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“El Concilio Vaticano II es un acto absoluto de la Providencia”: Padre Juan María Laboa



A Laboa no le hace falta repartir tarjetas de presentación ni que le avale un honoris causa para apreciar que uno habla con el Historiador de la Iglesia (con mayúscula, si quieren darle brillo). Aunque sus análisis del ayer y el hoy se rubrican en argumentario de mate indeleble. Juan María está convencido de que llegas a una edad en la que el mismo retrato fotográfico te vale para una década o la siguiente, con solo unas arrugas como variable.

De igual manera, su memoria permanece intacta para traer al presente escenas del arranque del Vaticano II, que vivió en primera persona como estudiante en Roma. “Juan XXIII no buscaba convocar un Concilio en el sentido pleno de la palabra ni con las consecuencias que luego generó. De hecho, hay documentos que prueban que Juan XXIII había planeado una duración de tan solo un año”, expone desde su casa en las alturas de Madrid, desde donde se contemplan todas los tejados y agujas de la capital y se vislumbra el gentío de Cuatro Caminos, el barrio de los migrantes, antes manchegos, extremeños y andaluces, ahora latinos, marroquíes y asiáticos.

“No se da cuenta ni puede darse cuenta del camino que había iniciado y en la aventura que realmente se embarcaba la Iglesia con el Vaticano II. Nadie pensaba ni sabía de la importancia, renovación, influjo y desconcierto eclesial que hasta hoy generaría”, rememora sobre Roncalli, ese Papa que dos años antes se había alojado durante una semana en casa de los Laboa en San Sebastián durante una escapada para participar en el Xacobeo. “Pensaba en generar un encuentro de los obispos y darles más juego como elemento dinamizador del Pueblo de Dios, frente el centralismo que propugnó Pío XII, con un autoritarismo que les trataba como monaguillos”.

Con estas premisas, considera que el que fuera patriarca de Venecia se dejó hacer en la sede de Pedro: “El Concilio es un acto absoluto de la Providencia, en el sentido más elemental del término. Juan XXIII no pone traba alguna a cómo se van desarrollando los acontecimientos, sabe escuchar a los obispos, a la Curia… Y sale lo que sale”. El fin de la misa en latín y de espaldas. O la aventura ecuménica. Un suma y sigue hasta configurar la Iglesia de hoy.

El signo de los tiempos

Para Laboa, la verdadera revolución del Concilio pasa por la aparición de una expresión que Juan XXIII encumbra como brújula para el ser y hacer de la Iglesia: el signo de los tiempos. “El signo de los tiempos es creer en la presencia de la Providencia y cómo actúa en el mundo y en la vida de la Iglesia. Cuando habla del signo de los tiempos, expone un elemento teológicamente creativo ligado a la Providencia, pero también destructivo para esa Iglesia que se aferra a pensar en lo mismo, a encerrarse en sí misma, a quedarse atrapada por una tradición tan inmensa como anquilosante”, asevera. En este sentido, valora cómo Pablo VI apostó por “continuar con valentía por la senda marcada por su predecesor, analizando concienzudamente qué problemas generaría y cómo responder a ellos. Cualquier otro cardenal que hubiera salido papa de la Sixtina, no hubiera seguido adelante”.

Tampoco duda en afirmar que el aterrizaje conciliar ha estado “paralizado” con Juan Pablo II y Benedicto XVI, sin minusvalorar otros aportes “trascendentales” de ambos pontífices en otros ámbitos. “Francisco es la aceptación del signo de los tiempos”, asegura justo después, no como contraposición a estos, sino como continuidad de Roncalli y Montini.

Neoconservadurismo

Cuando Juan María escucha hablar del Vaticano III, con naturalidad no ve que tenga sentido abrir esa puerta. “La Iglesia vive hoy una división que no ha tenido, seguramente, desde el arrianismo de los primeros siglos”. ¿Más que con Pablo VI? “Por supuesto”, responde, y apostilla: “No por culpa de este Papa, sino porque en estas décadas se ha ido alimentando un neoconservadurismo que ya emergió con Montini y que en este tiempo ha ido cogiendo fuerza y presencia, institucional y económica”.

No cree que sean mayoría, pero sí gozan de un poder y altavoces como para hacerse notar como si lo fueran. “En las parroquias y en la vida religiosa, el Pueblo de Dios ha asumido con naturalidad el Concilio. Por eso, este Papa insiste en que la Providencia se manifiesta en ese santo y fiel Pueblo de Dios. Por eso, inquieta la sinodalidad que es hoy ese signo de los tiempos que poco tiene que ver con ese retrato generalizado de una Iglesia ultrapracticante, ultraconservadora y pudiente”.

Echando mano de la parábola, el notario de la memoria eclesial apunta: “El católico normal y pecador está con el Papa. Aquel que se siente el hijo predilecto y heredero único le cuestiona porque no entiende ni quiere participar de la fiesta del Vaticano II, porque es para todos”.

La creencia en la maternidad Divina de María antes del concilio de Éfeso (431 DC)


LA CREENCIA EN LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA ANTES DEL CONCILIO DE ÉFESO (431 DC)
Por Richbell Meléndez

A los protestantes sobre todo a los denominados evangélicos de corte fundamentalista, los engañan sus pastores diciéndoles que María no es madre de Dios y les dicen que este fue un invento del Concilio de Éfeso (431 DC).

Con esta lección les demostrare lo contrario y de como María era reconocida como madre de Dios, antes del Concilio de Éfeso (431 DC) ya que en Éfeso solo se confirmo lo que ya creían los Cristianos respecto a la Virgen María verdadera madre de Dios o portadora de Dios (Theotokos)

Los Padres de la Iglesia Primitiva no tenían ningún problema al referirse a María como la Madre de Dios. Ellos lo veían como una consecuencia natural de la Encarnación.

San Ireneo de Lyon (189 dC)

"La Virgen María ya desposada: así como aquélla [Eva] fue seducida por la palabra del ángel para que huyese de Dios prevaricando de su palabra, así ésta [María] por la palabra del ángel fue evangelizada para que PORTASE A DIOS por la obediencia a su palabra " ( Contra las Herejías 5: 19: 1 )

San Hipólito de Roma (217 dC)

"Así, también, predicaron acerca del advenimiento de Dios en la carne al mundo, su advenimiento por la impecable y PORTADORA DE DIOS (Theotokos) María en el camino del nacimiento y el crecimiento "(Discurso sobre el Fin del Mundo, 1).

Gregório de Taumaturgo (262 dC)

" Para Lucas , los relatos de los evangelios inspirados, que ofrece un testimonio no sólo a José, sino también a MARÍA LA MADRE DE DIOS, y le da esta cuenta con referencia a su propia familia y la casa de David " (Homilía 1).

"Es nuestro deber de presentar a Dios como sacrificio, todas las fiestas y celebraciones de himnos, y en primer lugar, [la Parte] de la ANUNCIACIÓN A LA SANTA MADRE DE DIOS, es decir, el saludo que le dio el ángel, 'Ave , llena de gracia! "(Homilía 2).

Pedro de Alejandría (305 dC)

"Llegaron a la Iglesia de la SANTA MADRE DE DIOS Y SIEMPRE VIRGEN MARÍA, que, como empezó, que había construido en el barrio occidental, en un barrio, un cementerio de los mártires. "( Los Hechos genuina Pedro de Alejandría ).

Concilio de Éfeso (431 dC)

Finalmente en el concilio de Éfeso, esta enseñanza es dogmatizada:

"Pues, no decimos que la naturaleza del Verbo, transformada, se hizo carne; pero tampoco que se trasmutó en el hombre entero, compuesto de alma y cuerpo; sino, más bien, que habiendo unido consigo el Verbo, según hipóstasis o persona, la carne animada de alma racional, se hizo hombre de modo inefable e incomprensible y fue llamado hijo del hombre, no por sola voluntad o complacencia, pero tampoco por la asunción de la persona sola, y que las naturalezas que se juntan en verdadera unidad son distintas, pero que de ambas resulta un solo Cristo e Hijo; no como si la diferencia de las naturalezas se destruyera por la unión, sino porque la divinidad y la humanidad constituyen más bien para nosotros un solo Señor y Cristo e Hijo por la concurrencia inefable y misteriosa en la unidad... Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y luego descendió sobre Él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne... DE ESTA MANERA [LOS SANTOS PADRES] NO TUVIERON INCONVENIENTE EN LLAMAR MADRE DE DIOS A LA SANTA VIRGEN." (De la Carta II de San Cirilo Alejandrino a Nestorio, leída y aprobada en la sesión I).

CONCLUSIÓN

Quienes negaban que María era madre de Dios, en las épocas primitivas, eran los mismos herejes que negaban la divinidad de Cristo. Semejante y al mismo tiempo contradictoriamente, los mismos protestantes que hoy dicen creer en la divinidad de Cristo, niegan la maternidad divina de María.

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Sobre la validez del Concilio Vaticano II



SOBRE LA VALIDEZ DEL CONCILIO VATICANO II 

LA VALIDEZ DE LA MISA ACTUAL O NOVUS ORDO Y LA MISA TRIDENTINA O VETUS ORDO
Por Frank Morera 

Continuamente me estan llegando en mi correo mensajes de Católicos disidentes donde dicen que la Reforma Litúrgica de San Pablo VI fue ilegal. Ante todo tengo que referir a estos hermanos a la Promesa dada por Jesus a Pedro "Lo que tu ates en la tierra, yo lo ataré en el cielo", como decían los antiguos "Roma locuta ets, causa finita", Roma ha hablado, asunto terminado.

Por otra parte, la Eucaristía es la misma de siempre pues el Señor NO dejo ningún rito establecido, es la Iglesia quien establece los Ritos a seguir. El Señor sólo nos dejó las palabras consagratorias, nada mas. La liturgia anterior a Trento tenía diferencias y abusos que este CONCILIO suprimió y ajustó en su tiempo, la Liturgia primitiva NO era igual a la de Trento. Todas las Liturgias desde la primitiva hasta la de hoy tienen los mismos pasos: 

Rito Penitencial, Liturgia de la Palabra, Ofertorio, Canon y Consagración, Rito de Comunión y despedida... éstos han sido modificados pero se mantiene la misma esencia. Para que te des cuenta de que estas errado (o te están manipulando) la Iglesia tiene desde el Siglo IV mas de 27 Ritos diferentes y todos son válidos, el Romano es sólo uno de ellos. 

Que el Vaticano II fue un falso concilio es una temeridad y una insensates que da pena escuchar. Fue (nos guste o no) un Concilio VÁLIDO convocado por un Papa válido, ¿Es que ahora son los laicos quienes validan los concilios? ¡Seamos serios! 

La Iglesia Catolica tiene muchos Ritos Liturgicos: 

Ritos de la Iglesia Catolica: 

Rito Romano - La gran mayoría de Católicos Latinos y de Católicos en general. Patriarca de estas y de otros Ritos Romanos es el Obispo de Roma. 

Rito Mozarabico - El Rito de la península Ibérica (España y Portugal) conocidos desde por lo menos el siglo VI, pero probablemente con sus raíces en la evangelización original. Comenzando en el siglo 11 estas fueron mayormente reemplazadas por el Rito Romano, aunque permanece el Rito de la Catedral de la Arquidiócesis de Toledo, España y otras seis parroquias que pidieron permiso para adherirse a éste. Su celebración hoy en día es generalmente semi-privada. 

Rito Ambrosiano - El Rito de la Arquidiócesis de Milán, Italia, aunque de temprano origen y probablemente consolidado pero no originado por San Ambrosio. El Papa Pablo VI era de este Rito romano. Se continúa celebrando en Milán, pero no en todas las parroquias. 

Rito Bragano - Rito de la Arquidiócesis de Braga, la Sede del Primado de Portugal, viene del siglo XII o antes. Se continúa usando ocasionalmente. 

Rito Dominicano - Rito de la Orden de los Monjes Predicantes (OP), fundada por San Dominico en 1215. 

Rito Carmelita - Rito de la Orden del Carmelo, fundada por San Bertoldo c. 1154. 

Rito Cartujo- Rito de la Orden de Cartujos fundada por San Bruno en 1084. 

Ritos e Iglesias Orientales 

Estas tienen su propia jerarquía distinta del Rito Latino, sistema de gobierno (sínodos) y como ley general, el Código Canónico de las Iglesias Orientales. 

El Supremo Pontífice ejerce su autoridad sobre ellos por intermedio de la Congregación de Iglesias Orientales. 

RITOS DE ANTIOQUIA 

La Iglesia de Antioquia en Siria (en la costa del Mediterráneo) es considerada una sede apostólica por la virtud de haber sido fundada por San Pedro. Fue uno de los centros antiguos de la Iglesia, según dice el Nuevo Testamento, y es la fuente de una serie de Ritos similares usando el lenguaje Sirio antiguo (El Semítico que es un dialecto usado en tiempo de Jesús y más conocido como arameo) Su Liturgia es atribuida a San Santiago y la Iglesia de Jerusalén. 

1. RITO DE SIRIA ORIENTAL 

Maronita - Nunca se separó de Roma, el Patriarca Maronita es de Antioquia. Su lenguaje litúrgico es el Arameo. Los 3 millones de Maronitas se encuentran en el Líbano (origen), Chipre, Egipto, Siria, Israel, Canadá, US, México, Brasil, Argentina y Australia. 

Sirio - Católicos Sirios que regresaron de Roma en 1781 de la herejía monofisista. El Patriarca Sirio es de Antioquia. Los 110,000 Católicos Sirios se encuentran en Siria, Líbano, Iraq, Egipto, Canadá y US. 

Malankarese - Católicos del Sur de la India, evangelizados por Santo Tomás y usan la liturgia Oriental Siria. Se unieron a Roma nuevamente en 1930. Los lenguajes Litúrgicos hoy en día son Sirios Orientales y Malayalam. Los 350,000 Católicos Malankareses se encuentran en India y Norte América. 

2. RITO DE SIRIA OCCIDENTAL 

Caldeo - Los Católicos de Babilonia regresaron a Roma en 1692, de la herejía Nestoriana. El Patriarca de Babilonia es de los Caldeos. Los lenguajes litúrgicos son el Sirio y el Arabe. Los 310,000 Católicos Caldeos se encuentran en Iraq, Iran, Siria, Líbano, Egipto, Turquía y USA. 

Sirio Malabarese - Los Católicos del sur de la India usan la liturgia Sirio Occidental. Regresaron a Roma en el siglo 16 de la herejía Nestoriana. Los lenguajes litúrgicos son el Sirio y Malayalam. Más de 3 millones de Católicos Sirios Malabareses se pueden encontrar en el estado de Kerela en el Sur Oeste de la India. 

RITOS BIZANTINOS 

La Iglesia de Constantinopla se convirtió en el centro político religioso del Imperio Romano Occidental después que el Emperador Constantino construyó esa ciudad, una nueva capital (324-330 DC) en el lugar de la antigua ciudad Bizantina. Constantinopla desarrolló su propio Rito Litúrgico de la Liturgia de San Santiago, en una forma de acuerdo a la modificada por San Basilio, y en una más común, según modificada por San Juan Crisóstomo. Después de 1054, excepto por breves períodos de reuniones, la mayoría de los Cristianos Bizantinos, no han estado en comunión con Roma. Ellos conforman el grupo de Iglesias Ortodoxas del Este, cuya cabeza titular es el Patriarca de Constantinopla. Las Iglesias Ortodoxas son en su mayoría independientes, unidas entre sí por la comunión con Constantinopla, quién no ejerce autoridad real sobre ellas. Se encuentran divididas típicamente en Iglesias a lo largo de las fronteras de las naciones. Aquellas que han regresado a la plena comunión con Roma están representadas por la Iglesias Orientales y Ritos de la Iglesia Católica. 

1. RITO ARMENIO 

Tiene su propio Rito o una versión más antigua del Bizantino. Su forma exacta no es usada por ningún otro Rito Bizantino. Está compuesta por los primeros católicos que se convirtieron como nación, los Armenios (N.E. de Turquía) y quienes regresaron a Roma en tiempos de las Cruzadas. El Patriarca de Cilicia es de los Armenios. El lenguaje litúrgico es Clásico Armenio. Sus 350,000 Católicos Armenios se encuentran en Armenia, Siria, Iran, Iraq, Líbano, Turquía, Egipto, Grecia, Ucrania, Francia, Rumania, USA y Argentina. La mayoría de los Armenios son Armenios Ortodoxos, no en comunión con Roma. 

2. RITO BIZANTINO
-Albano - Los Albanos Cristianos totalizan unos 1400 hoy en día, quienes reanudaron su comunión con Roma en 1628. El lenguaje litúrgico es el Albano. La mayoría de los Cristianos Albanos son Albanos Ortodoxos. 

-Beloruso - Hay un número desconocido de ellos que regresaron a Roma en el Siglo 17. El lenguaje litúrgico es el Eslavo Antiguo. Los fieles se encuentran en Belorussia, así como en Europa, América y Australia. 

-Búlgaro - Los Búlgaros que regresaron a Roma en 1861. Lenguaje litúrgico es el Eslavo Antiguo. Los 20,000 fieles se encuentran en Bulgaria. La mayoría de Cristianos Búlgaros son Búlgaros Ortodoxos. 

-Checo - Católicos Checos de Rito Bizantino se organizaron como una jurisdicción en 1996. 

-Krizevci -Católicos Croatas de Rito Bizantino reanudaron la comunión con Roma en 1611. El lenguaje litúrgico es el Eslavo Antiguo. Los 50,000 fieles se encuentran en Croacia y las Américas. La mayoría de los Croatas son Católicos de Rito Romano. 

-Griego - Cristianos Griegos que regresaron a Roma en 1829. El lenguaje litúrgico es el Griego. Solo hay unos 2500 fieles en Grecia, Asia Menor (Turquía) y Europa. Los Cristianos Griegos son en su mayoría Griegos Ortodoxos. Su Patriarca es el Patriarca Ortodoxo de Constantinopla. 

-Húngaro -Descendientes de los Ruthenianos que regresaron a Roma en 1646. El lenguaje litúrgico es el griego, húngaro e inglés. Los 300,000 fieles se encuentran en Hungría, Europa y las Américas. 

-Italo-Albanes -Nunca se separaron de Roma, estos 60,000 Católicos de Rito Bizantino se encuentran en Italia, Sicilia y las Américas. El lenguaje litúrgico es el griego y el italo-albanese. 

-Melkita - Son Católicos de los que se separaron de Roma en Siria y Egipto, y que reanudaron Comunión con Roma en el tiempo de las Cruzadas. Sin embargo la unión definitiva no fue sino en el siglo XVIII. El Patriarca Melkita Griego es de Damasco. El lenguaje litúrgico es griego, árabe, inglés, portugués y español. Los más de 1 Millón de Católicos Melkitas se pueden encontrar en Siria, Líbano, Jordania, Israel, Canadá, USA, México, Brasil, Venezuela y Australia. 

-Rumano - Son Rumanos que regresaron a Roma en 1697. El lenguaje litúrgico es el Rumano. Hay más de 1 Millón de Católicos Rumanos en Rumania, Europa y las Américas. La mayoría de Cristianos Rumanos son Rumanos Ortodoxos. 

-Ruso - Rusos que regresaron en comunión con Roma en 1905. El lenguaje litúrgico es el Eslavo Antiguo. Hay un número desconocido de fieles en Rusia, China, América y Australia. La mayoría de Rusos Cristianos son Rusos Ortodoxos. El Patriarca es el Patriarca Ortodoxo Ruso. 

-Rutheniano - Son católicos de aquellos separados de Roma en Rusia, Hungría y Croacia que se regresaron a Roma en 1596 ( Brest-Litovsk) y en 1646 ( Uxhorod ). 

-Eslovaco -Son unos 225,000 Católicos de Rito Bizantino de origen Eslovaco y que se encuentran en Eslovaquia y Canadá. 

-Ucraniano -Católicos de entre los separados de Roma por el cisma Griego y reunidos nuevamente con Roma en 1595. El Patriarca es de Lvov. Lenguaje litúrgico, el Eslavo Antiguo y el Ucraniano. Los 5.5 Millones de Católicos Ucranianos se pueden encontrar en Ucrania, Polonia, Inglaterra, Alemania, Francia, Canadá, USA, Brasil, Argentina y Australia. Durante la era Soviética los Católicos Ucranianos fueron violentamente forzados a unirse a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. La jerarquía que continuó existiendo fuera de su tierra, ha sido desde entonces re establecida en Ucrania. 

RITOS ALEJANDRINOS 

La Iglesia de Alejandría en Egipto fue uno de los centros originales del Cristianismo, como Roma y Antioquia tenía una gran población judía, la cual fue el objetivo inicial de la evangelización. Su liturgia es atribuida a San Marcos el Evangelista, y muestra la influencia tardía de la Liturgia Bizantina, en adición a sus elementos únicos. 

-Copto - Católicos Egipcios que regresaron a la comunión con Roma en 1741. El Patriarca de Alejandría dirige al grupo de 200,000 fieles de esta Iglesia Ritual dispersa por Egipto y el Cercano Oriente. El Lenguaje litúrgico es el copto (Egipcio) y el Arabe. La mayoría de los coptos no son Católicos. 

-Etiope - Abisinio - Etíopes Coptos Cristianos que regresaron a la comunión con Roma en 1846. El lenguaje litúrgico es Geez. Los 200,000 fieles se encuentran en Etiopía, Eritrea, Somalia y Jerusalem. 

Los abusos Liturgicos de hoy, no es producto de la reforma Liturgica de Pablo VI, sino fruto de la desobediencia y de la mala formacion de muchos. 

Bendiciones+


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Nicea, el primer gran Concilio de la Iglesia, donde nació el Credo y se condenó a Arrio, quien negó que Jesucristo es Dios




PRIMER CONCILIO DE NICEA, DONDE SE FORMULÓ EL CREDO Y SE CONDENÓ LA HEREJÍA DE ARRIO, QUIEN NEGARA QUE JESUCRISTO ES DIOS 

Es el Primer Concilio Ecuménico de la Iglesia Católica, celebrado en el año 325 con motivo de la herejía de Arrio (vea arrianismo). Tan temprano como en los años 320 ó 321, el obispo San Alejandro de Alejandría, convocó un concilio en dicha ciudad en el cual más de cien obispos de Egipto y Libia anatematizaron a Arrio. Pero éste continuó oficiando en su iglesia y reclutando adeptos. Cuando, finalmente, fue expulsado, se dirigió a Palestina y de allí a Nicomedia. 

Durante este tiempo San Alejandro publicó su "Epistola encyclica", que fue contestada por Arrio; a partir de este momento fue evidente que la polémica había llegado más allá de la posibilidad del control humano. Sozomen menciona un Concilio de Bitinia el cual dirigió una encíclica a todos los obispos solicitándoles que recibieran a los arrianos en la comunión de la Iglesia. 

Esta disputa, junto con la guerra que pronto estalló entre Constantino y Licinio, complicó la situación y explica parcialmente el avance del conflicto religioso durante los años 322-323. 

Finalmente, después de haber vencido a Licinio y haberse convertido en emperador único, Constantino se ocupó de restablecer la paz religiosa y el orden civil. Envió cartas a San Alejandro y a Arrio censurando sus acaloradas controversias relativas a asuntos sin importancia práctica y aconsejándoles que se pusieran de acuerdo sin demora. Era evidente que el emperador no se percataba entonces de la importancia de la controversia de Arrio. Hosio de Córdoba, su consejero en asuntos religiosos, llevó la carta imperial a Alejandría, pero fracasó en su misión conciliatoria. Ante esto, el emperador, aconsejado tal vez por Hosio, pensó que no había mejor solución para restaurar la paz en la Iglesia que convocar un concilio ecuménico. 

El propio emperador, en unas cartas muy respetuosas, rogó a los obispos de los distintos países que acudieran sin demora a Nicea. Asistieron al Concilio varios obispos de fuera del Imperio Romano (por ejemplo, de Persia). No se sabe históricamente si el emperador, al convocar el Concilio, actuó por su cuenta y en su propio nombre o si lo hizo de acuerdo con el Papa; sin embargo, es probable que Constantino y el Papa San Silvestre I hubiesen llegado a un acuerdo. 

Para acelerar la organización del Concilio, el emperador puso a disposición de los obispos los medios de transporte públicos y las postas del imperio; incluso, aportó provisiones abundantes para el mantenimiento de los asistentes durante el Concilio. La elección de Nicea fue positiva para facilitar la agrupación de un considerable número de obispos. Era fácilmente accesible para los obispos de casi todas las provincias, pero especialmente para los de Asia, Siria, Palestina, Egipto, Grecia y Tracia. Las sesiones se celebraron en el templo principal y en el salón principal del palacio imperial. Verdaderamente, era necesario un gran espacio para recibir a una asamblea tan numerosa, aunque el número exacto de asistentes no se conoce con certeza. Eusebio de Cesarea habla de más de 250 obispos, y manuscritos árabes posteriores elevan la cifra a dos mil, una evidente exageración que imposibilita conocer el número total aproximado de obispos, así como el de sacerdotes, diáconos y acólitos, que, según se dice, también estaban presentes en gran número. San Atanasio, miembro del Concilio, habla de 300 y en su carta "Ad Afros" menciona explícitamente 318. Esta cifra está aceptada casi universalmente y no parece que haya razón alguna para rechazarla. 

La mayor parte de los obispos presentes eran griegos; entre los latinos solamente conocemos a Hosio de Córdoba, Cecilio de Cartago, Marcos de Calabria, Nicasio de Dijon, Dono de Estridón, en Panonia, y los dos sacerdotes de Roma, Víctor y Vincencio, que representaban al Papa. La asamblea contaba entre sus miembros más famosos a San Alejandro de Alejandría, Eustasio de Antioquía, Macario de Jerusalén, Eusebio de Nicomedia, Eusebio de Cesarea y Nicolás de Mira. Algunos habían padecido durante la última persecución; otros no estaban suficientemente familiarizados con la teología cristiana. Entre los miembros figuraba un joven diácono, Atanasio de Alejandría, para quien este Concilio fue el preludio de una vida de conflictos y de gloria. 

El año 325 es aceptado, sin duda, como el del Primer Concilio de Nicea. Hay poco acuerdo entre nuestras autoridades primitivas respecto al mes y al día de la apertura. Para poder conciliar las indicaciones suministradas por Sócrates y por las Actas del Concilio de Calcedonia, la fecha puede tal vez situarse en el 20 de mayo, y la de la redacción del símbolo en el 19 de junio. Se puede asumir sin muy grande audacia que el sínodo, que se había convocado para el 20 de mayo, celebró reuniones menos solemnes en ausencia del emperador hasta el 14 de junio, fecha en la que, tras la llegada de éste, comenzaron las sesiones propiamente dichas, y se formuló el símbolo el 19 de junio, después de lo cual se trataron diversas cuestiones---la controversia pascual, etc.---y las sesiones concluyeron el 25 de agosto. Constantino realizó la apertura del Concilio con gran solemnidad. Antes de entrar, el emperador esperó a que todos los obispos hubiesen ocupado sus lugares. Estaba ataviado en oro y cubierto con piedras preciosas, a la usanza de los soberanos orientales. Se le preparó un trono dorado y los obispos tomaron asiento sólo después que el emperador había ocupado su lugar. Después de ser saludado en una apresurada alocución, el emperador pronunció un discurso en latín, expresando su deseo de que se restableciera la paz religiosa. El abrió la sesión como presidente honorífico y, además, asistió a las sesiones posteriores, pero dejó la dirección de las discusiones teológicas, como era adecuado, en manos de los líderes eclesiásticos del Concilio. Parece que el presidente fue, realmente, Hosio de Córdoba, asistido por los legados papales, Víctor y Vincencio. 

El emperador comenzó haciéndole comprender a los obispos que tenían entre manos un asunto más importante y de más envergadura que las rencillas personales y las interminables recriminaciones. Sin embargo, tuvo que resignarse al castigo de escuchar las últimas palabras de los debates que habían tenido lugar previamente a su llegada. 

Eusebio de Cesarea y sus dos abreviadores, Sócrates y Sozomen, así como Rufino y Gelasio de Cízico, no proporcionan detalles de las discusiones teológicas. Rufino nos dice tan sólo que se celebraron sesiones diarias y que Arrio era citado a menudo ante la asamblea; sus opiniones se discutían seriamente y se consideraba atentamente los argumentos en contra. La mayoría, especialmente quienes eran confesores de la fe, se declararon enérgicamente contra las impías doctrinas de Arrio. 

San Atanasio nos asegura que las actividades del Concilio no se vieron, de ninguna manera, perturbadas por la presencia de Constantino. En aquella época el emperador había escapado de la influencia de Eusebio de Nicomedia y estaba bajo la de Hosio, a quien, junto con San Atanasio, se puede atribuir una influencia preponderante en la formulación del símbolo del Primer Concilio Ecuménico, del cual se presenta a continuación una traducción literal: 

Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador de todas las cosas visibles e invisibles; y en un solo Señor Jesucristo, el unigénito del Padre, esto es, de la sustancia [‘’ek tes ousias’’] del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre [‘’homoousion to patri’’], por quien todo fue hecho, en el cielo y en la tierra; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, se encarnó y se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos y volverá para juzgar a vivos y a muertos. Y en el Espíritu Santo. Aquellos que dicen: hubo un tiempo en el que Él no existía, y Él no existía antes de ser engendrado; y que Él fue creado de la nada (‘’ex ouk onton’’); o quienes mantienen que Él es de otra naturaleza o de otra sustancia [que el Padre], o que el Hijo de Dios es creado, o mudable, o sujeto a cambios, [a ellos] la Iglesia Católica los anatematiza. 

La adhesión fue general y entusiasta. Todos los obispos, excepto cinco, se declararon prestos a suscribir dicha fórmula, convencidos de que contenía la antigua fe de la Iglesia Apostólica. Los oponentes quedaron pronto reducidos a dos, Teonas de Marmárica y Segundo de Tolemaida, quienes fueron exilados y anatematizados. Arrio y sus escritos fueron también marcados con el anatema, sus libros fueron quemados y él fue exiliado a Iliria. Las listas de los firmantes han llegado hasta nosotros muy mutiladas, desfiguradas por los errores de los copistas. Sin embargo, dichas listas pueden ser consideradas auténticas. Su estudio es un problema que ha sido abordado repetidamente en la actualidad, en Alemania e Inglaterra, a través de las ediciones críticas de H. Gelzer, H. Hilgenfeld, y O. Contz, por una parte, y C. H. Turner, por otra. Las listas así reconstruidas contienen respectivamente 220 y 218 nombres. Con la información derivada de una u otra fuente, se puede construir una relación de 232 ó 237 padres que se sabe estuvieron presentes. 

Otros asuntos que se trataron en el Concilio fueron la controversia sobre la época de la celebración de la Pascua y el cisma de Melecio. El primero de ambos se encuentra tratado como Controversia Pascual; el segundo, como Melecio de Licópolis. 

De todas las actas del Concilio, que, según se ha afirmado, fueron numerosas, sólo han llegado hasta nosotros tres fragmentos: el credo, o símbolo, reproducido más arriba; los cánones; y el decreto sinodal. En realidad nunca hubo ningunas actas oficiales aparte de éstas. Pero las declaraciones de Eusebio de Cesarea, Sócrates, Sozomen, Teodoreto y Rufino, pueden ser consideradas como importantes fuentes de información histórica, junto con alguna información conservada por San Atanasio, y una historia del Concilio de Nicea escrita en griego en el siglo V por Gelasio de Cyzicus. Por mucho tiempo ha existido una controversia sobre el número de los cánones del Primer Concilio de Nicea. Todas las colecciones de cánones, tanto en latín como en griego, compuestas en los siglos IV y V coinciden en atribuir a este Concilio solamente los 20 cánones que conocemos actualmente. A continuación figura un breve resumen de los mismos: 

Canon 1: Sobre la admisión, ayuda o expulsión de los clérigos mutilados voluntaria o violentamente.
Canon 2: Reglas a observarse para la ordenación, la evasión de prisa indebida y la deposición de aquéllos culpables de faltas graves.
Canon 3: Se prohíbe a todos los miembros del clero residir con cualquier mujer, excepto con su madre, una hermana o una tía.
Canon 4: Relativo a las elecciones episcopales.
Canon 5: Relativo a la excomunión.
Canon 6: Relativo a los patriarcas y su jurisdicción.
Canon 7: Confirma el derecho de los obispos de Jerusalén a disfrutar de determinados honores.
Canon 8: Respecto de los novacianos.
Canon 9: Ciertos pecados conocidos después de la ordenación implican su invalidez.
Canon 10: Los lapsi que hayan sido ordenados con conocimiento o subrepticiamente deben ser excluidos tan pronto como se conozca su irregularidad.
Canon 11: Penitencia que debe ser impuesta a los apóstatas en la persecución de Licinio.
Canon 12: Penitencia que debe ser impuesta a quienes apoyaron a Licinio en su guerra contra los cristianos.
Canon 13: Indulgencia a ser concedida a las personas excomulgadas que se encuentran en peligro de muerte.
Canon 14: Penitencia que debe ser impuesta a los catecúmenos que flaquearon durante la persecución.
Canon 15: Obispos, sacerdotes y diáconos no pueden pasar de una iglesia a otra.
Canon 16: Se prohíbe a todos los clérigos abandonar su iglesia. Se prohíbe formalmente a los obispos que ordenen para su diócesis a un clérigo perteneciente a otra diócesis.
Canon 17: Se prohíbe a los clérigos que presten con interés.
Canon 18: Se recuerda a los diáconos su posición subordinada respecto a los sacerdotes.
Canon 19: Reglas a observarse respecto de los partidarios de Pablo de Samosata que deseaban retornar a la Iglesia.
Canon 20: Los domingos y durante la temporada Pascua las oraciones deben rezarse de pie. 

Una vez concluidos los trabajos del Concilio, Constantino celebró el vigésimo aniversario de su ascensión al imperio e invitó a los obispos a un espléndido banquete, al final del cual cada uno recibió ricos presentes. Varios días después el emperador ordenó que se celebrara una sesión final, a la cual asistió para exhortar a los obispos a que trabajaran para el mantenimiento de la paz; se encomendó a sus oraciones y autorizó a los padres a regresar a sus diócesis. La gran mayoría se apresuró a tomar ventaja de esto y a llevar las resoluciones del Concilio al conocimiento de sus provincias. 

Fuente: Leclercq, Henri. "The First Council of Nicaea." The Catholic Encyclopedia. Vol. 11. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/11044a.htm>.


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