Mostrando las entradas con la etiqueta será. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta será. Mostrar todas las entradas

En Brunéi será legal azotar y apedrear homosexuales hasta la muerte


EN BRUNÉI SERÁ LEGAL AZOTAR Y APEDREAR HOMOSEXUALES HASTA LA MUERTE
Por Diego Santiago 

A partir de este 3 de abril, el nuevo código penal entrará en vigor en el país asiático, liderado por el sultán Hassanal Bolkiah.

Desde el próximo 3 de abril, en Brunéi será legal azotar y apedrear homosexuales hasta la muerte, así como otras polémicas prácticas que el sultanato asiático retomó en su nuevo código penal.

En el país liderado por el sultán Hassanal Bolkiah ya era ilegal ser homosexual. Sin embargo, desde 2014, Brunéi tomó la controversial decisión de adoptar la sharía [los preceptos de Alá] sin que le importara la condena de Derechos Humanos.

Así, en el nuevo código penal que entra en vigor en tres días también está permitido amputar manos y pies a los ladrones. No sólo apedrear homosexuales e infieles.

Una de las personalidades que alzó la voz y pidió boicotear una empresa de Brunéi fue George Clooney.

En una carta abierta en contra del sultanato publicada en Deadline, el actor y director expone las razones para no acudir a la cadena hotelera Dorchester Collection, que pertenece a Bolkiah.

Son buenos hoteles. La gente que ahí trabaja es amable y no poseen nada en este tipo de propiedades. Pero seamos claros: cada vez que nos hospedamos o tenemos juntas o cenamos en estos nueve hoteles ponemos nuestro dinero en los bolsillos de hombres que deciden apedrear hasta la muerte a sus ciudadanos por ser gais o adúlteros.

Brunéi es una monarquía y un boicot tendrá poco efecto en sus leyes. Pero ¿vamos a ayudar a pagar por estas violaciones a los derechos humanos?”, puntualiza el protagonista de Gravedad.

Con información de Agencia EFE y BBC Mundo.

Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/

TU DONATIVO NOS HACE FALTA Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!
¡GRACIAS!

NOTA IMPORTANTE: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.


¿Qué será de quien muere de improviso sin confesión?



¿QUÉ SERÁ DE QUIEN MUERE DE IMPROVISO SIN CONFESIÓN?

¿Hay que rezar por los que mueren en pecado grave y podrían haberse condenado?

Está establecido que los hombres mueran una sola vez y luego viene el juicio (Hb 9, 27). Y en este juicio particular cada uno recibe conforme a lo que hizo durante su vida mortal (2 Co 5, 10).

La doctrina cristiana siempre ha dicho claramente que cada quien cosechará en la eternidad lo que en esta vida temporal habrá sembrado.

Ante todo, tengamos en cuenta una gran verdad: “Dios no predestina a nadie al Infierno” (Catecismo 1037). La Voluntad de Dios es que todos los hombres lleguen a disfrutar de la salvación, de la Visión Beatífica.

Para que alguien realmente se condene, es necesario que tenga un alejamiento voluntario de Dios, una aversión permanente a Él, una rebeldía contra su voluntad o un enfrentamiento contra Él y, además, que persista en esta actitud hasta el último día (Mt 7, 23; Mt 25, 41). Personas así, personas que reúnan estas condiciones, realmente no creo que sean muchas.

En todo caso, aquel que muere en pecado mortal, sin al menos arrepentirse, va al infierno (Catecismo 1033). Y la teología cristiana católica afirma que un alma condenada no puede ser luego salvada con oraciones.

Pero una cosa es la irreversibilidad del destino eterno llamado infierno (Catecismo 1035), labrado en la temporalidad terrenal, y otra muy diferente es, por supuesto, dar a alguien ya por condenado en el infierno.

No es posible pensar o aseverar con rotundidad que alguien, al morir repentinamente, y según nosotros sin estado de gracia, se haya condenado inexorablemente. Nadie debería jamás pensar esto ni del más abyecto de los criminales.

¿Por qué no es posible pensarlo? Sabemos cuál es la vía ordinaria para entrar al cielo directa o indirectamente (a través del purgatorio): Morir en estado de gracia. Sin embargo, existe una posibilidad de salvación para la persona que, estando en pecado grave, muere sin estar reconciliado con Dios a través del sacramento de la confesión; aunque, eso sí, tenga en todo caso que pasar por el purgatorio.

Esta excepción se basa en varios elementos:

1.- Cuando la persona, al momento de morir, no pudo ser atendida por un sacerdote. Supongamos el caso de un accidente aéreo o en un accidente automovilístico, ¿podría Dios condenar a estas personas por haber muerto sin la presencia de un sacerdote, si de haberlo tenido, quizás hubieran recurrido a él? Ciertamente que no.

En estas circunstancias la Iglesia cree en la Misericordia del Señor para con esas personas que con su último aliento de vida claman un perdón. Si la persona tiene un momento de lucidez antes de la muerte, y en ese instante se arrepiente con corazón contrito por la totalidad de sus pecados, y le pide a Dios el perdón, se salvará.

2.- Recordemos que la muerte es un proceso gradual de la vida actual a la muerte aparente (por ejemplo, la muerte clínica), y de ésta a la muerte real. La muerte aparente no coincide siempre con la muerte real, pues la muerte es la separación del alma del cuerpo, y es difícil señalar el momento exacto y preciso de esta separación. Ha habido casos de vuelta a la vida después de una muerte clínica por una acción milagrosa.

Hay testimonios de gente aparentemente muerta que después han manifestado que podían oír lo que pasaba a su alrededor. Por esto, ante la duda acerca de si una persona esté muerta o no, puede actuar el Sacerdote para que le administre el Sacramento de la Unción de los Enfermos (canon 1005) si se cree que la persona lo hubiera querido y/o pedido al menos implícitamente (Canon 1006). “La Unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir.

Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez” (Catecismo 1514). Debe administrarse este sacramento, pues uno de sus efectos es el perdón de los pecados, incluso los graves cuando el enfermo no se haya podido confesar y esté imposibilitado para hacerlo; en este caso basta que la persona hubiera realizado un acto de atrición.

3.- En esta misma línea, cuando una persona está en peligro de muerte, y no puede expresarse verbalmente por algún motivo (por ejemplo en coma), se le puede absolver de los pecados de manera condicionada. Esto quiere decir que la absolución está condicionada a las disposiciones que tenga la persona enferma o que se presume tendría, de estar consciente (Canon 976).

La absolución se impartirá ‘bajo condición’ cuando, si se diera absoluta, el sacramento se expondría a peligro de nulidad, y si se negara se expondría en grave peligro la salvación del penitente. El sacerdote procederá de esta manera cuando tenga duda de que la persona esté viva o muerta; si hay duda sobre el uso de razón (por ejemplo en los dementes o en los niños); cuando se duda de si se ha concedido bien una absolución absoluta previa; etc..

4.- No podemos juzgar y dar por condenado a nadie, ni siquiera cuando la Iglesia le haya declarado la excomunión. El hecho de que una persona esté excomulgada no significa que esté condenada irremediablemente al infierno, simplemente se declara que dicha persona ha salido por su propio pie de la comunión de la Iglesia. La Iglesia no condena a nadie; no puede ni debe ni quiere decretar la condenación de nadie. Una persona que esté excomulgada y que, por tanto, no pueda acceder a los sacramentos al momento de su muerte, podría arrepentirse de sus pecados y podría ser suficiente para que se salvara. Así de grande y de espectacular es la misericordia divina.

5.- Tampoco los que desconocen sin culpa el evangelio de Cristo y su Iglesia están privados de salvación, “porque los que desconocen sin culpa el evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (Vat. II, LG 16)”.

6.- No hay que olvidar que Dios es omnisciente y lo sabe todo, incluso antes de que ocurra. Es muy posible que Él, viendo desde la eternidad la oración de sus hijos por si mismos o por otros (por ejemplo la oración de una madre), haya podido haber derramado gracias que les movieran a la conversión antes de morir. Sólo Dios sabe si en el último instante alguna persona se hubo arrepentido de lo que hubiera hecho (con el implícito amor a Dios y al prójimo).

Si pasa esto y/o hubiera esa persona confesado con su boca que Jesús es Señor y cree en su corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos, se salvará (Rm 10, 9). Y aun la simple atrición es suficiente para salvarse, aunque tenga menos mérito y por tanto más purgatorio. Se han visto casos de ateos que al verse próximos a la muerte han orado. Alguien ha dicho que “cuando un hombre da un paso hacia Dios, Dios da más pasos hacia el hombre”.

7.- Aun en los casos en que todo parezca sugerir que alguien haya muerto en pecado grave, no hay que dar por sentado que esté ya condenado, porque la última palabra siempre la tiene Dios. Solo Él conoce las circunstancias y las intenciones de cada quien y sólo Él sabe que pasó realmente durante los últimos instantes de la vida. Hasta en el caso de los suicidas no podemos estar seguros de su condenación.

8.- No es fácil saber si quien ha pecado gravemente, lo haya hecho con pleno conocimiento y deliberado consentimiento, como se requiere para que haya pecado mortal. Y aun suponiendo que haya pecado mortal (es decir grave, consciente y libre), no podemos negar que ‘el dedo’ de Dios haya podido tocar al pecador a la hora de la muerte si en aquél momento supremo la persona ha vuelto su mirada a Él con corazón arrepentido.

9.- En el momento de la muerte de alguien no conocemos, por ejemplo, lo que había en su corazón en relación con Dios, no sabemos si tuvo seria intención de confesarse (con acto de contrición incluido) aunque al final no se haya podido confesar; no sabemos si esa persona instantes previos haya hecho alguna oración… en resumen, no sabemos por qué caminos puede llegar a las almas la acción de misericordiosa de Dios, quien por boca de Jesús sabemos que su interés es buscar a la oveja perdida para salvarla. La misión de Jesús nunca fue ni es condenar, sino salvar (Jn 3, 17); Jesús quiere cumplir con la voluntad del Padre: que no se pierda ninguno de los que Él le ha confiado (Jn 6, 39). “De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños” (Mt 18, 14).

Él, que escruta los corazones, salvará lo salvable. Lo que para nosotros parece imposible, para Dios no lo es; “porque ninguna cosa es imposible para Dios” (Lc 1, 37). “Lo que parece imposible para los hombres, es posible para Dios” (Mt 19, 26).

10.- La Iglesia no excluye de sus oraciones a ningún fiel difunto. El amor de la Iglesia por sus hijos es universal. Y en cada Eucaristía la Iglesia ora por todos sin excepción. La oración es expresión de la esperanza y de la confianza en la justicia y misericordia divinas. Orar por todos es esperar que Dios, por los caminos que sólo él sabe, puede llevar a muchos hacia sí. Aún por los que, según los criterios humanos, podrían estar condenados, pues nunca debemos olvidar que los criterios y pensamientos de Dios no siempre coinciden con los del ser humano (Is 55, 8).

Este amor universal o católico de la Iglesia, que es madre, se manifiesta en sus oraciones por sus hijos difuntos, especialmente el día de un funeral y el día de todos los fieles difuntos (el 2 de noviembre).

En cada misa la Iglesia ora “por nuestros hermanos que durmieron con la esperanza de la resurrección”, pidiendo a Dios que admita a contemplar la luz de su rostro “a todos los difuntos”. La oración por los difuntos conocidos es importante, pero no se olvidan a todos los demás difuntos. Las oraciones por el eterno descanso de los difuntos, no solo son agradables a Dios, sino que pueden ayudarles.

Nuestro deber como cristianos es rezar por aquellos que han fallecido esperando que la misericordia de Dios les alcance. No debemos negar nuestras oraciones a nadie, aun por el alma de alguien que, según nuestra lógica, no merece nuestra oración o consideremos que la oración por esa alma sea inútil.

Y aun en el supuesto caso que alguna persona se hubiera condenado, la oración no es tiempo ni esfuerzo perdido, le servirá a otras almas. Si rezamos por un alma que ya ha salido del Purgatorio o por alguien que se ha condenado, esa oración no se desperdicia, Dios sabe a quién le podría beneficiar. Es algo semejante al principio de los vasos comunicantes gracias a la comunión de los santos: Dios trasvasa y encauza las oraciones hacia las almas que más lo necesiten.

Si se encuentran en el purgatorio, sabemos que ya no irán al infierno. Nosotros podemos ayudar a esas almas en el purgatorio como consuelo y compañía en ese lugar donde se ‘sufre’ purificación; y lo podemos hacer con nuestras oraciones de sufragio, en particular participando en la Santa Misa y también haciendo celebrar la Santa Misa por ellos, con obras de penitencia y caridad, con las Indulgencias, sacrificios, etc..

Además, la oración tiene otro efecto importante que muchos pasan por alto: la oración retro alimenta. Así pues si hacemos oración por alguien, al mismo tiempo nos estamos ayudando nosotros porque su efecto espiritual nos hace ser más sensibles ante los misterios de Dios y más dispuestos a cumplir su voluntad.

Después de la muerte de alguien sólo podemos influir en su realidad ‘temporal’ que llamamos purgatorio en el que está la gran inmensa mayoría de fieles difuntos, aunque nunca sepamos con lujo de detalles cómo sea ni cuánto ‘tiempo’ dure. Sólo se sabe que, ésta antesala del cielo, es un ‘lugar’ de purificación hasta ser dignos de estar en la presencia de Dios para verlo cara a cara tal cual es (1Jn 3, 2).

¿QUÉ SERÁ DE QUIEN MUERE DE IMPROVISO SIN CONFESIÓN?

¿Hay que rezar por los que mueren en pecado grave y podrían haberse condenado?

Está establecido que los hombres mueran una sola vez y luego viene el juicio (Hb 9, 27). Y en este juicio particular cada uno recibe conforme a lo que hizo durante su vida mortal (2 Co 5, 10).

La doctrina cristiana siempre ha dicho claramente que cada quien cosechará en la eternidad lo que en esta vida temporal habrá sembrado.

Ante todo, tengamos en cuenta una gran verdad: “Dios no predestina a nadie al Infierno” (Catecismo 1037). La Voluntad de Dios es que todos los hombres lleguen a disfrutar de la salvación, de la Visión Beatífica.

Para que alguien realmente se condene, es necesario que tenga un alejamiento voluntario de Dios, una aversión permanente a Él, una rebeldía contra su voluntad o un enfrentamiento contra Él y, además, que persista en esta actitud hasta el último día (Mt 7, 23; Mt 25, 41). Personas así, personas que reúnan estas condiciones, realmente no creo que sean muchas.

En todo caso, aquel que muere en pecado mortal, sin al menos arrepentirse, va al infierno (Catecismo 1033). Y la teología cristiana católica afirma que un alma condenada no puede ser luego salvada con oraciones.

Pero una cosa es la irreversibilidad del destino eterno llamado infierno (Catecismo 1035), labrado en la temporalidad terrenal, y otra muy diferente es, por supuesto, dar a alguien ya por condenado en el infierno.

No es posible pensar o aseverar con rotundidad que alguien, al morir repentinamente, y según nosotros sin estado de gracia, se haya condenado inexorablemente. Nadie debería jamás pensar esto ni del más abyecto de los criminales.

¿Por qué no es posible pensarlo? Sabemos cuál es la vía ordinaria para entrar al cielo directa o indirectamente (a través del purgatorio): Morir en estado de gracia. Sin embargo, existe una posibilidad de salvación para la persona que, estando en pecado grave, muere sin estar reconciliado con Dios a través del sacramento de la confesión; aunque, eso sí, tenga en todo caso que pasar por el purgatorio.

Esta excepción se basa en varios elementos:

1.- Cuando la persona, al momento de morir, no pudo ser atendida por un sacerdote. Supongamos el caso de un accidente aéreo o en un accidente automovilístico, ¿podría Dios condenar a estas personas por haber muerto sin la presencia de un sacerdote, si de haberlo tenido, quizás hubieran recurrido a él? Ciertamente que no.

En estas circunstancias la Iglesia cree en la Misericordia del Señor para con esas personas que con su último aliento de vida claman un perdón. Si la persona tiene un momento de lucidez antes de la muerte, y en ese instante se arrepiente con corazón contrito por la totalidad de sus pecados, y le pide a Dios el perdón, se salvará.

2.- Recordemos que la muerte es un proceso gradual de la vida actual a la muerte aparente (por ejemplo, la muerte clínica), y de ésta a la muerte real. La muerte aparente no coincide siempre con la muerte real, pues la muerte es la separación del alma del cuerpo, y es difícil señalar el momento exacto y preciso de esta separación. Ha habido casos de vuelta a la vida después de una muerte clínica por una acción milagrosa.

Hay testimonios de gente aparentemente muerta que después han manifestado que podían oír lo que pasaba a su alrededor. Por esto, ante la duda acerca de si una persona esté muerta o no, puede actuar el Sacerdote para que le administre el Sacramento de la Unción de los Enfermos (canon 1005) si se cree que la persona lo hubiera querido y/o pedido al menos implícitamente (Canon 1006). “La Unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir.

Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez” (Catecismo 1514). Debe administrarse este sacramento, pues uno de sus efectos es el perdón de los pecados, incluso los graves cuando el enfermo no se haya podido confesar y esté imposibilitado para hacerlo; en este caso basta que la persona hubiera realizado un acto de atrición.

3.- En esta misma línea, cuando una persona está en peligro de muerte, y no puede expresarse verbalmente por algún motivo (por ejemplo en coma), se le puede absolver de los pecados de manera condicionada. Esto quiere decir que la absolución está condicionada a las disposiciones que tenga la persona enferma o que se presume tendría, de estar consciente (Canon 976).

La absolución se impartirá ‘bajo condición’ cuando, si se diera absoluta, el sacramento se expondría a peligro de nulidad, y si se negara se expondría en grave peligro la salvación del penitente. El sacerdote procederá de esta manera cuando tenga duda de que la persona esté viva o muerta; si hay duda sobre el uso de razón (por ejemplo en los dementes o en los niños); cuando se duda de si se ha concedido bien una absolución absoluta previa; etc..

4.- No podemos juzgar y dar por condenado a nadie, ni siquiera cuando la Iglesia le haya declarado la excomunión. El hecho de que una persona esté excomulgada no significa que esté condenada irremediablemente al infierno, simplemente se declara que dicha persona ha salido por su propio pie de la comunión de la Iglesia. La Iglesia no condena a nadie; no puede ni debe ni quiere decretar la condenación de nadie. Una persona que esté excomulgada y que, por tanto, no pueda acceder a los sacramentos al momento de su muerte, podría arrepentirse de sus pecados y podría ser suficiente para que se salvara. Así de grande y de espectacular es la misericordia divina.

5.- Tampoco los que desconocen sin culpa el evangelio de Cristo y su Iglesia están privados de salvación, “porque los que desconocen sin culpa el evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (Vat. II, LG 16)”.

6.- No hay que olvidar que Dios es omnisciente y lo sabe todo, incluso antes de que ocurra. Es muy posible que Él, viendo desde la eternidad la oración de sus hijos por si mismos o por otros (por ejemplo la oración de una madre), haya podido haber derramado gracias que les movieran a la conversión antes de morir. Sólo Dios sabe si en el último instante alguna persona se hubo arrepentido de lo que hubiera hecho (con el implícito amor a Dios y al prójimo).

Si pasa esto y/o hubiera esa persona confesado con su boca que Jesús es Señor y cree en su corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos, se salvará (Rm 10, 9). Y aun la simple atrición es suficiente para salvarse, aunque tenga menos mérito y por tanto más purgatorio. Se han visto casos de ateos que al verse próximos a la muerte han orado. Alguien ha dicho que “cuando un hombre da un paso hacia Dios, Dios da más pasos hacia el hombre”.

7.- Aun en los casos en que todo parezca sugerir que alguien haya muerto en pecado grave, no hay que dar por sentado que esté ya condenado, porque la última palabra siempre la tiene Dios. Solo Él conoce las circunstancias y las intenciones de cada quien y sólo Él sabe que pasó realmente durante los últimos instantes de la vida. Hasta en el caso de los suicidas no podemos estar seguros de su condenación.

8.- No es fácil saber si quien ha pecado gravemente, lo haya hecho con pleno conocimiento y deliberado consentimiento, como se requiere para que haya pecado mortal. Y aun suponiendo que haya pecado mortal (es decir grave, consciente y libre), no podemos negar que ‘el dedo’ de Dios haya podido tocar al pecador a la hora de la muerte si en aquél momento supremo la persona ha vuelto su mirada a Él con corazón arrepentido.

9.- En el momento de la muerte de alguien no conocemos, por ejemplo, lo que había en su corazón en relación con Dios, no sabemos si tuvo seria intención de confesarse (con acto de contrición incluido) aunque al final no se haya podido confesar; no sabemos si esa persona instantes previos haya hecho alguna oración… en resumen, no sabemos por qué caminos puede llegar a las almas la acción de misericordiosa de Dios, quien por boca de Jesús sabemos que su interés es buscar a la oveja perdida para salvarla. La misión de Jesús nunca fue ni es condenar, sino salvar (Jn 3, 17); Jesús quiere cumplir con la voluntad del Padre: que no se pierda ninguno de los que Él le ha confiado (Jn 6, 39). “De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños” (Mt 18, 14).

Él, que escruta los corazones, salvará lo salvable. Lo que para nosotros parece imposible, para Dios no lo es; “porque ninguna cosa es imposible para Dios” (Lc 1, 37). “Lo que parece imposible para los hombres, es posible para Dios” (Mt 19, 26).

10.- La Iglesia no excluye de sus oraciones a ningún fiel difunto. El amor de la Iglesia por sus hijos es universal. Y en cada Eucaristía la Iglesia ora por todos sin excepción. La oración es expresión de la esperanza y de la confianza en la justicia y misericordia divinas. Orar por todos es esperar que Dios, por los caminos que sólo él sabe, puede llevar a muchos hacia sí. Aún por los que, según los criterios humanos, podrían estar condenados, pues nunca debemos olvidar que los criterios y pensamientos de Dios no siempre coinciden con los del ser humano (Is 55, 8).

Este amor universal o católico de la Iglesia, que es madre, se manifiesta en sus oraciones por sus hijos difuntos, especialmente el día de un funeral y el día de todos los fieles difuntos (el 2 de noviembre).

En cada misa la Iglesia ora “por nuestros hermanos que durmieron con la esperanza de la resurrección”, pidiendo a Dios que admita a contemplar la luz de su rostro “a todos los difuntos”. La oración por los difuntos conocidos es importante, pero no se olvidan a todos los demás difuntos. Las oraciones por el eterno descanso de los difuntos, no solo son agradables a Dios, sino que pueden ayudarles.

Nuestro deber como cristianos es rezar por aquellos que han fallecido esperando que la misericordia de Dios les alcance. No debemos negar nuestras oraciones a nadie, aun por el alma de alguien que, según nuestra lógica, no merece nuestra oración o consideremos que la oración por esa alma sea inútil.

Y aun en el supuesto caso que alguna persona se hubiera condenado, la oración no es tiempo ni esfuerzo perdido, le servirá a otras almas. Si rezamos por un alma que ya ha salido del Purgatorio o por alguien que se ha condenado, esa oración no se desperdicia, Dios sabe a quién le podría beneficiar. Es algo semejante al principio de los vasos comunicantes gracias a la comunión de los santos: Dios trasvasa y encauza las oraciones hacia las almas que más lo necesiten.

Si se encuentran en el purgatorio, sabemos que ya no irán al infierno. Nosotros podemos ayudar a esas almas en el purgatorio como consuelo y compañía en ese lugar donde se ‘sufre’ purificación; y lo podemos hacer con nuestras oraciones de sufragio, en particular participando en la Santa Misa y también haciendo celebrar la Santa Misa por ellos, con obras de penitencia y caridad, con las Indulgencias, sacrificios, etc..

Además, la oración tiene otro efecto importante que muchos pasan por alto: la oración retro alimenta. Así pues si hacemos oración por alguien, al mismo tiempo nos estamos ayudando nosotros porque su efecto espiritual nos hace ser más sensibles ante los misterios de Dios y más dispuestos a cumplir su voluntad.

Después de la muerte de alguien sólo podemos influir en su realidad ‘temporal’ que llamamos purgatorio en el que está la gran inmensa mayoría de fieles difuntos, aunque nunca sepamos con lujo de detalles cómo sea ni cuánto ‘tiempo’ dure. Sólo se sabe que, ésta antesala del cielo, es un ‘lugar’ de purificación hasta ser dignos de estar en la presencia de Dios para verlo cara a cara tal cual es (1Jn 3, 2).

Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/

Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

TU DONATIVO NOS HACE FALTA Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!
¡GRACIAS!


Jesucristo será el nuevo héroe de DC comics


JESUCRISTO SERÁ EL NUEVO HÉROE DE DC COMICS
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso)

Jesucristo es sin duda el más grande y verdadero héroe de todos los tiempos para nosotros los cristianos. Luego de dos mil años de haber salvado al mundo entero. Por eso no debería de sorprendernos que distintos medios utilicen su imagen para realizar marketing.

DC Comics, una de las más grandes compañías de cómics y que más hace uso de la ideología católica cristiana, como es el caso de Superman, cuyo personaje tiene varios paralelismos con Jesucristo, ha decidido convertirlo en superhéroe de su repertorio.

El cómic tendrá por nombre SECOND COMING y estará ambientado en la segunda venida de Jesucristo. Quien al ver que sus enseñanzas fueron tergiversadas y olvidadas por la humanidad, decide buscar el modo de salvar al mundo (otra vez).




El cómic estará cargado de humor negro y violencia al por mayor.

El irreverente nuevo cómic estará disponible a partir de marzo del 2019 bajo la marca DC Vertigo. División especializada en historias para adultos con alto contenido gráfico de violencia y sangre en cada página.

Como siempre, en nombre de la tolerancia, los cristianos católicos debemos soportar la insolencia.


Y no es que sea malo realizar un cómic sobre la vida de Jesucristo, lo malo es la forma en como éste será presentado. Bien recuerdo  que de niño, el primer cómic que leí era en el diario, en una sección semanal que aparecía todos los domingos y fue justamente un cómic sobre  la vida de Jesucristo, presentado tal y como la Biblia lo narra, sin imágenes grotescas, porque la historia de por sí es tan maravillosa, que no requiere adornos ni retoques. Recuerdo haber leído ahí una frase que me impactó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Tal vez, sin saberlo, ese cómic que leí en el diario, despertó en mí la semilla y el amor por Jesucristo que más tarde crecería en mí. Pero ese cómic me dió a conocer al verdadero Cristo, al real, y no a un Jesucristo rebajado al nivel de Batman.

Esperar y ver...

Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/

Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

TU DONATIVO NOS HACE FALTA Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!
¡GRACIAS!



El Papa nunca ha sido ni será hereje


EL PAPA NUNCA HA SIDO NI SERÁ HEREJE

LA FALTA DE FE EN LA EFICACIA DE LAS PALABRAS DE JESUCRISTO A PEDRO

La elección y ministerio del Papa Francisco ha dado lugar, por un sin número de razones, tanto de parte de ciertos sectores laicos como eclesiásticos a una crítica a la persona de Pedro, tanto en juicios que pesan sobre sus gestos, como en su doctrina, tachándolo incluso de hereje. Esto ha creado confusión en la obediencia y fidelidad que se le debe de dar al Vicario de Cristo, que como ha enseñado siempre la Iglesia Católica existe una identidad absoluta sobrenatural y divina entre el Papa, sea quien sea éste, y Pedro.

Por ello, en su comentario a San Mateo (XII – XIV) dice Orígenes que la promesa que Cristo le hizo a Pedro – tibi dabo claves regni coelorum – es “para cualquiera que sea Pedro”, ya sea Alejandro VI o San Pío X.

La crítica al Papa no deja de ser sorpresiva si recordamos el texto preclaro de Henri Lacordaire, O.P. cuando decía:

“La Santa Sede tiene una desgracia que le es común con todos los grandes hombres y todas las grandes obras: no puede ser rectamente juzgada por el siglo en que se actúa, y, como es inmortal, vive insultada entre su gloria pasada y su gloria futura, semejante a Jesucristo crucificado en medio de los tiempos, entre el día de la Creación y el del Juicio Universal”.

Conviene pues recordar algunos puntos fundamentales en torno a Pedro y a las eficaces palabras que Jesucristo le prometió y que ayudarán a fortalecer la fe en momentos en que la apostasía se manifiesta por todas partes, máxime que la peor confusión aún está por venir. Son momentos de especial fidelidad al Vicario de Cristo, pues Cristo quiso que Pedro – y con él todos sus sucesores – fueran la cabeza esencial de la Iglesia juntamente con él.

FALTA DE FE EN LA EFICACIA DE LAS PALABRAS DE JESUCRISTO A PEDRO

Parte de la crítica al Papa Francisco y de las dudas que muchos dejan crecer en su corazón sobre la ortodoxia y buena doctrina del Papa radica en la falta de fe en la eficacia de las palabras de Cristo a Pedro y a sus sucesores, los romanos pontífices:

“Tú eres roca y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16, 18). “He rogado por ti para que tu fe no desfallezca” (Lucas 22, 32). “… y Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos, y lo que tú ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que tú desates en la tierra, quedará desatado en los cielos” (Mateo 16, 19). Cristo le da así a Pedro en la tierra y en el cielo exactamente el mismo poder que en lo espiritual tiene Él en el cielo y en la tierra.


Así pues hay corrientes que no creen en la asistencia de Cristo a su Iglesia, asistencia divinamente garantizada y que por lo mismo no puede ser sino absolutamente eficaz y perpetua. De por medio está la palabra de honor de Cristo.


Si esta asistencia no es para la enseñanza de la Verdad (que abarca fe, costumbres, el juicio de lo bueno o malo y culto divino) no servirá para nada. Más aún, si esa asistencia no preserva de manera absoluta al Papa de toda posibilidad de error doctrinal, entonces esta asistencia resulta irrisoria: de nada sirve la Iglesia así. Dicho en palabras rotundas: Cristo fracasó.

No creer pues en las palabras de Cristo sería como afirmar que Cristo faltaría en las cosas necesarias a la Iglesia, “a la cual ama y por la cual dio su sangre”, aun cuando de la misma sinagoga dijo el Señor: ‘qué más he debido hacer por mi viña que no haya hecho por ella’” (Isaías 5, 4) (Comentarios de Santo Tomás de Aquino en la Suma contra Gentiles en el Libro IV Capítulo 76).

Desde luego que la Iglesia, desde Su Fundación, ha pasado y pasará por grandes tribulaciones, divisiones, cismas y persecuciones. Ya lo dijo Cristo: “El siervo no es mayor que su señor. Si a Mí me persiguieron a vosotros también os perseguirán”. (Juan 15,20). Muchos obispos han sido herejes y miles de sacerdotes han caído en el cisma, en la herejía o en la apostasía y pueblos enteros se han apartado de la Iglesia, pero si la Iglesia subsiste a pesar de todo es porque jamás le ha faltado su cabeza y su fundamento, el Romano Pontífice. Por eso Pedro es la Roca, la extensión de la Piedra angular, Cristo.

¿PUEDE UN PAPA COMETER HEREJÍA?

Hay quienes erigiéndose en guardianes de la fe y celosos de la verdad espulgan lo que el Papa Francisco dice o escribe, o más grave, lo que los medios de comunicación “desinforman”, para cerciorarse si no ha caído en herejía o se ha apartado de la fe y se convierta así en el anticristo anunciado por Pablo que se sentará en el templo santo de Dios (II Tesalonicenses 2, 4), o en el falso Papa o pastor del que habla Juan en Apocalipsis 13, 11, o el pastor necio (Zacarías 11, 15), lo cual ha sido puerta de gran confusión entre los fieles por un equivocado y grave discernimiento o por una falta de fe en la eficacia de las palabras de Jesucristo y a cuya cita ya hemos aludido (Lucas 22, 32; Mateo 16, 18-19). Se ha vuelto ya incómodo que a cada gesto o palabra del Papa se le mire y se le cuestione tanto para criticar a la Iglesia Católica como para difundir supuestas “nuevas verdades eclesiales” conforme los modernos tiempos lo exigen, o más grave aún, si se apartó o no del depósito de la fe.

Que un Papa sea débil o falto de virtud, o más aún le haga “daño a la Iglesia” no lo convierte en hereje. Que algunos hombres de bien se hayan creído con el derecho de regañar a un determinado Papa, no los convertía en superiores de éste, así como no toda denostación hecha por un santo a un Papa es dogma de fe ni prueba nada contra ningún Romano Pontífice. Parte de la confusión de que un Papa pueda caer en herejía se le atribuye a San Bonifacio, Obispo de Maguncia (Alemania), quien afirmaba que un Sumo Pontífice “no puede ser juzgado a menos que se descubra que se ha desviado de la fe”.

Estas últimas palabras no quieren decir que de hecho algún Papa forzosamente tenga que desviarse de la fe, pues sólo expresa una condición – que no es forzoso que se dé – para que pueda ser juzgado. Eso equivale a decir: “Si un Papa se desviara de la fe dejaría de ser Papa y se le podría juzgar y deponer”. Esta proposición cualquiera la podría suscribir, incluso el mismo Papa por su misma seguridad en la inerrancia de la que goza por especial asistencia del Espíritu Santo. Es como si un general seguro de su valor le dijera a sus soldados al dar una orden de ataque: “Si ves que retrocedo un paso, matadme”. El general podrá fallar, el Papa no. Y no falla porque la Iglesia no recibió de su Divino Fundador una constitución democrática sino esencialmente jerárquica y monárquica, pues su fundamento es divino y Cristo no lo iba a poner a discusión ni a sujetar a ningún tipo de votación. Él es el garante.
Así pues la afirmación – especulativa jurídica – de que “si el Papa fuera hereje, dejaría de ser Papa y podría ser juzgado” equivale a decir “Si Dios dejara de existir, el universo volvería a la nada”. Pero Dios no dejará de existir. Profundicemos en esto.

SAN ROBERTO BELARMINO

Uno de los principales Doctores de la Iglesia, San Roberto Belarmino, expone el tema con claridad, según se desprende de la Opera Omnia, Tomo I p. 513 y siguientes, y Tomo II, p. 90 y siguientes, conforme lo cita Don Salvador Abascal en su obra El Papa Nunca ha sido ni será Hereje de Editorial Tradición de 1979.

Hay un texto de San Roberto Belarmino citando al Papa San León I Magno sobre la identidad de Cristo-Piedra con Pedro-Roca y sus sucesores:

“Así como mi Padre te reveló mi divinidad, así también yo te hago notar tu excelencia, porque tú eres Pedro; esto es, de la misma manera que yo soy piedra invulnerable, la piedra angular, que de una y otra hago una sola, yo el fundamento, en lugar del cual ninguno otro puede ponerse, con todo tú también eres la piedra, para que, afirmado con mi virtud, las cosas que son propias de mi poder sean también tuyas en participación conmigo”. (Sermón 3 de Aniversario de Elevación al Pontificado, ob. cit. en Opera Omnia de Roberto Belarmino citado por S. Abascal p. 279).

No puede ser más expresiva la afirmación de San León Magno: “Que de las dos piedras hago una sola”. Es la identidad del Papa con Cristo. Luego si el Papa puede caer en la herejía, también Cristo podría ser hereje. Y esto sería una blasfemia.

Pero hay quienes afirman apoyándose en un texto que se le atribuye a Roberto Belarmino sacado de su contexto que el Papa puede ser hereje, pero ni los antiguos Padres de la Iglesia ni San Roberto Belarmino asumen la teoría de que el Papa pueda incurrir en la herejía. Esa es la opinión que asume el Doctor de la Iglesia, San Roberto Belarmino, en su Capítulo 30 del Libro II del Tomo I de sus Obras Completas, donde en su extenso tratado sobre el Sumo Pontífice se dedica a demostrar, primero doctrinalmente y luego con la historia, que no puede haber un solo Papa hereje ni ha caído ninguno en la herejía.

Belarmino cita como autoridad a Orígenes: “Manifiesto es, aunque no se diga así, que ni contra Pedro ni contra la Iglesia podrán prevalecer las puertas del infierno; porque si prevalecieran contra la piedra en la que está fundada, también contra la Iglesia prevalecerían” (ob. cit. Controversiarum de Summo Pontifice, Tomo II, Libro IV, Cap. III).


Dice más adelante que el “Sumo Pontífice es el doctor y pastor de toda la Iglesia; luego la Iglesia entera debe escucharlo y seguirlo; luego si él yerra toda la Iglesia erraría” (ídem).

Según Roberto Belarmino, verdadero Doctor de la Iglesia, no puede errar el Papa en ninguna de las cosas necesarias para la salvación. Es así que las cosas necesarias para la salvación son la doctrina sobre la Fe, la doctrina sobre las costumbres, el culto y la noción clara de lo bueno y de lo malo; luego en estas cuatro cosas no puede fallar nunca el Romano Pontífice, aunque lo que él ordene no nos guste. “Non solum in decretis Fidei errare non potest summus Pontifex; sed neque in praeceptis morum quae toti Eclessiae prescribuntur, et quae in rebus necessariis ad salutem, vel in iis quae per se bona, vel mala sunt, versantur”.

Así, todo el Capítulo III está dedicado a probar la inerrancia del Papa en materia de fe y costumbres.

En consecuencia, San Roberto Belarmino es un mar de argumentos a favor de la inerrancia absoluta de Pedro y de todos y cada uno de los Papas en materia de Fe, costumbres, culto divino y distinción entre lo bueno y lo malo: en lo necesario.

Esta inerrancia del Papa, desde luego, no significa “que el que no falle en la fe no pueda cometer otro tipo de pecados”, en eso no está incluida la singular asistencia de Dios que Cristo impetró a favor de Pedro.

PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA

El Concilio Vaticano I expresa al respecto lo siguiente (Denzinger, 1836).

“La doctrina de todos los venerables padres y de todos los santos ortodoxos es que la Sede de Pedro permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro Divino Salvador hecha al Príncipe de los Discípulos: Yo he rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”.

Algunos textos de doctores de la Iglesia ayudarán a completar la tesis:

San Ambrosio (330-397)
“Donde está Pedro ahí está la Iglesia” (sobre el Salmo V, 30. Ob. cit. p. 309)

“No se puede tener parte en la herencia de Pedro sino a condición de permanecer adheridos a su Sede” (De poenitentia, I, Cap VII. Ob. cit. por Abascal p. 309)
San Bernardo de Claraval (1090-1153)

Pero el Papa “no tiene igual en la tierra, es Pedro por el poder y Cristo por la unción, defensor de la fe, doctor de las naciones, jefe de los cristianos…; cuanto a la fe le concierne en él no puede sufrir ninguna mengua la fe, porque Cristo lo preserva de toda caída y le ordena confirmar a sus hermanos” (Tratado de la Consideración I, 2; II, 8; III, 4; IV; 7, Ep 131. Ob. cit. p. 325).

San Alberto Magno (1193-1280)
Comentando a San Lucas 22, 32, San Alberto Magno continúa la misma doctrina: “Que no desfallezca tu fe. Esta es finalmente una prueba eficaz de que la fe de la Sede de Pedro y de su sucesor no desfallecerá: hoc argumentum efficax est pro sede Petri et successore ipsius, quod fides ejus non finaliter deficiat (Opera Omnia. Edición de Augusto Borgnet, Paris 1893, p. 685, citado por Abascal p. 329).

Lo anterior basta para demostrar que en el pensamiento de este gran Doctor de la Iglesia, San Alberto Magno, ningún sucesor de Pedro puede incurrir en herejía. Puede vacilar y caer el Sucesor de Pedro por cualquier otra razón, pero no en materia de fe. Puede pues pecar contra la caridad, pero no contra la fe.

Para que quede muy claro, los grandes Doctores de la Iglesia del Siglo de Oro de la Teología Católica, los llamados Escolásticos, no dan lugar, ninguno, a la hipótesis de que el Papa pueda cometer herejía.

ENSEÑANZA DOGMÁTICA

La unidad, la fuerza y la doctrina de toda la Iglesia no están basadas en la Sagrada Escritura ni en la Tradición sino en el Primado que Cristo le otorgó a Pedro. De tal suerte que el Primado lo estableció Cristo en una persona (sobre un hombre dice el Catecismo del Concilio de Trento), en la persona física de Pedro, y en él sobre cada uno de sus sucesores, de modo que la persona misma de Pedro es la institución del Papado, pues Pedro se perpetúa en todos y cada uno de los Romanos Pontífices.

“Así pues, si alguno dijese que el Romano Pontífice tiene solo el deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la Iglesia Universal, no sólo en las materias que pertenecen a la fe y a las costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia difundida por todo el orbe, o que tiene la parte principal, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria o inmediata, tanto sobre todas y cada una de las iglesias como sobre todos y cada uno de los pastores y los fieles, sea anatema”(Dezinger 1831).

De todo lo dicho: no hay papado sin Papa; ni todos los obispos junto con todos los fieles son superiores al Papa; no hay concilio sin el Papa ni Iglesia ni concilio contra el Papa. Luego es herético juzgar y condenar al Papa por lo que sea pues no tiene superior en la tierra. Luego es también herético negarle al Papa el poder pleno de reformar los ritos y la disciplina en materia de institución eclesiástica que Cristo dejó a la decisión de Pedro.

EN CONCLUSIÓN

Son tres los dogmas definidos por el Vaticano I sobre el Papa:
Su primado de jurisdicción sobre la Iglesia Universal es absoluto: lo que él ordene o permita en la tierra queda permitido o prescrito en el Cielo; asimismo lo que él prohíba en la tierra queda prohibido en el Cielo. Y esto abarca no sólo las definiciones llamadas ex–cathedra, sino todo lo relativo al gobierno espiritual de la Iglesia.

LA SUCESIÓN EN LA SILLA DE PEDRO ES ININTERRUMPIDA

Es de fe divina y católica lo que el Papa defina ex–cathedra, es decir, como pastor supremo de la Iglesia Universal definiendo dogmáticamente una verdad de fe y moral. Esto no quiere decir que lo que enseñe y ordene de manera ordinaria, o sea, no ex–cathedra en materia de fe, costumbres, culto divino o disciplina pueda ser herético. Y no puede serlo por dos razones: porque en su primera enseñanza dogmática el Concilio Vaticano dijo que el Primado de Pedro en el gobierno de la Iglesia es absoluto, y porque en la misma enseñanza dogmática se asienta que la Sede de Pedro está exenta de todo error, sin distingos.

Por eso hay que estar atentos a la fidelidad y obediencia plena al Vicario de Cristo sea quien sea, y particularmente al Papa Francisco, pues de lo contrario nos estaremos saliendo del camino de la salvación. Ya lo decía Pío XII que cometen un “peligroso error aquellos que piensan poder abrazar a Cristo cabeza de la Iglesia, sin adherirse fielmente a su Vicario en la tierra. Porque quitando esta cabeza visible, y rompiendo los vínculos sensibles de la unidad, oscurecen y deforman el cuerpo místico del Redentor, de tal manera que los que andan en busca del puerto de salvación no pueden verlo ni encontrarlo” (Mystici corporis Christi no. 35)

EXCURSUS

Finalmente, aprovecho este espacio para expresar mi opinión y dar respuesta a una inquietud, tanto en tuits como en mails, sobre ciertos comentarios y juicios que se han hecho en torno a la persona del Papa Francisco y que han creado confusión entre muchos fieles.

En primero lugar, todos los mensajes que por vía de revelación privada que antes y después de la elección del Papa Francisco lo señalan como falso papa, antipapa, falso pastor y similares calificativos son sencillamente falsos, ya de origen o de inspiración diabólica.

No se requiere demasiada experiencia o sabiduría para entender que un mensaje auténtico del Cielo jamás señalará a una persona como el falso papa. Invitará a la práctica de la oración, del sacrificio, del ayuno para poder discernir en momentos que la Iglesia se divida, etc. pero no va a identificar al bueno o al malo, pues esa es parte de nuestra responsabilidad: “velad y orad para no entrar en tentación” (Mt 26,41).


Todos esos mensajes que van en la línea de adelantar eventos para confundir, como de hecho han confundido, son falsos. Aun cuando el resto del mensaje sea “conforme al evangelio”, al errar en lo esencial pierde su autenticidad y deja entrever la cola del enemigo. Un mensaje pues que señale que éste o aquél es el falso Papa va en contra de la Sabiduría Divina y Justicia Perfecta, pues aún con el mismo Demonio Dios es Justo y su batalla espiritual la ha dejado en igualdad de ventajas y de desventajas.

Asimismo diremos de los mensajes privados que invitan a rezar por el Papa Francisco para que “no se convierta en el falso pastor”; no sólo son falsos sino van contra la Revelación misma de Jesucristo, conforme se ha explicado con anterioridad.

También es equivocado el discernimiento de que la renuncia del Papa Benedicto XVI fue inválida por equis razones, por lo que el cónclave de la elección del Papa Francisco fue inválido de origen y también su posterior elección, donde resulta entonces que Benedicto XVI es el válido y Francisco el falso. Esto es teología ficción y lamentable discernimiento de las profecías que no vale ni la pena dedicarle tiempo a ello.


Los sedevacantistas están en una puerta sin salida hace mucho tiempo, donde para estos el último Papa verdadero fue Pío XII. Como ya no viven ninguno de los cardenales nombrados por este Papa, y como Juan XXIII convocó el Concilio y Paulo VI lo continuó, pues tenemos Sede Vacante desde entonces, y los actos de todos estos papas desde Juan XXIII hasta Francisco son nulos, por lo que ya se cortó para siempre la sucesión de los Pedros, contra la promesa de Cristo y contra el dogma expreso del Concilio Vaticano I (Denzinger 1825).

Los comentarios públicos de laicos y religiosos que se erigen como jueces del Papa Francisco pretendiendo dizque hacer un bien lo único que provocan es confusión y duda entre los fieles y hacen un gran daño a la Iglesia. La postura debe ser de fidelidad, obediencia y oración por el Papa Francisco para que cumpla lo más fielmente la Voluntad de Dios en este momento decisivo de la historia.

ATAQUE SATÁNICO CONTRA LA IGLESIA

No ignoramos que una gran tormenta espiritual sin precedentes se avecina a la Iglesia. Una gran prueba que hará dudar a muchos y a escandalizar a otros y de la que los mismos Papas, desde Pio X hasta nuestros días, se han referido a ella. Prueba que le llevó decir a Paulo VI que “el humo del infierno ha entrado a la Iglesia santa de Dios” (29/VI/72), y a la Santísima Virgen en Fátima “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe”, dejando adivinar que en el resto del mundo, en Europa, la fe se perderá, y eso es lo que Pablo llamaba la dicessio, la apostasía. Más aún, la revelación pública – las dos Mujeres del Apocalipsis – anuncia que en algún momento la Iglesia Verdadera se separará de la falsa, dando lugar a un Gran Cisma, y sí, en la que la Iglesia tendrá simultáneamente en algún momento “el trono de Pedro en disputa”, “dos hermanos en discordia”, uno verdadero y el otro falso, pero esto vendrá más adelante, y desde luego nada que ver con el Papa Francisco.


Recemos por el Papa Francisco. Necesita mucho de nuestra oración. Así lo ha pedido desde el inicio de su pontificado de manera insistente, y eso es lo que hay que hacer. No seamos promotores de dudas y confusiones, de una división contra la unidad de la Iglesia que, conforme al Plan Divino de Salvación, sólo será permitida en el tiempo de la historia del hombre; “por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados aquellos que no creyendo en la verdad se complacieron en la iniquidad” (II Tes, 2,11). Así pues, la condición de esta unidad en la Iglesia deviene de la existencia de un jefe único y visible, el Papa, el representante del gran Padre Eterno.

Grandes designios están sobre el Papa Francisco. Su pontificado es trascendental para el futuro inmediato de la Iglesia y del mundo. El Papa que las auténticas profecías anunciaron hace tiempo como “el rompedor”.


Si deseas conocer más sobre tu fe católica visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/


Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!
¡GRACIAS! 



El Papa nunca será el anticristo ¡Nos lo dice un pastor evangélico!


EL PAPA NO ES EL ANTICRISTO, ASI LO ASEGURA UN "PASTOR EVANGÉLICO".

EL PASTOR ARTHUR W. PINK, EN SU LIBRO "EL ANTICRISTO", NOS DA VARIAS RAZONES DE POR QUÉ EL PAPA NO PUEDE SER EL ANTICRISTO.
Por: Jesús Mondragón (Saulo de Tarso)

Realizando interpretaciones forzadas de auténtico malabarismo bíblico, los "cristianos" no católicos se han empeñado, (fieles a su costumbre) en calificar al Papa como el "anticristo".

Sin embargo, el escritor evangélico Arthur W. Pink, profundizando en busca de la verdad, nos da varias razones bíblicas por las que el Papa nunca ha sido y nunca podrá ser el anticristo. De su libro titulado: EL ANTICRISTO. Editorial CLIE, Barcelona, 1990, páginas 32-37. Extraemos y condensamos lo siguiente.

"El anticristo estará en línea descendente de Abraham, será un judío... este es un argumento que nunca ha podido ser contestado por los que creen que el Papa es el hombre del pecado.

Hasta ahora no tenemos idea de que ningún israelita haya ocupado la silla papal, por lo menos ninguno lo ha hecho a partir del siglo séptimo.

En 2 de Tesalonicenses 2, 4, leemos que el hombre de pecado se presentará en "el templo de Dios" y San Pedro en Roma no puede ser llamado con ese nombre. El templo sobre el cual se sentará el anticristo será el templo de los judíos reconstruido, el cual no estará localizado en Italia sino en Jerusalén...

El anticristo será recibido por los judíos... y los judíos nunca darían lealtad a un Papa...

En Daniel 11, 45 leemos "Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y Santo... " el anticristo, pues plantará las tiendas de su palacio "entre los mares" esto es, entre el Mediterráneo y el Mar Rojo.

En modo alguno, por más que se use la imaginación, se puede aplicar esto al Papa, pues su palacio, El Vaticano, está localizado en la capital de Italia.

El anticristo negará al Padre y al Hijo: "este es el anticristo el que niega al Padre y al Hijo". (1 de Juan 2, 22).

Esta escritura no habla de algo virtual, sino de una negativa real y formal. Pero Roma ha mantenido siempre en sus concilios y credo, sus símbolos de fe y adoración que hay tres personas en la divinidad. Todo católico romano ha confesado "creo en Dios Padre, y en Jesucristo el Señor..." El Papa reconoce al Padre y al Hijo; confiesa que es un siervo de Dios y un adorador; bendice al pueblo, no en su propio nombre sino en el de la Trinidad.

El anticristo es descrito como aquel que "Se opone a Dios y se exalta por encima de Dios y es objeto de culto; tanto que se sienta en el santuario de Dios, haciéndose pasar por Dios" (2 de Tesalonicenses 2, 2-4). Ni León X se atrevió nunca a divinizarse o a ocupar el lugar de Dios. Los Papas han alegado muchas y falsas retenciones para sí mismos; sin embargo, sus decretos han sido proclamados como del "Vicario de Cristo", "Vicerregente de Dios" reconociendo con ello que Dios está por encima de ellos...

El dominio del anticristo será mundial. El futuro hombre de pecado afirmará su supremacía que no será disputada y será universal, "y toda la tierra se maravilló en pos de la bestia" (Apocalipsis 13, 3). "Y se dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación" (Apocalipsis 13, 7). Apenas es necesario indicar que la mitad del cristianismo, por no decir todo el paganismo, está fuera del patio de Roma y es antagónico a las pretensiones del papado. De nuevo en Ap 13, 17 leemos: "Y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleva la marca con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre". ¿Cuando decimos, ha ejercido el papado una soberanía comercial así, que nadie pudiera comprar o vender sin su permiso?...

Apocalipsis 13, 7-8 aquí se nos dice de modo expreso que los únicos que no adoran a la bestia, esto es el anticristo, serán aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero, lo cual es absurdo, puesto que esto significaría que los infieles, los ateos, incrédulos que en los últimos mil años, se han hallado fuera del patio del catolicismo romano son salvos...

En 2 de Tesalonicenses 2, 11-12 se nos dice: "Por esto Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad". El contexto aquí muestra que "creer una mentira" significa aceptar las pretensiones del anticristo. Todos los que aceptaron sus pretensiones "recibieron" (Juan 5, 43) y no sólo eso, sino que le adoran (Apocalipsis 13, 18), y 2 Ts 2, 12 declara que "todos" los que hacen su voluntad son "condenados". Así pues, si el Papa es el anticristo entonces por necesidad todos los que han "creído" en sus falsas pretensiones, todos los que le han "recibido" como Vicario de Cristo, todos los que le han "adorado" serán eternamente perdidos. El escritor de este libro no piensa ni por un momento en hacer una afirmación semejante".


Hasta aquí las palabras del Pastor Arthur W. Pink.

En suma, el Pastor apoyado en la Biblia llega a una verdad incuestionable:

EL PAPA NO ES EL ANTICRISTO

Sin embargo, la Biblia habla de que aparte del ÚLTIMO Y PERSONAL ANTICRISTO, a lo largo de los últimos tiempos aparecerán MUCHOS ANTICRISTOS.

En el Evangelio de San Juan se nos dice que, cuando Jesucristo les dijo a sus discípulos que Él nos daría a comer su cuerpo en apariencia de pan muchos de ellos no le creyeron:

"Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»" Juan 6, 60.

Y un poco más adelante en el mismo Evangelio de Juan capítulo 6 versículo 66; casualidad? Juan 6, 66. (666). Se nos dice que esos discípulos dejaron de seguir a Jesucristo:

"Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él". Juan 6, 66.

Y, ¿Cómo llama el mismo Apóstol San Juan a quienes dejaron de seguir verdaderamente a Cristo? Veamos cómo los llama en su primera carta:

"Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.
Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros". 1 de Juan 2, 18-19.


Aparte del Anticristo vendrán muchos "anticristos", según los llama el Apóstol San Juan.

La pregunta es: ¿QUIENES SON AQUELLOS QUE NO CREEN QUE CRISTO NOS DA A COMER SU CUERPO Y SE SALIERON DE LA IGLESIA, SALIERON DE ENTRE NOSOTROS MISMOS Y EL APÓSTOL JUAN LLAMA "ANTICRISTOS"?

USTED QUERIDO LECTOR TIENE LA RESPUESTA...

EL PAPA NO ES EL ANTICRISTO, PERO LOS QUE LO LLAMAN ASÍ, ÉSOS SÍ SON "ANTICRISTOS".


Si deseas conocer más sobre tu fe católica visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/


Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!
¡GRACIAS!


Publicaciones más leídas del mes

Donaciones:

BÚSCANOS EN FACEBOOK