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Sacerdotes realizarán Bendiciones Públicas a Parejas LGBT en Colonia: Polémica y desafío a la doctrina católica


El próximo 1 de octubre, la ciudad de Colonia, Alemania, será escenario de una manifestación que, en palabras de sus organizadores, será "en apoyo a los derechos de las parejas del mismo sexo", y es organizada por sacerdotes católicos de tendencias liberales y grupos pro-LGBT+. Bajo el título "You'll never walk alone" (Nunca caminarás solo), el evento tendrá lugar en la Plaza de la Bolsa y tiene como objetivo ofrecer bendiciones públicas a parejas homosexuales. Las organizadoras del evento, Marianne Arndt y Ulrike Platzhoff, anunciaron los detalles este lunes, en los que destacaron su compromiso de avanzar hacia un mayor "respeto, reconocimiento y atención a las diversas formas de vida de las personas" dentro de la Iglesia.

La polémica de las bendiciones a parejas del mismo sexo

Este evento se presenta en un contexto de creciente tensión dentro de la Iglesia católica en torno a la cuestión de las bendiciones a parejas homosexuales. Aunque el año pasado la Iglesia dio un primer paso al permitir bendiciones limitadas, la decisión ha sido objeto de controversia. La declaración oficial conocida como "Fiducia Supplicans" permite que parejas denominadas "irregulares", una categoría que incluye a las parejas del mismo sexo y a los divorciados vueltos a casar, reciban bendiciones, pero estas deben realizarse de manera breve y fuera del contexto de los servicios religiosos, con una duración máxima de 15 segundos. Para Platzhoff, este paso es insuficiente y "sigue siendo deshumanizante", dado que no ofrece un reconocimiento pleno dentro del marco litúrgico de la Iglesia.

Este tipo de ceremonias públicas ha generado preocupación en sectores de la Iglesia más apegados a la doctrina tradicional, que señalan que tales iniciativas pueden ir en contra de las enseñanzas morales y sacramentales establecidas por la Iglesia católica a lo largo de los siglos. Para muchos, la relación entre la fe y la vida de las parejas del mismo sexo plantea desafíos éticos y teológicos profundos que deben ser abordados con prudencia y fidelidad a la enseñanza de la Iglesia.

Un desafío a la postura de la Archidiócesis de Colonia

El evento en Colonia no es solo una oportunidad para ofrecer bendiciones, sino también un acto de protesta dirigido tanto a la Archidiócesis local como al Vaticano. "Poco antes del inicio de la próxima asamblea del Sínodo Mundial en Roma, se enviará un mensaje desde Colonia al Vaticano", explicó Marianne Arndt, organizadora del evento. Esta manifestación busca desafiar la postura de la Archidiócesis de Colonia, conocida por su línea más conservadora en temas relacionados con las bendiciones a parejas del mismo sexo.

Desde hace tiempo, la Archidiócesis de Colonia, encabezada por el cardenal Rainer Maria Woelki, ha mantenido una firme defensa de la enseñanza tradicional de la Iglesia, que reserva las bendiciones matrimoniales a la unión entre un hombre y una mujer. Para Woelki y muchos otros líderes eclesiásticos, la bendición de parejas del mismo sexo entra en conflicto con la naturaleza sacramental del matrimonio tal como lo define la doctrina católica.

El acto previsto en Colonia pretende ser, según las organizadoras, un desafío a esta postura, con la esperanza de que se abra un debate más amplio dentro de la Iglesia. Sin embargo, este tipo de iniciativas suscita preocupación entre quienes temen que pueda provocar divisiones internas en la comunidad católica.

El contexto del Sínodo Mundial y el mensaje a Roma

La manifestación en Colonia se celebrará en un momento clave, ya que precede a la próxima asamblea del Sínodo Mundial en Roma, donde se discutirán varios temas de relevancia para el futuro de la Iglesia. Los organizadores del evento ven en esta protesta una oportunidad para enviar un mensaje de inclusión y de apertura al Vaticano. Marianne Arndt subrayó que “un liderazgo de la Iglesia que califica a los amantes como irregulares traiciona el Evangelio”, haciendo eco de las críticas de quienes consideran que la actual enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y las relaciones del mismo sexo es insuficiente para atender las realidades pastorales de muchos fieles.

Sin embargo, la postura oficial de la Iglesia sobre el matrimonio sigue siendo clara. La doctrina establece que el sacramento del matrimonio es una unión exclusiva entre un hombre y una mujer, orientada hacia el bien de los cónyuges y la procreación de hijos. El Catecismo de la Iglesia Católica también señala que, aunque las personas con tendencias homosexuales deben ser tratadas con respeto y dignidad, "los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados" y no pueden ser aprobados.

Un acto de protesta y una línea divisoria dentro de la Iglesia

Aunque los organizadores del evento subrayan que buscan promover una mayor inclusión, las bendiciones públicas a parejas del mismo sexo en Colonia son vistas por muchos como un acto de protesta que podría profundizar la división dentro de la Iglesia católica. La cuestión de cómo acoger pastoralmente a las personas con tendencias homosexuales es un tema complejo y delicado que ha generado debates en muchas diócesis alrededor del mundo.

La enseñanza de la Iglesia, aunque insiste en el respeto hacia todas las personas, también sostiene que la verdad sobre el matrimonio y la sexualidad humana no debe ser alterada para satisfacer las demandas culturales o sociales. Para los católicos más conservadores, las ceremonias como la que se llevará a cabo en Colonia representan un desafío directo a la doctrina y un intento de cambiar la enseñanza de la Iglesia a través de la presión social.

Un llamado a la prudencia y fidelidad a la enseñanza de la Iglesia

A medida que se acerque la fecha del evento en Colonia, es probable que el debate sobre la bendición de parejas homosexuales continúe intensificándose, no solo en Alemania, sino en toda la Iglesia. Si bien algunos sectores ven en estas bendiciones una oportunidad para avanzar hacia una mayor inclusión, otros insisten en que la fidelidad a la enseñanza de la Iglesia no puede ser comprometida.

En este sentido, muchos líderes católicos han subrayado la importancia de la prudencia pastoral y de mantenerse fieles a las enseñanzas del Magisterio, incluso en situaciones que puedan ser dolorosas o desafiantes. El Papa Francisco, aunque ha llamado repetidamente a acoger a todas las personas con amor y misericordia, también ha reafirmado la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio, dejando claro que la doctrina no está sujeta a cambios en función de las presiones sociales.

Mientras Colonia se prepara para este evento, la Iglesia católica se enfrenta a uno de los desafíos más complejos de su tiempo: cómo mantener el equilibrio entre la verdad doctrinal y la caridad pastoral, sin comprometer los principios que han guiado a la Iglesia a lo largo de los siglos.

Arquidiócesis alemana condenada a pagar 300 mil euros a una víctima de la que un sacerdote abusó “más de 300 veces”


Además, el tribunal ordenó que se compense al demandante por cualquier costo futuro, incluidos los honorarios del terapeuta para tratar sus cicatrices psicológicas

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Un tribunal alemán ha ordenado este martes a la archidiócesis de Colonia, tal como informa AFP, a pagar 300,000 euros por daños y perjuicios a una víctima de repetidos abusos sexuales por parte de un sacerdote en la década de 1970.

Según la víctima, que hoy tiene 62 años, el sacerdote habría abusado de él “más de 300 veces”, motivo por el cual habría exigido una suma de 750.000 euros. La Archidiócesis, por su parte, no negó ni cuestionó los abusos durante el juicio, lo que significa que los jueces dictaron sentencia sobre la base de que estas acusaciones eran ciertas.

Cualquier gasto futuro

Así, el tribunal ha condenado a la Archidiócesis, finalmente, a “pagar 300,000 euros por el dolor y el sufrimiento de la víctima, menos un pago anterior de 25,000 euros” realizado por la misma como parte de un acuerdo.

Además, el tribunal ordenó que se compense al demandante por cualquier costo futuro relacionado con el abuso, incluidos los honorarios del terapeuta para tratar las cicatrices psicológicas resultantes.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

San Bruno de Colonia


SAN BRUNO DE COLONIA, RUEGA POR NOSOTROS
6 de octubre Siglo XII

San Bruno, presbítero, que, oriundo de Colonia, en Lotaringia, enseñó ciencias eclesiásticas en la Galia, pero deseando llevar vida solitaria, con algunos discípulos se instaló en el apartado valle de Cartuja, en los Alpes, dando origen a una Orden que conjuga la soledad de los eremitas con la vida común de los cenobitas. Llamado por el papa Urbano II a Roma, para que le ayudase en las necesidades de la Iglesia, pasó los últimos años de su vida como eremita en el cenobio de La Torre, en Calabria.

Vida de San Bruno de Colonia

Confesor, autor eclesiástico y fundador de la Orden de la Cartuja. Nació en Colonia hacia el año 1030; murió el 6 de octubre de 1101. Se le representa habitualmente con una calavera en las manos, un libro y una cruz, o coronado con siete estrellas; o con un pergamino que porta la divisa O Bonitas. Su fiesta se celebra el 6 de Octubre. Según la tradición, San Bruno pertenecía a la familia de Hartenfaust, o Hardebüst, una de las principales familias de la ciudad, y en recuerdo de este origen diferentes miembros de la familia de Hartenfaust han recibido de los Cartujos o bien oraciones especiales por los muertos, como en el caso de Peter Bruno Hartenfaust en 1714, y Louis Alexander Hartenfaust, barón de Laach, en 1740; o una relación personal con la orden, como con Louis Bruno de Hardevüst, barón de Laach y burgomaestre de la ciudad de Bergues-S. Winnoc, en la diócesis de Cambrai, con el que se extinguió la línea masculina de la familia Hardevüst el 22 de Marzo de 1784.

Tenemos poca información sobre la infancia y juventud de San Bruno. Nacido en Colonia, habría estudiado en el colegio de la ciudad, o colegiata de San Cuniberto. Mientras era aún bastante joven (a pueris) fue a completar su educación a Reims, atraído por la reputación de la escuela episcopal y de su director, Heriman. Allí acabó sus estudios clásicos y se perfeccionó en las ciencias sagradas que en esa época consistían principalmente en el estudio de las Sagradas Escrituras y de los Padres. Allí se hizo, según el testimonio de sus contemporáneos, instruido tanto en la ciencia humana como divina. Completada su educación, San Bruno volvió a Colonia, donde fue provisto de una canonjía en San Cuniberto, y según la opinión más probable, elevado a la dignidad sacerdotal. Esto fue hacia el año 1055. En 1056, el obispo Gervais le llamó a Reims, para ayudar a su antiguo maestro Heriman en la dirección de la escuela. Este último estaba ya dirigiendo su atención hacia una forma de vida más perfecta, y cuando al final dejó el mundo para ingresar en la vida religiosa, en 1057, San Bruno se encontró como director de la escuela episcopal, o ecólatra, un puesto tan difícil como elevado, pues entonces incluía la dirección de las escuelas públicas y la supervisión de todos los establecimientos educativos de la diócesis. Durante casi veinte años, de 1057 a 1075, mantuvo el prestigio que la escuela de Reims había alcanzado bajo sus antiguos directores, Remi de Auxerre, Hucbald de St. Amand, Gerberto y últimamente Heriman. De la excelencia de su enseñanza tenemos una prueba en los títulos funerarios compuestos en su honor, que celebran su elocuencia, sus talentos poético, filosófico y por encima de todos exegético y teológico; y también en los méritos de sus discípulos, entre los cuales estaban Eudes de Châtillon, después Urbano II, Rangier, cardenal y obispo de Reggio, Robert, obispo de Langres y un gran número de prelados y abades.

En 1075 San Bruno fue nombrado canciller de la iglesia de Reims, y tuvo entonces que dedicarse especialmente a la administración de la diócesis. Mientras tanto, el piadoso obispo Gervais, amigo de San Bruno, había sido sucedido por Manasés de Gournai, que rápidamente se hizo odioso por su impiedad y violencia. El canciller y otros dos canónigos fueron encargados de llevar al legado papal, Hugo de Die, las quejas del indignado clero, y en el concilio de Autun, 1077, obtuvieron la suspensión del indigno prelado. La respuesta de este último fue arrasar las casas de sus acusadores, confiscar sus bienes, vender sus beneficios y apelar al Papa. Entonces Bruno se ausentó por un tiempo de Reims, y fue probablemente a Roma a defender la justicia de su causa. Sólo en 1080 una sentencia clara, confirmada por un alzamiento del pueblo, obligó a Manasés a retirarse y refugiarse con el emperador Enrique IV. Libre entonces de elegir otro obispo, el clero estaba a punto de unir sus votos en el canciller. Él, sin embargo, tenía designios muy diferentes en perspectiva. Según una tradición conservada en la Orden de la Cartuja, Bruno se persuadió de abandonar el mundo por la contemplación de un célebre prodigio, popularizado por el pincel de Lesueur – la triple resurrección del médico parisino, Raymond Diocres. A esta tradición se opone el silencio de los contemporáneos y de los primeros biógrafos del santo; el silencio del propio San Bruno en su carta a Raoul le Vert, preboste de Reims; y la imposibilidad de probar que estuviera nunca en París. No había necesidad de argumento tan extraordinario para hacerle dejar el mundo. Algún tiempo antes, cuando estaba en conversación con dos de sus amigos, Raúl y Fulco, canónigos como él de Reims, se habían inflamado tanto en el amor de Dios y el deseo de los bienes eternos que habían hecho voto de abandonar el mundo y abrazar la vida religiosa. Este voto, pronunciado en 1077, no pudo ponerse en obra hasta 1080, debido a diversas circunstancias.

La primera idea de San Bruno al dejar Reims parece haber sido ponerse él y sus compañeros bajo la dirección de un eminente solitario, San Roberto, que recientemente (1075) se había establecido en Molesme, en la diócesis de Langres, junto con un grupo de otros solitarios que iban más tarde (1098) a constituir la Orden Cisterciense. Pero pronto vio que esta no era su vocación, y después de una corta estancia en Sèche-Fontaine cerca de Molesme, dejó a dos de sus compañeros, Pedro y Lamberto, y se dirigió con otros seis a Hugo de Châteauneuf, obispo de Grenoble, y, según algunos autores, uno de sus discípulos. El obispo, a quien Dios había mostrado a estos hombres en un sueño, bajo la imagen de siete estrellas, les condujo e instaló él mismo (1084) en un lugar agreste de los Alpes del Delfinado llamado Chartreuse, a unas cuatro leguas de Grenoble, en medio de rocas escarpadas y montañas casi siempre cubiertas de nieve. Con San Bruno estaban Landuino, los dos Esteban, de Bourg y de Die, canónigos de San Rufo, y Hugo el Capellán, “todos ellos los hombres más sabios de su tiempo”, y dos laicos, Andrés y Guerin, que después se convirtieron en los primeros hermanos legos. Construyeron un pequeño monasterio donde vivieron en profundo retiro y pobreza, completamente ocupados en la oración y el estudio, y honrados frecuentemente con las visitas de San Hugo, que se volvió como uno de ellos. Su modo de vida ha sido recogido por un contemporáneo, Guibert de Nogent, que les visitó en su soledad. (De Vitâ suâ, I, ii). Mientras tanto, otro discípulo de San Bruno, Eudes de Châtillon, se había convertido en Papa con el nombre de Urbano II (1088). Resuelto a continuar la obra de reforma comenzada por Gregorio VII, y estando obligado a luchar contra el antipapa, Guiberto de Ravena, y el emperador Enrique IV, buscó rodearse de aliados devotos y llamó a su antiguo maestro ad Sedis Apostolicae servitium. Así el solitario se vio obligado a dejar el lugar donde había pasado más de seis años de retiro, seguido por una parte de su comunidad que no podía mentalizarse a vivir separada de él (1090). Es difícil indicar el lugar que ocupó entonces en la corte pontificia, o su influencia en los acontecimientos contemporáneos, que fue totalmente oculta y confidencial. Alojado en el palacio del propio Papa y admitido a sus consejos, y encargado, además, con otros colaboradores, de preparar asuntos para los numerosos concilios de este periodo, debemos concederle algún crédito por sus resultados. Pero él tuvo siempre cuidado de mantenerse en segundo plano, y aunque parece haber asistido al Concilio de Benevento (Marzo de 1091), no encontramos evidencia de que hubiera estado presente en los concilios de Troja (Marzo de 1093), de Piacenza (Marzo de 1095) o de Clermont (Noviembre de 1095). Su papel en la historia está borroso. Todo lo que podemos decir con seguridad es que apoyó con todas sus fuerzas al Soberano Pontífice en sus esfuerzos para la reforma del clero, esfuerzos inaugurados en el Concilio de Melfi (1089) y continuados en el de Benevento.

Poco tiempo después de la llegada de San Bruno, el Papa se había visto obligado a abandonar Roma ante las fuerzas victoriosas del emperador y el antipapa. Se retiró con toda su corte al sur de Italia. Durante el viaje, el antiguo profesor de Reims atrajo la atención del clero de Reggio en Calabria, que acababa de perder a su arzobispo Arnulfo (1090), y le dieron sus votos. El Papa y el príncipe normando Roger, Duque de Apulia, aprobaron firmemente la elección y presionaron a San Bruno a aceptarla. En una coyuntura similar en Reims había escapado huyendo; esta vez escapó haciendo que fuera elegido uno de sus antiguos discípulos, Rangier, que afortunadamente estaba cerca en la abadía benedictina de La Cava, cerca de Salerno. Pero temió que tales intentos se repitieran; además estaba cansado de la agitada vida que le había sido impuesta, y la soledad le invitaba siempre. Pidió, por tanto, y después de mucha dificultad, consiguió el permiso del Papa para volver de nuevo a su vida solitaria. Su intención era reunirse con sus hermanos en el Delfinado, como deja claro una carta dirigida a ellos. Pero la voluntad de Urbano II le mantuvo en Italia, cerca de la corte papal, a la que podía ser llamado en caso de necesidad. El lugar elegido para su nuevo retiro por San Bruno y algunos seguidores estaba en la diócesis de Squillace, en la vertiente oriental de la gran cadena que cruza Calabria de norte a sur, y en un alto valle de tres millas de largo y dos de ancho, cubierto de vegetación. Los nuevos solitarios construyeron una pequeña capilla de tablones para sus reuniones piadosas y, en las profundidades de los bosques, cabañas con techo de barro para sus moradas. Una leyenda dice que San Bruno mientras estaba en oración fue descubierto por los sabuesos de Roger, Gran Conde de Sicilia y Calabria y tío del Duque de Apulia, que estaba cazando entonces en la vecindad, y que así aprendió a conocerlo y venerarlo; pero el Conde no tenía necesidad de esperar esa ocasión para conocerle, pues fue probablemente por invitación suya que los nuevos solitarios se establecieron en sus dominios. Ese mismo año (1091) les visitó, les hizo cesión de las tierras que ocupaban, y una estrecha amistad se creó entre ellos. Más de una vez San Bruno fue a Mileto a tomar parte de las alegrías y las penas de la noble familia, para visitar al Conde cuando enfermó (1098 y 1101), y para bautizar a su hijo, Roger, el futuro Rey de Sicilia. Pero más a menudo fue Roger quien fue al desierto a visitar a sus amigos, y cuando, por su generosidad, se construyó el monasterio de San Esteban, en 1095, cerca de la ermita de Santa María, se erigió anexa a él una pequeña casa de campo en la que le gustaba pasar el tiempo que le dejaba libre el gobierno de su Estado.

Mientras tanto los amigos de San Bruno murieron uno tras otro: Urbano II en 1099; Landuino, el prior de la Gran Cartuja, su primer compañero, en 1100; el Conde Roger en 1101. Su propio tiempo se acercaba. Antes de su muerte reunió por última vez a sus hermanos a su alrededor e hizo en su presencia profesión de la Fe Católica, cuyos términos se han conservado. Afirma con especial énfasis su fe en el misterio de la Santísima Trinidad, y en la presencia real de Nuestro Salvador en la Sagrada Eucaristía – una protesta contra las dos herejías que habían perturbado ese siglo, el triteísmo de Roscelin, y la empanación de Berengario. Tras su muerte, los Cartujos de Calabria, siguiendo una costumbre frecuente de la Edad Media por medio de la cual el mundo cristiano se asociaba a la muerte de sus santos, despacharon a un “portador de rollo”, un criado del convento cargado con un largo rollo de pergamino, colgado de su cuello, que viajó por Italia, Francia, Alemania e Inglaterra. Se detuvo en las principales iglesias y comunidades para anunciar la muerte, y a cambio, las iglesias, comunidades o capítulos inscribían en su rollo, en prosa o verso, la expresión de sus sentimientos, con promesas de oraciones. Muchos de estos rollos se han conservado, pero pocos son tan extensos o tan llenos de alabanzas como el de San Bruno. Mil setenta y ocho testigos, de los que la mayoría había conocido al fallecido, celebraban la extensión de su conocimiento y lo fructífero de su instrucción. Los que le eran extraños estaban sobre todo impresionados por su conocimiento y talentos. Pero sus discípulos alababan sus tres principales virtudes – su gran espíritu de oración, una extrema mortificación y una filial devoción a la Santísima Virgen. Las dos iglesias construidas por él en el desierto estaban dedicadas a la Santísima Virgen: Nuestra Señora de Casalibus en el Delfinado, Nuestra Señora della Torre en Calabria, y, fieles a su inspiración, los Estatutos Cartujos proclaman a la Madre de Dios como la primera y principal patrona de todas las casas de la orden, cualquiera que sea su patrón particular.

San Bruno fue enterrado en el pequeño cementerio de la ermita de Santa María, y muchos milagros se obraron en su tumba. Nunca ha sido canonizado formalmente. Su culto, autorizado para la Orden Cartuja por León X en 1514, se extendió a toda la Iglesia por Gregorio XV, el 17 de Febrero de 1623, como fiesta semi-doble, y elevada a la clase de doble por Clemente X el 14 de Marzo de 1674. San Bruno es el santo popular de Calabria; todos los años una gran multitud acude a la Cartuja de San Esteban, el lunes y martes de Pentecostés, en que sus reliquias son llevadas en procesión a la ermita de Santa María, donde vivió, y la gente visita los lugares santificados por su presencia. Una cantidad inmensa de medallas se acuña en su honor y se distribuye entre la muchedumbre, y se bendicen los pequeños hábitos cartujos, que tantos niños de la vecindad llevan. Se le invoca especialmente, y con éxito, para la liberación de los posesos.

Como escritor y fundador de una orden, San Bruno ocupa un puesto importante en la historia del Siglo XI. Compuso comentarios sobre los Salmos y las Epístolas de San Pablo, los primeros escritos probablemente durante su época de profesor en Reims, los segundos durante su estancia en la Gran Cartuja si podemos creer a un viejo manuscrito visto por Mabillon-- "Explicit glosarius Brunonis heremitae super Epistolas B. Pauli".

Dos cartas suyas aún se conservan, también su profesión de fe, y una corta elegía de desprecio del mundo que muestra que cultivó la poesía. Los “Comentarios” nos descubren a un hombre ilustrado; sabe un poco de hebreo y griego y lo usa para explicar, o si es necesario, para rectificar la Vulgata; está familiarizado con los Padres, especialmente San Agustín y San Ambrosio, sus favoritos. “Su estilo”, dice Dom Rivet, “es conciso, claro, nervioso y simple, y su latín tan bueno como podría esperarse de ese siglo: sería difícil encontrar una composición de esta clase más sólida y más luminosa, más concisa y más clara”. Sus escritos se han publicado varias veces: en París, 1509-24; Colonia, 1611-40; Migne, Patrología Latina, CLII, CLIII, Montreuil-sur-Mer, 1891. La edición de París de 1524 y las de Colonia incluyen también algunos sermones y homilías que pueden ser más justamente atribuidos a San Bruno, obispo de Segni. El Prefacio de la Santísima Virgen le ha sido también erróneamente atribuido; es muy anterior, aunque puede haber contribuido a introducirlo en la liturgia. Lo distintivo de San Bruno como fundador de una orden fue que introdujo en la vida religiosa la forma mixta, o unión de los modos eremítico y cenobita del monasticismo, un estado intermedio entre la regla de la Camáldula y la de San Benito. No escribió regla, pero dejó tras sí dos instituciones que tenían poca relación una con la otra – la del Delfinado y la de Calabria. La fundación de Calabria, en cierto modo parecida a la de la Camáldula, comprendía dos clases de religiosos: ermitaños, que tenían la dirección de la orden, y cenobitas que no se sentían llamados a la vida solitaria; sólo duró un siglo, no erigió más que cinco casas, y finalmente, en 1191, se unió con la Orden Cisterciense. La fundación de Grenoble, más similar a la regla de San Benito, comprendía sólo una clase de religiosos, sujetos a una disciplina uniforme, y la mayor parte de cuya vida se pasaba en soledad, sin la completa exclusión, sin embargo, de la vida conventual. Esta vida se extendió por toda Europa, contó con 250 monasterios, y pese a muchas pruebas continua hasta ahora.

La gran figura de San Bruno ha sido representada a menudo por los artistas y ha inspirado más de una obra maestra: en escultura, por ejemplo, la gran estatua de Houdon, en Santa María de los Ángeles en Roma, “que hablaría si su regla no le obligara al silencio”; en pintura, el bello retrato de Zurbarán, en el Museo de Sevilla, que representa a Urbano II y San Bruno en conversación; la Aparición de la Santísima Virgen a San Bruno, de Guercino, en Bolonia; y por encima de todas las veintidós pinturas que forman la galería de San Bruno en el Museo del Louvre, “una obra maestra de Le Sueur y de la escuela francesa”.

AMBROSE MOUGEL Transcrito por Donald Jacob Uitvlugt Traducido por Francisco Vázquez

(Fuente: Enciclopedia Católica en aciprensa.com)

Oración a San Bruno de Colonia

Oh Dios, que llamaste a San Bruno a serviros en la soledad, por su intercesión, concedednos que en medio de los avatares de este mundo, nuestro corazón encuentre siempre reposo en vós. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén


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Un misterio: ¿Dónde están sepultados los Reyes Magos?



UN MISTERIO: ¿DÓNDE ESTÁN SEPULTADOS LOS REYES MAGOS? 


Hace 854 años que los restos de los Tres Reyes Magos yacen en la catedral alemana de Colonia, en el oeste del país. Pero, ¿Se trata realmente de Melchor, Gaspar y Baltasar? 

Hace exactamente 854 años, el 23 de julio de 1164, el arzobispo Rainald von Dassel trasladó los restos hasta Colonia. Entonces nadie puso en duda su veracidad, pero hoy en día muchos quieren saber exactamente si los restos son o no son de sus majestades de Oriente. 

La primera sorpresa: en la Biblia apenas se encuentran menciones sobre los Tres Reyes Magos. Tres de los cuatro evangelistas los ignoran. Sólo aparecen mencionados en el Evangelio de San Mateo, pero no habla de reyes, sino de “magoi”. 

Cuando San Mateo escribió su Evangelio, el término “magoi” englobaba a los miembros de la casta de los sacerdotes persa-babilónica, que se ocupaban de la astronomía y de la astrología. El concepto “judiciario” (personas que estudian la posición y el movimiento de los astros) habría sido por ello el correcto. 

No fue hasta el siglo V cuando los magos se convirtieron en reyes, debido seguramente a que en el Antiguo Testamento había una profecía que hablaba que el Mesías recibiría regalos de los reyes. 

El evangelista también menciona otro detalle: el asunto de la estrella. “Vimos salir una estrella y la seguimos para adorarle‘, relatan los ‘magoi‘. ‘Y la estrella, que vieron en el cielo, les guió hasta el lugar donde estaba el niño”. Así, a lo largo de los años la existencia de la estrella de Belén no sólo cautivó a los teólogos, sino también a los astrónomos. 

Actualmente muchos científicos están convencidos de que sí que apareció la estrella. Mientras en muchas imágenes es representada como un cometa con una larga estela, la mayoría de los investigadores creen que se trató de una conjunción -aspecto de dos astros que ocupan una misma casa celeste- creada al ponerse los planetas Saturno y Júpiter uno al lado del otro, muy cerca. 

Por otro lado, el nombre de los Tres Reyes Magos no tiene su origen en la Biblia. La primera vez que aparecen Melchor, Gaspar y Baltasar fue en el siglo VI. El monje benedictino inglés Beda Venerabilis supo en torno al año 725 que Melchor fue un anciano con barba blanca, Baltasar un hombre de mediana edad con una barba tupida negra y Gaspar un mozalbete sin barba. En base a esto los asignó a los continentes conocidos entonces: Europa, Asia y África. 

Posteriormente, Baltasar fue calificado como un moro noble de África. De esta manera, los reyes representaban a todos los hombres del planeta: mayores y jóvenes, negros y blancos. 

Sin embargo, ¿Están sus restos realmente en el la catedral de Colonia? Para ello hay que seguir la historia de las reliquias. Al parecer Flavia Iulia Helena Augusta, también conocida como Helena de Constantinopla y madre del emperador romano Constantino I, descubrió los restos durante un viaje de peregrinación a Palestina. 

A través de Constantinopla, los huesos llegaron a Milán, conquistada de nuevo en 1162 por el emperador Barbarroja. Inmediatamente después acabaron en manos del arzobispo de Colonia Rainald von Dassel. No está claro si fue un regalo del emperador o si él mismo llegó a ellos. En cualquier caso, llevó el trofeo de guerra en 1164 a la ciudad alemana. 

Aunque los restos no habían causado demasiado revuelo hasta el momento, durante su viaje Dassel fue haciendo paradas y consiguió elevar enormemente la popularidad de las valiosas reliquias. Así, Colonia acabó convirtiéndose en una ciudad de peregrinación, junto a Santiago de Compostela y Roma, gracias a la llegada de las reliquias. 

Para poner de relieve la gran importancia de los huesos, Colonia ordenó al más famoso orfebre, Nikolaus von Verdun, un trabajo de orfebrería titánico: la creación del cofre duró 40 años.


Pero aquello no era suficiente para albergar el mayor relicario de la cristiandad, según Colonia. Debían construir una nueva catedral, más grande que la antigua, para que fuera la mayor iglesia sobre la Tierra. Así comenzó la construcción de la nueva catedral de Colonia, que perduró hasta nuestros días.


Fue el 21 de julio de 1864 cuando los investigadores, con gran sorpresa, descubrieron los esqueletos casi completos de un joven de 12 años y de dos hombres mayores, de 30 y 50 años. Las edades encajaban con la representación de los Tres Reyes Magos. 

Y no fue la única sorpresa. Más de cien años después, en 1979, se analizó la tela con la que habían envuelto los huesos. El resultado: se trataba de un damasco de seda y púrpura del siglo II o III después de Cristo. La ropa era por tanto más antigua de lo que se pensaba.


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