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¿Por qué a los malos siempre les va bien?

Foto: Narcos, Netflix

¿POR QUÉ A LOS MALOS SIEMPRE LES VA BIEN?

Por Mónica Muñoz 

Al que verdaderamente le va bien es a aquella persona que trabaja y gana el pan con el sudor de su frente.

Hace muy poco escuché esta frase: “a los malos siempre les va bien”. Y la verdad, me hizo pensar mucho, no porque yo lo crea sino porque hay mucha gente que piensa que es cierto. Sobre todo, con el clima de inseguridad que se vive en nuestro país, situación que agrava la visión de los habitantes de la mayoría de los estados de la República. Pero analicemos detenidamente esta aseveración: ¿será cierto que a los malos siempre les va bien?

En primer lugar, ¿quiénes son los malos? Podría parecer muy fácil responder: todos los que dañan a los demás son los malos. Los seres humanos somos buenos por naturaleza, pues Dios nos hizo así. Con la edad y las experiencias de la vida vamos adquiriendo la noción de maldad y bondad. Un bebé llora para expresar sus necesidades, no para molestar a su madre. Su acto no es realizado por maldad, sencillamente no puede hacer otra cosa para llamar la atención. Igual puede pasar con un niño pequeño que toma un dulce sin permiso o extrae algún juguete de una tienda o pelea con su hermano, no saben que esos actos son indebidos hasta que se les explica que no deben hacerlos.

Ahora bien, cuando la persona tiene uso de razón, ya está capacitada para saber distinguir lo bueno de lo malo, tanto que su conciencia le reprocha cuando daña a su prójimo, sea cual sea la manera en que lo haga. Pero para tener la certeza de que esa persona entiende que está incurriendo en un mal, tendría que reunir varias condiciones, como que él o ella, sepa que el acto es intrínsecamente malo, es decir, que independientemente de la intención o las circunstancias en que se dé, se trata de algo malo, como atentar contra la vida en cualquiera de sus etapas. Además, debe ser una acto libre y voluntario, sin que nada ni nadie lo haya forzado a cometerlo, sin embargo, hay ocasiones en que la conciencia de la persona puede estar deformada por una enfermedad mental o un daño psicológico, caso en el que su voluntad estaría afectada seriamente y que disminuiría la responsabilidad del acto.

Pero entendamos bien algo, nada justifica matar y menos si se trata de un inocente o indefenso, tampoco esclavizar, maltratar o atentar contra la integridad de las personas. Y en esto se incluye desear la muerte, independientemente de las acciones del otro, aunque haya causado un gran daño.

Ahora bien, ya que desmenuzamos la parte de la maldad, viene lo interesante: todos, en algún momento de nuestra vida, podemos ser malos. Cada quien haga su examen de conciencia y pensemos en las mentiras, maledicencias, pleitos, desdenes, altanerías, rechazo a la voluntad divina, en fin, todas las acciones, pensamientos, palabras y bienes que hemos dejado de hacer porque no somos cien por ciento buenos. Todos tenemos nuestros momentos oscuros.

Pero volvamos nuestra atención a los casos extremos, donde claramente, nos damos cuenta de que hay individuos que cometen atrocidades y que son conscientes de que hacen mal y, al parecer, no les importa. A esos nos estamos refiriendo entonces cuando creemos que siempre les va bien. Quizá en un principio, sí, aparentemente. Cuando comienzan con sus fechorías y no los atrapan, o viven con lujos y comodidades obtenidos con injusticias, podemos caer en el espejismo de su bienestar. Sin embargo, no es verdad que les vaya bien. Viven en constante zozobra porque saben que en un descuido pueden perder todo, incluso su vida o la de sus seres queridos. Van sembrando enemistades que, tarde o temprano, les cobrarán factura. Rompen lazos de amistad y confianza porque son incapaces de practicar la lealtad. Se hunden en vicios y excesos de toda clase que tarde o temprano acabarán con su salud. No, no les va bien. Han decidido escoger el hedonismo y la vida fácil dando placer a todos sus sentidos y pasando encima de los demás, pero no son felices.

Al que verdaderamente le va bien es a aquella persona que trabaja y gana el pan con el sudor de su frente, que come del fruto de su esfuerzo, que construye relaciones fuertes y estables, basadas en valores como el respeto, la honradez y la honestidad, que vive cada día agradecido con lo que Dios le da, aunque muchas veces atraviese por duras pruebas, que tiene una familia que ama y que vive para él, que alcanza sus metas con voluntad y ayuda a sus semejantes para que alcancen las suyas, que se solidariza con quienes sufren y pone en obra sus convicciones, que entiende que en esta vida todo el bien que se siembra se cosechará en algún momento y se esmera para que otros colaboren sirviendo a la sociedad en la que viven. Esa persona es feliz, y sí, le va bien, aunque a veces, no se dé cuenta.

Abramos los ojos y el corazón a lo que Dios nos da diariamente y aprovechemos cada segundo de los bienes que recibimos, porque la vida se va y no regresa.

¡Que tengan una excelente semana!

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:

https://www.es.catholic.net/op/articulos/73403/por-que-a-los-malos-siempre-les-va-bien.html

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Decálogo para tratar bien a las personas mayores



DECÁLOGO PARA TRATAR BIEN A LAS PERSONAS MAYORES

Garantizar el respeto de los derechos y deberes de las personas mayores, cumplir con principios bioéticos y garantizar su calidad de vida

En la sociedad actual, no siempre se tiene en cuenta la importancia de proporcionar una calidad de vida óptima a las personas mayores, que, además de aportar amor, conocimiento y sabiduría en el seno de la familia, están haciendo en muchas ocasiones de salvavidas con su pensión ante la dureza de la crisis.

En ese sentido, Ángeles García Antón, coordinadora del Grupo de Dependencia de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), considera que el trato a las personas mayores en la sociedad merece el desarrollo de estrategias, modelos de atención y una formación a los cuidadores que pueda garantizar el respeto de sus derechos y deberes, cumplir con los principios bioéticos o garantizar la calidad de vida del mayor.

La SEGG creó en 2011 el Observatorio del buen trato a la persona mayor, con el objetivo de fomentar un trato adecuado a las personas mayores y promocionar un envejecimiento digno que favorezca su autonomía, hacer partícipe al mayor en la toma de decisiones para su atención y cuidados y reivindicar que reciban una atención centrada en la persona.

El doctor José Antonio López Trigo, geriatra y presidente de la SEGG, declara:

"En ocasiones tomamos decisiones por los mayores que no nos corresponden y que suponen una vulneración de sus derechos. Lo que debe limitar es la capacidad funcional de la persona y no su edad".
Decálogo para tratar bien a los ancianos
Con la mirada puesta en una mejora de las relaciones y trato hacia las personas mayores, desde las SEGG proponen este decálogo que todos, a título personal y como profesionales, deberíamos tener en cuenta en nuestra relación cotidiana con ellos:

1. Respetar, por derecho y con deberes.

Preserve los derechos y libertades en el ámbito público y privado. Como persona adulta, sin discriminación por razón de edad, de enfermedad, dependencia o discapacidad, ideología, nivel cultural o económico, creencias religiosas o lugar de residencia, desde el respeto y la protección a situaciones de especial vulnerabilidad.

Derecho está unido a deberes, las personas mayores son protagonistas y tienen la responsabilidad de practicar el Buen Trato.

2. Cumplir con los principios bioéticos.
En el desarrollo vital, en la atención y cuidados, garantizar los principios de:

No maleficencia: no provocar daño, respetar la integridad física y psicológica.

Justicia: reparto equitativo, dar a cada uno lo suyo, evitar la segregación, la discriminación y la marginación.

Autonomía: mantener la capacidad de tomar las decisiones propias.

Beneficencia: hacer el bien, siempre en relación con el principio de autonomía.

3. Garantizar el bienestar y la calidad de vida.

Disponer de condiciones adecuadas a las condiciones de vida en relación al hogar, a la comunidad, garantía de prestaciones, salud, integración social, con la familia, amigos y entorno, el estado de salud, la seguridad, la educación, el control personal y la posibilidad de elección.

4. Informar, comunicar, valorar

Escuche, pregunte, dé sentido y valor a lo que le transmite la persona mayor, emociones y preocupaciones.

Confirme que la persona mayor ha comprendido la conversación y la información que le ha dado.

5. Preservar la identidad y dignidad personales.
Respete su opinión, costumbres, hábitos siempre que sean saludables, ofrézcale ayuda, alternativas, pero permita que decida por sí mismo, preserve su identidad personal, y garantice el apoyo a la dignidad en la relación y atención a las personas mayores.

6. Adaptar y reforzar.
Utilice la empatía, tenga en cuenta la situación de salud en su más amplio sentido: en las áreas clínica, funcional, mental, emocional, sensorial, social, familiar y espiritual.

Ofrezca medidas que compensen los déficits, busque recursos adecuados. Valore los logros, motívele para realizar las actividades por sí mismo.

7. Formar, animar a aprender.

El buen trato a las personas mayores hace imprescindible la formación en el proceso de envejecer, en la promoción del envejecimiento activo y saludable, en la prevención de la dependencia, en el abordaje y tratamiento de síndromes geriátricos, en el saber valorar sus enfermedades y sus necesidades, y explorar sus preocupaciones, sus miedos, etc.

8. Proporcionar acompañamiento y presencia
Evite situaciones de aislamiento. Regale tiempo para disfrutar y compartir momentos.

Hágase presente, aportará seguridad y mantendrá a la persona mayor en contacto con la realidad.

9.- Facilitar el acceso a las nuevas tecnologías.
Desarrollar estrategias que faciliten el acceso, la formación y la creación de dispositivos que acerquen a las personas mayores a la tecnología de la información y de la atención, en la investigación y desarrollo, teniendo en cuenta sus necesidades, posibles dificultades sensoriales, de acceso y utilización.

10.- Pedir ayuda.
Si la dedicación a los cuidados le produce sobrecarga pida ayuda, a su familia, a los profesionales de salud y servicios sociales.

En ocasiones, la sobrecarga puede llevar a situaciones de posible trato inadecuado a la persona, por lo que es indispensable mantener una actitud positiva, saludable y con apoyos formales e informales

Publicado originalmente en: Forum Libertas, autor: Forum Libertas

¿Los protestantes han realizado acciones heroicas en bien de la humanidad?


¿LOS PROTESTANTES HAN REALIZADO ACCIONES HEROICAS EN BIEN DE LA HUMANIDAD?
Por José Leopoldo Fierro Córdova

Demos un breve recorrido a los registros de la historia de la humanidad.

Los protestantes en todas sus representaciones o más de 70 mil rostros que tienen en cada una de sus sectas, aseguran ser ellos la verdadera Iglesia de Cristo, que se originó el año 33 de nuestra era cristiana.

Vamos a imaginarnos que su teoría es cierta. Consideremos ahora qué es lo ha sucedido desde entonces hasta la actualidad.

SIGLOS DEL I AL III.

Los emperadores romanos persiguen a muerte a los cristianos (Nerón, Domiciano, Dioclesiano, etc.). ¿Los protestantes salieron a su defensa? RESPUESTA: NO.

SIGLO IV

El emperador Constantino destruye (según la tesis protestante) a la verdadera Iglesia de Cristo y funda la malvada Católica Romana. ¿Salen los protestantes a defender a la Iglesia verdadera contra Constantino? RESPUESTA: NO.

Aparece la herejía de Arrio negando la Divinidad de Cristo ¿Salen los protestantes a refutarlo? RESPUESTA: NO.

SIGLO V

Marcha el terrible ATILA Rey de los Hunos invadiendo Europa destruyendo todo a su paso. Se llegó a decir que por donde Atila pasaba, no volvía a crecer la hierba... amenaza entrar a Roma y destruirla. PREGUNTA: ¿Salieron los protestantes a la defensa? RESPUESTA NO.

SIGLO VI.

Aparece la herejía Monofisista negando la presencia de la naturaleza divina en la humanidad de Cristo... PREGUNTA ¿Salieron los protestantes a combatir esa herejía? LA RESPUESTA ES: NO.

SIGLO VII

Se inicia la conversión de los pueblos bárbaros al cristianismo (los actuales países europeos y misioneros llevan el Evangelio a la remota China). PREGUNTA: ¿Aparecen los protestantes predicando que la Biblia es de libre interpretación, sólo cree en Cristo y eres salvó? RESPUESTA NO.

Para no hacer el relato presente más extenso, sólo detallo a grandes rasgos, algunos sucesos históricos que enfrentó la Iglesia de Cristo hasta la fecha: El avance musulmán que devoró las iglesias que fundó y a las que escribió San Pablo, pretendiendo hacer lo mismo con las iglesias de Europa. PREGUNTA: ¿Se organizan los protestantes con cruzadas para rescatar los santos lugares y a sus pueblos cristianos de Tierra Santa, combaten a los musulmánes en Lepanto? RESPUESTA: NO.

Nacen las famosas universidades de fama mundial como la Sorbona de París. PREGUNTA: ¿Fundan los protestantes otras semejantes o superiores? RESPUESTA: NO.

Millones de cristianos crean un cisma y nace el cristianismo ortodoxo opuesto a las doctrinas a protestantes en el año 1000. PREGUNTA: ¿Surgen los protestantes a impedirlo? RESPUESTA: NO.

Inicia la época de los grandes descubrimientos por famosos marinos como Magallanes y Cristóbal Colón. PREGUNTA: ¿Los protestantes les ayudan con recursos para llegar a tierras inexploradas para extender el Evangelio de Cristo enviando misioneros a los habitantes de esas regiones? RESPUESTA NO.

Aparece la peste negra que ocasiona la muerte de millones de seres humanos. PREGUNTA: ¿SE crean grupos u órdenes protestantes para atender a los enfermos de esa epidemia? RESPUESTA: NO.

CONCLUSIÓN

Estas respuestas de rotundo NO. Nos demuestran que desde el año 33 al siglo XVI que aparece Lutero, no existieron LOS PROTESTANTES.

Más sí la Iglesia Católica, que dio testimonio de proteger la sana doctrina y crear la civilización cristiana. Creó el actual calendario que utilizamos en gran parte del mundo. Eminentes católicos han aportado avances científicos en bien de la Humanidad, ejemplo: Luis Pasteur, Copérnico, Lavoisier, María Curie y su esposo Pedro, Guillermo Marconi, Gregor Mendel, Roberto Busa, George Lemaitre, y un muy largo etcétera.

Los aportes de los protestantes a la humanidad han sido de 0. Ni siquiera han llevado el Evangelio a otras naciones, sino únicamente a donde ya han evangelizado los misioneros católicos.

(Más información en https://es.wikipedia.org/wiki/Categor%C3%ADa:Cient%C3%ADficos_cat%C3%B3licos ).

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¿Conoces bien a esa persona con quien te casaste?


¿CONOCES BIEN A ESA PERSONA CON QUIEN TE CASASTE?
Por Álvaro Molina

La inmensa mayoría de las parejas se casan muy enamorados. O por lo menos eso piensan. Tienen su luna de miel, algunos viajan, otros prefieren quedarse en casa. Pero luego de unos meses comienzan a aparecer rasgos en ella o en él, que a veces sorprenden, porque son rasgos que no estaban ahí antes. Podemos decir que, a pesar de estar casados, aún no se conocían. Esto es algo que ocurre principalmente cuando no invitamos a Jesús a ser parte del matrimonio.

En San Mateo 1,25 podemos leer acerca un esposo que aún no conocía a su esposa, hasta que Jesús entró en sus vidas: «Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.» San José, el esposo de la virgen María y padre adoptivo de Jesús, aún no conocía a su esposa. Fue hasta que Jesús nació que San José comenzó a ver quién era su esposa en verdad.

A pesar de recibir varios avisos del Señor, en sueños, San José en verdad no tenía idea de quién era su esposa antes de que naciera Jesús. Él creía ser un carpintero, casado con una muchacha de Nazaret, que había quedado embarazada de forma milagrosa, sin intervención de varón alguno. Quizás San José pensó que al nacer el niño, tal vez un grupo de ángeles vendría a llevarse al bebé y con eso concluiría aquel episodio. Pero ya sabemos que la historia no ocurrió de esa manera.

Fue hasta después del nacimiento de Jesús que San José empezó a ver por dónde iba a continuar todo aquello. Primero llegaron unos pastores contando cómo los cielos se habían abierto y unos ángeles les habían avisado del nacimiento del niño. Aquella historia extrañó a todos, pero a San José debió llamarle más la atención que aquellos pastores habían llegado hasta donde ellos, para adorar al niño (San Lucas 2,1-18). Como todo buen hebreo, San José seguramente sabía que la adoración es solamente para Dios. Sin embargo ahí estaban los pastores, adorando al niño, de quien el ángel le había revelado que era obra del Espíritu Santo.

Ahí San José empezó a ver que María, su esposa, no era simplemente una jovencita campesina de Nazaret, sino que la madre de un niño que era más que solamente humano. Pero aquello no paró ahí. La siguiente visita ya no fue de humildes pastores, sino que de hombres venidos de lejanas tierras, cargados con presentes. Y no se trataba de presentes cualquiera, sino que de oro, por tratarse de un rey, incienso, por ser Dios, y mirra, por su naturaleza humana. Los magos de oriente llegaron buscando al niño (San Mateo 2,11). Al igual que los pastores, lo encontraron con su madre, y ahí presentaron sus ofrendas y le adoraron.

Sólo Dios sabe qué otros eventos similares ocurrieron en Belén, con gente adorando al niño. Pero con solo esos dos seguramente fue suficiente para que San José conociera mejor a su esposa, para que viera que ella no era una mujer común y corriente, sino que la madre del Hijo de Dios. Seguramente San José vio que ella no se había convertido en diosa al ser la madre de Dios Hijo, pero le quedaba claro que ella era sumamente especial, que ella era la escogida de Dios Padre, el vaso colmado de gracia, inmaculado, de donde nacería el Mesías.

También el propio San José llegó a conocerse mejor en su papel de esposo. Él logró ver que no era solamente un carpintero casado con una joven campesina de Nazaret, sino que en verdad era el esposo de la Kejaritomene, la Llena de la Gracia de Dios, y además el padre adoptivo del Hijo de Dios.

¿Y cómo fue que San José llegó a conocer todo eso? Fue por medio de Jesús. Jesús tuvo que ser parte de aquel matrimonio para que San José finalmente pudiera conocer plena y verdaderamente quién era él y quién era su esposa, la virgen María.

Si estás por casarte, o si ya te casaste, ¿realmente conoces a esa persona con quien vas a compartir tu vida? ¿Esa persona realmente sabe quién eres tú? Conocerse plena y verdaderamente les llevará a los cónyuges toda una vida. Habrá muchas gratas sorpresas, y tal vez haya otras no tan gratas, aunque todo será parte del proceso de conocerse. Pero toda pareja de esposos que quiera realmente conocerse a plenitud necesita invitar a Cristo a su matrimonio. De la misma manera que la presencia viva de Cristo, en el matrimonio de María y José, ayudó a que el esposo conociera verdaderamente a su esposa, de esa misma forma la presencia de Cristo, en cada matrimonio, hará que los esposos se conozcan plenamente.

Inviten a Jesús a sus matrimonios. Si aún no se han casado, invítenlo a sus noviazgos. Jesús es la forma más segura para que los novios o los esposos lleguen a conocerse bien, plenamente, verdaderamente. Si ya están casados, procuren ir a visitar a Jesús en la santa eucaristía, o en el santísimo sacramento. No permitan que la última vez que vean a Jesús sea en la misa del casamiento, y de ahí ya nunca más. Si aún no se casan, vayan juntos a la santa eucaristía. Vayan juntos a visitar a Jesús sacramentado. Invítenlo a participar en su noviazgo, para que la bendición de tener a Jesús en esa etapa les acompañe también en el matrimonio.

Sigamos el ejemplo de la familia de Nazaret. Invitemos a Jesús a participar en cada etapa de nuestras vidas. Si damos en llamarle Señor, dejémosle gobernar nuestras vidas, ya que Él sabe qué es lo mejor para nosotros.


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Y tú, ¿Te examinas y confiesas los pecados de omisión?



Y TÚ, ¿TE EXAMINAS Y CONFIESAS LOS PECADOS DE OMISIÓN?

Las convicciones que ocultamos por el miedo a que nos tachen de anticuados... 

La blasfemia o el chiste irrespetuoso que complacientemente escuchamos, temerosos del qué dirán si protestamos... 

Los silencios cómplices al no manifestar y defender la Verdad y el Bien, por el miedo a la opinión de terceros... 


Las herejías que toleramos al cura modernista para no incomodarnos por el qué dirán los demás fieles o el propio cura... 

Las preces omitidas que incidieron en almas que no cambiaron de vida y se condenaron porque no hubo quien orase por ellas, haciendo caso omiso a lo que pidió y advirtió la Virgen en Fátima... 

Las misas que no mandamos decir y las oraciones que no hicimos por nuestros parientes y por las almas del purgatorio, en general, para que alcanzaran pronto la bienaventuranza eterna... 

Las tolerancias al mal comportamiento de nuestros hijos para evitarnos problemas... 

Las correcciones que debimos hacer y que por comodidad callamos... 

Las almas que, pudiendo, no engendramos para Dios, pero que nuestro egoísmo disfrazó de "paternidad responsable", acallando nuestro deber de fecundidad... 

La lágrima que vimos rodar en el rostro de quien camina a nuestro lado y por no querernos involucrar, no la enjugamos... 

El suéter que no quisimos quitarnos para darlo aquel mendigo que tiritaba de frío, pues nos costó mucho dinero... 

El pedazo de pan que no compartimos, porque nadie nos lo regaló, y que justificamos diciendo que por nuestro propio esfuerzo lo obtuvimos... 

La riña que no quisimos evitar, para no meternos en problemas que no son nuestros... 

La herida que no quisimos curar, porque no fuimos nosotros quien la hicimos... 

La palabra de aliento o el buen consejo que nunca regalamos a quien encontramos afligido o necesitado, porque "no tenemos tiempo" para ello... 

La paciencia que no mostramos ante los defectos del prójimo... 

El tiempo que negamos para escuchar a alguien que necesitaba hablar, diciéndonos que no podíamos perderlo... 

Los conocimientos que pudimos compartir y que egoístamente nos reservamos... 

La limosna que no ofrecimos, porque -sin tener verdadero fundamento- pretextamos que no queremos contribuir a la mendicidad y ociosidad... 

La sonrisa que no regalamos a aquel que encontramos en el camino, porque no tiene nada que ver conmigo... 

El perdón que no ofrecimos por coraje... 

La disculpa que nuestro orgullo silenció... 

La carta que alguien esperó y nunca escribimos... 

La visita que no hacíamos a nuestros padres o parientes solos o ancianos... 

La formación religiosa deficiente para nuestros hijos (o apenas para la Primera Comunión) y los sacramentos diferidos (deben ser: Bautismo, en peligro de muerte o antes del mes de nacido; Confesión -primero- y Primera Comunión -después-, al llegar al uso de razón, etc.)... 

El adoctrinamiento religioso que no impartimos a nuestros sirvientes... 

El aborto que se cometió y que tal vez nuestro consejo hubiera evitado... 

La visita a ese enfermo o a ese preso que quedó solo en el olvido... 

La medicina que pudimos regalar al enfermo grave y necesitado, pero como alcanzaba a afectar nuestra economía nunca adquirimos... 

La confesión y comunión omitidas que anualmente, al menos, nos obligan los mandamientos de la Iglesia... 

Los días de ayuno y abstinencia de carne rotos en días obligatorios... 

Las misas dominicales a las que no asistimos sin razón suficiente... 

Las oraciones de agradecimiento a Dios que omitimos (¡para pedirle no lo olvidamos!), las visitas de amor al Santísimo sacramento que nunca hicimos, el estudio de nuestra fe que siempre pospusimos, la lectura espiritual que no realizamos nunca.... todo con la excusa de que no disponemos de tiempo o estamos muy, muy, pero muy agotados... 

En fin...TODO AQUELLO QUE PUDIENDO Y DEBIENDO HACER NO REALIZAMOS POR PEREZA O EGOÍSMO.


Obrar bien no solo consiste en evitar el mal, pues las omisiones culpables también son pecados. 


Debemos, pues obrar el bien y no solo evitar el mal. 

Qué pena y dolor por todo aquello que hemos omitido durante nuestra vida. Habrá algunas omisiones reparables... Otras ya no tienen remedio. 

Pidamos perdón a Dios por todas y acusemos al Confesor las que hayan sido materia grave y corrijamos todo aquello que todavía sea reparable. 

El creyente realmente debe, positivamente, amar a Dios sobre todas las cosas, y a su prójimo en la misma medida que a sí mismo se ama. No olvides, pues, examinar frecuentemente también los pecados de omisión (y especialmente al realizar el examen de conciencia, pues no basta analizar los mandamientos de Dios, de la Iglesia y los pecados capitales). Aquí solo hemos enumerado algunos. Analiza tus particulares obligaciones sobre tu estado de vida, y cuáles se desprenden de esto.

Santiago 4,17
AQUEL, PUES, QUE SABE HACER EL BIEN Y NO LO HACE, COMETE PECADO.

Fuente Catolicidad

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