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¿En el purgatorio hay almas de no católicos (ateos, protestantes, judíos, etc.)?


Primero que todo, entendamos qué es el purgatorio. Según la enseñanza católica, el purgatorio es un estado de purificación para las almas que han muerto en gracia pero que aún necesitan ser purificadas antes de entrar en la presencia divina. Es como una especie de "lavado espiritual" para quitar las manchas que pueden haber quedado debido a pecados veniales o a la pena temporal debida al pecado, incluso después de haberse arrepentido.

Ahora, la pregunta sobre si en el purgatorio hay almas de no católicos es una interrogante interesante y llena de matices. La Iglesia católica enseña que la salvación viene a través de Jesucristo y que, por ende, la fe en Él es fundamental para alcanzar la vida eterna. Sin embargo, también reconoce la misericordia de Dios y su deseo de que todos los seres humanos se salven.

La Biblia nos enseña en 1 Timoteo 2, 4 que Dios desea que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Así que, aunque la fe en Cristo es el camino principal, no podemos limitar la misericordia divina. Dios está más allá de nuestras comprensiones y juicios, y su amor no tiene fronteras.

En cuanto a las almas no católicas, como ateos, protestantes, judíos, etc., la Iglesia católica sostiene que la salvación no está necesariamente restringida solo a aquellos que forman parte visible de la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia Católica (CCC 847) nos dice que, aunque la salvación viene de Cristo y su Iglesia, Dios puede, por medios conocidos solo por Él, dar la gracia de la salvación a aquellos que buscan sinceramente la verdad y hacen la voluntad de Dios según su conocimiento.

El Espíritu Santo nos dice a través de San Pablo:

"Tribulación y angustia sobre toda alma humana que obre el mal: del judío primeramente y también del griego; en cambio, gloria, honor y paz a todo el que obre el bien; al judío primeramente y también al griego; que Dios es imparcial". (Romanos 2, 9-11)

Estas palabras son importantísimas, pues nos muestran que Dios va a juzgar a todos al terminar nuestras vidas en la tierra y va a determinar nuestro destino final tomando en cuenta si obramos el bien o si obramos el mal y dice claramente que esto lo hará con toda alma humana. 

Por tanto, si un alma humana fue ateo, protestante, budista o cualquier otra cosa, Dios va a juzgar qué tanto esta persona eligió el bien y rechazó el mal y si Dios juzga que esa persona hizo más el bien que el mal, seguramente le concederá la salvación y lo dejará entrar al cielo previa purificación en el purgatorio.

En otras palabras, la fe en Cristo y la pertenencia a la Iglesia católica son importantes, pero la misericordia de Dios va más allá de nuestras categorías humanas. Dios conoce los corazones y la sinceridad de cada persona. No podemos limitar su capacidad de salvar y purificar a aquellos que, aunque no hayan conocido plenamente a Cristo en vida, buscaron la verdad y vivieron de acuerdo con la luz que tenían.

En este sentido, podríamos decir que sí, efectivamente en el purgatorio podrían encontrarse almas que, aunque no fueron formalmente católicas en esta vida, fueron sinceras en su búsqueda de la verdad y vivieron de acuerdo con su conciencia iluminada por Dios.

Es crucial recordar que, como cristianos, no somos jueces de la salvación de los demás. Esa tarea está en manos de Dios. Nuestra responsabilidad es vivir nuestra fe, compartir el Evangelio con amor y respeto, y confiar en la misericordia infinita de Dios.

En este viaje de fe, es importante destacar la importancia de la oración por los difuntos. Orar por las almas en el purgatorio, independientemente de su afiliación religiosa en vida, es un acto de caridad y compasión. No sabemos completamente las complejidades de la relación de cada persona con Dios, pero sí podemos encomendar sus almas a la misericordia divina. Un católico debe rezar por todas las almas de los difuntos, pues si dice San Pablo que Dios es imparcial (Romanos 2, 16), ¿por qué habríamos de ser parciales nosotros?

Espero que esta charla haya sido útil y te haya dado un panorama más claro sobre la visión católica del purgatorio y la inclusividad de la misericordia divina. Estoy aquí para cualquier pregunta adicional o para conversar sobre cualquier otro tema que desees explorar juntos. ¡Que la paz de Cristo esté contigo siempre!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Puede un ateo llegar al Cielo?



El Cielo es alcanzar la divinización, la plenitud de la imagen y semejanza con el Creador; un sacerdote responde si esta gracia la puede alcanzar quien no cree en Dios.

¿Un ateo puede entrar al Cielo? Según la Doctrina Católica, cuando la persona muere va a la presencia de Dios y conoce cuál será su destino eterno. El simple hecho de presenciar el ámbito divino es ya una bienaventuranza, pero no es el Cielo, porque aún no se goza de la Resurrección ni se participa de la Gloria de Dios, lo cual sería entrar al Cielo en plenitud.

Antes, ¿qué concepciones se tienen del Cielo?

Si entendemos por Cielo el ámbito de la presencia de Dios, la morada eterna preparada por Cristo para todos aquellos que fueron incorporados como hijos para ser santos como el Padre es Santo, entonces podemos afirmar que el Cielo es el sitio destinado para quienes, creyendo en el Creador, acogieron su Palabra, se perfeccionaron mediante las virtudes sobrenaturales y le amaron en una constante relación filial.

Pero quien niega la existencia del ser divino, la eficacia de la fe salvadora, más aún, quien no reconoce la acción providencial y misericordiosa de Dios en esta vida y después de ella, automáticamente se exime de la posibilidad de tener participación en aquel espacio divino donde, por consecuencia, sería imposible obtener el gozo eterno con el Ser supremo a quien se rechazó, como lo confirma Jesús: “Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mt 10,33), y no como una sentencia condenatoria sino como elemental coherencia de libertad, porque incluso en materia de salvación, Dios respeta la decisión humana.

Sin embargo, hay personas que sin aceptar la existencia y la relación interpersonal con la divinidad admiten una cierta trascendencia entendida como la inmortalidad del alma, cuyo movimiento en el más allá se limita a la simple integración en la energía universal, donde se fusiona el ser personal perdiendo su identidad propia, esa puede ser también la idea de un cielo abstracto. Esta es una postura filosófica que concibe el cielo como el retorno al mundo ideal de donde surgieron las almas, pero que consecuentemente caen por la falta de méritos quedando atrapadas en la existencia carnal donde permanecen sujetas a la fatalidad del destino, y en cuya suerte no existe un estado de felicidad eterna, ni de participación con la divinidad.

Otra forma de concebir un cielo sin Dios acude al principio que considera la inmortalidad del alma como un estado de conciencia personal que se mantiene en la quietud sin límites fuera de las realidades terrenas, es una especie de vivencia en la nada absoluta. Algunas doctrinas y prácticas orientales agregan a esta postura algunas variantes que premian el alma subsistente después de esta vida con la iluminación, la ataraxia o la total salida de sí, o con el nirvana, en una especie de cielo personal sin relación con los otros, salvo con el propio ser autosuficiente.

El Cielo bíblico y cristiano tiene figuras definidas por la predicación de Jesús en el Evangelio, sobre todo cuando se promete el Reino de los cielos y su ingreso a él después de un juicio escatológico, definiendo la recompensa eterna a quienes hicieron el bien y para quienes omitieron hacerlo.

Porque también hay otro tipo de ateísmo con aquellos que dicen creer en Dios pero que no siguen sus enseñanzas, que no cumplen sus mandamientos y tampoco practican el amor a su prójimo. A esos Jesús les aclara: “No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?». Y entonces les declararé: «Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad»” (Mt 7,21-23).

El ateo rechaza el Cielo

El cielo es la identificación con el estado de santidad y bondad supremos, por tanto, quien desea ir al cielo debe percibir la presencia de Cristo en los hermanos más necesitados ofreciéndoles el amor de Dios. En cambio, cuando “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Sal 14,1), la insensatez más grande es negar todo lo que es de Dios, por tanto, rechaza la posibilidad de ir al cielo, eligiendo una finalidad opuesta a la voluntad salvífica divina. Por eso Jesús afirma: “Los que hicieron el bien resucitarán para la vida; y los que hicieron el mal resucitarán para la condenación” (Jn 5,29).

Jesús no condena, el ateo elige una especie de trascendencia donde el alma no muere ni es castigada, sino que ingresa a la absoluta ausencia de Dios para la eternidad, elige la privación de todo bien, de toda relación con la gloria divina, es la auto condenación del impío que nunca tuvo amor por Dios, se sumerge entonces en el vacío angustiante del cual no podrá escapar aunque desee desaparecer, es así que el ateo le apuesta a un más allá terrible donde el único sufrimiento es la soledad infinita.

El cielo que promete la fe cristiana es justicia, paz y gozo en el Espíritu, es la promesa de la participación en la gloria de Dios. En la tradición espiritual antigua de los Padres de la Iglesia, el cielo es alcanzar la divinización, la plenitud de la imagen y semejanza con el que nos creó por medio de su gracia.

Pero el ateo puede llegar al Cielo si Dios lo decide

El ateo puede entrar al cielo si se arrepiente de su irreligiosidad y acepta a Dios en su vida; quien no conoció a Dios, pero practicó una vida de bondad, puede llegar al lugar de la bienaventuranza eterna según el juicio misericordioso de Dios. Sin embargo, creyentes y no creyentes, si no se preparan espiritualmente mediante las enseñanzas del Evangelio, no tendrán parte de la alegría del Señor.

Jesús es el guía que nos conduce a la morada del Padre, quien nos da acceso al cielo enseñándonos el amor del Padre del Cielo para que vivamos en un cielo de misericordia desde esta vida, a través del amor a los hermanos, y sí, finalmente, poder participar de su gloria en la vida eterna.

P. Alberto Hernández Ibáñez, Director de la Lic. en Teología de la Universidad Intercontinental (UIC), sacerdote de la Arquidiócesis de México.

12 pasos para convertirte en un gran ateo.

 


1.- Lea toda la literatura liberal y comunista contra Dios y la religión. De preferencia novelas que desprestigien a la Iglesia y que usted aceptará como si fueran rigurosamente históricas.

2. Dé oídos a cuanto cuento haya sobre los escándalos de la Iglesia y de los sacerdotes y después repita una y otra vez: “por eso perdemos la fe”

3.- Júntese con “intelectuales” de esos que proclaman la total libertad de hacer lo que dé la gana, y considere esclavos y anticuados a los que se rigen por una moral.

4. Atibórrese de películas “de arte”, de ésas de muchas equis, y admire y coleccione las fotos de esas revistas que los hipócritas timoratos llaman pornográficas.

5.- Ame mucho el dinero, tanto si lo tiene como si no lo tiene. Jesús decía que nadie podía servir a Dios y al dinero. Por eso, cuando lo inviten a alguna obra piadosa, conteste “¿Y yo, qué gano con eso?”.

6.- No tenga tiempo para Dios. Aléjese de su Parroquia o vaya sólo cuando “le nazca” procurando, eso sí, tener un gran control de esos nacimientos.

7.- Peque y enamórese de tal modo de su pecado que, puesto a escoger entre Dios y él, usted prefiera decir “soy ateo”, para poder conservar su derecho a pecar.

8.- Use su ateísmo como venganza contra sus padres que lo obligaban a ir a Misa.

9.- Use su ateísmo como señuelo para atraer el interés de los demás. Notará inmediatamente cómo se gana la admiración de los bobos

10.- De ninguna manera haga silencio en su corazón porque a Dios, en quien usted no quiere creer, suele hablar en el silencio. Llénese de ruido y evite quedarse a solas con usted mismo. ¡No se le vaya a ocurrir orar!

11.- Evite practicar algún arte con seriedad, porque los artistas que aman la belleza y la buscan, terminan por encontrar a Dios. Si es artista, cultive lo grotesco, disonante, cacofónico y absurdo.

12.- Finalmente, evite a toda costa la amistad sincera, el sano amor, los buenos sentimientos, el deseo de ayudar, la contemplación de la belleza, el sufrimiento de los que usted ama, su propio dolor…, porque esas trampas pone Dios para entrar en contacto con usted.

 

Eran ateos y su hija de 8 años les dijo que ella quería ser Católica


ERAN ATEOS Y SU HIJA DE 8 AÑOS LES DIJO QUE ELLA QUERÍA SER CATÓLICA

Todo iba bien en las vidas de los franceses Fabien y Karine. Eran una pareja que se amaba, tenían dos hijas, trabajo y estaban felices siendo familia. Nadie esperaba que, con tan solo 8 años, Liana, la hija mayor, dijera una mañana al desayuno “que quería ir al catecismo con una de sus amigas de judo”.

Para los padres, ateos, que no habían tenido contacto alguno con la Iglesia en su vida, era una gran sorpresa, pero decidieron respetar la voluntad de su hija. “Se comprometió a ir a misa una vez al mes. Así es que la dejábamos en la iglesia -cuenta Fabien (ver video al final)- e íbamos al café… terminábamos justo a tiempo para el final de la misa”.

Un día el cura de la parroquia le preguntó a Fabien si podía llevar a los jóvenes en peregrinación. Como era chofer de autobús, aceptó. Además ya había transportado a otros peregrinos en el pasado y "respetaba a los creyentes". Una vez en el lugar pensó que, como de costumbre, su trabajo terminaría allí hasta el viaje de regreso.

Muy rápidamente comprendería que el sacerdote contaba con él para ayudarlo a supervisar a los jóvenes... “Por bondad, acepté y tomé nota del programa: vigilia, adoración, confesión... Con los jóvenes, fuimos a una capilla y me explicaron en términos sencillos en qué consistía eso de la adoración eucarística: «Pasar una hora de oración, sentados en el banquillo, mirando a la hostia...» Por extraño que parezca, me sentí cómodo de inmediato. Me sentí bien sentado en ese banco”.

Fue de tal carácter e impacto esa experiencia -aun no logra explicar racionalmente, dice, lo sucedido- que, después de un tiempo ante el Santísimo, se levantó de su lugar y se dirigió hacia el sacerdote para pedir perdón a Dios por primera vez en su vida.

“Le dije al sacerdote que, aunque yo tenía 40 años de edad, esta era la primera confesión de mi vida y me dio todo el tiempo que necesitaba”.

“Tengo algo que decirte”

Tras haber confesado y al recibir la absolución sintió dice Fabien “como una mano sobre mi hombro y alguien que me decía: «Estoy aquí. ¿Qué tal si seguimos adelante juntos?» Después de esta confesión y haber descubierto la adoración, las cosas ya no podían ser como antes. Eso me quedó muy claro”.

Cuando regresó no sabía cómo decirle a su esposa lo que acababa de vivir. Aunque la conocía bien temía su reacción... Después de una semana finalmente habló y tuvo una feliz sorpresa al escuchar decir a Karine: «Yo también tengo algo que decirte» ... “De hecho, un domingo durante uno de mis viajes había ido a misa con nuestra hija. Se sintió tan bien allí que se emocionó hasta las lágrimas. En resumen, ella también había experimentado un encuentro con Dios”.

La gran alegría de su Primera Comunión

Ese momento de intercambio sobre sus respectivas experiencias espirituales ha quedado grabado en los corazones de ambos. Ya eran felices juntos, dice Fabien, pero “al hacernos descubrir su presencia a nuestro lado, Dios nos llenó de su alegría y fortaleció aún más nuestra relación”, reflexiona.

Cuenta que tan solo trece días después de su confesión -aunque no tuvo preparación de formación cristiana alguna-, fue bautizado. “Caminaba hacia lo desconocido, pero con mucha confianza… no tengo miedo”, agrega.

Con Karine, empezaron a ir a la misa dominical y poco entendían de este nuevo universo desconocido. Pero como querían saber por qué todos hacían tal o cual gesto en tal o cual momento, o se decía determinada cosa, los feligreses fueron pacientes para responder las preguntas de ambos. Finalmente recibieron la invitación a recibir catequesis para recibir la confirmación y la primera comunión. “Ha sido una gran alegría”, señala este converso francés.


Hoy en día ambos trabajan administrando una tienda y pusieron una cruz -cuenta Fabien- en la parte superior de la caja registradora, lo que da lugar a intercambios muy agradables, señala: “Muchos no conocen a Dios. No podemos culparlos por no tener sed porque nunca han probado su amor. A nosotros, los cristianos, nos corresponde hacer que quieran conocerlo a través de nuestras acciones y de toda nuestra vida”.


Fuente, portaluz.org

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Ha entrevistado a miles de conversos y explica qué atrae a ateos, musulmanes, judíos o protestantes


HA ENTREVISTADO A MILES DE CONVERSOS Y EXPLICA QUÉ ATRAE A ATEOS, MUSULMANES, JUDÍOS O PROTESTANTES
Por: J.L. | Fuente: Religión en Libertad

Marcus Grodi lleva dos décadas entrevistando a todo tipo de conversos al catolicismo en EWTN

Marcus Grodi es un ex pastor presbiteriano que junto a su esposa y sus hijos se convirtió al catolicismo en 1992. Habiendo experimentado en carne propia los miedos que pueden surgir a dar este paso y las dificultades que se pueden ir presentando en este proceso de conversión decidió poner en marcha en 1993 Coming Home Network, una plataforma creada para ayudar a protestantes como él, clérigos o laicos, en su viaje al catolicismo. Sin embargo, pronto se extendió para ayudar a ateos, agnósticos, musulmanes, judíos, budistas en este mismo camino.

Pero además Grodi lleva 20 años como presentador del programa de EWTN The Journey Home, donde ha entrevistado a miles de conversos al catolicismo, por lo que atesora una enorme experiencia sobre qué ha llevado a tanta gente a la Iglesia Católica.

El "misterio de la gracia"

En una entrevista en Catholic World Report, Marcus Grodi da una serie de pinceladas sobre las razones que llevan a personas de diferentes religiones a lanzarse a un camino de conversión.

El elemento común entre los miles de conversos a los que ha entrevistado es la “gracia”. Su experiencia se centra sobre todo en Estados Unidos, donde hay muchos protestantes que pasan al catolicismo. “Todos los conversos conocen amigos y compañeros de trabajo que aún son protestantes, que han escuchado todo o mucho de lo que nosotros escuchamos, leen todo lo que hemos leído, y sin embargo, no están interesados”, cuenta Grodi. Entonces la pregunta que surge es: “¿por qué somos nosotros y no ellos? Y ahí yace el misterio de la gracia”.

La Liturgia, la música, el arte...

Hay muchos casos de protestantes que “comienzan a ver cosas en su tradición o denominación con las que se sienten incómodos, por ejemplo, la dirección en las que muchas dirigen las cuestiones morales”. Problemas sobre la autoridad, la sola scriptura o cuestiones morales provocan que muchos se planteen un cambio al sentirse incómodos.

Sin embargo, hay otros que llegan por la liturgia católica pues se sienten atraídos por la belleza o el significado de la Eucaristía. También hay muchos, agrega Grodi, que se sienten atraídos por el arte, la música, los grandes clásicos, el canto y la iconografía. “Se sienten atraídos por estas cosas, por lo que acaban sintiendo atracción por la Iglesia; el Señor usa estas y muchas otras cosas para abrir corazones y mentes a la plenitud de la fe católica”.

Muchas conversiones en el movimiento provida

En Estados Unidos el movimiento provida y la defensa de la libertad religiosa ha propiciado una mayor relación y conocimiento mutuo entre cristianos, lo cual ha provocado muchas conversiones al catolicismo.

El creador de Coming Home Network asegura que el ecumenismo de las últimas décadas ha abierto las puertas para que muchos se abran a la Iglesia Católica. Explica que una de las razones es que “se han hecho mejores amigos de los católicos, y eso a menudo se debe a las actividades provida. Esa fue una gran parte del viaje de mi esposa. Marilyn era la directora de un centro de embarazos en crisis, y la mayoría de las personas con las que trabajaba eran católicas. Ella quedó impresionada por la consistencia, devoción y las convicciones de los católicos. Muchas de las historias de conversión en The Journey Home comenzaron por actividades provida”.

Visiones y sueños de los musulmanes

Marcus Grodi también habla del aumento de conversiones entre los musulmanes, aunque confirma que sigue existiendo mucho miedo entre estos conversos a salir a la luz pública. Ha entrevistado a varios de ellos y en su portal han alojado más testimonios, aunque muchos de ellos después pidieron que se retiraran. Afirma que muchos de los argumentos expuestos anteriormente también se cumplen entre los musulmanes. Sin embargo, hay un elemento diferencial que se da sobre todo con los seguidores de Mahoma: “e s interesante ver que un alto porcentaje de conversos musulmanes dice que su despertar a la Iglesia surgió a través de visiones y sueños”.

Religión en Libertad ha recogido varios testimonios que confirman este elemento de conversión entre musulmanes. Uno de ellos, por ejemplo, es el de Bashir Abdelsamar, hoy sacerdote, y que de niño era un musulmán que no sabía nada del cristianismo y tuvo una experiencia que le transformó. "Esa noche, tuve una visión de Jesús", explica Bashir, casi 50 años después. "Jesús se me apareció con dos libros en sus manos: en la derecha tenía la Biblia; en la izquierda tenía el Corán. Me pidió que escogiera qué libro era el correcto. Cuando elegí la Biblia, desapareció".

El testimonio de los judíos conversos

También ha conocido a un buen número de judíos que han abrazado la fe católica. “Un tema particularmente importante para el converso judío –cuenta Grodi- es la continuidad de la Iglesia Católica con el judaísmo. La mayoría de los conversos judíos que he entrevistado se ven a sí mismos como ‘judíos completos’ y ‘judíos cristianos’ y continúan valorando su herencia cristiana”.

Por ello, considera que estos conversos “son un gran testimonio para nosotros para volver a aprender y apreciar nuestra propia herencia judía, que con demasiada frecuencia damos por sentado”.

Sin embargo, también advierte Marcus Grodi que sus viajes hacia la Iglesia “pueden ser particularmente difíciles” porque muchos no sabían nada de Jesucristao, más allá de prejuicios negativos hacia él.

La relación con un católico fiel
Buena parte de los argumentos citados anteriormente también son validos para los agnósticos o ateos. Algunos vuelven en viajes en los que ellos mismos han encontrado este camino como uno de sus entrevistados, ateo de toda la vida. “Desde pequeño se negó a creer que había algo que fuera cierto en todos los tiempos y en todos los lugares. Pero la gracia le abrió el corazón al darse cuenta de que ‘2+2=4’ es una verdad sin importar dónde se encuentre ni en qué momento, y eso significa que hay una verdad que es sólida como una roca. Eso comenzó su viaje a casa con Jesucristo y la Iglesia Católica”, incide.

Pero en la mayoría de los casos, su experiencia durante estos años le dice que “es una relación con un católico fiel lo que los lleva a la Iglesia. Así que ahí es donde debe comenzar la Nueva Evangelización: con nuestras propias conversiones y relaciones con aquellos de fuera de la Iglesia”.

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religion en Libertad


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