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Otra carta de amor del papa Francisco


Antes de que las redes sociales nos cubrieran con su pálida sombra cibernética, sin el recurso del correo electrónico y el WhatsApp, los enamorados se enviaban cartas románticas, textos escritos en papel, preferentemente de puño y letra.

Tales epístolas, en no pocas ocasiones, demoraban meses en ser atendidas, ya por dificultades de tránsito propias de los correos, ya por indiferencia del(a) destinatario(a), quien la guardaba en un cajón sin abrir o, una vez leída, la regresaba a su sobre sin responderla. Con el desdén de quien se siente fuerte en el amor, postergaba su acuse de recibo.

Pero si la persona destinataria de la correspondencia se dignaba pergeñar algunas letras para dialogar por escrito con su amado(a), este(a) se llenaba de emoción, y la relación se fortalecía.

Creo que eso mismo nos pasa con las encíclicas/cartas del papa Francisco.

Esta semana, en audiencia con una delegación de abogados de los países miembros del Consejo de Europa, anunció la redacción de la segunda parte de su ‘Laudato si’’, para adecuar ésta a la situación actual. ¿El detonante motivador? La invasión rusa a Ucrania, entre otros actuales flagelos que azotan a la humanidad.

La escribirá, como lo ha hecho con sus grandes textos -‘Evangelii gaudium’, ‘Fratelli tutti’, etc.- como ese enamorado que se comunica con su amada, la Iglesia, y en donde le comparte desde su corazón las inquietudes y propuestas que quiere hacerle.

No son misivas condenatorias, ni puntuarios con reglamentos y legislaciones que muchas veces ahogan la creatividad. Son escritos sólidos, fundamentados, sí, pero que reflejan la permanente declaración de amor, la ilusión de ser correspondido.

Ojalá la Iglesia y las personas de buena voluntad -a quienes también dirige sus mensajes- no sean como ese(a) destinatario(a) que se hace del rogar o, en el peor de los casos, rechaza la propuesta amorosa.

Esperemos esta nueva encíclica, otra carta de amor de Francisco de Roma.

Autor: Padre José Francisco Gómez Hinojosa.

La cárcel como santuario. (La columna del Padre José Francisco Gómez)


Antonio Gramsci (1891-1937) fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, y autor de obras fundamentales para la sociología política como ‘Cuadernos y Cartas de la Cárcel’. Apresado por las huestes de Mussolini, no obstante disfrutar de inmunidad parlamentaria, fue acusado de actividad conspirativa, instigación a la guerra civil, apología del delito e incitación al odio de clase.

Nunca gozó de buena salud, y su estancia en prisión la empeoró poco a poco. Cuentan los biógrafos que, a causa precisamente de sus malestares físicos, il Duce decidió otorgarle la libertad, a lo que Gramsci se negó, sosteniendo que jamás había cometido un delito. Cayó en coma y murió en un hospital romano, absuelto, pero sin haber aceptado una indigna liberación.

María Luisa Villanueva Márquez pasó 25 años en el Centro Femenil de Reinserción Social ubicado en el municipio de Xochitepec, Morelos. Fue acusada de secuestro. Originaria de Guerrero, y con mínima escolaridad -no sabía lo que significaba esa palabra, secuestro, en el momento de su detención- tuvo que aprender en el reclusorio la connotación de su supuesto delito.

El pasado dos de febrero, una foto en la que se ve cómo dos custodias la cargan para sacarla a la fuerza del penal, dio la vuelta por todo México. ¿Cómo es posible que alguien no quiera alcanzar la libertad, después de cinco lustros sin ella?, se preguntaron muchos. Pues María Luisa se negaba mientras se le mantuviera el status de culpable: exige, ahora en la calle, que se le declare inocente.

El obispo nicaragüense de Matagalpa, Rolando Álvarez, se encontraba desde el 19 de agosto del año pasado en arraigo domiciliario. El régimen de Daniel Ortega lo acusó de conspiración contra el Estado y propagación de noticias falsas en las redes sociales. A partir de este nueve de febrero, el prelado duerme en la cárcel La Modelo, ubicada a las afueras de Managua, a donde son enviados los críticos del gobierno.

¿Qué pasó? ¿Por qué se expone a ser declarado culpable, a perder su nacionalidad jurídica y a pasar encarcelado más de 20 años? Pues resulta que Daniel Ortega quiso desterrar a 220 presos políticos hacia los Estados Unidos, entre ellos Álvarez. La noche previa fue sacado de su casa y conducido al aeropuerto, pero se negó a subir al avión: no aceptó la libertad a cambio de abandonar a su grey.

En los tres casos, y con personajes tan diversos -un diputado comunista italiano, una humilde mujer mexicana y un obispo católico centroamericano- estamos ante personas que decidieron mantener su dignidad, aún a costa de su independencia.

Y es que, acostumbrados a las notas periodísticas que presentan a las penitenciarías como verdaderos infiernos, en donde los reclusos sufren todo tipo de vejaciones y los capos toda suerte de privilegios, el testimonio de estos héroes es edificante. Han convertido a los presidios en verdaderos santuarios, en donde las rejas no les impiden pensar y amar sus ideales, y el calabozo encerrará sus cuerpos pero no sus espíritus capaces de trascender.

Pro-vocación

El Sínodo General de la Iglesia en Inglaterra -anglicanos- ha respaldado el que las parejas del mismo sexo puedan recibir una bendición. No, no se asuste, no se trata de matrimonios, sino de bendiciones. La obispa de Londres, Sarah Mullally, sabe que la propuesta no será suficiente para muchos y será demasiado para otros. ¿Y la Iglesia Católica? ¿Cuándo se animará a dar el paso?

Autor: Padre José Francisco Gómez Hinojosa. Vicario General de la Arquidiócesis de Monterrey (México). 

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