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Evangelio 11 de junio 2023: ¿Qué encierra la frase: ‘misericordia, no sacrificios’?


Evangelio 11 de junio 2023 según san Mateo (Mt. 9,9-13)

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme.” Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: “¿Cómo es que nuestro maestro come con publicanos y pecadores?”

Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Anden, aprendan lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.”

¿Qué encierra la frase: ‘misericordia, no sacrificios’?

Este domingo regresamos a la lectura continuada del Evangelio de san Mateo, que quedó interrumpida por el inicio de la cuaresma hace unos meses. El escenario en que nos situamos, es el ministerio de nuestro Señor Jesucristo en Galilea, y específicamente el texto que leemos hoy nos narra la vocación de Mateo y la convivencia de Jesús con los pecadores en la población de Cafarnaúm.

Ante dicha circunstancia, Jesús recibe la crítica de los fariseos, quienes plantean la pregunta a los discípulos: “¿por qué come su maestro con pecadores y publicanos?”. La suposición de los grupos observantes de la ley de Moisés, es que al interactuar con personas que se encuentran en pecado, el hombre justo queda impuro (cfr. Lc 7,39).

Sin embargo, Jesús propone una dinámica diametralmente opuesta: el mal se contagia, pero con mayor razón la salud y la salvación, y por este motivo dice: “no son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos”.

Jesús, acto seguido, indica cuál es el método para ejercer la sanación de las personas: “vayan y aprendan lo que significa: ‘misericordia quiero y no sacrificios’, frase que proviene del profeta Oseas (os 6,6) y se complementa con esta otra frase en paralelismo: “conocimiento de dios más que holocaustos”.

Con este paralelismo el profeta critica a los que piensan que solucionan su relación con Dios haciendo actos de culto, olvidándose de cumplir con los preceptos de la alianza, sobre todo aquellos concernientes al buen trato, o al menos al trato justo a los demás.

Así como en la vida cotidiana sería un despropósito que un médico se rehusara a atender a los enfermos, Jesús considera que sería igualmente un absurdo si aquellos que tienen la función de conducir al pueblo en lo religioso lo abandonaran y no se dedicaran a procurar la conversión de los pecadores. Por este motivo los insta a comprender el sentido de la frase “misericordia quiero y no sacrificios”, en lugar de dedicarse a criticarlo.

Autor: Monseñor Salvador Martínez

Fuente: Desdelafe.mx

¿Qué significa recibir de Dios el ciento por uno?

 


¿Qué significa recibir de Dios el ciento por uno?

Pienso que para comprender la aparente contrariedad entre el llamado al desprendimiento que Jesús hizo al hombre rico: “ve, vende todo lo que tienes, repártelo entre los pobres, así tendrás un tesoro en el Cielo y luego ven y sígueme”. Y por otra parte la promesa de: “Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecución, y en el otro mundo, la vida eterna”, es necesario recordar el primero de todos los mandamientos de la Ley de Moisés, que reza: “amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas, con toda tu mente, con todas tus fuerzas…” (cfr. Dt 6,5; Ex 20,2-6).

Si miramos con detenimiento el llamado que hace Jesús al hombre rico es a no darle su corazón en primer lugar a sus riquezas. El corazón se debe entregar en primer lugar a Dios.

Jesús propone un desapego inteligente, repartir el tesoro de este mundo para tener un tesoro en el cielo. Si una caracteristica ha definido al cristianismo a lo largo de la historia es que la relación con las cosas y el mundo ha sido muy libre y responsable. Los bienes son un don que Dios nos ha dado para administrarlos, Jesús promete una proporción de ciento por uno, así como habló de la mejor proporción de fructificación en las parábolas del Reino de los cielos (Mt 13,8).

Ciento por uno en la retribución para la persona que sabe renunciar a las propiedades, cosas o personas. El gran problema no radica en la cantidad de cosas que se posean, sino en que la persona entrega toda su afectividad a ellas. Quien primero se encarga de entregar su corazón a Jesús y su Evangelio, será capaz de poseer correctamente las cosas.

Un proverbio chino retomado por el autor cristiano Emmanuel Mounier, dice “uno es capaz de tener lo que es capaz de perder. Porque si hay algo que uno no sea capaz de perder, entonces aquello lo tiene a uno”. La codicia es una forma de idolatría, cumplir con el primer mandamiento de la Ley de Dios nos potencia para administrar correctamente los bienes materiales.

Por: Monseñor Salvador Martínez.

¿Por qué los niños son los preferidos de Jesús?



Los niños, preferidos de Jesús

Una de las enseñanzas más novedosas de Nuestro Señor Jesucristo tiene que ver con el valor religioso de las relaciones interpersonales humanas. Cuando se encontraba en la Última Cena, narrada por el evangelista san Juan, Jesús pidió a los discípulos que permanecieran en su amor. Dicha permanencia se daría al cumplir lo que Él les mandaba: “ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15,9-12).

También dentro de la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: “quien me ve a Mí ve al Padre” (Jn 14,9). Jesús trató de que sus palabras y sus obras fueran transparencia o reflejo de la cercanía de Dios Padre a la humanidad. Esto se lo dijo también a quienes le pedían una y otra vez señales: “no se les dará otra señal que la de Jonás, porque su predicación fue suficiente para los ninivitas y éstos se convirtieron” (cfr. Lc 11,29-32).

En buena medida, Jesús invitó a todos aquellos que entraban en contacto con Él que ejercieran la fe creyendo que Él venía de Dios. Ahora bien, el camino de unión e identificación con Dios no se reduce a una serie de actos cultuales (rezos, sacrificios, ofrendas a Dios, etc…) sino que implica el amor al prójimo.

Cuando Nuestro Señor habló sobre el juicio final, que cada uno deberá afrontar, pone como criterio el ejercicio de la caridad hacia los demás como parámetro de dignidad para entrar en la vida eterna: “vengan benditos de mi Padre porque estuve enfermo y me fueron a visitar, estuve hambriento… Lo que hicieron al más pequeño de mis hermanos a mí me lo hicieron” (Mt 25,34-40).

Resulta interesante en nuestro texto de hoy que Jesús afronta el tema de quién es el más importante, en primer lugar diciéndoles que el mayor debe ser el último de todos y lo complementa, a manera de paralelismo, tomando a un niño.

Los niños socialmente en aquella época eran los que menos contaban, y declara que éste es transparencia o reflejo de sí mismo. “Quien lo recibe a él me recibe a mí”, pero a final de cuentas reafirma el valor religioso de aquella acción añadiendo, “y recibe también a quien me ha enviado”, es decir, recibe también a Dios nuestro Padre.

El camino de unión con Dios no se reduce a una serie de actos culturales, sino que implica el amor al prójimo.

Por: Monseñor Salvador Martínez. 

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