Lucía.

- El también irá al cielo, pero antes tendrá que rezar muchos rosarios.

Y la Señora continuó diciéndoles:
- ¿Quieren ofrecerse al Señor y estar prontos para aceptar con generosidad los sufrimientos que Dios permita que les lleguen y ofreciéndolo todo en desagravio por las ofensas que se hacen a Nuestro Señor?

- Sí, Señora, queremos. Respondieron los pastorcitos.

La Santísima Virgen les dijo:
- Tendrán ocasión de padecer y sufrir, pero la gracia de Dios los fortalecerá y asistirá.

Pasados unos minutos Nuestra Señora agregó:
-"Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra".

Luego se elevó y desapareció.

Segunda Aparición:
Tuvo lugar el 13 de Junio de 1917, en ella Nuestra Señora les pidió a los niños que recen el rosario y aprendan a leer.

Después Lucía le preguntó:
¿Quiere llevarnos a los tres al cielo?

Nuestra Señora le responde:
- Sí a Jacinta y a Francisco los llevaré muy pronto, pero tú debes quedarte aquí abajo, porque Jesús quiere valerse de ti para hacerme amar y conocer. El desea propagar por el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María.

Lucía entonces le dice:
- ¿Y voy a quedarme sólita en este mundo?

La santísima Virgen le responde:
- ¡No hijita! ¿Sufres mucho? Pero no te desanimes, que yo no te abandonaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y yo seré el camino que te conduzca a Dios.

Tercera Aparición:
Ocurrió el 13 de julio de 1917, en esta aparición, ya se encuentran 4000 personas contemplando a los niños. Nuestra Señora les habló a los videntes así:

"Es necesario rezar el rosario para que se termine la guerra. Con la oración a la Virgen se puede obtener la paz. Cuando sufran digan: 'Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores' ".

Luego tuvieron la visión del Infierno, que Lucía en su libro "Memorias" nos relata así:

"Ella abrió sus manos una vez más, como lo había hecho los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra y vimos, por decirlo así, un vasto mar de fuego. Sumergidos en este fuego, vimos a los demonios y a las almas de los condenados. Estas últimas eran como rescoldos transparentes y ardientes, todos ennegrecidos o bruñidos en bronce, que tenían forma humana. Flotaban en aquella conflagración, que a veces se elevaba en el aire por las llamas que ellas mismas emitían, junto con grandes nubes de humo. Retrocedían después hacia todos lados como chispas en incendios inmensos, sin peso o equilibrio, entre alaridos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo (debió haber sido este espectáculo lo que me hizo gritar, como dice la gente que nos escuchó). Los demonios se distinguían de las almas de los condenados, por su aterrador y repugnante parecido con espantosos y desconocidos animales, negros y transparentes como brasas ardientes. Esa visión duró sólo un momento, gracias a nuestra bondadosa Madre Celestial, Quien en la primera aparición había prometido llevarnos al Cielo. Sin esto, creo que hubiéramos muerto de terror y miedo."

Después de este suceso, los niños Videntes estaban asustados y Nuestra Señora, les habló con bondad y tristeza:

"¿Han visto el infierno donde van a caer tantos pecadores? Para salvarlos, el Señor quiere establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María. Si se reza y se hace penitencia, muchas almas se salvarán y vendrá la paz. Pero si no se reza y no se deja de pecar tanto, vendrá otra guerra peor que las anteriores, y el castigo del mundo por sus pecados será la guerra, la escasez de alimentos y la persecución a la Santa Iglesia y al Santo Padre. Vengo a pedir la Consagración del mundo al Corazón de María y la Comunión de los Primeros Sábados, en desagravio y reparación por tantos pecados. Si se acepta lo que yo pido, Rusia se convertirá y vendrá la paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo y habrá guerras y persecuciones a la Iglesia. Muchos buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho. Varias naciones quedarán aniquiladas. Pero al fin mi Inmaculado Corazón triunfará.

El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal el dogma de la fe se conservará siempre... (Luego de estas palabras la Virgen María les cuenta a los niños la tercera parte del secreto o (tercer secreto), que Lucía escribió entre el 22 de Diciembre de 1943 y el 9 de Enero 1944). Después la Virgen dijo: 'Esto no lo digas a nadie. A Francisco si podéis decírselo'."

Y agregó: Cuando recen el Rosario, después de cada misterio digan: "Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, libranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".

Cuarta Aparición:
Esta ocurrió el domingo 19 de Agosto, porque el 13 de agosto, el administrador del Consejo del lugar, apresó a los tres niños para tratar de hacerlos decir que ellos no habían visto a la Virgen, los asusto, los encerró en el calabozo, donde los pequeños colgaron en la pared una medalla que tenia Jacinta y rezaron el rosario junto a los presos, hasta que finalmente tuvo que liberarlos. Unos días después la Virgen apareció en un lugar llamado Valinhos (a 400 metros de Aljustrel), y entre otras cosas les dijo: "Deseo que sigan yendo a Cova de Iría en los días 13, que sigan rezando el rosario todos los días y les prometió que haría en el último mes un milagro para que todos creyesen."

Quinta Aparición:
Sucedió el 13 de Septiembre 1917. Nuestra Señora les dice nuevamente a los niños que sigan rezando el Rosario para que finalice la guerra y les expresa:

"En octubre haré un milagro para que todos crean, Curaré a algunos enfermos, pero no a todos."

Sexta Aparición:

"El milagro del cielo de Fátima o el milagro del Sol."

La última aparición ocurrió el 13 de octubre de 1917, en la Cova de Iría, donde se encontraban 70.000 personas, llovía torrencialmente y los pequeños fueron al lugar, donde la Virgen se manifestó y les dijo:

" Yo soy la Señora del Rosario, continúen rezando el Rosario todos los días, la guerra se acabará pronto."

Luego se produce el milagro del sol, la Virgen elevó sus brazos al cielo y la lluvia se detuvo, el sol giró tres veces sobre si mismo, emitiendo luces de variados colores. Los niños y los testigos del suceso vieron como si el sol se desprendiera del firmamento y fuese a caer sobre ellos. Muchos gritaban de miedo, los niños Videntes en esos momentos tuvieron visiones al lado del sol, vieron a San José con el Niño, a Nuestra Señora de los Dolores y a Nuestra Señora del Carmen. Luego de diez minutos el sol volvió a su lugar y los miles de peregrinos que tenían sus ropas mojadas por tanta lluvia, quedaron con sus ropas completamente secas.

Este suceso es considerado como el acontecimiento sobrenatural más grande del siglo XX. La Iglesia Católica ha aprobado oficialmente al Mensaje de Fátima como "digno de ser creído" desde 1930.

Un observador de los hechos el Doctor Garrett, profesor de la Facultad de Ciencias de Coimbra, Portugal, relato lo sucedido así:

"El cielo, que había estado nublado todo el día, súbitamente se aclaró; la lluvia paró y parecía como si el sol estuviera a punto de llenar de luz el campo que la mañana invernal había vuelto tan lóbrego. Yo miraba el lugar de las apariciones en un estado sereno, aunque frío, en espera de que algo pasara, y mi curiosidad disminuía, pues ya había transcurrido bastante tiempo sin que pasara nada que llamara mi atención. Unos momentos antes, el sol se había abierto paso entre una capa gruesa de nubes que lo escondían y brillaba entonces clara e intensamente. De repente escuché el clamor de miles de voces, y vi a la multitud desparramarse en aquel vasto espacio a mis pies ... darle la espalda a aquel lugar, que hasta ese momento había sido el foco de sus expectativas, y mirar hacia el sol en la otra dirección. Yo también di la vuelta hacia el punto que atraía su atención y pude ver el sol, como un disco transparente, con su agudo margen, que brillaba sin lastimar la vista. No se podía confundir con el sol que se ve a través de una neblina (en ese momento no había neblina), pues no estaba velado ni opaco. En Fátima, el sol conservó su luz y calor, y se destacó claramente en el cielo, con un margen agudo, parecía una mesa de juego. Lo más sorprendente era que se podía mirar directamente al disco solar, sin que los ojos se lastimaran o se dañara la retina. Durante ese tiempo, el disco del sol no permaneció inmóvil, se mantuvo en un movimiento vertiginoso, pero no como el titilar de una estrella con todo su brillo, pues el disco giraba alrededor de sí mismo en un furioso remolino ...".

El Secreto de Fátima

En la tercera aparición la Santísima Virgen les contó un secreto a los Videntes, éste esta dividido en tres partes, las dos primera han sido públicamente reveladas en el libro "Memorias de Lucía" en la década de 1940. Y son: La Visión del infierno, el anunció de una futura guerra, la petición de la Santísima Virgen sobre la Consagración de Rusia, como condición para la paz mundial y la práctica de la comunión de los primeros sábados.

La Tercera parte o Tercer Secreto:
Se hizo público el 13 de mayo del 2000.




LUCÍA DOS SANTOS

Nació en Aljustrel, a casi 1 kilómetro de Fátima, Portugal. El 22 de marzo de 1907, hija de Antonio y María Rosa Dos Santos. Prima de Francisco y Jacinta. Desde la primera aparición de la Virgen tuvo que soportar muchos sufrimientos, porque era criticada y se dudaba de ella. Los sacerdotes de la parroquia de Fátima insinuaron que ella podría ser un "pequeño instrumento del demonio". Por todo esto la niña sentía mucho temor en regresar al lugar de las apariciones, pero pudo vencerlo ante el pedido de sus primos y regresó a la Cova de Iría, como la Santísima Virgen se lo había solicitado. Uno de sus mayores dolores fue cuando a Virgen le dijo que se llevaría muy pronto al Cielo a Francisco y a Jacinta y le expresó que ella permanecería en la tierra, para difundir la devoción al Corazón Inmaculado de María.

En 1921, Lucía fue enviada al convento de las Hermanas Doroteas de Villar en Oporto, por decisión del Obispo de Leiria, tenia entonces 14 años. En 1928, se convirtió en religiosa y en 1946, ingresó al convento de las Hermanas Carmelitas de Coimbra, Portugal. Tomo el nombre de María Lucía del Inmaculado Corazón, pero es más conocida como la Hermana Lucía.
La Santísima Virgen María se manifestó a Lucía cuando ella era postulante, y le reveló la promesa de los Cinco Primeros Sábados, cinco años después, en Junio del 1929, tuvo la visión de la Trinidad, con la petición de la consagración de Rusia.

BEATO FRANCISCO MARTO

Nació en Aljustrel, a casi 1 kilómetro de Fátima, Portugal. El 11 de junio de 1908, era hijo de Manuel y Olimpia de Jesús Marto, hermano de Jacinta y primo de Lucía.

Cuando ocurrieron los acontecimientos de Fátima, éste pequeño tenía nueve años.

Durante de la primera aparición, Lucía preguntó si Francisco iría al Cielo, y la Señora contesto: "Sí, va a ir al Cielo, pero tendrá que rezar muchas veces el Rosario."

Después de las apariciones Francisco mostraba poco interés en ir a la escuela, frecuentemente les decía a Lucía y a Jacinta al momento de aproximarse al colegio: "Sigan, que yo voy a ir a la iglesia a hacerle compañía al Jesús escondido" (ésta expresión se refiere al Santo Sacramento).

A fines de 1918, Francisco y su hermanita, enfermaron gravemente por una epidemia de bronconeumonía y el 4 de abril de 1919, el niño falleció. Lucía escribió en su libro "Memorias... " al narrar sobre su primo: "Voló al Cielo en los brazos de Nuestra Madre Celestial."

BEATA JACINTA MARTO

También nació en Aljustrel, a casi un kilómetro de Fátima, Portugal. El 11 de marzo de 1910. Era hija de Manuel y Olimpia de Jesús Marto, hermana de Francisco y prima de Lucía.

Cuando ocurrieron los sucesos de Fátima, tenía siete años, era la menor de los tres niños. Jacinta después de haber tenido la visión del infierno, se ofreció completamente a la salvación de las almas.

Poco tiempo después de las apariciones enfermo, primero junto su hermano en la epidemia de bronconeumonía, después se le declaró una pleuresía purulenta, luego de dos meses de internación la llevaron nuevamente a su hogar, pero los médicos encontraron que tenia una inflamación abierta y ulcerosa en el pecho. Más tarde le diagnosticaron tuberculosis. Fue internada en el hospital de Lisboa en donde la Santísima Virgen se le apareció en varias oportunidades. Jacinta en su agonía ofrecía sus sufrimientos por los pecadores. Falleció en la noche del 20 de febrero de 1920.

Francisco y Jacinta Martos estuvieron enterrados en el cementerio municipal de Fátima, hasta que los trasladaron a la Basílica de Nuestra Señora a principios de la década de 1950.

LOS CINCO PRIMEROS SÁBADOS

El 10 de diciembre de 1925, Lucía era postulante en el Convento de las Doroteas en España, cuando de repente tuvo la manifestación de la Virgen María y del Niño Jesús.

Nuestra Señora le habló así:
"Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas, que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que a todos que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, reciten el Rosario y hágame compañía durante 15 minutos, al mismo tiempo mediten sobre los quince misterios del Rosario, con un espíritu de expiación, que Yo les prometo asistirlos a la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas."

Párrafo de una carta que escribió la Hermana Lucía en 1927, acerca de la devoción expiatoria de los cinco sábados al Corazón Inmaculado de María:

"La devoción consiste en esto: Durante cinco meses, el Primer Sábado, recibir a Jesús en la Comunión, recitar el Rosario, hacerle compañía a Nuestra Señora durante quince minutos mientras se medita sobre los misterios del Rosario y confesarse. La confesión puede hacerse unos días antes, y si en esta confesión previa usted ha olvidado la intención (obligatoria), se puede ofrecer la siguiente intención, siempre y cuando uno reciba la Santa Comunión en estado de gracia el primer Sábado, con el propósito de expiar las ofensas contra la Santísima Virgen y que afligen Su Inmaculado Corazón."

LA VISIÓN DE LA TRINIDAD

El 13 de Junio de 1929, en Tuy, España, Lucía tuvo una visión que representaba a la Santísima Trinidad.
La Hermana Lucía habló así acerca de lo sucedido: "...entendí que era el Misterio de la Santa Trinidad que se me enseñó, y yo recibí luces acerca de este misterio, que no se me permite revelar".
En ese instante Nuestra Señora le dijo: "el momento ha llegado para que Dios le pida al Santo Padre que lleve a cabo, en unión de todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón. De esta manera, El promete salvar a Rusia."


LA BASÍLICA

Fue iniciada en 1928 y consagrada el 7 de Octubre de 1953. Tiene quince altares que corresponden a las quince decenas del Rosario en honor de Nuestra Señora, quien en ese lugar declaró:

"Yo soy la Señora del Rosario". EL edificio está construido de piedra caliza sólida, y tiene una torre de 65 metros. Las tumbas de Francisco
y Jacinta, están ubicadas detrás del Altar Mayor. El cuadro del altar mayor simboliza el mensaje de Nuestra Señora a los niños, preparados por el Angel de Portugal, por medio del encuentro con Jesús en la Eucaristía. Los vitrales representan escenas de las apariciones y algunas invocaciones de la Letanía de la Virgen. El órgano, fue instalado en 1952, tiene cerca de 12 mil tubos.

En la entrada del Santuario, por la parte sur de la Rectoría, se encuentra, un monumento inaugurado el 13 de agosto de 1994, que contiene una porción del Muro de Berlín, demolido a partir del 9 de Noviembre de 1989.

LA CAPILLA

Fue el primero edificio construido en Cova de Iría, y es precisamente el lugar de las apariciones de Nuestra Señora. Hay una columna de mármol sobre la cual está colocada la Imagen de Virgen.

Está compuesto por 15 capillitas, catorce recordando la Pasión del Señor y una décima quinta por su Resurrección. El VíaCrucis comienza en la rotonda de Santa Teresa y recorre parte del camino entre Aljutrel y el lugar de las apariciones en Cova de Iría.

Por debajo del Calvario hay una Capilla dedicada a San Esteban. Las primeras 14 estaciones, fueron inauguradas el 12 de Mayo de 1964, la 15ª, el 13 de octubre de 1992.

Monumento del Sagrado Corazón de Jesús:Se eleva en el centro de la plaza y sobre un pozo, cuya agua ha sido el medio de muchas gracias.


Fechas importantes después del milagro de Fátima:

28 de abril de 1919: Comienza la Construcción de la Capillita.

13 de octubre de 1921: Se permite por primera vez celebrar la Santa Misa.

3 de mayo de 1922: El Obispo de Leiría, manda instaurar el proceso canónico, sobre los acontecimientos de Fátima.

10 de diciembre de 1925: Lucía era postulante en el Convento de las Doroteas en España, cuando tuvo la manifestación de la Virgen María y del Niño Jesús.

13 de Junio de 1929, Tuy, España: Lucía tuvo una visión que representaba a la Santísima Trinidad.

13 de octubre de 1930: El Obispo de Leiria declara, dignas de fe las apariciones y autoriza el culto de Nuestra Señora de Fátima.

13 de mayo de 1931: Se consagra por primera vez a Portugal, al Inmaculado Corazón de María.

31 de octubre de 1942: Pío XII, hablando en portugués por la radio, consagra el mundo al Inmaculado Corazón de María.

2 de enero de 1944: La hermana Lucía puso por escrito la tercera parte del Secreto de Fátima.

13 de mayo de 1946: La Imagen de Nuestra Señora de Fátima de la capillita es coronada por el Cardenal Marsella.

21 de noviembre de 1964: El Papa Pablo VI, cuando clausura la tercera sesión del Concilio Ecuménico, anuncia, la concesión de la Rosa de Oro al Santuario de Fátima, la que entregaría el Cardenal Cento, el día 13 de mayo de 1965.

13 de mayo de 1967: S.S. Pablo VI, viaja a Fátima en el cincuentenario de la primera aparición de Nuestra Señora.

12 y 13 de mayo de 1982: S.S. Juan Pablo II viaja a Fátima como peregrino, para agradecer el haber sobrevivido del brutal atentado, sufrido un año antes en la plaza de San Pedro y consagra a la Iglesia, a los hombres y a los pueblos, al Inmaculado Corazón de María.

25 de marzo de 1984: El la plaza de San Pedro en Roma, delante de la Imagen de la Virgen, Juan Pablo II consagra una vez más, el mundo, al Inmaculado Corazón de María, en unión con todos los Obispos del Mundo.

12 y 13 de mayo de 1991: El Santo Padre Juan Pablo II, vuelve a Fátima por segunda vez, como peregrino, en el décimo aniversario de su atentado.

13 mayo de 2000: El Santo Padre preside la ceremonia de beatificación de Jacinta y Francisco Marto.




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La anunciación de la Santísima Virgen María


LA ANUNCIACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA 

Esta gran fiesta tomó su nombre de la buena nueva anunciada por el arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María, referente a la Encarnación del Hijo de Dios. Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella -que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, afín de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones. 

El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su Fíat. En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra. En ese instante el alma de Jesucristo producida de la nada empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es acogida para cooperar con su libre consentimiento. 

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Fiesta de la Cátedra de San Pedro


FIESTA DE LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO
22 febrero

Recopilación de los textos por fray Gregorio Cortázar
En la basílica de San Pedro:

«Queridos amigos, deseo dar una cordial bienvenida a todos los presentes en esta basílica, cuyo ábside hoy está adornado e iluminado con ocasión de la fiesta de la Cátedra del apóstol Pedro».

– En la sala Pablo VI:

«Queridos hermanos y hermanas: La liturgia latina celebra hoy la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Se trata de una tradición muy antigua, atestiguada en Roma desde el siglo IV, con la que se da gracias a Dios por la misión encomendada al apóstol san Pedro y a sus sucesores.

La “cátedra”, literalmente, es la sede fija del obispo, puesta en la iglesia madre de una diócesis, que por eso se llama “catedral”, y es el símbolo de la autoridad del obispo, y en particular de su “magisterio”, es decir, de la enseñanza evangélica que, en cuanto sucesor de los Apóstoles, está llamado a conservar y transmitir a la comunidad cristiana. Cuando el obispo toma posesión de la Iglesia particular que le ha sido encomendada, llevando la mitra y el báculo pastoral, se sienta en la cátedra. Desde esa sede guiará, como maestro y pastor, el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad.

¿Cuál fue, por tanto, la “cátedra” de san Pedro? Elegido por Cristo como “roca” sobre la cual edificar la Iglesia (cf Mt 16, 18), comenzó, después de la Ascensión del Señor y de Pentecostés, su ministerio en Jerusalén. La primera “sede” de la Iglesia fue el Cenáculo, y es probable que en esa sala, donde también María, la Madre de Jesús, oró juntamente con los discípulos, a Simón Pedro le tuvieran reservado un puesto especial.

Sucesivamente, la sede de Pedro fue Antioquía, ciudad situada a orillas del río Oronte, en Siria (hoy en Turquía), en aquellos tiempos tercera metrópoli del imperio romano, después de Roma y Alejandría en Egipto. De esa ciudad, evangelizada por san Bernabé y san Pablo, donde “por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos” (Hc 11, 26), por tanto, donde nació el nombre de cristianos para nosotros, san Pedro fue el primer obispo, hasta el punto de que el Martirologio romano, antes de la reforma del calendario, preveía también una celebración específica de la Cátedra de San Pedro en Antioquía.

Desde allí la Providencia llevó a Pedro a Roma. Por tanto, tenemos el camino desde Jerusalén, Iglesia naciente, hasta Antioquía, primer centro de la Iglesia procedente de los paganos, y todavía unida con la Iglesia proveniente de los judíos. Luego Pedro se dirigió a Roma, centro del Imperio, símbolo del “Orbis” –la “Urbis” que expresa el “Orbis”, la tierra-, donde concluyó con el martirio su vida al servicio del Evangelio. Por eso, la sede de Roma, que había recibido el mayor honor, recogió también el oficio encomendado por Cristo a Pedro de estar al servicio de todas las Iglesias particulares para la edificación y la unidad de todo el pueblo de Dios.

Así, la sede de Roma, después de estas emigraciones de san Pedro, fue reconocida como la del sucesor de Pedro, y la “cátedra” de su obispo representó la del Apóstol encargado por Cristo de apacentar a todo su rebaño. Lo atestiguan los más antiguos Padres de la Iglesia, como por ejemplo san Ireneo, obispo de Lyon, pero que venía de Asia menor, el cual, en su tratado Contra las herejías, describe la Iglesia de Roma como “la más grande, más antigua y más conocida por todos, que la fundaron y establecieron los más gloriosos apóstoles, Pedro y Pablo”; y añade: “Con esta Iglesia, a causa de su origen más excelente, debe necesariamente estar de acuerdo toda la Iglesia, es decir, los fieles de todas partes” (III, 3, 2-3). A su vez, un poco más tarde, Tertuliano afirma: “¡Cuán feliz es esta Iglesia de Roma! Fueron los Apóstoles mismos quienes derramaron en ella, juntamente con su sangre, toda la doctrina” (La prescripción de los herejes, 36). Por tanto, la cátedra del Obispo de Roma representa no solo su servicio a la comunidad romana, sino también su misión de guía de todo el pueblo de Dios.

Celebrar la “Cátedra” de san Pedro, como hacemos nosotros, significa, por consiguiente, atribuirle un fuerte significado espiritual y reconocer que es un signo privilegiado del amor de Dios, Pastor bueno y eterno, que quiere congregar a toda su Iglesia y guiarla por el camino de la salvación.

Entre los numerosos testimonios de los santos Padres, me complace recordar el de san Jerónimo, tomado de una de sus cartas, escrita al Obispo de Roma, particularmente interesante porque hace referencia explícita precisamente a la “cátedra” de Pedro, presentándola como fuente segura de verdad y de paz. Escribe así san Jerónimo: “He decidido consultar la cátedra de Pedro, donde se encuentra la fe que la boca de un Apóstol exaltó; vengo ahora a pedir un alimento para mi alma donde un tiempo fui revestido de Cristo. Yo no sigo un primado diferente del de Cristo; por eso, me pongo en comunión con tu beatitud, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia” (Cartas I, 15, 1-2).

Queridos hermanos y hermanas, en el ábside de la basílica de San Pedro, como sabéis, se encuentra el monumento a la Cátedra del Apóstol, obra madura de Bernini, realizada en forma de gran trono de bronce, sostenido por las estatuas de cuatro doctores de la Iglesia, dos de Occidente, san Agustín y san Ambrosio, y dos de Oriente, san Juan Crisóstomo y san Atanasio. Os invito a deteneros ante esta obra tan sugestiva, que hoy se puede admirar decorada con muchas velas, para orar en particular por el ministerio que Dios me ha encomendado.

Elevando la mirada hacia la vidriera de alabastro que se encuentra exactamente sobre la Cátedra, invocad al Espíritu Santo para que sostenga siempre con su luz y su fuerza mi servicio diario a toda la Iglesia. Por esto, como por vuestra devota atención, os doy las gracias de corazón».

(2/2) Benedicto XVI, Homilía al final de la celebración eucarística con los cardenales electores en la Capilla Sixtina 20-4-2005 (ge sp fren it lt po): «En estos momentos vuelvo a pensar en lo que sucedió en la región de Cesarea de Filipo hace dos mil años. Me parece escuchar las palabras de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, y la solemne afirmación del Señor: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… A ti te daré las llaves del reino de los cielos” (Mt 16, 15-19).

¡Tú eres el Cristo! ¡Tú eres Pedro! Me parece revivir esa misma escena evangélica. Yo, Sucesor de Pedro, repito con estremecimiento las estremecedoras palabras del pescador de Galilea y vuelvo a escuchar con íntima emoción la consoladora promesa del divino Maestro. Si es enorme el peso de la responsabilidad que cae sobre mis débiles hombros, sin duda es inmensa la fuerza divina con la que puedo contar: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 18). Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la “piedra” en la que todos puedan apoyarse con seguridad».

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