Mostrando las entradas con la etiqueta invento. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta invento. Mostrar todas las entradas

¿El Purgatorio es un invento católico?


Preguntas:   

He recibido repetidas críticas sobre la doctrina católica del Purgatorio como doctrina anti-bíblica.

Algunos ejemplos:

La doctrina falsa sobre un supuesto “purgatorio”, es anti-Escritural. En Hebreos 1,3 leemos “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. Nuestros pecados ya fueron purgados; también Hebreos 9,27 dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. En cuanto a 2Mac 12,46, quisiera recordarle que durante el período inter-testamentario entre Malaquías y Mateo aproximadamente 400 años, no hubo profeta de Dios, ni tampoco hubo profecía, Dios se mantuvo callado, así que esos libros no son en ninguna manera inspirados por Dios, al principio la Iglesia católica romana los rechazó, pero no fue sino hasta Trento donde pasaron a formar parte del canon, para sustentar esa falsa doctrina de orar por los muertos.

Quisiera decirle que he tenido dudas acerca del purgatorio. Tal vez usted me pueda informar en qué parte de la Biblia se habla del purgatorio. Tengo una amiga cristiana que dice que en ninguna parte de la Biblia se habla del purgatorio, ¿es verdad? ¿son sólo inventos?

Mi pregunta es la siguiente: muchos cultos evangélicos, cuestionan el purgatorio, porque según ellos solamente hay blanco o negro, no gris, blanco o negro, ¿cómo uno como católico puede sustentar que existe el purgatorio y no es una imaginación de católicos?

Respuesta:   

Como puede verse en la primera objeción (no es una consulta), la persona que me envía la carta reconoce la importancia del texto del segundo libro de los Macabeos, por lo cual niega su canonicidad (o sea, su inspiración); sobre ese punto concreto reenvío al artículo sobre el canon bíblico.

NOTA: La Iglesia Católica nunca rechazó los libros deuterocanónicos, la primera traducción de San Jerónimo incluyó tan sólo los libros del Antiguo Testamento escritos en hebreo, luego incluyó los libros escritos en griego y esa Biblia con 73 libros es la Vulgata. El Concilio de Hipo, en el año 393 A.D. y los dos Concilios de Cartago, en el año 397 y 419 A.D.,  confirmaron para la Iglesia el canon Alejandrino (con 46 libros para el Antiguo Testamento)

Como algunos hermanos separados niegan la existencia del purgatorio porque entienden mal lo que la Iglesia enseña sobre el mismo, ante todo, digamos que los católicos llamamos “Purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados”[1]. La existencia del mismo ha sido negada o pervertida por muchos herejes, como Basílides (s. II), Erio (s. IV), los flagelantes, albigenses, cátaros y valdenses (durante los siglos XII y XIII), los primeros protestantes (s. XVI); y hoy en día sigue siendo objeto de contestación, no sólo entre los no católicos, sino entre algunos católicos, llevados, probablemente por una falsa idea del mismo [2]. Esto no deja de tener su importancia, porque si la doctrina fue negada desde los primeros siglos, también hay que destacar que fue enseñada desde los primeros siglos.

Para los católicos, es de fe definida su existencia. Hay numerosos documentos, pero sobre todo son fundamentales las afirmaciones de los Concilios de Florencia [3] y de Trento. Este último dice en su Decreto sobre el Purgatorio (año 1563): “Habiendo la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, según la doctrina de la sagrada Escritura y de la antigua tradición de los Padres, enseñado en los sagrados concilios, y últimamente en este general de Trento, que hay Purgatorio; y que las almas detenidas en él reciben alivio con los sufragios de los fieles, y en especial con el aceptable sacrificio de la misa; manda el santo Concilio a los Obispos que cuiden con suma diligencia que la sana doctrina del Purgatorio, recibida de los santos Padres y sagrados concilios, se enseñe y predique en todas partes, y se crea y conserve por los fieles cristianos” [4].

Pero el hecho de que sea definida por el magisterio, no significa que no tenga base bíblica. Hay que decir que la realidad del purgatorio se encuentra claramente expresada en la Escritura, aunque falte la expresión purgatorio, que se adoptó con el tiempo.

Así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, tenemos el lugar tradicional del segundo libro de los Macabeos: cuando Judas Macabeo advierte que sus soldados caídos en combate tenían entre sus ropas algunos objetos idolátricos saqueados en el pillaje de Jamnia, envía a Jerusalén una importante suma de dinero destinada a ofrecer sacrificios por los muertos; y explica el libro: Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado (2 Mac 12,46). Tan claro es este texto que Lutero, dándose cuenta que con él se venía abajo su enseñanza de que la Biblia no habla del purgatorio, negó el carácter canónico de este libro.

En el Nuevo Testamento hay alusiones de diverso valor probativo. Las más interesantes son:

Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro (Mt 12,32). Esta expresión ni en el otro, deja claramente entender que hay otra clase de pecados que se perdonan, al menos, en la otra vida. Esto no puede entenderse, evidentemente, ni del cielo ni del infierno; por tanto, se postula un lugar distinto, donde este perdón pueda tener efecto. Negar esto es hacer inútiles las palabras de Cristo, como dice San Agustín: “no podría decirse con entera verdad que algunos pecados no se perdonan ni en este mundo ni en el futuro, si no hubiera otros que pudieran perdonarse, ya que no en éste, por lo menos en el otro”[5].

Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el juego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el juego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del juego (1Co 3,10-15). Éste es lugar clásico del Nuevo Testamento que han invocado los Santos Padres y muchos teólogos para afirmar la existencia del purgatorio. Habla aquí San Pablo, de los predicadores de la iglesia de Corinto; unos prudentes que edifican a los fieles sobre el fundamento que es Cristo; otros, cuyas doctrinas no se fundamentan en Cristo. De éstos dice San Pablo que su obra perecerá, pero ellos salvarán la vida pasando, primero, por el fuego. Explica Bover: “bajo estas imágenes habla San Pablo de castigos escatológicos y temporales sufridos por faltas no graves… No serán castigos de esta vida terrena, sino castigos impuestos por Dios en el día del Señor, previo al juicio divino, que dará a cada uno según sus obras. De estas afirmaciones de San Pablo se desprende una conclusión: …después de esta vida terrena, se dan castigos temporales impuestos por faltas no graves. Los castigos escatológicos de que habla el Apóstol no son, ciertamente, el purgatorio; pero de lo que él afirma, ¿no podemos nosotros colegir lógicamente la existencia del purgatorio?”. Y luego de seguir analizando el texto, concluye el insigne exegeta: “De las afirmaciones de San Pablo, se deduce lógicamente la existencia del purgatorio”[6].

De aquí que la tradición cristiana haya sido siempre unánime al respecto, y así, por ejemplo, decía San Gregorio Magno: “Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro”[7]. San Cesáreo de Arlés escribió: “Si no damos gracias a Dios en la tribulación ni procuramos redimir los pecados con buenas obras, seremos retenidos en aquel fuego purificador, hasta que todos los pecados leves, a modo de madera, heno, paja, queden consumidos”[8]. Se podrían citar muchos otros testimonios.

La tradición también se hace testigo de esta verdad, con la piadosa práctica de ofrecer sufragios por los difuntos (evidentemente con la esperanza de que estas oraciones y sacrificios los ayuden). Como enseña el Catecismo: “Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos… Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos”[9].


_______________________________________________________

Bibliografía:

Scott Hahn (ex pastor calvinista y gran conferencista católico en la actualidad): Purgatory: Holy Fire, en: “Answering Common Objections”, CD 2, editado por St. Joseph Communications, # 5214-CD;

O’Brien, The Scriptural Proof of the Existence of Purgatory from 2 Mach, “Rev. Scienc. ecclés.”, 2 (1949), pp. 80-108.

F. de Fuenterrabía, El Purgatorio en la literatura judía precristiana, “Rev. Estudios Franciscanos” 57 (1956), pp. 5-40.

J. Le Goff, El nacimiento del Purgatorio, Taurus, Madrid 1985.

A. Piolanti, De novissimis, Roma 1950 (con abundante bibliografía en pp. 60 y ss.).

Michel, Purgatoire, “Dictionnaire de Théologie Catholique”.

Bernard, Purgatoire, en: “Dictionnaire de Apologetique”.

A. Piolanti, La Comunione dei Santi e la Vita eterna, Florencia 1957.

[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1031.

[2] Sobre la existencia y naturaleza del Purgatorio me he ocupado en mi libro El teólogo responde, Volumen 1, Ediciones del Verbo Encarnado, San Rafael 2001, pp. 191-201.

[3] Cf. DS, 1304.

[4] Cf. DS, 1820; cf. 1850.

[5] San Agustín, De civitate Dei, 1. 21, c. 24, n. 2.

[6]    Bover, Teología de San Pablo, B.A.C., Madrid 1952, pp. 895-896.

[7] San Gregorio Magno, Dialogi 4,29; citado en el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1031.

[8] San Cesáreo de Arlés, Serm. 104,2; ML 39,1946.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1032. Y cita el Catecismo las palabras de San Juan Crisóstomo: “Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos” (San Juan Crisóstomo, Homiliae inprimam ad Corinthios, 41, 5; PG 61, 361C). También exige la existencia de un lugar ultraterreno de purificación la misma razón humana iluminada por la fe; pero como en esta consulta solamente se negaba el fundamento bíblico del purgatorio, me limito a citar el siguiente argumento de Tomás de Aquino al escribir: “De los argumentos que hemos expuesto más arriba puede deducirse fácilmente la existencia del purgatorio. Porque, si es verdad que la contrición borra los pecados, no quita del todo el reato de pena que por ellos se debe; ni tampoco se perdonan siempre los pecados veniales aunque desaparezcan los mortales. Ahora bien, la justicia de Dios exige que una pena proporcionada restablezca el orden perturbado por el pecado. Por tanto, hay que concluir que todo aquel que muera contrito y absuelto de sus pecados, pero sin haber satisfecho plenamente por ellos a la divina justicia, debe ser castigado en la otra vida. Negar el purgatorio es, pues, blasfemar contra la justicia divina. Es, pues, un error, y un error contra la fe. Por eso San Gregorio Niseno afirma: ‘Nosotros lo afirmamos y creemos como verdad dogmática’” (Tomás de Aquino, Suma Teológica, Supplementum, Appendix, Quaestio de Purgatorio, a. 1.)

Definición de un Dogma: ¿Invento de la doctrina o formulación de la verdad ya revelada?


DEFINICIÓN DE UN DOGMA: ¿INVENTO DE LA DOCTRINA O FORMULACIÓN DE LA VERDAD YA REVELADA?
Por Anwar Tapias Lakatt

Uno de los mayores ataques que encontramos por parte de los no católicos para mostrar nuestra doctrina como falsa, es el hecho de querer mostrar las fechas de promulgación de los dogmas como la fecha en que se inventaron las doctrinas.

Esto lo viví hace poco en un foro de debate con un protestante, con quien debatía sobre la Biblia y cómo fue definido el canon. En un momento en que lo hice reconocer que el Nuevo Testamento fue definido por la Iglesia Católica, entonces escribe que posteriormente:

“el paganismo se infiltro en el catolicismo desde los siglos V y VI cuando inicio la edad media y se infiltraron toda clase de enseñanzas paganas como la adoración a santos, el colocarles velitas, el purgatorio, el rezo a los muertos, las indulgencias, la veneración de la virgen etc”

Esto es muy común en Internet, en donde en otro sitio anticatólico encontré sobre la Asunción de la Virgen:

Como de todos es sabido, uno de los innumerables títulos que la iglesia católica le concede a María, es el de Reina del Cielo.

¿Cómo se le concede este título?. María, según reza uno de los principales Dogmas de Fe del catolicismo, fue ascendida a los cielos y una vez allí, por la importancia de su misión, es decir, la de ser la escogida para engendrar al Salvador, se le otorgó el título de "Reina del Cielo".

Todo lo anterior no tiene una base bíblica y es de reciente instauración (desde 1950). Por lo tanto, es la propia tradición popular, sin tener en cuenta la Palabra de Dios, la que otorga ese premio y una vez en el cielo, la posibilidad de co-reinar con nuestro Señor Jesucristo.

Para este sitio, la fecha de promulgación del Dogma de la Asunción indica que en esa fecha se inventó la doctrina.

En otro sitio dice sobre el Dogma de la Maternidad Divina:

En el año 431 en el concilio de Efeso comenzó la exaltación de María y el término "madre de Dios" fue aplicado a ella por primera vez.

Nuevamente lanzan una gran mentira haciendo creer que en ese Concilio es cuando se reconoce a María como madre de Dios, cuando ya Ignacio de Antioquia escribía 280 años antes:

Nuestro Dios Jesucristo fue llevado por María en su seno... (S, Ignacio de Antioquia, Carta a los Efesios 18,2).

Pero volviendo al punto central, nos encontramos con la farsa de querer tomar las fechas de promulgación de los dogmas como fechas de invento de las doctrinas. Vamos a colocar una definición de “dogma” tomada del Padre Jorge Loring[1]:

Dogma es una verdad que se apoya en la autoridad de Dios, por eso tenemos obligación de creerla»

A veces la Iglesia define algunas verdades dogmas de fe. No es que esas cosas empiecen entonces a ser verdad. Son verdades que siempre han existido; pero que su creencia ha empezado a ser obligatoria al definirse.

La definición de una doctrina no es su invención, sino la declaración autoritativa de que ha sido revelada por Dios, es decir, que forma parte del conjunto de verdades que constituyen la Revelación cristiana.

Algunas veces la aparición de nuevos errores obliga a la Iglesia a definir y declarar más lo que siempre ha sido verdad, pero que las circunstancias del momento reclaman aclaración.

Esta definición es muy clara y nos deja varios puntos para aprender:

1. Es una verdad revelada por Dios

Toda la Revelación Pública terminó y no hay que esperar una nueva revelación, esto lo deja claro la Constitución Dei Verbum[2]:

La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13).

Así que cuando la Iglesia define un dogma no está fuera de la Revelación Pública, sino que se basa en ella misma para dar luz sobre un asunto de fe requerido por la Iglesia en un momento determinado. Y este proceso es guiado por el Espíritu Santo:

Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: "Recibirá de lo mío
y se lo anunciará a ustedes" (Jn 16, 13-15).

Claramente podemos darnos cuenta que todo ya fue revelado pero no todo fue al mismo tiempo explicitado. Eso es distinto a atacar a la Iglesia Católica de que “inventa doctrinas”. Al respecto les comparto un extracto de una entrevista dada por Juan Velez, autor de un libro sobre la vida de Jhon Henry Newman, referente a su ensayo “Desarrollo de la doctrina cristiana”[3]

Desarrollo de la Doctrina Cristiana. ¿En qué consiste este desarrollo de la doctrina?

Durante 20 años más o menos, como estudiante y docente en Oxford, Newman estudió los cambios en las doctrinas y prácticas de los cristianos a lo largo de los siglos. Durante muchos años aceptó la noción protestante de que las doctrinas y prácticas católicas eran una corrupción del cristianismo primitivo. Sin embargo su estudio del cristianismo y las actitudes de la Iglesia Anglicana le llevaron a revisar esta posición. Empezó a comprender que a lo largo del tiempo el cristianismo fuera incorporando algunas doctrinas y las prácticas religiosas correspondientes. Vio que estos cambios tenían una explicación satisfactoria.

Por ejemplo, vio que la creencia en el Purgatorio era un”desarrollo”de la comprensión cristiana del perdón de Dios alcanzado a través del sacramento de la penitencia. Constituye un remedio para la pena que no se ha completado en la tierra. El Purgatorio limpia el alma de cualquier adhesión al pecado presente todavía en el alma que muere en estado de gracia. Aunque el Purgatorio no es mencionado expresamente en la Biblia, la doctrina acerca de esta purificación resulta admisible a causa de la naturaleza del desarrollo genuino de la enseñanza de la Iglesia.

Según Newman ¿Cambia la enseñanza de la Iglesia?

Sí y no. Para ser más preciso, la enseñanza de la Iglesia experimenta un desarrollo.Esto no es lo mismo que decir que la enseñanza “evoluciona”. La evolución implica el cambio de una cosa a otra distinta —la enseñanza de la Iglesia no evoluciona a otra cosa distinta. Atribuir esto a Newman es un error. Newman explicó que el desarrollo puede ser correcto o incorrecto. Un mal desarrollo de la doctrina es denominado una corrupción de la enseñanza del cristianismo. Un ejemplo de buen desarrollo es el ejercicio de la autoridad adquirida por el sucesor de San Pedro. Lo contrario sería de hecho una corrupción, es decir, una omisión en el oficio de Pedro establecido por Cristo mismo.

Newman creía que la religión es un conjunto establecido de verdades doctrinales y de prácticas que no cambian sustancialmente; las formas y los elementos externos pueden cambiar o desarrollarse, pero solo de acuerdo con la realidad original. También es posible conseguir una mejor articulación y una compresión más profunda de estas verdades.

2. Es aceptada y creída por la Iglesia desde siempre

Algo importante de los dogmas es que la enseñanza ya es creída y aceptada, no se está inventando. Por ejemplo, aun cuando en el Concilio de Nicea (325) se define la Divinidad de Cristo:

Versión sobre el texto griego[4]

125 Dz54 Creemos en un solo Dios Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles; y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre, por quien todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo hombre, padeció, y resucitó al tercer día, subió a los cielos, y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Y en el Espíritu Santo.

Mas a los que afirman: Hubo un tiempo en que no fué y que antes de ser engendrado no fué, y que fué hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatematiza la Iglesia Católica.

Esta era creída desde siempre en la Iglesia. Miremos dos casos:

Clemente de Alejandría:
en su comentario sobre a la primera epístola de Juan escribe:

“El Hijo de Dios, siendo, por igualdad de sustancia, uno con el Padre, es eterno e increado”

Más adelante en la misma obra sigue profundizando en su teología del logos afirmando que la divina palabra es “evidentemente verdadero Dios”, y es agregando que estaba “al mismo nivel” en el Padre, lo cual probaría que tampoco tenía inclinaciones subordinacionistas.

San Ignacio, Carta a los Efesios XVIII,2:

“La verdad es que nuestro Dios Jesús, el Ungido, fue llevado por María en su seno conforme a la dispensación de Dios; del linaje, cierto, de David; por obra, empero, del Espíritu Santo. El cual nació y fue bautizado, a fin de purificar el agua con su pasión.

De este modo, otros dogmas definidos por la Iglesia en siglos posteriores, no indican invención de doctrinas, sino ratificaciones de manera oficial de la verdad ya creída y aceptada por la Iglesia.

3. Se promulga al ser cuestionada

Otro punto importante en los dogmas, tiene que ver con el hecho de que su promulgación también está relacionada con el cuestionamiento de la verdad revelada. Las verdades reveladas mientras sean aceptadas por toda la cristiandad no requieren ser promulgadas, pero cuando surge un cuestionamiento o una amenaza que atente contra la fe, la Iglesia como custodia de la Revelación de Cristo promulga los dogmas. Por ejemplo, en el siglo VII surgió una herejía llamada Monotelismo[5]:

Herejía del siglo VII que sostenía que Cristo posee dos naturalezas pero una sola voluntad. La herejía es un intento de reconciliar las ideas de la herejía monofisita con la ortodoxia cristiana. El emperador Heracleo (610-641), en un encuentro con los monofisitas, formuló que Cristo tendía dos naturalezas pero una sola voluntad. Esta idea recibió apoyo del patriarca de Constantinopla, Sergio. Este punto de vista fue condenado posteriormente por la Iglesia de Occidente, lo cual generó un resquebrajamiento con la Iglesia de Oriente. San Máximo el Confesor escribió una refutación teológica del monotelismo, en la cual sostuvo que la voluntad era una función de la naturaleza y no de la persona. El Monotelismo fue condenado definitivamente por el Tercer Concilio de Constantinopla (680), en el cual se afirmó ««dos voluntades naturales o quereres y dos operaciones naturales, sin división, sin conmutación, sin separación, sin confusión»» (Dz 291).

Como vemos, la herejía monotelista fue condenada en el año 680 con la promulgación de las dos voluntades en Cristo. ¿Quiere decir que en esa fecha se inventó la doctrina que en Cristo hay dos voluntades? No, se defendió de quienes la cuestionaban.

Así hermanos, la próxima vez que alguien te diga que la Iglesia Católica inventó sus doctrinas en x fecha, ya sabemos qué se le puede responder.

[1]http://es.catholic.net/temacontrovertido/330/1747/articulo.php?id=6797

[2] Constitución Apostólica Dei Verbum (1, 4-5) Concilio Vaticano II

[3]http://www.almudi.org/Inicio/tabid/36/ctl/Detail/mid/379/nid/4714/pnid/0/language/es-ES/Default.aspx

[4]http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/bvd.htm

[5]http://www.corazones.org/diccionario/herejias_contra_unidadcristo.htm#Monotelismo

Fuente catolicosfirmesensufe.org


Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/

Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

TU DONATIVO NOS HACE FALTA Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!

¡GRACIAS!

Publicaciones más leídas del mes

Donaciones:

BÚSCANOS EN FACEBOOK