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¿Cuántos azotes recibió Jesucristo según la Sábana Santa de Turín?



¿CUÁNTOS AZOTES RECIBIÓ JESUCRISTO, SEGÚN LA SÁBANA SANTA DE TURÍN? 

LA FLAGELACIÓN
Por el Dr. José Javier Domínguez
Universidad de Navarra 

Prácticamente todo el cuerpo del crucificado, por la parte frontal y dorsal, está cubierto de una serie de heridas de pequeño tamaño, iguales, y semejantes a pequeñas mancuernas o pesas de gimnasia de unos 3 cm de longitud. Están formadas por pequeños círculos de unos 12 mm aproximadamente, algo separados entre sí, más unidos por una línea transversal apenas visible a simple vista, pero que se pone de manifiesto con las imágenes a luz ultravioleta. Efectivamente, las fotografías con luz ultravioleta, en que las heridas aparecían con un color azulado, típico de la sangre, y enmarcadas con un halo de suero alrededor, daban un nuevo sentido lógico a esta gran cantidad de señales y asimismo corroboraban las intuiciones y reconstrucciones de estudiosos como Paul Vignon y Pierre Barbet. 

Las lesiones se localizan por todo el cuerpo: espalda, piernas, pecho (respetando la zona del corazón), vientre, zona glútea y posiblemente también región genital. Evidentemente se encontraba desnudo cuando recibió tan brutal castigo. Con plena seguridad, tenemos ante nosotros en la Síndone las escalofriantes huellas de una flagelación romana infligida de forma sistemática, es decir, como castigo en sí misma. A los condenados a la cruz se les flagelaba camino del suplicio, para obligarles a avanzar. Por este motivo iban desnudos y los golpes les caían sin orden, puesto que sus movimientos para evitarlos contribuían a ello. 

Nuestro hombre, sin embargo, ha sido azotado sistemáticamente por gente que conocía perfectamente su labor, y estando atado e inmovilizado. Por eso, en este caso, se quiso dar a este castigo un sentido de escarmiento, que está de acuerdo con los relatos evangélicos. El flagelo usado contra el hombre de la Síndone era lacerante y contundente, o esa, se incrustaba en la piel del reo; cada golpe la desgarraba, provocando la salida de sangre de forma explosiva. Es impresionante cómo las técnicas de imagen actuales y los estudios médicos han actualizado y corroborado el recuerdo histórico de la flagelación romana 

Los tipos de instrumentos usados por los romanos en aquella época para la flagelación eran: 

- Lorum, que era una simple correa ancha, provocaba amoratamiento de la piel y era usado en personas libres o ciudadanos romanos. 

- Varas o bastones, se usaban con los soldados que habían cometido alguna falta grave, como deserción. 

- Flagrum, consistía en un mango de madera del que partían dos o más correas estrechas de cuero. 

- Flagellum taxillatum, igual que el anterior compuesto de nervios o cuerdas delgadas y duras. Ambos terminaban con bolitas de metal esquinadas (taxilli) o con fragmentos de huesecillos. 

- Plumbum o Plumbata, que eran cadenas que terminaban con trozos de plomo y tenían una anilla por empuñadura.


Los tres últimos eran utilizados por los romanos y no por otros pueblos y sólo podían usarse con los esclavos bárbaros o extranjeros. Estos flagelos podían, por ellos mismos, provocar la muerte del condenado. 

El tipo de instrumento usado con el hombre de la Síndone, por lo que de ella se deduce, fue, según los estudios realizados por monseñor Ricci, un flagellum taxillatum de tres ramales terminados en dos trocitos o bolas metálicas (taxilli). Este tipo de "flagellum" se ha encontrado en excavaciones arqueológicas, sobre todo en las catacumbas romanas. 

Del estudio de la imagen sindónica se derivan en esta flagelación algunas características específicas: 

- La flagelación fue realizada por dos personas y los golpes se distribuyen en forma de abanico por todo el cuerpo de la víctima. Esto viene corroborado por los estudios computerizados de Jumper y Jackson del STURP [Shroud of Turin Research Project, que examinó la Síndone en 1978 durante 120 horas], que prueban cómo el radio de cada abanico converge en la mano de cada azotador. Calcularon incluso la fuerza del impacto de cada golpe y la inclinación angular de cada azote, comprobando que los mismos le fueron infligidos desde flancos opuestos. Ambos verdugos eran diestros y descargaban sus golpes simultáneamente como a un metro de distancia del reo. 

- El número de golpes recibidos asciende aproximadamente a unos 120 sin contar los que no se han podido estudiar por faltar parte de los brazos a causa del incendio de 1532. Algunos autores no se ponen de acuerdo a la hora de precisar si los golpes se dieron con flagelos de tres ramales o de dos; en cualquier caso, es evidente que fueron romanos los que le azotaron. Éstos no tenian tope en el número de golpes, y lo que es más estremecedor desde el punto de vista médico: nuestro hombre debió quedar bañado en sangre y hecho una llaga. El dolor, tanto físico como moral, y la incipiente fiebre que debió apoderarse de él y que ya lo abandonaría hasta la muerte, debieron hacer una tremenda mella en su cuerpo. 

- Durante la flagelación, la postura de nuestro hombre debió ser encorvada: se deduce esto de los estudios realizados con el ordenador, comprobando la angulación de los reguerillos de sangre y suero en las distintas partes del cuerpo. En esta posición, los reguerillos de la parte dorsal alta caían hacia los lados y con una angulación de 100, 90 y 70 grados durante el castigo; más tarde, ya en posición vertical o sentado, también caerían hacia abajo. En las zonas glúteas se ve algo parecido, en las extremidades inferiores son nítidos y se dirigen hacia abajo. 

- La gran nitidez con que se aprecian muchos de estos reguerillos puede explicarse porque el tiempo que pasó desde la flagelación hasta que le volvieron a poner el vestido debió ser suficiente para que se secaran y no fueran absorbidos por la túnica. Sólo en la parte alta de la espalda han desaparecido, viéndose una llaga compacta excoriada como abrasada por rozamiento, donde se distinguen perfectamente las marcas profundas de los taxilli. Esto se explica por el rozamiento del patibulum camino de la cruz y por el rozamiento en la propia cruz durante las distintas posiciones. El hecho de que las marcas de los taxilli en la zona de los omóplatos no se hayan destruido por el rozamiento con el patibulum implica que fue vestido hasta la cruz y la túnica protegió estas marcas de su destrucción, aunque no evitó, eso sí, que reabrieran, originando un dolor semejante a las quemaduras, al quitarle de nuevo el vestido para crucificarlo. 

En resumidas cuentas, la flagelación debió alterar todo el organismo repercutiendo enormemente en la economía corporal ya maltrecha por malos tratos recibidos anteriormente.


J. J. DOMÍNGUEZ, La Síndone de Turín. Estudio médico: Biblia y Fe 70 (1998), 95-98.

CUANTIFICACIÓN ENERGÉTICA DE LA FLAGELACIÓN 

En una de las ponencias que se presentaron en un simposio sobre la Síndone celebrado en París en abril de 2002 se presentó un curiosísimo estudio sobre la cuantificación energética de la flagelación, que transcribo. 

Probemos a cuantificar la energía, en el sentido físico del término, liberada durante el curso de la flagelación. Primero el número de impactos. En la Sábana Santa existen entre 100 y 120 de ellos, y tomamos 110 como base para el cálculo. Segundo, el objeto contundente, una pequeña haltera de plomo con una longitud de 3 centímetros y con un peso estimado de 40 gramos. Para conocer la energía tenemos que saber la velocidad de desplazamiento. Existe un punto de comparación, que es el lanzamiento de jabalina; su velocidad inicial es de 100 km/h, o sea, 28 m/s, y se lanza directamente desde la mano del deportista, esto es, a 60 cm del hombro. Las halteras de plomo están fijas al final de la correa del látigo que mide poco más o menos 1.20 m, esto es, están a 180 cm del hombro. Si se considera que el verdugo (lictor) golpea con tanto ardor como el deportista lanza la jabalina, con un brazo de palanca tres veces más largo, y con velocidad angular igual, la velocidad lineal será entonces tres veces mayor, esto es, 90 m/s. Bajemos esta velocidad a 60 m/s, que nos dará cifras menores, para no sobrestimar las consecuencias de la flagelación. No perdamos de vista que todos los valores que vamos a exponer no son más que estimaciones y no cálculos exactos, pero sí son suficientes para darnos cuenta de las magnitudes implicadas.


La energía liberada durante la flagelación será igual a 110 veces 1/2 de la masa por la velocidad al cuadrado, esto es, 396 kilos. Para comprender estas cifras hace falta compararlas con otros valores conocidos: por ejemplo, una bala de nuevo milímetros parabellum, munición clásica de las pistolas automáticas, tiene una energía de 36.5 kg, por tanto, hacen falta nueve balas para obtener la misma energía total. Una bala de 357 magnum, de las más potentes para arma corta, tiene una energía de 100 kg: harían falta cuatro balas, por tanto, para igualar la energía liberada en la flagelación. 

Un especialista en balística, M. H. Josserand, ha propuesto un coeficiente de eficacia para municiones llamado Stoping Power (StP), o poder de parada, que corresponde a la energía de un proyectil, en kilos, multiplicada por la superficie de impacto en centímetros cuadrados. Disponemos así de una escala de eficacia de la munición según sus consecuencias patológicas. Por un valor de StP inferior a cinco unidades hay un shockligero; entre 16 y 25 unidades el shock puede remitir y, para valores mayores de 35 unidades de StP, el shock es tan grande que su efecto es la muerte inmediata. 

En el caso de la flagelación, para la que hemos calculado una energía total de 396 kg y una superficie de impacto de 5.5 cm cuadrados, el número de StP es de 990, o sea, 24 veces la cantidad de energía capaz de poner a un hombre fuera de combate. Si se admite la existencia de dos correas por cada latigazo, y se han propinado 55 golpes de látigo, ó 110 impactos, habrá de significar que cada vez que la víctima recibe dos golpes de látigo, o cuatro impactos, ha encajado suficiente energía para causarle la muerte. Como es lógico, no es necesario tomar esta comparación al pie de la letra. La energía se disipa mucho más rápidamente en el caso del impacto de una bala que durante el curso de una flagelación, pero en el orden de las grandes cifras, este cálculo es correcto y hace más comprensible el gravísimo carácter traumático de la tortura de la flagelación. 

Podría hacerse otra comparación con la potencia que desarrolla un golpe de puño de un boxeador del peso pesado, que llega a ser de 400 julios... [el hombre de la Síndone]encajó el equivalente a 10 golpes de este puño, capaces de provocar un K.O. inmediato... 

FISIOPATOLOGÍA DE LA FLAGELACIÓN 

Admitiendo que se hiriera brutalmente la piel y que cada impacto comprime violentamente no solamente el plano músculo-cutáneo situado inmeditamente por debajo sino también el situado en su periferia, sobre un espacio de 5 mm, la superficie lesionada por cada impacto es de 8 cm cuadrados y el volumen contusionado de 12 cm cúbicos. Por 110 impactos, obtenemos una superficie lesionada de 880 cm cuadrados y un volumen contundido de 1320 cm cúbicos ó 1.3 litros. Éste es un volumen enorme de tejido contundido: las células, gravemente dañadas con sus membranas abiertas, liberarán su contenido al medio, provocando una catástrofe biológica. Cada uno de los golpes provocará un hematoma, y 110 hematomas cuasan una expoliación sanguínea que dará lugar a una hipovolemia, o disminución del volumen de la sangre circulante en el cuerpo, que iniciará un shock hemodinámico... 

A modo de síntesis, podemos decir que después de la flagelación... [el hombre de la Síndone] está gravemente afectado: titubea, cae, y no tiene fuerzas para llevar solo el patíbulo... La piel y los músculos están lacerados, el cuero cabelludo desgarrado; sangra, y tiene una amplia contusión torácica con hemotórax que le hace difícil y doloroso respirar. Sus riñones están virtualmente destruidos; por el momento funcionan, pero con una gran merma de su actividad a causa de la hipovolemia y del efecto destructor de los tapones de mioglobina. Este hombre, en óptima salud dos horas antes, ahora está destruido; y en ese estado va a ser crucificado.

J. DE PALACIOS CARVAJAL, La Sábana Santa. Estudio de un cirujano, Espejo de Tinta,Madrid 2007, 101-103, 107.


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Jesucristo no usaba barba, según los testigos de Jehová


JESUCRISTO NO USABA BARBA SEGÚN LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ

SÍ, Así lo quiso Rutherford, (segundo presidente de los testigos de Jehová)
Por Victor Alejandro Gamboa Delgado

Cuando Rutherford toma el mando de la sociedad de la Atalaya (Testigos de Jehová) hace hasta lo imposible para borrar toda huella de aquel que le brindo un espacio en su nueva religión, me refiero al Fundador Charles Russell (Cría cuervos y te sacaran los ojos)… Esta frase bien podía aplicarse al “juez” de Missouri, entre las tantas locuras que hizo para eliminar en la mente de los adeptos la imagen de Russell, una de ellas es tan descabellada como ridícula. ¡Nadie tiene barba aquí!.. Para todos es conocido que Russell poseía una barba bien tupida y que mucho de los adeptos en su afán de parecerse por admiración a Charles también se habían dejado crecer la barba, pues bien, en el anuario de 1974 pág. 97, podemos encontrar lo siguiente:


"Por esa razón el hermano Balzereit le pidió permiso al hermano Rutherford para comprar una rotativa. El hermano Rutherford vio la necesidad que existía y concordó, pero con una condición. Él había notado que con el transcurso de los años el hermano Balzereit se había dejado crecer una barba muy similar a la que había llevado el hermano Russell. Su ejemplo pronto tuvo seguidores, porque había otros que también querían parecerse al hermano Russell. Esto pudiera hacer que surgiera una tendencia hacia la adoración de criaturas, y el hermano Rutherford quería evitar esto. Por eso, durante su siguiente visita, a oídos de toda la familia de la Casa Bíblica le dijo al hermano Balzereit que podía comprar la rotativa, pero solo a condición de que se afeitara la barba. El hermano Balzereit concordó tristemente y después fue a ver al barbero. Durante los días siguientes hubo varios casos de identidad confundida y algunas situaciones chistosas debido al “extraño” a quien a veces no reconocían sus compañeros de trabajo".


Pastor Charles Taze Russell y su
característica barba 

Por otro lado, Rutherford llego a tal extremo de odio no solo a Charles sino también a Jesús que ni siquiera el redentor del mundo se le escapó a este sin vergüenza. Si bien es cierto no tenemos una foto directa de Jesús (no se había inventado la cámara fotográfica), sí podemos tener en la mente una imagen casi exacta del rostro del Señor Jesús basándonos en la tradición de la iglesia católica, el arte iconográfico, testimonios de gente contemporánea al Señor y el estudio científico de las distintas etnias judías de la palestina del siglo I. La imagen es universal, tez oscura, cabellos largos, bigote y barba, ese Jesús es el que se nos ha revelado a través de la historia. Rutherford, cambio drásticamente esto mostrándonos a un Jesús imberbe.


El pulcramente afeitado, Juez Rutherford
En la sección pregunta de los lectores de la revista Atalaya de 1954 del 15 de agosto página 511 leemos:

"La imagen tradicional de Jesús lo muestra con el pelo largo y barba, pero las publicaciones de la Watch Tower lo ilustra sin barba y con el pelo corto. ¿Cuál es la correcta?.

"Según lo publicado en "The Illustrated London News" del 1 de octubre de 1949, se muestra una cruz con un joven clavado en ella, sin barba y con el pelo corto, para representar "a Cristo crucificado, pero triunfante." Ya que la Biblia no describe la apariencia facial de Jesús o indica que tenía una barba larga, seguimos la evidencia arqueológica más antigua en lugar de la vista más tradicional que hace a Jesús parecer afeminado, cetrina y santurrón".


Imagen de la Crucifixión según la Atalaya
al gusto de Rutherford. Jesús y Dimas,
el buen ladrón, aparecen sin barba mientras
que Gestas, a la izquierda de Jesús, sí la lleva.
Esto produjo discrepancias en los adeptos, unos la cuestionaron y fueron inmediatamente censurados, otros la rechazaron y se apartaron, sin embargo la gran mayoría creyó esta desfachatez…

Sin embargo, pasaron 10 años para que la gran organización, el profeta de Jehová, vuelva a rectificar diciendo que se equivocaron, así de simple, al fin y al cabo, la organización es Dios mismo. En la sección, pregunta de los lectores del 1 de septiembre de 1968 página 543 leemos:

"Cuando Jesucristo fue hombre en la Tierra, ¿usó barba?".

"La prueba bíblica es el testimonio más confiable que puede hallarse sobre esta pregunta, y un reciente repaso cuidadoso de lo que ésta dice indica que Jesús sí tuvo barba.
Justino Mártir, Orígenes, Clemente de Alejandría y otros, claramente indican que no existía en su tiempo registro satisfactorio de la semejanza física de Jesús y de los apóstoles. Agustín, escribiendo aproximadamente en 400 E.C. (De Trinitate, VIII, 4), dijo que cada hombre tenía su propia idea de la apariencia de Cristo, y los conceptos eran indefinidos.
No obstante, como ya se mostró, es patente que Jesús sí usó barba, y por eso las representaciones artísticas de él en futuras publicaciones de la Watch Tower armonizarán con la prueba bíblica en ese sentido".


Atte. Víctor Gamboa


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