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¿Deben de retirarse las obras de arte de Rupnik de las iglesias?


  •  En Francia, 60 víctimas del sacerdote Louis Ribes se movilizan para pedir que sus creaciones desaparezcan de las iglesias
  • Acaban de recibir el primer apoyo: el alcalde de Charly, en Lyon, anuncia que retirará sus ventanas del templo local
  • En el caso del jesuita esloveno, estamos ante un artista con presencia en el Vaticano, Fátima, Lourdes… o España
¿Deben de retirarse las obras de arte de Rupnik de las iglesias? Es la pregunta que Franca Giansoldati se plantea en un artículo publicado hoy en ‘Il Messagero’. Una cuestión que parte de un hecho muy concreto: en Francia hay un fuerte movimiento de víctimas que se moviliza en este sentido contra otro sacerdote abusador y que ya está consiguiendo sus objetivos.

Concretamente, estamos ante más de 60 personas que denuncian que, cuando fueron menores de edad, sufrieron abusos sexuales por parte del sacerdote galo Louis Ribes. Los hechos se habrían producido en los años 70 y 80 en las diócesis de Lyon, Grenoble-Vienne y Saint-Etienne. Además de su condición de presbítero, estamos ante un artista con un cierto reconocimiento en su ámbito local, hasta el punto de que se le conocía como “el Picasso de las iglesias”. Fallecido en 1994, ahora se conoce su culpabilidad y cómo las distintas autoridades episcopales ocultaron los hechos.

Primer apoyo

Por ello, a modo de justicia, sus víctimas reclaman que sus obras, que adornan iglesias, monasterios y capillas, sean retiradas. Y ya han conseguido su primer triunfo en este sentido, pues el alcalde de Charly, localidad de Lyon, ha anunciado que retirarán las ventanas que Ribes instaló en su iglesia local.

Aquí es cuando ‘Il Messagero’ amplía la mirada y extiende su reflexión al jesuita esloveno Marko Rupnik. Tras ser de dominio público en las últimas semanas las muchas acusaciones de abusos sexuales que pesan en su contra, ¿las muchas iglesias que han sido decoradas por el jesuita esloveno, uno de los artistas religiosos más reputados de nuestro tiempo, han de plantearse la retirada de sus obras?

Dicotomía

La cuestión, que vuelve a poner sobre la mesa la dicotomía que muchas veces existe entre la grandiosidad de una obra y la dudosa moralidad de su creador, puede tener en este caso una repercusión mundial. Y es que Rupnik ha adornado más de 200 iglesias y capillas en todo el mundo… Así, sus icónicos mosaicos están presentes en el Vaticano, o en los santuarios marianos de Fátima y Lourdes. En España su obra está presente en 17 templos; entre ellos, algunos tan importantes como la capilla de la catedral madrileña de La Almudena, la que está en la sede de la propia Conferencia Episcopal o en la Cueva de Manresa.

¿Deben de retirarse las obras de arte de Rupnik de las iglesias? Es una pregunta que deberán responder muchos interpelados. En Francia, en un caso similar, ya ha empezado a imponerse el “sí”.

El Papa rompe su silencio sobre el 'caso Rupnik': "Para mí fue una sorpresa muy grande, y un dolor, porque estas cosas duelen"


“Para mí fue una sorpresa, la verdad. Esto, una persona, un artista de este nivel, para mí fue una sorpresa muy grande, y un dolor, porque estas cosas duelen". El Papa Francisco rompió su silencio sobre el 'caso Rupnik', el artista esloveno, miembro de la Compañía de Jesús, acusado por varias ex religiosas de abusos en la década de los noventa en Eslovenia, y cuya gestión por parte de los jesuitas y del Vaticano ha sido duramente cuestionada por la opinión pública.

Durante su entrevista con AP, Bergoglio negó haber tenido algún papel en el manejo del caso de Rupnik, aparte de intervenir procesalmente para mantener la segunda serie de acusaciones de las nueve mujeres ante el mismo tribunal que escuchó la primera. Su única decisión, aclaró, fue que todo siguiera “con el tribunal normal, porque si no se dividen los caminos procesuales, se embarulla todo”.

“O sea que no tuve nada que ver en esto”, insistió, refiriéndose al súbito levantamiento de la excomunión contra Rupnik, en apenas un mes después de haber sido condenado por Doctrina de la Fe.  Francisco aseguró que “siempre” renuncia a la prescripción en los casos que afectan a menores de edad y a “adultos vulnerables”, pero suele insistir en mantener las garantías legales tradicionales en los casos que afectan a otras personas.

Con menores, la manga bien cerrada

"Cuando hay menores, la manga bien cerrada. No manga ancha, no, no", explicó, admitiendo que estaba conmocionado por las acusaciones contra el jesuita, y volvió a pedir transparencia en la gestión de casos de abusos. "Es lo que yo deseo, ¿no? Y con la transparencia viene una cosa muy linda que es la vergüenza. La vergüenza es una gracia”, aseveró.

Junto al caso Rupnik, Bergoglio también se refirió al escándalo del ex obispo Carlos Ximenes Belo, condenado por abusos en Timor Oriental, pero cuya condena eclesiástica se mantuvo en secreto durante mucho tiempo. "Esto es una cosa viejísima, donde no existía esta conciencia de hoy día”, afirmó el Papa. “Y cuando salió (en septiembre el caso) del obispo de Timor Oriental, yo dije ‘Sí, que salga al aire, qué vas a hacer, yo no lo voy a tapar’, pero eran decisiones de 25 años atrás cuando no había esta conciencia”.

Chile, su "conversión"

En su conversación con Nicole Winfield, Francisco admitió que la Iglesia "tiene mucho que aprender" en la gestión de la pederastia clerical, reconociendo que él mismo tuvo un momento de "conversión" durante su viaje a Chiel en 2018, cuando defendió al obispo Barros desacreditando a las víctimas.

“No lo podía creer. Usted fue la que me dijo en el avión: ‘No, así no se procede, padre’. Usted fue”, recordó Francisco a la periodista. "Ahí se me explotó la bomba, cuando vi la corrupción de muchos obispos en esto (...). Usted fue testigo de que yo mismo me tuve que despertar frente a casos que estaban todos tapados". 

Caso Rupnik: Una exmonja se suma a las acusaciones de abusos contra el jesuita


Los problemas se le acumulan al conocido jesuita Marko Ivan Rupnik. Una ex monja eslovena se ha sumado a las acusaciones de abusos sexuales y psicológicos contra el religioso, al menos la cuarta denuncia pública en un caso que ha sacudido a la Compañía de Jesús, según ha desvelado el periódico de investigación italiano Domani.

Las acusaciones de abusos sexuales contra él aparecieron por primera vez en los medios italianos el pasado noviembre, lo que llevó a la sede de los jesuitas a reconocer que se le habían impuesto sanciones parciales, incluida la prohibición de oír confesiones y dirigir retiros espirituales, en 2019, informa Reuters.

Director espiritual 

Rupnik, que ahora tiene 68 años, fue director espiritual de una comunidad de monjas en su Eslovenia natal antes de trasladarse a Roma hace 30 años, donde más tarde saltó a la fama como artista cuando el Papa Juan Pablo II le encargó rediseñar una capilla en el Vaticano entre 1996-1999.

La Compañía de Jesús ha revelado que la Congregación para la Doctrina de la Fe excomulgó a Rupnik en 2020, pero levantó esa sanción un mes después, tras confesar su arrepentimiento. Su paradero no se conoce públicamente desde hace meses y no ha hecho comentarios sobre las acusaciones, añade la agencia.

Acusado de abusar al menos de 20 monjas

En la última revelación publicada por Domani, la mujer eslovena, que ahora tiene 58 años, dijo que Rupnik la convenció cuando era adolescente para que se uniera a la comunidad que él había fundado, y comenzó a abusar de ella en serio cuando tenía 22 años. Una acusadora ha dicho que cree que abusó de al menos 20 monjas.

Utilizaba lo que denominaba control psicológico sobre ella para forzarla a realizar actos sexuales, y desplegaba "crueles agresiones psicológicas, emocionales y espirituales" para "destruirla", sobre todo después de que ella se negara a mantener relaciones sexuales a tres bandas.

Rupnik no contesta

Según Reuters, los repetidos intentos de contactar con Rupnik a través de su escuela de arte religioso en Roma (el Centro Alleti) no han tenido éxito y no ha respondido a los mensajes dejados. Tampoco un funcionario jesuita en Roma quiso responder a una petición de Reuters para comentar las últimas acusaciones, añadiendo que cualquiera que tuviera información sobre Rupnik podía ponerse en contacto a través de un canal de comunicación especial establecido el mes pasado. 

Desde la Compañía de Jesús se han hecho llamamientos para que se revise la forma en que la orden y el Vaticano han gestionado las acusaciones. El Vaticano remitió las preguntas sobre Rupnik a los jesuitas. A principios de este mes, los jesuitas eslovenos declararon que creían que las acusaciones eran ciertas y pidieron perdón.

El testimonio de una víctima del Padre jesuita Rupnik: "Me dijo que me besaba como besaba el altar donde celebraba la eucaristía"



La ex religiosa asegura que el jesuita le pidió hacer un trío con otra mujer de su comunidad “porque según él, la sexualidad debía ser libre de posesión, a imagen de la Trinidad”.

“La primera vez que me besó en la boca me dijo que así besaba el altar donde celebraba la Eucaristía, porque conmigo podía experimentar el sexo como expresión del amor de Dios”. De esta manera comienza el relato de Anna (nombre ficticio). Ella es la primera víctima del jesuita Marko Rupnik que se atreve a denunciar al religioso. Lo hace ahora, con 58 años, después de todo un calvario que vivió durante casi una década y que le ha dejado profundas huellas a nivel psicológico y espiritual. Ahora, ha relatado todo lo sucedido al diario italiano Domani.

“En 1985, yo tenía 21 años y estaba en la facultad de medicina. Pensé en ir como misionera después de graduarme y sentí la necesidad de crecer en la fe. También me apasionaba el arte y una monja que conocía me presentó a este pintor jesuita que tenía un pequeño estudio en la Piazza del Gesù de Roma”, explica. En aquel entonces Rupnik, diez años mayor que ella, estaba en su primer año de sacerdocio. “Me sentí a gusto con él y de inmediato se convirtió en mi guía espiritual”, dice.

Más adelante, sentenció que esa sensación de familiaridad se debía a que el jesuita “tenía un fuerte carisma personal para explicar el Evangelio y una gran sensibilidad para identificar las debilidades de las personas. Entonces entendió de inmediato mi fragilidad, las inseguridades y los miedos que tenía”.

“Me sentía importante para él: me gustaban sus pinturas ya menudo hablábamos mientras pintaba. Luego comenzó a subrayar cada contacto entre nosotros, diciéndome que cada gesto tenía un significado preciso: incluso un simple apretón de manos o una caricia en el brazo se convirtió en una ocasión para subrayar mi feminidad”, explica. En aquel momento, “no podía entender que ese abrazo después de cada confesión era una invitación a ir más allá. De la misma manera, no podía imaginar que entonces, cuando me explicó que los cuerpos dibujados en las placas de Kamasutra eran una forma de arte, ya era un asiduo visitante de los cines porno”.

Entender el discernimiento ignaciano

A Anna, el comportamiento de Rupnik a veces le “parecía extraño, pero lo explicaba con su ser artista”. “Quería que yo modelara para él y una vez me pidió que posara para uno de sus cuadros porque tenía que dibujar la clavícula de Jesús y no buscaba chicas “mundanas”, que en su opinión solo expresaran sexualidad, sino por un persona en busca como yo”, señala. No fue difícil, dice, que aceptara y “desabrochar algunos botones de mi blusa, porque para mí, que era ingenua e inexperta, solo significaba ayudar a un amigo”. En aquella ocasión le besó “levemente en la boca, diciéndome que así besaba el altar donde celebraba la Eucaristía”.

“Yo estaba aturdida: por un lado quería huir, por otro el padre Marko me animó diciéndome que yo podía vivir esa realidad porque yo era especial y era un regalo que el Señor nos daba solamente a nosotros; que sólo conmigo podría vivir, incluso físicamente, perteneciendo a Dios sin posesión, en libertad, a imagen del amor trinitario”, explica.

Para entender que la víctima creyese a Rupnik apunta que “hay que saber cómo funciona el discernimiento ignaciano: estás llamado a la total disponibilidad y apertura y es tu padre espiritual quien te guía en entender lo que es bueno y lo que es malo”. De esta manera, “si tu guía dice que Dios lo quiere y no obedeces, te pones en contra de Él. Ahí es donde puede colarse la manipulación, como sucedió con el padre Rupnik. Tenía miedo de cometer un error, miedo de perder su aprobación, me sentía fuertemente dependiente de su juicio”.

Y es que, si ella “no hacía lo que él quería, inmediatamente decía que mi camino espiritual estaba estancado y me presentaba como “equivocado” a los otros jóvenes del grupo que mientras tanto se formaba a su alrededor. Solo el padre Marko decidía quién era bueno y quién valía la pena apoyar, el que estaba en el error era humillado y puesto a un lado”.

“No era amor, sino miedo”

“En el verano de 1986, antes de que se fuera de viaje, nos encontramos en su estudio. Celebramos juntos la Eucaristía y luego esperó que me desvistiera y dejara que me tocara como siempre. Pero esa vez me negué y me atacó con palabras muy duras y mezquinas, diciendo que yo no valía nada, que nunca haría nada bueno; añadió que para él ahora sólo había otras dos mujeres, cuyos nombres me dio, y que quería terminar toda relación conmigo”, explica. “Estaba desesperada porque ahora dependía totalmente de su aprobación. No era amor, solo miedo a cometer un error. Desde entonces he decidido dejar de lado mis dudas y confiarme totalmente a él”.

“Creía que lo que vivíamos juntos me haría una mejor persona ante Dios; en cambio, fue solo el comienzo de la distorsión de mi identidad y la pérdida de mí misma”, reconoce. “Su obsesión sexual no fue improvisada sino profundamente conectada con su concepción del arte y su pensamiento teológico. Al principio, el Padre Marko se infiltró lenta y suavemente en mi mundo psicológico y espiritual aprovechando mis incertidumbres y fragilidad y al mismo tiempo usando mi relación con Dios para impulsarme a tener experiencias sexuales con él”, asegura.

“Así, el sentirme amada como la Sabiduría jugando ante Dios, como está escrito en el libro de los Proverbios, se transformó en la petición de juegos eróticos cada vez más extremos en su estudio del Collegio del Gesù de Roma, mientras pintaba o después de la celebración de la Eucaristía o después de la confesión”, relata la ex religiosa, que llegó a la Comunidad Loyola de Eslovenia únicamente siguiendo los mandatos de Rupnik. “El Padre Marko me pidió entonces que dejara la medicina y me fuera a Eslovenia con la superiora, Ivanka Hosta, y otras seis hermanas. Aislado de mi familia y amigos, era fácil para Marko manipularme a su gusto”.

Hizo sus primeros votos en enero de 1988, y los repitió en 1991. Por aquel entonces, los abusos de Rupnik “se habían vuelto más agresivos”. “Recuerdo una masturbación muy violenta que no podía detener y durante la cual perdí la virginidad, episodio que dio lugar a pedidos urgentes de sexo oral. La dinámica era siempre la misma: si tenía dudas o me negaba, Rupnik me desacreditaba frente a la Comunidad diciendo que no estaba creciendo espiritualmente. No tuvo frenos, utilizó todos los medios para lograr su objetivo, incluso confidencias escuchadas en confesión. Ahí es donde comenzó mi colapso mental”.

Muchas más víctimas

Asimismo, relata que Rupnik le pidió, incluso, “hacer un trío con otra hermana de la comunidad, porque según él, la sexualidad debía ser libre de posesión, a imagen de la Trinidad donde, decía, ‘la tercera recogía la relación entre las dos’. En esos contextos me pedía vivir mi feminidad de forma agresiva y dominante y como no podía hacerlo me humillaba profundamente con frases que no puedo repetir”.

“El último paso de este descenso a los infiernos fue el paso de las justificaciones teológicas del sexo a una relación exclusivamente pornográfica”, dice. “En 1992, cuando estaba en cuarto año de filosofía en la Gregoriana, también me llevó dos veces a ver películas porno en Roma, en via Tuscolana y cerca de la estación de Termini”.

Fue el momento en el que ella tuvo, además, conciencia de que Rupnik abusaba de otras mujeres con las mismas estrategias que había utilizado con ella. “A principios de la década de 1990, éramos 41 hermanas y el padre Rupnik, que yo sepa, logró abusar de casi veinte. A veces a un alto precio: una de ellas, en un intento de resistir, se cae y se rompe el brazo”.

De hecho, ella intentó detenerlo, pero “estaba imparable en su delirio. Incluso lo amenacé con demandarlo pero me respondió: ‘¿Y quién quieres que te crea? Es tu palabra contra la mía: si hablas, te dejo por loca”. En aquel momento, “solo quería que todo terminara”, y fue cuando intentó suicidarse. Pero sobrevivió.

A partir de ahí, todos los intentos que hizo de hablar, tanto con la superiora de la comunidad como con los superiores de Rupnik –entre ellos Tomáš Špidlík (más tarde creado cardenal diácono en 2003 por Juan Pablo II)– no sirvieron de nada. De hecho, Špidlík reaccionó diciendo que no quería escuchar su testimonio, aunque fue en confesión, y redactando él mismo su carta de renuncia como religiosa. “Aún la conservo”, asegura.

Lo único que le ocurrió a Rupnik entonces fue que regresó a Roma para continuar con su carrera. Mientras, ella vio como la superiora de la comunidad llegó, incluso, a enviar una carta a su familia diciendo que era esquizofrénica. “Años después Ivanka me escribió pidiéndome perdón a mí y a mi familia, a quienes les habían dicho que era esquizofrénica. Después de mi renuncia sufrí de depresión durante mucho tiempo e incluso después no pude tener una relación amorosa y formar una familia”, asegura.

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