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Sacerdote expulsado de Nicaragua: “No tenía miedo a la muerte, sino a la cárcel”



El padre Donaciano Alarcón asegura que el motivo de su expulsión fue por predicar sobre la injusticia en contra del obispo Rolando Álvarez, pero no haberlo hecho hubiera sido una ofensa a Dios
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El lunes santo de este año, las autoridades nicaragüenses expulsaron de ese país al sacerdote claretiano Donaciano Alarcón, por supuestamente haber participado en procesiones públicas de Semana Santa, algo que el gobierno de Daniel Ortega sólo permitió al interior de los templos o en calles aledañas.

En su momento, a través de la radio panameña, el sacerdote explicó que elementos de la Policía Nacional lo habían detenido y llevado a la frontera con Honduras, acusándolo de perturbar la paz, y advirtiéndole que no podía volver a pisar territorio nicaragüense.

Actualmente, Donaciano Alarcón desempeña su ministerio en una iglesia de la ciudad hondureña de San Pedro Sula, cerca de Tegucigalpa. En entrevista para CNN, el sacerdote recuerda cómo fue expulsado.

“Él -refiriéndose a uno de los policías que lo trasladaron a la frontera- me dijo que con la paz de Nicaragua nadie se mete (…) Cuando me estaba acusando sentí coraje, pero también mucho dolor (…) me sentía como si hubiera sido el peor de los criminales, una persona que estaba estorbando en lugar de ayudar”.

Para el sacerdote panameño, aquel lunes santo, su mayor temor no era perder la vida, sino que lo encarcelaran bajo acusaciones en contra de su integridad moral. “Yo soy nervioso y estaba desesperado. No iba a salir corriendo, pero sí me preguntaba qué iban a hacer conmigo”. Sintió cierta tranquilidad cuando llegaron a la frontera con Honduras.

Acercamiento de los sacerdotes a la gente sencilla y pobre
Donaciano Alarcón tiene claro que la razón de su expulsión de Nicaragua no fue por haber participado en actos públicos de Semana Santa, sino por haber hablado desde el púlpito sobre la injusticia que está sufriendo el obispo Rolando Álvarez, sentenciado a 26 años de prisión por el régimen sandinista, bajo el cargo de traición a la patria.

“Eso yo no lo podía evitar. Haberme quedado callado hubiera sido como decirle al Espíritu Sato: ‘por tu culpa’. Eso hubiera sido para mí una especie de blasfemia, un acto contra Dios”.

Asegura que detrás de los ataques a la Iglesia católica está el temor del gobierno de Daniel Ortega al poder de convocatoria que tiene la institución, “sobre todo porque en Nicaragua se ha manifestado ese acercamiento de los sacerdotes a la gente sencilla y pobre. Eso aumenta la fe”.

Para el sacerdote, el futuro de Nicaragua es incierto: “No sé lo que sigue. No sé cuál sea el siguiente capítulo. Esto es como una novela que hay que sentarse a verla porque es interesante. Se escucha algo feo que diga que es interesante porque parece que no me doliera lo que está pasando, pero yo sigo pidiéndole a Dios. Incluso, no me gustaría jamás que hubiera una revuelta“, dice.

En los próximos días el sacerdote panameño viajará a Guatemala para recibir órdenes de sus superiores, pero no pierde la esperanza de regresar algún día a Nicaragua para volver a encontrarse a sus feligreses.

Autor: Miroslava López
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Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

El día que dispararon a la Divina Misericordia y asesinaron a dos católicos.


Durante la noche del 13 de julio de 2018, un ataque de paramilitares del régimen de Daniel Ortega causó la muerte de dos jóvenes y dejó varios heridos en la parroquia Divina Misericordia de Managua, Nicaragua. Durante 15 horas, los estudiantes refugiados allí tuvieron que soportar balas de diferentes calibres que pasaban cerca de sus cabezas. 

A pesar del repudio y la solidaridad mundial, el ataque dejó huellas en la iglesia, incluyendo las marcas de los impactos de bala en la imagen de Jesús de la Misericordia, que se ha convertido en un símbolo indeleble de un Cristo que sufre junto al pueblo. 

El cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, lideró una misa de desagravio en la parroquia y ha recordado en visitas posteriores la persecución a los cristianos y los ataques a templos. Desde entonces, la Iglesia de Nicaragua se ha convertido en un ejemplo emblemático de la persecución a los cristianos en América Latina, con hostigamientos que han aumentado en los últimos años y que alcanzaron un punto de inflexión durante la rebelión civil de abril de 2018.

A pesar de los esfuerzos de la Iglesia para mediar en un diálogo por la paz, el régimen de Ortega los calificó de terroristas y golpistas, lo que llevó a un aumento de la persecución. Además, se cerraron medios de comunicación católicos, se expulsó a religiosos y se condenó a monseñor Rolando Álvarez a 26 años de cárcel, lo que ha generado repudio a nivel internacional. Los balazos a la Divina Misericordia son un recordatorio de que la persecución a la Iglesia en Nicaragua va más allá de sus fronteras.

Autor: Redacción CDTF

Dirigentes de distintas denominaciones cristianas denuncian una persecución en Israel contra los cristianos.


En una declaración conjunta de los Patriarcas y Jefes de las Iglesias de Jerusalén, denuncian los problemas que afectan a la vida de los fieles en estos «tiempos tumultuosos» en Israel.

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 Los líderes eclesiásticos de Tierra Santa han denunciado el aumento de incidentes anticristianos, como ataques a lugares santos, escuelas e incluso cortejos fúnebres.

En una declaración conjunta de los Patriarcas y Jefes de las Iglesias de Jerusalén, denuncian los problemas que afectan a la vida de los fieles en estos «tiempos tumultuosos».

En él se afirma: «Como todos hemos visto en los últimos meses, la escalada de violencia ha asolado Tierra Santa. Los cristianos locales, en particular, han sufrido cada vez más adversidades».

El mensaje de Pascua continuaba: «Durante el último año, algunas de nuestras iglesias, procesiones funerarias y lugares de reunión pública se han convertido en blanco de ataques; algunos de nuestros lugares santos y cementerios han sido profanados; y algunas de nuestras antiguas liturgias, como la Procesión del Domingo de Ramos y la Ceremonia del Fuego Sagrado, han sido cerradas a miles de fieles. Todo ello a pesar de nuestros acuerdos de cooperar con las autoridades gobernantes, y de atender cualquier petición razonable que pudieran presentar».

El informe de Ayuda a la Iglesia Necesitada 2022, «¿Perseguidos y olvidados? Informe sobre los cristianos oprimidos por su fe», afirma que en 2021 había 182.000 cristianos en Israel, según su Oficina Central de Estadística. Alrededor del 60% pertenecen a la Iglesia greco-católica melquita.

Mientras que la población cristiana general de Israel está creciendo -aumentando un 1,4 por ciento en 2021-, en los Territorios Palestinos las comunidades cristianas históricas siguen disminuyendo.

Antes de la creación del Estado de Israel en 1948, los cristianos constituían el 18% de la población de Cisjordania, cifra que ahora es inferior al 1%.

Las razones de la emigración son diversas, entre ellas la preocupación por la discriminación en el empleo, los grupos militantes y las restricciones a la circulación provocadas por la barrera de Cisjordania, que genera importantes problemas económicos.

A pesar de todas las dificultades, la declaración conjunta de los Patriarcas y Jefes de las Iglesias de Jerusalén terminaba con una nota esperanzadora: «Mientras perseveremos en estos esfuerzos de buena fe [para cooperar con las autoridades], pedimos a los funcionarios encargados de la supervisión que trabajen de forma cooperativa y colaboren con nosotros, al tiempo que hacemos un llamamiento a la comunidad internacional y a los residentes locales de buena voluntad para que aboguen en nuestro favor, con el fin de ayudar a garantizar la seguridad, el acceso y la libertad religiosa de la comunidad cristiana residente y de los millones de peregrinos cristianos que visitan anualmente Tierra Santa… Sin embargo, al acoger este apoyo, no ponemos finalmente nuestra esperanza en manos de ninguna fuente humana. Ponemos nuestra esperanza última sólo en Dios. Porque a través de la resurrección de Cristo, tenemos la bendita seguridad de la bondadosa providencia del Todopoderoso a través del Espíritu Santo, una fuente de poder divino que es capaz de sostenernos hoy, igual que sostuvo a los primeros cristianos de Jerusalén hace tantos siglos.»

Autor: Filipe d’Avillez

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Fuente: https://es.zenit.org/

«O te exilias o te matan»: la historia de tres sacerdotes nicaragüenses



La persecución a la Iglesia se ha intensificado y los sacerdotes que critican al régimen de Ortega se enfrentan a un posible arresto.

Más de 50 sacerdotes nicaragüenses han pedido refugio en países vecinos y, en los últimos meses, al menos seis párrocos han sido obligados a abandonar su país o a no regresar. La persecución a la Iglesia se ha intensificado y los sacerdotes que hablan en contra del régimen de Ortega se enfrentan a la posibilidad de ser arrestados.

Esta es la situación de la Iglesia en Nicaragua. No se sabe mucho sobre el paradero de estos religiosos, excepto el de tres sacerdotes nicaragüenses exiliados, como Rafael Bermúdez, Erick Díaz y Edwin Román, que han hecho declaraciones a The Pillar.

Rafael Bermúdez

Bermúdez es sacerdote desde hace 26 años y durante la mayor parte de su ministerio ha servido en la Archidiócesis de Managua como párroco. Pero tuvo que exiliarse en 2018 tras ser atacado por paramilitares del gobierno de Daniel Ortega.

«Fui uno de los primeros en exiliarse. La prisión no era opción, te exiliaban o te mataban. En 2018, estallaron las protestas y el Gobierno comenzó a reprimir las marchas, en su mayoría dirigidas por estudiantes, disparando a la gente para matarla», declara Bermúdez.

El sacerdote afirma que «al principio el Gobierno respetaba a la Iglesia, así que fuimos a las prisiones para tratar de ayudar a algunos de los manifestantes». Pero esto se convirtió en terrorismo para el gobierno y empezaron a ser perseguidos.

Después de ser golpeado y amenazado por los paramilitares, su madre le dijo: «Tienes que irte, te quiero vivo, puedes hacer más vivo que muerto». Por eso, huyó del país y se asentó en San Francisco, donde continúa con su labor pastoral. Allí «encontré un amigo sacerdote que me acogió en su parroquia y pude comenzar a celebrar misa, conectarme con la diócesis y ayudar a los nicaragüenses que vienen a Estados Unidos o a Costa Rica a reiniciar sus vidas», declara Bermúdez.

Erick Díaz

Díaz es uno de los sacerdotes más jóvenes exiliados de Nicaragua. Con 33 años, ha sido rector del Seminario Menor San Óscar Romero de Matiguás y párroco en la Parroquia San José Obrero, en Tuma. Lleva en el exilio desde el 23 de agosto de 2022.

«Todo lo que hice fue tratar de ser el sacerdote que pensé que tenía que ser. Estuve cerca de la gente. Estuve cerca del pueblo dándole esperanza en situaciones difíciles, como profetas, que es lo que estamos llamados a ser». Pero, como reconoce, ser profeta en un país como Nicaragua es difícil «porque las palabras de profeta son incómodas».

Erick narra que «un buen Nicodemo me dijo que tenía que huir porque me iban a meter preso, y tenía una hora para tomar una decisión. Tuve que huir con la ropa que llevaba puesta y una pequeña mochila con efectos personales».

"Ser sacerdote no es quedarse callado ante la injusticia y hacerse cómplice". Edwin Román

Primero huyó a Costa Rica, aunque posteriormente ha terminado en Miami; ciudad en la que reconoce que se le han abierto las puertas. Allí «me he sentido bienvenido. Mis hermanos sacerdotes me han ayudado mucho con su fraternidad y oración». Por eso, afirma convencido que «la Iglesia es universal y es la misma dondequiera que vayamos», declara Díaz.

Edwin Román

Román es un sacerdote que fue amenazado por la primera dama –Rosario Murillo, mujer de Ortega– en 2018 mientras visitaba a unos familiares en Estados Unidos, de ahí que ante el peligro evidente que corría su vida, se le aconsejó que no regresara a Nicaragua.

«Vine a Miami por ocho días a visitar a mi familia y mientras estaba aquí, un miembro del parlamento, un periodista y Rosario Murillo me atacaron», relata Román, que ya sentía desde hace tiempo la vigilancia del Gobierno.

El sacerdote ha explicado que ser párroco no consiste en quedarse en la sacristía: «No es quedarse callado ante la injusticia y hacerse cómplice. Ser sacerdote es ser la voz de los que no tienen voz, es ser el pastor que da la vida por su rebaño. Ser sacerdote en Nicaragua es un crimen para la dictadura cuando defiendes a la gente y no le vendes la conciencia a la dictadura».

Edwin se encuentra ahora en la parroquia de Santa Águeda en Miami ayudando a otros nicaragüenses que se encuentran allí. Señala que es un hombre libre y que nunca se arrepentirá «de haber ayudado al pueblo de Nicaragua en su lucha por la libertad y la justicia».

Nicaragua: El silencio del Papa.



Autor: Padre José Francisco Gómez Hinojosa.

Desde diferentes trincheras se ha lanzado un ataque a Francisco de Roma, por su silencio ante lo que sucede en Nicaragua.

Opositores a su conducción de la Iglesia ven en la reserva papal una suerte de complicidad con el régimen de Daniel Ortega. Jorge Mario Bergoglio es tan izquierdista -sostienen- que no puede ir en contra de un proyecto socialistoide como el nica.

Otro frente está compuesto por exjefes de Estado y de Gobierno como Vicente Fox, Sebastián Piñera, José María Aznar y Álvaro Uribe. Lamentando lo que sucede en el país centroamericano, esperarían de Francisco “una firme postura”.

Un tercer sector, menos crítico pero igualmente perplejo, y representado por curas, consagrados y laicos nicaragüenses, se asombra del mutismo vaticano. Estos grupos, más que reclamar el sigilo del Papa, solicitan una clara posición frente a la dictadura de Ortega-Murillo.

¿Por qué, entonces, Bergoglio no se pronuncia para denunciar esa dictadura y para apoyar a su episcopado, que ya sufre no sólo la persecución sino la cárcel?

Quienes defienden la estrategia de Francisco anotan que sí ha habido pronunciamientos oficiales: Juan Antonio Cruz Serrano, observador permanente del Vaticano ante la OEA, manifestó durante una sesión extraordinaria del Consejo Permanente la preocupación de la Santa Sede por lo que sucede en la tierra de Rubén Darío y Augusto César Sandino. Rodrigo Guerra, secretario del Pontificio Consejo para América Latina, califica la actitud de Bergoglio como un “silencio orante“, que se romperá en el ángelus de hoy. Ojalá.

Lo cierto es que se esperaba del Papa una defensa más proactiva de su clero y de sus fieles, junto a una censura férrea del nuevo Somoza. ¿Por qué no lo ha hecho? Yo veo dos posibles razones.

La primera, interna a la Iglesia Católica, es que quizá Francisco de Roma no sienta muy unido a los obispos de esa nación. No parecen unánimes en sus protestas contra Ortega, y el mensaje del cardenal Brenes, en el que afirma haber hablado con el arrestado obispo Álvarez, no incluye ni siquiera una sola palabra de inconformidad con el hecho.

La otra, de tipo diplomático, se sustentaría en la tesis de que una declaración institucional, reprochando la persecución oficial en contra de la jerarquía, pudiera exacerbar ese hostigamiento, empeorando la situación en vez de mejorarla.

No creo, en conclusión, que a Bergoglio no le interese lo que pasa, ni que sólo esté rezando para que termine este acoso. El citado Rodrigo Guerra dijo que “se esta trabajando en otros planos”. Veremos.

Quién es Rolando Álvarez, el obispo que desafía el asedio del régimen de Daniel Ortega


Con Jesús Sacramentado en sus manos, salió a la calle a encarar a los policías nicaragüenses que con patrullas y armas de guerra sitiaban su vivienda. “Esta es una batalla entre el bien y el mal”, proclamó

Monseñor Rolando Álvarez encontró una fila de policías antimotines amenazantes, con escudos, cascos y cachiporras en mano, bloqueando el portón de su casa cuando intentó salir, la tarde de este jueves, para oficiar la misa de las cuatro en la Catedral.

“Las autoridades superiores no han dado permiso”, dijo en un video improvisado para explicar a los feligreses de Matagalpa su ausencia en la misa a la que el mismo había convocado por la mañana. “Nos encontramos aquí seis sacerdotes y seis laicos que nos tienen encerrados en la curia episcopal. Aquí vamos a permanecer sin irrespetar a la Policía, nunca la hemos irrespetado”.

El religioso se cruzó de brazos frente a los antimotines y cantó: “Tú eres mi hermano del alma, realmente mi amigo…”

Álvarez es obispo de la Diócesis de Matagalpa y una de las voces más críticas de la jerarquía católica de Nicaragua. Sus sermones frecuentemente fustigan la violación a los derechos humanos, la persecución religiosa y los abusos de poder.

Tanto Daniel Ortega como Rosario Murillo acusan a la iglesia Católica de Nicaragua de apoyar la rebelión ciudadana que comenzó en abril de 2018, la que califican de “intento de golpe de Estado”, y mantienen un asedio constante contra algunos sacerdotes y obispos. Álvarez es uno de los rostros más visibles. Y perseguidos.

Este lunes, el régimen de Ortega ordenó el cierre de siete emisoras católicas de la diócesis de Matagalpa, y fuerzas de la Policía asaltaron la capilla Niño Jesús de Praga, de la ciudad de Sébaco, con la intención de incautar el equipo de la radio católica que ahí funcionaba.

El párroco de Sébaco, sacerdote Uriel Vallejos, se vio obligado a refugiarse en la casa cural, donde permaneció sitiado hasta la noche del miércoles. Otro contingente de policías cercó la vivienda de monseñor Álvarez en Matagalpa.

Según un recuento de la investigadora nicaragüense, la abogada Martha Patricia Molina, la iglesia Católica de Nicaragua ha sufrido, hasta esta semana, más de 250 agresiones de parte del régimen de Daniel Ortega y sus simpatizantes, entre las que cuentan golpizas a sacerdotes, profanaciones a templos, ataques armados, quemas y asedio, entre otras.

En mayo de este año, Álvarez denunció en un video la “persecución” que sufría de parte del régimen sandinista y anunció un ayuno indefinido “a agua y suero” hasta que cesara el acoso.

“Hoy he sido perseguido durante todo el día por la policía sandinista” afirmó el obispo de Matagalpa en el video y relató que al preguntarles a los agentes el motivo de la persecución “me han informado que ellos obedecen órdenes” y que lo hacían por su seguridad. “Los que nos hacen sentir inseguros con esa persecución son ustedes, hermanos policías”, les habría dicho Álvarez, según su testimonio.

Este jueves, a la siete de la mañana, monseñor Álvarez, puso de nuevo en jaque a los policías que lo asedian. Cargando la imagen del Jesús sacramentado, y vestido con los ornamentos sagrados de su culto, salió a la calle a rezar y encarar a sus perseguidores. En el video, grabado por algunos de sus ayudantes, se ve cómo coloca la imagen religiosa frente a varios agentes y jefes policiales, que retroceden incómodos. “Esta es una batalla entre el bien y el mal”, proclamó.

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, 55 años, nació en Managua en un hogar cristiano, donde el padre era obrero y la madre vendía atol. Desde niño mostró vocación por el sacerdocio y sus hermanos lo recuerdan agrupando a la familia en casa para celebrar misa como “el padre Miguel”, según un relato de la hermana mayor, Vilma Álvarez, a la revista Magazine, del diario La Prensa.

Durante los años 80, se negó a prestar el servicio militar obligatorio que exigía la revolución sandinista a los jóvenes. “Como dos o tres veces se lo llevaron preso. Y las veces que se lo llevaban llegaban a catear la casa. Nos dejaban todo alborotado. Era mucho dolor y sufrimiento ver lo que hacían... Él nunca se involucró en la política, solo en la religión”, relata su hermana.

Para ponerse a salvo huyó a Guatemala, donde vivió como refugiado. “Creo que nosotros pertenecimos a una generación de jóvenes que nos tocó conquistar a precio de persecución y dolor nuestra libertad”, relató a la revista de La Prensa. En Guatemala toma la decisión de ingresar al seminario católico.

A los 20 años, con una novia que pensaba podría ser su esposa, enfrentó el dilema de su vida dilema. Un año le llevó resolver “si Dios lo estaba llamando a la Iglesia para casarse o para casar a los demás”. En diciembre de 1994 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Managua. Tenía 28 años. “Era un sueño, una ilusión a la que finalmente el Señor me había llevado”, dice. El 2 de abril de 2011 asumió la jefatura de la Diócesis de Matagalpa.

A monseñor Álvarez se le ha visto visitando comunidades remotas a lomo de caballo, cocinando, lampaceando pisos o bailando en alguna actividad religiosa.

En mayo de 2018, Álvarez integró el equipo del Conferencia Episcopal que sirvió de testigo y mediador en el primer Diálogo Nacional entre el régimen de Daniel Ortega y la oposición. En ese momento, Nicaragua vivía días de una rebelión cívica que prácticamente habían paralizado el país con más de cien barricadas (tranques) en calles y carreteras y constantes marchas multitudinarias de protestas que llegaron a exigir la renuncia de Ortega.

“El diálogo nacional tiene un solo fin: el cambio. El cambio es inevitable, no hay otro camino, no hay otra finalidad. El cambio viene y con él la democratización de la República de Nicaragua”, precisó el obispo poco antes de que las partes se sentaran en la mesa de negociación.

Ortega utilizó el diálogo para coger un segundo aire, y organizar una sangrienta represión con armas de guerras y efectivos militares y paramilitares para desmontar las protestas. 355 muertos calcula la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se produjeron en esas jornadas violentas.

En marzo del siguiente año se realizó el segundo diálogo nacional, pero esta vez el régimen de Ortega vetó la posición de testigo y mediador del obispo Álvarez. La iglesia Católica estuvo representada en esa ocasión solo por el cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, y el Nuncio Apostólico Stanislaw Sommertag.

“Cómo se atreve este mal llamado sacerdote (monseñor Álvarez) a explicar lo que debe ser un diálogo entre nicaragüenses si él, violentando los consejos del propio Jesús El Cristo de amaos los unos a los otros, más bien envió a las hordas antidiálogo a masacrar al pueblo en las rotondas con sus temibles barricadas y sus temibles turbas enmascaradas”, descalificó en septiembre de 2018, el oficialista periódico 19 Digital.

El segundo diálogo también fracasó y el régimen mantiene desde entonces la campaña de acoso y persecución contra los obispos y sacerdotes que considera que apoyaron la rebelión ciudadana de 2018.

La Curia Episcopal de Matagalpa, donde vive monseñor Álvarez, permanece sitiada por un inusual número de patrullas y agentes policiales que portan armas de guerra. Tanto algunos diputados oficialistas como Rosario Murillo insinuaron este viernes que el obispo podría ser apresado bajo cargos de “incitación a la violencia”.

“Siempre la vía de circulación frente a nuestra curia se encuentra cerrada y bloqueada por la Policía Nacional, y la puerta principal, como el garaje de salida, igualmente bloqueada por los antimotines. Sin embargo, aun en esta situación nosotros mantenemos nuestra alegría, nuestra fuerza y nuestra paz interior, y seguimos manifestándole al mundo, que gracias al espíritu santo somos hombres y mujeres con capacidad de diálogo, de concordia, de entendimiento, de reconciliación, de amistad, de fraternidad, de libertad, de paz”, proclamó el sacerdote en una homilía que improvisó desde su reclusión y trasmitió por el canal de la Diócesis.

“Les llamamos a mantener viva la esperanza, el señor restaurará a Nicaragua y, retenido por las fuerzas policiales, estamos queriendo, desde nuestras pobres y limitadas fuerzas, cargar con esta cruz”, concluyó.

Se profundiza la cruel persecución de Daniel Ortega contra la Iglesia en Nicaragua



La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE) condenaron este miércoles "el cierre arbitrario" de siete radioemisoras católicas en Nicaragua, así como el ingreso violento de policías en una parroquia.

"#CIDH y @RELE_CIDH condenan el cierre arbitrario de 7 radioemisoras católicas de la Diócesis de Matagalpa en Nicaragua; y el ingreso violento de la Policía en la capilla Niño Jesús de Praga el primero de agosto, de donde se habrían llevado equipos de radio y televisión", señaló ese organismo autónomo de la OEA en un tuit.


La CIDH y la RELE pidieron al Estado de Nicaragua "cesar los constantes ataques contra la Iglesia católica" y "abstenerse de utilizar sus facultades en materia de telecomunicaciones como medida para limitar o impedir la circulación de información, ideas y opiniones".


El Gobierno del presidente Daniel Ortega, a través del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), ordenó el lunes el cierre de ocho emisoras católicas, en medio de roces del Ejecutivo con la Iglesia católica.

Las emisoras afectadas son Radio Hermanos, Radio Nuestra Señora de Lourdes, Radio Nuestra Señora de Fátima, Radio Alliens, Radio Monte Carmelo, Radio San José, Radio Católica de Sébaco, y Radio Santa Lucía, administradas por la Diócesis de Matagalpa (norte), que dirige el obispo Rolando Álvarez, uno de los más fuertes críticos del presidente Ortega.

Telcor, ente regulador del sector, también canceló la licencia a la emisora privada Radio Vos, de corte comunitaria y feminista, que se transmitía en frecuencia modulada (FM) en el departamento de Matagalpa.

Además ordenó sacar del aire al canal local RB 3 "El Canal de la Zona Láctea", cuya programación era transmitida a través televisión por suscripción en Matagalpa, bajo el argumento de que "no cuenta con autorización de este Ente Regulador para operar como un canal de contenido local".

EE.UU. critica el "brutal ataque" contra el clero

Por su lado, el principal encargado del Departamento de Estado de EE.UU. para Latinoamérica, Brian Nichols, dijo en un tuit que "el brutal ataque de Ortega-Murillo contra el clero católico, instalaciones radiales y miembros de la comunidad en (el municipio de) Sébaco es otro golpe a las libertades de religión y expresión en Nicaragua".

"¿Cómo pueden hombres y mujeres de uniforme (muchos gente de fe) ejecutar tales órdenes?", preguntó el diplomático estadounidense.

La Policía de Nicaragua ingresó desde la noche del lunes a la fuerza a la parroquia Divina Misericordia con el fin de apropiarse de los equipos de una de ocho emisoras católicas cerradas por las autoridades.

Los agentes policiales mantienen ocupada esa parroquia y dentro de un dormitorio se encuentra recluido el sacerdote Uriel Vallejos, quien, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), ha empeorado sus condiciones después de que se le cortara el suministro eléctrico y sus alimentos están casi agotados, informó este miércoles el no gubernamental Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

“Alerta. El padre Uriel Vallejos y un grupo de personas se encuentran encerrados desde hace 2 días en la casa cural de la (parroquia) Divina Misericordia en Sébaco, no tienen luz eléctrica, ya casi no tienen comida, y están rodeados por policías armados”, detalló el Cenidh, en sus redes sociales.

Vallejos y sus colaboradores quedaron encerrados en los terrenos del templo, ubicado 101 kilómetros al norte de Managua, cuando un grupo de policías ingresó por la fuerza, la noche del lunes, para apropiarse de los equipos de una radio cerrada por las autoridades.

Hasta ahora la Policía no ha penetrado a la habitación donde se encuentran, pero tampoco los ha dejado salir. Se desconoce si el grupo tiene acceso a agua o si tiene disponible un baño.

Estremecedora crónica de la salvaje persecución de cristianos en Etiopía


 


ESTREMECEDORA CRÓNICA DE LA SALVAJE PERSECUCIÓN DE CRISTIANOS EN ETIOPÍA
Por Jesus Colina

El misionero Christopher Hartley revela detalles de los ataques que acabaron con la vida de 15 sacerdotes y 50 fieles.

Los primeros días del pasado mes de agosto fueron testigos de la salvaje violencia desatada por las milicias paramilitares Liyu, de religión musulmana, contra los cristianos en la ciudad de Jijiga y la región de la que es capital, Somali, en el sudeste de Etiopía.

En los ataques, perdieron la vida 15 sacerdotes ortodoxos (cuatro de ellos quemados vivos), así como 50 fieles. El trágico balance cuenta además 10 iglesias quemadas o destruidas, así como 20 mil personas desplazadas.

El sacerdote anglo-español Christopher Hartley, misionero en Etiopía, narra ahora en esta estremecedora carta la devastadora persecución que vivió su comunidad.

Era el 4 de agosto de este 2018… y serían más o menos las 9:30 de la mañana… Un día más, un día cualquiera en la vida de la misión. Y sin embargo, sería un día que se recordará para siempre en la misión, como el día de la infamia, en la memoria colectiva de este maltrecho pueblo etíope.

El día había amanecido soleado y abrasador – ¡como siempre! – y ya a esa hora el sol apretaba sobre el caleidoscopio variopinto de las interminables planchas de cinc, de las casuchas apelmazadas y amontonadas sin orden, de las callejuelas de Gode.

Me dirigía al pequeño aeropuerto de nuestra localidad en compañía de un buen amigo sacerdote español, que marchaba de vuelta después de haber compartido con nosotros algunos días la vida de la misión.

Mientras le veía caminar hacia el avión bimotor de Ethiopian Airlines, desde la destartalada terminal de nuestro aeropuerto, – con mucho más de chiringuito que de terminal -, me di la vuelta y de nuevo en mi camioneta, volví a la misión.

Era un día más en la vida de la misión con su entretejido de pequeñas tareas, aparentemente intrascendentes, como puñados de semillitas pequeñas de mostaza que, arrojadas tenazmente hacia el viento, con esperanza terca, nos prometía una fecunda cosecha evangélica para este sufrido pueblo somalí.

Estalla el horror
No llevaría yo en la misión ni cuarenta y cinco minutos, cuando sonó mi teléfono… al principio no lograba entender lo que la chica me decía entre lloros y gritos desesperados. Por fin, descifré que decía: “¡padre, nos van a matar, están apedreando a los cristianos y quemando las casas de los cristianos! ¡Venga a buscarnos, venga a buscarnos!”.

Y sin pensarlos dos veces, me fui a la ciudad a buscar a las dos mujeres, trabajadoras de nuestra “caritas diocesana”. No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar por el camino, el peligro que correríamos, lo que nos podría pasar…

Llegamos a su pequeña oficina, nos esperaban ambas a la puerta con su petate al hombro, se subieron de un brinco, y regresamos a la misión a toda velocidad. Allí, los demás voluntarios, estaban en la capilla rezando el santo rosario, pidiendo por nuestra seguridad y por la paz.

Veíamos aterrorizados las columnas de humo que se levantaban al cielo desde diferentes puntos de la ciudad, especialmente donde se encontraba la parcela de la iglesia ortodoxa.

Terror en toda la región
 
Mientras, el teléfono no dejaba de sonar, informándonos de que estos mismos acontecimientos se sucedían en todas las otras ciudades de la región somalí de Etiopía, con especial virulencia en Jijiga, capital de nuestra región.

A media tarde me llamó el obispo, para contarme todo cuanto les había pasado a ellos en Jijiga, mientras bendecían una capilla recientemente edificado, con enorme sacrificio, por el párroco.

Cuando ya anochecía, y debido a las múltiples peticiones de ayuda que nos llegaban del director regional del hospital de Gode, decidimos cargar una buena cantidad de medicinas en las camionetas, y nos fuimos al hospital para colaborar con médicos y enfermeras, en las curas y primeros auxilios de los heridos.

Al volver a la misión, nos encontramos que muchos cristianos —católicos y ortodoxos– habían llegado por sus propios medios hasta nuestra casa pidiendo refugio.

Mientras algunos de nosotros convertíamos las aulas de nuestra escuela en dormitorios en un incesante trasiego de pupitres y escritorios que salían y camas, colchones, almohadas, sábanas que llegaban para convertir las clases en improvisados refugios para estas pobres gentes… Otros se afanaban en la cocina, preparando calderos de comida que ofrecer a nuestros inesperados huéspedes…

Entrada ya la noche, nos fuimos todos a la capilla, expuse el Santísimo Sacramento, Cristo vivo en la Eucaristía y oramos con enorme intensidad, sobrecogidos por una confluencia de emociones hondas, difícilmente traducibles a la pobre palabra humana… miedo, tristeza, fraternidad, incertidumbre, experiencia de Evangelio, angustia… Palabras mil veces escuchadas y pocas veces tomadas en serio: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida…”. “No tengáis miedo, yo estoy con vosotros…”. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…”. “Este ha sido puesto para que muchos caigan y se levanten…”.

Leímos reposadamente – en inglés, español y amhárico – el capítulo seis de san Juan, lo comentamos entre todos mientras los refugiados compartían entre lágrimas los miedos y las angustias que habían vivido esa mañana…


Odio desencadenado

Mientras cenábamos nos dieron más detalles de como hordas de musulmanes, cegados por el odio y la venganza entraron en las casas de los cristianos, calle por calle, casa por casa, apaleando a hombres y mujeres, moliéndolos a golpes, apedreándoles, propinando machetazos y patadas… los mismo a hombres que mujeres, niños pequeños y ancianos, mientras arrancaban puertas y ventanas, se dedicaban al pillaje, robaban lo que podían y destruían reduciendo a un montón informe de escombros, los pobres enseres de las familias cristianas.

Miles de cristianos corrieron despavoridos. Los que no vinieron a nuestra casa, se escondieron en el perímetro de la iglesia ortodoxa; otro grupo numeroso logró llegar al destacamento militar del ejército federal.

Mientras, bandadas de musulmanes recorrían a modo de patrullas las calles, buscando más cristianos que matar o apalear; más tiendas y negocios de cristianos que destruir, robar y vandalizar…

Esa noche del 4 de agosto de 2018, Gode quedó sumido en el terror.

Jamás, en mis once años de misión por estos secarrales africanos, habían visto mis ojos nada igual… Gode, la región somalí, nunca volvería a ser lo mismo.

Al amanecer del día siguiente recorrí sobrecogido las callejuelas de la ciudad, iba sorteando vehículos calcinados, sillas rotas, televisiones destripadas, ropas hechas jirones, piedras por doquier… parecía que al barrio cristiano lo había sacudido un terremoto y en realidad así había sido, un terremoto humano, el terremoto del odio hacia los cristianos.


Traumatizados para siempre
 
Para siempre quedarán en mi memoria los gritos que por teléfono escuchaba de nuestro pobre enfermero católico, que me pedía que fuese a buscarlo. Para siempre recordaré el dilema que me atenazaba el alma, sin saber yo qué hacer… de un lado, le quería ayudar a toda costa, aún a riesgo de mi vida, por otro lado, pensaba en la responsabilidad que tenía frente a tantas personas de las que yo era responsable; pensaba qué sería de ellas si les faltase la cabeza, el pastor.

Por pura gracia de Dios, nuestro enfermero (omito todos los nombres por motivos de seguridad) consiguió saltar la tapia y ocultarse en la casa de los vecinos mientras una banda de jóvenes musulmanes tiraba abajo la puerta de su habitación a patadas, lo revolvía todo y le robaban todas sus pertenecías de valor. A la mañana siguiente logramos llegar hasta él y le trajimos con nosotros.

Nunca ha vuelto este hombre a ser la misma persona. Como tantos otros cristianos, ha quedado profundamente traumatizado por lo que sus ojos han visto, por la experiencia vivida. Ya no sonríe como antes… sencillamente no es la misma persona.

Me acerqué a la iglesia ortodoxa para interesarme por la situación de los sacerdotes y los cientos de familias que allí se habían refugiado entre el templo y la escuela. Al ir a darle un abrazo al sacerdote, en el instante que le toqué la espalda dio un salto y un grito de dolor. Quedé asombrado y me explicó que los musulmanes que habían asaltado su recinto con la intención de quemar la iglesia hasta sus cimientos, como ya habían hecho en Jijiga, Dehabur, Kebre Deher… le apedrearon y molieron a palos.

Sin pensármelo dos veces, le obligué a subirse a mi camioneta y le llevé al hospital para que le hiciesen un examen general y radiografías. Estaba tan traumatizado y aterrorizado, que no se había atrevido él a ir por su cuenta, por más que le insistieron sus feligreses. Estaba en estado de shock solo de pensar que tenía que salir a la calle y que de nuevo las bandadas de musulmanes le volviesen a atacar.

Regresamos a mi casa él y yo, le dimos de cenar, le facilitamos las medicinas que le habían recetado y una misionera le dio una sesión de fisioterapia; de allí regresamos a su casa… o lo que quedaba de ella…

Eran tantos los refugiados cristianos que se arremolinaban en torno a la iglesia ortodoxa, hambrientos, sedientos, enfermos, asustados, sin nada para pasar la noche más que los jirones de ropa que llevaban puestos que, en nombre de la Iglesia católica, pagamos la comida y el agua de los casi quinientos refugiados. Eran nuestros hermanos… “a Mí me lo hiciste…”

Durante los días en que los refugiados permanecieron con nosotros, tratamos de ayudarles a arreglar sus casas, armados de serruchos, clavos y martillos; compramos los enseres básicos para que pudiesen comenzar de nuevo su vida y les regalamos una compra de comida a cada uno, gracias sobre todo a la generosidad de Cáritas de Toledo.

El grito de las víctimas todavía hoy resuena

Aún me resuenan en los oídos los gritos y llantos de los niños más pequeños, que nos contaban, con su lengua de trapo, cómo los musulmanes les habían golpeado, a ellos y a sus madres, cómo las habían empujado al suelo, dado patadas –arrastraron a sus madres por el suelo tirándolas del pelo y arrancaron violentamente su ropa…–.

Incluso supimos de mujeres que habían sido salvajemente violadas.
 
Las noticias que nos llegaban de Jijiga eran igualmente terribles. Si bien el gobierno había cortado las comunicaciones por internet y suspendido los vuelos a la región, dejándonos aislados, los teléfonos aún funcionaban. Gracias a ello pude estar en comunicación constante con el obispo, que aún seguía atrapado en Jijiga.

En Jijiga, me contaba el obispo que habían matado a varios sacerdotes y diáconos ortodoxos, quemado las iglesias, desacralizado y profanado los lugares de culto. Nos contaban que habían sido tantos los cristianos asesinados, que las excavadoras cargaban los cadáveres en camiones y los tiraban a las afueras de la ciudad para que se los comieran las hienas…

El obispo, que había ido a Jijiga para el día, hubo de quedarse allí cinco días, hasta que por fin las tropas del ejército federal lograron penetrar el cerco de las fuerzas paramilitares somalíes, logrando abrir un corredor humanitario.

Esta crónica mía de lo sucedido es sobria y breve, os lo aseguro.

Lecciones de vida
 
Me doy cuenta de que una cosa es leer las noticias de las atrocidades que a diario cometen los musulmanes contra los cristianos, porque sencillamente nos odian, y cosa muy diferente es ser parte de la noticia, “estar dentro de la noticia”, verlo con tus ojos, sufrirlo en tu carne y en tu espíritu.

Creo que después de vivir estos sucesos, nunca se vuelve a ser la misma persona…

Y sin embargo, se aprenden muchas lecciones de vida…

He aprendido que Cristo está vivo.

Que es un honor y un privilegio del todo inmerecido sufrir y morir por amor a Jesucristo.

Que la vida se pasa en un vuelo, como esa mañana de ese 4 de agosto, donde a las 10 de la mañana todo es paz y tranquilidad y a las 11, morían tantos cristianos por el simple delito de “ser de Cristo”, de ser la Iglesia.

He aprendido la importancia de estar preparado, de vivir siempre en la gracia del Señor, de tener la lámpara encendida; que a la hora que uno menos lo espera “llega el Esposo”.

He aprendido que la vida pasa en un vuelo: “una mala noche en una mala posada” decía la gran Santa Teresa de Jesús y que de nada sirve decir tantas veces como decimos en la liturgia divina: “¡Maran athá, Maran atha, Maran atha…!” Si en el fondo no esperamos al Señor con el hatillo al hombro y “la cintura ceñida…”.

He aprendido que para nadie es el martirio una posibilidad tan real como para los misioneros. Esos extraños hombres y mujeres, de corazón inquieto y desasosegados, perdidos en las periferias y trincheras del primer anuncio evangélico.

He aprendido la importancia fontal que para un sacerdote misionero tiene el vínculo con su obispo. Al día siguiente del ataque, logré hablar con España con mi obispo, el arzobispo de Toledo, Don Braulio Rodríguez Plaza. Hasta ese momento estaba yo atenazado por la angustia, por la emoción de todo lo vivido, estaba lleno de dudas, sin saber qué hacer… hablé mucho rato con él… no sé bien cómo explicarlo, me dio mucha paz la serenidad de sus palabras y la sabiduría de sus consejos. Sentí que no estaba solo, que estaba entroncado por él con los apóstoles, con la Iglesia… ¡injertado en Cristo! Que yo no estaba ni solo, ni peleando batallas por mi cuenta. Me sentí “reenviado” por Cristo y por la Iglesia. Desde ese momento algo cambió en mi corazón y en mi disposición pastoral y misionera.

He aprendido tanto del heroísmo del obispo de nuestro vicariato, monseñor Angelo Pagano, O.F.M. Cap. Fue él quien nos inspiró a todos durante esos días. No sobre todo con discursos elocuentes o de simple “sabiduría humana”, sino por animarnos con su ejemplo a abrazarnos a la cruz, por su disposición a no abandonar su grey pasara lo que le pasara y aún a riesgo de perder su vida. Es una gracia inmensa para mí colaborar con tan buen pastor y padre.

Rezad por nosotros ¡No nos abandonéis! Orad por nosotros, ayudadnos con los donativos que podáis a que sigamos ayudando donde el Cuerpo de Cristo vuelve a ser crucificado en la carne de los cristianos.

Nada más, mis queridos amigos; a todos os damos las gracias en nombre de tanta gente pobre que no pueden hacerlo por sí mismos. Le pido a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, Madre de los misioneros y Madre de los pobres, que a todos nos cubra con su manto bendito.

Ante el Sagrario de la misión oramos cada día por todos vosotros.

Padre Christopher Hartley

Es posible colaborar con la misión que dirige el padre Christopher Hartley a través de la página web oficial: http://www.missionmercy.org/colabora/

Fuente, Aleteia

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Periodista Católica sufre persecución en Reino Unido. Podría ir a prisión por emplear pronombre "Equivocado" sobre una persona transexual


PERIODISTA CATÓLICA SUFRE PERSECUCIÓN EN REINO UNIDO. PODRÍA IR A PRISIÓN POR EMPLEAR PRONOMBRE "EQUIVOCADO" SOBRE UNA PERSONA TRANSEXUAL

Londres (Gaudium Press) Una periodista católica en Inglaterra denunció haber sido contactada por la policía por haber empleado el pronombre "equivocado" para referirse a una persona que se identifica como "transgénero" en una publicación en la red social Twitter. La posible infracción a la Ley de Comunicaciones Maliciosas de 2003 podría significarle una sentencia de hasta seis meses de prisión.

Un comentario en Twitter podría ser interpretado como una infracción a la ley y podría ser castigado con prisión hasta de seis meses."Esto es bastante orwelliano y bastante espantoso", declaró Caroline Farrow, quien es una mujer católica, madre de cinco hijos y colaboradora de EWTN, LifeSite y Catholic Universe. "Trato en todo tiempo de ser educada en Twitter, pero es mi creencia tanto en una base religiosa como científica que uno no puede cambiar el sexo en el que ha nacido".

Otro aspecto complejo de la indagación policial es que la supuesta infracción se habría cometido en octubre de 2018. "La cosa es que yo no puedo ni siquiera recordar lo que dije. Mis tweets se borran automáticamente cada dos semanas, así que ellos están investigando por tweets que han sido borrados pero que causaron ofensa". Aparentemente la denunciante retiró su queja el pasado 20 de marzo, pero la policía continuó las indagaciones. "Esta es una cacería de brujas pública", se lamentó Farrow.

La policía de Surrey confirmó en un comunicado que sí se encuentra investigando a Farrow a causa de sus publicaciones en Twitter. "Recibimos una denuncia el 15 de octubre de 2018 en relación a un número de tweets que fueron publicados en octubre de 2018", declararon las autoridades. "Una investigación exhaustiva está siendo realizada para establecer si algunas ofensas criminales han tenido lugar. A una mujer de 44 años se le ha pedido asistir a una entrevista voluntaria en relación a la denuncia como parte de nuestra investigación continua".

Fuente: es.gaudiumpress.org con información de uCatholic

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La persecución ha comenzado. En Francia han profanado una docena de Iglesias en la última semana


LA PERSECUCIÓN HA COMENZADO. EN FRANCIA HAN PROFANADO UNA DOCENA DE IGLESIAS EN LA ÚLTIMA SEMANA.

En distintos puntos de Francia, víctimas del vandalismo anticristiano más palmario.

Un ejemplo claro es el de la parroquia de nuestra señora de los niños de la ciudad de nimes, en el sur Francia, cuyo templo fue profanado gravemente. desconocidos pintaron en su interior una cruz con excrementos humanos, saquearon el altar, destrozaron el sagrario y robaron las hostias consagradas, que fueron encontradas horas después entre montones de basura.

Así mismo la iglesia de dijo, en el este del país, sufrió el saqueo del altar mayor y las hostias fueron extraídas también del tabernáculo, esparcidas por el suelo y pisoteadas. lo mismo ocurrió en varias iglesias de la periferia de parís.

Sin tener un origen religioso o cultural particular, las profanaciones de la última semana tienen un carácter anticristiano evidente. ebrios de un odio feroz, los vándalos desean dar a sus actos una clara dimensión antirreligiosa.

La jerarquía religiosa ha preferido guardar púdico silencio. la policía está convencida del carácter criminal de esta acción, el pasado domingo, poco después de la misa de doce, con el templo ya vacío. un sacerdote de la parroquia vio en días pasados a un individuo que prendía fuego a maderas en las inmediaciones, pero no dio importancia al incidente sin aparente trascendencia. la policía busca al posible sospechoso.

Fuente, radiomariacol.org

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Hablemos de persecución


HABLEMOS DE PERSECUCIÓN
Por Myriam Ponce 

No se puede esperar, viviendo el Evangelio, que todo a nuestro alrededor pinte bien. Muchas veces, la sed de poder y los intereses del mundo no apoyan una vida de Fe. San Juan Pablo II decía que nuestra sociedad, en sus formas de organización social, de producción y de consumo, hace más difícil la realización de una donación de nosotros mismos hacia la formación de una solidaridad interhumana. Vivimos en una sociedad atrapada en la trama política, mediática, económica, cultural e incluso religiosa que impide un auténtico desarrollo humano y social, en el que es difícil vivir las bienaventuranzas.

Jesús mismo decía que el camino de fe era uno contracorriente, hasta el punto de cuestionarnos nuestra propia existencia. Por eso mismo, muchos creyentes alrededor del mundo son perseguidos; sencillamente por haber luchado por la justicia y haber hecho un compromiso con Dios y con los demás. Hablamos de persecuciones inevitables, los Apóstoles lo vivieron, … el mismo Cristo lo vivió, porque no es fácil declarar la verdad frente a un mundo cegado por la mentira.

Las persecuciones no son una realidad del pasado, son un hecho actual. Hoy, muchos fieles sufren en todo el mundo, de manera cruel y cada día surgen más mártires contemporáneos.

1 de cada 12 cristianos, a nivel mundial, ha experimentado un alto nivel de persecución por su fe. (OpenDoors.org)
En los últimos años, cerca de 200 millones de cristianos han sido perseguidos, no por conflictos bélicos, no por falta de recursos, no por problemas delictivos, sino por su fe. En el 2018, según la lista reportada por la misma organización, 3,066 cristianos fueron asesinados, 1,252 secuestrados y 793 Iglesias fueron atacas en el mundo. Esto sólo refuerza el hecho de que la fe cristina sigue siendo la más perseguida.

¿Por qué los cristianos son perseguidos?

Hay numerosas razones. En algunos países, los gobiernos autoritarios son los que lideran estas injusticias. Este es el caso de Corea del Norte y otros países comunistas, donde los gobiernos buscan controlar todo pensamiento y expresión religiosos como parte de un plan integral para controlar todos los aspectos de la vida política y cívica de sus habitantes.

Estos gobiernos, ven en la cristiandad, un movimiento religioso que “atenta” contra sus fines políticos e incluso llegan a prohibir su práctica.

Una segunda razón es la pérdida o falta de derechos humanos básicos. La libertad de religión, como todas las libertades de pensamiento y expresión, muchas veces es violada, olvidando que nuestras creencias ayudan a definir quiénes somos y sirven como base para contribuir a la construcción de nuestra sociedad. Se les olvida que todo ser humano tiene el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, por encima de todo gobierno o constitución.

Otra causa es la hostilidad hacia grupos religiosos no tradicionales o minoritarios, que resulta en países donde otras religiones constituyen la mayoría y superan, por mucho, a los cristianos.

A pesar de esto, no debemos olvidar que…
Aunque se espera que la persecución se incremente en los próximos años, debemos confiar en que esto es un fenómeno teológico, la misma Biblia lo dice.

Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. (Mateo 5, 10-11)
Además, es en los momentos de tribulación cuando se forjan los Santos. Pues la cruz, sobre todos los cansancios y dolores de la vida diaria, es nuestro signo de maduración y de santificación.

Muchos cristianos en todo el mundo, siendo víctimas, han dado ejemplo de esto, reafirmando que la santidad de la actualidad residirá en los laicos.

La lucha ya fue ganada
A pesar de que no hay respuestas fáciles sobre por qué Dios permite que sus seguidores enfrenten el sufrimiento, si hay certeza de algo, Dios tiene el control y, por lo tanto, el fin último será un bien.

Cuando los tiempos se ponen difíciles, en nuestra necesidad y humildad, nos descubrimos más cerca de Dios. Los cristianos que han sufrido persecución por su fe lo saben bien.
Él es capaz de dar valor, paz e incluso alegría en medio de la tribulación. Como prueba de ello, aún en las tormentas, muchos fieles descubren el amor de Dios en la pequeñez.

A nosotros, quienes podemos ejercer nuestra fe en libertad, nos toca Orar por ellos, por su salvación y su santificación, confiando en que la recompensa es eterna, no terrena.

Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. (Mateo 5, 12)

Para más información sobre estadísticas de persecución cristiana a nivel global, visita: www.opendoorsusa.org

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