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¿Qué significa una Cruz invertida?


 

¿QUÉ SIGNIFICA UNA CRUZ INVERTIDA?

El cine y la televisión son culpables de hacer que muchos tengan ideas extrañas y muy erróneas acerca de cosas de Dios y del más allá. Debido al bombardeo de las películas y las series de TV, muchos creen que hay cosas como «almas atrapadas» que se quedan aquí hasta que resuelven algún asunto pendiente. Otros creen que los demonios en verdad tienen forma y sustancia corpórea en este mundo. Otros creen que la cruz invertida es un símbolo original del satanismo, y al verla inmediatamente se forman un prejuicio de la persona que la porta.

En San Juan 21,18-19 Jesús dice algo que es un claro aviso para Pedro. «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Jesús casi describe la forma en que Pedro va a ser martirizado. Cuando le dice que extenderá sus brazos y otro le ceñirá, hace alusión a lo que sucedía con los que eran condenados a ser crucificados: se les ataba el pesado travesaño horizontal de la cruz, conocido como patíbulum, de manera que el condenado tenía que andar a su lugar de ejecución con los brazos extendidos, atados al patíbulum, soportando aquel pesado madero al cual quedarían clavados sus brazos.

A pesar de que la biblia no confirma cómo murió San Pedro, por medio de la Tradición hoy sabemos que San Pedro murió crucificado. La Tradición nos dice que el propio San Pedro pidió ser crucificado cabeza abajo, ya que no se sentía digno de sufrir la misma muerte que su Señor. De ahí que la cruz invertida es la cruz de San Pedro. De ninguna manera se trata de un símbolo satánico.

«¡ESO NO ESTÁ EN LA BIBLIA!» Nunca faltará el fundamentalista que se rasga las vestiduras porque esto o aquello del catolicismo no está descrito, de forma literal, en la biblia. Es verdad, la cruz invertida, o cruz de San Pedro, no está descrita en la biblia. Curiosamente los que hacen esos señalamientos son los mismos que no portan ningún tipo de cruz, sino que una estrella de David o una bandera de Israel, las cuales no están descritas en ninguna parte de la biblia.

«¡LA CRUZ ES UN OBJETO MALDITO! ¡LA BIBLIA LO DICE!» Para aseverar semejante cosa algunos hermanos protestantes se sujetan del versículo en Gálatas 3,13: «Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito todo el que está colgado de un madero». En realidad lo que hacen es sacar un versículo de su contexto para usarlo como zancadilla y hacer tropezar a alguien en su fe. En la carta a los Gálatas San Pablo hace una comparación de cómo eran las cosas en la Antigua Alianza para luego dar a conocer cómo son en la Nueva Alianza.

En la Antigua Alianza la cruz fue motivo de escándalo, pero en la Nueva Alianza ha dejado de serlo, ya no es un objeto maldito. Eso lo leemos en Gálatas 5,11:«En cuanto a mí, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué soy todavía perseguido? ¡Pues se acabó ya el escándalo de la cruz!». Finalmente, en Gálatas 6,14 San Pablo nos invita a gloriarnos en la cruz: «En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!».

Resulta irónico que nuestros hermanos protestantes, con tanto celo por las escrituras, parecen no haber leído lo que dice San Pablo en Filipenses 3,18 en donde el apóstol de los gentiles llora por aquellos que viven como enemigos de la cruz de Cristo.

La cruz invertida es la cruz de San Pedro, la cruz donde muriera el primer Papa de la historia del catolicismo, para dar gloria a Dios. La cruz invertida no tiene nada de satánico ni de ominoso. No dejemos que el cine y la TV sean los que nos formen en nuestra fe. Principalmente no permitamos que ellos formen a nuestros hijos en nuestra fe. El cine y la TV están plagados de anacronismos y de errores históricos. Es decir que fallan en cosas que están escritas y comprobadas por cientos de historiadores. Luego no es de extrañarse que fallen tremendamente en cosas de la fe cristiana, para la cual hace falta tener un corazón elevado hacia Cristo para poder comprenderla.

Pax et bonum

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¿Qué significa la palabra “sacerdote” y dónde aparece en la Biblia?


¿QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA “SACERDOTE” Y DÓNDE APARECE EN LA BIBLIA?
Por Philip Kosloski

Los sacerdotes han formado parte del cristianismo desde el principio, y tienen sus raíces en el Antiguo Testamento

Uno de los términos más distintivos utilizados en la Iglesia católica (aunque a veces se usa en otras denominaciones) es la palabra “sacerdote”. Es el término más común usado para identificar a un miembro ordenado del clero y tiene una rica historia en el cristianismo.

La palabra inglesa “sacerdote” (priest) deriva del griego presbyteros, presbítero, que significa “anciano“. Se usa en todo el Antiguo y el Nuevo Testamento para identificar a una persona que ofrece un sacrificio a Dios.

El primer uso del término está en el libro de Génesis para identificar al misterioso Melquisedec, que aparece de la nada en un encuentro con Abraham.

Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino. Fue un sacerdote del Dios Altísimo. Bendijo a Abram con estas palabras:

“¡Bendito sea Abram del Dios Altísimo,
creador de cielos y tierra,
y bendito sea el Dios Altísimo,
que entregó a tus enemigos en tus manos!”.
Y diole Abram el diezmo de todo (Génesis 14, 18-20).

Más tarde, se desarrolla un sacerdocio levítico bajo Moisés, que se mantiene durante varios siglos en un sacerdocio asociado con el Templo judío. Es deber del sacerdote judío ofrecer sacrificios a Dios en nombre del pueblo.

Jesús llegó a ser conocido entre los cristianos como el sumo sacerdote, ofreciendo su propia vida como un sacrificio puro, sustituyendo el antiguo sacerdocio por un nuevo sacerdocio.

“Pero presentóse Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. 12.Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna” (Hebreos 9, 11-12).

Su sacerdocio también está conectado con el de Melquisedec, como lo menciona el escritor de Hebreos:

“Entró por nosotros como precursor Jesús, hecho, a semejanza de Melquisedec, Sumo Sacerdote para siempre”(Hebreos 6:20).

Esto conecta el sacrificio de Jesús de su cuerpo con la ofrenda del pan y el vino en la última cena, inaugurando un nuevo sacerdocio.

Las cartas del Nuevo Testamento se refieren constantemente a este sacerdocio, explicando cómo los “presbíteros” son asignados a varias comunidades cristianas.

“Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hechos 14:23).

Los sacerdotes católicos siguen en esta línea, ofreciendo el sacrificio incruento de la misa que está espiritualmente conectado al sacrificio sangriento de Jesús en el altar de la cruz.

La vida de un sacerdote debe ser una de sacrificio, no solo en el contexto de la misa, sino también en su forma de vida. Jesús llama a cada sacerdote a seguir sus pasos:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24).

De esta manera, incluso los laicos son llamados a un tipo de sacerdocio, como explica el Catecismo de la Iglesia Católica:

“Toda la Iglesia es un pueblo sacerdotal. A través del bautismo todos los fieles participan en el sacerdocio de Cristo. Esta participación se denomina “sacerdocio común de los fieles” (CCC 1591). Este sacerdocio común de los “fieles se ejerce mediante el desarrollo de la gracia bautismal: una vida de fe, esperanza y caridad, una vida según el Espíritu” (CCC 1547).

Si bien no todos están llamados al sacerdocio ministerial y a la ofrenda de la misa, todos los católicos bautizados están llamados a ofrecer sus vidas diariamente como un sacrificio a Dios.

Ser sacerdote implica sacrificio, y esa definición siempre ha sido cierta a lo largo de la historia.

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Adorar a Dios en Espíritu y verdad...¿Cómo es eso, qué significa?


ADORAR A DIOS EN ESPÍRITU Y VERDAD... ¿CÓMO ES ESO, QUÉ SIGNIFICA?
Por Frank Morera

“Le dijo la mujer:... Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (San Juan 4:19-21).

En el tiempo actual, no existe más un lugar determinado, ni un sitio geográfico, para la adoración. En Jerusalén se encontraba la casa de Dios. “Este monte” es el de Gerizim, sobre el cual un templo, que fue destruido aproximadamente un siglo antes de Jesucristo, quedó como lugar sagrado para los samaritanos.

Los samaritanos no adoraban en espíritu ni en verdad. Los judíos adoraban a Dios en verdad —aunque la revelación haya sido incompleta—, pero no lo hacían en espíritu. Su adoración implicaba un culto hecho con sacrificios materiales, según los ritos dados por Dios.

¿Dónde está la habitación de Dios en el tiempo de la gracia? Encontramos la respuesta en Efesios 2:19-22:

“Sois... conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien... vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

Se refiere a la Iglesia, una “casa espiritual” constituida de “piedras vivas” (1 Pedro 2:5)

La Adoración hoy esta en la Iglesia, específicamente en la EUCARISTIA que es la forma perfecta de adoración pues adoramos en el espíritu al Dios que se hecho presente entre nosotros en Verdad.

Bendiciones +

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¿Qué significa la palabra Hostia ?


¿QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA HOSTIA?
Por: Fray José Ariovaldo da Silva, OFM 

Descubre cómo a través de este palabra Dios se entrega cada día a ti cuando comulgas

Una vez, al pensar en el “Sacramento de la Caridad”, me hice la siguiente pregunta: ¿Por qué será que solemos asociar “Eucaristía” con “hostia”?

Se habla de adorar la hostia, arrodillarse frente a la hostia, llevar la hostia en procesión (en la fiesta del Corpus Christi), guardar la hostia… Una niña se acercó un día a la catequista y le preguntó: “¿cuánto tiempo falta para que yo tome la hostia?”. La niña se refería a la primera comunión.

Tuve entonces la idea de ir tras el origen de la palabra “hostia”. Miré un diccionario (es más, varios) y descubrí que, en latín, “hostia” es prácticamente sinónimo de “víctima”. A los animales sacrificados en honor de los dioses, las víctimas ofrecidas en sacrificio a la divinidad, los romanos los llamaban “hostia”. A los soldados derribados en la guerra, víctimas de la agresión enemiga, por defender al emperador y a la patria, les llamaban “hostia”. Relacionada con la palabra “hostia” está la palabra latina “hostis”, que significa “enemigo”. De ahí vienen palabras como “hostil” (agresivo, amenazador, enemigo), “hostilizar” (agredir, provocar, amenazar). La víctima fatal de una agresión, por consiguiente, es una “hostia”.

Entonces sucedió lo siguiente: el cristianismo, al entrar en contacto con la cultura latina, incluyó en su lenguaje teológico y litúrgico la palabra “hostia” exactamente para referirse a la mayor “víctima” fatal de la agresión humana: Cristo, muerto y resucitado.

Los cristianos adoptaron la palabra “hostia” para referirse al Cordero inmolado (victimado) y, al mismo tiempo, resucitado, presente en la Eucaristía. La palabra “hostia” significó luego, la realidad que Cristo mismo mostró en la última cena:

“Este es mi cuerpo….esta es mi sangre que será derramada”.

El pan consagrado, por lo tanto, es una “hostia”, es más, la “hostia” verdadera, es decir, el propio Cuerpo del resucitado, una vez mortalmente agredido por la maldad humana y ahora vivo entre nosotros, hecho pan y vino, entregado como alimento y bebida: Tomen y coman… Tomen y beban…

Desgraciadamente, con el pasar del tiempo, se perdió mucho este sentido profundamente teológico y espiritual que asumió la palabra “hostia” en la liturgia del cristianismo romano primitivo y se centró casi sólo en la materialidad de la “partícula circular de masa de pan de ácimo que es consagrada en la misa” – a tal punto que terminamos llamando “hostias” incluso a las partículas aún no consagradas.

Hoy en día, cuando hablo de “hostia”, pienso en la “víctima pascual”, pienso en la muerte de Cristo y en su resurrección, pienso en el misterio pascual. Hostia para mí es eso: la muerte del Señor y su resurrección, su total entrega por nosotros, presente en el pan y en el vino consagrados. Es por eso que, tras la invocación del Espíritu Santo sobre el pan y el vino y la narración de la última cena del Señor, en la misa, toda la asamblea canta:

“Anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús”.

Frente a esta “hostia”, es decir, frente a este misterio, la gente se inclina en profunda reverencia, se arrodilla y se sumerge en profunda contemplación, asumiendo el compromiso de “que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios” (Rm 12,1) Adorar la “hostia” significa rendirse a su misterio para vivirlo en el día a día. Y comulgar la “hostia” significa asimilar su misterio en la totalidad de nuestro ser para volvernos como Cristo: hostia, entregada en servicio a los hermanos.

Y ahora entiendo mejor cuando el Concilio Vaticano II, al exhortar a la participación consiente, piadosa y activa del “sacrosanto misterio de la Eucaristía”, añade: “aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos” (SC 48).

Fuente: Aleteia.org // padresergio.org

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¿Por qué Jesucristo era llamado Hijo de Dios, cuál era el significado de ello?


¿QUÉ SIGNIFICA QUE JESUCRISTO ES HIJO DE DIOS?
Por Adrián Castro González

Por el aspecto que abarca el tema, es necesario hablar de Jesús como Hijo de Dios y como Dios mismo. Dado el hecho que Jesús es Dios y Hombre verdadero, es solamente cuestión de meditar los pasajes Bíblicos que nos muestran está realidad, para comprender este Misterio de Fe.

En los Evangelios, al narrar el bautismo de Jesús, siempre mencionan la voz de Dios diciendo “Tú eres mi Hijo Amado”.

Mateo 3, 17
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

Marcos 1, 11
«Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»

Lucas 3, 22
«Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado.»


Incluso, en el momento de la transfiguración, nuevamente se verá a Dios llamando a Jesús como su Hijo.

Marcos 9, 7
«Este es mi Hijo amado, escuchadle.»


De entrada podemos ver que Dios mismo llama a Jesús su Hijo, así que no hay necesidad de una exégesis Bíblica para entender que Jesús es el Hijo de Dios. Más aún cuando se medita el pasaje Bíblico que quizás es el más mencionado
Juan 3, 16 que nos dice:

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.”

Dicho esto, procedemos a explicar lo que es más difícil de comprender y aceptar para muchos. El hecho de que Jesús es Dios.

Para comprender este punto es necesario remontarnos al pasaje Bíblico en el que Moisés le pregunta a Dios, cómo podrá hacer que el pueblo de Israel crea que él va de parte de Dios, para anunciarles que Dios les dará la libertad. Al preguntarle el nombre suyo, Dios le dice en
Éxodo 3, 14

«Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.»

Ahora bien, ¿Por qué es importante este pasaje Bíblico? La respuesta es sencilla. Porque Jesús hará ciertas referencias sobre sí mismo, que son un eco de lo dicho por Dios a Moisés. La única diferencia es que en este caso Jesús lo dirá a todas las personas presente en sus discursos. Esto lo testifican los Evangelios, donde Jesús constantemente dice la expresión “Yo Soy”, la cual pertenece a Dios.

Juan 6, 35
«Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

Juan 8, 12
«Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.»

Juan 10, 7
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.»

Juan 10, 11
«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.»

Juan 11, 25
«Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá.»

Juan 14, 6
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.»

Juan 15, 1
«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.»


Los Judíos tenían claro que ese atributo del “Yo Soy” pertenece única y exclusivamente a Dios.

Cuando preguntaron a Jesús en Lucas 22, 70 Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?» El les dijo: «Vosotros lo decís: Yo soy.»

Más aún, en Juan 8:24-25,28 podemos leer lo siguiente:

Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados.»
Entonces le decían: «¿Quién eres tú?» Jesús les respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo.
Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.


También nos dice Jesús en Juan 13:19:

«Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy.

Lo interesante del caso es que cuando a Jesús lo fueron a apresar la Biblia nos dice lo siguiente, cuando Jesús pregunta a quién buscan en Juan 18:5-6:

Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos.
Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra.


Por esta razón acusaron de hereje a Jesús. Podemos ver en Mateo 26:63-65

Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»
Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.»
Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.


Algo irónico en todo esto es que los Judíos conocían la profecía del profeta Isaías con referencia al Mesías, la cual se cumple en Jesús. Esto lo testifica Mateo 1:22-23 al decir:

Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.»

Entonces, si Jesús es el Emmanuel, o sea, Dios con nosotros, ¿por qué algunas personas le pesa tanto reconocer esta realidad? Es importante recalcar que no fue hasta el siglo IV que alguien negó la divinidad de Jesús en la Iglesia Primitiva.

Para el año 318 Arrio propagó la idea de que no hay tres personas en Dios sino una sola persona, el Padre. Según Arrio, Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por Dios de la nada como punto de apoyo para su Plan. Claro está, la historia nos muestra que fueron condenados los escritos de Arrio y tanto él como sus seguidores desterrados. Esto se debe a que en el Concilio de Nicea, el 20 de mayo del 325 D.C., donde el partido anti-arriano bajo la guía de San Atanasio, diácono de Alejandría, logró una definición ortodoxa de la fe y el uso del término homoousion(consustancial, de la misma naturaleza) para describir la naturaleza de Cristo:

««Creemos en un solo Dios Padre omnipotente… y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre…»» (Manual de Doctrina Católica Denzinger – Dz 54).

Más aún, bajo el gobierno del emperador Valentiniano (364-375), el cristianismo ortodoxo fue restablecido en Oriente y Occidente, y la ejemplar acción de los Padres Capadocios (San Basilio y San Gregorio Nacianceno) condujo a la derrota final de la herejía arriana o arrianismo en el Concilio de Constantinopla en el año 381.

Como podemos ver, Tanto la Biblia como la Historia, nos muestra que Jesús es Dios Hijo y en consecuencia, la Segunda Persona de La Santísima Trinidad. Que tengan un excelente día y que Dios los bendiga.

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¿Cuál es el significado del Cirio Pascual?



¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DEL CIRIO PASCUAL?
Por Haydee Velázquez de Mondragón


Es muy arraigada e importante para los laicos la costumbre de encender veladoras, es importante y valioso también, que al prender una vela o cirio, ésta acción siempre sea acompañada de una oración, no solo encenderla porque sí. Si te das cuenta, los cirios tienen símbolos importantes, a continuación te los explicaremos. 

EL CIRIO PASCUAL 

¿QUÉ SIGNIFICADO TIENE Y QUÉ REPRESENTA? 

Es el símbolo más destacado del Tiempo Pascual. La palabra “cirio” viene del latín “cereus”, de cera. El producto de las abejas. El cirio más importante es el que se enciende en la vigilia Pascual como símbolo de cristo – Luz, y que se sitúa sobre una elegante columna o candelabro adornado. 

El Cirio Pascual es ya desde los primeros siglos uno de los símbolos más expresivos de la Vigilia. 

En medio de la oscuridad (toda la celebración se hace de noche y empieza con las luces apagadas), de una hoguera previamente preparada se enciende el Cirio, que tiene una inscripción en forma de cruz, acompañada de la fecha del año y de las letras Alfa y Omega, la primera y la última del alfabeto griego, para indicar que la Pascua del Señor Jesús, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza con fuerza nueva en el año concreto que vivimos.


Al Cirio Pascual se le incrusta en la cera cinco granos de incienso, simbolizando las cinco llagas santas u gloriosas del Señor en la Cruz. 

En la procesión de entrada de la Vigilia se canta por tres veces la aclamación al Cristo: “Luz de cristo. Demos gracias a Dios”, mientras progresivamente se van encendiendo los cirios de los presentes y las luces de la iglesia. Luego se coloca el cirio en la columna o candelabro que va a ser su soporte, y se proclama en torno a él, después de incensarlo, el solemne Pregón Pascual. 

Además del simbolismo de la luz, el Cirio Pascual tiene también el de la ofrenda, como cera que se gesta en honor de Dios, esparciendo su Luz:“acepta, Padre Santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios… Te rogamos que este Cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la oscuridad de esta noche”. 

El Cirio Pascual estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del ambón de la Palabra, hasta la tarde del domingo de Pentecostés. Una vez concluido el tiempo Pascual, conviene que el Cirio se conserve dignamente en el bautisterio. 

El Cirio Pascual también se usa durante los bautizos y en las exequias, es decir al principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.


1. Luz 

El Cirio Pascual representa a Cristo resucitado, “la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” y que disipa la oscuridad (muerte). 

2. Llama 

Al principio, en la procesión de entrada de la Vigilia, la única luz es la del Cirio Pascual. Seguidamente con esa llama se enciende la pequeña vela que portan los feligreses, que significa la fe que todos recibimos y compartimos. 

Mediante este acto, a los bautizados se les recuerda que deben ser portadores de la luz de Cristo, testigos de su amor, que como una llama enciende y calienta los corazones. 

3. La Cruz 

La cruz es siempre el símbolo central, es el camino que se debe tomar, al igual que Cristo, para llegar al Padre. 

4. Clavos 

Son cinco granos de incienso, frecuentemente de color rojo, que están incrustados en el cirio y simbolizan las cinco llagas de Jesús: los tres clavos que le atravesaron las manos y los pies, la lanza clavada al costado derecho del torso y las espinas sobre su cabeza. 

5. Fuego 

El fuego de la llama también representa una imagen viva de la Resurrección, del hombre que abandona el pecado y nace a una vida nueva. Mientras el cirio está encendido, el sacerdote puede decir palabras similares a: “La luz de Cristo, elevándose en Gloria, disipa las tinieblas de nuestros corazones y mentes”. 

6. Alfa y Omega 

Las letras Alfa y Omega, la primera y la última del alfabeto griego, indican que la Pascua de Cristo, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza con fuerza siempre nueva en el año concreto en que vivimos. 

7. Año 

El año actual representa a Dios en el presente y como Amo y Señor de toda la eternidad. 

8. Cordero 

Cristo es representado mediante la figura de un cordero.

Fuentes diversas


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¿Qué significa la sotana de los sacerdotes?


¿QUÉ SIGNIFICA LA SOTANA DE LOS SACERDOTES?

Adaptado de un texto publicado en el Fondo Cultural Católico, Miami, Estados Unidos, en base a textos de Jaime Tovar Patrón 

La palabra viene del latín subtana, o subtanea, de subtus, que significa debajo. Y se llama así a la vestidura talar (hasta los talones de los pies), que sin embargo no se lleva debajo, sino precisamente es lo que se ve. Es normalmente negra, pero en muchos casos es también blanca o roja o de otros colores, se ajusta al cuerpo, y con mangas estrechas.

La sotana fue instituida por la Iglesia a fines del siglo V con el propósito de darle a sus sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición, el Código de Derecho Canónico impone el hábito eclesiástico a todos los sacerdotes (canon 136).

En la Iglesia Católica Romana de rito latino, la sotana de uso diario es negra para todo el clero, menos el Papa para quien es blanca, y se le llama traje piano en recuerdo del papa Pio IX que estableció su uso.

Los seminaristas, Sacerdotes, Obispos, Capellanes de su Santidad y Cardenales se distinguen por su fajín, botonadura y solideo: fajín azul para los seminaristas, rojo para los cardenales, morado para prelados de honor y obispos, negro para sacerdotes. En zonas tropicales o de mayo calor, tales como Ecuador, gran parte de África y La India, las Sotanas para el Clero, incluyendo las de Obispos y Cardenales son blancas, con los mismos detalles que la negra tradicional.

Para la vestimenta coral varía el color de la sotana de acuerdo con el grado de la prelatura: así los sacerdotes la usan negra; los beneficiados y canónigos la usan negra ribeteada, o en ocasiones morada; los prelados, protonotarios y monseñores la usan morada; los obispos y arzobispos, morada con vivos, bocamangas y botones carmesíes; los cardenales la usan roja; el papa blanca.

El color negro recuerda a todos que el que lo lleva ha muerto al mundo. Todas las vanidades del siglo han muerto para ese ser humano que ya sólo ha de vivir de Dios. El color blanco del alzacuellos simboliza la pureza del alma. Conociendo el simbolismo de estos dos colores es una cosa muy bella que todas las vestiduras del sacerdote, incluso las de debajo de la sotana, sean de esos dos colores: blanca camisa y alzacuellos, negro jersey, pantalones, calcetines y zapatos.

“Fíjese si el impacto de la sotana es grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos la han prohibido expresamente. Esto debe decirnos algo. ¿Cómo es posible que ahora, hombres que se dicen de Iglesia desprecien su significado y se nieguen a usarla?”.

Hoy en día son pocas las ocasiones en que podemos admirar a un sacerdote vistiendo su sotana. El uso de la sotana, una tradición que se remonta a tiempos antiquísimos, ha sido olvidado y a veces hasta despreciado en la Iglesia posconciliar. Pero esto no quiere decir que la sotana perdió su utilidad sino que la indisciplina y el relajamiento de las costumbres entre el clero en general es una triste realidad.

Contra la enseñanza perenne de la Iglesia, está la opinión de círculos enemigos de la Tradición que tratan de hacernos creer que el hábito no hace al monje, que el sacerdocio se lleva dentro, que el vestir es lo de menos y que lo mismo se es sacerdote con sotana que de paisano. Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario, porque cuando hace más de 1.500 años la Iglesia decidió legislar sobre este asunto fue porque era y sigue siendo importante.

Exponemos siete excelencias de la sotana condensadas de un escrito del ilustre Padre Jaime Tovar Patrón.

1º – El recuerdo constante del sacerdote

Ciertamente que, una vez recibido el orden sacerdotal, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego… ¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente nada dice lo que se es. 

2º – Presencia de lo sobrenatural en el mundo

No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes… Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que actúe, Su simple presencia influye en los demás: da seguridad, o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos. 

Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento.

Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.

3º – Es de gran utilidad para los fieles

El sacerdote lo es, no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. EL SACERDOCIO NO ES UNA PROFESIÓN, con un horario marcado; es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se les facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas; si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño de su misión. 

4º – Sirve para preservar de muchos peligros

¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es hoy una terrible realidad. 

Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, alternar con seglares, pero poco a poco se ha ido cada vez a más.

Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero, al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje. De tal modo, que ya muchos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros.

Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes.

5º – Ayuda desinteresada a los demás

El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre de Dios, que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo? 

6º – Impone la moderación en el vestir

La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (saco). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia. 

Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello. 

7º – Ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia

Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo. 

Estas siete excelencias de la sotana podrán ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero, sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo inconfundible del sacerdocio porque así la Iglesia, en su inmensa sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos a través de los siglos.

Anexos 

284 Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar. 

Catecismo 1563 "El ministerio de los presbíteros, por estar unido al orden episcopal, participa de la autoridad con la que el propio Cristo construye, santifica y gobierna su Cuerpo. Por eso el sacerdocio de los presbíteros supone ciertamente los sacramentos de la iniciación cristiana. Se confiere, sin embargo, por aquel sacramento peculiar que, mediante la unción del Espíritu Santo, marca a los sacerdotes con un carácter especial, y así quedan configurados con Cristo Sacerdote, de tal manera que puedan actuar como representantes de Cristo Cabeza" (PO 2).

Catecismo 1582 Como en el caso del Bautismo y de la Confirmación, esta participación en la misión de Cristo es concedida de una vez para siempre. El sacramento del Orden confiere también un carácter espiritual indeleble y no puede ser reiterado ni ser conferido para un tiempo determinado (cf Concilio de Trento: DS 1767; LG 21.28.29; PO 2).

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