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¿Creían los Padres de la Iglesia en la Asunción de María?


¿CREÍAN LOS PADRES DE LA IGLESIA EN LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN?
Por Convertidos Católicos 

Estamos en la fiesta de la Asunción en cuerpo y alma a los cielos de la Santísima Virgen María. Este dogma católico, del cuál ya hemos hablado en otras ocasiones y hemos proporcionado las evidencias bíblicas al respecto, también tiene apoyo en la Tradición de la Iglesia. Veamos entonces algunos textos que nos hablan sobre la asunción: 

¿Cuales son los textos más antiguos? 

El primer testimonio de la fe en la Asunción de la Virgen aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», cuyo núcleo originario se remonta a los siglos II-III. Se trata de representaciones populares, a veces noveladas, pero que en este caso reflejan una intuición de fe del pueblo de Dios. Después de este testimonio podemos citar otros en orden claro está a su antigüedad: 

A finales del siglo III y principios del siglo IV tenemos un carta que escribió Dionisio el Egipcio, al Obispo de Creta, llamado Tito, su fecha de composición puede ser el año 363 d. C. Es un documento histórico importantísimo para conocer que pensaba la Iglesia de Jerusalén y de Creta sobre la Asunción de la Santa Madre de Dios: 

“Debes saber, ¡oh noble Tito!, según tus sentimientos fraternales, que al tiempo en que María debía pasar de este mundo al otro, es a saber a la Jerusalén Celestial, para no volver jamás, conforme a los deseos y vivas aspiraciones del hombre interior, y entrar en las tiendas de la Jerusalén superior, entonces, según el aviso recibido de las alturas de la gran luz, en conformidad con la santa voluntad del orden divino, las turbas de los santos Apóstoles se juntaron en un abrir y cerrar de ojos, de todos los puntos en que tenían la misión de predicar el Evangelio. Súbitamente se encontraron reunidos alrededor del cuerpo todo glorioso y virginal. Allí figuraron como doce rayos luminosos del Colegio Apostólico. Y mientras los fieles permanecían alrededor, Ella se despidió de todos, la augusta (Virgen) que, arrastrada por el ardor de sus deseos, elevó a la vez que sus plegarias, sus manos todas santas y puras hacia Dios, dirigiendo sus miradas, acompañadas de vehementes suspiros y aspiraciones a la luz, hacia Aquél que nació de su seno, Nuestro Señor, su Hijo. Ella entregó su alma toda santa, semejante a las esencias de buen olor y la encomendó en las manos del Señor. Así es como, adornada de gracias, fue elevada a la región de los Ángeles, y enviada a la vida inmutable del mundo sobrenatural. 

“Al punto, en medio de gemidos mezclados de llantos y lágrimas, en medio de la alegría inefable y llena de esperanza que se apoderó de los Apóstoles y de todos los fieles presentes, se dispuso piadosamente, tal y como convenía hacerlo con la difunta, el cuerpo que en vida fue elevado sobre toda ley de la naturaleza, el cuerpo que recibió a Dios, el cuerpo espiritualizado, y se le adornó con flores en medio de cantos instructivos y de discursos brillantes y piadosos, como las circunstancias lo exigían. Los Apóstoles inflamados enteramente en amor de Dios, y en cierto modo, arrebatados en éxtasis, lo cargaron cuidadosamente sobre sus brazos, como a la Madre de la Luz, según la orden de las alturas del Salvador de todos. Lo depositaron en el lugar destinado para la sepultura, en el lugar llamado Getsemaní. 

“Durante tres días seguidos, ellos oyeron sobre aquel lugar los aires armoniosos de la salmodia, ejecutada por voces angélicas, que extasiaban a los que las escuchaban; después nada más. 

“Eso supuesto para confirmación de lo que había sucedido, ocurrió que faltaba uno de los santos Apóstoles al tiempo de su reunión. Este llegó más tarde y obligó a los Apóstoles que le enseñasen de una manera palpable y al descubierto el precioso tesoro, es decir, el mismo cuerpo que encerró al Señor. Ellos se vieron, por consiguiente, obligados a satisfacer el ardiente deseo de su hermano. Pero cuando abrieron el sepulcro que había contenido el cuerpo sagrado, lo encontraron vacío y sin los restos mortales. Aunque tristes y desconsolados, pudieron comprender que, después de terminados los cantos celestiales, había sido arrebatado el santo cuerpo por las potestades etéreas, después de estar preparado sobrenaturalmente para la mansión celestial de la luz y de la gloria oculto a este mundo visible y carnal, en Jesucristo Nuestro Señor, a quien sea gloria y honor por los siglos de los siglos. Amén”. 

¿Qué enseñaron los padres de la Iglesia sobre la asunción? 

SAN EFREN EL SIRIO: 

Se tratan de testimonios indirectos, en sentido asuncionista, pero no explicitos: 

“ Entre todos los descendientes de David, escogistes una humilde doncella, hija de la Tierra, y la introdujiste en cielo, tú que del cielo vienes” ( Ed. Assem syr 2,415) 

“El haberle engendrado me hermoseó, sobre cuantos sobresalieron en la santidad. Entro ahora en las verdes arboledas del paraíso, y alabo a Dios allí donde Eva cayo miserablemente “ (Ed assem sir 3,600). 

TIMOTEO DE JERUSALEN: 

Quizás aquí tengamos el primer testimonio explícito de la asunción de la Virgen: 

Y tu misma alma traspasada con una espada de aquí algunos opinaron que la Madre del Señor, muerta a espada acabó con fin martirial por decir Simeón: tú misma alma traspasara una espada , mas no es así, porque la espada de bronce traspasa el cuerpo, no separa el alma, por donde también la Virgen es hasta el presente inmortal habiéndola el Señor que moro en ella trasladado a los parajes celestiales (MG 86,245) 

HESIQUIO DE JERUSALEN: 

“Levántate Señor a tu reposo, tú y el arca de tu santidad, la Virgen, Madre de Dios evidentemente. Pues si tú eres perla, lógicamente ella es arca o concha, si tú eres sol, cielo necesariamente será llamada la virgen, pues si tú eres flor inmarchitable, luego la Virgen será árbol de incorrupción, huerto de inmortalidad “ (MG 93,1464-1465

SAN GREGORIO DE TOURS: 

"Los apóstoles se repartieron por diferentes países para predicar la palabra de Dios. Más tarde, la bienaventurada María llegó al fin de su vida y fue llamada a salir de este mundo. Entonces, todos los apóstoles vinieron a reunirse en la casa de María y, al saber que debía salir de este mundo, permanecieron todos juntos velando. De repente, el Señor apareció con sus ángeles, cogió su alma, se la entregó a Miguel, el arcángel, y desapareció. Al amanecer, los apóstoles tomaron el cuerpo, lo pusieron sobre una camilla y lo colocaron en una tumba, velándolo mientras esperaban la venida del Señor. Y, de nuevo, se presentó el Señor, de repente, y mandó que el santo cuerpo fuera levantado y llevado al paraíso sobre una nube. Allí, reunido con su alma, se llena de gozo con los elegidos de Dios y disfruta de las bendiciones de la eternidad, que nunca terminarán." (Gregorio de Tours, ocho libros de los Milagros, 1:4 (entre 575-593 dC), en JUR, III: 306 ) 

SAN MODESTO DE JERUSALEM: 

"Como la Madre más gloriosa de Cristo, nuestro Salvador y Dios y el dador de la vida y la inmortalidad, se ha dotado a la vida por él, que ha recibido una incorruptibilidad eterna del cuerpo, junto con él que ha levantaron de la tumba y la ha llevado hasta a sí mismo de un modo conocido sólo por él ". 

(Modesto de Jerusalem, Encomium in dormitionnem Sanctissimae Dominae nostrae Deiparae semperque Virginis Mariae PG 86-II,3306) 

THEOTEKNOS DE LIVIAS: 

" Era conveniente que su cuerpo santísimo, que había llevado y contenido dentro de sí a Dios, cuerpo divinizado, incorruptible, iluminado por la luz divina y lleno de gloria, fuese transportado por los apóstoles en compañía de los ángeles, y puesto por poco tiempo en la tierra, fuese alzado gloriosamente al cielo, junto con su alma agradable a Dios". 

Theoteknos de Livias, Homilía en la Asunción (ante AD 650), 

SAN GERMAN DE CONSTANTINOPLA: 

“Tú eres bella y tu cuerpo virginal es totalmente santo, casto, morada de Dios. Por este motivo está exento de la disolución en el polvo. Como cuerpo humano fue transformado hasta la vida excelsa de la incorruptibilidad. Está vivo; es superglorioso, lleno de vida e inmortal” (German de Constantinopla, Moma. In dormí. I: PG 98; 345.) 

San Germán utilizaba un argumento teológico muy poderoso, basado en el principio de conveniencia. Bajo este principio habría sido imposible que la morada de Dios, el templo vivo de la santísima divinidad del Unigénito fuera presa de la muerte en la tumba. 

Si alguien desea conocer más textos patrísticos puede leerlos en mi libro: "Fundamentos Biblicos del Catolicismo Tomo II: María Virgen y Madre" disponible aquí: 


Jesus Urones-Apologista

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religión en Libertad 

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¿Creían realmente en la Eucaristía los primeros cristianos?



¿CREÍAN REALMENTE EN LA EUCARISTÍA LOS PRIMEROS CRISTIANOS? 

Los primeros Padres de la Iglesia defienden la presencia real del Cuerpo y la Sangre Cristo en la Eucaristía 

Desde el principio, la Eucaristía ha tenido un papel central en la vida de los cristianos. Maravilla ver la fe y el cariño con el que tratan a Jesús en el Pan eucarístico. 

Tienen una fe inquebrantable en que el pan y el vino se convierten, por las palabras de la consagración, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo 

En varios textos de los siglos I y II, vemos cómo va evolucionando y construyéndose la liturgia de la Iglesia. Emociona comprobar cómo seguimos celebrando la misma Misa que se celebraba en el siglo I: lo podemos ver en la descripción del Santo Sacrificio que San Justino, en el año 155, hace al emperador Antonino Pío; o en la “Traditio Apostólica” de San Hipólito de comienzos del siglo III. 

Los textos que exponemos a continuación son una prueba de que ya desde los primeros tiempos del cristianismo (siglo I), en la Iglesia primitiva existía una fe muy clara en la presencia de Jesucristo en el Pan y en el Vino “eucaristizados”. 

El testimonio de los Padres de la Iglesia 

1. SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA (107 d.C.) 

En lo referente a la Eucaristía San Ignacio se presenta siempre muy claro y tajante. Llama a la Eucaristía “medicina de inmortalidad” y categóricamente expresa: “La Eucaristía es la carne e nuestro Salvador Jesucristo”. 

Condena vigorosamente a los docetas que afirmaban que Jesús no había tenido cuerpo verdadero sino solo aparente, y por este error, comenta San Ignacio, no querían tomar parte de la eucaristía y morían espiritualmente por apartarse del don de Dios. 

“Esforzaos, por lo tanto, por usar de una sola Eucaristía; pues una sola es la carne de Nuestro Señor Jesucristo y uno sólo es el cáliz para unirnos con su sangre, un solo altar, como un solo obispo junto con el presbítero y con los diáconos consiervos míos; a fin de que cuanto hagáis, todo hagáis según Dios” 

2. LA DIDACHÉ O DOCTRINA DE LOS DOCE APÓSTOLES (60-160 d.C) 

La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden participar en la Eucaristía, ya que no se puede “dar lo santo a los perros”. Antes de participar exigue confesar los pecados para que el sacrificio sea puro. 

Es un testimonio claro también de que la Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1,11: “Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot”. 

3. SAN JUSTINO (165 d.C) 

Mártir de la fe cristiana hacia el año 165 (decapitado), es considerado el mayor apologeta del Siglo II. San Justino mantiene el testimonio unánime de la Iglesia al confesar que la Eucaristía no es un alimento como tantos, sino que es “carne y sangre de aquel Jesús hecho carne”. 

San Justino con toda claridad excluye la permanencia del pan junto con la carne del Señor rechazando la consubstanciación mantenida por los luteranos. 

Lo confirma el empleo que inventa San Justino para la palabra “dar gracias”: hasta él había tenido sentido intransitivo; él la usa en pasiva: “alimento eucaristizado”, que al pie de la letra traduciríamos: “alimento hecho acción de gracias”. 

Esta pasiva tan dura inventada por San Justino, unida al cambio de construcc ión que acabamos de señalar, acentúa la nota de un cambio obrado en el alimento ordinario en virtud del cual el pan es ahora carne de Cristo. 

4. SAN IRENEO (130d.C – 202 d.C) 

En la teología presentada por San Ireneo la certeza de que el pan y vino consagrados son cuerpo y sangre de Cristo es diáfana, y explícitamente afirma que “el cáliz es su propia Sangre” (la de Cristo) y “el pan ya no es pan ordinario sino Eucaristía constituida por dos elementos terreno y celestial”. 

5. SAN HIPÓLITO (mártir en el 235 d.C.) 

Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento, aunque se sabe fue discípulo de San Ireneo de Lyon. San Hipólito es tajante en afirmar que se evite con diligencia que el infiel coma de la Eucaristía, ya que “es el cuerpo de Cristo del cual todos los fieles se alimentan y no debe ser despreciado”. 

6. ORÍGENES (185d.C – 254 d.C) 

Con respecto a la Eucaristía los escritos de Orígenes van en la misma línea que el resto de los padres. Afirma que “así como el maná era alimento en enigma, ahora claramente la carne del Verbo de Dios es verdadero alimento, como Él mismo dice:Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”. 

En todos estos casos, Orígenes se refiere al “verdadero alimento” no como pan, sino como “la carne del Verbo de Dios”. 

Afirma también que recibir el cuerpo indignamente ocasiona ruina para sí mismos y se refiere a la celebración eucarística como “la mesa del cuerpo de Cristo y del cáliz mismo de su sangre”. 

7. FIRMILIANO, OBISPO DE CESAREA (268 d.C) 

Por lo demás, cuán gran delito es el de quienes son admitidos o el de quienes admiten a tocar el cuerpo y sangre del Señor, no habiendo lavado sus manchas por el bautismo de la Iglesia ni habiendo depuesto sus pecados, habiendo usurpado temerariamente la comunión, siendo así que está escrito: Quien quiera que comiera el pan o bebiera el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor.” 

8. SAN ATANASIO, OBISPO DE ALEJANDRÍA (295-373 d.C) 

“Verás a los ministros que llevan pan y una copa de vino, y lo ponen sobre la mesa; y mientras no se han hecho las invocaciones y súplicas, no hay más que puro pan y bebida. Pero cuando se han acabado aquellas extraordinarias y maravillosas oraciones, entonces el pan se convierte en el Cuerpo y el cáliz en la Sangre de nuestro Señor Jesucristo… Consideremos el momento culminante de estos misterios: este pan y este cáliz, mientras no se han hecho las oraciones y súplicas, son puro pan y bebida; pero así que se han proferido aquellas extraordinarias plegarias y aquellas santas súplicas, el mismo Verbo baja hasta el pan y el cáliz, que se convierten en su cuerpo”. (SAN ATANASIO, Sermón a los bautizados, 25) 

9. SAN CIRILO DE JERUSALÉN (313-387 d.C) 

“Sabiendo que Jesucristo asegura, hablando del pan, que aquello es su cuerpo, ¿quién se atreverá a poner en duda esta verdad? E igualmente dijo después, esta es mi sangre, ¿quién puede dudar o decir que nolo es? En otro tiempo había convertido el agua en vino en Caná de Galilea con sola su voluntad, ¿y no le tendremos por digno de ser creído sobre su palabra, cuando convirtió el vino en su sangre? Si convidado a las bodas humanas y terrenas hizo en ellas un milagro tan pasmoso, ¿no debemos reconocer que aquí dio a los hijos del Esposo a comer su cuerpo y beber su sangre?” (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis Mistagógica, 4, 7). 

Son especialmente expresivas las palabras de San Cirilo, obispo de Jerusalén a partir del 348, que para manifestar nuestra unión tan plena con Cristo en la Eucaristía dice que nos hacemos una misma cosa con Él… 

“Para que cuando tomes el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas “concorpóreo” y “consanguíneo” suyo (un mismo cuerpo y sangre con Él); y así, al distribuirse en nuestros miembros su Cuerpo y su Sangre, nos convertimos en portadores de Cristo (Cristóforos). De está manera -según la expresión de San Pedro- también nos hacemos partícipes de la naturaleza divina”. (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis Mistagógica, 4, 3). 

“Adoctrinados y llenos de esta fe certísima, debemos creer que aquello que parece pan no es pan, aunque su sabor sea de pan, sino el cuerpo de Cristo; y que lo que parece vino no es vino, aunque así le parezca a nuestro paladar, sino la sangre de Cristo”. (SAN CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis sobre los misterios>, 22, 1). 

Este es un pequeño resumen de lo que la Iglesia enseñó durante los primeros cuatro siglos,en el que se ve cómo los primeros cristianos -desde el principio- tenían una fe firme en la presencia de Cristo en la Eucarístía. 

Bibliografía 

Gabriel Larrauri (Orar con los Primeros Cristianos, Planeta Testimonio 2011)
José Miguel Arráiz (apologeticacatolica.org)
Textos Eucaristicos Primitivos, Tomos I por Jesús Solano, B.A.C.
Padres apostólicos, por Daniel Ruiz Bueno, B.A.C. Padres apologetas griegos, Daniel Ruiz Bueno, B.A.C. 



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¿Creían los inventores del protestantismo: Lutero, Calvino y otros en la Virginidad perpetua de María?


¿CREÍAN LOS INVENTORES DEL PROTESTANTISMO: LUTERO, CALVINO Y OTROS EN LA VIRGINIDAD PERPETUA DE MARÍA?
Por Dave Armstrong

Todos los fundadores del protestantismo aceptaron como verdad la Perpetua Virginidad de María. ¿Cómo pudo ser esto, si es sólo una “tradición sin fundamento bíblico”? ¿Por qué para ellos esto no representó una supuesta violación a la Escritura, tal y como los protestantes de los últimos 150 años, aproximadamente desde el comienzo del liberalismo teológico, lo han sostenido y desechado la creencia de sus antecesores? Y aún así, es común escuchar hoy entre ellos que Jesús tuvo hermanos de sangre, quizás sólo porque es una creencia útil en cuanto a que se opone a la enseñanza católica, y contrario al consenso de los primeros protestantes.

Veamos qué es lo que los fundadores del Protestantismo pensaron acerca de ésta doctrina. Si los católicos están tan afianzados en algo que ha sido descrito como “tonto, “desesperado”, “falso” y “antibíblico”, entonces ¿Por qué tantas “luminarias” del protestantismo como Lutero, Calvino y Wesley lo estuvieron también? Sin embargo, extrañamente en la actualidad, los críticos protestantes del catolicismo raramente dirigen sus reproches hacia sus propios fundadores, pienso que, aunque para ellos sea el mismo “error”, será mayor o menor la flagrancia dependiendo de quién lo haya dicho o sostenido, algo así como el proverbio de George Orwell expresado en su novela “The Farm" (La Granja): “todas las personas son iguales, pero algunas son más iguales que otras”.

EN GENERAL

Cualquiera que sea la posición teológica que alguien tome hoy sobre el tema de la mariología, no es posible tomar como fundamento a la “tradición reformada”, a menos que se haga con total cuidado… la doctrina mariana de los Reformadores concuerda con la gran tradición de la Iglesia [católica] en lo esencial y con la de los Padres de los primeros siglos, en particular…

Respecto a la doctrina mariana en los Reformadores, hemos observado su unanimidad en cuanto a todo lo que concierne a la santidad de María y su perpetua virginidad…

{Max Thurian (Protestantante), Mary: Mother of all Christians, tr. Neville B. Cryer, NY: Herder & Herder, 1963 (orig. 1962), pp. 77, 197}

El título “siempre Virgen” (aeiparthenos, semper virgo) se manifestó muy pronto entre los primeros cristianos… Fue una frase muy común en la Edad Media y continuó su uso en los escritos confesionales de los protestantes (Luther, Calvin, Zwingli, Andrewes; Book of Concord [1580], Schmalkaldic Articles [1537])

{Raymond E. Brown et al, ed., Mary in the New Testament, Phil.: Fortress Press / NY: Paulist Press, 1978, p.65 (a joint Catholic-Protestant effort) }

María fue formalmente separada del culto protestante y de sus oraciones en el siglo XVI, en el siglo XX el divorcio fue absoluto. Incluso el cántico del “Magnificat” causó muchos escrúpulos entre los Puritanos, y si ellos desecharon el Credo de los Apóstoles, no fue sólo por su ofensivo adjetivo “credo católico”, sino también por su mención a la Virgen…

Calvino, como Lutero y Zuinglio, sostuvieron la perpetua virginidad de María. Incluso los primeros reformadores aplicaron a María, aunque con alguna reticencia, el título Theotokos… Calvino animó a sus seguidores a venerarla y considerarla como un modelo a seguir en la obediencia a los mandamientos de su Hijo.

{J.A. Ross MacKenzie (Protestantante), in Stacpoole, Alberic, ed., Mary’s Place in Christian Dialogue, Wilton, Conn.: Morehouse-Barlow, 1982, pp.35-6}

MARTÍN LUTERO

Cristo, nuestro Salvador, fue verdadero fruto natural del vientre virginal de María… Esto sucedió sin la cooperación de la mano del hombre, y ella permaneció virgen. {Luther’s Works, eds. Jaroslav Pelikan (vols. 1-30) & Helmut T. Lehmann (vols. 31-55), St. Louis: Concordia Pub. House (vols. 1-30); Philadelphia: Fortress Press (vols. 31-55), 1955, v.22:23 / Sermons on John, chaps. 1-4 (1539) }

Cristo… fue el único Hijo de María, y la Virgen María no tuvo otros hijos aparte de Él… estoy inclinado a coincidir con aquellos quienes declaran que “hermanos” realmente quiere decir “primos”, ya que la Santa Escritura y los judíos llaman hermanos a sus primos. {Pelikan, ibid., v.22:214-15 / Sermons on John, chaps. 1-4 (1539) }

Una nueva mentira sobre mi persona está circulando, donde yo supuestamente he predicado que María, la madre de Dios, no fue virgen ni antes ni después del nacimiento de Cristo… {Pelikan, ibid.,v.45:199 / That Jesus Christ was Born a Jew (1523) }

Las Escrituras no dicen que ella haya perdido su virginidad en un momento posterior…

Cuando Mateo (I,25) dice que José no conoció a María hasta el nacimiento de hijo, no se sigue que lo haya hecho en ocasión subsiguiente, al contrario, significa que jamás lo hizo… Esta murmuración… no tiene fundamento… ya que ni atiende ni pone atención en la Escritura, ni en una forma de expresión común en ésta.

{Pelikan, ibid.,v.45:206,212-3 / That Jesus Christ was Born a Jew (1523) }

El editor Jaroslav Pelikan (luterano), agrega:

Lutero… ni siquiera consideró la posibilidad de que María hubiera tenido otros hijos. Esto es consistente en la aceptación, de por vida, de la idea sobre la perpetua virginidad de María.

{Pelikan, ibid.,v.22:214-5}

JUAN CALVINO

Helvidius mostró demasiada ignorancia al concluir que María debió haber tenido muchos hijos, por la razón de que son mencionados algunas veces los “hermanos de Cristo” {Harmony of Matthew, Mark & Luke, sec. 39 (Geneva, 1562), vol. 2 / From Calvin’s Commentaries, tr. William Pringle, Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1949, p.215; on Matthew 13:55}

(Sobre Mateo I,25) La inferencia que Helvidius saca de aquí, que María permaneció virgen hasta el parto y que posteriormente tuvo otros hijos con su marido… no es posible sacar de estas palabras tal conclusión y que sea llamada justa y fundamentada… en lo que respecta a lo que sucedió después del nacimiento de Cristo. El es llamado el “primogénito” con la sola finalidad de informarnos que nació de una virgen… Lo que sucedió después, los historiadores no nos lo informan… ningún hombre se empecinaría en sostener tal argumento, excepto algún aficionado a las disputas.

{Pringle, ibid., vol. I, p. 107}

Bajo la palabra “hermanos” los judíos incluyen a todos los primos y a otros parentescos, cualquiera que sea el grado de consanguinidad.

{Pringle, ibid., vol. I, p. 283 / Commentary on John, (7:3) }

ULRICO ZUINGLIO

Zuinglio se volcó, en septiembre de 1522, hacia una elocuente defensa de la perpetua virginidad de la madre de Cristo… El negar que María permaneció “inmaculada” antes, durante y después del parto de su Hijo, significaría dudar de la omnipotencia de Dios… y era correcto y provechoso repetir el saludo angélico (aunque no como oración) ‘Ave María’… Dios estimó a María por sobre las demás criaturas, incluyendo a los santos y a los ángeles, por su pureza, inocencia y su fe invencible es que la humanidad debe imitarla. La oración, sin embargo, debe ser… sólo para Dios…

‘Fidei expositio’ fue el último panfelto que escribió… ahí hay una especial insistencia hacia la perpetua virginidad de María.

{G. R. Potter, Zwingli, London: Cambridge Univ. Press, 1976, pp.88-9,395 / The Perpetual Virginity of Mary . . ., Sep. 17, 1522}

Zuinglio publicó en 1524 uno de sus sermones que trató sobre “María, siempre virgen, madre de Dios”

{Thurian, ibid., p.76}

Nunca he pensado, ni mucho menos enseñado o declarado públicamente, nada concerniente al tema de la siempre Virgen María, Madre de nuestra salvación, que pudiera ser considerado deshonroso, impío, sin valor o malvado… Creo con todo mi corazón, de acuerdo con el santo evangelio, que su pureza virginal nos conduce hacia el Hijo de Dios y que ella permaneció, durante y después del parto, pura y sin mancha, virgen por la eternidad.

{Thurian, ibid., p.76 / same sermon (mismo sermón)}

HEINRICH BULLINGER

Bullinger… defendió la perpetua virginidad de María… y arremetió contra los falsos cristianos quienes la defraudaban en la forma en que debe ser tratada: “En María, todo es extraordinario y todo lo más glorioso ha, como brotado, del amor abrasador y la fidelidad de Dios”. Ella es el único miembro notable de la comunidad cristiana…

La Virgen María… completamente santificada por la gracia y la sangre de su único Hijo, abundantemente dotada del don del Espíritu Santo y distinguida entre todos… ahora vive felizmente con Cristo en el cielo, es llamada y permanece siempre Virgen y es la Madre de Dios.

{In Hilda Graef, Mary: A History of Doctrine and Devotion, combined ed. of vols. 1 & 2, London: Sheed & Ward, 1965, vol.2, pp.14-5}

JOHN WESLEY (fundador del metodismo)

Creo… que Jesucristo nació de la santísima Virgen, quien, al mismo tiempo que lo trajo a Él al mundo, continuó ella pura e inmaculada, virgen.

{“Letter to a Roman Catholic,” quoted in A. C. Coulter, John Wesley, New York: Oxford University Press, 1964, 495}


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