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Bajo tu amparo. La oración extrabíblica que enseña que los Cristianos primitivos ya veneraban a María como madre de Dios


BAJO TU AMPARO. LA ORACIÓN EXTRABÍBLICA QUE ENSEÑA QUE LOS CRISTIANOS PRIMITIVOS YA VENERABAN A MARÍA COMO LA MADRE DE DIOS.
Por Álvaro Molina


Alrededor del año 250 DC un cristiano copto, que talvez era habitante de la antigua ciudad de Oxirrinco, escribió una oración en un papiro. La oración fue escrita en griego koiné, la lingua franca de aquellos tiempos. Probablemente la escribió para tenerla a mano siempre, talvez con la intención de que sirviera de material didáctico para otros. Muchos siglos más tarde, en el siglo XIX, un grupo de arqueólogos encontraría el papiro con la oración escrita en él, con lo cual la Iglesia Católica llegaría a contar con una prueba fehaciente de que, desde los primeros siglos, la Iglesia ya conocía y rezaba esa oración a la virgen María.

No es que la oración se empezó a rezar hasta que fue encontrada por los arqueólogos. Tampoco se empezó a rezar hasta que aquel cristiano del siglo III la escribió en un papiro. Esa oración ya era muy conocida en el siglo III, y seguramente quien la escribió en el papiro, la había aprendido de sus mayores, y ellos de sus mayores a su vez, lo cual nos deja sin forma de precisar quién la escribió primero o cuándo fue. No es remoto que esa oración haya sido redactada en el siglo I.

El que dejó la oración plasmada en ese papiro era católico, ya que en aquel tiempo esa era la única Iglesia que existía. No había "iglesias" protestantes de ningún tipo. No había iglesias “nacidas de la biblia”. La Iglesia de entonces era perseguida, de manera encarnizada, con extrema crueldad. En aquel tiempo o se era genuinamente cristiano, fiel a los obispos y a la única Iglesia, o no se era. Y si se era, una horrible muerte era parte inherente de ser miembro de aquella Iglesia, guiada por obispos y presbíteros. Así de simple.

Pero volvamos al papiro. Ese papiro contiene la oración que todos los católicos conocemos, Bajo tu amparo. En esa oración hay una palabra en griego koiné, Theotoke, que está escrita en modo vocativo, o sea como si se estuviera conversando con la persona, y que se traduce literalmente como "Tú, la que pariste a Dios". De esa palabra, Theotoke, se deriva otra que muchos conocemos, Theotokos, que significa Madre de Dios.

A continuación el texto completo de la oración:

Bajo tu amparo nos acogemos,

Santa Madre de Dios.

No desprecies nuestras súplicas

Que te dirigimos en nuestras necesidades.

Antes bien líbranos de todo peligro,

Oh virgen gloriosa y bendita

En aquel tiempo, mediados del siglo III, aún faltaban más de sesenta años para que la Iglesia dejara de ser perseguida, y aún faltaban más de ciento treinta años para que existiera la biblia tal como la conocemos hoy. Entonces, bajo una sanguinaria persecución, y sin biblia alguna, aquellos cristianos, con solamente la Tradición oral, ya tenían muy claras las siguientes verdades de fe:

- La Maternidad Divina de la virgen María

(Santa Madre de Dios)

- La divinidad de Jesús

(Santa Madre de Dios)

- La Virginidad Perpetua de la virgen María

(Oh virgen gloriosa y bendita)

- La intercesión de la virgen María

(Bajo tu amparo…, No desprecies nuestras súplicas)

La oración Bajo tu amparo es extra bíblica, o sea que no está incluida en las escrituras. Y no hace ninguna falta que esté en las escrituras. Con solo saber que esa oración ya era elevada a la virgen María por las comunidades cristianas católicas primitivas, las únicas que había entonces, sobra y basta para entender que María es Madre de Dios, que la Iglesia así lo enseñó desde un principio, y que esa, y demás enseñanzas, son de tiempos apostólicos.

La Iglesia Cristiana fue reconocida como Católica desde sus inicios. Desde mucho antes del siglo III San Ignacio de Antioquía, martirizado por su fe cristiana en el año 107, en su carta a los esmirniotas dejó muy claro que la naturaleza católica de la Iglesia ya era muy conocida: "Por doquier aparezca el obispo, ahí esté el pueblo; lo mismo que donde quiera que Jesucristo está también está la Iglesia Católica".

Ya en el siglo III, en el año 250, San Pionio, martirizado por su fe, declaró a sus captores que él era cristiano, y que pertenecía a la Iglesia Católica. Así consta en el acta de su martirio, redactada por sus captores y verdugos.

El testimonio, firmado con el dolor y la sangre de tantos y tantos mártires de los primeros siglos, es más que suficiente para creer en todo lo que hacía y predicaba la Iglesia Cristiana Católica de aquellos tiempos. Ante esos testimonios, cualquier anti doctrina de los protestantes de las miles de sectas de nuestros días, en contra de la virgen María, es tan relevante como una hoja seca que rueda por un polvoriento camino olvidado.


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¿Enseña la Biblia que Jesucristo es Dios?



¿ENSEÑA LA BIBLIA QUE CRISTO ES DIOS? 

Primer capítulo del libro “Las Sectas frente a la Biblia” 

(Lo que el autor en su libro ha escrito en forma de nota al pie de página, en esta edición digital se encuentra entre corchetes [ ]) 

NOTA DEL AUTOR SOBRE LAS VERSIONES DEL TEXTO SAGRADO: A lo largo de la obra he utilizado con preferencia mi propia traducción directa del griego para el Nuevo Testamento, y del hebreo y arameo para el Antiguo. En el primer caso me he valido del Greek-English New Testament, de Nestlé y Aland, Editio XXVI, Stuttgart 1981, y en el segundo de la Biblia Hebraica Stuttgartensia, Editio Minor, Stuttgart 1984. Cito también de las versiones prestigiosas de la Biblia comunes en el mundo de habla hispana y de las propias ediciones de las sectas. Las siglas siguientes son las utilizadas en relación con las diversas traducciones de la Biblia: VNM: Versión del Nuevo Mundo o Biblia de los Testigos de Jehová; EP: La Santa Biblia, de Ediciones Paulinas; BJ: Biblia de Jerusalén; NC: Nácar Colunga;VP: Versión Popular; VM: Versión Moderna; NBE: Nueva Biblia Española; RV: Reina-Valera. Cuando no se indica referencia, la traducción es mía. 

La cuestión de la divinidad de Cristo ha sido el continuo caballo de batalla en la historia del cristianismo. En las Escrituras aparecen ya los primeros intentos de negarla durante el período neotestamentario, y raro ha sido el siglo desde entonces en que no haya surgido un movimiento que, de una u otra manera, no haya cuestionado la plena divinidad de Cristo. Desde los ebionitas a los Testigos de Jehová pasando por los arrianos o los socinianos, los grupúsculos sostenedores de esta tesis se cuentan por docenas. 

Aunque algunas sectas, como los mormones o los adventistas, se adhieren formalmente a la doctrina de la divinidad de Cristo [Que esta adhesión es sólo formal queda de manifiesto cuando descubrimos que los adventistas afirman que Cristo era el arcángel Miguel (Questions of doctrine, pp.71-83), y que los mormones sostienen que los hombres salvados se convierten en dioses (Doctrinas y convenios, 132:37), y que Jesús fue el hijo de Adán, el único Dios con el que tenemos que tratar los habitantes de este planeta (Diary of Hosea Stout, 9 de abril de 1852, vol. 2, p. 435)], lo cierto es que la mayoría de ellas la niega de una manera u otra. Tal es el caso de los mooníes, los Testigos de Jehová o los Niños de Dios. En este capítulo trataremos de examinar las objeciones tomadas de la Biblia que presentan contra esta doctrina, la enseñanza bíblica al respecto, algunos ejemplos del pensamiento rabínico sobre la divinidad del mesías y la opinión de los primeros cristianos. 

1. Las objeciones contra la divinidad de Cristo 

Históricamente la pobreza de los argumentos aducidos contra la divinidad de Cristo es tan considerable, que podemos decir que los consignados a continuación constituyen la práctica totalidad. Como tendremos ocasión de ver, ninguna de las citas manejadas por las sectas vulnera en absoluto la enseñanza bíblica de la Trinidad y, en su mayor parte, arrancan de una falta de conocimiento preciso acerca del contenido de ese dogma. Pasemos ahora a los textos: 

a) Marcos 13,32, o Mateo 24,36. La interpretación de los antitrinitarios pretende que en este pasaje se demuestra tajantemente que Cristo no era Dios, puesto que no era omnisciente. Se incurre con esto en un error que veremos repetido en varias ocasiones: la incapacidad de distinguir entre la naturaleza humana y la naturaleza divina de Jesús. Es obvio que la primera era, como humana, limitada: Jesús se cansaba, tenía sed, padecía el dolor, su conocimiento era limitado, etc. Ahora bien, como Dios, era omnisciente. Veamos algunos ejemplos de la Escritura: "Ahora sabemos que sabes todas las cosas y no necesitas que nadie te interrogue. En esto creemos que salimos de Dios" (Jn 16,30) (VNM). "De modo que le dijo: Señor, tú sabes todas las cosas" (Jn 21,17) (VNM). "... Cristo. Cuidadosamente ocultados en él están todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Col 2,3). Ni para Juan ni para el autor de la carta a los Colosenses, Jesús era un personaje privado de omnisciencia. Todo lo contrario: sabía todo y en él estaban, sin excepción, todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. 

b) Juan 14, 28. La interpretación sectaria de este pasaje adolece también de un desconocimiento de fondo del dogma trinitaria. Insistimos una vez más en que la persona del Hijo, la segunda de la Trinidad, tiene una naturaleza humana y otra divina. La humana, lógicamente, es inferior a la divina del Padre; pero ambas personas divinas, la del Padre y la del Hijo, son iguales. Es precisamente por eso por lo que el evangelio de Juan recoge la información de que los judíos del tiempo de Jesús deseaban matarle, porque se hacía igual a Dios: "A causa de esto realmente los judíos procuraban con más empeño matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios" (Jn 5,18-19) (VNM). 

c) Apocalipsis 3,14. La interpretación antitrinitaria de este pasaje (uno de los más utilizados por los arrianos en su día) pretende que aquí Cristo es presentado como el "primer ser creado". Lo cierto es que tal afirmación sólo demuestra una ignorancia absoluta del sentido del término arjé (traducido aquí como "principio"). En calidad de título, como aparece aquí, la palabra arjé tiene en multitud de ocasiones el significado de "príncipe" o "principado". En tal sentido aparece, por ejemplo, en Rom 8,38; Ef 1,21; 3,10; 6,12; Col 1,16; 2,10; Tit 3,1, etc). Ahora bien, en el libro de Apocalipsis, arjé es un título que se aplica única y exclusivamente a Dios; v.gr., Ap 21,6, en su calidad de fuente (principio) de todo. Por tanto, el pasaje no dice que Cristo fue el primer ser creado, sino que fue la fuente, el origen, el principio de que emanó la creación divina; es decir, que es el mismo creador, como tendremos ocasión de ver en el apartado que sobre ese tema hay en este capítulo. 

d) Colosenses 1,15. De nuevo nos hallamos ante una interpretación errónea de un texto en base a la ignorancia terminológica de las sectas. Éstas interpretan la palabra "primogénito" en el sentido de "primer creado"; Cristo, pues, sería una simple criatura. Ahora bien este análisis del pasaje es erróneo por las siguientes razones: 

1a. Primogénito (protótokos en griego) no es lo mismo que primer creado (protiktos en griego). Si realmente Pablo hubiera deseado expresar que Cristo era un ser creado, hubiera empleado el verbo "crear" lo que no hizo. 

2a. El término "primogénito" no equivale en lengua hebrea tanto al primero en nacer como al que posee ciertos derechos de gobierno, herencia o realeza. Así la Biblia contiene diversos ejemplos de "primogénitos" que no fueron los primeros. Así, en Sal 89,27 (VNM) se anuncia que David sería nombrado "primogénito". David no lo era familiarmente (de hecho sabemos que era el menor de su familia), ni tampoco fue el primer rey de Israel (que fue Saúl), pero sí iba a contar con una supremacía, con una "primogenitura". Otro ejemplo de la palabra "primogénito" utilizada en ese sentido se halla en Jer 31,9, donde se denomina a Efraín como "primogénito". Ahora bien, si leemos el relato de Gén 48,13-14, vemos que realmente Efraín era el menor y Manasés era el primogénito. Un ejemplo más de este empleo de la palabra "primogénito" lo hallamos en Éx 4,22, donde se aplica tal título a Israel. Lógicamente, no se pretende señalar aquí que Israel fue la primera nación creada (lo que no sería verdad), sino que Israel gozaba de una primacía a los ojos de Dios. Por lo tanto, Pablo no está aquí diciendo que Cristo es un ser creado, sino que tiene la total supremacía sobre la creación; en otras palabras, que es el mismo creador. 

3a. El contexto indica que Pablo considera a Cristo no un ser creado, sino el mismo creador: De hecho esto es tan claro, que la VNM ha falseado el original griego, incluyendo palabras entre corchetes para ocultar esta revelación. Dice así, por citar un ejemplo, La Santa Biblia, de Ediciones Paulinas: "Porque por él mismo (Cristo) fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los principados como las potestades; absolutamente todo fue creado por él y para él; y él mismo existe antes que todas las cosas y todas subsisten en él" (Col 1,16-17). Este fragmento del himno cristológico del capítulo primero de Colosenses no puede estar más claro: Cristo es no un ser creado, como pretenden las sectas, sino el creador de todo. Por eso existe antes de todo lo creado, ya que si él hubiera sido una creación no hubiera podido tener vida antes de toda la creación, sino sólo de la parte posterior a él mismo. Como era de esperar, la VNM falsifica este texto para amoldarlo a su torcida teología y traduce (?) así: "Porque por medio de él todas las (otras) cosas fueron creadas... Todas las (otras) cosas han sido creadas mediante él y para él. También él es antes de todas las (otras) cosas y por medio de él se hizo que todas las (otras) cosas existieran". No puede ser mayor la diferencia entre el texto griego original y la VNM: Cristo ya no es el creador ("por él mismo"), sino un instrumento de la creación ("por medio de él"). Tampoco es ya el creador anterior a todo lo creado, sino un ser creado anterior a "todas las otras cosas creadas". El hecho de añadir palabras en el texto para cambiar radicalmente el significado que quiso darle el autor de la carta a los Colosenses es algo que no parece haber pesado en la conciencia de la Wachtower y que la mayoría de sus adeptos ignoran. Pero ¿qué amor puede tener la Wachtower a la Biblia cuando no sólo no busca honestamente su enseñanza, sino que además tergiversa una traducción para dar base a sus doctrinas? 

e) Proverbios 8,22. Dice así la VNM: "Jehová mismo me produjo como el principio de su camino, el más temprano de sus logros de mucho tiempo atrás". Según la especialísima exégesis de la Wachtower, que, quizá sin saberlo, es sólo un eco de la de Arrio, el texto de Proverbios estaría hablando aquí de Cristo, simbolizado bajo la imagen de la sabiduría, y enseñaría que fue creado ("producido"). No obstante, tal exégesis es por muchas razones descabellada: 

1a. El pasaje no dice en ningún momento que esté hablando del mesías; se trata de un hermoso poema en el que se utiliza la prosopopeya, es decir, la personificación de una cualidad para crear un efecto literario. En este caso se personifica a la sabiduría, pero no se menciona en ningún pasaje que ésta sea el mesías. 

2a. El contexto niega que se pueda referir a Jesús: las profecías mesiánicas (como Is 52,l3ss.) contienen siempre referencias que podemos reconocer en la vida de Jesús. Ahora bien, aquí se nos dice que la sabiduría edificó una casa (Prov 9, 1a), que ha labrado siete columnas (Prov 9, 1b), que dispuso la mesa mezclando el vino y degollando carne (Prov 9,2), etc. Está claro que nada de esto tiene relación con la persona de Jesús; pero sí tiene sentido si se interpreta como una personificación poética de la sabiduría. 

3a. La traducción "me produjo" no es correcta; pero, por si fuera poco, el pasaje, como es habitual cada vez que la Wachtower se ocupa de traducir, está penosamente traducido. La palabra hebrea que se vierte por "produjo" es qnh, que significa "poseyó" o "poseía", como han traducido la versión Reina Valera (RV) o la Nácar Colunga (NC). En algún caso este verbo puede tener un significado secundario de "engendrar", y así han vertido el pasaje la Versión Popular (VP) y la Versión Moderna (VM), pero no parece que en este contexto sea la traducción más adecuada. 

Intentar, pues, desprender del pasaje de Prov 8,22 que Cristo fue creado no deja de ser un dislate exegético. 

f) Juan 1,18. La tesis de la Wachtower es que, puesto que a Dios no lo ha visto nadie y a Cristo lo vieron, este último no puede ser Dios. Ahora bien, este pasaje no está hablando de una visión física de Dios, sino espiritual. De hecho, el Antiguo Testamento registra varios casos de visión física de Dios, como el recogido en Is 6,lss. o el de Am 9,1, que pueden comprobarse en la misma VNM. Lo que aquí se nos dice es que a Dios nadie lo ha visto como para poder explicarlo de manera cabal, pero Cristo sí lo ha explicado. 

Por otro lado, aunque el pasaje implicara una visión física de Dios, tampoco estaría indicando que Cristo no era Dios, ya que lo que vieron sus discípulos fue su envoltura humana, y no su naturaleza divina. En ese sentido podría decirse que a Dios, con toda la grandeza de su gloria, no lo ha visto nadie, porque cuando se encarnó en Cristo la humanidad servía de velo a aquélla. 

g) Jesús es Miguel, el arcángel. Esta doctrina de los Testigos no pertenece originalmente a ellos. Se origina en una doctrina idéntica sostenida por los Adventistas del Séptimo Día (Questions of Doctrine, pp 71-83). La razón es que inicialmente buena parte de los autores adventistas sostenían una visión de Cristo de corte arrianizante. Cuando, con el paso del tiempo, este enfoque varió, optando por un reconocimiento formal de la Trinidad, quedaron resquicios de arrianismo en la teología de las secta capitaneada por Ellen White, de donde los ha tomado la Wachtower. 

En realidad, esta objeción carece de la más mínima base. Sencillamente: no hay un solo pasaje en la Biblia donde se diga que el arcángel san Miguel es Cristo. 

h) Jesús habla con el Padre. La tesis de la Wachtower pretende que Cristo no puede ser Dios, puesto que se ve claramente cómo se dirige a Dios. Tal afirmación sólo revela un desconocimiento profundo de la doctrina de la Trinidad. Ésta no enseña que el Hijo, el Padre y el Espíritu Santo son la misma persona, sino que son tres personas distintas y un solo Dios verdadero. El diálogo entre el Padre y el Hijo, por lo tanto, no contradice la doctrina de la Trinidad, sino que la confirma. 

i) Jesús es el Hijo de Dios, y no Dios. A este respecto recomendamos repasar lo señalado arriba en relación con el texto de Jn 5,18. 

j) Salmo 2,7. Según la teología de la Wachtower, este pasaje indicaría que hubo una época en que el Hijo no existió y posteriormente sí; luego se trata de un ser creado. Además, el término "engendrar" debe entenderse como "crear". Lo cierto es que la fórmula que se recoge en este salmo parece ser que se utilizaba en la coronación de los reyes de Israel. Con ella se pretendía indicar que el monarca pasaba a ser "hijo de Yavé" de una manera muy especial. 

Ahora bien, en el caso de este salmo, el Nuevo Testamento nos ha conservado la interpretación que del mismo hacía la Iglesia primitiva. Veamos: "Pero Dios lo levantó de entre los muertos, y por muchos días se hizo visible a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, los cuales son ahora testigos de él al pueblo. De modo que nosotros estamos declarándoles las buenas nuevas acerca de la promesa hecha a los antepasados, que Dios la ha cumplido enteramente para con nosotros los hijos de ellos al haber resucitado a Jesús, así como está escrito en el Salmo segundo: Tú eres mi hijo, este día he llegado a ser tu Padre" (He 13,30-33). 

Para Pablo, el salmo 2 no enseñaba que Cristo fuera un ser creado, sino que contenía la afirmación de que resucitaría un día. Naturalmente somos muy libres de preferir la interpretación de la Wachtower a la del apóstol de los gentiles. 

Digamos, finalmente, que el término "engendrar" ni significa "crear" ni es contrario a la enseñanza de la Trinidad. De hecho, el credo trinitario de Nicea afirma que la persona del Hijo fue "engendrada y no creada, de la misma naturaleza del Padre". Los que creemos en la Trinidad creemos asimismo que Cristo fue engendrado desde la eternidad de la misma naturaleza que el Padre, pero que no fue creado. Este texto apoyaría precisamente esa tesis, puesto que en él no se dice que el Hijo fuera creado, sino engendrado. 

Hasta aquí hemos podido ver el nulo fundamento que tiene afirmar que la Biblia niega la divinidad de Cristo. Ahora bien, el que no haya argumentos en contra no significa necesariamente que los haya a favor. ¿Existen pruebas en el Nuevo Testamento de que los primeros cristianos creyeran que Cristo era Dios? A examinar esa cuestión dedicaremos las próximas páginas. 

2. Según la Biblia, Cristo es Díos, y no un dios 

Contra lo que piensan la mayoría de las personas (y es error muy repetido en diversas publicaciones), los Testigos de Jehová no niegan la divinidad de Cristo, sino su plena divinidad. Es decir, para ellos Cristo es un dios (o el arcángel san Miguel), pero no es Dios. Nosotros intentaremos mostrar en las siguientes páginas cómo la Biblia indica específicamente lo contrario: Cristo es Dios, y no un dios. Las razones, entre otras muchas, son las siguientes: 

2.1. Cristo tiene títulos en el NT que sólo son aplicables a Dios 

Dios. 

La teología de los Testigos, en realidad, es politeísta. Parte de la base de que existe un gran Dios increado (Jehová), seguido por un dios inferior y creado (Cristo) y por multitud de dioses de una categoría aún más ínfima, como el diablo y los ángeles. La enseñanza de la Biblia, por otra parte, es naturalmente monoteísta: sólo hay un Dios, no ha habido ninguno antes ni lo habrá después. 

"Ustedes son mis testigos -es la expresión de Jehová- aun mi siervo, a quien he escogido, para que sepan y tengan fe en mí, y para que entiendan que yo soy el mismo. Antes de mí no fue formado Dios alguno y después de mí continuó sin que lo hubiera" (Is 43,10) (VNM). 

Este pasaje, conocido de memoria por todos los adeptos de la Wachtower, ya que de él derivan su nombre, contiene en su segunda parte una afirmación que contradice tajantemente las enseñanzas de aquélla. No enseña que hay un gran Dios (Jehová), otro inferior y creado (el mesías) y una pléyade de dioses a continuación, sino que sólo hay uno y ninguno más. 

"Esto es lo que ha dicho Jehová, el Rey de Israel y el Recomprador de él, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios" (Is 44,6) (VNM). La afirmación es clara y contundente; pero choca frontalmente con la teología de la Wachtower, que enseña la existencia de varios dioses. 

"Yo soy Jehová, y no hay ningún otro. Con la excepción de mí no hay Dios..., no hay ningún otro; no hay otro Dios" (Is 45,5,14) (VNM). 

Naturalmente, los primeros cristianos creían lo mismo que enseñó Isaías, y no la teología de la Wachtower, que establece que hay varios dioses. Y no sólo es que creían en un monoteísmo estricto (un solo Dios y ningún otro más), sino que además afirmaron que Cristo era ese Dios. Como esto resulta tan claro y equivale a reconocer que la teología jehovista es una farsa, los dirigentes de la Wachtower no han tenido el más mínimo inconveniente en alterar la traducción de la mayoría de los pasajes donde se dice que Cristo es Dios. A analizar algunos de éstos vamos a dedicarnos ahora. 

a) Romanos 9,5. Dice la versión del texto griego: "El Cristo según la carne, el cual es Dios bendito". Pablo afirma tan claramente que Cristo es Dios bendito, que la VNM no ha tenido el menor reparo en introducir una palabra entre corchetes en el texto para desvirtuar tal afirmación. Dice así: el Cristo según la carne: Dios, que está sobre todos, (sea) bendito para siempre. Basta quitar de la VNM el sea entre corchetes para tener una afirmación clarísima de la divinidad de Cristo. 

b) Filipenses 2,5ss. "... Cristo Jesús, el cual existiendo en forma de Dios no se aferró a ser igual a Dios". 

Pablo lo expresa con claridad: Cristo era igual (no inferior) a Dios, pero no se aferró a ello, sino que se vació (ése es el significado literal del término griego kenosis) para hacerse hombre y redimirnos en la cruz. Pues bien, veamos cómo esta afirmación clarísima ha sido desvirtuada en la versión del Nuevo Mundo añadiendo de nuevo palabras que no están en el original: "... Cristo Jesús, quien aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber: que debiera ser igual a Dios". 

Basta comparar la VNM con otras traducciones para comprobar lo viciado y lleno de prejuicios que ha sido su método de trabajo, método que sólo buscaba defender a la secta, y no a la enseñanza de la Biblia. 

c) Colosenses 2,9. "Porque en él habita la plenitud de la divinidad corporalmente". 

Contra lo que enseña la Wachtower, Pablo afirma aquí que Cristo no es un dios o un mini-dios, sino que en él habita corporalmente la plenitud de la divinidad. Veamos cómo la VNM ha intentado velar esta gloriosa verdad: "Porque en él mora corporalmente toda la plenitud de la cualidad divina". 

Ahora bien, esta subversión del texto, a fin de cuentas, sólo a medias consigue su objetivo, porque sólo Dios puede tener cualidad divina; y hemos visto en Isaías que sólo hay un Dios. Si en Cristo mora toda la plenitud de la cualidad divina, es que es Dios, y no un dios, como pretende la Wachtower. 

d) Tito 2,13. "Esperando la feliz esperanza y manifestación de la gloria del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo". 

El texto es diáfano como el cristal. Pablo habla de la maravillosa esperanza del creyente cristiano que aguarda la venida de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo. De nuevo la VNM ha introducido palabras en el texto para privar a Cristo de su plena divinidad: "Mientras aguardamos la feliz esperanza y la gloriosa manifestación del gran Dios y del salvador nuestro, Cristo Jesús". 

Con un descaro inexcusable, la Wachtower ha introducido una palabra que no está en el texto griego, para dejar a un lado a Dios y a otro al salvador Jesucristo, cuando lo cierto es que el original prodiga los dos atributos (Dios y salvador) a Cristo. 

e) Hebreos 1,8. "Con respecto al Hijo: El trono tuyo, oh Dios, por el tiempo del tiempo". 

Este texto reviste una especial relevancia porque en él es el propio Padre el que se dirige a la persona del Hijo; y no lo hace para denominarlo Miguel (como los testigos o los adventistas) ni un dios, sino Dios de manera plena. Como imaginará el lector, también en esta ocasión la VNM altera el texto añadiendo palabras: "Pero respecto al Hijo: Dios es tu trono para siempre jamás". 

En el fondo, sin embargo, esta burda falsificación dice lo contrario de lo que pretende; porque, ¿quién es mayor, el trono o el que se sienta en él? Pues bien, si Dios es el trono del Hijo, éste debe ser, al menos, tan grande como Dios. 

f) 2Pedro 1,1. "... En justicia del Dios nuestro y salvador Jesucristo". 

Como en Tit 2,13, de nuevo nos hallamos ante una afirmación de que Cristo es Dios. Veamos cómo vierte el pasaje la VNM: "Por la justicia de nuestro Dios y del salvador Jesucristo". 

Una vez más, añadiendo una palabra que no está en el original, se altera todo el sentido de la frase, privando a Cristo de la atribución que Pedro le hace de su divinidad plena. Sin embargo, es curioso que en el versículo 11 de este mismo capítulo de la primera epístola de Pedro aparezca la misma construcción gramatical; pero esta vez la Wachtower la ha traducido bien ("de nuestro Señor y salvador Jesucristo"), porque no une a Cristo con el título de Dios. Resulta vergonzoso el contemplar cómo puede haber personas con tan pocos escrúpulos morales como para alterar el texto sagrado a fin de defender con más facilidad sus doctrinas. 

g) Juan 1,1. Sin duda, es ésta la falsificación más conocida de todas las que pueblan las páginas de la VNM. Dice así: "En (el) principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era un dios". 

Basta ir al texto griego original para comprender que se trata de una burda artimaña, consistente en intercalar una palabra que no está en el evangelio de Juan a fin de negar la divinidad de Cristo. 

"En principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con el Dios y Dios era la Palabra". 

Naturalmente, el pasaje en griego es tan claro que la Wachtower se ha visto obligada a recurrir al poco airoso método de inventarse una regla gramatical para justificar la barbaridad lingüística y teológica que implica su traducción. Según la Wachtower, en griego no existe palabra para indicar la idea de "uno", y, por lo tanto, cuando una palabra no lleva el artículo determinado (jo, je, to, en griego; el, la, lo, en castellano) debe colocarse delante la palabra "un, una". Esta regla es falsa; pero lo peor es que ni siquiera la Wachtower (pese a ser su inventora) la sigue: 

a') En griego sí hay palabras para expresar la idea de "uno, una" sin que tenga que suplirlas el traductor. Una de ellas es eis, mia, en (uno, una, uno), que Juan utiliza repetidas veces; v.gr.: Jn 1,40; 6,8.22; 70,71; 7,21.50; 9,25; 10,16.30; 11,49-50.52; 12,2.4; 13,21.23; 17,11.21.22.23; 18,14. 22.26.39; 19,34, etcétera; la otra es tis, ti (uno-a-o ó alguno-a-o), que también es utilizada repetidas veces en el Nuevo Testamento. Si Juan hubiera deseado decir que la Palabra (Cristo) era un dios, hubiera recurrido con toda seguridad al empleo de eis o de tis. 

b') La ausencia de artículo determinado ni siquiera es suplida por "un" en la misma Wachtower. Fijémonos a título de ejemplo en el mismo capítulo 1 del evangelio de Juan. En el versículo 6 se nos dice que un hombre (Juan el Bautista) fue enviado por Dios, y esta palabra va sin artículo determinado; no obstante la Wachtower no ha traducido "representante de un dios", sino "representante de Dios". En el versículo 12 se nos habla de cómo llegar a ser hijos de Dios. Ahora bien, la palabra Dios va sin artículo determinado; pero la Wachtower no ha traducido "hijos de un dios", sino "hijos de Dios". En el versículo 13, una vez más, la palabra "Dios" va desprovista de artículo determinado; pero la Wachtower no traduce "voluntad de un dios", sino "de Dios". Podríamos aducir más ejemplos; pero sinceramente éstos nos parecen suficientes para mostrar que la "regla" citada por la Wachtower no sólo no existe, sino que incluso no es aplicada por ella misma para no caer en el ridículo más absoluto. 

c') La construcción poética de Jn 1,1 no permite traducir "un dios". Los dieciocho primeros versículos del evangelio de Juan formaron en su conjunto un canto (muy posiblemente antifonal) que se utilizaba en las reuniones de la Iglesia primitiva. Tenía por ello una estructura (muy clara en los tres primeros versículos) de especial belleza, puesto que cada frase terminaba con la misma palabra con que empezaba la siguiente: "En principio era la Palabra, y la Palabra era con el Dios, y Dios era la Palabra". 

Esta construcción además hacía girar su encanto (y su impresionante vigor) en torno al hecho de que la palabra con que concluía una frase y comenzaba la siguiente tenía el mismo valor, contenido y significado. Por esto el "Dios" del final del versículo 1 nunca podía ser "un dios", sino la palabra "Dios", con su mismo contenido y fuerza con que concluía la frase anterior. 

Examinado el texto de Jn 1,1, en la VNM se descubre, por lo tanto, no sólo una falta de conocimiento mínimo de la lengua en que se redactó el Nuevo Testamento, sino también una carencia de honestidad por la que no ha tenido reparo, una vez más, en alterar la Escritura para hacerla encajar en sus posiciones doctrinales preconcebidas. 

Vamos a concluir con lo referente a este texto. Antes, no obstante, desearía hacer una breve referencia al origen de esta traducción penosa del glorioso pasaje de Jn 1,1. Cuando los testigos intentan mostrar que no son los únicos en haber traducido el pasaje de Jn 1,1 de esta manera sólo pueden (y es normal) citar un Nuevo Testamento no editado por ellos que contenga una versión similar. Me estoy refiriendo al Nuevo Testamento de Greber.[Este Nuevo Testamento de Johannes Greber aparece citado por la Wachtower para apoyar su traducción, por citar algún ejemplo, en el libro Asegúrense de todas las cosas, Brooklyn 1965, 489, y en el folleto La Palabra ¿quién es él? Brooklyn 1962, 5.] 

¿Quién era Johannes Greber? La Wachtower lo ha presentado a sus adeptos como un sacerdote católico, pero esto es sólo una verdad a medias. Greber fue efectivamente un sacerdote católico; pero abandonó la Iglesia Católica para entrar en círculos espiritistas. Su propio Nuevo Testamento está cortado sobre la base de la teología espiritista y, según dice la introducción del mismo, fueron los espíritus los que le dijeron cómo traducir. Cito de la misma: "Muchas contradicciones entre lo que aparece en los rollos antiguos y el Nuevo Testamento surgieron y fueron tema de sus (de Greber) oraciones constantes pidiendo guía, oraciones que fueron contestadas y las discrepancias clarificadas por el Espíritu mundial de Dios... Su esposa (la de Greber), una médium del Espíritu mundial de Dios, fue a menudo el instrumento para dar las respuestas correctas de los Mensajeros de Dios al pastor Greber". [De hecho, yo sostengo la tesis de que la VNM no es sino una copia descarada de la traducción espiritista de Greber, como puede verse con facilidad comparando ambas versiones. La de Greber puede obtenerse solicitándola a la Johannes Greber Memorial Foundation, 139 Hillside Avenue, Teaneck, NJ, 07666. USA] 

No deja de ser curioso que el único autor que tradujo Jn 1,1 como la Wachtower fuera un ex-sacerdote que colgó la sotana para casarse con una médium y que dejó una versión del Nuevo Testamento que no se basaba precisamente en el estudio de los textos, sino en las instrucciones que recibía en sesiones de espiritismo. 

¿Sabe esto la Wachtower? La respuesta es afirmativa. En la Atalaya del 15 de febrero de 1956, páginas 110-111, se afirma en el párrafo 11: "Está muy claro que los espíritus en los que el ex-sacerdote Greber cree lo ayudaron en su traducción". Una afirmación similar se contiene asimismo en la Atalaya del 1 de abril de 1983, página 31. [Existe un argumento de tipo histórico-teológico adicional en favor de que Juan quería señalar la plena divinidad de Cristo al escribir el primer versículo de su evangelio. Me estoy refiriendo a la utilización del término "Palabra" para definir al Cristo preexistente. Este mismo término era utilizado en los targumim (comentarios interpretativos del Antiguo Testamento) en arameo para referirse a Yavé. De manera que para decir que Yavé creó los cielos y la tierra se indica que Memra (la Palabra) creó los cielos y la tierra, etc. Ese mismo Yavé, según Juan, era el que se había hecho carne para salvarnos.] 

Cabría preguntarse qué clase de dirigentes tiene la secta de Brooklyn. No sólo porque están dispuestos a tergiversar el texto sagrado añadiéndole palabras que no aparecen en el mismo, sino porque también se atreven a inventar reglas gramaticales que no existen y que ellos mismos no respetan, buscando como único apoyo una versión del Nuevo Testamento carente de base científica y que, según confiesan en sus publicaciones, es obra de espíritus. Todo esto, no lo olvidemos, para negar la grandiosa verdad de la encarnación de Dios en la persona de Cristo a fin de redimirnos. ¿Realmente se puede confiar en una organización así? 

Podríamos presentar ahora más textos falseados; pero vamos a citar sólo dos más en los que la Wachtower, sin darse cuenta, ha permitido que en la VNM los apóstoles llamaran Dios a Jesús. Nos referimos a Jn 20,28 y 1Jn 5,20. "Dijo entonces a Tomás: Pon tu dedo aquí y ve mis manos, y toma tu mano y métela en mi costado, y deja de ser incrédulo y hazte creyente. En contestación Tomás le dijo: Mi Señor y mi Dios" (Jn 20,27-28) (VNM). "... Jesucristo. Este es el Dios verdadero y vida eterna" (1Jn 5,20) (VNM). 

La experiencia de la resurrección corporal de Jesús (que también niegan los testigos) significó un auténtico impulso espiritual para sus desolados discípulos. Tomás, el que había dudado, supo desde ese momento que el galileo con el que había compartido los años anteriores era Dios y Señor. Lo mismo afirmaba el apóstol Juan años después. 

Ahora bien, todos los apóstoles eran judíos. Conocían las Escrituras y las palabras de Isaías en el sentido de que sólo había un Dios. 0 bien se equivocaban al afirmar que Jesús era Dios y le denominaban así cuando sólo era un dios (y en ese caso la Wachtower tendría razón doctrinalmente hablando) o bien tenían razón al identificar a Cristo con el Dios del que habló Isaías: el único Dios, antes del cual no hubo ninguno y después del cual tampoco habría otro. Si los apóstoles tenían razón, lo cierto es que la Wachtower está equivocada trágicamente. El autor de estas líneas no se avergüenza en decir que cree en los apóstoles, aunque eso signifique considerar a la Wachtower y sus doctrinas una farsa total. 

Jehová. 

Precisamente como los primeros cristianos vieron en Jesús al Dios del Antiguo Testamento encarnado, no dudaron en referir al mismo multitud de textos cuyo protagonista en el Antiguo Testamento era Jehová. [Como seguramente sabrá el lector, la vocalización "Jehová" es totalmente incorrecta. El tetragramaton (o cuatro letras: YHVH) de uno de los nombres de Dios en el Antiguo Testamento (no el único, como pretenden los testigos); posiblemente se debiera vocalizar con "a" y "e", dando como resultado la forma "Yahveh". Lo que sí es seguro es que no se pronunciaba Jehová. Aquí hemos respetado esta errónea vocalización para conservar la fuerza de los argumentos en relación con los adeptos de la secta de la Wachtower.] Como en otros casos del libro, un análisis en profundidad del tema requeriría una extensa monografía; pero vamos a intentar al menos mencionar alguno de los pasajes a título de ejemplo. 

a) Cristo es Jehová vendido por treinta monedas de plata: "Entonces les dije: Si es bueno a sus ojos, den(me) mi salario; pero si no, absténganse. Y procedieron a pagar mi salario, treinta piezas de plata. Ante aquello, Jehová me dijo: Tíralo al tesoro... el valor majestuoso con el cual he sido evaluado" (Zac 11,12-13). 

Sabido es que el Nuevo Testamento aplica este pasaje a Cristo como una profecía cumplida en él. ¿Se equivocaban los primeros cristianos al decir que Cristo era el Jehová de Zacarías evaluado en treinta monedas de plata, o yerran los testigos de hoy al negarlo? 

b) Cristo es Jehová precedido por Juan el Bautista: "Escuchen. Alguien está clamando en el desierto: Despejen el camino de Jehová. Hagan recta la calzada para nuestro Dios a través de la llanura desértica" (Is 40,3) (VNM). 

La profecía de Isaías era clara: una voz aparecería en el desierto para ser precursora de la venida de Jehová Dios. Los evangelistas vieron en el texto del profeta judío una profecía que se cumplió cuando Juan el Bautista precedió a Jesús. Si Juan fue la voz en el desierto, Jesús debía ser Jehová Dios. ¿Se equivocó Isaías al profetizar la venida de Jehová, cuando en realidad vino solamente un dios? ¿Se equivocaron los apóstoles al considerar que la profecía se había cumplido, cuando en realidad no era así, porque en vez de Jehová vino un dios, o se equivoca la Wachtower porque no se equivocó Isaías ni los primeros cristianos, y, efectivamente, quien vino fue Jehová Dios precedido por Juan el Bautista? 

c) Cristo es Jehová traspasado: Zac 12,10 constituye uno de los pasajes más enigmáticos de todo el Antiguo Testamento. Yavé (o Jehová) se está dirigiendo al profeta y de pronto le anuncia algo que suena realmente extraño: le traspasarían y en tal situación le contemplarían los hijos de Israel; Jehová traspasado: "Y mirarán a mí, a quien traspasaron". 

Es sabido que los primeros cristianos vieron en este pasaje una referencia a Cristo alanceado en la cruz. Ahora bien, ¿se equivocaban al considerar que el Jehová traspasado era Cristo o lo hace la Wachtower al negarlo? Mucho nos tememos que si alguien se ha equivocado no fueron los apóstoles; y es que en la mente de ellos seguramente sonaba la profecía gloriosa de Is 35,4: "Dios mismo vendrá y os salvará". 

Lástima que verdad tan gloriosa haya sido sustituida en la teología de la Wachtower por el espectáculo de un arcángel que se hace hombre para salvar a la humanidad. 

Salvador 

Y es que de aceptar que Cristo no es Dios nos encontraríamos con el problema de que tenemos dos salvadores: Jehová y Cristo. Nada más lejano al pensamiento bíblico. Precisamente la Escritura nos dice: "Yo... yo soy Jehová, y fuera de mí no hay salvador" (Is 43,11). 

Pues bien, los autores del Nuevo Testamento dicen que nuestro salvador es Cristo (2Tim 1,10). Para los que creemos que Cristo es Dios no hay contradicción; pero para la Wachtower es cuestión de explicar si Isaías se equivocó o si lo hicieron los primeros cristianos..., a menos que reconozcan que son ellos los errados. 

El primero y el último 

Otro título de Jehová que los autores del Nuevo Testamento no tuvieron ningún problema en aplicar a Jesús fue el de "el primero y el último", que en el Antiguo se dirigía a Jehová (Is 44,6). Así se nos dice: "Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Felices son los que lavan sus ropas largas, para que sea suya la autoridad (de ir) a los árboles de la vida, y para que consigan entrada en la ciudad por sus puertas. Afuera están los perros y los que practican espiritismo y los fornicadores y los asesinos y los idólatras y todo aquel a quien le gusta la mentira y se ocupa de ella. Yo, Jesús, envié a mi ángel para darles a ustedes testimonio de estas cosas para las congregaciones" (Ap 22,13-16). 

¿Mentía y se equivocaba (y además blasfemaba) el autor de Apocalipsis al atribuirle a Jesús un título de Jehová, puesto que Cristo es solo un dios, o es la teología de la Wachtower la equivocada al respecto? 

El creador 

Desde luego, si los primeros cristianos se equivocaban en su evaluación de quién fue Jesús, su error llegó a alcanzar cotas de delirio, porque lo identificaron con el único creador del universo; y eso cuando el Antiguo Testamento señala que Dios, sin ningún tipo de colaboración, creó todo. Veamos: 

"Esto es lo que ha dicho Jehová, tu Recomprador y el Formador de ti desde el vientre: Yo, Jehová, estoy haciendo todo, extendiendo los cielos, yo solo, tendiendo la tierra. ¿Quién estuvo conmigo?" (Is 44,24) (VNM). 

"Yo mismo he hecho la tierra y he creado aun al hombre sobre ella. Yo..., mis propias manos han extendido los cielos" (Is 45,12). 

Los apóstoles eran judíos, conocían estos pasajes, sabían que Dios no había utilizado ayudantes, instrumentos o intermediarios en su obra de creación. Si Cristo no era Dios, ¿por qué afirmaron que había creado todo? 

"En el principio existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho por él, y sin él nada se hizo... Y aquel que es la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,1-3.14a) (EP). 

"Porque por él mismo fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los principados como las potestades; absolutamente todo fue creado por él y para él; y él mismo existe antes que todas las cosas y todas subsisten en él" (Col 1,16-17) (EP). 

¿Disparataban Pablo y Juan al afirmar que Cristo era el único creador del universo, el Jehová creador, del que escribió Isaías, o más bien disparata la Wachtower al negarlo? 

El "Yo Soy" 

De hecho, esta conciencia que tenían los primeros cristianos de que Cristo era el Dios revelado en el Antiguo Testamento al pueblo de Israel no arrancó de su especulación personal, sino del recuerdo de las propias enseñanzas de Jesús. Quizá una de las afirmaciones más categóricas de éste al respecto fue la de apropiarse la denominación con la que Yavé se presentó ante Moisés cuando le encomendó su misión de liberar a Israel de la esclavitud de Egipto. Examinemos el texto directamente: 

"Moisés dijo a Dios: Bien, yo me presentaré a los israelitas y les diré: El Dios de nuestros padres me ha enviado a vosotros. Pero si ellos me preguntan: ¿cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Dios dijo a Moisés: Yo soy el que soy. Así responderás a los israelitas: Yo soy me ha enviado a vosotros" (Éx 3,13-14)(EP). 

El texto aparece claro en cuanto a la descripción del episodio. Moisés interroga a Yavé sobre el nombre con que debe presentarle a los hijos de Israel, y Dios le responde que ese nombre es "Yo soy". 

Pues bien, Jesús se aplicó ese mismo apelativo: "Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados" (Jn 8,24) (BJ) (Tanto la traducción de Ediciones Paulinas como la Nueva Biblia Española han vertido: "que yo soy el que soy" lo que recoge a la perfección el sentido del texto original desde mi punto de vista). 
La afirmación de Jesús era impresionante: si no creían que él era el mismo Dios que se apareció a Moisés anunciándole la liberación, morirían en sus pecados. No es de extrañar que aquella pretensión dividiera a sus oyentes de manera radical, unos creyeron (Jn 8,30), otros intentaron matarlo (Jn 8,59). 

Naturalmente, los pasajes mantienen entre sí una relación tan evidente que la Wachtower sólo podía alterarlos en la VNM. Así el "Yo Soy" de Éx 3,14 es vertido: "Yo resultaré ser", aunque el hebreo dice hyh, es decir, Yo soy. De la misma manera, en la VNM, Jn 8,24 es vertido como "yo soy ése", aunque el griego dice ego eimi, es decir, "Yo Soy". 

¿Puede alguien dudar de que no nos encontramos ante la casualidad, sino ante una política seguida metódicamente para extirpar de la VNM todas las señales de que Cristo es Dios? 

El Señor 

Otro de los títulos ligados a Yavé en la tradición de Israel fue el de "el Señor". Tan estrechamente estaba en la mente de los judíos que sólo había un Señor y que era Yavé, que en la traducción del Antiguo Testamento al griego conocida como la Biblia de los Setenta o Septuaginta Yavé es sustituido siempre por la palabra griega kýrios (Señor); y lo mismo sucedía en el servicio sinagogas en hebreo, donde en vez de Yavé se denominaba a Dios Adonai (Señor). Con este trasfondo es fácil adivinar cómo entenderían los judíos contemporáneos de Jesús la afirmación de que éste era el Señor. 

Tan claro también ha quedado para la Wachtower el alcance de esta afirmación por parte de los autores del Nuevo Testamento, que ha cometido el impensable despropósito de sustituir la palabra original kýrios (Señor) por la de Jehová en docenas de textos. Que con esto se ha perseguido privar a Cristo de la gloria que merece su plena divinidad quedará de manifiesto con el texto de la VNM que, a título de ejemplo, reproduzco a continuación. Dice así: "El que observa el día, lo observa para Jehová (en el original, la palabra es kýrios = Señor). También, el que come, come para Jehová (en el original kýrios = Señor), pues da gracias a Dios; y el que no come, no come para Jehová (en el original kýrios = Señor), y sin embargo da gracias a Dios. Ninguno de nosotros, de hecho, vive con respecto a sí mismo únicamente, y ninguno muere con respecto a sí mismo únicamente; pues tanto si vivimos, vivimos para Jehová (en el original kýrios = Señor), como si morimos, morimos para Jehová (en el original kýrios = Señor). Por consiguiente, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos a Jehová (en el original kýrios = Señor). Porque con este fin murió Cristo y volvió a vivir otra vez para ser.... (aquí esperaríamos que dijera "Jehová", cambiando la palabra kýrios del original, como ha hecho en los versículos anteriores; pero dice: ... ) Señor tanto sobre los muertos como sobre los vivos" (Rom 14, 6-9) (VNM). 

No es, pues cierto, como pretende la Wachtower, que al sustituir "Señor" por "Jehová" en el Nuevo Testamento realiza un intento de restaurar la pureza del texto original. No lo es porque ni un solo manuscrito del Nuevo Testamento contiene la palabra Jehová. No lo es porque no se ha hecho siempre y de manera consecuente (en el caso citado arriba diría, por ejemplo, que Cristo es Jehová, y una afirmación así conmovería hasta sus cimientos la teología de la Wachtower). No lo es, porque lo que se persigue realmente es ocultar el efecto impresionante que tiene en el Nuevo Testamento denominar a Jesús con el título de kýrios (Señor), el mismo que en su época se daba a Yavé. Por lo tanto, la Wachtower no ha buscado que entendieran los lectores de la VNM el mensaje del Nuevo Testamento de manera clara, sino ocultarles de forma consciente y metódica la maravillosa buena nueva de que el Dios de la historia se ha encarnado en Cristo para salvarnos. 

El nombre salvador 

¿Qué tiene, pues, de extraño que, contra lo que pretenden los adeptos de la Wachtower, los primeros cristianos fueran conocidos no como "jehovistas" o "Testigos de Jehová", sino por el nombre del que ellos creían que era Dios encarnado: Cristo? 

Tampoco resulta extraño el hecho de que consideraran que el nombre salvador era el de Cristo (y, no obstante, no mencionaran nunca el de Jehová, como pretende la Wachtower). El mismo Pedro, el primero de los apóstoles, lo dejó bien claro cuando se vio conducido ante las autoridades religiosas de Israel: "Jesucristo el Nazareno... Ésta es la piedra que fue tratada por ustedes los edificadores como de ningún valor, que ha llegado a ser cabeza de ángulo. Además, no hay salvación en ningún otro, porque no hay otro nombre debajo del cielo que se haya dado entre los hombres mediante el cual tengamos que ser salvos" (He 4,10-12) (VNM). 

Quizá Pedro se equivocaba, quizá no era cierto que el nombre de Jesús es el único por medio del cual podemos salvarnos, quizá no es cierto que no hay salvación en otro salvo en Cristo, quizá ... ; pero para el autor de estas líneas la autoridad doctrinal de Pedro es incomparablemente superior a la de los dirigentes de la Wachtower. 

Podríamos continuar todavía con otros títulos y atributos de Jehová que los primeros cristianos aplicaron a Cristo, pero creo que con lo ya expuesto queda suficientemente probada la tesis que deseábamos demostrar. 

2.2. En la Biblia Cristo es adorado no como un dios, sino como Dios 

Por todo lo que hemos visto en el apartado b), no es de extrañar que la reverencia, adoración y gloria que los primeros cristianos dirigían a Jesús fueran las de] mismo Dios, y no las de un dios. Veámoslo. 

Es adorado 

En el pensamiento del Antiguo Testamento la idea de adorar a un ser que no fuera Dios resultaba sencillamente abominable. El mandato divino establecía que sólo se podía adorar a Yavé (Dt 6,13; 10,20), y así se lo repitió Jesús al diablo cuando éste le pidió que le adorara (Lc 4,8). La palabra utilizada en este texto para indicar adoración es el verbo griego proskyneo. Como era de esperar, la Wachtower ha traducido proskyneo por adorar cuando se refiere al Padre, v.gr.: Lc 4,8; pero cuando iba referido a Cristo lo ha vertido "rendir homenaje" para ocultar el hecho de que éste fue adorado por los primeros cristianos. Así, Mt 28,17 dice: "Y viéndole le adoraron (proskýnesan)". 

Y Lc 24,52 señala: "Y ellos, adorándole (proskynésantes), volvieron a Jerusalén". 

Otros ejemplos de ese empleo del término "adorar" (proskyneo) en relación a Jesús los tenemos, por ejemplo, en Mt 2,2.8 y 11, o Jn 9,38. En todos los casos, la Wachtower ha vertido por "rendir homenaje", ocultando la adoración de Jesús. 

Hemos tenido ocasión de ver antes cómo las propias artimañas de la Wachtower no siempre son perfectas y que se les había pasado por alto un par de textos (Jn 20,28 y 1Jn 5,20), en que se dice que Cristo es Dios. Lo mismo sucedió en el pasado con una cita en la que se habla de adorar a Jesús. Me estoy refiriendo a Heb 1,6. La VNM traducía así: "Pero cuando introduce de nuevo a su primogénito en la tierra habitada, dice: Y que todos los ángeles de Dios le adoren". 

Tan claramente dejaba de manifiesto el texto que los mismos ángeles adoraban a Jesús, que en la edición de la VNM de 1987 el texto se cambió. Ahora dice: "le rindan homenaje". 

Conductas como éstas dejan bien de manifiesto que no hay error de buena fe o simple ignorancia en la actuación de los dirigentes de la Wachtower. Existe un propósito firme y premeditado de negar la plena divinidad de Cristo, aunque para ello se tenga que recurrir a la mentira, al fraude de traducción o al Nuevo Testamento de un espiritista. Una conducta así, desprovista de toda ética, no puede pretender sinceramente que procede de gente sincera y cristiana que ama la Biblia y que se somete a las enseñanzas de la misma. 

Es honrado como el Padre 

No se puede aducir (como han pretendido algunos autores) que la honra y adoración que se prodigaba a Jesús era algo que arrancaba de mentes calenturientas que no le habían comprendido bien. El evangelista Juan señala que tal conducta partía de las mismas palabras de Jesús. Leemos en Jn 5,23: "Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha encargado todo el juicio al Hijo, para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre" (VNM). 

La expresión griega que la VNM traduce por "así como" es kazós, que equivale a "de la misma manera", "exactamente igual". Pero ¿cómo sería posible esto si Cristo es sólo un dios, y el Padre es Dios? ¿Acaso no será porque precisamente no es así, porque precisamente el Padre y el Hijo son Dios? Creemos que eso es lo que se desprende no sólo del texto, sino del contexto del Nuevo Testamento. 

Ante él se dobla la rodilla 

Por ello no debería extrañarnos que se doble la rodilla en el Nuevo Testamento no sólo ante el Padre (Ef 3,14) sino también ante el Hijo: "... para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los (que están) en el cielo y de los (que están) sobre la tierra y de los (que están) debajo del suelo" (Flp 2,9) (VNM). 

Recibe gloria 

En el fondo de toda esta visión de profunda adoración de Cristo que caracteriza al cristianismo neotestamentario lo que subyace, pues, es la consciencia de que Cristo es el mismo Yavé, y por ello es digno de recibir la gloria que sólo se puede tributar a aquél. Que esta gloria no podía tributarse a nadie más se desprendía con claridad del Antiguo Testamento: "Yo soy Jehová. Ése es mi nombre, y a ningún otro daré yo mi propia gloria, ni mi alabanza a imágenes esculpidas" (Is 42,8) (VNM) "... a ningún otro daré mi propia gloria" (Is 48,11) (VNM). 

Lo cierto, sin embargo, es que Juan afirma que la gloria de Jesús es la misma que la de Jehová. Veámoslo: "... Jesús habló estas cosas y se fue y se escondió de ellos. Pero aunque había ejecutado tantas señales delante de ellos, no ponían fe en él, de modo que se cumplió la palabra de Isaías el profeta, que él dijo: Jehová, ¿quién ha puesto fe en la cosa oída por nosotros? Y en cuanto al brazo de Jehová, ¿a quién ha sido revelado? La razón por la cual no podían creer es que otra vez dijo Isaías: Él les ha cegado los ojos y ha hecho duro su corazón, para que no vean con los ojos y se vuelvan y yo los sane. Isaías dijo estas cosas porque vio su gloria y habló de él. Con todo, hasta de los gobernantes muchos realmente pusieron fe en él, pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga" (Jn 12,36b-42) (VNM). 

El evangelio de Juan intenta en este pasaje explicar por qué muchos de los judíos no llegaron a creer en Jesús. Su tesis es que tal hecho ya estaba profetizado por Isaías, que, cuando vio la gloria de Jesús, anunció que los corazones de los judíos se cegarían y su corazón se endurecería. Ahora bien, el pasaje a que hace referencia Juan es el de Is 6,1-10, en el que Isaías vio... al propio Jehová. Caben dos posibilidades: o bien Juan se equivocaba al decir que la gloria de Cristo era la de Jehová y además cometía un error blasfemo porque le atribuía algo que no le correspondía (en cuyo caso la Wachtower tendría razón), o bien Juan era consciente de lo que estaba escribiendo, ya que identificaba a Cristo con Jehová y no veía dificultad en atribuirle la misma gloria. En tal caso, empero, la Wachtower estaría equivocada. El autor de estas líneas cree, en su modesto entender, que Juan el evangelista es mucho más digno de confianza que la Wachtower. 

En buena medida, la experiencia de Juan fue como la de Tomás. Él había visto morir a Jesús de cerca, muy de cerca, porque fue el único de los doce que no se ocultó y que permaneció al pie de la cruz con María y otras mujeres. Pero también asistió luego a su resurrección, y pudo comprobar que las afirmaciones de Jesús en el sentido de que él mismo se resucitaría se cumplían fielmente: "... Jesús les dijo: Derriben este templo y en tres días lo levantaré... pero él hablaba del templo de su cuerpo. Sin embargo, cuando fue levantado de entre los muertos, sus discípulos recordaron que él solía decir esto; y creyeron la Escritura y el dicho que Jesús dijo" (Jn 2,1922) (VNM). 

¿Quién podría morir como hombre para luego levantar ese propio cuerpo de entre los muertos? ¿Acaso un dios creado, un arcángel, un mini-dios, o sólo el propio Dios creador de la vida? 

Citemos, finalmente, un pasaje más en el que la Wachtower ha pretendido privar a Cristo de su gloria. Se trata de 2Cor 4,4: "En los cuales el dios del mundo este cegó las mentes de los incrédulos para que no brille la luz del evangelio de la gloria del Cristo, que es imagen de Dios". 

El pasaje reviste una especial importancia por varios aspectos. En primer lugar hay que señalar que Pablo indica un plan diabólico, que consiste en que Satanás, al que el mundo en realidad ha convertido en su dios, ha cegado la mente de los incrédulos para que no vean la luz que proporciona el evangelio. Este evangelio trata acerca de la gloria de Cristo. Pues bien, la traducción del NM quita la gloria a Cristo para dársela a las buenas nuevas: "Entre quienes el dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos, para que no pase (a ellos) la iluminación de las gloriosas buenas nuevas acerca del Cristo" (VNM). 

Decididamente, la Wachtower no sabe cómo alterar el texto sagrado para privar a Cristo de su divinidad y gloria, tarea que Pablo en este pasaje atribuye al mismo Satanás. 

En segundo lugar, este pasaje reviste relevancia porque es utilizado por la Wachtower para probar que Cristo es un dios..., al igual que lo es también el diablo. Ahora bien, este texto no pretende que el diablo sea un dios, sino que este mundo lo ha convertido, consciente o inconscientemente, en tal. De la misma manera, Pablo dice en Flp 3,19 que muchos tienen a su vientre como Dios; pero eso no indica que el vientre sea un dios, sino que algunos lo han convertido en tal con su conducta. Por lo tanto, intentar utilizar este pasaje como base sobre la que apoyar la existencia de muchos dioses es una imposibilidad exegética. 

Por último, el pasaje hace referencia a Cristo como imagen de Dios, algo que la Wachtower, siempre ansiosa de llevar el agua de la Biblia al molino de sus prejuicios, interpreta en el sentido de que Cristo es una imagen, pero no el mismo Dios. Lo cierto, sin embargo, es que en el griego koiné, en que se escribió este pasaje, el término eikon indica no representación plástica, sino "manifestación autorizada". Es decir, lo que el apóstol pretende enseñarnos es que Cristo es la única manifestación autorizada y legítima de Dios que conocemos. Precisamente eso mismo creemos los que confesamos el dogma de la Trinidad: que Cristo no es un dios, sino la manifestación real de Dios. 

3. El mesías-Dios en el judaísmo 

El cristianismo significó un choque emocional y espiritual de magnitudes incalculables para el pueblo de Israel. Jesús, su familia, sus primeros discípulos, fueron judíos. Él pretendía ser mesías, pero de una manera que cuestionaba hasta su misma raíz la existencia del status religioso judío, porque Jesús también decía que "Dios era su padre, haciéndose así igual a Dios" (Jn 5,18). 
Apenas muerto Jesús, los conflictos entre cristianismo y judaísmo comenzaron a recrudecerse de nuevo. Unas décadas después, los judíos que eran cristianos eran expulsados, de forma generalizada esta vez, de las sinagogas, y la propia teología judía experimentó una profunda revisión precisamente para privar de argumentos al cristianismo. De esta manera, el judaísmo arrojó por la borda multitud de corrientes e interpretaciones que había en su seno (la de que el mesías sufriría, la de que el mesías sería Dios, etc.), y el cristianismo, como reacción, empezó a delimitar su oposición al judaísmo. [He delimitado este conflicto en mi artículo, escrito en colaboración con Pilar Fernández Uricel, titulado "Anavim, apocalípticos y helenistas", en homenaje a José María Blázquez, Madrid 1990. Un estudio más a fondo del tema en J. Jocz, The jewish people and Jesus Christ, Grand Rapids, 1979, donde queda de manifiesto cómo el judaísmo -tal como se forjó en la época de la redacción del Talmud- fue principalmente un intento de los judíos de oponerse sólidamente al cristianismo.] No obstante lo anterior, se han conservado algunos vestigios que indican cómo la idea de que el mesías sería Dios era algo corriente en la época en que surgió el cristianismo, y que, además, aunque apagadamente, tal idea se conservó en algunos círculos poscristianos. Veamos algún ejemplo: "Dios le llamó (al mesías) con seis nombres que él dice en relación consigo mismo: Porque un niño nos ha nacido, se nos ha dado un hijo; y el gobierno estará sobre su hombro; y su nombre será maravilloso, consejero, Dios, fuerte, padre eterno, príncipe de paz (se está citando aquí Is 9,5-6). De manera que lo llamó Dios de una manera distintiva" (Iggereth Teman; rabí Moisés ben Maimón escribiendo a Jacob Alfajumi). 

"¿Cuál es el nombre del rey mesías? A esto respondió el rabí Abba bar Kahana: Yahveh es su nombre" (Midrash Echa 1,51) 
"Dios llamó también al rey mesías con su propio nombre (el de Dios)" (Midrash Thillim 21,2). 

No deja de ser paradójico que estos textos rabínicos, escritos por personas que negaban que Jesús fuera el mesías, contuvieran una concepción más correcta en relación con el mesías que la que propaga la Wachtower, que se pretende cristiana. 

4. El mesías-Dios entre los cristianos primitivos 

No hace falta decir que también el cristianismo primitivo tuvo la absoluta certeza de que Cristo era Dios; y no sólo no se abstuvo en proclamarlo, sino que insistió en ello. Resulta imposible mencionar todas las citas del primer siglo e inicios del segundo, no bíblicas al respecto, pero vamos a dejar constancia de algunos ejemplos: 

a) Ignacio de Antioquía (muerto entre el 98 y el 117): "Un médico hay, en la carne hecho Dios, hijo de María e hijo de Dios, Jesucristo nuestro Señor" (Ef 7,2). 

b) Segunda epístola de Clemente (entre 100 y 150 d.C): "Debemos sentir de Jesucristo, que es Dios, que es juez de vivos y muertos" (1,1) 

c) Justino mártir (s. II): "Cristo preexiste como Dios antes de los siglos" (Diálogo con el judío Trifón 48,l) (en realidad los capítulos 48 a 108 están dedicados a mostrar con el Antiguo Testamento que el mesías es Dios y debe ser adorado). 

d) Atenágoras de Atenas (segunda mitad del s. II): "Admitimos a un solo Dios... Dios Padre y Dios Hijo y Dios Espíritu Santo que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el orden" (Súplica en favor de los cristianos, 10). 

5. Conclusión 

Como tendrá ocasión de comprobar el lector que se adentre en el resto del libro, este capítulo es con mucho el más extenso del mismo, y es que hay razones para ello. La confesión de que Cristo es Dios constituye la piedra fundamental sobre la que se asienta el cristianismo. A diferencia de otras religiones, como el Islam o el budismo, el cristianismo pretende que su fundador fue el mismo Dios. El ataque a esta clave de la fe ha sid( una constante en la historia de la Iglesia. Lo hicieron los ebionitas en el s. I, los gnósticos en los ss. II y III, los arrianos en el IV, y desde entonces, los cátaros, los socinianos, los unitarios, los primeros adventistas, los Testigos de Jehová, los Niños de Dios, los mooníes y un largo etcétera. 

Pese a todo, la fe de la Iglesia se ha mantenido inquebrantable. El Dios que creó el mundo, que inspiró las Escrituras, que liberó al pueblo de Israel del yugo de Egipto y que guió a los profetas, se encarnó en una humilde virgen judía para morir en una cruz y con su sangre preciosa redimirnos. A esa cruz de la que colgó nuestro Dios encarnado en un carpintero Galileo miramos conmovidos por su amor, que no retrocedió ante nada para obtener nuestra salvación. Han pasado casi dos milenios desde entonces y no deja de seguir siendo un gran misterio que el Señor de la gloria, al que adoraron los ángeles y los apóstoles, se humillara como un esclavo para padecer en favor nuestro. Quizá es que el amor siempre tiene algo de misterioso e inexplicable; y el de Dios no es una excepción a ese principio, sino una confirmación. Cristo, según nos enseñan las Escrituras, no fue un dios o el arcángel Miguel enviado por Jehová a la tierra a cargar con el peso de la obra de la redención; tampoco fue el mesías fracasado, cuyos errores tiene que corregir el reverendo Sun Myung Moon. No; en aquel cuerpo lacerado latía Dios y latía su amor por nosotros. A nosotros sólo nos queda adorarlo humildemente y rendirle la gloria de que las sectas intentan desposeerlo.


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¿Enseña la Biblia sobre las procesiones?


¿ENSEÑA LA BIBLIA SOBRE LAS PROCESIONES?
Por Yasmin Oré y Jesús Urones

Es necesario aclarar a los no católicos el sentido de nuestras prácticas religiosas en esta Semana Santa.

Hemos empezado la semana litúrgica más importante del año, la Semana Santa, en la que los católicos celebramos, recordamos y conmemoramos los principales misterios de nuestra fe, la Eucaristía, la Pasión y Muerte de Nuestro Señor y su gloriosa Resurrección. En estas fechas, es común ver en diferentes países, generalmente en los de habla hispana diversas procesiones como muestras de religiosidad popular y de piedad hacia nuestro Señor Jesucristo. Por ello, veo necesario demostrar los fundamentos bíblicos de las mismas, ya que muchas veces nuestros hermanos separados y otros ya más alejados, nos critican el porqué de este tipo de práctica que a veces catalogan hasta como una forma de idolatría.

¿Qué enseña la Iglesia sobre las procesiones?

El Catecismo de la Santa Iglesia Católica nos habla de las procesiones en su numeral 1674:

Además de la liturgia sacramental y de los sacramentales, la catequesis debe tener en cuenta las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular. El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el vía crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc. (cf Concilio de Nicea II: DS 601;603; Concilio de Trento: DS 1822).

El catecismo considera las procesiones una forma de expresión de piedad del pueblo cristiano, lo que se conoce como “religiosidad popular”, similar a visitar santuarios, peregrinaciones etc. Pues bien, durante todo el tiempo que dura la Semana Santa, es muy frecuente encontrarnos con pasos, y personas que van en procesión, con imágenes de Cristo, y los momentos más importantes de su vida: La Santa Cena, la Flagelación, Cristo cargando la Cruz, la Crucifixión, Santo entierro, Resurrección, etc. Digamos es una manera de evangelizar por medio de las imágenes y recordar al pueblo el tiempo que están viviendo que es de mortificación y penitencia o los pasajes fundamentales de los santos evangelios.

El Código de Derecho Canónico también nos define lo que es una procesión:

'Bajo el nombre de sagradas procesiones se da a entender las solemnes rogativas que hace el pueblo fiel, conducido por el clero, yendo ordenadamente de un lugar sagrado a otro lugar sagrado, para promover la devoción de los fieles, para conmemorar los beneficios de Dios y darle gracias por ello, o para implorar el auxilio divino' (canon 1290,1)

¿Pero dónde surge esta práctica?

La práctica de las procesiones es propia de la religión judía, en Pascua, Pentecostés y en la fiesta de los Tabernáculos, podemos decir que comenzó en el Antiguo Testamento. Un ejemplo: las procesiones con el Arca de la Alianza. (2 Samuel 6, 12-15; 1 Reyes 8, 1-10; 1 Crónicas 15, 28-29).

En 1 Crónicas 15: 28-29 , se informa que el Arca de la Alianza fue llevada por una procesión de fieles a la Ciudad de David acompañada de gritos, canciones y música alegres, que luego se revelaron en el Nuevo Testamento donde el Apóstol San Juan escribió en el Libro de Apocalipsis 12: 1-2 que vio el Arca de la Alianza en el cielo, y luego vio a una mujer con la luna , el sol y una corona de estrellas.

En los primeros siglos de la era cristiana fue muy común ver reunidos a los cristianos, aun en tiempo de persecución, para llevar en procesión a los cuerpos de los mártires hasta el lugar de su sepulcro; así lo cuentan por ejemplo Tertuliano en su obra “De Praescriptio, xliii “ donde se usa esta palabra para referirse a las procesiones funerarias. Otro ejemplo lo tenemos en las actas del martirio de San Cipriano, donde se recoge lo siguiente:

Así sufrió el martirio el bienaventurado Cipriano. Su cuerpo, para evitar la curiosidad de los gentiles, fue retirado a un lugar próximo. Luego, por la noche, sacado de allí, fue conducido entre cirios y antorchas, con gran veneración y triunfalmente, al cementerio del procurador Macrobio Candidiano, sito en el camino de Mapala, junto a los depósitos de agua de Cartago. Después de pocos días murió el procónsul Galerio Máximo.

(Actas del Martirio de San Cipriano BAC 75, 756-761)

Estas actas nos narran la procesión que hicieron los fieles cristianos para llevar los restos del Santo Obispo de Cartago entre cirios y antorchas, hasta el cementerio. Hoy en día también cirios se usan en muchas de las procesiones que vemos.

Pronto los fieles comenzaron a acudir en peregrinación a visitar los Lugares Santos: Belén, Jerusalén, etc. (hay testimonios explícitos ya en el s. III) Y también acudían de diversas partes a visitar, en Roma, los sepulcros de S. Pedro y S. Pablo, y los cementerios de los mártires; en Asia Menor, el de Santa Tecla; en Nola, el de S. Félix; y así un sinfín de lugares más. Tras la paz de Constantino surgieron otras formas procesionales. En Roma las procesiones de las 'Estaciones' donde el Papa celebraba la liturgia en las grandes solemnidades. En Jerusalén, la peregrina Eteria habla de cómo toda la comunidad, los días señalados (como el Domingo de Ramos, por ejemplo), marchaban en procesión a uno de los Lugares Santos (Calvario, Monte de los Olivos, etc.) para conmemorar un acontecimiento de la salvación y celebrar después la Eucaristía. En cuanto al sentido y valor de las procesiones hay que tener en cuenta que la Iglesia en esta tierra es un pueblo inmenso que avanza en procesión hacia la Ciudad Eterna, la Jerusalén celestial (Ap 7, 1 - 12). Así, pues, las procesiones tienen el alto significado de anticipar simbólicamente el misterio último de la Iglesia, que es la entrada en el Reino Celestial; las procesiones ponen de manifiesto el gran misterio de la Iglesia en constante peregrinación hacia el cielo. Además de esto, son un acto de culto público a Dios, que al mismo tiempo lleva consigo un carácter de proclamación y manifestación externa y pública de la fe. Y con todo ello ayudan a la oración y a los deseos de mejor (ir hacia adelante). La prohibición de las procesiones ha sido siempre uno de los episodios tristes y característicos de la lucha contra el cristianismo y la Iglesia.

¿Hay procesiones en las Escrituras?

Una vez vista que la historia de las procesiones enlaza directamente con el pueblo judío, y con los primeros cristianos, veamos otros textos bíblicos que apoyan el hacer procesiones, para aquellos “protestantes” o “no católicos” que nos las cuestionan y las ven como un acto idolátrico, pero como ya vimos inicialmente son muestras de piedad, no se adora a las imágenes, simplemente se usan para meditar y recordar los pasajes principales del Evangelio de Jesús y que estos te ayuden a vivirlos más en plenitud. Nadie acusaría al pueblo de Israel de adorar el arca en estos pasajes:

6:7 Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Yavhe. 6:8 Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Yavhe y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Yavhe los seguía. 6:9 Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente. 6:10 Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis. 6:11 Así que él hizo que el arca de Yavhe diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento, y allí pasaron la noche. 6:12 Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Yavhe Josué 6:7-13

13:6 Y subió David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que está en Judá, para pasar de allí el arca de Dios, que mora entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado. 13:7 Y llevaron el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Ahío guiaban el carro. 13:8 Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas. 13:9 Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban. 13:10 Y el furor de Dios se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano al arca; y murió allí delante de Dios. 1Cronicas 13:6-10


"David reunió a todo lo mejor de Israel, unos 30.000 hombres. Se levantó David y partió con todo el pueblo que estaba con él a Baalá de Judá para subir desde allí el arca de Dios que lleva el nombre de Yahvé quien se sienta sobre los querubines. Cargaron el arca de Dios en una carreta nueva y la llevaron de la casa de Abinadab que está en la loma. Uzzá y Ajyó, hijos de Abinadab, conducían la carreta con el arca de Dios".
2 Sam 6,1-3

Aquí en estos pasajes podemos encontrar :* El Rey.*El pueblo.*El Arca de la Alianza.*Las imágenes de ángeles (querubines).*La carreta.*Y la llevan de un lugar a otro. Claramente es una procesión en toda regla.

Es más si seguimos leyendo los versículos siguientes observamos como el pueblo va cantando, tocando instrumento y danzando (2Sam 6:5), esto pues es algo que también se hace en las procesiones, cánticos a Dios, y se llevan imágenes en carretas o si queremos ser más sufridos en hombros de un lugar a otros.

Pero incluso en las escrituras, podemos encontrar la palabra “procesión” en hebreo תַּהֲלֻכֹת ( halak) y también דָּדָה (dadáh)que se usa en:

Hice luego subir á los príncipes de Judá sobre el muro, y puse dos coros grandes que fueron en procesión: el uno á la mano derecha sobre el muro hacia la puerta del Muladar Nehemias 12:31

26 ¡Bendito el que viene en el nombre de Yahveh! Desde la Casa de Yahveh os bendecimos.27 Yahveh es Dios, él nos ilumina. ¡Cerrad la procesión, ramos en mano, hasta los cuernos del altar!28 Tú eres mi Dios, yo te doy gracias, Dios mío, yo te exalto.
Salmo 118:26-28

En el santuario pueden verse las procesiones de mi Dios, las procesiones de mi Dios y rey.
Salmo 68, 24-25

Se me destroza el corazón al recordar cómo solían ser las cosas: yo caminaba entre la multitud de adoradores, encabezaba una gran procesión hacia la casa de Dios, cantando de alegría y dando gracias en medio del sonido de una gran celebración
Salmo 42:4

Ya para concluir quiero comentar algo que no se nos debe olvidar, a los católicos y también algo que se les puede decir a los hermanos separados y es: cuando se hace una procesión ¿quién es la figura central?, ¿quién se encuentra en el centro y quienes van delante y detrás de Él cantando?

Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos.9 Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: "= ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! =10 ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! = ¡Hosanna = en las alturas!"11 Y entró en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania. Marcos 11:8-11


Jesús Urones


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