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¿Cómo explicar la Resurrección a jóvenes demasiado racionalistas y escépticos?



Cuando hablamos de la Resurrección de Jesús, estamos abordando uno de los eventos más trascendentales de la historia humana y uno de los pilares fundamentales de la fe cristiana. La Resurrección no es solo una creencia central para los cristianos, sino que también ha sido objeto de estudio y debate a lo largo de los siglos.

Para aquellos que se acercan al tema desde una perspectiva más racionalista y escéptica, es importante abordar la cuestión desde un enfoque que tenga en cuenta las pruebas históricas disponibles. Aunque la fe es un aspecto crucial en la comprensión de la Resurrección, también es posible encontrar evidencias externas que respalden este evento.

Uno de los primeros argumentos que podemos presentar es el testimonio de los Evangelios. Aunque estos textos son escritos religiosos, son considerados por los historiadores como fuentes importantes para el estudio de la vida de Jesús y los primeros años del cristianismo. Los Evangelios proporcionan relatos detallados de la muerte y Resurrección de Jesús, incluyendo detalles sobre cómo fue crucificado, sepultado y cómo se apareció a sus seguidores después de su Resurrección. Aunque algunos críticos pueden cuestionar la fiabilidad de los Evangelios debido a su naturaleza religiosa, es importante recordar que estos textos fueron escritos por testigos presenciales o personas cercanas a los eventos que describen.

Además del testimonio de los Evangelios, existen otras fuentes históricas que corroboran la existencia de Jesús y los eventos que rodearon su vida. Por ejemplo, el historiador judío Flavio Josefo, en su obra "Antigüedades judías", menciona a Jesús y su ejecución por orden de Poncio Pilato. Aunque hay debates sobre la autenticidad de algunos pasajes en los escritos de Josefo, la mención de Jesús como una figura histórica es ampliamente aceptada por los historiadores.

Otro aspecto importante a considerar es el testimonio de los primeros seguidores de Jesús. Después de la muerte de Jesús, sus seguidores experimentaron un cambio radical en sus vidas y se convirtieron en fervientes predicadores de su mensaje, a pesar del peligro y la persecución que enfrentaban. El hecho de que estos hombres y mujeres estuvieran dispuestos a enfrentar la muerte por su fe en la Resurrección de Jesús es un poderoso testimonio de la realidad de este evento. Además, el surgimiento y la expansión del cristianismo primitivo en un contexto hostil proporciona evidencia adicional de la fuerza y convicción de los primeros cristianos en la Resurrección de Jesús.

También podemos mencionar las apariciones de Jesús resucitado a sus seguidores como una prueba de su Resurrección. Según los relatos bíblicos, Jesús se apareció a varias personas después de su Resurrección, incluyendo a María Magdalena, a los discípulos en el camino a Emaús y a los apóstoles en el Cenáculo. Estas apariciones fueron presenciadas por múltiples personas y ocurrieron en diferentes momentos y lugares, lo que sugiere que no fueron alucinaciones individuales, sino experiencias compartidas y verificadas por múltiples testigos.

Además de las pruebas históricas, también podemos reflexionar sobre el impacto y la relevancia continua de la Resurrección en la vida de los creyentes. A lo largo de los siglos, la fe en la Resurrección de Jesús ha sido una fuente de esperanza, consuelo y fortaleza para millones de personas en todo el mundo. La Resurrección nos recuerda que la vida es más fuerte que la muerte y que el amor de Dios es más poderoso que cualquier fuerza en el universo. Esta realidad es palpable en la experiencia personal de muchos creyentes, quienes han experimentado la presencia viva de Jesús en sus vidas y han sido transformados por su amor y gracia.

En conclusión, cuando abordamos la Resurrección de Jesús desde una perspectiva racionalista y escéptica, es importante considerar las pruebas históricas disponibles, como el testimonio de los Evangelios, las fuentes históricas externas, el testimonio de los primeros seguidores de Jesús y las apariciones de Jesús resucitado. Aunque la fe desempeña un papel crucial en nuestra comprensión de la Resurrección, también podemos encontrar evidencias externas que respalden este evento. Al mismo tiempo, la relevancia continua de la Resurrección en la vida de los creyentes y su impacto transformador en la historia humana nos invita a reflexionar sobre su importancia y veracidad.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Reencarnación y Resurrección: ¿Cuál es la diferencia?



La diferencia entre reencarnación y resurrección es uno de esos temas que a menudo suscitan mucha reflexión y debate. Permíteme compartir contigo algunas reflexiones desde la fe católica, basadas en la enseñanza de la Iglesia y en la Sagrada Escritura.

Comencemos por explorar la idea de la reencarnación. La reencarnación es una creencia que sostiene que después de la muerte, el alma de una persona reencarna en otro cuerpo humano o incluso en otro tipo de ser vivo, como un animal. Esta creencia es parte de muchas tradiciones religiosas y filosóficas en todo el mundo, pero no es parte de la enseñanza católica.

En la fe católica, creemos en la resurrección, no en la reencarnación. La resurrección es el acto por el cual una persona fallecida es restaurada a la vida en su propio cuerpo, transformado y glorificado, en el último día, cuando Jesús regrese en gloria al final de los tiempos. Esta es una verdad central de nuestra fe cristiana, proclamada en el Credo: "Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna".

La diferencia fundamental entre reencarnación y resurrección radica en la comprensión de la persona y la finalidad de la vida. Desde la perspectiva de la fe católica, cada persona es única e irrepetible, creada a imagen y semejanza de Dios, y tiene un destino eterno: vivir en comunión con Dios para siempre. La reencarnación sugiere un ciclo interminable de muerte y renacimiento, mientras que la resurrección ofrece la esperanza de una vida eterna en la presencia amorosa de Dios.

La Sagrada Escritura nos ofrece varias enseñanzas sobre la resurrección. En el Evangelio según San Juan, Jesús proclama: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá" (Juan 11,25). Esta afirmación de Jesús nos asegura que la resurrección no es simplemente una doctrina abstracta, sino una realidad viva y tangible en él mismo. Su propia resurrección es la garantía de nuestra esperanza de vida eterna.

Además, San Pablo en su primera carta a los Corintios nos habla de la resurrección de los muertos y nos revela que nuestra resurrección será una participación en la victoria de Cristo sobre la muerte: "Pues, así como todos mueren en Adán, así también todos serán vivificados en Cristo" (1 Corintios 15,22). Aquí vemos cómo la resurrección no es solo un evento futuro, sino un acontecimiento que se encuentra en el corazón mismo de nuestra fe.

En contraste, la idea de la reencarnación no tiene base en las Escrituras cristianas. Aunque algunos pueden interpretar ciertos pasajes de manera que parezcan apoyar la reencarnación, la enseñanza oficial de la Iglesia Católica la rechaza. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que "no hay 'reencarnación' después de la muerte" (CCC 1013). En lugar de la reencarnación, la Iglesia enseña que después de la muerte, las almas de los justos van al cielo, al purgatorio o al infierno, según su relación con Dios y su vida en la tierra.

Es importante recordar que la fe católica no niega la realidad del alma ni la importancia de la vida espiritual. De hecho, la Iglesia enseña que el alma es inmortal y que nuestra vida terrenal es solo una etapa en nuestro viaje hacia Dios. Sin embargo, la reencarnación y la resurrección ofrecen respuestas diferentes a la pregunta fundamental sobre el propósito y el destino final de la vida humana.

La resurrección, en última instancia, es un acto de amor y misericordia por parte de Dios. Es la promesa de que nuestra vida no termina en la muerte, sino que encuentra su plenitud en la comunión eterna con Dios y con todos los que han vivido y han muerto en su amor. La resurrección nos invita a vivir con esperanza y confianza, sabiendo que nuestra vida no es en vano y que nuestro sufrimiento y nuestras pruebas serán transformados en gloria.

En conclusión, la diferencia entre reencarnación y resurrección es fundamental para nuestra comprensión de la fe cristiana y el significado de la vida humana. Mientras que la reencarnación sugiere un ciclo interminable de muerte y renacimiento, la resurrección nos ofrece la esperanza de una vida eterna en la presencia amorosa de Dios. Como cristianos, confiamos en la promesa de Jesús de que él es la resurrección y la vida, y que aquellos que creen en él vivirán para siempre. Que esta verdad nos llene de alegría y esperanza en medio de todas las pruebas y desafíos de la vida.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Aunque la Navidad es muy importante, ¿Por qué para la Iglesia es más importante la Resurrección de Cristo que su Nacimiento?


En este hermoso camino de fe, es crucial comprender por qué la Iglesia pone un énfasis tan significativo en la resurrección de Cristo en comparación con su nacimiento.

Primero, dejemos que el corazón de nuestra fe, la Sagrada Escritura, nos guíe en este viaje. Cuando exploramos las páginas de la Biblia, encontramos que el Nuevo Testamento, y particularmente los Evangelios, resaltan la resurrección como un evento central. San Pablo, en su primera carta a los Corintios, nos dice: "Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es vana; todavía estáis en vuestros pecados" (1 Corintios 15, 17). Aquí vemos cómo la resurrección se convierte en el cimiento de nuestra fe cristiana.

El nacimiento de Jesús, aunque lleno de maravillas y alegría, es solo el comienzo de su misión redentora en la Tierra. Es el acto que inaugura la llegada del Salvador prometido, pero es en su resurrección que la plenitud de esa redención se revela. La Encarnación, el nacimiento de Jesús, es esencial porque Dios se hace hombre para caminar entre nosotros, compartir nuestra humanidad y mostrarnos el camino hacia la salvación. No obstante, la resurrección da sentido y cumplimiento a todo esto.

Imagina, querido amigo, que estás viendo una grandiosa obra teatral. El nacimiento de Jesús sería como el telón que se levanta, revelando el inicio de la historia. Es hermoso y emocionante, pero la trama aún no ha llegado a su clímax. Ahora, piensa en la resurrección como el emocionante desenlace de la obra. Es el momento en el que la redención, la victoria sobre el pecado y la muerte, se manifiesta de manera gloriosa. Sin la resurrección, la historia quedaría inconclusa, como un cuento sin final feliz.

La Iglesia nos enseña que, mediante la resurrección, Cristo vence la muerte y nos ofrece la esperanza de la vida eterna. En el Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 641, se nos dice: "El misterio de la resurrección de Jesús es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento". Aquí vemos cómo la Iglesia destaca la realidad histórica de la resurrección, no como un mito o una metáfora, sino como un evento que transforma radicalmente nuestra existencia.

Al considerar la importancia de la resurrección, recordemos también las palabras del mismo Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá" (Juan 11, 25). Aquí, Jesús nos revela que la resurrección no es solo un evento pasado, sino una realidad presente y futura para aquellos que creen en Él. Es el fundamento de nuestra esperanza, la promesa de que, a través de Cristo, podemos superar la muerte y compartir en su vida divina.

Al poner énfasis en la resurrección, la Iglesia nos invita a mirar más allá de la cuna de Belén y dirigir nuestra mirada hacia el sepulcro vacío. La resurrección es el sello divino que valida la obra redentora de Jesús. San Pablo nos exhorta en su carta a los Filipenses: "Para conocerle a él, y el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos, configurándome a él en su muerte" (Filipenses 3, 10). Aquí vemos cómo la resurrección no solo nos ofrece la esperanza de la vida eterna, sino también la posibilidad de compartir en la vida misma de Cristo.

Ahora, amigo mío, permíteme compartir contigo una analogía que ilustra la relación entre el nacimiento y la resurrección. Imagina que estás plantando una semilla en tu jardín. El nacimiento de Jesús sería como el momento en que la semilla comienza a brotar. Es un comienzo maravilloso, pero el verdadero asombro viene cuando esa planta florece y da frutos. De manera similar, la resurrección es la floración de la semilla plantada en Belén. Es el florecimiento de la redención que transforma nuestras vidas y nos ofrece la fruta eterna de la comunión con Dios.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Cuáles son las diferencias entre la doctrina cristiana de la resurrección y la reencarnación?


La doctrina cristiana de la resurrección y la creencia en la reencarnación son dos conceptos diferentes. Aquí hay algunas diferencias clave:

1. La naturaleza del ser humano: En la doctrina cristiana, se cree que los seres humanos tienen una sola vida terrenal y un alma inmortal que sobrevive después de la muerte. La reencarnación, por otro lado, implica que el alma de una persona pasa por muchas vidas y tiene muchas experiencias diferentes.

2. El propósito de la vida: La creencia cristiana es que la vida en la tierra es una oportunidad para alcanzar la salvación y vivir en la presencia de Dios después de la muerte. La reencarnación, en cambio, sugiere que la vida en la tierra es una oportunidad para que el alma aprenda lecciones y evolucione espiritualmente.

3. La muerte: En la doctrina cristiana, la muerte es vista como el final de la vida terrenal y el comienzo de la vida eterna en la presencia de Dios. En la reencarnación, la muerte se ve como el final de una vida y el comienzo de otra.

4. La existencia de Dios: En la doctrina cristiana, Dios es visto como el Creador y gobernante del universo, y la salvación solo puede lograrse a través de la fe en Jesucristo. En la reencarnación, no hay necesidad de un Dios personal y se cree que el destino del alma es determinado por las acciones pasadas.

En resumen, la doctrina cristiana de la resurrección se centra en la idea de que los seres humanos tienen una sola vida en la tierra, después de la cual serán resucitados para vivir una vida eterna en la presencia de Dios. La reencarnación, por otro lado, sugiere que el alma pasa por muchas vidas y experiencias diferentes en su camino hacia la evolución espiritual.

¿Qué enseña la Iglesia sobre la resurrección?
La enseñanza de la Iglesia Católica sobre la resurrección es una creencia fundamental de la fe cristiana y se basa en las Escrituras y en la tradición de la Iglesia.

La Iglesia enseña que la resurrección es un evento futuro en el cual los muertos serán resucitados y los cuerpos se unirán de nuevo con sus almas. Esta creencia se basa en las enseñanzas de Jesús y de los apóstoles en el Nuevo Testamento, donde se describe la resurrección de Jesús y se habla de una resurrección futura para todos los creyentes.

La Iglesia enseña que la resurrección será un evento físico, no solo espiritual, lo que significa que nuestros cuerpos serán resucitados y unidos de nuevo con nuestras almas. Esto es diferente a la creencia en la reencarnación, donde se cree que el alma toma diferentes cuerpos en distintas vidas.

La resurrección es vista como un evento glorioso y triunfante, que señala la victoria sobre el pecado y la muerte. La Iglesia enseña que la resurrección es una prueba de la promesa de la vida eterna para aquellos que creen en Jesucristo y siguen sus enseñanzas.

En resumen, la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la resurrección es que los cuerpos y las almas de los muertos serán reunidos de nuevo en un evento futuro, como una señal de la victoria sobre el pecado y la muerte y una promesa de la vida eterna para aquellos que creen en Jesucristo.

El espíritu y la resurrección del cuerpo desde la física cuántica

 




¿Cómo se explica al espíritu desde la física cuántica?

Después de todo esto uno no sabe qué decir sobre lo que significa hablar de mi cuerpo. Pero yo diría que significa que es el conjunto material que está adaptado al espíritu y bajo el control del espíritu, de tal manera que en el cambio diario y año tras año del metabolismo de mis órganos, siempre puedo decir que el espíritu es el que da cohesión a toda esta estructura material y, controlándola, la hace ser mi cuerpo.

Ahora bien, hablemos de lo que nos dicen los evangelios de Cristo resucitado. Solamente en el caso de Cristo tenemos una descripción de lo que hace un cuerpo resucitado. ¿Qué nos dice el evangelio? Primeramente entra en el cenáculo donde están los apóstoles sin abrir la puerta: aparece en medio de ellos. ¿Por dónde ha entrado? La respuesta, naturalmente, es que no ha entrado por ningún sitio.

¿Cómo puede hacerse presente si antes no estaba dentro y no ha entrado? La respuesta se puede decir por la física: se puede ir de un sitio a otro sin pasar por el medio. ¿Y dónde estaba antes? La respuesta también puede venir por la física: no tenía que estar en ningún sitio. Porque la materia puede existir sin estar en ningún sitio. Así es, como en el caso del agujero negro.

Precisamente este es uno de los modos de hablar de la Resurrección: el cuerpo deja de estar sujeto a los límites del espacio. Y porque deja de estar sujeto a estos límites no hay que buscarlo con ningún tipo de mapa para ver dónde está cuando no quiere hacerse presente. No tiene que estar en ningún sitio y se hace presente directamente donde quiere, sin pasar por ningún camino intermedio.

Y cuando Cristo desaparece del cenáculo, tampoco pide que le abran la puerta. Desaparece sin más para estar fuera del espacio. No sabemos explicarnos ni imaginar qué es existir fuera del espacio, pero la física me da pie para pensar que esto es una realidad que se da también en el mundo de las partículas. Pero cuando Cristo se hace presente, tiene su cuerpo, ya lo creo que sí. Se le toca, puede comer y come, porque es un cuerpo real y tiene la capacidad de hacer lo que se hace por medio de esas cuatro fuerzas que definen a la materia.

Lo que el evangelio nos dice es que Cristo mismo, dirigiéndose a los apóstoles, les dice: ved que tengo carne y huesos, no soy ningún fantasma. Dice que le toquen. Y cuando todavía no se atreven a creerlo del todo les pide que le den de comer, y con ellos come un trozo de pescado. De modo que es un cuerpo verdadero, sí, con todas las posibilidades de actuar de un cuerpo humano. Luego desaparece y aparece a los discípulos de Emaús y no le reconocen.

¿Por qué? Porque, una vez más, no está sujeto a ninguna ley física que obliga a que tus átomos estén en una distribución determinada. Por tanto, puede tener el aspecto que quiera. No es necesariamente el cuerpo de Cristo el que tiene que tener tales dimensiones en cada uno de sus rasgos. Puede tener su propio cuerpo pero puede controlar completamente cómo se muestra, a quién se muestra y en qué forma se muestra. Si quieren que se lo diga de manera analógica y breve.

Cuando nosotros vivimos en nuestra vida mortal y normal, ¿cómo actúa nuestro espíritu? No actúa con la libertad propia de un espíritu, porque un espíritu no está sujeto a leyes físicas, ni a espacio ni a límites de movimiento ni de tiempo. Dios o un ángel, como espíritus puros, no están sujetos a este cambio espacio temporal propio de la materia. Sin embargo, nuestro espíritu se ve obligado a actuar casi como materia en el sentido de que yo estoy aquí y por mucho que lo piense mi espíritu no va a estar en Miami, está aquí.

Y por mucho que me esfuerce, no puedo actuar sino en un tiempo en el que me cuesta trabajo, esfuerzo y tiempo aprender algo, hacer un raciocinio filosófico o simplemente utilizar la capacidad de razonar en la vida diaria, de absorber la belleza de una poesía, de aprender una ley física… Todo esto me lleva tiempo. Por tanto, mi espíritu está limitado por su unión a la materia y actúa casi a modo de materia, constreñido por los límites de espacio y tiempo.

Esto, que es la realidad de nuestra vida, cambia al revés después de la Resurrección. Entonces es el espíritu el que manda y hace que la materia exista a modo de espíritu, libre de esas ataduras, de esos límites de espacio y tiempo. Este es el único significado lógico que tiene la frase de San Pablo: se siembra un cuerpo material, resucita un cuerpo espiritual. Cuerpo es el sustantivo, el nombre, por tanto, es estructura material.

Pero actúa ya a modo de espíritu. Y porque actúa a modo de espíritu este puede determinar que se haga o no visible en una forma o en otra, en un sitio o en otro, en un momento o en otro. El cuerpo está totalmente subordinado al espíritu. Y como estará fuera del tiempo, no hay desgaste, no hay metabolismo, no hay ningún tipo de necesidad de renovar estructuras ni de conseguir energía con alimentos.

Fuente: P. Manuel Carreira, SJ, “La Resurrección desde la física cuántica“.

¿Por qué los Cristianos creemos en la resurrección y no en la reencarnación?


¿POR QUÉ LOS CRISTIANOS CREEMOS EN LA RESURRECCIÓN Y NO EN LA REENCARNACIÓN?
Por: Mary Rezac 

La doctrina cristiana sobre la resurrección se encuentra en el C.i.C. en los numerales que van del 988 al 1001

Tal vez un elemento de la Nueva Era o New Age que goza de popularidad en el mundo actual es la reencarnación, una creencia que incluso algunos católicos aceptan pese a ser incompatible con la fe cristiana.

Una reciente encuesta realizada por el prestigioso Pew Center reveló que, por ejemplo, un 29% de cristianos en Estados Unidos acepta la reencarnación como algo cierto. En el caso de los católicos, el 36% admite esta creencia.

¿De dónde surge la creencia en la resurrección?
Aunque la creencia en la resurrección comienza cuando el Señor Jesús resucitó al tercer día después de morir, ya había cierta idea al respecto entre algunos judíos como los fariseos.

“Los fariseos creían en ángeles y en las almas espirituales y, en general, en la resurrección de los muertos”, dijo a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– el diácono Joel Barstad, profesor de Teología del Seminario Saint John Vianney en Denver (Estados Unidos).

“La resurrección de Jesús de entre los muertos confirmó esa creencia, pero también le dio una base sólida y profunda”, agregó.

La doctrina cristiana sobre la resurrección se encuentra en el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales que van del 988 al 1001.

El numeral 989 señala: “Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día. Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad”

“El término ‘carne’ designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad. La ‘resurrección de la carne’ significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros ‘cuerpos mortales’ volverán a tener vida”.

“Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. ‘La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella’”, señala luego el numeral 990.

“La salvación es la unidad con Cristo porque Cristo trae el Reino de Dios y ese Reino se realiza en la resurrección”, dijo a CNA el profesor de Teología sistemática de la Universidad Católica de América, Michael Root.

Joel Barstad dijo que “un cristiano es un individuo que quiere ser realmente alguien ahora y luego de la muerte hasta el fin de los tiempos, pero para que eso sea posible, voy a necesitar mi cuerpo resucitado y los demás necesitarán los suyos”, precisó.

¿Por qué los cristianos deben rechazar la reencarnación?

En opinión de Root, las dos razones principales para rechazar la creencia en la reencarnación son: que se opone a la forma en la que Cristo ofrece la salvación y porque va en contra de la naturaleza de la persona humana.

Root explicó que la reencarnación “contradice la imagen de la salvación que tenemos en el Nuevo Testamento, donde nuestra participación en la resurrección de Cristo es efectivamente de lo que se trata la salvación” y “nos da una imagen muy distinta de lo que es ser humano: un ente incorpóreo que no está relacionado a ningún tiempo específico”.

“El cristianismo toma muy en serio que somos seres con un cuerpo y, cualquier noción de reencarnación considera que el ser solo tiene una especie de conexión accidental con cualquier cuerpo específico, porque desde esa perspectiva uno pasa de un cuerpo a otro y a otro y a otro; y ese no tener un cuerpo específico termina en la idea de que uno no sabe quién es”, destacó Root.

El documento vaticano sobre la Nueva Era titulado “Jesucristo portador del agua de la vida”, señala que “la unidad cósmica y la reencarnación son irreconciliables con la creencia cristiana de que la persona humana es un ser único, que vive una sola vida de la que es plenamente responsable: este modo de entender la persona pone en cuestión tanto la responsabilidad personal como la libertad”.

Barstad también señaló que la creencia en la reencarnación no es algo positivo, tampoco para los budistas e hinduistas, quienes la ven como algo de lo que se debe escapar.

“No conozco una doctrina robusta sobre la reencarnación (…) que considere la reencarnación de un alma como algo bueno; aunque de repente algunos hinduistas o estoicos la vean como una necesidad cósmica benigna; pero ciertamente la aspiración más profunda” de algunos que creen en esto “sea disolver los nexos de las relaciones temporales y corporales totalmente; es decir, disolver la relación con el cuerpo de modo que no sea posible otra reencarnación para un alma. La meta para el alma es entonces convertirse permanentemente en nadie”, destacó Barstad.

La esperanza de la resurrección

Si bien los cristianos pueden experimentar sufrimiento en la vida, también pueden vivir la esperanza de que “son amados por Cristo que, a través de su propia muerte humana y divina; y su resurrección, puede llevarlos hasta el final y remodelarlos, haciendo algo hermoso a partir de un enredo”, explicó Barstad.

Los cristianos además esperan la resurrección de los otros, de sus amigos y seres queridos, “para vivir en un cielo nuevo y una tierra nueva”.

“Por todo esto evangelizamos, por esto nos arrepentimos de nuestros errores y perdonamos a quienes nos hacen mal. Por esto rezamos por los muertos y por esto los santos que ya gozan de la visión beatífica de Dios también rezan por nosotros”.

Los santos, concluyó el experto, “están todavía involucrados con el mundo y esperan con nosotros la revelación final de Cristo que nos dará la resurrección a todos”.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:

http://es.catholic.net/op/articulos/71487/cat/13/por-que-los-cristianos-creemos-en-la-resurreccion-y-no-en-la-reencarnacion.html

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