Mostrando las entradas con la etiqueta cuándo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cuándo. Mostrar todas las entradas

¿Desde cuándo existe la vestidura clerical?


¿DESDE CUÁNDO EXISTE LA VESTIDURA CLERICAL?

En el año 428, por una carta del Papa Celestino, sabemos dos cosas: que en Roma no existía una vestidura clerical, pero que en la Galia algunos obispos ya la usaban. La carta del Papa, curiosamente, exhorta a que los clérigos se distingan de los laicos no por las ropas, sino por sus virtudes. Pero ni siquiera esta opinión papal pudo detener el curso de la historia que ineludiblemente llevaba a mostrar externamente esa distinción.

Y así, este desarrollo lento de las vestiduras clericales, lleva a que en el 572, el Concilio de Braga ordene que los clérigos de esa zona de la península ibérica vistan la túnica talar. A partir de entonces, los decretos sobre la ropa clerical se fueron haciendo más y más frecuentes, en el sentido de que los clérigos no vistieran las ropas seculares, ni siguieran sus modas.

Entre el siglo VI y el VIII, los testimonios escritos muestran que el uso de la vestidura clerical se hizo obligatorio. Al principio, los colores no estaban unificados. Dándose muchos colores y diversas tonalidades. El color negro fue el que finalmente predominó por una razón esencial, se trata de un color muy solemne. Después, a posteriori, se le pudo dar sentidos simbólicos a ese color, como el de la muerte al mundo, pero la razón por la que prevaleció fue ésa: se trata de un color que expresa seriedad, solemnidad.

Frente a la opción del negro, el blanco hubiera podido también predominar, es el color de la lana sin tintes, pero tenía un problema: cualquier mancha se ve con facilidad. Y, aunque se lave una y otra vez, el uso deja restos de las antiguas manchas. Por eso el blanco se reservó para las funciones litúrgicas desde el principio, y para la vida ordinaria el negro acabó prevaleciendo.

Al principio, el hábito eclesiástico era una túnica sin botones. Muy a menudo con cinturón de cuero con hebilla. Los botones que recorren la sotana de arriba abajo, predominaron a partir del siglo XIV y XV. Hasta el siglo XIV, en la vestidura clerical no existía el alzacuellos. Pero a partir de entonces, las camisas comenzaron a dejar ver su parte superior por encima del hábito.



¿Cuándo surge el alzacuellos?

Al principio, sobresalía el cuello de la camisa blanca sin solapas. Después, cuando ya hubo solapas como las actuales, éstas o sobresalían verticales (cerradas por un botón) más allá de donde acaba el hábito, o bien caían hacia abajo por encima del hábito. Las solapas que caían sobre el hábito, evolucionaron hasta el siglo XVII tomando la forma de lo que se llamaba el babero. Las solapas verticales evolucionaron hasta formar el alzacuellos.

El alzacuellos se formó como prenda aparte, porque era mucho más fácil lavar la parte del cuello si ésta era una prenda independiente. Démonos cuenta de que en otras épocas las camisas no se lavaban diariamente, pues un clérigo humilde poseía pocas camisas. Un humilde párroco de pueblo en el siglo XVII podría tener cuatro camisas y una sola sotana.

Un clérigo de baja posición no tenía tres o cuatro sotanas, sino uno sola que se remendaba las veces que hiciera falta. Muchos consideran la capucha como privativa de los monjes. Pero lo específico de ellos era el escapulario o la cogulla. El escapulario es la prenda rectangular que cae por delante y por la espalda, hasta casi el borde de la túnica. La capucha era habitual entre las ropas de los laicos, y por tanto también entre el clero secular. En el clero secular, la capucha se llevaba no en el hábito talar, sino en la muceta. La muceta sobre los hombros era una prenda de abrigo, la llevaba cualquier clérigo y solía tener una capucha.

Esta costumbre de la capucha en el clero secular llegó hasta el siglo XX. La muceta de los cardenales tenía capucha, así como la de los Papas. Cardenales y Papas llevaban esa capucha en la muceta, aunque no pertenecieran al clero secular. Sin bien, más allá de la Edad Media, muchas mucetas muestran unas capuchas exiguas que ya no hubiera sido posible ponerlas sobre la cabeza.

Aunque el uso del hábito eclesiástico ha sido lo habitual desde el siglo VII más o menos, ya se ha dicho que siempre ha habido clérigos que han deseado vestir de un modo secular, casos así ha habido desde la Edad Media hasta nuestros días, siglo tras siglo. Pero, aunque normalmente, estos casos han sido excepcionales, lo que sí que ha sido más frecuente es el deseo de secularizar el hábito eclesiástico.

¿Cuál es la historia de la sotana?

Y así, hay testimonios desde el siglo XVII reprobando el uso de sotanas cortas que llegaban sólo hasta la rodilla. Esta lucha entre la secularización del hábito eclesiástico y el mantenimiento del estilo eclesiástico por encima de toda moda mundana, también se puede rastrear en toda época. Incluso en la Edad Media hay obispos que vestían más como caballeros que como prelados.

Finalmente, en el siglo XIX se hizo frecuente el habito piano o hábito corto. La parte superior era igual que la de la sotana, con su alzacuellos o su babero. Pero la sotana había sido sustituida por una especie de chaleco que llegaba sólo hasta la cintura, a partir de la cual eran visibles unos pantalones cortos que acababan en calzas negras. Encima del chaleco, se llevaba una casaca.

Este hábito corto fue desapareciendo, y a comienzos del siglo XX los curas llevaron sotana solamente. Hasta que en los años 7 0, apareció el clériman (también escrito clergyman). Una vez que hubo desaparecido el hábito corto, éste continuó entre los curas católicos de Estados Unidos, por influencia de los pastores de la iglesia episcopaliana que vestían así. Y de los curas católicos norteamericanos retornó al resto de países en los años 70. Este deseo de que las vestiduras de los sacerdotes fueran enteramente clericales, conllevó que los sombreros tuvieran formas y hechuras propias.

La forma de cubrirse la cabeza los eclesiásticos siempre había sido por antonomasia la capucha, entre el clero regular y secular. Pero ya en la Edad Media se abrieron paso los gorros académicos o los civiles entre los eclesiásticos, frente a la capucha que parecía demasiado monástica y demasiado primitiva. Pero siempre se luchó por parte de las diócesis para que los gorros eclesiásticos tuvieran una hechura propia y no fueran iguales que los de los laicos. Aunque siempre había clérigos a los que les gustaba ponerse gorros que fueran más con la moda civil porque les parecían más elegantes.

Los sombreros eclesiásticos evolucionaron a raíz de dos modelos diversos. Un modelo procedía de las gorras académicas, y de allí surgió la birreta, el birrete o bonete. Otro modelo procedía de tipos de sombreros más parecidos a los civiles, de ahí surgieron diversos tipos de sombreros con ala plana, redonda o rectangular: teja, saturno, galero. El solideo es la evolución de un gorro que cubría la cabeza desde la frente a la nuca. La función era preservar del frío, pero poco a poco se hizo de él una prenda constante. Al llevarlo en toda estación, con el pasar de las generaciones, se fue haciendo más ligero para que no diera tanto calor, llevándolos de lana en invierno.

La vestidura de abrigo era la muceta sobre los hombros, pero si hacía más frío se llevaba la capa. Cuando los abrigos aparecieron, muchos fueron arrinconando la capa. Pero para que el abrigo no fuera igual que el de los laicos, se diseñó de forma que llegara hasta el borde de la sotana, llamándose este abrigo dulleta. Sin embargo, la capa y la dulleta coexistieron.
En España, la capa daba una vuelta colocándose sobre el hombro. Esta capa más larga se designaba con el nombre de manteo. En toda esta evolución de los trajes eclesiásticos, la costumbre era que cuando uno se ordenaba como clérigo, a partir de ese momento, todas sus vestiduras eran clericales. Manifestando de forma externa y visible la consagración total a Dios del propio ser, de la propia vida, de todos los pensamientos y deseos. Por eso, desde la recepción de la orden menor de la tonsura todas las vestiduras debían ser clericales. La tonsura era el signo de esta mentalidad. El sacerdote no sólo llevaba ropas sacerdotales, sino que incluso sus cabellos llevaban el signo de la consagración.

El clergyman hoy tan popular (traje oscuro de civil con cuello romano) surguio entre los Anglicanos en el Siglo XIX.

Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.



DESEAS APOYARNOS CON UN DONATIVO, DIOS TE BENDIGA POR SIEMPRE Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!


¡GRACIAS!

NOTA IMPORTANTE: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

Nuestros artículos están hechos para la evangelización y difusión de la verdadera fe católica y pueden ser usados, compartidos o publicados libremente en distintas páginas o foros, sin fines de lucro, siempre que se haga mención del autor del artículo, los créditos debidos y el nombre de ésta página, CATÓLICO DEFIENDE TU FE.


4 Maneras de saber cuándo alguien realmente te ama


4 MANERAS DE SABER CUÁNDO ALGUIEN REALMENTE TE AMA
Por: Dave Willis

El amor se basa en un compromiso, no en lo que conviene en el momento. El amor es una decisión, no un sentimiento.

Hace un tiempo visité uno de mis lugares favoritos en esta Tierra: El Orfanatorio Casa Shalom en Guatemala. Casa Shalom significa “Casa de paz” y realmente es un lugar de paz y amor para los casi 100 niños que viven ahí.

Mi amigo Josh dirige el orfanatorio junto con su esposa Jessica. Él nos estaba mostrando el lugar e iba contando la historia de cómo había llegado cada niño ahí. El me dijo:

"Este es Eduardo; sus padres fueron asesinados por narcotraficantes. Ella es Rosa; ella y sus hermanos vivían en la calle antes de que los trajeran aquí, comían del basurero y estaban malnutridos”.

Cada niño tenía una historia y todas ellas eran muy tristes. A pesar de que provenían de hogares rotos, estos niños ahora se veían felices y saludables.

Josh los conoce a cada uno por su nombre y parecía un padre orgulloso cuando abrazaba a unos o relataba los logros de otros, que eran buenos para el futbol, el arte o la música.

Una adolescente se acercó a Josh y le dio un abrazo. Mientras se alejaba contenta, a Josh se le humedecieron los ojos. Así me platicó su historia:

"Su nombre es Margarita. Ella creció en un hogar donde fue abusada de una forma horrible. Su padre era alcohólico y abusaba de ella de las peores maneras. Eventualmente la sacaron de esa casa y la pusieron al cuidado de una tía y su esposo, pero éste abusó de ella de la misma forma terrible en que lo había hecho su padre.

Ella tuvo que ser llevada a otros hogares, pero en cada uno, las personas que debieron protegerla, abusaron de ella.

Cuando finalmente llegó aquí, tenía el corazón desecho y estaba completamente sola. No confiaba en nadie, casi no hablaba. No estábamos seguros si algún día lograríamos ayudarla. Continuamos nuestra oración por ella y hacíamos todo lo mejor para mostrarle que el amor de Dios existe, pero después de varios meses, nada funcionaba”

Josh hizo una pausa para secar sus lágrimas y continuó:

"Una noche, mi esposa Jessica y yo estábamos sentados disfrutando el atardecer como usualmente lo hacemos, mirando a los niños jugar futbol y a las niñas jugar a la cuerda.

Admirábamos todos los hermosos sonidos que producían en la casa, cuando algo inesperado pasó. Margarita se acercó y se sentó a mi lado. Ella siempre había mantenido su distancia, especialmente con los hombres, pero ese día se acercó y lo que hizo me dejó sin aliento.

Apoyó su cabeza en mi hombro. Yo contuve mi respiración, esperando a que hablara. Cuando finalmente lo hizo me dijo estas palabras que nunca olvidaré:

"Cuando llegué, nunca pensé que pudiera sentirme segura ni de que alguien realmente me amaría, pero ahora, sé que aquí estoy segura y creo que tú realmente me amas"

Ese momento cambió la vida de Josh y le mostró un panorama de lo que realmente significa el amor.

La manera en que Dios nos ama y la manera en que Josh y su esposa Jessica mostraron amor a Margarita (y a cada niño en Casa Shalom), nos puede enseñar cómo debe ser realmente el amor.

Nuestra cultura ha tratado de redefinir el “amor” como algo que se limita a un sentimiento, pero el verdadero amor es algo mucho mayor a eso.

En cada relación sana, si alguien realmente ama, hace lo siguiente (y tú deberías hacerlo por él o ella también). Es la mayor prueba de amor.

Si alguien realmente te ama, entonces:

1.- Te dará lo que necesitas, incluso cuando no estés en posición de pagarle.

Cuando haces algún bien a alguien esperando recompensa, eso no es amor, es solo querer buscar una relación. El verdadero amor requiere dar algo a alguien sin pensar en recibir algo a cambio.

El amor nunca puede pagarse. El amor solo puede ser ofrecido y recibido libremente, sin precio ni condición.

2.- Trabajará para sanar tus heridas y protegerte de que no recibas nuevas
Cuando amas a alguien, ¡Debes ser la persona que enjuga sus lágrimas, no quien las causa!

El amor promueve sanación del pasado, paz en el presente y protección para el futuro. Así se reconoce el verdadero amor

3.- Si alguien te ama te ayudará a ser mejor

Si esa persona te ama de verdad, te aceptará en tu peor momento, mientras te apoya a que te conviertas en una mejor persona.

Cuando alguien realmente te ama, no tratará de cambiarte, pero tampoco te dejará estancarte sin lograr llegar a la plenitud que Dios pensó para ti.

El verdadero amor significa estar completamente comprometido con alguien, incluso cuando esa persona no pueda ser amada en ese momento.

Si alguien realmente te ama, creerá en ti, incluso en esos momentos cuando tú también dudas de ti mismo.

4.- ¡Nunca te abandonará!
El amor se basa en un compromiso, no en lo que conviene en el momento. El amor es una decisión, no un sentimiento. Si alguien realmente te ama, su compromiso durará incluso ante cualquier circunstancia de la vida.

Dios nos muestra Su Amor, haciendo cada una de estas cuatro acciones y nos llama a que nosotros también lo hagamos unos con otros.

Si no estás seguro de cómo empezar, aquí se nos explica cómo debemos amar (directamente de la Fuente):

"El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo" (1 de Corintios 13, 4-7)

Déjate guiar por el amor en tu vida y siempre estarás en camino de la dirección correcta.


Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:

http://es.catholic.net/op/articulos/68451/4-maneras-de-saber-cuando-alguien-realmente-te-ama.html



Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/

Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

TU DONATIVO NOS HACE FALTA Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!

¡GRACIAS!


¿Cuándo pasó la Iglesia de Jerusalén a Roma?


¿CUÁNDO PASÓ LA IGLESIA DE JERUSALÉN A ROMA?
Por: P. Miguel Angel Fuentes 

Referente al traslado de la sede de la Iglesia de Jerusalén a Roma.

Respecto del traslado de la sede de la Iglesia de Jerusalén a Roma, el libro de los Hechos de los Apóstoles termina su relato cerca de la actividad de Pedro en la iglesia madre de Jerusalén con la frase, enigmática, de que “se marchó a otro lugar”(Act 12, 17). No se ve ni el motivo de la marcha de Pedro, ni adonde se dirigió.

Nada puede afirmarse en concreto acerca de los puntos del camino que lo llevó a Roma, de la fecha de su llegada a la capital del imperio, ni sobre la duración de su estancia. Es, en cambio, seguro que tomó parte en el concilio de los apóstoles en Jerusalén, que ha de fecharse poco después de mediados de siglo, y que luego estuvo algún tiempo en Antioquía (Act 15, 7; Gal 2, 11-14).

El fundamento y sostén de la tradición romana petrina lo integran tres testimonios originales, muy próximos entre sí cronológicamente y que, tomados en conjunto, tienen una fuerza afirmativa que, prácticamente, se equipara a la certeza histórica. El primer testimonio es de origen romano, y se haya en la carta que Clemente, en nombre de la iglesia de Roma, envía a la de Corinto. Clemente viene a hablar, en el capítulo V, de casos recientes en que los cristianos, “por envidia”, sufrieron tormentos y hasta la muerte, De entre ellos descuellan Pedro y Pablo: “Pedro, que, por inicua emulación, hubo de soportar ni uno ni dos, sino mucho más trabajos y, después de dar así su testimonio, marchó al lugar de la gloria que le era debido”. Con el sufrió el martirio una gran muchedumbre “de elegidos”, entre ellos mujeres cristianas, que fueron ejecutadas vestidas de Danaides y Dirces. Se trata de una alusión a la persecución bajo Nerón y ello nos permite relacionar la muerte de Pedro y situarla cronológicamente a mediados de los años sesenta. Clemente no da dato alguno sobre la forma y lugar de la ejecución, y su silencio sobre el pormenor supone evidentemente en sus lectores conocimientos de los acontecimientos; a él mismo, como pasados en el lugar de su residencia y en sus mismos días (en su generación), le eran sin duda personalmente familiares.

El fondo esencial de ese testimonio lo hallamos también en una carta que, unos veinte años más tarde, fue dirigida desde oriente a la iglesia de Roma. Ignacio de Antioquía, obispo de la iglesia de la gentilidad de más rica tradición, que podía como nadie estar informado sobre la vida y muerte de los apóstoles, ruega a los cristianos de Roma no le priven de sufrir el martirio intercediendo por ante las autoridades romanas. Ignacio aclara su ruego la frase respetuosa: “Yo no os mando como Pedro y Pablo”. Luego éstos tuvieron un día con la Iglesia de Roma una relación que les dio una posición de autoridad, es decir, permanecieron allí como miembros activos de la comunidad, no pasajeramente, como visitantes casuales. El peso de este testimonio está en el hecho de que una afirmación venida del lejano oriente cristiano confirma inequívocamente lo que la iglesia romana sabe acerca de la estancia de Pedro en ella.

Próximo a la carta ignaciana a los romanos, se nos ofrece un tercer documento, como testimonio a favor de la estancia y martirio de Pedro en Roma: la Ascensio Isaiae (4,2s), cuya redacción cristiana data de hacia el año 100. Ésta habla en estilo de anuncio profético de que la plantación de los doce apóstoles será perseguida por Beliar, el asesino de su madre (Nerón), y uno de los doce será entregado en sus manos. Esta profecía se aclara por un fragmento del Apocalipsis de Pedro, que hay que atribuir igualmente a los comienzos del siglo II. Aquí se dice: “Mira, Pedro, a ti te lo he revelado y expuesto todo. Marcha, pues, a la ciudad de la prostitución, y bebe el cáliz que yo te he anunciado”. Este texto combinado, que demuestra conocer el martirio de Pedro en Roma bajo Nerón, confirma y subraya considerablemente la seguridad de la tradición romana. A estas tres afirmaciones fundamentales se añaden aún dos alusiones que redondean el cuadro de la tradición petrina. El autor del último capítulo del evangelio de Juan alude claramente a la muerte de Pedro por el martirio, y sabe evidentemente que fue ejecutado en la cruz (Jn 21,18s), si bien se calla respecto al lugar de martirio,. En cambio, en los versículos finales de la primera carta de Pedro se señala a Roma como su lugar de residencia, pues la carta se dice estar escrita en “Babilonia; ahora bien por “Babilonia” hay que entender antes que nada a Roma, como lo sugiere la ecuación Roma-Babilonia del Apocalipsis de Juan (14, 8; 16ss) y de la literatura judía apocalíptica y rabínica.

La tradición romana petrina no se rompe en el curso del siglo II y es atestiguada ampliamente por testimonios de los más variados territorios por los que se ha propagado el cristianismo; así, en oriente, por el obispo Dionisio de Corinto; en occidente, por Ireneo de Lyon, y en África, por Tertuliano. Aún es más importante el hecho de que no haya iglesia cristiana que pretenda para sí esta tradición ni se levante una voz contemporánea que la combata o ponga en duda. Esta ausencia casi sorprendente de toda tradición concurrente ha de estimarse sin duda como un factor decisivo en el examen crítico de la tradición romana.

Puede ver al respecto: Hubert Jedin, “Manual de Historia de la Iglesia”, Herder, Barcelona 1980, tomo I, pp. 186-188. Hemos tomado la respuesta de manera prácticamente literal.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:

http://es.catholic.net/op/articulos/9494/cundo-pas-la-iglesia-de-jerusaln-a-roma.html



Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/

Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

TU DONATIVO NOS HACE FALTA Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!
¡GRACIAS!


¿Cuándo haces oración te distraes mucho? Esto es para ti


¿CUANDO HACES ORACIÓN TE DISTRAES MUCHO? ESTO ES PARA TI
Por: Daniel Alberto Robles Macías 

La Iglesia nos comparte algunos consejos para poder combatir nuestras distracciones

En muchas ocasiones me ha pasado que cuando estoy haciendo oración me distraigo mucho, mi mente comienza a pensar en otras cosas y dejo de prestarle atención a lo que estoy haciendo en ese momento. Incluso, he pensado que es mejor no seguir y abandonar la oración. ¿Te ha pasado? ¿Qué debemos hacer? Vamos a ver.

Primero habrá que distinguir si nuestras distracciones son voluntarias o involuntarias. Las últimas llegan solas, nacen en nuestra mente en cualquier momento; ya sea cuando hacemos oración, al rezar el rosario o al participar de la Eucaristía. Éstas no se pueden evitar y experimentarlas no significa pecar. Por otro lado, las voluntarias, son aquellas a las que nosotros les abrimos las puertas, queremos experimentarlas y las buscamos. No llegan por sí solas y como tal sí nos apartan de Dios, por lo que llevan consigo una falta.

La Iglesia, a través del Catecismo en el número 2729, nos comparte algunos consejos para poder combatir nuestras distracciones:
1.-No las persigas: Dice textual: “Dedicarse a perseguir las distracciones es caer en sus redes”. Si nos proponemos analizar el porqué de su presencia y profundizamos más y más en su origen, sin darnos cuenta habremos caído en la trampa, pues nuestra mente terminará por centrarse totalmente en la distracción y no en Dios.

2.-Vuelve a tu oración: Si caímos presas de la distracción será suficiente con re direccionar nuestra mente y nuestro corazón a nuestra oración, a ese momento de encuentro con el Señor.

El artículo que citamos del Catecismo también dice: “La distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado”. Será bueno entonces preguntarnos, cuando hacemos oración, ¿la hacemos con el corazón y la mente puestos en el Señor o sólo tenemos la mente más no el corazón? Podemos caer en el error de que nuestra oración sea solamente repetir y repetir palabras como si fuera un monólogo aprendido. Debemos también reconocer que en muchas ocasiones damos más importancia a las cosas del mundo que a las de Dios.
Propongámonos fortalecer nuestro amor por Dios, que se encuentre libre de toda preocupación o pensamiento que pueda apartarnos del encuentro con Él. Antes de comenzar a orar, pidamos con humildad que nos ayude a centrarnos en su presencia con la mente y el corazón. Con nuestras propias palabras, las palabras del alma.

San Alfonso María de Ligorio escribe que “si tienes muchas distracciones durante la oración, puede ser que al diablo le moleste mucho esa oración”, y ya lo creo, pues la intención del enemigo es que nuestro encuentro con el Señor no se lleve a cabo, que por las distracciones y pendientes del mundo nos olvidemos de nutrir nuestra alma de Dios.

San Juan XXIII decía: “el peor rosario es el que no se reza”. Aunque las distracciones siempre lleguen a tu puerta y te hagan perder por un momento la concentración en tu oración, no decaigas, vuelve a comenzar tu diálogo y aprovéchalas. Si quizás te distraes por alguna situación de dolor o tristeza que estás viviendo, pídele con mayor intención al Señor, que te haga experimentar la paz que tu corazón necesita.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:





http://es.catholic.net/op/articulos/71425/cuando-haces-oracion-te-distraes-mucho-esto-es-para-ti.html


Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/

Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

TU DONATIVO NOS HACE FALTA Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!
¡GRACIAS!


¿Desde cuándo sabía Jesucristo que Él era el Mesías y que era Dios?


¿DESDE CUÁNDO SABÍA JESUCRISTO QUE ÉL ERA EL MESÍAS Y QUE ERA DIOS?
P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

Estimado Padre: ¿Desde cuándo supo Jesucristo que Él era el Mesías? Me dicen algunos que desde niño, otros que cuando fue bautizado en el Jordán por Juan, o desde antes de nacer, etc. Por favor, le agradecería que pusiera luz en este tema. Desde ya muy agradecido. Lo saludo en Cristo Jesús (Buenos Aires, Argentina).
Respuesta:

Estimado:

La tesis tradicional es que Jesucristo supo desde el primer instante de su concepción que Él era Dios; por fuerza también conoció su legación divina, o mesianismo.

Me refiero con esto no al conocimiento que Cristo poseyó en cuanto Dios sino al que poseyó en cuanto verdadero Hombre. Esta ciencia, por la cual conoció en su inteligencia humana su divinidad y mesianidad, es la llamada 'ciencia beatífica'. La ciencia beatífica es aquel conocimiento que corresponde a los ángeles y bienaventurados que contemplan en el cielo la esencia divina. Esta doctrina es común y cierta en teología. Los argumentos que se aducen son:

a) En la Sagrada Escritura no se dice explícitamente (si así fuera, sería de fe) pero se insinúa al menos su ciencia beatífica. Así por ejemplo: 'nadie sube al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo' (Jn 3,13). Esta afirmación es entendida en el sentido de que Cristo estaba en el cielo (por tanto era comprehensor como los bienaventurados y ángeles y tenía ciencia beatífica) mientras estaba en al tierra (siendo así también viador). También se entienden de la ciencia humana de Cristo los textos que dicen: 'Yo hablo lo que he visto en el Padre' (Jn 8,38) y 'El que viene del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído' (Jn 3,31-32). Aunque estos últimos textos podrían ser interpretados del conocimiento divino de Cristo.

Bíblicamente no podemos ir más allá.

b) El Magisterio no ha definido explícitamente el tema. Pero sobre todo es clarísimo el texto del Papa Pío XII en la encíclica Mystici corporis: 'Aquel amorosísimo conocimiento que, desde el primer momento de su encarnación, tuvo de nosotros el Redentor divino, está por encima de todo el alcance escrutador de la mente humana, toda vez que, en virtud de aquella ciencia beatífica de que disfrutó apenas recibido en el seno de la Madre divina, tiene siempre y continuamente presentes a todos los miembros del Cuerpo místico y los abraza con su amor salvífico... En el pesebre, en la cruz, en la gloria eterna del Padre, Cristo ve ante sus ojos y tiene unidos a Sí a todos los miembros de la Iglesia con mucha más claridad y mucho más amor que una madre conoce y ama al hijo que lleva en su regazo, que cualquiera se conoce y ama a sí mismo' (Mystici corporis, n. 34).

Se habla aquí: 1º) de ciencia beatífica; 2º) desde el primer instante de la encarnación; 3º) por la cual Cristo conoce su dignidad de cabeza del Cuerpo Místico. Por tanto, con mayor razón se diga que conoce su cualidad de Dios y de Mesías.

c) Desde el punto de vista teológico se debe argumentar por el lado de la unión hipostática. En efecto es este modo de unión que se da entre las dos naturalezas (divina y humana) en la sola Persona del Verbo el que plantea la necesidad de esta ciencia. Entre las dos naturalezas debe darse la máxima proporción posible; ahora bien, el máximo acercamiento del entendimiento humano a Dios se establece en la visión beatífica. Si de Cristo-hombre se puede y se debe decir 'Es Dios', con mayor razón debe decirse 'Ve a Dios' y 'Conoce que es Dios', pues es más 'ser' que 'ver o conocer' a Dios.

El Padre Francois Dreyfus en su libro 'Jesús, ¿sabía que era Dios?', explica cómo si bien no ha habido un pronunciamiento dogmático del Magisterio al respecto, debe ser considerada esta verdad como un elemento de la Revelación que el pueblo cristiano ha vivido siempre como una realidad en la que cree; la mayor parte de los cristianos siempre ha pensado: 'Si Cristo es Dios, evidentemente lo sabe'.

En cuanto a que todo esto se dio desde el primer instante de su concepción ya hemos visto el texto de Pío XII. Santo Tomás dedica una cuestión al tema, titulada 'Sobre la perfección de la prole concebida' (Suma Teológica, III, c. 34). Allí sostiene que tratándose de la Encarnación de la Persona del Verbo divino, la naturaleza humana por Él asumida debió estar adornada de excelsas prerrogativas desde el primer instante de su concepción; en el artículo 2, al hablar de la perfección del libre albedrío desde la concepción afirma: 'la perfección espiritual de la naturaleza humana que Cristo tomó no la fue adquiriendo por grados, sino que la poseyó por entero desde el principio'.

Del mismo modo, la tradición ha entendido de esta conciencia de Cristo el texto de Hebreos 10,5-7: 'Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo - pues de mí está escrito en el rollo del libro - a hacer, oh Dios, tu voluntad!'. Puede leerse en este sentido, por ejemplo, el comentario de Santo Tomás (Lectura super Ad Hebraeos, X, I, nn. 485-492.)


Si deseas conocer más sobre tu fe católica, visita nuestra página de Facebook.

https://www.facebook.com/defiendetufecatolico/

Nota importante: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

TU DONATIVO NOS HACE FALTA Estimado lector: ¡Gracias por seguirnos y leer nuestras publicaciones. Queremos seguir comprometidos con este apostolado y nos gustaría contar contigo, si está en tus posibilidades, apóyanos con un donativo que pueda ayudarnos a cubrir nuestros costos tecnológicos y poder así llegar cada vez a más personas. ¡Necesitamos de ti!
¡GRACIAS!



Publicaciones más leídas del mes

Donaciones:

BÚSCANOS EN FACEBOOK