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¿A qué se refiere el Papa Francisco cuando dice que todas las religiones son un camino para llegar a Dios?


Me alegra que hayas traído este tema tan interesante y, a veces, un poco polémico. La declaración del Papa Francisco acerca de que “todas las religiones son un camino para llegar a Dios” ha causado bastante revuelo y malentendidos. Muchos se han preguntado si el Papa está diciendo que todas las religiones son iguales o si está de alguna manera relativizando la fe católica. Pero, si lo analizamos bien y con un corazón abierto, veremos que lo que el Papa dice no es algo nuevo ni extraño, sino una enseñanza que la Iglesia ha sostenido por mucho tiempo.

Vamos a desglosarlo paso a paso, ¿vale?

El hombre es un ser religioso por naturaleza

Desde el principio, el Catecismo de la Iglesia Católica lo deja claro: el ser humano es, por naturaleza, un ser religioso. El numeral 1 del Catecismo dice que el hombre ha sido creado por Dios para hacerle partícipe de su vida bienaventurada, por lo que en lo profundo del corazón del hombre siempre existe el deseo de buscarlo, porque Dios "en todo tiempo y en todo lugar, se hace cercano al hombre: le llama y le ayuda a buscarle, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas". Dios nos creó con ese anhelo de infinito, esa búsqueda del sentido de la vida que, aunque a veces se manifieste de maneras diferentes según la cultura y la religión, siempre apunta hacia Él.

El Catecismo nos dice:

"El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar.


«La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador» (Gaudium et Spes 19,1)" (Catecismo de la Iglesia Católica, 27).

Esto quiere decir que todos, de alguna forma, estamos buscando a Dios. No importa de dónde vengas ni cómo crezcas, ese deseo de algo más grande, algo que te trascienda, está en tu corazón.

La semilla del Verbo

Aquí entra en juego un concepto muy importante que la Iglesia ha enseñado desde hace siglos, y que muchas veces no es tan conocido: la doctrina de la “semilla del Verbo”. Esta enseñanza, que tiene sus raíces en los escritos de los Padres de la Iglesia, como San Justino Mártir, sostiene que en todas las religiones hay "semillas" de verdad, destellos que apuntan hacia Dios. San Justino decía que el Verbo de Dios, o sea, la Palabra de Dios, ha dejado trazos de sí mismo en las culturas y religiones, aunque no de forma plena o completa.

Este concepto fue retomado en el Concilio Vaticano II, en documentos como Nostra Aetate, que habla sobre la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas. El documento reconoce que las otras religiones contienen elementos de verdad y bondad que pueden ser medios para que las personas se acerquen a Dios. El Concilio no dice que todas las religiones son iguales ni que todas contienen la plenitud de la verdad. Eso lo vamos a aclarar más adelante, pero sí reconoce que en todas hay un deseo sincero de buscar a Dios y hacer el bien, lo que refleja esa semilla del Verbo.

Esfuerzos humanos por encontrar a Dios

Hay algo que debemos entender: todas las religiones, en mayor o menor medida, son el fruto del esfuerzo humano por encontrar a Dios. Si lo piensas, la historia de la humanidad es la historia de la búsqueda de Dios. Desde las culturas más antiguas, los seres humanos han intentado encontrar sentido a la vida, han buscado una conexión con lo divino. A veces, esa búsqueda ha sido más clara, y otras veces ha estado llena de confusión, pero el esfuerzo por alcanzar a Dios ha estado ahí.

El problema es que, aunque todas las religiones contienen algo de verdad, ninguna de ellas contiene la plenitud de la verdad. Esa plenitud solo la encontramos en Jesucristo y, por lo tanto, en la Iglesia que Él fundó. Cristo es el único camino, la verdad y la vida (Juan 14,6). Esto no significa que despreciemos a las otras religiones, sino que reconocemos que, aunque tienen elementos buenos y verdaderos, el único que nos lleva plenamente al Padre es Jesús.

Grados de verdad

Aquí es donde podemos entender mejor lo que el Papa Francisco quiso decir. Sí, es verdad que todas las religiones contienen algo de verdad, pero esa verdad se encuentra en grados. Como lo enseña la Iglesia, algunas religiones pueden estar más cerca de la verdad que otras, pero ninguna de ellas posee la verdad completa. Solo en la Iglesia católica, fundada por Cristo y guiada por el Espíritu Santo, encontramos la plenitud de la verdad y los medios necesarios para nuestra salvación.

No se trata de decir que “todo da igual” o que “todas las religiones son lo mismo”. No. Lo que el Papa está diciendo es que, en cada religión, hay un intento, a veces muy sincero, de buscar a Dios, y ese esfuerzo debe ser respetado. Pero también tenemos que ser claros en decir que la revelación plena de Dios la encontramos en Jesucristo. Es como si dijéramos que algunas religiones tienen luces, pero solo Cristo es el sol.

San Pablo y los paganos

En su carta a los Romanos, San Pablo habla de un punto muy importante que nos ayuda a entender todo esto. En el capítulo 2, San Pablo dice que los paganos, aquellos que no conocen la ley de Moisés, pueden cumplir la voluntad de Dios sin siquiera conocerla, porque la ley está escrita en sus corazones (Romanos 2,14-16). En otras palabras, incluso aquellos que no conocen a Cristo o la revelación de la ley pueden hacer el bien y buscar a Dios, porque Dios ha dejado su huella en el corazón de todos los hombres.

Esto no significa que las otras religiones sean suficientes para alcanzar la salvación, pero sí nos muestra que Dios está trabajando en los corazones de todos, incluso de aquellos que no conocen a Cristo directamente. La gracia de Dios es misteriosa y actúa de maneras que a veces no comprendemos.

La plenitud en la Iglesia

Entonces, aunque todas las religiones contienen semillas de verdad, debemos ser claros en que la plenitud de la verdad se encuentra en la Iglesia católica. Como católicos, tenemos el privilegio y la responsabilidad de conocer a Cristo, quien es la Verdad, y de compartir esa verdad con los demás. No con arrogancia ni con un espíritu de superioridad, sino con humildad y caridad. Si en otras religiones hay personas que están buscando sinceramente a Dios, ¡qué mejor que nosotros podamos mostrarles el camino completo que es Cristo!

El Papa Francisco, con sus palabras, nos invita a reconocer ese esfuerzo sincero por buscar a Dios en todas las religiones, pero sin perder de vista que nosotros, como católicos, tenemos la misión de anunciar la verdad plena que solo se encuentra en Cristo.

Espero que esto te haya ayudado a aclarar la cuestión y, sobre todo, que te inspire a seguir profundizando en tu fe, sabiendo que Cristo es el único camino que nos lleva al Padre, pero que Dios, en su inmensa misericordia, también se revela a todos los que lo buscan de corazón sincero.

¡Un abrazo fuerte y que Dios te bendiga!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Por qué el papa se reúne con líderes de otras religiones?


El Papa se reúne con líderes de otras religiones por varias razones, todas ellas llenas de amor y comprensión hacia nuestros hermanos y hermanas de diferentes creencias.

En primer lugar, el Papa se reúne con líderes de otras religiones para fomentar el diálogo interreligioso y promover la paz en el mundo. Como católicos, creemos en el mandato de Jesús de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esto incluye a todas las personas, independientemente de su religión. El Papa busca construir puentes entre diferentes tradiciones religiosas para promover la tolerancia, la comprensión mutua y la colaboración en la construcción de un mundo mejor.

La Biblia nos enseña en el libro de Mateo 5,9 que "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios". El Papa, como líder de la Iglesia Católica, tiene la responsabilidad de ser un pacificador en el mundo, y una forma de lograrlo es a través del diálogo y la cooperación con líderes de otras religiones.

Además, el Papa se reúne con líderes de otras religiones para buscar puntos en común y trabajar juntos en temas de justicia social. La Iglesia Católica tiene una larga tradición de defensa de los derechos humanos y la dignidad de todas las personas. Al reunirse con líderes de otras religiones, el Papa busca encontrar áreas en las que puedan unirse para abordar cuestiones como la pobreza, la injusticia y la protección del medio ambiente.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña en el párrafo 841 que "La Iglesia Católica reconoce que todo lo que en ellos hay de bueno y verdadero, lo encuentra como un reflejo de la Verdad que ilumina a todos los hombres". Esto significa que reconocemos que otras religiones pueden tener elementos de verdad y bondad en ellas. El Papa se reúne con líderes de otras religiones para aprender de ellos, valorar sus contribuciones y buscar formas de colaborar juntos en la construcción de un mundo más justo y solidario.

Además, el Papa también se reúne con líderes de otras religiones para fortalecer los lazos de amistad y promover la unidad entre las diferentes tradiciones religiosas. En el Evangelio de Juan 17,21, Jesús ora para que "todos sean uno". El Papa busca cumplir esta oración de Jesús al trabajar por la unidad entre las diferentes religiones. Al reunirse con líderes de otras religiones, el Papa busca promover la fraternidad y la armonía entre todas las personas, sin importar su religión.

En resumen, el Papa se reúne con líderes de otras religiones por amor a Dios y a nuestros hermanos y hermanas en la humanidad. Busca promover la paz, la justicia y la unidad en el mundo a través del diálogo interreligioso. Como católicos, estamos llamados a seguir el ejemplo del Papa y a trabajar por la construcción de un mundo más justo y solidario, en el que todas las personas sean tratadas con dignidad y respeto, independientemente de su religión.

Espero que esta respuesta haya sido de tu agrado, querido feligrés. Recuerda que siempre puedes acudir a tu sacerdote local para obtener más información y orientación sobre cualquier tema relacionado con nuestra fe. ¡Que Dios te bendiga y te llene de alegría y paz!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Francisco bendice el pacto por el uso ético de la Inteligencia Artificial de las religiones abrahámicas


“Me complace saber que también se desea involucrar a las grandes religiones y a los hombres y mujeres de buena voluntad para que la reflexión ética sobre el uso de los algoritmos esté cada vez más presente en el debate público”, ha dicho

Esta mañana, en el Palacio Apostólico Vaticano, el papa Francisco ha recibido en audiencia a los participantes en el encuentro ‘Ética AI: Un compromiso abrahámico con la llamada de Roma’, promovido por la Academia Pontificia para la Vida (PAV) y por la Fundación RenAIssance y que ha culminado con la firma, por parte de las tres religiones abrahámicas, de un pacto sobre la Inteligencia Artificial.

“Después de la primera firma en 2020, el evento de hoy también cuenta con la participación de delegaciones judías e islámicas, que miran la llamada inteligencia artificial con una mirada inspirada en las palabras de la encíclica Fratelli tutti”, ha recordado el Papa, subrayando que este compromiso se basa en “promover una cultura que ponga esta tecnología al servicio del bien común de todos”, así como de la “salvaguarda de la casa común”. “La fraternidad entre todos es la condición para que el desarrollo tecnológico esté al servicio de la justicia y la paz en todo el mundo”, ha aseverado.

Las religiones en el debate tecnológico

“Todos somos conscientes de cómo la inteligencia artificial está cada vez más presente en todos los aspectos de la vida diaria, tanto personal como social”, ha afirmado el Papa. “Afecta a cómo entendemos el mundo y a nosotros mismos. Las innovaciones en este campo hacen que estas herramientas sean cada vez más decisivas en la actividad humana e incluso en las decisiones”, ha añadido.

“Me complace saber que también se desea involucrar a las otras grandes religiones del mundo y a los hombres y mujeres de buena voluntad para que la algoritmia, es decir, la reflexión ética sobre el uso de los algoritmos, esté cada vez más presente no solo en el debate público sino también en el desarrollo de soluciones técnicas”, ha señalado. De hecho, para el Papa, “toda persona debe poder disfrutar de un desarrollo humano y solidario, sin que nadie quede excluido”. Se trata, pues, de “vigilar y trabajar para que el uso discriminatorio de estas herramientas no se arraigue a costa de los más frágiles y excluidos”.

¿Por qué no todas las religiones son iguales?





Se piensa que todas las religiones son buenas. Todas -salvo degeneraciones extrañas que son como la excepción que confirma la regla- llevan al hombre a hacer cosas buenas, exaltan sentimientos positivos y satisfacen en mayor o menor medida la necesidad de trascendencia que todos tenemos. En el fondo, da igual una que otra. Además, ¿por qué no puede haber varias religiones verdaderas?

Es cierto que uno tiene que ser de espíritu abierto, y apreciar todo lo positivo que haya en las diversas religiones, que es sustancialmente diferente que decir que existen varias religiones verdaderas: si solamente hay un Dios, no puede haber más que una verdad divina, y una sola religión verdadera.

La sensatez en la decisión humana sobre la religión no estará, por tanto, en elegir la religión que a uno le guste o le satisfaga más, sino más bien en acertar con la verdadera, que sólo puede ser una. Porque una cosa es tener una mente abierta y otra, bien distinta, pensar que cada uno puede hacerse una religión a su gusto, y no preocuparse mucho puesto que todas van a ser verdaderas. Ya dijo Chesterton que tener una mente abierta es como tener la boca abierta: no es un fin, sino un medio. Y el fin -decía con sentido del humor- es cerrar la boca sobre algo sólido.

Como cristiano que soy, creo que el cristianismo es la religión verdadera. Porque si uno no cree que su fe es la verdadera, lo que le sucede entonces, sencillamente, es que no tiene fe.

Lógicamente, creer que el cristianismo es la religión verdadera no implica imponerla a los demás, ni menospreciar la fe de otros, ni nada parecido. Es más, la fe cristiana bien entendida exige ese respeto a la libertad de los demás.

Ahora bien, la adhesión a la verdad cristiana no es como el reconocimiento de un principio matemático. La revelación de Dios se despliega como la vida misma, y toda verdad parcial no tiene por qué ser un completo error.

Muchas religiones tendrán una parte que será verdad y otra que contendrá errores (excepto la verdadera, que, lógicamente, no contendrá errores). Por esta razón, la Iglesia Católica -lo ha recordado el Concilio Vaticano II- nada rechaza de lo que en otras religiones hay de verdadero y de santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepan en muchos puntos de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres.

¿Y por qué la religión cristiana va a ser la verdadera?

Para responder esta pregunta, se pueden aportar pruebas sólidas, racionales y convincentes, pero nunca serán pruebas aplastantes e irresistibles. Además, no todas las verdades son demostrables, y menos aún para quien entiende por 'demostración' algo que ha de estar atado indefectiblemente a la ciencia experimental.

Digamos -no es muy académico- que es como si Dios no quisiera obligarnos a creer. Dios respeta la dignidad de la persona humana, que Él mismo ha creado, y que debe regirse por su propia determinación. Dios jamás coacciona (además, si fuera algo tan evidente como la luz del sol, no haría falta demostrar nada: ni tú estarías leyendo esto ni yo ahora escribiéndolo).

Para creer, hace falta una decisión libre de la voluntad: la fe es a la vez un don de Dios
y un acto libre. Y nadie se rinde ante una demostración no totalmente evidente (algunos, ni siquiera ante las evidentes), si hay una disposición contraria de la voluntad.

En este caso, sugiero, para comprensión de la lectura, comentar algunas de las razones que pueden hacer comprender mejor porque la religión cristiana es la verdadera. No pretendo hacerlo de modo exhaustivo ni tremendamente riguroso: se trata simplemente de arrojar un poco de luz sobre el asunto, resolviendo algunas dudas, o bien fortaleciendo convicciones que ya se tiene: sólo intento hacer más verosímil la verdad.

Un sorprendente desarrollo

Podemos empezar, por ejemplo, por considerar lo que ha supuesto el cristianismo en la historia de la humanidad. Piensen cómo, en los primeros siglos, la fe cristiana se abrió camino en el Imperio Romano de forma prodigiosa. El cristianismo recibió un tratamiento tremendamente hostil. Hubo una represión brutal, con persecuciones sangrientas, y con todo el peso de la autoridad imperial en su contra durante muchísimo tiempo (unos dos siglos).

Es necesario pensar también que la religión entonces predominante era una amalgama de cultos idolátricos, enormemente indulgentes, en su mayor parte, con todas las debilidades humanas. Tal era el mundo que debían transformar. Un mundo cuyos dominadores no tenían interés alguno en que cambiara. Y la fe cristiana se abrió paso sin armas, sin fuerza, sin violencia de ninguna clase. Y, pese a esas objetivas dificultades, los cristianos eran cada vez más.

Lograr que la religión cristiana se arraigase, se extendiera y se perpetuara; lograr la conversión de aquel enorme y poderoso imperio, y cambiar la faz de la tierra de esa manera, y todo a partir de doce predicadores pobres e ignorantes, faltos de elocuencia y de cualquier prestigio social, enviados por otro hombre que había sido condenado a morir en una cruz, que era la muerte más afrentosa de aquellos tiempos... Sin duda para el que no crea en los milagros de los evangelios, me pregunto si no sería éste milagro suficiente. Algo absolutamente singular en la historia de la humanidad.

Jesús de Nazareth

Sin embargo, la pregunta básica sobre la identidad de la religión cristiana se centra en su fundador, en quién es Jesús de Nazareth.

El primer trazo característico de la figura de Jesucristo -señala André Léonard- es que afirma ser de condición divina. Esto es absolutamente único en la historia de la humanidad. Es el único hombre que, en su sano juicio, ha reivindicado ser igual a Dios. Y recalco lo de reivindicado porque, como veremos, esta pretensión no es en modo alguno signo de jactancia humana, sino que, al contrario, va acompañada de la mayor humildad.

Los grandes fundadores de religiones, como Confucio, Lao-Tse, Buda y Mahoma, jamás tuvieron pretensiones semejantes. Mahoma se decía profeta de Allah, Buda afirmó que había sido iluminado, y Confucio y Lao-Tse predicaron una sabiduría. Sin embargo, Jesucristo afirma ser Dios.

Los gestos de Jesucristo eran propiamente divinos. Lo que de entrada sorprendía y alegraba a las gentes era la autoridad con que hablaba, por encima de cualquier otra, aun de la más alta, como la de Moisés; y hablaba con la misma autoridad de Dios en la Ley o los Profetas, sin referirse más que a sí mismo: "Habéis oído que se dijo..., pero yo os digo..." A través de sus milagros manda sobre la enfermedad y la muerte, da órdenes al viento y al mar, con la autoridad y el poderío del Creador mismo.

Sin embargo, este hombre, que utiliza el yo con la audacia y la pretensión más insostenibles, posee al propio tiempo una perfecta humildad y una discreción llena de delicadeza. Una humilde pretensión de divinidad que constituye un hecho singular en la historia y que pertenece a la esencia misma del cristianismo.

En cualquier otra circunstancia -piénsese de nuevo en Buda, en Confucio o en Mahoma- los fundadores de religiones lanzan un movimiento espiritual que, una vez puesto en marcha, puede desarrollarse con independencia de ellos. Sin embargo, Jesucristo no indica simplemente un camino, no es el portador de una verdad, como cualquier otro profeta, sino que es Él mismo el objeto propio del cristianismo.

Por eso, la verdadera fe cristiana comienza cuando un creyente deja de interesarse por las ideas o la moral cristianas, tomadas en abstracto, y le encuentra a Él como verdadero hombre y verdadero Dios.

Cuando se trata de discernir entre lo verdadero y lo falso, y en algo importante, como lo es la religión, conviene profundizar bastante. La religión verdadera será efectivamente la de mayor atractivo, pero para quien tenga de ella un conocimiento suficientemente profundo.

¿Puede uno salvarse con cualquier religión?

La verdad sobre Dios es accesible al hombre en la medida en que éste acepte dejarse llevar por Dios y acepte lo que Dios ordena; en la también en que el hombre quiera buscar a Dios rectamente. Por ello, es un barbarismo decir que los que no son cristianos no buscan a Dios rectamente. Hay gente recta que puede no llegar a conocer a Dios con completa claridad. Por ejemplo, por no haber logrado liberarse de una cierta ceguera espiritual. Una ceguera que puede ser heredada de su educación, o de la cultura en la que ha nacido, y en ese caso, Dios que es justo, juzgará a cada uno por la fidelidad con que haya vivido conforme a sus convicciones. Es preciso, lógicamente, que a lo largo de su vida hayan hecho lo que esté en su mano por llegar al conocimiento de la verdad. Y esto es perfectamente compatible con que haya una única religión verdadera.

En esta línea, la Iglesia católica señala que los que sin culpa de su parte no conocen el Evangelio ni la Iglesia pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.

Y como asegura Peter Kreeft, el buen ateo participa de Dios precisamente en la medida en que es bueno. Si alguien no cree en Dios, pero participa en alguna medida del amor y la bondad, vive en Dios sin saberlo. Esto no significa, sin embargo, que basta con ser bueno sin necesidad de creer en Dios para lograr la salvación eterna. La persona no debe creer en Dios porque nos sea útil, o porque nos permita ser buenos, sino, fundamentalmente, porque creemos que Dios es verdadero.

En esta línea hay que mostrarnos un tanto escépticos ante algunas crisis de fe supuestamente intelectuales, pero que en el fondo esconden una opción por fabricarse una religión propia, a la medida de los propios gustos o comodidades. Cuando una persona hace una interpretación acomodada de su religión para rebajar así sus exigencias morales, o no se preocupa de recibir la necesaria formación religiosa adecuada a su edad y circunstancias, es bien probable que la pretendida crisis intelectual bien pueda tener otros orígenes.

¿Por qué, entonces, la Iglesia es necesaria para la salvación del hombre?

La Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único Mediador y el camino de salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia» (Lumen gentium, 14).

Siguiendo a la Dominus Iesus, esta no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios; por lo tanto, «es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación» (Redemptoris missio, 9). Para aquellos que no son formal y visiblemente miembros de la Iglesia, «la salvación de Cristo es accesible en virtud de la gracia que, aun teniendo una misteriosa relación con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situación interior y ambiental. Esta gracia proviene de Cristo; es fruto de su sacrificio y es comunicada por el Espíritu Santo» (ibid, 10).

Ciertamente, las diferentes tradiciones religiosas contienen y ofrecen elementos de religiosidad, que forman parte de «todo lo que el Espíritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, así como en las culturas y religiones» (Redemptoris missio, 29). A ellas, sin embargo, no se les puede atribuir un origen divino ni una eficacia salvífica ex opere operato, que es propia de los sacramentos cristianos. Por otro lado, no se puede ignorar que otros ritos no cristianos, en cuanto dependen de supersticiones o de otros errores (cf. 1 Co 10, 20-21), constituyen más bien un obstáculo para la salvación.

En este sentido, la Dominus Iesus es bastante clara cuando afirma que con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido a la Iglesia para la salvación de todos los hombres. Esta verdad de fe no quita nada al hecho de que la Iglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo excluye esa mentalidad indiferentista «marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que "una religión es tan buena como otra"» (Redemptoris missio, 36). Como exigencia del amor a todos los hombres, la Iglesia «anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14, 6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas» (Nostra aetate, 2).

¿Es el Cristianismo una copia de las religiones paganas, como algunos dicen?


¿EL CRISTIANISMO ES UNA COPIA DE LAS RELIGIONES PAGANAS?

Desmontando tres grandes falacias de esta teoría
Por: Dante A. Urbina

Pregunta:

“¡Hola, Dante! Espero que estés bien y tengas una vida formidable. Bueno, quería preguntarte sobre una cuestión que me inquieta en mi fe y que me vengo cuestionando. Mi pregunta es: ¿Es verdad que Osiris es el verdadero ´Jesús´, ya que sus similitudes son casi iguales? ¿Es verdad que muchos escritos cristianos se basaron en los egipcios, babilonios y sumerios? Esto me inquieta como creyente y quise acudir a ti ya que sabes mucho de estas cosas. Dios te bendiga y espero que me respondas si no es mucha molestia. Saludos”.

FC – Chile

Respuesta:

En lo que respecta a comparaciones de Jesús con divinidades paganas como Horus, Krishna, Mitra, Tammuz, Adonis y el propio Osiris, ello ya lo abordo con detalle en mi libro ¿Cuál es la Religión Verdadera? (de próxima publicación), así que aquí aprovecharé básicamente para hacer algunas aclaraciones puntuales respecto de los “análisis” de mitología comparada que hacen algunos escépticos para pretender descalificar al Cristianismo como una mera “copia” señalando sus más recurrentes falacias (1) y tomando como ejemplo el caso de Osiris:

1) La primera característica de este tipo de teorías es que caen en gran parte en una falacia de premisa falsa o indemostrada pues son altamente especulativas. ¿Y cómo se mata a una teoría altamente especulativa? Simple: demandándole evidencia. Uno se encuentra con ateos en Internet que, siguiendo la línea de “documentales” sensacionalistas como Zeitgeist, afirman alegremente cosas como que “Osiris nació de una virgen”. A ello uno debe directamente responder: “¿Y dónde está tu evidencia documentada fiable para hacer afirmación?”. Nos encontraremos con que la mayoría de las veces… ¡simplemente no la hay! Y es que aquí lo que se requiere son citas textuales y directas de documentos antiguos que avalen tal cosa, no simples links de cualquier blog o foro de Internet que repite la misma tontería como en el juego del “teléfono malogrado”. Así que, para este tipo de casos, uno que ya tiene una fe sólida y formada en lugar de decirse ingenuamente: “Uy, este tipo ha presentado evidencia fuerte contra mi fe…” lo que debe hacer es decirle: “Mira,primero preséntame citas textuales de documentos de mitología antigua sobre este punto y no meras afirmaciones gratuitas o referencias a documentales sensacionalistas y links de Internet, y recién allí hablamos”. A los ateos les gusta presionar a los creyentes con la socorrida “carga de la prueba”. Pues bien, si ellos están sosteniendo alegremente la afirmación de que la persona de Jesús se deriva de tal o cual dios mitológico, ¿no deberíamos aplicarles del mismo modo una exigente “carga de la prueba” en vez de creerles de buenas a primeras? Con esto bastará para ponerlos en jaque en varios puntos. Y es que muchos no creyentes son tremendamente escépticos cuando se trata de argumentos a favor del Cristianismo pero tremendamente ingenuos cuando se trata de teorías para refutar o descalificar al Cristianismo, no importa cuán locas o descabelladas sean. Por ejemplo, hay algunos que dicen: “Jesús aprendió magia en Egipto y con eso embaucó luego a sus seguidores”. Pero cuando uno les demanda evidencia al respecto a lo más que atinan es a decir que en los Evangelios se dice que Jesús estuvo en Egipto durante su infancia. Así que, como dice el Dr. Michael Brown, “la idea de que Jesús aprendió artes mágicas en Egipto tiene tanto sustento histórico y fáctico como la afirmación de que Santa Claus entrega regalos a través de la chimenea en Navidad” (2).

2) Otra falacia en que incurren estos planteamientos es en la conocida comofalacia post hoc. Que un hecho haya sucedido antes que otro no significa de por sí que el primero sea causa del segundo. Esto aplica especialmente para aquellas creencias que es absolutamente normal esperar que sucedan en diferentes religiones sin que haya tenido que haber un proceso específico de influencia o “copia” entre ellas. Por ejemplo, hay escépticos que básicamente dicen: “Los babilonios y sumerios tenían creencias como la inmortalidad del alma, el infierno, los espíritus, la dualidad bien/mal, etc., que es básicamente lo mismo que creen los cristianos. Por tanto, la creencia cristiana se deriva de la de los babilonios y sumerios”. Totalmente falaz. Esas son nociones espirituales básicas a las que es perfectamente razonable que haya podido llegar independientemente cualquier religión de uno u otro modo. Ahora pongamos un ejemplo con Osiris. Allí tenemos que un paralelo que se aduce es que Osiris fue llamado “Dios vivo”, “Rey eterno” y “Señor de Todo”, títulos que luego se atribuyeron a Jesús. Pero eso no prueba nada: es absolutamente normal que hayan ciertos títulos genéricos para los seres supremos o dioses en cualquier religión. La racionalidad y cualidad espiritual son algo común a todos los hombres, así quees natural que encontremos similitudes en ciertas cosas básicas y generales sin que tenga que haber necesariamente una influencia específica o copia. El profesor Gregory Elder lo ilustra muy bien con el caso del álgebra: “La ciencia del álgebra fue inventada tanto en la antigua Asiria unos mil años antes de Cristo como en la Arabia medieval unos mil años después de Cristo. Pero no hay evidencia de que los musulmanes árabes obtuvieron su álgebra de los asirios, cuyo idioma fue completamente intraducible para los árabes de la época” (3).

3) Finalmente, estas teorías suelen incurrir groseramente en una falacia de falsa analogía. O sea: apelan a semejanzas muy vagas dejando de lado las diferencias muy claras. Un excelente ejemplo se puede poner precisamente con el caso de Osiris. Los escépticos dicen que la creencia en la resurrección de Jesús simplemente sería una copia del dios egipcio Osiris, quien también “resucitó”. Pero cuando uno, en lugar de quedarse en los meros rumores, va a las fuentes se encuentra el siguiente relato sobre Osiris: que fue asesinado por su hermano quien lo cortó en catorce partes y las esparció por Egipto. Luego de ello Isis, su esposa, juntó las partes (excepto el pene, que se perdió) y lo devolvió a la vida. Eso no tiene ningún parecido con la resurrección de Jesús:Jesús volvió a la vida como un ser glorificado; Osiris, como una especie de “muerto viviente”. Así, pues, como refieren los expertos Habermas y Licona, “el retorno de Osiris a la vida no fue una resurrección sino una zombificación” (4). En consecuencia, de ningún modo es el caso de que, respecto de Jesús y Osiris, “sus similitudes son casi iguales” (como se dice en la pregunta) sino que ¡son claramente diferentes!

Con todo lo anterior queda suficientemente respondida la duda u objeción. Como “regalo adicional” dejamos una cita del genial escritor G. K. Chesterton en donde, con su inteligentísimamente irónica pluma, aplica un criterio muy similar al que aquí hemos usado para el caso de pretendido paralelo Jesús/Buda. Aquí la cita en extenso para el disfrute y reflexión:

Los estudiosos de la ciencia popular (…) siempre insisten en que el Cristianismo y el Budismo son muy parecidos. Es una creencia muy popular y así lo creí yo mismo hasta que leí el libro en el cual se daban las razones de esa semejanza. Las razones eran de dos clases: semejanzas que no significaban nada porque eran comunes a toda la humanidad, y semejanzas que no eran semejanzas. (…) Así, como ejemplo de primera clase se decía que Cristo y Buda ambos fueron llamados por la voz divina que venía del cielo, como si uno esperara que la voz divina viniera del sótano. O, también, declaraba gravemente que por una notable coincidencia esos dos maestros orientales tenían algo que ver con el lavado de pies. Lo mismo se podría decir que era una notable coincidencia que ambos tuvieran pies que poder lavar. Y la otra clase de semejanzas eran aquéllas que sencillamente no eran semejantes. Así, este conciliador de las dos religiones concedía una ferviente atención al hecho de que en ciertas fiestas religiosas se rasgan las vestiduras del Lama en señal de respeto, y los restos de ellas son altamente apreciados. Pero este es el reverso del parecido porque las vestiduras de Cristo no se desgarraron en señal de respeto sino de escarnio; y los restos de ellas solo fueron apreciados por lo que se obtendría de su venta en los comercios de trapos. (…) Esas migajas de pedantería infantil tendrían poca importancia si no fuera verdad que también son de esa clase las otras semejanzas filosóficas que se alegan” (5).

De ahí la necesidad de refutar estas tonterías: no porque no sean tontas, sino porque -dado el contexto del Internet- están muy extendidas y varios se las creen.

Referencias:

1. Para un listado de las 50 principales falacias argumentativas con explicaciones y ejemplos, véase: Dante A. Urbina, ¿Dios Existe?: El Libro que Todo Creyente Deberá (Y Todo Ateo Temerá) Leer, Ed. CreateSpace, Charleston, 2016, Part. I, cap. 3. (http://danteaurbina.com/dios-existe-el-libro-que-todo-creyente-debera-y-todo-ateo-temera-leer/)

2. Michael Brown, Answering Jewish Objections to Jesus, Ed. Baker Books, Grand Rapids, vol. 4, 2006, obj. 5.13.

3. Gregory Elder, “Christianity´s similarities with and differences from ancient Egyptian religion”, Redlands Daily Facts, October 9, 2013.

4. Gary Habermas and Michael Licona, The Case for the Resurrection of Jesus, Kregel Publications, Grand Rapids, 2004, chap. 5.

5. G. K. Chesterton, Ortodoxia, Ed. Porrúa, México, 1998, pp. 74-75.


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