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¿Estuvo Jesús en la India?

 


¿ESTUVO JESÚS EN LA INDIA?
Por P. Miguel Pastorino

¿Conoces el polémico libro del revolucionario indio Ganesh Savarkar, Introducción a Cristo (1946), donde Jesucristo sería en realidad hindú y no habría muerto en la cruz, sino en la India, habiendo sido un sacerdote hindú y cuyo verdadero nombre habría sido Keshao Krishna?

Se afirma que cuando Jesús se retiró al desierto de Judá, en realidad se fue a la India a practicar yoga. La historia cuenta que Jesús fue rescatado de la cruz por los esenios y lo resucitaron con hierbas milagrosas del Himalaya, para morir en la Cachemira india.

Entiendo que esta historia le parezca a muchos un disparate para una película de ficción, y estoy de acuerdo. Pero lamentablemente muchos autores lo repiten como historia cierta.

Aunque se trata de “un cúmulo de absurdos” como expresó el portavoz de la Conferencia Episcopal de la India, P. Prakash Topno, este tipo de historias sobre Jesús también ha sido alimentada en occidente, cuyos orígenes son puras invenciones y novelas pseudohistóricas que muchos esoteristas citan como fuentes.

La fascinación con “la vida oculta” de Jesús, su adolescencia y su paso por el desierto, han generado mitos sobre una juventud de Jesucristo llena de fantasías sin ninguna base histórica. Estas ideas fueron fomentadas por la literatura apócrifa temprana, tanto judeocristiana como gnóstica, y por novelas modernas desde el siglo XIX hasta la actualidad. Pero la invención de un Jesucristo budista o hinduista es más reciente, especialmente dentro de círculos teosóficos.

Historias fantásticas sobre Jesús aparecen en muchos movimientos esotéricos modernos y sectas. Se ha dicho de Jesús desde que es un extraterrestre, hasta que fue iniciado dentro de una pirámide egipcia. La ideología que se difunde detrás del Jesús hindú tiene como finalidad caracterizar a Jesús como un hombre cuya sabiduría “superior” viene de la India o de otras culturas, pero no del mundo judío. ¿De dónde salieron todas estas ideas?

El origen de los mitos sobre Jesús

En el año 1910, Ernst Elder von der Planitz, dio a conocer el hallazgo de una supuesta traducción de un papiro copto que contenía una carta en griego del año 83 d.C. El texto se atribuye a un médico egipcio, Benan, quien además habría sido amigo de Jesús en su juventud.

La historia que relata parte de la huida de la Jesús, María y José a Egipto, cuando Herodes lo buscaba para matarlo, continúa con una leyenda de iniciación de Jesús en la magia egipcia, instruido por astrónomos. En Egipto Jesús habría aprendido técnicas sanadoras y regresaría a los treinta años a Palestina, donde comienza su ministerio público.

Aunque se aclaró la falsedad de la historia y se demostró que era una invención moderna, los círculos de antropósofos, ocultistas y algunas logias masónicas lo recibieron con fe y entusiasmo. El texto busca mostrar a Jesús como un librepensador e intelectual cosmopolita, como una mezcla entre sabio egipcio e iluminado budista.

Sin embargo, en el siglo XX, en círculos esotéricos, fueron más populares las versiones fantasiosas de Jesús viviendo en la India. Todas las ideas que luego se multiplicaron en obras posteriores tienen como fundamento “El vacío en la vida de Jesús”, publicado en París en 1894 por el aventurero Nicolás Notovitch, según el cual, Jesús siendo joven se fue a la India e hizo su aprendizaje con brahamanes y monjes budistas. Los supuestos documentos que nunca encontró para demostrar sus teorías, en realidad no existieron.

En 1901 el clérigo inglés Gideon J.R. Ouseley cuenta una versión similar en el “Evangelio de la vida perfecta”, que también resultó ser una falsificación. En dicha obra Jesús es un predicador de doctrinas budistas, defensor de los animales y vegetariano.

Según Ouseley, dicho Evangelio le ha sido revelado por inspiración sobrenatural, aunque en otra ocasión afirmó que lo había traducido de un texto en arameo. Una obra de 96 capítulos que mezcla textos del evangelio con doctrinas esotéricas, muy leída en círculos teosóficos. Muchas revistas de divulgación científica citan la obra como histórica, mencionando la popular leyenda del profeta Issa (Jesús) en la India y las ideas vegetarianas del Evangelio de Ouseley.

Otras falsificaciones modernas como el Evangelio de Wassermann o el “Evangelio esenio de la paz”, muestran a un Jesús inspirado en el budismo con facetas esotéricas. Usan los mismos versículos de los evangelios canónicos ampliados y explicados con doctrinas ocultistas modernas.

Jesús en la India y las fantasías de Kersten

Apoyados en este tipo de fantasías se escribieron, el conocido libro de Holger Kersten, “Jesús vivió en la India” y la obra de S. Obermeier, "¿Murió Jesús en Cachemira?" de 1983.

Un libro en el que se apoya Kersten para sus teorías sobre Jesús viviendo décadas en Cachemira y su iniciación en la orden de los esenios, es el libro de Mirza Ghulam Ahmad, “Jesús en la India”, del año 1899, el cual basa sus ideas en una supuesta revelación sobrenatural que recibió de Dios.

Según Kersten, luego de la recuperación de Jesús con los esenios, éste se encuentra con Saulo de Tarso en el camino a Damasco y luego se dirige a Siria, para finalmente huir de los romanos hacia la Cachemira, pasando por Persia. La última morada de Jesús según esta fantástica historia es la tumba de Yuz Asaf, quien sería en realidad Jesús de Nazareth.

La tesis de que Jesús habría simulado su muerte y que fue cuidado por los esenios hasta que sanó, tuvo gran difusión en el siglo XVIII, a raíz de una supuesta “carta de los Esenios” que sería de un testigo ocular de la crucifixión. Dicha carta fue desenmascarada como una falsificación moderna, pero alimentó una serie de leyendas y rumores que se difunden como históricos hasta el día de hoy.

Muchos esoteristas europeos antisemitas vieron en estas historias una hipótesis de un Jesús de origen ario y no semita. Las teorías de este tipo se pierden en un mundo de fantasía, pero nos llegan a nosotros a través de muchos medios de divulgación científica y de novelas pseudohistóricas, confundiendo a no pocos incautos en la materia.

El Jesús histórico

Las fuentes sobre Jesús de Nazareth, tanto las bíblicas como las fuentes históricas de judíos y romanos de su tiempo, así como de los primeros autores cristianos, nos proporcionan un enorme caudal de información fidedigna que nos permite acceder a aspectos innegables de la historia de Jesús, más allá de las creencias religiosas.

Historias fantásticas sobre Jesús que quieran justificar la ideología de turno, han existido siempre, pero sin ninguna base histórica. En una época se hablaba de Jesús como revolucionario social, hace pocos años era un comandante extraterrestre y ahora le tocó el turno de ser un gurú de la sabiduría new age que fue entrenado en la India. Obviamente en todas las versiones Jesús es contrario a la Iglesia que él mismo fundó. Los cuentos son los de siempre y no son muy originales, pero desafían a los cristianos a conocer en profundidad las fuentes históricas del cristianismo para dar razón de su fe a quien sea que lo demande.

El primer tomo de Jesús de Nazareth, escrito por Benedicto XVI, es una obra accesible para todo público y recomiendo leer los tres tomos. En ellos encontramos una poderosa síntesis histórica y teológica donde profundizar en la identidad y el mensaje de Jesús.


"Orígenes paganos" de la Navidad: un mito sin fundamento histórico



Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.

Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.

Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del “Nacimiento del Sol Invicto", instituido por el emperador romano Aureliano el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, “los orígenes paganos de la Navidad” son un mito sin fundamento histórico.

La idea de que la fecha fue sacada de los paganos se remonta a dos estudiosos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, pretendía demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de las muchas “paganizaciones” del cristianismo que la Iglesia del siglo IV había adoptado, como una de las muchas “degeneraciones” que habían transformado el cristianismo apostólico puro en catolicismo.

Dom Jean Hardouin, un monje benedictino, intentó demostrar que la Iglesia católica había adoptado festivales paganos para fines cristianos sin paganizar el Evangelio. En el calendario juliano, creado en el año 45 a.C. bajo Julio César, el solsticio de invierno caía en 25 de diciembre y, por tanto, a Jablonski y a Hardouin les pareció evidente que esa fecha debía haber contenido obligatoriamente un significado pagano antes de haber sido cristiano.

Pero en realidad, la fecha no había tenido ningún sentido religioso en el calendario festivo pagano en tiempos anteriores a Aureliano, y el culto al sol tampoco desempeñaba un papel importante en Roma antes de su llegada.

Había dos templos del sol en Roma. Uno de ellos (mantenido por el clan en el que nació o fue adoptado Aureliano) celebraba su festival de consagración el 9 de agosto, y el otro el 28 de agosto. Sin embargo, ambos cultos cayeron en desuso en el siglo II, en que los cultos solares orientales, como el mitraísmo, empezaron a ganar adeptos en Roma. Y en cualquier caso, ninguno de estos cultos, antiguos o nuevos, tenían festivales relacionados con solsticios o equinoccios.

Lo que ocurrió realmente fue que Aureliano, que gobernó desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era hostil hacia el cristianismo, y está documentado que promocionó el establecimiento del festival del “Nacimiento del Sol Invicto” como método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del “renacimiento” anual del sol. Lideró un imperio que avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este.

Al crear esa nueva festividad, su intención era que el día 25, en el que comenzaba a alargarse la luz del día y a acortarse la oscuridad, fuera un símbolo del esperado “renacimiento” o eterno rejuvenecimiento del Imperio Romano, que debía ser el resultado de la perseverancia en la adoración de los dioses cuya tutela (según creían los romanos) había llevado a Roma a la gloria y a gobernar el mundo entero. Y si podía solaparse con la celebración cristiana, mejor aún.

Cálculos navideños ¡antes de tener fecha litúrgica!

Es cierto que la primera prueba de una celebración cristiana en 25 de diciembre como fecha de la Natividad del Señor se encuentra en Roma, algunos años después de Aureliano, en el año 336 d.C., pero sí hay pruebas del Este griego y del oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.

[Tighe no lo detalla, pero un ejemplo claro es el de Sexto Julio Africano, escritor cristiano que en el año 221, en sus Chronographiai, ya establece que Jesús se encarnó en 25 de marzo (por lo que nació 9 meses después, en 25 de diciembre). Esto lo escribe medio siglo antes de que en el 274 Aureliano cree una fiesta para el 25 de diciembre en Roma. Nota de ReL].

¿Y cómo ocurrió todo esto? Parece haber una contradicción en la fecha de la muerte del Señor entre los Evangelios Sinópticos y el Evangelio de Juan. Los sinópticos la situarían en la Pascua de los judíos (después de la Última Cena la noche anterior), mientras que Juan la describiría en la Víspera de la Pascua, en el momento en que los corderos eran sacrificados en el Templo de Jerusalén para el ágape que tendría lugar después de la salida del sol ese mismo día.

La solución a esta cuestión implica contestar a la pregunta de si la Santa Cena fue un ágape pascual o una cena que tuvo lugar un día antes, lo cual no estudiaremos aquí. Basta con decir que la primitiva Iglesia siguió a Juan y no a los sinópticos y, por tanto, creyó que la muerte de Cristo había tenido lugar el 14 Nisán, de acuerdo con el calendario lunar judío.

Por cierto, los estudiosos modernos se muestran de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., ya que éstos son los únicos años de esa época en los que la Vigilia de Pascua podían haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33.

Sin embargo, dado que la Iglesia primitiva fue forzosamente separada del judaísmo, entró en un mundo de calendarios distintos y tuvo que instaurar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor, en parte también para independizarse de los cálculos rabínicos de la fecha de Pascua. 

Por otra parte, como el calendario judío era un calendario lunar que constaba de 12 meses de 30 días cada uno, cada pocos años debía añadirse un mes decimotercero por un decreto del Sanedrín, para mantener el calendario sincronizado con los equinoccios y los solsticios, así como para evitar que las estaciones se fueran “desviando” hacia meses inapropiados.


Aparte de la dificultad que debieron tener los cristianos en investigar, o quizás en ser bien informados sobre las fechas pascuales en un determinado año, el hecho de seguir un calendario lunar diseñado por ellos habría dispuesto en su contra tanto a judíos como a paganos, y seguramente también les habría sumido en inacabables disputas entre sí mismos.


El siglo II vio fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Artemision/Nisán, pero haber seguido un calendario lunar no habría hecho más que agravar estos problemas.


Estas divergencias eran interpretadas de distintas maneras entre los cristianos griegos de la parte oriental del imperio y los cristianos latinos en la parte occidental del mismo. Parece ser que los cristianos griegos quisieron encontrar una fecha equivalente a su 14 Nisán en su propio calendario solar y, dado que el Nisán era el mes en el que tenía lugar el equinoccio de primavera, eligieron el día 14 de Artemision, el mes en el que el equinoccio de primavera caía invariablemente en su propio calendario. Alrededor del 300 d.C., el calendario griego fue solapado por el romano y, como las fechas de principio y final de los meses en estos dos sistemas no coincidían, el 14 Artemision se convirtió en el 6 de abril.

No obstante, parece que los cristianos latinos del siglo II en Roma y África del norte querían establecer la fecha histórica en la que murió Jesús. En la época de Tertuliano [c.155 -220 d.C.] habían concluido que murió en viernes, 25 de marzo del 29. Como nota aparte, debo hacer constar que ello es imposible: el 25 de marzo del 29 no cayó en viernes, y la Víspera de Pascua judía en el 29 d.C. no caía en viernes ni en 25 de marzo, ni siquiera en el mes de marzo.

Cuando los antiguos creían en la “edad integral”

Así pues, en el este, tenemos el 6 de abril y, en el oeste, el 25 de marzo. Llegados a este punto, debemos introducir una creencia que parece ser que se propagó en el judaísmo en el tiempo de Cristo, pero la cual, como no aparece en la Biblia, no han tenido presente los cristianos. Se trata de la “edad integral” de los grandes profetas judíos: la idea de que los profetas de Israel murieron en la misma fecha que la de su nacimiento o concepción.

Este conocimiento es un factor clave a la hora de entender por qué algunos de los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que el 25 de diciembre fue la fecha del nacimiento de Jesucristo. Los primeros cristianos aplicaron esta idea a Jesús, con lo que el 25 de marzo y el 6 de abril no sólo eran las supuestas fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción o nacimiento. Existe alguna prueba fugaz de que al menos algunos cristianos en los siglos I y II consideraron el 25 de marzo y el 6 de abril como la fecha del nacimiento de Cristo, pero rápidamente prevaleció la asignación del 25 de marzo como la fecha de la concepción de Cristo.

Y es en este día, conmemorado casi universalmente entre cristianos como la Fiesta de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel llevó la Buena Nueva de un salvador a la Virgen María, con cuyo consentimiento la Palabra de Dios ("Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, nacido del Padre antes de todos los tiempos") se encarnó en su vientre. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.

La Navidad (el 25 de diciembre) es una fiesta de origen cristiano occidental. Parece que en Constantinopla fue introducida en el año 379 ó 380. De un sermón de San Juan Crisóstomo, que en su época fue un renombrado asceta y predicador en su nativa Antioquía, parece que ahí la fiesta se celebró por primera vez el 25 de diciembre del 386. Desde esos centros, se esparció por todo el Oriente cristiano y se adoptó en Alejandría alrededor del 432, mientras que en Jerusalén se asumió un siglo o un poco más después.

Los armenios, solos entre las Iglesias cristianas antiguas, nunca la adoptaron, y hasta hoy llevan celebrando el nacimiento de Cristo, la adoración de los Reyes y el bautismo el 6 de enero.

Por su parte, las Iglesias occidentales fueron adoptando gradualmente la celebración de la Epifanía del este el 6 de enero, y Roma lo hizo entre el 366 y el 394. Pero en Occidente, esta festividad se presentaba normalmente como la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y, como tal, era una fiesta importante, pero no una de las más determinantes. Ello provocaba un fuerte contraste con la posición de la Iglesia oriental, donde sigue siendo la segunda fiesta más importante de la iglesia después de la Pascua.

En Oriente, la Epifanía es mucho más importante que la Navidad. La razón es que la festividad también celebra el bautismo de Cristo en el Jordán y el momento en que la Voz del Padre y el Descenso del Espíritu Santo manifestaron por primera vez a los mortales la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de las 3 Personas en un solo Dios.

Una fiesta cristiana

Así pues, parece que el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo no está en absoluto en deuda con las influencias paganas en las prácticas de la Iglesia durante o después del tiempo de Constantino.

Es totalmente improbable que fuera la fecha exacta del nacimiento de Cristo, pero surgió estrictamente de los esfuerzos de los primeros cristianos latinos para averiguar la fecha histórica de la muerte de Cristo.

En cambio, la fiesta pagana que instituyó el emperador Aureliano en esa fecha, en el año 274, no sólo fue un esfuerzo para utilizar el solsticio de invierno con el objetivo de hacer una declaración política, sino que, casi con toda certeza, fue también un intento de dar un sentido pagano a una fecha ya importante para los cristianos romanos. 

A su vez, los cristianos podrían más tarde volver a adoptar la fiesta del “Nacimiento del Sol Invicto” para referirse, en memoria del nacimiento de Jesús, a la ascensión del “Sol de la Salvación” o el “Sol de la Justicia".

Deshaciendo mitos sobre la inquisición


DESPEJAN MITOS DE LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA ESPAÑA

DESTRUIREMOS LA “HISTORIA” QUE TE HAN INVENTADO
Fuente Instituto Nacional de Antropología e Historia

A partir del estudio de los procesos del Tribunal del Santo Oficio, la historiadora Consuelo Maquívar indicó que de 300 personas juzgadas, sólo se condenó a 43 con muerte en la hoguera

La especialista del INAH expuso este tema en un ciclo de conferencias con motivo de la exposición El pecado y las tentaciones en la Nueva España, en el Museo Franz Mayer

A partir de una exhaustiva investigación sobre el papel que tuvo el Tribunal del Santo Oficio en la Nueva España, la historiadora Consuelo Maquívar derriba algunos mitos que han rodeado a dicha institución, entre ellos, el que envió al patíbulo a cientos de personas, cuando en realidad, según consta en expedientes del Archivo General de la Nación, fueron 43 los ajusticiados en los tres siglos que duró la Colonia.

Al impartir la conferencia La Inquisición en la Nueva España, en el marco de la exposición El pecado y las tentaciones en la Nueva España, que el próximo domingo 29 será el último día de su exhibición en el Museo Franz Mayer, la investigadora señaló que con base en el estudio de los procesos del Tribunal del Santo Oficio (que operó en México entre 1571 y 1820), alrededor de 300 personas fueron juzgadas, de las cuales se condenó solo a 43 con la pena de “relajación del brazo secular”, que implicaba la muerte en la hoguera.

Detalló que de dicha cantidad, 17 fueron ajusticiados en el siglo XVI, 25 en el XVII, y una en el XVIII, en el XIX no hubo ninguna. El Tribunal no llevaba a cabo la ejecución directamente, “porque la Iglesia católica no podía matar”, así que ponía a los reos en manos de la autoridad civil, que era la encargada de ejecutar al prisionero.

La especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), señaló que otra de las penas que aplicaba el Santo Oficio era la “vergüenza pública” o “sambenito”, que consistía en llevar una túnica burda con una cruz de San Andrés y un gorro llamado “capirote”.

También establecía el destierro (temporal o perpetuo), multas o incluso la condena a galeras, que se cumplía en los galeones de la flota española, además de que en todos los procesos se procedía a la incautación de bienes. Asimismo, existía la posibilidad de la absolución (que rara vez sucedía) o suspensión del proceso.

En su conferencia, Consuelo Maquívar descartó otro de los mitos de la Inquisición en la Nueva España: “Ningún indígena fue sujeto a proceso inquisitorial, ellos estaban exentos de estos juicios”, no obstante que prosiguieron con sus prácticas idolátricas durante la Colonia, y aun cuando se decían católicos y estaban bautizados.

La investigadora de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, explicó que sólo se juzgaba a los españoles, criollos, mestizos y castas (mulatos y negros), y que los procesos de incoación (comienzo de una actuación legal) se iniciaban por denuncias de “personas honestas”, que generalmente permanecían en el anonimato.

Asimismo, el Tribunal del Santo Oficio tenía una enorme red de informantes o denunciantes llamados “familiares”, cuyo nombramiento se consideraba un gran honor, y provenían tanto de la nobleza como de estratos populares, no obstante, éstos últimos debían comprobar su “limpieza de sangre”.

La historiadora Consuelo Maquívar citó los principales delitos que fueron perseguidos por el Tribunal, entre los que estaban la herejía, que consistía en negar dogmas de fe, como la existencia de Dios o la pureza de la Virgen María; la idolatría, la solicitación (pedir favores sexuales durante la confesión), las prácticas de magia o hechicería, así como delitos menores, como la blasfemia o proferir públicamente expresiones soeces o marcadamente sexuales.

Muchos de los procesos iniciados por el Tribunal del Santo Oficio —abundó— tenían la finalidad de combatir otras prácticas de culto, como el judaísmo, el calvinismo y el protestantismo, por lo que se consideraban “idólatras” a los practicantes de otra religión, y “herejes” a los que tenían ideas políticas y religiosas contrarias al dominio papal.

Agregó que muchas de las ideas de la Reforma Protestante fueron consideradas heréticas por la autoridad católica, por ello el Santo Oficio se dedicó a publicar índices (index, en latín) de libros cuya lectura estaba prohibida, “éstos eran quemados en grandes piras, pero no actuaba contra los lectores; por ello, un investigador (José Abel Ramos Soriano) ha llamado a estos textos Los delincuentes de papel”.

Algunos índices —continuó— se publicaron en el siglo XVI (1551, 1559, 1583) y en el XVII (1612, 1632 y 1640). “No obstante, las ideas siguieron circulando gracias al contrabando de libros que venían de Europa, escondidos entre las telas y otros productos. El cura Miguel Hidalgo llegó a tener muchas obras de la Ilustración que fueron prohibidas”.

La especialista señaló que los index continuaron publicándose hasta 1966. Destacó que el índice de 1632 prohibía la lectura de 2,500 libros, entre ellos El Quijote; otros vedaron las obras del filósofo y teólogo Erasmo de Rotterdam y de otros pensadores, como Voltaire; incluso se llegó a vetar la lectura del Antiguo Testamento, por sus ideas recurrentes de incesto, adulterio o asesinato.

Finalmente, la doctora en Historia apuntó que otros personajes ilustres que fueron juzgados por el Tribunal del Santo Oficio, fueron los sacerdotes José María Morelos y Miguel Hidalgo, “una vez que concluyeron sus procesos eclesiásticos, fueron enjuiciados y ejecutados por los tribunales militares, debido a sus actividades políticas y no por sus faltas religiosas”.




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