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¿Cuál es la diferencia entre pentecostal y pentecostés?


La diferencia entre "pentecostal" y "pentecostés" puede parecer sutil, pero es importante entenderla para comprender mejor nuestra fe católica y cómo se relaciona con otras corrientes del cristianismo.

Para empezar, vamos a hablar un poco sobre el significado de "pentecostés". Pentecostés es una fiesta cristiana que conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y otros seguidores de Jesús, tal como se relata en el libro de los Hechos de los Apóstoles en la Biblia. Este evento ocurrió cincuenta días después de la Resurrección de Jesús, de ahí el nombre "pentecostés", que proviene del griego "pentēkostē", que significa "quincuagésimo".

En Pentecostés, los apóstoles estaban reunidos en Jerusalén cuando de repente vino del cielo un ruido como el de un viento recio que llenó toda la casa donde estaban. Entonces aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, de manera que todos los presentes, que eran de diferentes países, los entendían en su propio idioma. Este evento marca el nacimiento de la Iglesia Cristiana y es una celebración muy significativa en nuestra fe.

Por otro lado, el término "pentecostal" se refiere a una corriente del cristianismo que enfatiza la experiencia personal del Espíritu Santo, a menudo caracterizada por manifestaciones como hablar en lenguas, sanidades y profecías. Los pentecostales creen en la vigencia de los dones del Espíritu Santo, tal como se describe en el Nuevo Testamento.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre ambos términos? La principal diferencia radica en la interpretación y la práctica de la experiencia del Espíritu Santo. Mientras que el Pentecostés es un evento histórico en la vida de la Iglesia, los pentecostales son aquellos que enfatizan y buscan vivir de manera continua la experiencia del Espíritu Santo en su vida diaria.

Como católicos, también creemos en la presencia y la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. De hecho, en el sacramento de la Confirmación, los católicos recibimos el don del Espíritu Santo para fortalecernos en nuestra fe y capacitarnos para ser testigos de Cristo en el mundo. Sin embargo, nuestra experiencia del Espíritu Santo puede manifestarse de manera diferente a la de los pentecostales.

Por ejemplo, en la liturgia católica, experimentamos la presencia del Espíritu Santo de manera especial en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía y en la Reconciliación. También creemos en la importancia de la Tradición y la enseñanza de la Iglesia, que nos guían en nuestro camino de fe y nos ayudan a discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Es importante recordar que, aunque tengamos diferencias en la interpretación y la práctica de la fe, todos los cristianos estamos llamados a amarnos y a respetarnos mutuamente como hermanos y hermanas en Cristo. Como dice San Pablo en su carta a los Gálatas: "Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino una nueva creación" (Gálatas 6, 15).

En resumen, Pentecostés es una fiesta cristiana que conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, mientras que los pentecostales son aquellos que enfatizan y buscan vivir de manera continua la experiencia del Espíritu Santo en su vida diaria. Como católicos, también creemos en la presencia y la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas, aunque nuestra experiencia puede manifestarse de manera diferente.

Espero que esta explicación te haya sido útil, y si tienes alguna otra pregunta, no dudes en hacerla. Estoy aquí para ayudarte en lo que necesites en tu camino de fe. Que el Espíritu Santo te guíe y te fortalezca siempre. ¡Dios te bendiga abundantemente!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Qué significan las 7 palabras de Cristo en la cruz?


¿QUÉ SIGNIFICAN LAS 7 PALABRAS DE CRISTO EN LA CRUZ?
Por Padre Julián López Amozurrutia 

Reflexionemos sobre las frases que Jesús pronunció en la cruz durante su agonía.

Es una tradición de Viernes Santo que suele realizarse después del mediodía, y que consiste en reflexionar sobre las palabras de Cristo en la Cruz durante su dolorosa agonía:

1. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34)

Perdón. Desde el dolor inenarrable de su amor, Cristo pide perdón. Su voz se eleva al Padre. ¿Acaso podía ir a otro lado? De Él venía. A Él volvía. El círculo completo de su presencia en el mundo tiene su broche en la Cruz. Todo el camino miraba a entregarnos el perdón divino. Ahora lo suplica. Pide perdón por nosotros. El corazón no se agota. Mira al Padre y mira al hombre. Y Él, que sí sabe lo que hacemos, que sí puede experimentar el dolor del error y del fracaso humano, que capta como nadie la fractura terrible entre Dios y el hombre, la repara con un murmullo apenas perceptible. Padre, perdónanos.

Te lo imploramos desde la Cruz, a la que hemos quedado asociados por el Bautismo. La Cruz de tu misericordia, que nos selló como pertenencia de tu Hijo amado. Y como el Señor, nos atrevemos también a pedir perdón por los que a nuestro lado te ofenden. Jesús no pedía perdón por sí mismo, pues en Él no había mancha alguna. Pero pidió perdón por nosotros. Nosotros pedimos perdón por nosotros, y también nos solidarizamos con la humanidad, necesitada de redención. Nos unimos a la voz del Hijo que desde el corazón del mundo suplica: Padre, perdona a la humanidad.

Leer: ¿Dónde están las reliquias de la Pasión de Cristo?

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2. “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43)

La promesa. Después de una cadena de rechazos, que como un látigo crudelísimo laceraba su carne, una voz exangüe emite la tardía confesión de fe. “Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”. Para la misericordia divina, nunca es demasiado tarde. Cuando todos han descartado al desgraciado, y el juicio implacable del mundo ha cumplido ya su sentencia, el pasado desaparece para no quedar más que un “hoy” que será también el futuro inagotable, la eternidad. La sentencia del cielo es inversa. Ante la Cruz de Cristo, en la cruz de la propia responsabilidad, una plegaria humilde funde dos cruces en un abrazo redentor. Sólo se recordará el pasado en cuanto ha sido transfigurado por el amor. Las heridas contusas del pecado se convierten en nudos de luz. El Paraíso es el único horizonte. Jesús, nuestra situación es de una oscuridad densa y sin esperanza. Acuérdate de nosotros. Acuérdate de mí. ¡Venga tu Reino, ven en tu Reino y acuérdate de mí!

3. “Mujer, ahí tienes a tu hijo. […] Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,26-27)

Un gesto de ternura. Misericordia que no necesita justificarse. Ante la madre, nunca hace falta justificarse. Ante el discípulo amado, ante el amigo, tampoco. Dichosos los pechos que te amamantaron. Dichoso el que cumple la voluntad de Dios. La nueva familia se estrecha al pie de la Cruz, donde el dolor no se esconde, pero enjuga las lágrimas con el más delicado cariño. Quiéranse. Ya no estaré yo entre ustedes, pero en su amor perseverante me encontrarán. Cuídense mutuamente. Háganse cargo uno del otro, y a la vez de toda la Iglesia. En su casa, la Casa se dibuja como aprecio cotidiano. La Iglesia, el cielo y la familia son lo mismo. Se lo encomiendo. No falte nunca la caricia, la sonrisa, el apoyo. Todo sufrimiento se trasciende en un solo instante en el que se cruzan las miradas, y en ellas fulgura la caridad. Nada se acaba. Todo está empezando.

4. “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46; Mc 15,34).

Una confesión. Dura. La más dura del Evangelio. Que nunca entenderemos ni experimentaremos como Él. Y para que no haya duda, la testimonian dos evangelistas. Habla al Padre, lanzando al infinito el dardo incomprensible del corazón desgarrado. No podemos medir el infinito. Pero sabemos que un abandono infinito le sacude el alma. ¿Cómo es posible? Porque el abismo infinito de su perdón es mayor que el equilibrio del cosmos. Porque sólo su amor eleva exponencialmente al infinito la ofrenda de un dolor humano. De un dolor infinito. Y entonces la unidad se reconstruye sacrificando a Dios. Inmolación cuya lógica sólo vislumbramos cuando amamos. Cuando sabemos, ante el ser amado, que no escatimaríamos nada por su bien. Que busca la unidad a toda costa. La unión acontece como libertad de absoluta generosidad. El Padre no escatima a su Hijo, al Hijo amado. ¿Cuánto nos ama a nosotros, ingratos tiranos del egoísmo? Para abrirnos un espacio en el seno divino, la Trinidad se desgarra. Misericordia absoluta. En ese silencio, en esa oscuridad, en esa noche, cabemos nosotros. La soledad de un corazón es garantía de la compañía eterna. No lo podemos entender. Escuchamos y callamos.

5. “Tengo sed” (Jn 19,28).

El anhelo. Anhelo acuciante. Sed. La de la cierva que busca corrientes de agua. La del místico que intuye en la noche la gracia. La del ser humano que ha visto resquebrajarse por la sequedad la tierra de sus deseos. Dios nos enseña a no rendirnos, precisamente ahí donde parecería que ya no hay nada que esperar. ¿Para qué suplicar por agua cuando se está en el precipicio de la muerte? ¿Tiene acaso sentido entonces suplicar aún? Y, sin embargo, Cristo lo hace. Y con Él, la humanidad fatigada. Que en realidad no se rinde. No se rinde nunca. Más aún, al borde del fracaso se desencadena el caudal inconmensurable a punto de estallar. Brotará de su corazón, el torrente de agua viva prometida. El mismo Jesús deseaba que llegara la hora, la hora de la Cruz, para que su sed se convirtiera en manantial. El milagro de la misericordia ocurre entonces. Yo también tengo sed. Siempre he tenido sed. He visto aguas colosales, pero siempre me desborda su visión. Un sorbo de paz. Sólo eso suplicamos hoy. Un sorbo de paz. Y que encuentre su propio espacio en la sed inmensa del Hijo de Dios.

6. “Todo está cumplido” (Jn 19,30).

Amanece. Despunta el día. Sólo desde la Cruz se alcanza a ver. Es el puesto del vigía, el vigía de la humanidad. El barco aún no recibe la noticia, pero el vigilante la conoce ya. Ha triunfado el amor. La misericordia ha decretado su juicio. Nada es imposible ahora para el que ama en la verdad, para el que adora en Espíritu, para el que se signa con la Cruz. El Amén de Dios es al mismo tiempo el Amén del hombre. Se ha sellado el pacto, el pacto último. Se ha pronunciado la última palabra. Que no será la última, sino la primera. No hay un solo hilo que se haya corrido hacia el absurdo. Misteriosamente todo se integra hacia la vida. El “hágase” del Génesis coincide con el “ven pronto” del Apocalipsis. Todo se ha cumplido. María dijo en la cúspide de la historia: “hágase en mí”. Y nosotros no dejamos de implorar: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Que lo que se ha cumplido, se cumpla también en mí. Que no quede yo fuera del cumplimiento. Que esa palabra sea también el veredicto sobre mí. Amén.

7. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46).

La última intimidad es también la cercanía definitiva. La entrega total, sin reserva. La palabra de confianza plena. La mayor libertad, la mayor verdad, el mayor amor, se realiza en la entrega. El Hijo se entrega. Y así nos muestra el camino. Nadie tiene amor más grande. Ser espíritu es poder entregarse. El espíritu le da sentido a la carne. Entregarse al Padre es cerrar todo ciclo posible. Es ser feliz. Ahí donde parece agonizar la esperanza, la certeza es ya visión y ofrenda. La misericordia no es vacío ni renuncia, sino donación y recreación. Todo nace de nuevo. La vida es posible. La Cruz es paso de encomienda, es misión, es aliento fecundo. El último suspiro es el eco del primer soplido divino, el que vació sobre Adán. Se engendra al hombre nuevo. El Espíritu sopla donde quiere. Ha querido soplar aquí. Nos ha convertido en aliento de Dios. Por Él podemos alentar al mundo en su trance amargo. El vino bueno, abundante, el mejor, es escanciado en la tierra. Al Padre, origen de toda vida, vuelve el Hijo en un acto que es también humano. Nuestro Cordero Pascual ha sido inmolado. El banquete ha empezado.

Fuente, desdelafe.mx

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¡Por Cristo, con él y en él! ¿Quién debe decir esas palabras en misa?



¡POR CRISTO, CON ÉL Y EN ÉL! ¿QUIÉN DEBE DECIR ESAS PALABRAS EN MISA?

La manera de celebrar la misa no sale de lo que a cada sacerdote se le ocurra. Hay unos criterios básicos que son necesarios cumplirlos a cabalidad.

Tal vez has participado de alguna Santa Misa en la que has presenciado que la comunidad, espontáneamente, y cuando se termina la Plegaria eucarística, se une en oración al Sacerdote celebrante y pronuncian las palabras "Por Cristo, con Él y en Él, a Ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén"

En otros casos, ha sido el Sacerdote mismo quien anima a la comunidad a DECIR JUNTOS esas Doxología; pero realmente, ¿Quién debe decir estas palabras? ¿Únicamente el Sacerdote? ¿La comunidad y el sacerdote?

Para responder a esta pregunta, nos dirigimos a una respuesta dada por Fray Nelson Medina, Sacerdote predicador de la Orden de los Dominicos, en la que explica el uso correcto de esta Doxología durante la celebración de la Santa Misa

Forma correcta de celebrar Misa

La manera de celebrar la misa no sale de lo que a cada sacerdote se le ocurra. Hay unos criterios básicos que son necesarios porque ni el sacerdote ni ninguna comunidad particular pueden considerarse "dueños" de la Misa.

La "manera de celebrar" la indican los misales que se usan en las parroquias e iglesias a través de un documento que se llama la "Instrucción general del Misal Romano," usualmente abreviado IGMR, que todos puede consultar haciendo Clic aquí

El numero 151 de la IGMR dice textualmente:

"Después de la consagración, habiendo dicho el sacerdote: Este es el Sacramento de nuestra fe, el pueblo dice la aclamación, empleando una de las fórmulas determinadas. Al final de la Plegaria Eucarística, el sacerdote, toma la patena con la Hostia y el cáliz, los eleva simultáneamente y pronuncia la doxología él solo: Por Cristo, con Él y en Él. Al fin el pueblo aclama: Amén. En seguida, el sacerdote coloca la patena y el cáliz sobre el corporal"
No hay entonces margen de duda: esas palabras ha de decirlas solamente el Sacerdote.

Alguien puede estar en desacuerdo y aducir algunas razones sobre por qué las cosas deberían ser de otro modo. Pero podemos imaginar lo que sucede si cada uno pretende imponer lo que considera que debería hacerse.

Y no hay que imaginar mucho: ya esos caprichos los vimos en los años inmediatamente posteriores al Concilio Vaticano II, incluyendo el caso de sacerdotes que creían que la misa "debería" celebrarse con tortillas de maíz.

Como no hay necesidad de volver a esos tiempos y a esas discusiones, lo mejor es que todos comprendamos que la liturgia es un bien público de nuestra fe y que merece amor, cuidado y respeto.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Respuesta por Fray Nelson Medina, OP

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Cinco palabras Bíblicas que demuestran el primado de Pedro


CINCO PALABRAS BÍBLICAS QUE DEMUESTRAN EL PRIMADO DE PEDRO

En este artículo quiero dar cinco argumentos basados en cinco palabras bíblicas que fundamentan la doctrina del primado petrino. Es importante entender que la biblia fue escrita en diversos idiomas, griego, hebreo, arameo, pero no en idiomas actuales como el ingles o el español, esto debe tenerse en cuenta a la hora de interpretar pasajes bíblicos pues muchas palabras pueden perder su fuerza, sentido o connotación al traducirse, solo a la luz del idioma original podremos tener una fiel interpretación del texto bíblico.

En el caso del primado de Pedro, como veremos, ocurre esto, si somos fieles al idioma original de los evangelios la evidencia de una autoridad petrina sobre el resto de los apóstoles es incuestionable, y esto es lo que pretendo demostrar con este breve artículo. Nuestros hermanos protestantes no tienen en cuenta estas palabras a la hora de interpretar los textos bíblicos del primado petrino, olvidándose de ellas o bien ignorándolas, bien porque no buscan la verdad , otros por desconocimiento, otros simplemente por mala fe.

Pasaré a analizar estas palabras que creo son claves en el desarrollo de este tema tan debatido actualmente:

1.-APACENTAR-“βόσκω”

15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis corderos."

16 Vuelve a decirle por segunda vez: "Simón de Juan, ¿me amas?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas."

17 Le dice por tercera vez: "Simón de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: "¿Me quieres?" y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas. Juan 21:15-17


El Señor usa dos veces la palabra griega apacentar “βόσκω” y luego una vez usa la palabra pastorear “ποιμαίνω”. Dos palabras diferentes indican pues dos misiones diferentes. Además podemos establecer una relación entre apacentar y pastorear con ovejas y corderos de forma que quede más clara la misión de San Pedro.

Curiosamente solamente con San Pedro se usa “βόσκω”, nunca se usa con ningún otro apóstol del Señor. Sin embargo la palabra “ποιμαίνω" es usada con todos los discípulos del Señor, (hechos 20:28).

POIMANO - ποιμαίνω - pastorear.

BOSKO-βόσκω- apacentar


Es distinto pastorear que apacentar, pastorear conlleva a cuidar el ganado, vigilarlo, apacentar significa dar de comer, alimentar al ganado.

Dos palabras diferentes para dos misiones diferentes, y una de ellas exclusiva para Pedro, esto significa, San Pedro tenia una misión especial.

2.-PRIMERO-πρωτος

La cita en cuestión es:

Mateo 10, 2: “Los nombres de los doce apóstoles son éstos: el primero [πρωτος], Simón, llamado Pedro…”.
Pues bien, la palabra "primero" en este texto no significa un primero en orden, puesto que no le acompaña el segundo, el tercer, etc....Entonces que significa esta palabra?

La traducción directa es : principal, mas importante, jefe. Recordemos el primer discípulo en seguir a Cristo fue Andres, y no Pedro(Juan 1:35-40), por tanto empezar por Pedro como el primer discípulo en seguirle, carece también de sentido.

Veamos tres evidencias biblicas donde πρωτος es traducido como principal, jefe:

Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y distinguidas, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites. Hechos 13:50

Y los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron. Hechos 25:2

Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos. hechos 28:17


En todos estos textos principal, es πρωτος misma palabra que se usa en Mateo 10:2 para referirse a Pedro, asi que San Mateo nos esta diciendo que Pedro era el principal, el jefe de los 12 apóstoles.

3.-CEFAS-Κηφᾶς

El texto bíblico de análisis es :

Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas [a] (que quiere decir, Pedro[b]).Juan 1: 42

Cefas es una palabra, hebrea (Kepha) que significa piedra, es decir, que Simón el hijo de Jonas, pasa a ser Kepha, o latinizado Cefas, es al único apóstol que Cristo el cambia el nombre. Esto es sumamente importante porque cuando en la biblia se cambia el nombre a alguien es porque Dios tiene una misión especial destinada para él, eso paso con Abraham cuando se le cambio el nombre para ser padre de multitudes (Genesis 17:3-6) o con Jacob (Genesis 32:27-29) por su valentia.

Entonces porque en Juan 1:42 se le cambia el nombre a Simón, pero no se explica cual es su misión o el motivo? simplemente porque la biblia debe entenderse como un todo y por tanto debe interpretarse conforme al pasaje de Mateo 16:17-19 donde se le da a Pedro su misión.

17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro,[a] y sobre esta roca[b] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Mateo 16:17-19


La única manera de entender el cambio de nombre es ver a Pedro como la roca de la Iglesia sobre la cual fueron puestos sus cimientos y como a aquel a quien el Salvador le dio las llaves de su reino. Si esto no se interpreta así, el cambio de nombre a Pedro seria absurdo, porque no cambiar el nombre a Andres, su primer apóstol? o a juan, el amado? o a Judas? no, se lo cambio a Pedro exclusivamente y por una misión la cual solo podemos hallarla en Mateo, pues la correspondencia entre "yo te digo tu eres Pedro", y "serás llamado Cefas, que significa Pedro "(Mateo 16:18 vs Juan 1:42) que establece la Reina Valera, es mas que evidente.

Juan prefiere mantener la palabra aramea original, transliterada al griego como Κηφᾶς mientras mateo, la pasa a lo mas similar en griego PETROS, es por ello que la reina valera entiende que donde va Kefas, se refiere a Petros, o sea Pedro.

4.-KLEIS-κλεῖς

La cita biblica en cuestión es:

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Mateo 16:19.

La palabra KLEIS significa llaves, y es usada en este pasaje para indicar que quien tiene las llaves es Cristo, y el se las DARA a San Pedro. Es al único apóstol a quien se le dan las llaves. En el pasaje Mateo 18:18 no se mencionan llaves, sino la autoridad de atar y desatar que es dada a toda la Iglesia, colegio episcopal, mientras en Mateo 16:19 la autoridad de atar y desatar se da al Primero, a San Pedro, y solo a el las llaves del reino de los cielos. Las llaves son símbolo de autoridad y poder, así lo demuestra la escritura en diversos pasajes:(Lucas 11:52, Apocalipsis 3:7, Apoc 1:18,Isaias 22:22). Pues bien en este pasaje esas llaves (κλεῖς) son exclusivamente para San Pedro.

5.-ἱστορῆσαι-HISTORESAI

El pasaje bíblico en cuestión es:

Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; Gálatas 1:18

Esta palabra traducida en la RV como IR A VER, realmente significa visitar a una persona distinguida ( según el diccionario Strong). Es decir, Pablo visito a Cefas, o sea a Pedro, por atención y respeto, por ser una persona distinguida, eso es lo que quiso decir San Pablo con historesai, esto nos demuestra como Cefas era ya apreciado en la primera comunidad cristiana, tanto que San Pablo debe ir a Jerusalén a verle para que este le de el visto bueno y pueda seguir predicando, recordemos que san Pedro no era obispo de Jerusalén sin embargo Pablo va a Jerusalén solamente a visitarle, con este fin, de darle sus respetos como líder de la comunidad cristiana.

En el griego existe otra palabra para visitar: ἐπισκέπτομαι que se traduce como visitar, ir a ver, etc, es usada en Santiago 1:27 ,Hechos 7:23,Hechos 15:36 que bien podía haberse usado en la cita de Gálatas, pero no se uso, si la intención de Pablo era visitar a Pedro como lo hizo Bernabé en Hechos 15:36 habrían usado la misma Palabra.

Veamos ambas citas:

Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar (ἐπισκέπτομαι) a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están. Hechos 15:36

Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver (ἱστορέω) a Pedro, y permanecí con él quince días; Galatas 1:18

Nota: la Reina Valera de 1977 dice "para visitar a Pedro".

No se trataba de una simple visita de hermano a hermano, como Hechos 15:36, la visita de Pablo a Pedro era algo más importante, era visitar a el lider, el jefe de los cristianos y es por eso que se usa una nueva y exclusiva palabra, ἱστορέω, solo con Pedro.
Apologista: J. Manuel. U. Rodríguez.

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religion en Libertad


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¿Qué dice la Biblia sobre las malas palabras y las groserías?



¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LAS MALAS PALABRAS Y LAS GROSERÍAS?
Por: P. Modesto Lule Zavala msp 

No es que yo no quiera que las digas, es Dios quien lo señala en su Palabra

Son conocidas como malas palabras, groserías, palabras altisonantes, leperadas, vulgaridades, insultos y en algunos lugares como carnes. Son diferentes formas de dar a conocer aquella palabra que señala de manera despectiva un acto, persona o cosa. Con frecuencia la mala palabra se refiere a la sexualidad, a los progenitores, apariencia, discapacidades físicas o a las capacidades mentales de la persona.

Lo ofensivo también puede estar en la intensión, con esto no excuso a los que se amparan en la formula graciosa y se justifican con ella. Al decir intensión es en el concepto que se tiene en dicho lugar una palabra de uso común ya sea para un país, una cultura. Es muy común en los países de Latinoamérica que tienen un mismo idioma tener diferentes acepciones de una palabra, pero con un sentido en ocasiones antagónico.

Las malas palabras no deben ser utilizadas de ninguna manera. Cierto es que muchas veces pueden salir cuando la persona se encuentra irritada y no tiene dominio de sí. Cuando esto suceda hay que dejar pasar el tiempo para que se calmen los ánimos y pedir perdón. Este tipo de palabras regularmente son pronunciadas por complejo o para llamar la atención. En cualquiera de los casos un cristiano nunca debe mencionarlas. Hace poco una persona me escribió contando que un integrante de la Iglesia había dicho que él era de mente abierta y no era escrupuloso, por lo mismo pedía que los demás fueran de amplio criterio para no juzgarlo a la ligera, ya que el caso ameritaba decir esas palabrotas. No hay ningún caso que amerite decir, ni pensar palabrotas, porque somos hijos de Dios y debemos comportarnos como tal. La Biblia dice:

«El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en su corazón, y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en su corazón. Pues de lo que abunda en su corazón habla su boca.» (Lc. 6, 45)

Las groserías siempre se aprenden en un lugar y con un tipo de personas. Lo importante es ser sabio y buscar la forma de cambiar el ambiente para que este no te cambie.

«Los malos compañeros echan a perder las buenas costumbres.» (1 Cor. 15, 33).

A continuación quiero decir un discurso tomado literalmente de la Palabra de Dios. Alguien podrá decir, es que el padrecito ya no quiere que digamos malas palabras, pero no es que yo no quiera, Dios es quien lo señala en su Palabra. Las siguientes citas bíblicas son claras y sencillas.

«Ustedes deben portarse como corresponde al pueblo santo: ni siquiera hablen de la inmoralidad sexual ni de ninguna otra clase de impureza o de avaricia. No digan indecencias ni tonterías ni vulgaridades, porque estas cosas no convienen; más bien alaben a Dios.» (Ef. 5, 3-4)

«Su conversación debe ser siempre agradable y de buen gusto, y deben saber también cómo contestar a cada uno.» (Col. 4, 6)

«No digan malas palabras, sino sólo palabras buenas que edifiquen la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen.» (Ef. 4, 29)

«Pero ahora dejen todo eso: el enojo, la pasión, la maldad, los insultos y las palabras indecentes.» (Col. 3, 8)

«Deben renovarse espiritualmente en su manera de juzgar, y revestirse de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se distingue por una vida recta y pura, basada en la verdad.» (Ef. 4, 23-24)

«Y yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado. Pues por tus propias palabras serás juzgado, y declarado inocente o culpable.» (Mt. 12, 36-37)

Como ya hemos visto en la Palabra de Dios, encontramos corrección a nuestra manera desviada de actuar. Seamos coherentes y busquemos siempre actuar como hijos de Dios.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:


http://es.catholic.net/op/articulos/61473/cat/12/que-dice-la-biblia-sobre-las-malas-palabras-y-las-groserias.html


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El Papa nunca ha sido ni será hereje


EL PAPA NUNCA HA SIDO NI SERÁ HEREJE

LA FALTA DE FE EN LA EFICACIA DE LAS PALABRAS DE JESUCRISTO A PEDRO

La elección y ministerio del Papa Francisco ha dado lugar, por un sin número de razones, tanto de parte de ciertos sectores laicos como eclesiásticos a una crítica a la persona de Pedro, tanto en juicios que pesan sobre sus gestos, como en su doctrina, tachándolo incluso de hereje. Esto ha creado confusión en la obediencia y fidelidad que se le debe de dar al Vicario de Cristo, que como ha enseñado siempre la Iglesia Católica existe una identidad absoluta sobrenatural y divina entre el Papa, sea quien sea éste, y Pedro.

Por ello, en su comentario a San Mateo (XII – XIV) dice Orígenes que la promesa que Cristo le hizo a Pedro – tibi dabo claves regni coelorum – es “para cualquiera que sea Pedro”, ya sea Alejandro VI o San Pío X.

La crítica al Papa no deja de ser sorpresiva si recordamos el texto preclaro de Henri Lacordaire, O.P. cuando decía:

“La Santa Sede tiene una desgracia que le es común con todos los grandes hombres y todas las grandes obras: no puede ser rectamente juzgada por el siglo en que se actúa, y, como es inmortal, vive insultada entre su gloria pasada y su gloria futura, semejante a Jesucristo crucificado en medio de los tiempos, entre el día de la Creación y el del Juicio Universal”.

Conviene pues recordar algunos puntos fundamentales en torno a Pedro y a las eficaces palabras que Jesucristo le prometió y que ayudarán a fortalecer la fe en momentos en que la apostasía se manifiesta por todas partes, máxime que la peor confusión aún está por venir. Son momentos de especial fidelidad al Vicario de Cristo, pues Cristo quiso que Pedro – y con él todos sus sucesores – fueran la cabeza esencial de la Iglesia juntamente con él.

FALTA DE FE EN LA EFICACIA DE LAS PALABRAS DE JESUCRISTO A PEDRO

Parte de la crítica al Papa Francisco y de las dudas que muchos dejan crecer en su corazón sobre la ortodoxia y buena doctrina del Papa radica en la falta de fe en la eficacia de las palabras de Cristo a Pedro y a sus sucesores, los romanos pontífices:

“Tú eres roca y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16, 18). “He rogado por ti para que tu fe no desfallezca” (Lucas 22, 32). “… y Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos, y lo que tú ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que tú desates en la tierra, quedará desatado en los cielos” (Mateo 16, 19). Cristo le da así a Pedro en la tierra y en el cielo exactamente el mismo poder que en lo espiritual tiene Él en el cielo y en la tierra.


Así pues hay corrientes que no creen en la asistencia de Cristo a su Iglesia, asistencia divinamente garantizada y que por lo mismo no puede ser sino absolutamente eficaz y perpetua. De por medio está la palabra de honor de Cristo.


Si esta asistencia no es para la enseñanza de la Verdad (que abarca fe, costumbres, el juicio de lo bueno o malo y culto divino) no servirá para nada. Más aún, si esa asistencia no preserva de manera absoluta al Papa de toda posibilidad de error doctrinal, entonces esta asistencia resulta irrisoria: de nada sirve la Iglesia así. Dicho en palabras rotundas: Cristo fracasó.

No creer pues en las palabras de Cristo sería como afirmar que Cristo faltaría en las cosas necesarias a la Iglesia, “a la cual ama y por la cual dio su sangre”, aun cuando de la misma sinagoga dijo el Señor: ‘qué más he debido hacer por mi viña que no haya hecho por ella’” (Isaías 5, 4) (Comentarios de Santo Tomás de Aquino en la Suma contra Gentiles en el Libro IV Capítulo 76).

Desde luego que la Iglesia, desde Su Fundación, ha pasado y pasará por grandes tribulaciones, divisiones, cismas y persecuciones. Ya lo dijo Cristo: “El siervo no es mayor que su señor. Si a Mí me persiguieron a vosotros también os perseguirán”. (Juan 15,20). Muchos obispos han sido herejes y miles de sacerdotes han caído en el cisma, en la herejía o en la apostasía y pueblos enteros se han apartado de la Iglesia, pero si la Iglesia subsiste a pesar de todo es porque jamás le ha faltado su cabeza y su fundamento, el Romano Pontífice. Por eso Pedro es la Roca, la extensión de la Piedra angular, Cristo.

¿PUEDE UN PAPA COMETER HEREJÍA?

Hay quienes erigiéndose en guardianes de la fe y celosos de la verdad espulgan lo que el Papa Francisco dice o escribe, o más grave, lo que los medios de comunicación “desinforman”, para cerciorarse si no ha caído en herejía o se ha apartado de la fe y se convierta así en el anticristo anunciado por Pablo que se sentará en el templo santo de Dios (II Tesalonicenses 2, 4), o en el falso Papa o pastor del que habla Juan en Apocalipsis 13, 11, o el pastor necio (Zacarías 11, 15), lo cual ha sido puerta de gran confusión entre los fieles por un equivocado y grave discernimiento o por una falta de fe en la eficacia de las palabras de Jesucristo y a cuya cita ya hemos aludido (Lucas 22, 32; Mateo 16, 18-19). Se ha vuelto ya incómodo que a cada gesto o palabra del Papa se le mire y se le cuestione tanto para criticar a la Iglesia Católica como para difundir supuestas “nuevas verdades eclesiales” conforme los modernos tiempos lo exigen, o más grave aún, si se apartó o no del depósito de la fe.

Que un Papa sea débil o falto de virtud, o más aún le haga “daño a la Iglesia” no lo convierte en hereje. Que algunos hombres de bien se hayan creído con el derecho de regañar a un determinado Papa, no los convertía en superiores de éste, así como no toda denostación hecha por un santo a un Papa es dogma de fe ni prueba nada contra ningún Romano Pontífice. Parte de la confusión de que un Papa pueda caer en herejía se le atribuye a San Bonifacio, Obispo de Maguncia (Alemania), quien afirmaba que un Sumo Pontífice “no puede ser juzgado a menos que se descubra que se ha desviado de la fe”.

Estas últimas palabras no quieren decir que de hecho algún Papa forzosamente tenga que desviarse de la fe, pues sólo expresa una condición – que no es forzoso que se dé – para que pueda ser juzgado. Eso equivale a decir: “Si un Papa se desviara de la fe dejaría de ser Papa y se le podría juzgar y deponer”. Esta proposición cualquiera la podría suscribir, incluso el mismo Papa por su misma seguridad en la inerrancia de la que goza por especial asistencia del Espíritu Santo. Es como si un general seguro de su valor le dijera a sus soldados al dar una orden de ataque: “Si ves que retrocedo un paso, matadme”. El general podrá fallar, el Papa no. Y no falla porque la Iglesia no recibió de su Divino Fundador una constitución democrática sino esencialmente jerárquica y monárquica, pues su fundamento es divino y Cristo no lo iba a poner a discusión ni a sujetar a ningún tipo de votación. Él es el garante.
Así pues la afirmación – especulativa jurídica – de que “si el Papa fuera hereje, dejaría de ser Papa y podría ser juzgado” equivale a decir “Si Dios dejara de existir, el universo volvería a la nada”. Pero Dios no dejará de existir. Profundicemos en esto.

SAN ROBERTO BELARMINO

Uno de los principales Doctores de la Iglesia, San Roberto Belarmino, expone el tema con claridad, según se desprende de la Opera Omnia, Tomo I p. 513 y siguientes, y Tomo II, p. 90 y siguientes, conforme lo cita Don Salvador Abascal en su obra El Papa Nunca ha sido ni será Hereje de Editorial Tradición de 1979.

Hay un texto de San Roberto Belarmino citando al Papa San León I Magno sobre la identidad de Cristo-Piedra con Pedro-Roca y sus sucesores:

“Así como mi Padre te reveló mi divinidad, así también yo te hago notar tu excelencia, porque tú eres Pedro; esto es, de la misma manera que yo soy piedra invulnerable, la piedra angular, que de una y otra hago una sola, yo el fundamento, en lugar del cual ninguno otro puede ponerse, con todo tú también eres la piedra, para que, afirmado con mi virtud, las cosas que son propias de mi poder sean también tuyas en participación conmigo”. (Sermón 3 de Aniversario de Elevación al Pontificado, ob. cit. en Opera Omnia de Roberto Belarmino citado por S. Abascal p. 279).

No puede ser más expresiva la afirmación de San León Magno: “Que de las dos piedras hago una sola”. Es la identidad del Papa con Cristo. Luego si el Papa puede caer en la herejía, también Cristo podría ser hereje. Y esto sería una blasfemia.

Pero hay quienes afirman apoyándose en un texto que se le atribuye a Roberto Belarmino sacado de su contexto que el Papa puede ser hereje, pero ni los antiguos Padres de la Iglesia ni San Roberto Belarmino asumen la teoría de que el Papa pueda incurrir en la herejía. Esa es la opinión que asume el Doctor de la Iglesia, San Roberto Belarmino, en su Capítulo 30 del Libro II del Tomo I de sus Obras Completas, donde en su extenso tratado sobre el Sumo Pontífice se dedica a demostrar, primero doctrinalmente y luego con la historia, que no puede haber un solo Papa hereje ni ha caído ninguno en la herejía.

Belarmino cita como autoridad a Orígenes: “Manifiesto es, aunque no se diga así, que ni contra Pedro ni contra la Iglesia podrán prevalecer las puertas del infierno; porque si prevalecieran contra la piedra en la que está fundada, también contra la Iglesia prevalecerían” (ob. cit. Controversiarum de Summo Pontifice, Tomo II, Libro IV, Cap. III).


Dice más adelante que el “Sumo Pontífice es el doctor y pastor de toda la Iglesia; luego la Iglesia entera debe escucharlo y seguirlo; luego si él yerra toda la Iglesia erraría” (ídem).

Según Roberto Belarmino, verdadero Doctor de la Iglesia, no puede errar el Papa en ninguna de las cosas necesarias para la salvación. Es así que las cosas necesarias para la salvación son la doctrina sobre la Fe, la doctrina sobre las costumbres, el culto y la noción clara de lo bueno y de lo malo; luego en estas cuatro cosas no puede fallar nunca el Romano Pontífice, aunque lo que él ordene no nos guste. “Non solum in decretis Fidei errare non potest summus Pontifex; sed neque in praeceptis morum quae toti Eclessiae prescribuntur, et quae in rebus necessariis ad salutem, vel in iis quae per se bona, vel mala sunt, versantur”.

Así, todo el Capítulo III está dedicado a probar la inerrancia del Papa en materia de fe y costumbres.

En consecuencia, San Roberto Belarmino es un mar de argumentos a favor de la inerrancia absoluta de Pedro y de todos y cada uno de los Papas en materia de Fe, costumbres, culto divino y distinción entre lo bueno y lo malo: en lo necesario.

Esta inerrancia del Papa, desde luego, no significa “que el que no falle en la fe no pueda cometer otro tipo de pecados”, en eso no está incluida la singular asistencia de Dios que Cristo impetró a favor de Pedro.

PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA

El Concilio Vaticano I expresa al respecto lo siguiente (Denzinger, 1836).

“La doctrina de todos los venerables padres y de todos los santos ortodoxos es que la Sede de Pedro permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro Divino Salvador hecha al Príncipe de los Discípulos: Yo he rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”.

Algunos textos de doctores de la Iglesia ayudarán a completar la tesis:

San Ambrosio (330-397)
“Donde está Pedro ahí está la Iglesia” (sobre el Salmo V, 30. Ob. cit. p. 309)

“No se puede tener parte en la herencia de Pedro sino a condición de permanecer adheridos a su Sede” (De poenitentia, I, Cap VII. Ob. cit. por Abascal p. 309)
San Bernardo de Claraval (1090-1153)

Pero el Papa “no tiene igual en la tierra, es Pedro por el poder y Cristo por la unción, defensor de la fe, doctor de las naciones, jefe de los cristianos…; cuanto a la fe le concierne en él no puede sufrir ninguna mengua la fe, porque Cristo lo preserva de toda caída y le ordena confirmar a sus hermanos” (Tratado de la Consideración I, 2; II, 8; III, 4; IV; 7, Ep 131. Ob. cit. p. 325).

San Alberto Magno (1193-1280)
Comentando a San Lucas 22, 32, San Alberto Magno continúa la misma doctrina: “Que no desfallezca tu fe. Esta es finalmente una prueba eficaz de que la fe de la Sede de Pedro y de su sucesor no desfallecerá: hoc argumentum efficax est pro sede Petri et successore ipsius, quod fides ejus non finaliter deficiat (Opera Omnia. Edición de Augusto Borgnet, Paris 1893, p. 685, citado por Abascal p. 329).

Lo anterior basta para demostrar que en el pensamiento de este gran Doctor de la Iglesia, San Alberto Magno, ningún sucesor de Pedro puede incurrir en herejía. Puede vacilar y caer el Sucesor de Pedro por cualquier otra razón, pero no en materia de fe. Puede pues pecar contra la caridad, pero no contra la fe.

Para que quede muy claro, los grandes Doctores de la Iglesia del Siglo de Oro de la Teología Católica, los llamados Escolásticos, no dan lugar, ninguno, a la hipótesis de que el Papa pueda cometer herejía.

ENSEÑANZA DOGMÁTICA

La unidad, la fuerza y la doctrina de toda la Iglesia no están basadas en la Sagrada Escritura ni en la Tradición sino en el Primado que Cristo le otorgó a Pedro. De tal suerte que el Primado lo estableció Cristo en una persona (sobre un hombre dice el Catecismo del Concilio de Trento), en la persona física de Pedro, y en él sobre cada uno de sus sucesores, de modo que la persona misma de Pedro es la institución del Papado, pues Pedro se perpetúa en todos y cada uno de los Romanos Pontífices.

“Así pues, si alguno dijese que el Romano Pontífice tiene solo el deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la Iglesia Universal, no sólo en las materias que pertenecen a la fe y a las costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia difundida por todo el orbe, o que tiene la parte principal, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria o inmediata, tanto sobre todas y cada una de las iglesias como sobre todos y cada uno de los pastores y los fieles, sea anatema”(Dezinger 1831).

De todo lo dicho: no hay papado sin Papa; ni todos los obispos junto con todos los fieles son superiores al Papa; no hay concilio sin el Papa ni Iglesia ni concilio contra el Papa. Luego es herético juzgar y condenar al Papa por lo que sea pues no tiene superior en la tierra. Luego es también herético negarle al Papa el poder pleno de reformar los ritos y la disciplina en materia de institución eclesiástica que Cristo dejó a la decisión de Pedro.

EN CONCLUSIÓN

Son tres los dogmas definidos por el Vaticano I sobre el Papa:
Su primado de jurisdicción sobre la Iglesia Universal es absoluto: lo que él ordene o permita en la tierra queda permitido o prescrito en el Cielo; asimismo lo que él prohíba en la tierra queda prohibido en el Cielo. Y esto abarca no sólo las definiciones llamadas ex–cathedra, sino todo lo relativo al gobierno espiritual de la Iglesia.

LA SUCESIÓN EN LA SILLA DE PEDRO ES ININTERRUMPIDA

Es de fe divina y católica lo que el Papa defina ex–cathedra, es decir, como pastor supremo de la Iglesia Universal definiendo dogmáticamente una verdad de fe y moral. Esto no quiere decir que lo que enseñe y ordene de manera ordinaria, o sea, no ex–cathedra en materia de fe, costumbres, culto divino o disciplina pueda ser herético. Y no puede serlo por dos razones: porque en su primera enseñanza dogmática el Concilio Vaticano dijo que el Primado de Pedro en el gobierno de la Iglesia es absoluto, y porque en la misma enseñanza dogmática se asienta que la Sede de Pedro está exenta de todo error, sin distingos.

Por eso hay que estar atentos a la fidelidad y obediencia plena al Vicario de Cristo sea quien sea, y particularmente al Papa Francisco, pues de lo contrario nos estaremos saliendo del camino de la salvación. Ya lo decía Pío XII que cometen un “peligroso error aquellos que piensan poder abrazar a Cristo cabeza de la Iglesia, sin adherirse fielmente a su Vicario en la tierra. Porque quitando esta cabeza visible, y rompiendo los vínculos sensibles de la unidad, oscurecen y deforman el cuerpo místico del Redentor, de tal manera que los que andan en busca del puerto de salvación no pueden verlo ni encontrarlo” (Mystici corporis Christi no. 35)

EXCURSUS

Finalmente, aprovecho este espacio para expresar mi opinión y dar respuesta a una inquietud, tanto en tuits como en mails, sobre ciertos comentarios y juicios que se han hecho en torno a la persona del Papa Francisco y que han creado confusión entre muchos fieles.

En primero lugar, todos los mensajes que por vía de revelación privada que antes y después de la elección del Papa Francisco lo señalan como falso papa, antipapa, falso pastor y similares calificativos son sencillamente falsos, ya de origen o de inspiración diabólica.

No se requiere demasiada experiencia o sabiduría para entender que un mensaje auténtico del Cielo jamás señalará a una persona como el falso papa. Invitará a la práctica de la oración, del sacrificio, del ayuno para poder discernir en momentos que la Iglesia se divida, etc. pero no va a identificar al bueno o al malo, pues esa es parte de nuestra responsabilidad: “velad y orad para no entrar en tentación” (Mt 26,41).


Todos esos mensajes que van en la línea de adelantar eventos para confundir, como de hecho han confundido, son falsos. Aun cuando el resto del mensaje sea “conforme al evangelio”, al errar en lo esencial pierde su autenticidad y deja entrever la cola del enemigo. Un mensaje pues que señale que éste o aquél es el falso Papa va en contra de la Sabiduría Divina y Justicia Perfecta, pues aún con el mismo Demonio Dios es Justo y su batalla espiritual la ha dejado en igualdad de ventajas y de desventajas.

Asimismo diremos de los mensajes privados que invitan a rezar por el Papa Francisco para que “no se convierta en el falso pastor”; no sólo son falsos sino van contra la Revelación misma de Jesucristo, conforme se ha explicado con anterioridad.

También es equivocado el discernimiento de que la renuncia del Papa Benedicto XVI fue inválida por equis razones, por lo que el cónclave de la elección del Papa Francisco fue inválido de origen y también su posterior elección, donde resulta entonces que Benedicto XVI es el válido y Francisco el falso. Esto es teología ficción y lamentable discernimiento de las profecías que no vale ni la pena dedicarle tiempo a ello.


Los sedevacantistas están en una puerta sin salida hace mucho tiempo, donde para estos el último Papa verdadero fue Pío XII. Como ya no viven ninguno de los cardenales nombrados por este Papa, y como Juan XXIII convocó el Concilio y Paulo VI lo continuó, pues tenemos Sede Vacante desde entonces, y los actos de todos estos papas desde Juan XXIII hasta Francisco son nulos, por lo que ya se cortó para siempre la sucesión de los Pedros, contra la promesa de Cristo y contra el dogma expreso del Concilio Vaticano I (Denzinger 1825).

Los comentarios públicos de laicos y religiosos que se erigen como jueces del Papa Francisco pretendiendo dizque hacer un bien lo único que provocan es confusión y duda entre los fieles y hacen un gran daño a la Iglesia. La postura debe ser de fidelidad, obediencia y oración por el Papa Francisco para que cumpla lo más fielmente la Voluntad de Dios en este momento decisivo de la historia.

ATAQUE SATÁNICO CONTRA LA IGLESIA

No ignoramos que una gran tormenta espiritual sin precedentes se avecina a la Iglesia. Una gran prueba que hará dudar a muchos y a escandalizar a otros y de la que los mismos Papas, desde Pio X hasta nuestros días, se han referido a ella. Prueba que le llevó decir a Paulo VI que “el humo del infierno ha entrado a la Iglesia santa de Dios” (29/VI/72), y a la Santísima Virgen en Fátima “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe”, dejando adivinar que en el resto del mundo, en Europa, la fe se perderá, y eso es lo que Pablo llamaba la dicessio, la apostasía. Más aún, la revelación pública – las dos Mujeres del Apocalipsis – anuncia que en algún momento la Iglesia Verdadera se separará de la falsa, dando lugar a un Gran Cisma, y sí, en la que la Iglesia tendrá simultáneamente en algún momento “el trono de Pedro en disputa”, “dos hermanos en discordia”, uno verdadero y el otro falso, pero esto vendrá más adelante, y desde luego nada que ver con el Papa Francisco.


Recemos por el Papa Francisco. Necesita mucho de nuestra oración. Así lo ha pedido desde el inicio de su pontificado de manera insistente, y eso es lo que hay que hacer. No seamos promotores de dudas y confusiones, de una división contra la unidad de la Iglesia que, conforme al Plan Divino de Salvación, sólo será permitida en el tiempo de la historia del hombre; “por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados aquellos que no creyendo en la verdad se complacieron en la iniquidad” (II Tes, 2,11). Así pues, la condición de esta unidad en la Iglesia deviene de la existencia de un jefe único y visible, el Papa, el representante del gran Padre Eterno.

Grandes designios están sobre el Papa Francisco. Su pontificado es trascendental para el futuro inmediato de la Iglesia y del mundo. El Papa que las auténticas profecías anunciaron hace tiempo como “el rompedor”.


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¿Son idólatras los testigos de Jehová? Sus propias palabras lo dirán


¿SON IDÓLATRAS LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ?

SUS PROPIAS PALABRAS LO DIRÁN
Por Israel Octavio Hernández

A los adeptos de la Sociedad Watchtower se les ha enseñado que toda la cristiandad es idólatra, según ellos porque:

Todo cristiano cree qué Jesús y Él Espíritu Santo son parte de la Trinidad de Dios. Porque rinden tributo a la Bandera Nacional y a los héroes de la patria. Celebran cumpleaños. Admiran a cantantes, deportistas etc. Aparte critican muy especialmente a los Católicos por venerar a los santos y a María.

Nosotros sabemos que todo lo anterior no tiene nada que ver con la idolatría, pues sabemos muy bien que adorar significa: “Reconocer a un ser o cosa como tu Dios y creador, el Todopoderoso”.

Y sabemos que una persona: Héroe, cantante, deportista, o los Santos de Dios NO SON DIOSES. Lo mismo sucede con la Bandera de la patria, a la cual sólo se le rinde honor, pero nadie creerá que una tela pintada, la cual solamente es un símbolo de la patria, sea un dios ¿Verdad?

Sólo queda el caso de la Trinidad de Dios, pero tampoco es idolatría, porque ésta si es una verdad Bíblica y la Iglesia ha creído desde sus inicios que las tres Personas Divinas son un sólo y único Dios, que reciben la misma adoración y gloria, algo que los dirigentes de los Testigos de Jehová niegan. pero por hoy no nos enfrascaremos en ese tema, aquí la cuestión es ver si los adeptos de los TJ sí han caído en la idolatría.

Veamos la definición de idolatría para la Watchtower:

“IDOLATRÍA: DEFINICIÓN. Hablando generalmente, es la veneración, amor excesivo..La idolatría generalmente se practica hacia un poder superior verdadero o humano… O UNA ORGANIZACIÓN. Toda idolatría, sea relativa o verdadera, es adoración falsa” ASEGÚRENSE DE TODAS LAS COSAS pág.191, (el énfasis es mío)

Los dirigentes de los Testigos de Jehová dicen que idolatría también es atribuirle salvación a una persona u ORGANIZACIÓN, veamos:

“No podemos participar en ninguna versión moderna de la idolatría…atribuir salvación a una persona o una organización” LA ATALAYA 1/11/90, 26

Entonces…¿Los adeptos son idolatras? ¿Ellos le atribuyen salvación a la organización?

Sí, la misma organización así se los inculca, veamos:

“El testimonio incluye la invitación de venir a la organización de Jehová para salvación”. LA ATALAYA 1/7/82, 21

“Tienen que reconocer que el identificarse con la organización de Jehová es necesario para la salvación”. NUESTRO MINISTERIO DEL REINO 11/90, 1

Yo creía que sólo se debe reconocer a Jesús como nuestro Salvador. Sigamos…

“La organización de Jehová dirigida por su clase del 《esclavo fiel y discreto》también debe influir en cada decisión nuestra”. LA ATALAYA 15/8/69, 492

Yo pensaba que era Dios quien deberia influir en cada decisión nuestra. Continuemos...

“Dirija a los que estudian la Biblia a la organización de Jehová”. NUESTRO MINISTERIO DEL REINO 8/91, 4

Yo pensaba que había que dirigirlos a Cristo…

“PONGA FE en una organización victoriosa”. PORTADA DE LA ATALAYA 1/8/79

Yo pensaba que teníamos que poner fe en Dios y su Hijo Jesucristo. Qué barbaridad…

Y así podríamos seguir, pero con eso basta para darnos cuenta del por qué los adeptos le son más leales a la organización Watchtower que al mismo Dios, porque creen más a la literatura de la Sociedad que a la misma Biblia.

Han recibido todo un lavado de cerebro, pues es a la organización a la que se le atribuye la salvación, se le debe poner la fe en ella, se dejan dirigir en la toma de decisiones por medio de la organización etc.

Todo eso convierte a los adeptos en IDÓLATRAS, según las propias palabras de la Watchtower, poniendo toda su confianza en una organización y no en Dios…


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