Mostrando las entradas con la etiqueta espíritu santo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta espíritu santo. Mostrar todas las entradas

¿Jesús y el Espíritu Santo son inferiores a Dios Padre?


En primer lugar, es importante tener en cuenta que la doctrina cristiana enseña que Dios es uno y trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto significa que las tres personas divinas son iguales en naturaleza y dignidad, pero distintas en relación. No podemos decir que una persona de la Trinidad es inferior a otra.

La Biblia nos muestra claramente esta verdad. Por ejemplo, en Juan 1,1-3 leemos: "En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de él, y sin él no se hizo nada de lo que ha sido hecho". Aquí vemos que el Verbo (que es Jesús) es identificado como Dios y se dice que todas las cosas fueron hechas por medio de Él.

Además, en Mateo 28,19, Jesús mismo instruye a sus discípulos diciendo: "Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Esta frase nos muestra que las tres personas divinas son mencionadas juntas y se les atribuye igual importancia.

En cuanto al Espíritu Santo, también encontramos referencias a su divinidad en la Biblia. En Hechos 5,3-4, leemos sobre un incidente en el que Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo, y Pedro les dijo: "No has mentido a los hombres, sino a Dios". Aquí vemos que mentir al Espíritu Santo es equivalente a mentir a Dios, lo que nos muestra su divinidad.

Además, en Juan 14,6-17, Jesús habla de enviar al Espíritu Santo y dice: "Y yo pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre, el Espíritu de verdad". Aquí Jesús presenta al Espíritu Santo como otro Consolador, lo que implica que Él mismo es un Consolador y el Espíritu Santo es otro Consolador igualmente importante.

En cuanto al Catecismo de la Iglesia Católica, podemos encontrar enseñanzas sobre la igualdad de las tres personas divinas. Por ejemplo, en el párrafo 253 se nos dice: "El único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, no es la suma de tres seres, sino que es el Misterio de un solo Dios en tres Personas". Aquí se enfatiza que las tres personas divinas son un solo Dios.

También en el párrafo 254 se nos dice: "El término 'persona' designa las relaciones reales que existen entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo dentro de la única naturaleza divina". Esto nos muestra que las tres personas divinas están en una relación íntima y mutua, sin que ninguna sea inferior a otra.

En cuanto a la patrística, encontramos enseñanzas similares. Por ejemplo, San Agustín escribió en su obra "La Trinidad": "El Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios; y sin embargo no son tres dioses, sino un solo Dios". Aquí vemos cómo San Agustín enfatiza la unidad de Dios en tres personas.

En resumen, Jesús y el Espíritu Santo no son inferiores a Dios Padre. La doctrina cristiana enseña que las tres personas divinas son iguales en naturaleza y dignidad, pero distintas en relación. La Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica y la patrística nos muestran claramente esta verdad.

Espero que esta respuesta haya sido de tu agrado, querido hermano. ¡Que Dios te bendiga y te llene de alegría!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

"Soy una víctima del Espíritu Santo": Papa Francisco.


 

"Les diré una cosa. Soy una víctima del Espíritu Santo… Pensaba que regresaría a casa después de la elección papal. Dejé listo en Buenos Aires incluso mi sermón para el Domingo de Ramos y el del Jueves Santo." 

“Esto empezó con una idea loca y acá estamos”. Así arranca la bienvenida de Francisco. Con la naturalidad con la que ha impregnado cada rincón de un pontificado que ya ha rebasado una década y no huele ni a desgastado ni a liquidación por cierre. Al menos, eso se percibe. No solo de primeras, sino cuando la conversación se adentra en cualquier tema.

Más allá de las limitaciones físicas por su maltrecha rodilla, no le fallan las fuerzas. Ni mucho menos el entusiasmo. Por eso, ni siquiera sobrevuela en el coloquio con él la necesidad de preguntarle por la renuncia. Ni se la ve ni se la espera. Sobre todo, por la lucidez y agilidad para soportar un tercer grado, durante varias horas, saltando de un tema a otro. Se las sabe todas, como un cura villero acostumbrado a tratar lo mismo con una mujer que se desvive de sol a sol para sacar adelante a su familia que con un traficante de ‘paco’ que intenta enganchar a los chavales de la barriada.

Francisco responde. Reflexiona. Pregunta. Propone. Bromea. Y se ríe. Mucho. No relativiza, pero sí da la importancia justa a los problemas que se le plantean. Contundente con todo lo que acumula carcoma. ‘Misericordiando’ cuando alguien abre su corazón fuera del interrogatorio periodístico. Acaricia heridas. Consuela. Le va conjugar verbos de acción. Pero también de contemplación. Escucha. Acoge. Sobre todo, acoge. Desde el minuto cero. Para hacer ver al otro que no se siente extraño ni alejado ni juzgado. Es la percepción del equipo de ‘Vida Nueva’ nada más romper la barrera que resulta inevitable levantar cuando uno se sabe recibido por el sucesor de Pedro. Él se encarga de difuminar lo que suena a distancia para transformarlo en puente.

Con motivo de los 65 años de la revista, Francisco comparte mesa con quienes día a día, semana a semana, sacan adelante tanto la edición impresa como la digital de este proyecto de comunicación que se inició cuando comenzaba a soplar una brisa que anticipaba un vendaval conciliar y que hoy parece renovarse con viento fresco que sigue apuntando a Jesús de Nazaret y al Evangelio. Sin reglas de juego ni cortapisas, comienza a fluir un diálogo en varias sesiones de un encuentro en el que se entrecruzan la mirada al pasado, el análisis del presente y los sueños de futuro.

De la misma manera, se alternan las preocupaciones de quien no habla solo como redactor, sino también como cristiano de a pie. O como no creyente. “Somos chusma peluda”, comenta alguien a modo de carta de presentación en Santa Marta. Porque quienes toman la palabra son aquellos que están a pie de obra: atendiendo al teléfono a los suscriptores –quienes a veces llaman con un aplauso y otras con un tirón de orejas–, o desgañitándose para que los anunciantes confíen un trecho más de camino compartido. Uno a uno, los convocados se presentan. Alguien suelta como si nada que, desde aquella fumata blanca del 13 de marzo de 2013, cree algo más en el Espíritu Santo. El interpelado recoge el guante, como si él también tuviera que justificar su presencia en la sala. Eso sí, poniendo cara de pillo.

FRANCISCO: Les diré una cosa. Soy una víctima del Espíritu Santo… Pensaba que regresaría a casa después de la elección papal. Dejé listo en Buenos Aires incluso mi sermón para el Domingo de Ramos y el del Jueves Santo. Durante el cónclave hubo varios detalles reveladores, pero realmente no me di cuenta de nada en ese momento. Luego los supe ver, transcurrido el tiempo. Ni siquiera me sentí preocupado cuando tuvo lugar la primera votación y algunos apuntaron mi nombre.

Esa noche subí hasta la quinta planta de Casa Santa Marta para llevarle al cardenal de La Habana, Jaime Ortega, las notas que me pidió sobre las palabras que dije durante las congregaciones generales, cuando hablé de la dulce y confortadora alegría de evangelizar, del peligro de una Iglesia autorreferencial y de la mundanidad espiritual, así como de la necesidad de salir a las periferias. Al darle el papel, me dijo: “¡Ay, qué lindo! Me llevo un recuerdo del Papa”. Ni me di cuenta del comentario en ese momento. Cuando tomo el ascensor para bajar al segundo piso, donde yo estaba, en el cuarto sube el cardenal Errázuriz y me suelta: “¿Ya preparaste el discurso?”. “¿Cuál?”. “El que tienes que decir en el balcón”. También lo ignoré, como si nada.

De la misma manera, sucedió algo en el comedor al día siguiente en el almuerzo. Otro cardenal se puso a hablar conmigo y me pidió que me acercara para hablar con un grupo de electores europeos: “Eminencia, venga, queremos conocer algo más de Latinoamérica. Háblenos”. Yo, ‘salame’, no caí en la cuenta de que me estaban haciendo un examen. El remate fue cuando, después, un cardenal amigo mío se me acercó para preguntarme por mi salud. Le desmentí algunos rumores sobre mi persona, sin darle importancia. Tanto es así, que me fui a dormir la siesta tranquilo. Después, me fui a votar como uno más. Antes de llegar a la Capilla Sixtina, me encontré con el cardenal Ravasi y nos pusimos a conversar mientras caminábamos por los alrededores. Le confesé que utilizaba sus libros para dar clase y, a partir de ahí, comenzamos a hablar evadiéndonos de todo, hasta que escuchamos una voz de lejos: “¿Y ustedes van a entrar o no? Porque cierro la puerta…”. Casi nos quedamos fuera…

Se lo cuento porque uno, en el fondo, es víctima de la Providencia, del Espíritu Santo. Así entré yo al cónclave y así salí. En la primera votación de la tarde, cuando ya era casi evidente todo, se me acercó el cardenal Hummes, que estaba detrás mío, y me dijo: “No te preocupes, así trabaja el Espíritu Santo”. Y, cuando ya salí elegido en la votación definitiva, fue cuando me comentó eso que ya he dicho tantas veces: “No te olvides de los pobres”. Conclusión: comparto esto para que vean que el Espíritu Santo existe y yo creo que me puso Él.

Continúan dándose a conocer quienes se encuentran en la sala. Un espacio operativo, el lugar en el que se reúne el Consejo de Cardenales. Hoy no hay ningún pantone púrpura, pero sí voces con acentos distintos. Porque en la cumbre de Vida Nueva con Francisco están los vaticanistas de la casa con residencia en Italia. También quienes relatan la realidad de América desde las delegaciones ubicadas en México, Colombia y Argentina. Unos, presencialmente. Otros, desde la pantalla, con desajuste horario que pide tequila, café y mate. Los que están ante el Papa le entregan algún regalo personal: un cuento, una cruz, una edición añeja de ‘La imitación de Cristo’, de Tomás de Kempis… Y algunos libros.

FRANCISCO: El Sínodo fue el sueño de Pablo VI. Cuando terminó el Concilio Vaticano II, se dio cuenta de que la Iglesia en Occidente había perdido la dimensión sinodal. Por eso creó el Secretariado para el Sínodo de los Obispos, para empezar a trabajar en eso. Cuando se cumplieron los 50 años, salió ese documento firmado por mí, que elaboré junto a un grupo de teólogos, en el que queda clara y anclada la doctrina sinodal.

Hace poco llamé a un convento para hablar con una monja. Todo iba bien hasta que me dijo: “Pero este Sínodo, ¿no nos cambiará la doctrina?”. Y yo le contesté: “Decime, querida, ¿quién te metió eso en la cabeza?”. Se trata de andar adelante para recuperar esa dimensión sinodal que la Iglesia oriental tiene y nosotros perdimos.

Recuerdo que, en el Sínodo de 2001 [sobre ‘El obispo: servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo’], me tocó ser secretario. Por las tardes, me traían los materiales de los grupos y me quedaba preparando las votaciones. Entonces, el cardenal encargado de la coordinación venía, revisaba los papeles y empezaba a decir: “Esto no se vota… Esto, tampoco”. Yo le respondía: “Eminencia, esto salió de los grupos…”. Pero se ‘purificaban’ las cosas. Hemos ido avanzando y, hoy día, se vota y se escucha todo.

Un ejemplo es el Sínodo de la Amazonía [celebrado en 2019]. Todos venían hablando de los viri probati y, una vez dentro, fuimos viendo cómo la acción del Espíritu Santo lo cambió progresivamente. Se habló de los ‘viri probati’, sí, pero también de otras cosas importantes, como el trabajo de los catequistas, los diáconos permanentes, los seminarios regionales o la implicación de los curas en los territorios. Fueron avances que salieron de adentro y, finalmente, la cuestión de los ‘viri probati’ se quedó ahí.

Hay algo que repito constantemente: en el Sínodo, el protagonista es el Espíritu Santo. El que no cree en Él y no reza durante el Sínodo, no puede ir a ninguna parte. No le sale. Le va a salir una ideología, una postura política, pero nada verdadero sin un clima de oración. Por eso insisto en que, en el método de trabajo durante todas las sesiones en la asamblea, después de cada tres intervenciones, tiene que haber un momento de oración y silencio, para meditar. En el Sínodo, el protagonista es el Espíritu Santo. Y, si somos fieles, el Espíritu Santo nos moverá a donde ni siquiera nosotros nos imaginamos.

Tenemos también el ejemplo del Sínodo de la Familia. Desde fuera se nos impuso como gran tema la comunión a los divorciados. En este caso, se dio aquello de la psicología de la onda, que buscaba expandirse. Pero, afortunadamente, el resultado fue mucho más allá… mucho más allá.

PREGUNTA.- Este Sínodo de la Sinodalidad parece que lo abarca todo: desde propuestas para una renovación litúrgica a la necesidad de comunidades más evangelizadoras, pasando por una verdadera opción preferencial por los pobres, un compromiso real en materia de ecología integral, la acogida a los colectivos LGTBI… ¿Se planteó en algún momento darle forma de Concilio Vaticano III?

RESPUESTA.- No está madura la cosa para un Concilio Vaticano III. Y tampoco es necesario en este momento, puesto que no se ha puesto todavía en marcha el Vaticano II. Este fue muy arriesgado y hay que ponerlo en marcha. Pero siempre está ese miedo que a todos se nos contagió, escondidamente, por parte de los ‘viejos católicos’ que, ya en el Vaticano I, se decían “depositarios de la verdadera fe”. Todas estas propuestas de ‘mala lactosa’ hay que bajarlas con argumentos claros. Es importante salir al encuentro de los sofismas.

Los curas jóvenes…

Francisco no es, en modo alguno, ajeno a las resistencias a la reforma que tiene entre manos. Le preocupa, pero tampoco le sobrepasa. Cuando aborda esta cuestión, lo hace con la serenidad de aquel que sabe que lo que propone no es una ocurrencia, sino un aterrizaje conciliar que no encuentra pista en parroquias, diócesis y episcopados varios.


Toma la palabra un sacerdote que vive en Santa Marta y que se ha unido al grupo de Vida Nueva de carambola. Cosas de la Providencia. El cura, que tiene un pie en la Curia y otro en su diócesis, se hace eco ante el propio Papa de esta oposición que palpa en Roma… y lejos de Roma: “Me preocupa la rigidez de los curas jóvenes…”.

FRANCISCO: Esa rigidez es de gente buena que quiere servir al Señor. Reaccionan así porque tienen miedo ante un tiempo de inseguridad que estamos viviendo, y ese miedo no les deja andar. Hay que quitarles este temor y ayudarles. Por otro lado, esa coraza esconde mucha podredumbre. Ya he tenido que intervenir algunas diócesis de varios países con unos parámetros parecidos. Detrás de ese tradicionalismo, hemos descubierto problemas morales y vicios graves, dobles vidas. Todos sabemos de obispos que, como necesitaban curas, han echado mano de personas a las que habían echado de otros seminarios por inmorales.

La rigidez no me gusta porque es un mal síntoma de vida interior. El pastor no puede darse el lujo de ser rígido. El pastor tiene que estar a mano de lo que venga.

Alguien me dijo hace poco que la rigidez de los sacerdotes jóvenes brota porque están cansados del actual relativismo, pero no siempre es así. A los obispos les pido que tengan cuidado con esta deriva y que tengan claro que no solo las “beatas Imeldas” son los mejores curas. Si uno te pone cara de ‘santito’ y le da la vuelta los ojos, desconfía. Necesitamos seminaristas normales, con sus problemas, que jueguen al fútbol, que no vayan a los barrios a dogmatizar… A mí me ayudaba pedir informes a las mujeres de las parroquias, a los coadjutores y a los hermanos donde iban los seminaristas…

P.- Una vez ordenados esos sacerdotes identificados como “rígidos”, ¿cómo se les acompaña para que se sumen al Vaticano II? Porque, en el fondo, sufren por no ser capaces de acoger lo que viene…

R.- Ahí hacen falta esos pastores con muñeca, esos curas que son vivos y pasaron la mediana edad. Ellos tienen la experiencia y la paciencia para acompañarlos. Lentamente, los van ‘ablandando’. Cuando ven que acoger el Concilio no es una amenaza para el magisterio, se ‘ablandan’. Pero no es fácil, porque el clericalismo siempre está ahí.

Hay gente que vive atrapada en un manual de teología, incapaz de meterse en los problemas y hacer que la teología vaya adelante. La teología estancada me hace recordar eso de que el agua estancada es la primera que se corrompe, y la teología estancada crea corrupción. Tanto los movimientos de izquierdas como de derechas que se quedan estancados, crean corrupción.

Recuerdo que, cuando decía el padre Arrupe que el Papa tuvo que intervenir sobre el análisis marxista de la realidad en la Teología de la Liberación, salieron al encuentro de una teología que se estaba estancando y privaba de la riqueza de la que era una Teología de la Liberación más seria, creada por Gustavo Gutiérrez. Por cierto, el otro día vi una foto de él cuando cumplió 95 años y cómo le entregaba su pectoral el cardenal Pedro Barreto….

P.- ¿Ya ha podido leer el informe que encargó sobre los seminarios españoles?

R.- Lo primero que tengo que decir es que los dos obispos uruguayos que viajaron a España –Arturo Fajardo y Milton Tróccoli– hicieron un trabajo excelente; es de lo mejor que tenemos. Con esta idea por delante, y ahora hablo en general, más allá de España, está claro que un seminario con dos, tres o cinco seminaristas no funciona. Los grandes seminarios tienen que hacer pequeñas comunidades, y los que tienen pocos candidatos tienen que agruparse. Hay que redimensionar y generar una dinámica comunitaria sensata. El número es clave.

Por otro lado, tenemos que hacer hincapié en una formación humanística. Abrámonos a un horizonte cultural universal que los humanice. Los seminarios no pueden ser cocinas ideológicas. Los seminarios están para formar pastores, no ideólogos. El problema de los seminarios es serio.

P.- Le confesamos al Papa que un par de seminarios se han dado de baja de Vida Nueva porque consideran que “sus contenidos no son adecuados para una casa de formación sacerdotal”. A renglón seguido, surge otra confesión del comentario que deja caer algún báculo: “Si el Papa lee Vida Nueva, así será el Papa…”. Por otro lado, hay otros tantos que confían de lleno en esta revista. ¿Cómo ve a los obispos españoles?

R.- Son buenos pastores. Ya están viendo que en los nuevos nombramientos de obispos, no solo en España, sino en todo el mundo, estoy aplicando un criterio general: una vez que un obispo es residencial y está destinado, ya está casado con esa diócesis. Si mira otra, es ‘adulterio episcopal’. Quien busca un ascenso, comete ‘adulterio episcopal’. Por eso, estoy pidiendo que busquen sacerdotes u obispos auxiliares. Un obispo auxiliar es un viudo que dejó su parroquia, pero que ahora está en tierra de nadie, acompañando al residencial.

P.- ¿Por qué no viene a España?

R.- No voy a ir a ningún país grande de Europa hasta que no termine con los pequeños. Empecé con Albania y, si bien fui a Estrasburgo, no fui a Francia. Si bien voy a Marsella, no voy a Francia.

P.- ¿Tiene algún viaje previsto más allá de los anunciados oficialmente?

R.- Estamos trabajando en Kosovo, pero no está definido.

P.- ¿Y Argentina? ¿De verdad va a ir?

R.- Puedo confirmar que está en programa. Veremos si se puede hacer, una vez que pase el año electoral. Terminadas las elecciones, se puede hacer. En estos momentos solo pienso en Argentina… y quizás Uruguay. Ya hubo varios intentos antes, pero las elecciones frustraron la visita.

P.- ¿Cómo van las negociaciones  de paz ante la guerra en Ucrania?

R.- El cardenal Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, está trabajando a fondo como responsable de los diálogos. Ya fue a Kiev, donde se mantiene la idea de victoria sin optar por la mediación. También estuvo en Moscú, donde encontró una actitud que podríamos calificar como diplomática por parte de Rusia. El avance más significativo que se ha logrado tiene que ver con el retorno de los niños ucranianos a su país. Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para conseguir que cada familiar que reclame la vuelta de sus hijos, pueda lograrlo.

Para ello, estoy pensando en designar a un representante de forma permanente para que sirva de puente entre las autoridades rusas y ucranianas. Para mí, en medio del dolor de la guerra, es un gran paso. Después de la visita del cardenal Zuppi a Washington, la próxima escala prevista es Pekín, porque ambos tienen también la llave para rebajar la tensión del conflicto. Todas estas iniciativas es lo que yo denomino “una ofensiva de paz”. Además, para noviembre, antes de que se celebre la Cumbre del Clima de Naciones Unidas en Dubai, estamos organizando un encuentro por la paz con los dirigentes religiosos en Abu Dabi. El cardenal Pietro Parolin está coordinando esta iniciativa, que busca hacerse fuera del Vaticano, en un territorio neutral que invite al encuentro de todos.

P.- ¿Y en Nicaragua? ¿Qué más se puede hacer por el pueblo y por el obispo encarcelado, Rolando Álvarez?

R.- Seguimos, estamos tratando de negociar.

P.- En su reciente encuentro con Lula da Silva en el Vaticano, ¿le pidió que intercediera ante Daniel Ortega para poder liberar al obispo?

R.- Sí, se lo pedí.

--

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

5 citas bíblicas para entender mejor el significado de Pentecostés y la venida del Espíritu Santo.


Estas citas te ayudarán a explorar el significado y la importancia de esta festividad en la tradición católica. Aquí tienes las citas:

1) Hechos 2, 1-4: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron entonces lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse."

Esta cita describe el evento mismo de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos de Jesús y los capacitó para hablar en diferentes lenguas y proclamar el evangelio.

2) Juan 14, 16-17: "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros."

Jesús promete enviar al Espíritu Santo como un Consolador y un guía para los creyentes. Esta promesa se cumplió en Pentecostés, cuando el Espíritu descendió sobre la comunidad de discípulos.

3) Gálatas 5, 22-23: "Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley."

Esta cita destaca los frutos del Espíritu Santo, que son cualidades y virtudes que el Espíritu produce en aquellos que lo reciben. Estos frutos son fundamentales en la vida de un cristiano.

4) Hechos 1, 8: "Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra."

Jesús les dice a sus discípulos que recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ellos. Este poder les permitiría ser testigos de Jesús y llevar el mensaje del Evangelio a todas las naciones.

5) Romanos 8, 26: "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles."

Esta cita nos recuerda que el Espíritu Santo es nuestro ayudador en momentos de debilidad. Él intercede por nosotros y nos fortalece cuando no sabemos cómo orar o enfrentar situaciones difíciles.

Estas citas bíblicas nos ayudan a comprender la importancia de Pentecostés como la venida del Espíritu Santo sobre los creyentes y cómo su presencia transforma y guía nuestras vidas.

Autor: Padre Ignacio Andrade

«Sin el Espíritu Santo, la fe es una mera doctrina y la moral solo un deber»


El Papa Francisco ha cumplido con la agenda programada y, pese a la fiebre del viernes que le obligó a suspender su agenda, este fin de semana ha retomado todos sus compromisos previstos. Este domingo ha presidido la solemnidad de Pentecostés en la basílica de San Pedro. Como ya viene siendo habitual, ha celebrado otro cardenal, en esta ocasión ha sido João Braz de Aviz, prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

En su homilía, el Papa ha explicado el papel del Espíritu Santo. Ha asegurado que «es Aquel que, al principio y en todo tiempo, hace pasar las realidades creadas del desorden al orden, de la dispersión a la cohesión, de la confusión a la armonía». Su ámbito de actuación, ha dicho el Papa, es el mundo que ha creado, la Iglesia y nuestros corazones.

«¡Pidámosle que venga cada día a nuestro mundo!»

Precisamente Francisco ha comenzado su homilía recordando que en el mundo hay mucha discordia provocada por «el que divide», es decir, por el demonio. Él es el culpable de la falta de armonía que se manifiesta en guerras y conflictos porque «es el espíritu de la división» que alimenta las hospitalidades. «Él goza con los antagonismos, con las injusticias, con las calumnias. Y, frente al mal de la discordia, nuestros esfuerzos por construir la armonía no son suficientes», por eso, se hace necesario el Espíritu Santo, que es el Espíritu bueno que se opone a la división y trae la paz. «¡Pidámosle que venga cada día a nuestro mundo!», ha exclamado el Pontífice.

El Espíritu Santo también actúa en la Iglesia desde el día de Pentecostés. Francisco ha asegurado que el Espíritu no llegó «impartiendo instrucciones y normas a la comunidad, sino descendiendo sobre cada uno de los apóstoles dándoles gracias y carismas distintos»: «Todos llenos, así empieza la vida de la Iglesia; no por un plan preciso y articulado, sino por la experiencia del mismo amor de Dios».

«Ser dóciles al soplo del Espíritu»

Fue una pluralidad que no generó confusión: «Al Espíritu, como en la creación, le gusta crear armonía partiendo precisamente de la pluralidad. Su armonía no es un orden impuesto y homologado. No es así; en la Iglesia hay un orden organizado de acuerdo a la diversidad de los dones del Espíritu». El Papa ha indicado que este es también un camino del Espíritu para crear armonía y ha querido referirse al proceso sinodal en curso. Ha insistido en que no se trata de un parlamento «para reclamar derechos y necesidades de acuerdo a la agenda del mundo», sino una ocasión «para ser dóciles al soplo del Espíritu».

Así, Francisco ha destacado que la Iglesia necesita del Espíritu Santo porque «sin Él la Iglesia permanece inerte, la fe es una mera doctrina, la moral solo un deber y la pastoral un simple trabajo. Con Él, en cambio, la fe es vida, el amor del Señor nos conquista y la esperanza renace». Y ha pedido que el Espíritu Santo esté de nuevo en el centro de la Iglesia porque, de lo contrario, «nuestro corazón no será inflamado de amor por Jesús, sino por nosotros mismos». También ha invitado a poner el Espíritu en el centro de los trabajos sinodales.

Armonizar los corazones desgarrados por el mal

Por último, el Pontífice ha explicado que el Espíritu Santo es el que crea armonía en nuestros corazones. Porque cuando Jesús envía al Espíritu Santo «lo da con un fin específico: para perdonar los pecados, es decir, para reconciliar los ánimos, para armonizar los corazones desgarrados por el mal, rotos por las heridas, por los sentimientos de culpa». Por ello, el Papa ha animado a buscar la armonía en el Espíritu y no en sucedáneos mundanos. «Si el mundo está dividido, si la Iglesia se polariza, si el corazón se fragmenta, no perdamos tiempo criticando a los demás y enojándonos con nosotros mismos, sino invoquemos al Espíritu», ha concluido Francisco.

Autora: Ángeles Conde Mir

Fuente: https://alfayomega.es/

¿Por qué se dice que el Espíritu Santo es el más olvidado de la Trinidad entre los fieles?


Antes de profundizar en esta afirmación, es importante recordar que la Trinidad es un misterio central de la fe católica que se basa en la revelación divina contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia. La Trinidad se refiere a un solo Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Aunque las tres personas son iguales en divinidad y no pueden separarse, cada una tiene una función distinta dentro de la obra de la salvación.

Dicho esto, vamos a explorar por qué se dice que el Espíritu Santo es el más olvidado de la Trinidad. Una posible razón es que la figura del Espíritu Santo es más abstracta y menos tangible que las figuras del Padre y el Hijo. En la Biblia, el Espíritu Santo es descrito a menudo en términos simbólicos y metafóricos, como el viento, el fuego o la paloma. Estas imágenes pueden resultar más difíciles de comprender y visualizar en comparación con el lenguaje más concreto utilizado para describir al Padre y al Hijo.

Además, a lo largo de la historia de la Iglesia, ha habido un mayor énfasis en la devoción y el estudio de la figura de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, y del Padre, como el Creador del universo. La figura del Espíritu Santo a veces ha quedado en un segundo plano, lo que ha llevado a una menor atención y conocimiento sobre su papel en la vida de los fieles.

Sin embargo, es importante destacar que el Espíritu Santo desempeña un papel fundamental en la vida de la Iglesia y de cada creyente individualmente. El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, el que la anima y guía en su misión de llevar el Evangelio al mundo. En el Evangelio de Juan, Jesús promete enviar al Espíritu Santo como el Defensor y Consolador, quien enseñará y recordará a los discípulos todo lo que Jesús les ha enseñado (Juan 14, 26).

El Espíritu Santo también está presente en la vida de cada creyente desde el sacramento del Bautismo. San Pablo nos enseña que, a través del Bautismo, somos "bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo" (1 Corintios 12:13). El Espíritu Santo nos santifica, nos da los dones espirituales necesarios y nos ayuda a crecer en la vida de la gracia.

En cuanto a la Escritura, encontramos varias referencias que nos muestran la importancia del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo el Espíritu Santo desempeña un papel central en la expansión de la Iglesia primitiva y en la vida de los apóstoles. Es el Espíritu Santo quien los fortalece, los guía y les da los dones necesarios para llevar a cabo la misión que Jesús les ha encomendado.

Además, en las cartas de San Pablo, encontramos enseñanzas claras sobre los dones y frutos del Espíritu Santo. En Gálatas 5, 22-23, por ejemplo, se enumeran los frutos del Espíritu Santo: "amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio". Estos frutos son una manifestación visible de la presencia y acción del Espíritu Santo en la vida de los creyentes.

La importancia del Espíritu Santo también se destaca en la liturgia de la Iglesia. En la Misa, por ejemplo, invocamos al Espíritu Santo en el momento de la Epíclesis, cuando el sacerdote extiende sus manos sobre el pan y el vino y pide al Espíritu Santo que los transforme en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Además, el sacramento de la Confirmación es una celebración especial en la que los fieles reciben los dones plenos del Espíritu Santo y son fortalecidos en su fe.

Entonces, ¿cómo podemos ayudar a los fieles a recordar y apreciar más la presencia y el papel del Espíritu Santo en sus vidas? Aquí hay algunas sugerencias:

1. Enseñanza y predicación: Los sacerdotes y líderes de la Iglesia deben incluir enseñanzas y predicaciones sobre la importancia y el papel del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. Explorar las Escrituras y la tradición de la Iglesia nos permite profundizar en el conocimiento y la comprensión del Espíritu Santo.

2. Oración al Espíritu Santo: Debemos fomentar la oración personal y comunitaria al Espíritu Santo. El rezo del Veni Creator Spiritus (Ven, Espíritu Creador) o la secuencia de Pentecostés son ejemplos de oraciones tradicionales que invocan al Espíritu Santo y nos abren a su acción en nuestras vidas.

3. Vida sacramental: Participar plenamente en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía y la Confirmación, nos abre a la gracia del Espíritu Santo y fortalece nuestra relación con Él.

4. Cultivar los dones del Espíritu Santo: Reconocer y cultivar los dones y frutos del Espíritu Santo en nuestra vida diaria nos ayuda a vivir de acuerdo con el plan de Dios y a ser testigos del amor de Cristo en el mundo.

En resumen, aunque es cierto que a veces el Espíritu Santo puede ser pasado por alto o menos enfatizado en la vida de los fieles, es importante recordar su papel esencial en la vida de la Iglesia y de cada creyente individualmente. Al profundizar en las Escrituras, la Tradición y la enseñanza de la Iglesia, podemos crecer en nuestra comprensión y aprecio por la presencia y el trabajo del Espíritu Santo. Invito a todos los fieles a abrir sus corazones al Espíritu Santo, permitiendo que Él los guíe, los fortalezca y los transforme en verdaderos discípulos de Jesucristo. Que la gracia del Espíritu Santo esté siempre con nosotros, llevándonos a una vida de fe más profunda y una comunión más íntima con la Santísima Trinidad.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Las tres acciones que hace el Espíritu Santo explicadas por el Papa Francisco


La Palabra de Dios hoy nos muestra al Espíritu Santo en acción. Lo vemos actuar en tres momentos: en el mundo que ha creado, en la Iglesia y en nuestros corazones.

[1º El Espíritu Santo actúa en el mundo]

Primero, en el mundo que ha creado, en la creación. Desde el principio, el Espíritu Santo está en acción: «Si envías tu aliento, son creados», hemos rezado con el Salmo (104,30). Él, en efecto, es creator Spiritus (cf. S. Agustín,In Ps. 32,2,2), Espíritu creador; así lo invoca la Iglesia desde hace siglos.

Pero, podemos preguntarnos, ¿qué hace el Espíritu en la creación del mundo? Si todo proviene del Padre, si todo fue creado por medio del Hijo, ¿cuál es el papel específico del Espíritu? Un gran Padre de la Iglesia, san Basilio, escribió: «Si se intenta sustraer al Espíritu de la creación, todas las cosas se mezclan y la vida surge sin ley, sin orden» (Spir., XVI,38). Esta es la función del Espíritu: es Aquel que, al principio y en todo tiempo, hace pasar las realidades creadas del desorden al orden, de la dispersión a la cohesión, de la confusión a la armonía. Este modo de actuar lo veremos siempre en la vida de la Iglesia. Él da al mundo, en una palabra, armonía; de ese modo «guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra» (Const. past. Gaudium et spes, 26; Sal 104,30). Renueva la tierra, pero —atención— no cambiando la realidad, sino armonizándola; este es su estilo porque Él en sí mismo es armonía: Ipse harmonia est (cf. S. Basilio, In Ps. 29,1), dice un Padre de la Iglesia.

Hoy en el mundo hay mucha discordia, mucha división. Estamos todos conectados y, sin embargo, nos encontramos desconectados entre nosotros, anestesiados por la indiferencia y oprimidos por la soledad. Muchas guerras, muchos conflictos; ¡parece increíble el mal que el hombre puede llegar a realizar! Pero, en realidad, lo que alimenta nuestras hostilidades es el espíritu de la división, el diablo, cuyo nombre significa precisamente “el que divide”. Sí, el que precede y excede nuestro mal, nuestra desunión, es el espíritu maligno, el «seductor del mundo entero» (Ap 12,9). Él goza con los antagonismos, con las injusticias, con las calumnias; son su alegría. Y, frente al mal de la discordia, nuestros esfuerzos por construir la armonía no son suficientes. He aquí entonces que el Señor, en el culmen de su Pascua, en el culmen de la salvación, derramó sobre el mundo creado su Espíritu bueno, el Espíritu Santo, que se opone al espíritu de división porque es armonía; Espíritu de unidad que trae la paz. ¡Pidámosle que venga cada día a nuestro mundo, a nuestra vida y esté delante de cualquier tipo de división!

[2º El Espíritu Santo actúa en la Iglesia]

Además de estar presente en la creación, lo vemos actuando en la Iglesia, desde el día de Pentecostés. Pero notemos queel Espíritu no dio comienzo a la Iglesia impartiendo instrucciones y normas a la comunidad, sino descendiendo sobre cada uno de los apóstoles; cada uno recibió gracias particulares y carismas diferentes. Toda esta pluralidad de dones distintos podría generar confusión, pero al Espíritu—como en la creación— le gusta crear armonía partiendo precisamente de la pluralidad.

Su armonía no es un orden impuesto y homologado. No es así; en la Iglesia hay un orden «organizado de acuerdo a la diversidad de los dones del Espíritu» (S. Basilio, Spir., XVI,39).

En Pentecostés, en efecto, el Espíritu Santo descendió en numerosas lenguas de fuego; dio a cada uno la capacidad de hablar otras lenguas (cf. Hch 2,4) y de oír a los demás hablar en la propia lengua (cf. Hch 2,6.11). Por tanto, no creó una lengua igual para todos, no eliminó las diferencias, las culturas, sino que armonizó todo sin homologar, sin uniformar. Y esto nos debe hacer pensar en este momento, en el que la tentación del “retroceso” busca homologar todo en disciplinas únicamente de apariencia, sin sustancia.

Detengámonos en este aspecto: el Espíritu no comienza por un proyecto estructurado —como hacemos nosotros, que a menudo nos perdemos después en nuestros programas—; no, Él empieza repartiendo dones gratuitos y sobreabundantes. El texto, en efecto, subraya que en Pentecostés «todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hch 2,4). Todos llenos, así empieza la vida de la Iglesia; no por un plan preciso y articulado, sino por la experiencia del mismo amor de Dios. De este modo, el Espíritu crea armonía, nos invita a dejar que su amor y sus dones, que están presentes en los demás, nos sorprendan. Como nos ha dicho san Pablo: «Hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu […] Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo» (1 Co 12,4.13). Ver a cada hermano y hermana en la fe como parte del mismo cuerpo al que pertenezco; esta es la mirada armoniosa del Espíritu, este es el camino que nos indica.

Y el Sínodo que se está realizando es —y debe ser— un camino según el Espíritu; no un parlamento para reclamar derechos y necesidades de acuerdo a la agenda del mundo, no la ocasión para ir donde nos lleva el viento, sino la oportunidad para ser dóciles al soplo del Espíritu. Porque, en el mar de la historia, la Iglesia navega sólo con Él, que es «el alma de la Iglesia» (S. Pablo VI, Discurso al Sacro Colegio por las felicitaciones onomásticas, 21 junio 1976), el corazón de la sinodalidad, el motor de la evangelización. Sin Él la Iglesia permanece inerte, la fe es una mera doctrina, la moral sólo un deber, la pastoral un simple trabajo.

A veces escuchamos a los así llamados pensadores, teólogos, que nos dan doctrinas frías, parecen matemáticas porque en el interior les falta el Espíritu. Con Él, en cambio, la fe es vida, el amor del Señor nos conquista y la esperanza renace. Volvamos a poner al Espíritu Santo en el centro de la Iglesia, de lo contrario nuestro corazón no será inflamado de amor por Jesús, sino por nosotros mismos. Pongamos al Espíritu en el principio y en el centro de los trabajos sinodales. Porque es “a Él, sobre todo, a quien necesita hoy la Iglesia. Digámosle cada día: ¡Ven!” (cf. Íd., Audiencia general, 29 noviembre 1972). Y caminemos juntos, porque al Espíritu, como en Pentecostés, le gusta descender mientras “están todos reunidos” (cf. Hch 2,1). Sí, para mostrarse al mundo Él escogió el momento y el lugar en el que estaban todos juntos. Por lo tanto, el Pueblo de Dios, para ser colmado del Espíritu, debe caminar unido, hacer sínodo. Así se renueva la armonía en la Iglesia: caminando juntos con el Espíritu al centro. ¡Hermanos y hermanas, construyamos armonía en la Iglesia!

[3º El Espíritu Santo actúa en nuestros corazones]

Por último, el Espíritu crea armonía en nuestros corazones. Lo vemos en el Evangelio, cuando Jesús, la tarde de Pascua, sopló sobre sus discípulos y dijo: «Reciban el Espíritu Santo» (Jn 20,22). Lo da con un fin específico: para perdonar los pecados, es decir, para reconciliar los ánimos, para armonizar los corazones lacerados por el mal, rotos por las heridas, disgregados por los sentimientos de culpa. Sólo el Espíritu devuelve la armonía al corazón porque es Aquel que crea la «intimidad con Dios» (S. Basilio, Spir., XIX,49).Si queremos armonía busquémoslo a Él, no a los sucedáneos mundanos. Invoquemos al Espíritu Santo cada día, comencemos rezándole cada día, ¡seamos dóciles a Él!

Y hoy, en su fiesta, preguntémonos: ¿soy dócil a la armonía del Espíritu o sigo mis proyectos, mis ideas, sin dejarme modelar, sin dejarme transformar por Él? ¿Mi modo de vivir la fe es dócil al Espíritu? ¿O es necio, adherido de modo necio a la letra, a las así llamadas doctrinas que sólo son expresiones frías de la vida?  ¿Me apresuro a juzgar, señalo con el dedo y le cierro la puerta en la cara a los demás, considerándome víctima de todo y de todos? O, por el contrario, ¿acojo su poder creador armonioso, acojo la “gracia del conjunto” que Él inspira, su perdón que da paz, y a mi vez perdono?

El perdón significa hacer espacio para que venga el Espíritu. ¿Promuevo reconciliación y creo comunión, o estoy siempre buscando, husmeando dónde hay dificultades para criticar, para dividir, para destruir? ¿Perdono, promuevo reconciliación, creo comunión? Si el mundo está dividido, si la Iglesia se polariza, si el corazón se fragmenta, no perdamos tiempo criticando a los demás y enojándonos con nosotros mismos, sino invoquemos al Espíritu.  Él es capaz de solucionar estas cosas.

Espíritu Santo, Espíritu de Jesús y del Padre, fuente inagotable de armonía, te encomendamos el mundo, te consagramos la Iglesia y nuestros corazones. Ven, Espíritu creador, armonía de la humanidad, renueva la faz de la tierra. Ven, Don de dones, armonía de la Iglesia, únenos a Ti. Ven, Espíritu del perdón, armonía del corazón, transfórmanos como Tú sabes, por intercesión de María.

Autor: Papa Francisco.

Papa Francisco: “El Pueblo de Dios, para ser colmado del Espíritu, debe caminar unido, hacer sínodo”

 


El pontífice pide que el Sínodo sea “un camino según el Espíritu; no un parlamento para reclamar derechos y necesidades de acuerdo a la agenda del mundo”

_______________________

En el gran día del laicado el papa Francisco ha presidio la misa de Pentecostés en el interior de la basílica de San Pedro en el Vaticano. Una celebración en la que se emplean las vestiduras litúrgicas rojas con la que se cierra el tiempo pascual y que ha comenzado con la aspersión del agua bendita y en la que se ha proclamado el conocido relato de los Hechos de los Apóstoles.

Armonía en la división

En su homilía, el pontífice señaló cómo, a partir de las lecturas bíblicas proclamadas, el Espíritu Santo actúa “en el mundo que ha creado, en la Iglesia y en nuestros corazones”. El Espíritu “es Aquel que, al principio y en todo tiempo, hace pasar las realidades creadas del desorden al orden, de la dispersión a la cohesión, de la confusión a la armonía. Él da al mundo, en una palabra, armonía”, subrayó. “Renueva la tierra, pero —atención— no cambiando la realidad, sino armonizándola; este es su estilo porque Él en sí mismo es armonía”, precisó.

Para Francisco “hoy en el mundo hay mucha discordia, mucha división. Estamos todos conectados y, sin embargo, nos encontramos desconectados entre nosotros, anestesiados por la indiferencia y oprimidos por la soledad. Muchas guerras, muchos conflictos; ¡parece increíble el mal que el hombre puede llegar a realizar!”, lamentó. Ante esta división provocada por el diablo que “goza con los antagonismos, con las injusticias, con las calumnias. Y, frente al mal de la discordia, nuestros esfuerzos por construir la armonía no son suficientes” por eso necesita el “Espíritu de unidad que trae la paz”.

Un camino del Espíritu

“El Espíritu no dio comienzo a la Iglesia impartiendo instrucciones y normas a la comunidad, sino descendiendo sobre cada uno de los apóstoles”, prosiguió el Papa. Para Bergoglio “el Espíritu no comienza por un proyecto estructurado —como hacemos nosotros, que a menudo nos perdemos después en nuestros programas—; no, Él empieza repartiendo dones gratuitos y sobreabundantes”. “Así empieza la vida de la Iglesia; no por un plan preciso y articulado, sino por la experiencia del mismo amor de Dios. De este modo, el Espíritu crea armonía, nos invita a dejar que su amor y sus dones, que están presentes en los demás, nos sorprendan”, añadió.

“Ver a cada hermano y hermana en la fe como parte del mismo cuerpo al que pertenezco; esta es la mirada armoniosa del Espíritu, este es el camino que nos indica”. Algo que se traduce hasta en el Sínodo que “es —y debe ser— un camino según el Espíritu; no un parlamento para reclamar derechos y necesidades de acuerdo a la agenda del mundo, no la ocasión para ir donde nos lleva el viento, sino la oportunidad para ser dóciles al soplo del Espíritu”.

El Papa alertó que “sin Él la Iglesia permanece inerte, la fe es una mera doctrina, la moral sólo un deber, la pastoral un simple trabajo. Con Él, en cambio, la fe es vida, el amor del Señor nos conquista y la esperanza renace”. Po ello invitó: “Volvamos a poner al Espíritu Santo en el centro de la Iglesia, de lo contrario nuestro corazón no será inflamado de amor por Jesús, sino por nosotros mismos. Pongamos al Espíritu en el principio y en el centro de los trabajos sinodales”. “El Pueblo de Dios, para ser colmado del Espíritu, debe caminar unido, hacer sínodo. Así se renueva la armonía en la Iglesia: caminando juntos con el Espíritu al centro. ¡Construyamos armonía en la Iglesia!”, exhortó.

Curando heridas

Finalmente destacó que Jesús envía el Espíritu “para perdonar los pecados, es decir, para reconciliar los ánimos, para armonizar los corazones lacerados por el mal, rotos por las heridas, disgregados por los sentimientos de culpa”. “Si queremos armonía busquémoslo a Él, no a los sucedáneos mundanos. Invoquemos al Espíritu Santo cada día, comencemos rezándole cada día, ¡seamos dóciles a Él!”, clamó.

“¿Me apresuro a juzgar, señalo con el dedo y le cierro la puerta en la cara a los demás, considerándome víctima de todo y de todos? O, por el contrario, ¿acojo su poder creador armonioso, la “gracia del conjunto” que Él inspira, su perdón que da paz, y a mi vez perdono, promuevo reconciliación y creo comunión?”, preguntó el Papa. “Si el mundo está dividido, si la Iglesia se polariza, si el corazón se fragmenta, no perdamos tiempo criticando a los demás y enojándonos con nosotros mismos, sino invoquemos al Espíritu”, alentó antes de concluir la homilía haciendo una plegaria.

Autor: Mateo González Alonso.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

Sacerdote es suspendido luego de anunciar que se casará con una mujer que es "la encarnación del Espíritu Santo"


El P. Antonie Coelho, fundador de la comunidad carismática Casa del Espíritu Santo, ha causado gran polémica al anunciar su próxima boda con una mujer de 26 años, a la que describe como “la encarnación mística del Espíritu Santo”. 

Según fuentes cercanas a exmiembros del grupo carismático fundado por el P. Coelho, que prefieren mantener el anonimato, el sacerdote habría realizado el casamiento el pasado domingo 19 de marzo en Cracovia (Polonia).

ACI Prensa también ha podido consultar a una persona cercana al sacerdote, quien indicó: “El P. Antoine es mi amigo y no voy a hablar mal de él. Sólo puedo decirte sobre el asunto que se comenta que, efectivamente, llama la atención”.

“Él nos dice que no debemos defenderle, que está cumpliendo con la voluntad de Dios y que tiene mucha paz”, continúa. 

Avisó a la catedral de Toulon

El P. Coelho formaba parte del clero que atiende a los fieles en la Catedral de Toulon. Hasta hace pocos días se reflejaba así en su sitio web.

Consultado por ACI Prensa, el arcipreste de la catedral, P. Charles Mallard, afirma que “no conocía esos planes del P. Antoine Coelho antes de que ustedes me lo dijeran”.

“En lo que a mí respecta, me anunció hace 15 días que cesaba toda actividad en la Catedral, pero no sé más”, añade. 

Según detalla el P. Mallard, el P. Coelho se dedicaba principalmente a administrar el sacramento de la Confesión. 

El Obispo aprecia "riesgo de escándalo"

El Obispo de Fréjus-Toulon, Mons. Dominique Rey emitió el pasado 7 de marzo un precepto particular sobre la situación del P. Coelho en el que le prohíbe "todo ministerio público (a excepción de la misa  privada sin la participación de los fieles), particularmente los exorcismos". 

También establece que el presbítero no puede realizar ningún tipo de "enseñanza, dirección o acompañamiento espiritual y de confesión" y no puede abandonar el territorio de la diócesis sin permiso escrito del Prelado. 

Además, Mons. Rey le ha retirado "toda responsabilidad" sobre la Casa del Espíritu Santo. 

El Prelado detalla que las primeras informaciones preocupantes sobre el sacerdote le llegaron el pasado día 2 de marzo y que ha tomado la decisión ante "la gravedad de las acusaciones", "los testimonios y las pruebas aportadas"  y "la encuesta preliminar que Nos hemos abierto por decreto del 2 de marzo de 2023".

A esto se añaden las conclusiones derivadas de las consultas evacuadas con el P. Geoffrey Bonfils, promotor de Justicia de la Diócesis de Fréjus-Toulon y el P. Carlos Hamel, instructor de la encuesta preliminar y "el riesgo de escándalo". 

Disolución de la Casa del Espírtu Santo

En respuesta a ACI Prensa, el director del Gabinete de Mons. Rey, P. Yves-Marie Sévillia añade a lo dispuesto en el decreto que el Prelado "recibió a los miembros de la comunidad Casa del Espíritu Santo, una asociación privada de fieles de la Diócesis de Féjus-Toulon de la que el padre Coelho era presidente para escucharlos, ofrecerles acompañamiento psicológico y espiritual". 

En esta reunión también se les comunicó "la disolución inmediata de su asociación".

El P. Coelho y los Legionarios de Cristo

El director territorial de la Legión de Cristo y miembro del Colegio Directivo Territorial del Regnum Christi de Europa occidental y central, P. Valentin Gögele, ha difundido una carta con fecha 11 de marzo de 2023, en la que señala que, “según sus propias declaraciones, el Padre Antoine mantiene una relación de pareja con una joven de 26 años de Barcelona”.

“Justifica este comportamiento diciendo que esta mujer es la ‘encarnación mística del Espíritu Santo’. Ella también se describe como tal”, continúa.

El P. Gögele considera en el documento que este comportamiento “y la forma que lo justifica, contradicen gravemente la moral y las enseñanzas de la Iglesia católica”.

En la misiva expresa, además, que se encuentra “sorprendido y consternado” por estas noticias, ya que “en el pasado ha habido una colaboración positiva” con el P. Coelho “en varios eventos del Regnum Christi sin ninguna objeción teológica o espiritual”. 

El P. Göele pide oraciones “por todos los afectados por esta situación, especialmente por las personas del entorno de la ‘Casa del Espíritu Santo’ que ya se han distanciado”, y concluye recomendando “evitar cualquier contacto con el P. Antoine y la Sra. Ilenia M.”. 

La Oficina de Comunicación de los Legionarios de Cristo en España, consultada por ACI Prensa sobre el origen de las declaraciones del P. Coelho a las que se hace referencia en la carta, señala que “son declaraciones del propio padre Antoine hechas delante de la comunidad del Espíritu Santo en Francia hace unos días. Que esto es cierto, y fundamental para enviar una carta así con la responsabilidad debida”.

¿Quién es el P. Antoine Coelho?

El P. Antoine Coelho, de madre francesa y padre portugués, fue miembro de los Legionarios de Cristo durante 20 años. 


Fue ordenado sacerdote el 12 de diciembre de 2009 en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma por Mons. Brian Farrell, secretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. 

Formó parte de la congregación de origen mexicano hasta 2013. 

El pasado mes de enero concedió una entrevista al semanario de la Archidiócesis de Madrid Alfa y Omega, en la que explica: “En el 2010 recibí el Bautismo del Espíritu Santo, que me sanó de muchas heridas”. 

También detalla que años antes, en 2005, “me llegó una luz del Espíritu Santo que me dijo que saldría de la Legión e iría a la diócesis de Toulon”. 

“Me parecía una tontería, pero años después, por las cosas que pasaron en la congregación, la dejé y me fui a Toulon, donde vivía un amigo mío exlegionario también. Después, mi director espiritual me dijo que sería bueno conocer más sobre los carismas”, detalla.

Según su propio relato, el Obispo de Fréjus-Toulon, Mons. Dominique Rey, le envió por un periodo de dos años a la comunidad Cor et Lumen Christi, fundada por el laico Damian Stayne en el Reino Unido. 

“Volví a Toulon y mi sorpresa fue que varias personas me querían seguir. Allí fundé la Holy Spirit House”, concreta.

Según se detallaba en su sitio web, “la casa de la Fraternidad ‘Casa del Espíritu Santo’ (‘Holy Spirit House’) fue fundada el 29 de agosto de 2017 en la Diócesis de Toulon (Francia). Su llamamiento es a trabajar por un nuevo Pentecostés en unidad con todos los cristianos”.

El sitio web de la Casa del Espíritu Santo fue vaciado de contenido a lo largo del día 15 de marzo de 2023. 

Autor: Nicolás de Cárdenas.

-- 

Fuente: https://www.aciprensa.com/

Lanzan libro para explicar a los niños los Siete Dones del Espíritu Santo.


La artista Estefanía Landeras presenta su primer libro infantil, ‘Celeste y la fortaleza’, el viernes 20 de enero en O_Lumen

La colección pretende explicar a los más pequeños, a través del arte, la sabiduría, el entendimiento, el consejo, la fortaleza, la ciencia, la piedad y el temor de Dios.

_______________

La artista Estefanía Landeras lanza su primer libro infantil, ‘Celeste y la fortaleza’ (Editorial Bendita María). Se trata del primero de los siete libros de la colección ‘Celeste y los dones’, con los que la autora busca explicar a los más pequeños, a través del arte, los dones espirituales: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Para ello, esta madrileña de 42 años y madre de cinco hijos se sirve de Celeste, una niña de ocho años que tiene un amigo diferente, una libélula llamada Ruaj (palabra hebrea que se traduce como ‘espíritu’). Juntos recorrerán a lo largo de esta colección el camino hacia la fuente de la felicidad.

ELA RUAJ, obras de arte con alma

“Vivir la perdida de un ser querido y sobrellevar su ausencia con esperanza en la vida eterna es posible gracias al don de la fortaleza si nos abrimos a la acción del espíritu Santo en nuestras vidas”, destaca la autora –miembro del Camino Neocatecumenal– sobre este primer relato, que cuenta con ilustraciones de Sara González –Babanguda– y Alex Rooney. Además, el libro está guiado por los cuadros de la propia Landeras, que trabaja anunciando el amor de Dios a través del arte como ELA RUAJ, obras de arte con alma.

"Dios te he fallado, no escuché los gemidos del Espíritu Santo", escribió en su nota suicida el gerente de Walmart que asesinó a sus compañeros.



La terrible historia de un gerente de Walmart que mató a tiros a sus compañeros de trabajo en plena tienda tiene nuevos detalles que conocer sobre su autor, el cual le pidió perdón a Dios por lo que estaba por hacer y que no quiso hacer caso al Espíritu Santo.

Andre Bain, quien era uno de los gerentes encargados de la tienda Walmart en Chesapeake, disparó contra el personal que tenía a cargo causándole la muerte a 6 de ellos para luego suicidarse; se conoció que él antes de cometer la tragedia, había dejado una nota suicida dirigida a Dios.

Según The Western Journal, la nota especificaba que sus víctimas se burlaban de él y que por ello, decidió hacerlo pero que deseaba haber podido salvarlos a todos de lo que iba a hacer; constantemente era comparado con Jeffrey Dahmer, asesino serial conocido como el “Carnicero de Milwaukee”.

La nota, que fue hallada en su teléfono expresaba que Andre estaba dolido porque era comparado muy a menudo con Dahmer y que sus compañeros se burlaban de él con “sonrisas retorcidas y malvadas que lo atormentaban”.

«Se rieron de mí y dijeron que era como Jeffrey Dahmer. Nunca hubiera matado a nadie que entrara a mi casa», decía la nota.

“Se burlaron de mí y celebraron mi caída el último día. Es por eso que sufren el mismo destino que yo», expresó.

Esa nota fue entregada a las autoridades el viernes 24 de Noviembre y en ella Andre se refería a sus compañeros de trabajo como “idiotas con poca inteligencia” y que “fue guiado por satanás para matarlos a todos” no haciendo caso al Espíritu Santo “que le dijo que se detuviera”.

«Que Dios me perdone por lo que voy a hacer… Desearía haber podido salvar a todos de mí mismo», aseguró.

“Lo siento Dios, te he fallado, esto no fue culpa tuya sino mía. No escuché los gemidos del Espíritu Santo, lo que me hizo una pobre representación de ti», agregó.

Además, Bing decía que ante las constantes burlas de sus compañeros “se había mantenido fuerte” y que aunque no fue planeado el tiroteo, tenía malos deseos contra sus compañeros y que incluso uno de ellos lo había traicionado.

«Los asociados lo orquestaron. Se rieron e hicieron sutiles discursos en código, que finalmente descubrí. Pensé que era mi amigo, pero me traicionó. La traición es uno de los peores sentimientos, junto al arrepentimiento», explicó diciendo que no quisieron conocerlo y que era una buena persona.

«Mi único deseo hubiera sido comenzar de nuevo desde cero y que mis padres hubieran prestado más atención a mis déficits sociales. Lo siento, pero no planeé esto. Prometo que las cosas simplemente cayeron en su lugar como si Satanás me dirigiera», aseguró.

«… Mi verdadera intención nunca fue asesinar a nadie, lo creas o no. En realidad, era una de las personas más amorosas del mundo si me llegaras a conocer. Solo quería una esposa que estuviera unida por igual. Como yo obsesionado con el pensamiento, sin embargo, no merecía una esposa. Espero que la gente aprenda de los errores de todos y ame verdaderamente a Dios y no a las posesiones materiales del mundo», agregó.

Hizo énfasis en hablar de una compañera de trabajo que había renunciado a su puesto porque “podía sentir al Espíritu Santo y si le escuchó”.

“La gente pensó que estaba loca por irse, pero a diferencia de mí, ella en realidad escuchó al Espíritu Santo… Así que un día se me acercó en personal y me pidió disculpas. En su último día, me miró a los ojos, aterrorizado por un aura demoníaca», finalizó.

Varios de sus compañeros expresaron que Andre tenía conductas muy extrañas y que le gustaba molestar al personal por ser gerente del lugar.

¿Sabías que existe un Rosario al Espíritu Santo? Así se reza



La coronilla o rosario del Espíritu Santo es una excelente forma de dirigir nuestra oración a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, para conocer más profundamente la verdad y pedir su asistencia para vivir plenamente la fe cristiana.

El Catecismo de la Iglesia nos enseña que “la misión conjunta [del Hijo y el Espíritu Santo] se desplegará desde entonces en los hijos adoptados por el Padre en el Cuerpo de su Hijo: la misión del Espíritu de adopción será unirlos a Cristo y hacerles vivir en Él” (CIC 690).

Esto significa que la Tercera Persona de la Santísima Trinidad nos ayuda en nuestra santificación acercándonos más a Jesús. Por esta razón compartimos este rosario al Espíritu Santo para ayudarte a profundizar en la vivencia de tu fe cristiana.

Rosario del Espíritu Santo:

Recita el Credo y el Padrenuestro;

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Y la juculatoria:

¡Padre, Padre, envíanos al Paráclito prometido

por nuestro Señor Jesucristo!

Amén

Primer misterio

Honramos al Espíritu Santo y adoremos al amor sustancial que procede del Padre y del Hijo y los une en una Caridad infinita y eterna.

*Luego siete veces.

—-Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles.

—-Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Segundo misterio

Honramos la operación del Espíritu Santo y adorémosle, porque hizo inmaculada a María en su Concepción y la santificó con la plenitud de su gracia.

—Ven, Espíritu Santo, etc. (7 veces).

Tercer misterio

Honremos la operación del Espíritu Santo y adorémosle, porque hizo a la Santísima Virgen Madre del Verbo divino en el Misterio de la Encarnación.

—Ven, Espíritu Santo, etc. (7 veces).

Cuarto misterio

Honramos la operación del Espíritu Santo y adorémosle, porque dio la vida a la Iglesia en el día glorioso de Pentecostés.

—Ven, Espíritu Santo, etc. (7 veces).

Quinto misterio

Honremos la operación del Espíritu Santo y adorémosle, porque reside de una manera permanente en la Iglesia y la asiste, según la promesa divina, hasta la consumación de los siglos.

—Ven, Espíritu Santo, etc. (7 veces).

Sexto misterio

Honramos la operación del Espíritu Santo y adorémosle, porque creó en la Iglesia al nuevo Cristo, que es el sacerdote, y confirmo la plenitud del sacerdocio a sus Obispos..

—Ven, Espíritu Santo, etc. (7 veces).

Séptimo misterio

Honremos la operación del Espíritu Santo y adorémosle en la virtud de los santos en la Iglesia, Obra secreta y maravillosa del Santificador Omnipotente.

—Ven, Espíritu Santo, etc. (7 veces).

“Envía tu Espíritu y todo será creado.

—Y renovarás la faz de la tierra”

Oración

Oh. Dios que con la luz del Espíritu Santo enseñas a los fieles

la verdad, concédenos conocerla en el mismo Espíritu y gozar

siempre de sus consuelos celestiales. Por Jesucristo Nuestro

Señor. Así sea

Espíritu Santo fuente de sabiduría, ¡guíanos!

12 inspiradoras oraciones para rezar al Espíritu Santo



Ofrecemos algunas de las oraciones más conocidas al Espíritu Santo:

1. ¡Ven Espíritu Divino! (Secuencia de Pentecostés, el himno más antiguo)

Ven, Espíritu Divino
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

2. Laudes de Pentecostés

¡El mundo brilla de alegría!
¡Se renueva la faz de la tierra!
¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

Ésta es la hora
en que rompe el Espíritu
el techo de la tierra,
y una lengua de fuego innumerable
purifica, renueva, enciende, alegra
las entrañas del mundo.

Ésta es la fuerza
que pone en pie a la Iglesia
en medio de las plazas,
y levanta testigos en el pueblo
para hablar con palabras como espadas
delante de los jueces.

Llama profunda
que escrutas e iluminas
el corazón del hombre:
restablece la fe con tu noticia,
y el amor ponga en vela la esperanza
hasta que el Señor vuelva.

3. Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén

4. Ven Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
Llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos
el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu.

Que renueve la faz de la Tierra.

Oración:

Oh Dios, que llenaste los corazones de tus
fieles con la luz del Espíritu Santo; concédenos que,
guiados por el mismo Espíritu, sintamos con rectitud y
gocemos siempre de tu consuelo.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

5. Himno «Veni Creator»

Ven, Espíritu Creador,
visita las mentes de los tuyos;
llena de la gracia divina
los corazones que tú has creado.

Tú, llamado el Consolador,
Don del Dios Altísimo;
Fuente viva, Fuego, Caridad
y espiritual Unción.

Tú, con tus siete dones,
eres Fuerza de la diestra de Dios.
Tú, el prometido por el Padre.
Tú pones en nuestros labios tu Palabra.

Enciende tu luz en nuestras mentes,
infunde tu amor en nuestros corazones,
y, a la debilidad de nuestra carne,
vigorízala con redoblada fuerza.

Al enemigo ahuyéntalo lejos,
danos la paz cuanto antes;
yendo tú delante como guía,
sortearemos los peligros.

Que por ti conozcamos al Padre,
conozcamos igualmente al Hijo
y en ti, Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.

Gloria al Padre por siempre,
gloria al Hijo, resucitado
de entre los muertos, y al
Paráclito por los siglos y siglos.

Amén.

6. Oración de San Agustín

Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior
para que no me apegue a las cosas materiales,
sino que busque siempre las realidades del Espíritu.

Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de amor:
haz que mi corazón
siempre sea capaz de más caridad.

Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad
en toda su plenitud.

Ven a mí, Espíritu Santo,
agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar
a contemplar el rostro del Padre
en la vida y en la alegría sin fin.

Amén.

7. VEN, ESPÍRITU CREADOR (Rezada a diario por el Papa JPII)

Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fíeles
y llena de la divina gracia los corazones,
que Tú mismo creaste.

Tú eres nuestro Consolador,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne,

Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé Tú mismo nuestro guía,
y puestos bajo tu dirección,
evitaremos todo lo nocivo.

Por Ti conozcamos al Padre,
y también al Hijo;
y que en Ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.,

Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos infinitos. Amén.

V. Envía tu Espíritu y serán creados.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

R. Amén.

8. Consagración de la Familia al Espíritu Santo


¡Oh Dios Espíritu Santo! Postrados ante tu divina majestad, venimos a consagrarnos a Ti con todo lo que somos y tenemos.

Por un acto de la omnipotencia del Padre hemos sido creados, por gracia del Hijo hemos sido redimidos, y por tu inefable amor has venido a nuestras almas para santificarnos, comunicándonos tu misma vida divina.

Desde el día de nuestro bautismo has tomado posesión de cada uno de nosotros, transformándonos en templos vivos donde Tú moras juntamente con el Padre y el Hijo; y el día de la Confirmación fue la Pentecostés en que descendiste a nuestros corazones con la plenitud de tus dones, pera que viviéramos una vida íntegramente cristiana.

Permanece entre nosotros para presidir nuestras reuniones; santifica nuestras alegrías y endulza nuestros pesares; ilumina nuestras mentes con los dones de la sabiduría, del entendimiento y de la ciencia; en horas de confusión y de dudas asístenos con el don del consejo; para no desmayar en la lucha y el trabajo concédenos tu fortaleza; que toda nuestra vida religiosa y familiar esté impregnada de tu espíritu de piedad; y que a todos nos mueva un temor santo y filial para no ofenderte a Ti que eres la santidad misma.

Asistidos en todo momento por tus dones y gracias, queremos llevar una vida santa en tu presencia.

Por eso hoy te hacemos entrega de nuestra familia y de cada uno de nosotros por el tiempo y la eternidad. Te consagramos nuestras almas y nuestros cuerpos, nuestros bienes materiales y espirituales, para que Tú sólo dispongas de nosotros y de lo nuestro según tu beneplácito. Sólo te pedimos la gracia que después de haberte glorificado en la tierra, pueda toda nuestra familia alabarte en el cielo, donde con el Padre y el Hijo vives y reinas por los siglos de los siglos.

Así sea.

9. Intercesión de María que envía al Espíritu Santo

Por intercesión de María
envía al Espíritu Santo

Divino Padre Eterno, en nombre de Jesucristo y por la intercesión de la Siempre Virgen María;
envía a mi corazón al Espíritu Santo.

Espíritu Santo, Dios de infinita caridad, dame Tu Santo Amor.

Espíritu Santo, Dios de las virtudes; conviérteme.
Espíritu Santo, Fuente de luces celestes; disipa mi ignorancia.

Espíritu Santo, Dios de infinita pureza; santifica mi alma.

Espíritu Santo, que habitas en mi alma, transfórmala y hazla toda tuya.

Espíritu Santo, Amor sustancial del padre y del Hijo, permanece siempre en mi corazón.

Tres veces……Gloria al Padre………

Espíritu Santo, eterno amor.

10. ESPÍRITU SANTO, ALMA DE MI ALMA

P. José Kentenich

Espíritu Santo, eres el alma de mi alma,
te adoro humildemente.

Ilumíname, fortifícame, guíame, consuélame.

Y en cuanto corresponde al plan eterno Padre Dios revélame tus deseos.

Dame a conocer lo que el Amor eterno desea en mí.

Dame a conocer lo que debo realizar.

Dame a conocer lo que debo sufrir.

Dame a conocer lo que con silenciosa modestia y en oración, debo aceptar, cargar y soportar.

Sí, Espíritu Santo, dame a conocer tu voluntad y la voluntad del Padre.

Pues toda mi vida no quiero ser otra cosa que un continuado perpetuo Sí a los deseos y al querer del eterno Padre Dios.

11. Oración al Espíritu Santo (Schoenstatt)

Espíritu Santo, eres el alma de mi alma.

Te adoro humildemente.

Ilumíname, fortifícame, guíame, consuélame.

Y en cuanto corresponde al plan del eterno Padre Dios revélame tus deseos.

Dame a conocer lo que el Amor eterno desea de mí.

Dame a conocer lo que debo realizar.

Dame a conocer lo que debo sufrir.

Dame a conocer lo que, silencioso,

con modestia y en oración

debo aceptar, cargar y soportar.

Sí, Espíritu Santo,

dame a conocer tu voluntad

y la voluntad del Padre.

Pues toda mi vida

no quiere ser otra cosa,

que un continuado y perpetuo Sí

a los deseos y al querer

del eterno Padre Dios. Amén.

12. Oración de San Agustín

Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior
para que no me apegue a las cosas materiales,
sino que busque siempre las realidades del Espíritu.

Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de amor:
haz que mi corazón
siempre sea capaz de más caridad.

Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad
en toda su plenitud.

Ven a mí, Espíritu Santo,
agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar
a contemplar el rostro del Padre
en la vida y en la alegría sin fin.

Amén.

Publicaciones más leídas del mes

Donaciones:

BÚSCANOS EN FACEBOOK