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12 consejos para convertirte en el mejor papá





Seguramente muchas de estas acciones las practicas a diario con tus hijos, pero reforzarlas te ayudará a estar más cerca de ellos y a ser un mejor papá.

Entender y respetar los gustos de los hijos es una virtud de los padres, porque a veces no somos tan abiertos porque a veces no somos tan abiertos a los gustos de nuestros hijos debido a las expectativas que de ellos tenemos, o incluso, porque nosotros queremos –a veces conscientemente– no heredarles nuestros gustos y preferencias. Los consejos a poner en práctica para ser un mejor papá son los siguientes:

1. Muéstrate amoroso

Es el primero y el más importante de todos, tus hijos deben sentir el amor que tienes hacía ellos. No te restrinjas, muéstrales y diles cuánto los quieres cada que tengas la oportunidad, y si no se da, búscala.

2. Mira a los ojos a tus hijos

El contacto visual es muy importante, en especial con los hijos. Míralos a los ojos, fíjate cuando te enseñan algo, cuando te platican, hazlos sentir que son lo más importante en ese momento.

3. Escucha lo que te dicen

Igual de importante es tener algo más que el oído abierto. Hay que tener la mente abierta para entender lo que los hijos nos dicen, y no apresurarnos o sacar conclusiones acerca de lo que nos quieren decir; es importante escucharlos hasta el final y solo entonces darles la respuesta que ellos necesitan o buscan en ese momento.

4. Juega con ellos

Pierde el tiempo con ellos, vuélvete niño de nuevo, haz locuras, quítate el traje y la corbata, la camisa, el uniforme, el overol o lo que sea que uses en el trabajo, y vuélvete niño.

5. Ayúdalos con las tareas

Apóyalos en las labores de la escuela. Genera y fortalece el vínculo con ellos de una manera inteligente, que es estando con ellos en momentos que son tediosos.

6. Interésate en las cosas que les gustan

El tiempo que tenemos generalmente es muy poco, por lo tanto, la mejor manera de convivir con ellos es entrando en lo que ellos hacen.

7. Fomenta los buenos hábitos

El fomentar los buenos hábitos va más allá de solo pedírselos; tienen que vernos haciendo las cosas, deben tener el ejemplo de nosotros, solo de esa manera replicarán lo que ven de una manera natural.

8. Toma en cuenta su opinión

Es sumamente importante que los tomes en cuenta, esto los ayudará sentir que son importantes dentro de la toma de decisiones.

9. Negocia con ellos

Hay muchas cosas en las que podemos negociar con los hijos; siempre que puedas ofréceles la posibilidad de negociar.

10. Jamás los rechaces

Nunca los hagas a un lado porque vas llegando del trabajo y estás cansado, o hay otra cosa que atender. Hay veces en las que no se puede atender de inmediato a los hijos, pero explícales las situaciones antes de decirlos no.

11. Pon límites

Debemos ser cercanos, amorosos y todo lo que se pueda, pero hay que ser firmes, cuando se trata de disciplina y de límites debemos ser firmes. Hay que buscar una manera amistosa de hacerles ver que las cosas tienen una razón de ser, que no es solo porque así tiene que ser.

12. Ayúdales a ser libres.

Dales todas las herramientas que estén a tu alcance para generar en ellos seguridad y confianza en sí mismos, para que cuando tengan que enfrentarse a las situaciones cotidianas sepan de qué manera afrontar los retos que se les presentan.

Esto no es nada nuevo, seguramente muchas de estas acciones las practicas a diario con tus hijos, pero reforzarlas te ayudará a estar más cerca de ellos, a aumentar la confianza que tienen en ti, ya que se sentirán cobijados, y lo más importante, es que se sabrán amados.

Madre e hija son santas de la Iglesia, ¿las conoces?



Han existido mujeres santas que se han distinguido por su papel como madres. Santa Mónica, la madre de san Agustín, es un ejemplo de ello, pero santa Brígida de Suecia es un caso excepcional porque ella y su hija, santa Catalina de Suecia caminaron juntas hacia la santidad.

Santa Brígida de Suecia (1303-1339) es originaria de la ciudad de Vadstena. Fue una teóloga y mística que, a través de sus padres y su esposo, estuvo en contacto con los altos círculos de la política. Ella fundó la Orden del Santísimo Salvador con la Regla de San Agustín, que más tarde se llamó Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida. 

Además, apoyó de manera incondicional a Catalina (1331 o 32-1358), su cuarta hija, quien se casó a los 12 años con el caballero Egard von Kyren, un hombre devoto con quien vivió en castidad y con quien peregrinó a Santiago Compostela.

La hija, Catalina Ulfsdotter, es ahora conocida como Santa Catalina de Suecia y desde el principio estuvo muy relacionada con la congregación religiosa que fundó su madre Brígida.

Cuando Catalina asistió al Jubileo de 1350 en Roma, recibió la noticia de la muerte de su marido, ante ello decidió permanecer con su madre en Roma y llevar una vida de oración. Pudo peregrinar a Asís y a Tierra Santa.

Madre e hija presentaron al Papa las Reglas de la agrupación monástica, a las cuales hizo algunas modificaciones. Fue un gran logro para ambas porque había una prohibición para el surgimiento de nuevas agrupaciones religiosas, por la inestabilidad política que prevalecía en Roma. 

A la muerte de Brígida el 23 de julio de 1373, Catalina llevó los restos mortales de su madre a Suecia para sepultarla en el convento de Vadstena, donde a su vez ella ingresó y se convirtió en su primera abadesa. 

En el verano de 1375 Catalina regresó a Roma para dar información durante el proceso de canonización de su madre, y consiguió la aprobación canónica de las reglas de la orden el 3 de diciembre de 1378 por Gregorio XI y luego por Urbano VI.

En 1380 volvió a Suecia y el obispo le entregó de manera formal la dirección de la nueva agrupación que pronto se expandido por el mundo. Ella falleció el 24 de marzo de 1381.  Santa Catalina de Suecia y Santa Brígida, son un caso excepcional en donde madre e hija se encuentran en los altares.

Eran ateos y su hija de 8 años les dijo que ella quería ser Católica


ERAN ATEOS Y SU HIJA DE 8 AÑOS LES DIJO QUE ELLA QUERÍA SER CATÓLICA

Todo iba bien en las vidas de los franceses Fabien y Karine. Eran una pareja que se amaba, tenían dos hijas, trabajo y estaban felices siendo familia. Nadie esperaba que, con tan solo 8 años, Liana, la hija mayor, dijera una mañana al desayuno “que quería ir al catecismo con una de sus amigas de judo”.

Para los padres, ateos, que no habían tenido contacto alguno con la Iglesia en su vida, era una gran sorpresa, pero decidieron respetar la voluntad de su hija. “Se comprometió a ir a misa una vez al mes. Así es que la dejábamos en la iglesia -cuenta Fabien (ver video al final)- e íbamos al café… terminábamos justo a tiempo para el final de la misa”.

Un día el cura de la parroquia le preguntó a Fabien si podía llevar a los jóvenes en peregrinación. Como era chofer de autobús, aceptó. Además ya había transportado a otros peregrinos en el pasado y "respetaba a los creyentes". Una vez en el lugar pensó que, como de costumbre, su trabajo terminaría allí hasta el viaje de regreso.

Muy rápidamente comprendería que el sacerdote contaba con él para ayudarlo a supervisar a los jóvenes... “Por bondad, acepté y tomé nota del programa: vigilia, adoración, confesión... Con los jóvenes, fuimos a una capilla y me explicaron en términos sencillos en qué consistía eso de la adoración eucarística: «Pasar una hora de oración, sentados en el banquillo, mirando a la hostia...» Por extraño que parezca, me sentí cómodo de inmediato. Me sentí bien sentado en ese banco”.

Fue de tal carácter e impacto esa experiencia -aun no logra explicar racionalmente, dice, lo sucedido- que, después de un tiempo ante el Santísimo, se levantó de su lugar y se dirigió hacia el sacerdote para pedir perdón a Dios por primera vez en su vida.

“Le dije al sacerdote que, aunque yo tenía 40 años de edad, esta era la primera confesión de mi vida y me dio todo el tiempo que necesitaba”.

“Tengo algo que decirte”

Tras haber confesado y al recibir la absolución sintió dice Fabien “como una mano sobre mi hombro y alguien que me decía: «Estoy aquí. ¿Qué tal si seguimos adelante juntos?» Después de esta confesión y haber descubierto la adoración, las cosas ya no podían ser como antes. Eso me quedó muy claro”.

Cuando regresó no sabía cómo decirle a su esposa lo que acababa de vivir. Aunque la conocía bien temía su reacción... Después de una semana finalmente habló y tuvo una feliz sorpresa al escuchar decir a Karine: «Yo también tengo algo que decirte» ... “De hecho, un domingo durante uno de mis viajes había ido a misa con nuestra hija. Se sintió tan bien allí que se emocionó hasta las lágrimas. En resumen, ella también había experimentado un encuentro con Dios”.

La gran alegría de su Primera Comunión

Ese momento de intercambio sobre sus respectivas experiencias espirituales ha quedado grabado en los corazones de ambos. Ya eran felices juntos, dice Fabien, pero “al hacernos descubrir su presencia a nuestro lado, Dios nos llenó de su alegría y fortaleció aún más nuestra relación”, reflexiona.

Cuenta que tan solo trece días después de su confesión -aunque no tuvo preparación de formación cristiana alguna-, fue bautizado. “Caminaba hacia lo desconocido, pero con mucha confianza… no tengo miedo”, agrega.

Con Karine, empezaron a ir a la misa dominical y poco entendían de este nuevo universo desconocido. Pero como querían saber por qué todos hacían tal o cual gesto en tal o cual momento, o se decía determinada cosa, los feligreses fueron pacientes para responder las preguntas de ambos. Finalmente recibieron la invitación a recibir catequesis para recibir la confirmación y la primera comunión. “Ha sido una gran alegría”, señala este converso francés.


Hoy en día ambos trabajan administrando una tienda y pusieron una cruz -cuenta Fabien- en la parte superior de la caja registradora, lo que da lugar a intercambios muy agradables, señala: “Muchos no conocen a Dios. No podemos culparlos por no tener sed porque nunca han probado su amor. A nosotros, los cristianos, nos corresponde hacer que quieran conocerlo a través de nuestras acciones y de toda nuestra vida”.


Fuente, portaluz.org

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Rechazó el aborto por violación. "Mi violador era el culpable, no mi hija"


RECHAZÓ EL ABORTO POR VIOLACIÓN: “MI VIOLADOR ERA EL CULPABLE, NO MI HIJA” 

Jerusha Klayman-Kingery era una joven de 19 años cuando fue víctima de una violación. Sin embargo, a pesar del sufrimiento por el que pasaba se negó al aborto: “el violador es el culpable. El bebé es una criatura inocente”. 

En su testimonio, publicado en el sitio web provida Salvar El 1, Jerusha señaló que, a pesar de crecer en un hogar cristiano, enfrentó diversas dificultades en casa pues, lamenta, “faltaba el amor”. 

Ese vacío, recuerda, lo trató de llenar “buscando la atención y el afecto de los hombres, bebiendo y celebrando fiestas. Durante años, ésta fue mi fachada, pero por dentro estaba vacía”. 

Pero para sus 17 años, “tuve un encuentro con Jesucristo y entregué mi vida al Señor”. 

“Yo era virgen y en ese momento hice una promesa a Dios: que permanecería virgen hasta el matrimonio y me alejaría de mi vida pasada: de la bebida, de las fiestas y de esa búsqueda del afecto de los hombres”. 

Dos años después, trabajando en un IHOP, popular cadena de restaurantes en Estados Unidos, conoció a un hombre que “parecía muy agradable”. 

Debido a que era en esos días “muy ingenua”, aceptó ir a casa con aquel hombre. Pero una vez dentro, él sacó un arma y la puso sobre la mesa. 

“En aquel momento estaba aterrorizada. Me paralicé”. 

“En aquel momento solo pensaba en cómo escaparme. En mi cabeza se oía un solo grito: ‘¡Corre! ¡Corre!’. Pero el miedo se había adueñado de mi cuerpo y parecía haberme quitado toda fuerza muscular”. 

“Nunca imaginé que alguna vez estaría en aquella situación. Sentí que nunca iba a terminar. Me sentía como una niña pequeña despojada de todo poder de reacción. El tiempo se detuvo, los ruidos se desvanecieron”, señala Jerusha. 

En los días siguientes, recuerda, vivió una “terrible pesadilla”. 

“En el interior, estaba lidiando con un dolor oculto. Estaba enojada. Estaba dolida. Me culpaba a mí misma. Culpaba a Dios. Ya no encontraba valor a mi vida. Estaba completamente rota”. 

Y seis semanas después, debido a un intenso malestar que relacionaba al estrés, descubrió que estaba embarazada. 

“Innumerables lágrimas acompañaron las muchas emociones de brotaban de mi corazón. Miré mi estómago y puse mis manos encima del abdomen. Allí había un bebé de seis semanas de vida”. 

Con el paso de los meses, indica, “mi actitud y mi corazón cambiaron. Empecé a confiar en Dios y a creer que había un propósito detrás de todo esto”. 

“Antes, mi relación con Cristo había sido muy superficial. Admirablemente, fue durante este tiempo cuando mi trato con Dios creció hasta un nivel que yo nunca había conocido”. 

En ese tiempo, lamenta, “personas muy cercanas me decían que ‘entenderían’ que yo abortara, incluso ofrecían su ayuda para que lo hiciera”. Pero ella lo rechazó. 

“¿Cómo puede justificarse la muerte de bebé por el acto cruel de un hombre que sabía lo que estaba haciendo? El violador es el culpable. El bebé es una criatura inocente”, subraya. 

Jerusha decidió dar en adopción a su bebé, pues “quería un hogar estable para ella y unos padres que pudieran darle tiempo y cariño”. 

“Hoy, estoy casada con un hombre increíble que adora a mi primera hija. Juntos hemos tenido otras dos niñas y un niño”. 

Actualmente, Jerusha es presidenta de la organización “As His Miracle Grows” (Como su milagro crece), y da conferencias y formación para jóvenes junto a su esposo. 



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