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¿El Día de los Fieles Difuntos es un culto a los muertos como dicen los hermanos separados (protestantes)?


Primero que todo, es crucial entender que en la Iglesia Católica, el Día de los Fieles Difuntos es una celebración profundamente arraigada en la tradición y la fe cristiana. No se trata en absoluto de un culto a los muertos, como a veces malentendido por algunos de nuestros hermanos separados. Los cristianos católicos no celebramos la muerte, pues ésta ya ha sido vencida por nuestro Señor Jesucristo. Celebramos la esperanza de la vida eterna. La celebración de este día es una expresión de amor, esperanza y oración por aquellos que han partido de este mundo y están en el proceso de purificación, en lo que llamamos el Purgatorio.

Nos basamos en la enseñanza de la Iglesia que encuentra su fundamento en la Sagrada Escritura. La Biblia nos enseña en el libro del Segundo Macabeos, en el Antiguo Testamento, sobre la importancia de orar por los muertos. En el capítulo 12, versículos 43-46, leemos: "Hizo también una colecta entre todos, envió a Jerusalén como unas doce mil dracmas para ofrecer un sacrificio por el pecado. Obró con mucha hermosura y con grandeza de ánimo, pensando que había de resurrección para los muertos, fue un pensamiento santo y piadoso. Por esto hizo este sacrificio expiatorio por los muertos, para que fueran libres de su pecado".

Este pasaje de las Escrituras nos muestra claramente que los judíos de la época ya practicaban la oración por los difuntos (y lo siguen practicando hasta hoy día), lo que indica que esta tradición se remonta a los tiempos del Antiguo Testamento. En la Iglesia Católica, continuamos esta práctica, basándonos en la convicción de que nuestra oración y buenas obras pueden ayudar a las almas en el Purgatorio, permitiéndoles alcanzar la purificación necesaria para entrar en la presencia de Dios en el Cielo.

Además, en el Catecismo de la Iglesia Católica, que es una recopilación sistemática de las enseñanzas de nuestra fe, encontramos la afirmación de esta verdad en los párrafos 1030 y 1031. El párrafo 1030 nos dice que "los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo". Y el párrafo 1031 continúa explicando que "la Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia y de Trento".

Entonces, ¿cómo encaja el Día de los Fieles Difuntos en todo esto? Este día es una oportunidad especial para recordar a nuestros seres queridos que han fallecido y para orar por ellos. Al hacerlo, no estamos adorando a los muertos, ni invocándolos, ni considerándolos deidades, sino más bien mostrando nuestro amor y cuidado por sus almas, pues esperamos que se encuentren con Cristo. Estamos cumpliendo con la enseñanza bíblica y catequética de orar por las almas de los difuntos, confiando en la misericordia de Dios para acortar su tiempo en el Purgatorio y llevarlos a la plenitud de la comunión con Él en el Cielo.

Además, el Día de los Fieles Difuntos nos recuerda nuestra propia mortalidad y la necesidad de prepararnos adecuadamente para encontrarnos con Dios al final de nuestras vidas terrenales. Nos invita a reflexionar sobre nuestras acciones y a vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios para que, cuando llegue nuestro momento, podamos entrar en su presencia con alegría y confianza en su misericordia.

Espero que esta explicación te haya ayudado a entender mejor el significado del Día de los Fieles Difuntos en la Iglesia Católica. No dudes en hacerme más preguntas si tienes alguna inquietud adicional. Estoy aquí para ayudarte en todo lo que pueda. ¡Que Dios te bendiga abundantemente!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Qué es el Código de Derecho Canónico?


El Código de Derecho Canónico es una recopilación de leyes y normas que rigen la vida y la organización de la Iglesia Católica. Es como un manual que establece las reglas y procedimientos para el gobierno de la Iglesia, así como los derechos y deberes de los fieles.

El Código de Derecho Canónico se basa en los principios del Evangelio y en la tradición de la Iglesia. En él se encuentran normas sobre diversos temas, como la estructura jerárquica de la Iglesia, la administración de los sacramentos, el ejercicio del ministerio pastoral, la disciplina eclesiástica, entre otros.

Este Código es una herramienta importante para garantizar que la Iglesia funcione de manera ordenada y coherente en todo el mundo. Además, busca proteger los derechos y la dignidad de todos los fieles, promoviendo la justicia y el bien común dentro de la comunidad eclesial.

En el Evangelio según Mateo, Jesús nos enseña: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mandamiento más grande y el primero" (Mateo 22:37-38). Amar a Dios es fundamental para nuestra fe católica, y el Código de Derecho Canónico nos ayuda a vivir ese amor en comunidad.

En el Catecismo de la Iglesia Católica, encontramos una enseñanza sobre la importancia de la ley en la vida de la Iglesia: "La ley es necesaria para el hombre como guía y protección en su vida en sociedad. Impone deberes indispensables para el bien común y establece los derechos fundamentales de las personas" (Catecismo, 1952).

La Iglesia, como cuerpo de Cristo, tiene la responsabilidad de promover la justicia y el bienestar de todos sus miembros. El Código de Derecho Canónico nos ayuda a cumplir con esta misión al establecer normas que aseguran un orden justo y equitativo en la Iglesia.

El Código de Derecho Canónico Esto obliga a los encargados de su interpretación y aplicación a tratar a todos los fieles por igual, sin discriminación ni favoritismos. La justicia es un valor fundamental en la Iglesia y el Código de Derecho Canónico nos guía en su búsqueda.

Es importante recordar que el Código de Derecho Canónico no es un conjunto de reglas rígidas y estáticas, sino que está sujeto a la interpretación y adaptación pastoral según las necesidades de cada tiempo y lugar. La Iglesia siempre busca el bien de sus fieles y la salvación de las almas, por lo que las normas pueden ser aplicadas con flexibilidad cuando sea necesario.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Monseñor Franco Coppola: “La Virgen de Guadalupe me transformó”



Cuando llegó a México, a finales de 2016, una de las principales preocupaciones del Nuncio Apostólico, Franco Coppola, era que no conocía prácticamente nada sobre las Apariciones de la Virgen de Guadalupe; por eso, a las pocas horas de haber llegado, pidió a sus colaboradores que lo llevaran a la Basílica.

“Si algún periodista me preguntaba por la Virgen, no sabía qué responder”, reconoce. No obstante, en cuanto la vio, nació un cariño y una devoción que sólo ha crecido con el tiempo.

Cinco años después no sólo se sabe la historia del Milagro de las Rosas y la importancia que tiene la Madre del Tepeyac para todos los mexicanos; también le ha pedido que lo adopte como un hijo más.

Hace unos días, el Papa Francisco pidió a monseñor Coppola que continúe su labor como representante diplomático de la Santa Sede ahora en Bélgica, con lo que dará por terminada su misión en México.

“Pero no tengo prisa de irme –dice en entrevista con Desde la fe-, y por ello me quedo todo el tiempo que pueda, hasta el primero de enero, para despedirme de todas las personas que me han acompañado en estos cinco años, y también de las autoridades”.

“México es mi casa”

Aunque su principal labor dentro de la Iglesia ha sido acompañar a los obispos mexicanos, monseñor Coppola también ha tenido la oportunidad de conocer a los fieles de todo el país, su profunda fe y los problemas que enfrentan.

“Fue una experiencia riquísima. Creo que no encontraré otro país que tenga un pueblo tan fiel, tan creyente y con una fe tan profunda, sencilla y profunda, al mismo tiempo”.

Aunque ya no vivirá aquí, asegura que México se ha convertido en su casa.

“Primero, porque así me lo han hecho saber, siempre me dijeron ‘esta es su casa’, y es algo que en ningún otro lado me habían dicho, y no estaría bien de mi parte no sentirme así”.

Las experiencias que lo marcaron

De las experiencias que más marcaron su paso por México, monseñor Coppola destaca, por un lado, haber acompañado a la Iglesia en la atención de los casos de abuso sexual por parte de clérigos y sacerdotes.

Desde que llegó al país, se reunió con víctimas, escuchó sus historias, atendió sus peticiones y trabajó de la mano con la Conferencia del Episcopado Mexicano para mejorar la respuesta y a atención a quienes sufrieron abusos, y también ha atestiguado el trabajo de la Iglesia para prevenirlos.




Por otro lado, agrega, también palpó los estragos de la violencia, principalmente durante la visita que hizo a Aguililla, Michoacán, donde encontró dolor y sufrimiento, pero también a una Iglesia en salida, que acompaña al pueblo de Dios.

También, reconoce, quedó gratamente sorprendido por la sencillez y la adhesión al Papa de todos los obispos mexicanos, que le permitieron acompañarlo.

“Me encontré con un episcopado que me regaló su confianza, sin conocerme, sólo porque era el Nuncio. Sólo porque representaba al Santo Padre me escuchaban, me permitían participar en todos sus trabajos, tomaban en cuenta lo que yo decía, abrían su corazón conmigo. Me impresionó que lo hicieron sin conocerme, sin saber qué tipo soy, sólo por el hecho de ser el representante del Papa.”

“Yo no conozco a todos los episcopados del mundo y no puedo hacer comparaciones, pero puedo decir que, de los que yo conozco, este es el que más estima y respeta al Santo Padre”.

“La Virgen me transformó”

Aquella vez que visitó la Basílica por primera vez, monseñor Coppola pudo leer la inscripción que recibe a los peregrinos en el recinto mariano: “¿Por qué te preocupas, no estoy yo aquí que soy tu madre?”.

Ese, reconoce el Nuncio, ha sido uno de los encuentros más significativos de su vida.

“La Virgen de Guadalupe me transformó. En México siempre sentí detrás de mí a esa Madre que me cuidaba y que me acompañaba”.

Por eso ha querido que su último acto en el país sea presidir la Santa Misa a los pies de Nuestra Señora, pero no para despedirse, sino para pedirle que lo acompañe en su nueva aventura, pues así como considera a México su casa, para él la Virgen de Guadalupe también es su madre.

“Y cuando uno tiene una Madre –dice sonriente-, no la deja nunca”.

¿Qué es la idolatría?


¿QUÉ COSA ES REALMENTE LA IDOLATRÍA?
Por Álvaro Molina 

En tiempos de los profetas los pueblos paganos practicaban la idolatría principalmente rindiendo adoración a figuras talladas en piedra, madera o hasta metales preciosos. Bien podía tratarse de figuras de un hombre-pez, o de algún animal o de algún ser mitológico con forma humana, como en el caso de los dioses del Olimpo o algunos dioses egipcios. 

En aquel tiempo la idolatría tenía como premisa fundamental el creer que aquel objeto inanimado era realmente un dios, que podía escuchar, ver y entender, y desde luego conceder favores. En el libro de Daniel incluso vemos que algunos pueblos creían que esas figuras inertes hasta podían comer. Esa fue la razón por la que se escribió lo que leemos en Jeremías 10, donde el profeta se burla de los ídolos, ya que aquellos pueblos trataban esos objetos como si realmente eran seres capaces de ver, hablar y moverse, cuando no eran más que figuras idolatradas, talladas en algún material inerte. 

En tiempos de los apóstoles la idolatría seguía practicándose, pero no solamente hacia esculturas que eran tratadas como ídolos, sino que también hacia cosas del mundo como el sexo, el dinero y todo lo demás que el mundo pudiera ofrecer. Eso lo podemos leer en Efesios 5,5 donde San Pablo advierte que ser fornicario, avaro o mundano equivale a ser idólatra. Una advertencia similar la podemos leer también en Colosenses 3,5-6. No es casualidad que San Pablo mencione esto en dos de sus cartas, donde hace énfasis en que la idolatría no es solamente creer que un trozo de piedra o madera es un dios, sino que es acerca de poner las cosas pecaminosas del mundo por encima del verdadero Dios. 

En nuestros días solo un trastornado podría creer que un objeto con forma humana o de animal es un dios. Aun así existe la idolatría hacia otras cosas como el dinero, la fama, el sexo, el cuerpo, las personas, etc. 

Hay una palabra en hebreo, cuyo significado puede mostrar con mucha más claridad qué cosa es ser idólatra. En las prohibiciones que pueden leerse en Levítico encontraremos que no se debe adorar ídolos, no se debe usar ropas con diferentes tipos de tejidos, no se debe afeitar la barba, no se debe practicar actos homosexuales, no deben afeitarse las patillas, no debe raparse la cabeza, entre muchas otras. Hay unas prohibiciones en las que la transgresión se considera como una abominación (Levítico 18,23; Levítico 20,13). La palabra para abominación en hebreo es תּוֹעֵבַה (tow'ebah). Esta palabra tiene muchas acepciones. Significa profano, indigno, repugnante, pero también significa idolatría. Esta palabra también puede encontrarse en muchas otras citas del Antiguo Testamento. 

Resulta interesante que tow'ebah también signifique idolatría, y en realidad ese significado ayuda mucho a esclarecer qué cosa es idolatrar. Cuando cometemos una transgresión a la ley de Dios, se considera idolatría. Quiere decir que el pecado, sea cual sea, nos lleva a quitar a Dios del pedestal en donde siempre debe estar, para colocar en ese pedestal el motivo de nuestro pecado. En otras palabras, cuando pecamos, tomamos a Dios, lo lanzamos por una ventana, y en su lugar colocamos aquello que nos ha seducido hasta hacernos pecar. En ese momento colocamos el motivo de nuestro pecado en el lugar de Dios, pero ya que el pecado no es un dios, sino que un ídolo, entonces estamos idolatrando porque hemos desplazado a Dios de nuestras vidas, para sustituirlo, aunque sea por unos minutos, por algo que no es Dios. 

Cuando pecamos dejamos de servir y adorar al único y verdadero Dios, para pasar a ser sirvientes del pecado, sea cual sea, y dure el tiempo que dure. Esa es la razón por la cual tow'ebah también significa idolatría, porque desobedecer la ley de Dios es pecar, y al pecar retiramos a Dios de su merecido lugar en nuestras vidas, para colocar en ese mismo lugar otra cosa que no es Dios. 

Por eso resulta un tanto irónico cuando alguien nos acusa de ser idólatras, por el solo hecho de tener simples imágenes de la virgen María o de santos en nuestras casas o templos, ya que quien nos hace ese señalamiento es otro pecador, que repite los mismos pecados diariamente, con lo cual ese pecador es un idólatra, que nos acusa de ser idólatras. Así que al final, idólatras somos todos, pero no por adorar ídolos de piedra o madera, sino que por adorar otra clase de ídolo: el pecado. 

La desobediencia nos lleva al pecado. El pecado, como ídolo que es, siempre nos roba algo valioso. Un ídolo nos quita, nunca nos da, y si en algún momento pareciera que nos da, en realidad lo hace para quitarnos mucho más de lo que nos dio. Un ídolo se alimenta de nosotros, insaciablemente, y nos abandona hasta que ya no queda nada que pueda robarnos. El pecado es un ídolo y ese ídolo nos quita lo más valioso, la vida, ya que la paga del pecado es la muerte. 

En Éxodo 32 podemos leer cómo el pueblo de Israel decide retirar a Dios de sus vidas y hacerse un muñeco de oro con forma de becerro, al cual ellos ahora llaman dios. Es muy significativo que en Éxodo 32,8 podamos leer que Dios menciona primero lo más grave, que en ese caso no fue la fabricación del becerro, sino que la desobediencia. «Bien pronto se han apartado el camino que yo les había prescrito.» A continuación Dios menciona lo del becerro, pero como cosa secundaria. Lo más grave, lo que más ofende a Dios, es la desobediencia, la cual llevó a los israelitas a dejar de adorar a Dios y desplazarlo, para ponerse a adorar al pecado. El becerro de oro no fue más que la contundente evidencia de ese grave pecado. 

Ese día fatal la idolatría del pecado hizo que el pueblo de Israel perdiera algo muy valioso. A cambio solo obtuvieron un muñeco del metal amarillo llamado oro. El pecado, como todo el ídolo que es, solo les robó, les quitó, se alimentó de ellos, y los dejó vacíos, tan solo con un inservible montón de oro. 

En contraste con el pecado, Dios nos alimenta y nos nutre con su carne y su sangre, para darnos vida eterna. Acerquémonos a la Santa Eucaristía. Frecuentemos el sacramento de la confesión y el sacramento de la comunión. Recemos el santo rosario y luchemos para dejar de adorar ídolos, que no son otra cosa que los cotidianos y repetitivos pecados que todos cometemos. Muchos de esos pecados son de muerte. 

Vayamos a confesarnos con la mayor frecuencia posible, aunque se trate de pecados veniales, ya que lo más importante es que recibamos esa dosis de gracia cuando se nos da la absolución. De la misma manera que una planta crece más fuerte cuando es regada con más frecuencia, nosotros también nos volveremos más fuertes para resistir al pecado si nos acercamos a la confesión con frecuencia, para ser bañados con la gracia de la absolución. 

Pax et bonum


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¿Qué es la canonización de los santos?


¿QUÉ ES LA CANONIZACIÓN DE LOS SANTOS?
Por Richbell Meléndez 

La palabra "canon" viene de la palabra griega kanon significa una varilla o estándar de medida. 

La costumbre de canonización en sí inicio en la Iglesia Primitiva por aclamación popular. De ahí la costumbre de llamar a todos los apóstoles "Santo." 

Los santos, hasta el siglo V eran aclamados después de su muerte a "vox populi" (aclamación popular). Para evitar abusos, a partir del siglo V, los obispos tomaron responsabilidad por la declaración de santidad en su diócesis. Ellos confirmaban la aclamación popular y asignaban al santo un día de fiesta, generalmente el aniversario de su muerte. 

EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN Y CANONIZACIÓN 

Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores (cf Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 40; 48-51). "Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia" (Exhortación Apostólica Christifideles Laici 16, 3).
(Catecismo de la Iglesia Católica, número 828).


Etapas en un proceso de Canonización 

Son cuatro pasos: 

1. Siervo de Dios. 

El Obispo diocesano y el Postulador de la Causa piden iniciar el proceso de canonización. Y presentan a la Santa Sede un informe sobre la vida y las virtudes de la persona. 

La Santa Sede, por medio de la Congregación para las Causas de los Santos, examina el informe y dicta el Decreto diciendo que nada impide iniciar la Causa (Decreto "Nihil obstat"). Este Decreto es la respuesta oficial de la Santa Sede a las autoridades diocesanas que han pedido iniciar el proceso canónico. 

Obtenido el Decreto de "Nihil obstat", el Obispo diocesano dicta el Decreto de Introducción de la Causa del ahora Siervo de Dios. 

2. Venerable. 

Esta parte del camino comprende cinco etapas: 

a) La primera etapa es el Proceso sobre la vida y las virtudes del Siervo de Dios. Un Tribunal, designado por el Obispo, recibe los testimonios de las personas que conocieron al Siervo de Dios. Ese Tribunal diocesano no da sentencia alguna; ésta queda reservada a la Congregación para las causas de los santos. 

b) La segunda etapa es el Proceso de los escritos. Una comisión de censores, señalados también por el Obispo, analiza la ortodoxia de los escritos del Siervo de Dios. 

c) La tercera etapa se inicia terminados los dos procesos anteriores. El Relator de la Causa nombrado por la Congregación para las Causas de los Santos, elabora el documento denominado "Positivo". En este documento se incluyen, además de los testimonios de los testigos, los principales aspectos de la vida, virtudes y escritos del Siervo de Dios. 

d) La cuarta etapa es la Discusión de la "Positio". Este documento, una vez impreso, es discutido por una Comisión de Teólogos consultores, nombrados por la Congregación para las Causas de los Santos. Después, en sesión solemne de Cardenales y Obispos, la Congregación para las Causas de los Santos, a su vez, discute el parecer de la Comisión de Teólogos. 

e) La quinta etapa es el Decreto del Santo Padre. Si la Congregación para las Causas de los Santos aprueba la "Positio", el Santo Padre dicta el Decreto de Heroicidad de Virtudes. El que era Siervo de Dios pasa a ser considerado Venerable. 

3. Beato o Bienaventurado. 

a) La primera etapa es mostrar al "Venerable" a la comunidad como modelo de vida e intercesor ante Dios. Para que esto pueda ser, el Postulador de la Causa deber probar ante la Congregación para las Causas de los Santos: 

- La fama de santidad del Venerable. Para ello elabora una lista con las gracias y favores pedidos a Dios por los fieles por intermedio del Venerable. 

- La realización de un milagro atribuido a la intercesión del Venerable. El proceso de examinar este "presunto" milagro se lleva a cabo en la Diócesis donde ha sucedido el hecho y donde viven los testigos. 
Generalmente, el Postulador de la Causa presenta hechos relacionados con la salud o la medicina. El Proceso de examinar el "presunto" milagro debe abarcar dos aspectos: a) la presencia de un hecho (la sanación) que los científicos (los médicos) deberán atestiguar como un hecho que va más allá de la ciencia, y b) la intercesión del Venerable Siervo de Dios en la realización de ese hecho que señalarán los testigos del caso. 

b) Durante la segunda etapa la Congregación para las Causas de los Santos examina el milagro presentado. 

Dos médicos peritos, designados por la Congregación, examinan si las condiciones del caso merecían un estudio detallado. Su parecer es discutido por la Consulta médica de la Congregación para las Causas de los Santos (cinco médicos peritos). 

El hecho extraordinario presentado por la Consulta médica es discutido por el Congreso de Teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos. Ocho teólogos estudian el nexo entre el hecho señalado por la Consulta médica y la intercesión atribuida al Siervo de Dios. 

Todos los antecedentes y los juicios de la Consulta Médica y del Congreso de Teólogos son estudiados y comunicados por un Cardenal (Cardenal "Ponente") a los demás integrantes de la Congregación, reunidos en Sesión. Luego, en Sesión solemne de los cardenales y obispos de la Congregación para las Causas de los Santos se da su veredicto final sobre el "milagro". Si el veredicto es positivo el Prefecto de la Congregación ordena la confección del Decreto correspondiente para ser sometido a la aprobación del Santo Padre. 

c) En la tercera etapa y con los antecedentes anteriores, el Santo Padre aprueba el Decreto de Beatificación. 

d) En la cuarta etapa el Santo Padre determina la fecha de la ceremonia litúrgica. 

e) La quinta etapa es la Ceremonia de Beatificación. 

4. Santo. 

a) La primera etapa es la aprobación de un segundo milagro. 

b) Durante la segunda etapa la Congregación para las Causas de los Santos examina este segundo milagro presentado. Se requiere que este segundo hecho milagroso haya sucedido en una fecha posterior a la Beatificación. Para examinarlo la Congregación sigue los mismos pasos que para el primer milagro. 

c) En la tercera etapa el Santo Padre, con los antecedentes anteriores, aprueba el Decreto de Canonización. 

d) La cuarta etapa es el Consistorio Ordinario Público, convocado por el Santo Padre, donde informa a todos los Cardenales de la Iglesia y luego determina la fecha de la canonización. 

e) La última etapa es la Ceremonia de la Canonización. 

En el año 2005, el Vaticano estableció nuevas normas para ceremonias de beatificación 

En octubre del año 2005, La Congregación para las Causas de los Santos dio a conocer cuatro disposiciones nuevas para las ceremonias de beatificación entre las que destaca su celebración en la diócesis que haya promovido la causa del nuevo beato. 

Las disposiciones son fruto del estudio de las razones teológicas y de las exigencias pastorales sobre los ritos de beatificación y canonización aprobadas por Benedicto XVI, informa Radio Vaticano. 

La primera norma indica que mientras el Papa presidirá los ritos de canonización, que atribuye al beato el culto por parte de toda la Iglesia; los de beatificación –considerados siempre un acto pontificio– serán celebrados por un representante del Santo Padre, normalmente por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. 

La segunda disposición establece que el rito de beatificación se celebrará en la diócesis que ha promovido la causa del nuevo beato o en otra localidad considerada idónea. 

En tercer lugar se indica que por solicitud de los obispos o de los “actores” de la causa, considerando el parecer de la Secretaría de Estado, el mismo rito de beatificación podrá tener lugar en Roma. 

Por último, según la cuarta disposición, el mismo rito se desarrollará en la Celebración Eucarística, a menos que algunas razones litúrgicas especiales sugieran que tenga lugar en el curso de la celebración de la Palabra y de la Liturgia de las Horas. 

RESPONDIENDO A LOS HERMANOS SEPARADOS 

Muchos hermanos separados se preguntan: - Si todos somos parte de los santos ¿Por qué razón la Iglesia Católica proclama que algunos son santos? 

La canonización de los santos por parte de la Iglesia antes que nada tenemos que aclarar que no tiene propósito alguno de quitar gloria a Dios, ni compararlos con Jesucristo quien es el Santo de Dios (Mc 1,24) y plenitud de todas las virtudes, sino que estos hermanos glorifican a Dios por su santidad, confirmando que al Dios que siguieron, es Santo. 

La Iglesia reconoce a santos como todos los miembros de la Iglesia (1 Co 14,33), así seamos los más pecadores, somos parte del pueblo de Dios, a quien se llama santos, pero la Iglesia hace un reconocimiento especial de esos miembros de la Iglesia que han llevado una vida recta con todas las cualidades de la santidad. 

Nadie puede negar que san Pablo era pecador, pero después de conocer a Cristo fue un hombre que practicó la santidad y por eso lo llamamos “san”, así podemos decir lo mismo que el apóstol Juan, Mateo, etc. pero no solo personajes bíblicos, ha habido a través de los años, cristianos que amaron mucho a Dios, así sean laicos o dedicados al servicio de la Iglesia y por su amor a Dios les hemos reconocido como ejemplos a seguir y les hemos puesto el prefijo de “san”. 

La iglesia los declara santos porque anduvieron muy cerca de Dios, quien es Todo Santo. La Iglesia no declara que tal o cual persona vivió en santidad para hacerla competir con Cristo, nadie compite con la santidad de Cristo, sino que Cristo es glorificado con la santidad de estos hermanos proclamados, pues ¿Que mejor honra podría tener el Todo Santo que alguien le haya imitado? Jesús nos invitó a seguirle y a ser santos (Mt 5,48) ¿Por qué perder esa oportunidad? 

¿POR QUE LA IGLESIA CANONIZA? 

La Constitución Divinus Redemptoris Magister (25-1-1983) dice que, "Desde tiempos inmemorables la Sede Apostólica propone a la imitación, veneración y a la invocación a algunos cristianos que sobresalieron por el fulgor de sus virtudes." 

Estos hombres y mujeres son propuestos para ser: 

Imitados: los beatos y santos son propuestos como modelos para ser imitados; Francisco y Jacinta, portadores del mensaje que fluye de sus vidas pueden servir de ejemplo para todos. 

Venerados: los beatos pueden recibir culto público en su patria, con imágenes en el altar y fiestas de conmemoración; los santos en la Iglesia universal. 

Para ser invocados: la Iglesia reconoce que los dos niños pueden ser intermediarios junto a Dios en favor de quien les invoque. 

Todos los santos y beatos de la Iglesia realizaron una misión común: llevar a la perfección la "vida cristiana". Perfección a la cual todos estamos llamados por el mismo Señor cuando nos dijo: "Sed perfectos como Mi Padre es perfecto"(Mt 5:48). Vemos como a lo largo de la historia de la Iglesia, miles de hombres y mujeres, niños y ancianos se han lanzado a la conquista de esta gracia y nosotros en nuestros días somos dichosos al tener tan "gran nube de testigos" que son ejemplo seguro que podemos seguir en nuestro caminar hacia la perfección. 

¿ACASO LA IGLESIA HACE SANTOS? 

La Iglesia Católica no hace santos, el Espíritu Santo santifica al creyente en la Iglesia Catolica. La canonizacion. el proceso de canonizacion de la Iglesia NO es un acto para hacer un santo, es un acto para verificar que un creyente propuesto a la Iglesia como modelo ha vivido una vida ejemplar de acuerdo al Evangelio. El hombre es santificado por el Espiritu Santo, la diocesis propone a algunos de sus miembros que se ha destacado heroicamente por vivir el Evangelio.  

La Iglesia hace un estudio exhaustivo y hay veces que toma cientos de años de la vida de esa persona, como esa persona se ajusto al Evangelio, cuando todas las respuestas han sido positivas la Iglesia en una Misa proclama que esa persona ha vivido una vida totalmente de acuerdo al Evangelio y la registra en el canon que en latin quiere decir "catalogo" y proclamamos que ese hermano se ha santificado, pero NO es la Iglesia que lo santifica, es el Espiritu Santo quien hace la obra de Santificacion. 

La Iglesia proclama que uno de sus miembros despues de pasar un examen bien profundo ha sido declarado que ha vivido de acuerdo a las virtudes del Evangelio. 

Una vez más es lamentable constatar que se intenta simplemente llevar la contraria a lo que enseña la Iglesia católica por el hecho de que lo hace. Más aún, si el sucesor de Pedro, goza del poder de "atar y desatar" que le ha conferido Cristo, ¿por qué motivo los hombres se lo pretenden quitar? 

Ahora vamos a la historia... Juan XV fue Papa del 985 al 996. Y en el sínodo del 31 de enero del 993 en Letrán, canonizó solemnemente al obispo Ulrico de Augusta: fue la primera canonización oficial que celebrara un Papa. 

Aquí viene muy a cuento el No. 828 del Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica
828 Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores (cf LG 40; 48-51). "Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia" (CL 16, 3). En efecto, "la santidad de la Iglesia es el secreto manantial y la medida infalible de su laboriosidad apostólica y de su ímpetu misionero" (CL 17, 3). 

"Santo" en la Biblia se dice de diversas maneras. 
En hebreo se emplea la raíz de qdsh. Sorprende que tal raíz indique lo apartado, lo sagrado; indica asimismo tanto apartamiento como sacralidad. 
Se hace referencia con ello a la actividad divina, como su majestad. Se habla de su "santo brazo" (Sl 98,1). También indica inviolabilidad. El nombre de Dios es santo (Lv 20,3), separado de toda contaminación. 

Se habla de su espíritu que es santo (Sl 51,11). 
Se habla de lugares reservados como sagrados por la presencia de Dios: el cielo (Sl 11,4), la tierra (Ex 3,5), el tabernáculo y sus atrios (Ex 40,9), el templo (Sl 11,4). Jerusalén y sus colinas son santos, el monte de Sión (Sl 2,6). La tierra de Israel es santa (Zc 2,12); los sacrificios (Ex 30,10), las ofrendas (Ex 28,38)... las primicias, cualquier cosa consagrada, el voto del nazareato (Nm 6,5)... Es santo el óleo para ungir al sacerdote (Nm 35,25), para consagrar el tabernáculo (Ex 40,9), el incienso (Ex 30,35), las vestiduras (Ex 29,29)... 

En la lengua griega "santo" se dice hagios y hosios. Hay otros términos que les acompañan, como hieros, sagrado...
90 de los 230 casos en que aparece la palabra "santo" figura combinado con penuma; así se habla de Penuma hagiosynes (Rm 1,4). 

Hagios se pone a menudo en relación con las cosas, lugares y personas del culto: las Escrituras (Rm 1,2); la ley (Rm 7,12; cf 2Pe 2,21), la ciudad es santa (Mt 4,5.27.53; Ap 11,2). Con referencia al templo se emplea la expresión "topos hagios" (Mt 24,15; He 6,13.21.28). 2Pe 1,18 hace referencia al monte de santo de la transfiguración. Se habla de "santos profetas" (Lc 1,70; He 3,21; 2Pe 3,2).
Los apóstoles son santos (Ef 3,5). El santuario terreno del primer pacto (Heb 9,1-3), se habla del santuario del templo (Heb 9,12.25). 

Relacionado con Dios, el término figura en la oración sacerdotal de Jesús (Jn 17,11). Su nombre es santo (1Pe 1,15-16). Dios es tres veces santo (Ap 4,8, cf Is 6,3). De modo análogo se habla del mundo de Dios, de los ángeles (Mc 8,38; Lc 9,26; He 10,22; Ap 14,10). De Cristo se dice que es el santo de Dios (Mc 1,24; Hechos 3,14. Mc 6,20 dice que Herodes temía a Juan Bautista, ya que era "andra dikaion kai hagion" (varón justo y santo).
Se habla de los dones salvíficos de Dios (2Tim 1,9), la santa alianza (Lc 1,72). Los sacrificios de animales son santos (Rm 12,1). 

Quisiera que los evangélicos nos contestaran si el término hagioi (los santos) hace referencia a todo creyente y seguidor de Cristo, ¿todo el que cree en Cristo es "santo" aunque no esté bautizado? Uno que se dice ser no cristiano pero que crea en Cristo, ¿es santo? 
Véanse las citas siguientes: Rm 8,27; Ef 6,18. Pablo lo emplea especialmente con referencia a la comunidad primitiva de Jerusalén (Rm 15,25.16.31; 1Cor 16,1). Forman un pueblo santo (2Pe 2,9); sus cuerpos constituyen un templo snato de Dios (1Cor 3,17; cf Ef 2,21). Esta santidad se manifiesta en una conducta pura y sin tacha (Ef 1,4; 5,27; Col 1,22). La santidad de vida cristiana sigue a la santidad de Dios (1Pe 1,16, cf Lev 19,2), etc... 

¿LAS CANONIZACIONES SON INFALIBLES? 

Consenso de los teólogos católicos 

La Enciclopedia Católica explica que la mayor parte de los teólogos concuerdan con que las canonizaciones son infalibles. Mencionan aquí a de San Antonino, Melchor Cano, Suárez, Belarmino, Bañez, Vázquez y, entre los canonistas, de González Téllez, Fagnanus, Schmalzgrüber, Barbosa, Reissenstül, Covarrubias, Albitius, Petra, Joannes a S. Toma, Silvestre, Del Bene entre muchos otros. Citan también a Santo Tomás de Aquíno en Quodlib. IX, a 16, quien dice: 

“Dado que el honor que profesamos a los santos es en cierto sentido, una profesión de fe, i.e., una creencia en la gloria de los santos, debemos píamente creer que, en este asunto, también el juicio de la Iglesia está libre de error.” 

También especifica que el objetivo de este juicio infalible del Papa se refiere a que lo que queda definido y lo único que se necesita indicar es que la persona canonizada está en el cielo.
Extractos de algunos manuales de teología dogmática 

Comparto ahora lo que enseñan del tema algunos manuales de teología dogmática. 

El Manual de Teología Dogmática de Michael Schmaus: 

“Actualmente es también doctrina común de los teólogos que la Iglesia es infalible en la canonización de santos , es decir, en el juicio definitivo de que un hombre goza de la visión de Dios y puede ser venerado en toda la Iglesia como santo.” 

Michael Schmaus, Teología Dogmática, Tomo IV, La Iglesia, Ediciones Rialp, S.A., Madrid 1960, pág. 776 

El Manuel de teología dogmática de Ludwig Ott sostiene igualmente: 

“El objeto de la infalibilidad 

a) El objetó primario de la infalibilidad son las verdades, formalmente reveladas, de la fe y la moral cristiana (de fe; Dz 1839). 

La Iglesia no solamente puede de manera positiva determinar y proponer el sentido de la doctrina revelada dando una interpretación auténtica de la Sagrada Escritura y de los testimonios de tradición, y redactando fórmulas de fe (símbolos, definiciones), sino que también puede determinar y condenar como tales los errores que se oponen a la verdad revelada. De otra manera, no cumpliría con su misión de ser «custodia y maestra de la palabra revelada por Dios»; Dz 1793, 1798. “ 

b) El objeto secundario de la infalibilidad son las verdades que no han sido formalmente reveladas, pero que se hallan en estrecha conexión con las verdades formalmente reveladas de la fe y la mora! cristiana (sent. cierta). 

La prueba de esta tesis nos la proporciona el fin propio de la infalibilidad, que es «custodiar santamente y exponer fielmente el depósito de la fe» (Dz 1836). Este fin no podría conseguirlo la Iglesia sino fuera capaz de dar decisiones infalibles sobre verdades y hechos que se hallan en estrecha conexión con las verdades reveladas, bien sea determinando de manera positiva la verdad o “condenando de manera negativa el error opuesto. 

Al objeto secundario de la infalibilidad pertenecen: a) las conclusiones teológicas de una verdad formalmente revelada y de una verdad de razón natural b) los hechos históricos, de cuyo reconocimiento depende la certidumbre de una verdad revelada («facta dogmática»); c) las verdades de razón natural, que se hallan en íntima conexión con verdades reveladas (v. más pormenores en la Introducción, § 6); c) la canonización de los santos, es decir, el juicio definitivo de que un miembro de la Iglesia ha sido recibido en la eterna bienaventuranza y debe ser objeto de pública veneración. 

El culto tributado a los santos, como nos enseña SANTO TOMÁS, es «cierta confesión de la fe con que creemos en la gloria de los santos» (Quodl. 9,16). Si la Iglesia pudiera equivocarse en sus juicios, entonces de tales fallos se derivarían consecuencias incompatibles con la santidad de la Iglesia.” 

Ludwig Ott, Manual de Teología Dogmática, Editorial Herder, Barcelona 1966, pág. 450-451


Tomando en cuenta que el Magisterio de la Iglesia enseña que la canonización es la suprema glorificación por parte de la Iglesia de un siervo de Dios elevado al honor de los altares, medianteun decreto, definitivo y preceptivo para toda la Iglesia, comprometiendo el magisterio solemne del Romano Pontífice, que esto es confirmado por la formula de canonización, me parece que es correcto decir que las canonizaciones son infalibles. El consenso de los teólogos contemporáneos y no contemporáneos parece estar de acuerdo con esto. 

Que Dios te bendiga a ti, a tu familia y a todos los tuyos. Que su santa madre la Santísima Virgen Maria te ayude a conocer, amar e imitar a Jesús.

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Fuentes: 







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