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El número de ateos en España se multiplica durante la pandemia, ya casi es el 40% de la población.



“Entre los párrocos hablamos mucho y hemos constatado que ahora vienen menos personas a misa los domingos. No creo que haya menos creyentes pero, sobre todo en las grandes ciudades, parece que en su forma de vida ya no está la obligación de ir a misa cada domingo”, admite el párroco de la céntrica iglesia de Santa Anna, en Barcelona, Peio Sánchez.

La Fundación Ferrer i Guàrdia ha presentado este jueves su informe sobre la evolución de la religiosidad y laicidad en España y ha constatado que durante los dos años de pandemia se ha acelerado la pérdida de las creencias religiosas entre la población.

Según los datos recopilados en dicho estudio –elaborado a partir de los barómetros del CIS–, si en el año 2000 solo el 13,2% de la población española se declaraba atea o agnóstica, en 2019 lo hacía el 27,5% y el pasado 2021 los no creyentes eran el 37,1% frente al 58,8% que se consideraban católicos y el 2,5% de creyentes de otras confesiones. La Fundación Ferrer i Guàrdia señala que los españoles más jóvenes son cada vez menos creyentes: el 63,5% de los ciudadanos de entre 18 y 24 años no tienen ningún tipo de creencia y el 56,2% de los encuestados de entre 25 y 34 años se declaran ateos o agnósticos. En contraposición, solo el 21,1% de los mayores de 65 años no tienen creencias religiosas.

Josep Mañé es uno de los investigadores de la Fundación Ferrer i Guàrdia que ha participado en la confección del informe. Asegura que el escándalo de los casos de abusos sexuales en la Iglesia (que se ha intensificado durante los dos últimos años) no suele, por la experiencia de otros informes, modificar las creencias de los encuestados. Aún así, el coautor del documento ha querido destacar que, tras analizar el barómetro del CIS, la fundación ha podido constatar que el porcentaje de personas “creyentes no practicantes” aumentó después de la pandemia, pasando del 41,7% al 44% entre abril y mayo de 2020. “Creemos en la hipótesis de que, debido al confinamiento y al teletrabajo, había más personas que respondieron a la encuesta telefónica del CIS y eso ha proporcionado una imagen más real. Aun así, no descartamos que la coyuntura de la covid-19 haya hecho cambiar la tendencia en cuanto a la práctica religiosa”, mantiene Mañé.

El presidente de la Fundación Ferrer i Guàrdia, Joan-Francesc Pont, se pregunta en voz alta: “¿Cuántos de los que se manifiestan creyentes lo son al 100%, al 55% o al 6%? Hay que tener en cuenta que cuando la intensidad de las creencias disminuye es mucho más fácil vivir todos juntos porque eso implica que nadie pretende ocupar todo el espacio. Un alto índice de laicidad permite una religión a la carta donde la gente coge aquello que les interesa y no lo que les traumatiza. El ejemplo más evidente es la relación del número de católicos que hay en España y las estadísticas de venta de anticonceptivos. Las cifras son incompatibles y es evidente que, afortunadamente, optan por una religión a la carta”.

El informe destaca que nueve de cada diez enlaces matrimoniales ya se realizan por la vía civil. En 2008 la mitad de los enlaces fueron civiles y desde entonces los matrimonios religiosos han descendido hasta registrase un mínimo histórico en 2020, cuando solo el 10,5% de las bodas fueron religiosas. Pese a ello, la pandemia ha reducido el número de bodas un 45% y los propios redactores del informe mantienen que es pronto para determinar la tendencia. Aun así, hay lugares donde las bodas religiosas casi han desaparecido. En Melilla, el 93,88% de los enlaces son civiles, en Cataluña el 93,59% y en el País Vasco el 93,55%.

Los últimos datos fiscales disponibles por el Ministerio de Hacienda en el año 2018 destacan que el número de personas que eligieron únicamente la casilla de la Iglesia católica en la declaración de la renta desciende año a año desde la década de los 90. Es aquí donde debería encontrarse el verdadero drama económico de la Iglesia española, pero no es así. Los contribuyentes pueden optar en su declaración por destinar un porcentaje de su cuota íntegra a colaborar con el sostenimiento económico de la Iglesia católica o destinar esa cuota a “otros fines de interés social”. En 1998 el 36,60% de los contribuyentes marcaban en exclusiva la casilla de la Iglesia en su declaración, mientras que la declaración de 2018 fueron el 11,30%.

Al contrario, la casilla que destina parte de la cuota a “otros fines” ha aumentado año a año: en 1998 la marcaron el 29,20% de los contribuyentes, mientras que en 2018 la marcaron el 32,8%. Los contribuyentes también tienen la opción de marcar las dos casillas y destinar a ambas causas un pequeño porcentaje de la renta. El número de contribuyentes que marca ambas casillas ha pasado de 10,30% en 1999 a 21,40% en 2018. Los redactores del informe de la Fundación Ferrer i Guàrdia han constatado, tras analizar la campaña de la renta, que “solo tres de cada diez contribuyentes financian la Iglesia Católica con su asignación del IRPF”. Por el contrario, pese a que cada vez menos españoles marcan la casilla de la iglesia, el clero recibe cada vez mayor cantidad de dinero. Si en 1998 la iglesia recibió 97,22 millones de euros tras la campaña de la renta, en 2018 se alcanzó una cifra récord con 261 millones. “Cada vez hay menos gente que marca la casilla de la renta pero, clarísimamente, la gente que la marca es cada vez más rica”, sostiene Mañé.

La laicidad, más presente en las aulas

En cuanto a la religión en las aulas, cada vez aumenta más la laicidad. Según los datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional del curso 2018-2019, se incrementa el porcentaje de estudiantes de primaria que cursa materias alternativas a la religión, aunque no son la mayoría. En el curso 2018-2019 fueron el 36,1% de los alumnos de primaria y el 39,6% de los de ESO los que cursaron materias alternativas. En el País Vasco el 59,7% de los alumnos de primaria no cursan religión y es la comunidad autónoma con mayor porcentaje de actividades laicas en las aulas, seguida de Cataluña, donde el 58,4% no cursan religión, y de las Islas Baleares, con el 45,8%. En el otro lado de la balanza se encuentra Ceuta donde solo el 8,6% de los alumnos de primaria cursan asignaturas alternativas a la religión; Extremadura con el 13,6%, y Andalucía, con el 19,5%. Curiosamente, en el caso de la ESO, las zonas donde más materias alternativas a la religión se realizan son Ceuta (70,9%), Melilla 74,7% y el País Vasco (58%). Según Mañé se mantiene un alto porcentaje de alumnos que estudian religión en los institutos de secundaria por un motivo: “La reforma educativa del PP hizo que la religión contabilizara en la media y por tanto en la nota de acceso a la universidad y puede que sea una asignatura asequible que pueda contribuir a subir la media”, apunta el investigador.

Los redactores del informe denuncian que, pese a que desde el curso 2015-2016 el alumnado de la asignatura de religión ha disminuido, pasando de 3.584.558 estudiantes a 3.337.917, el número de profesores ha crecido. En el curso 2013-2014 había 25.660 docentes mientras que en el curso 2018-2019 había 35.294 profesores de religión, según la memoria anual de actividades de la Iglesia católica de España. De esta contabilidad, están fuera los profesores que imparten clases de otras confesiones, como la musulmana o evangelista. “La religión en el templo y el conocimiento en la escuela solo se cumple en los países de nuestro entorno y no en España”, denuncia Joan-Francesc Pont.

¿Qué pasa si un enfermo de Covid muere sin confesión? Leer esto te reconfortará.


En estos tiempos, marcados por muchas muertes no anunciadas, donde es común escuchar que tal o cual persona falleció por causas de la pandemia, surge esta inquietante pregunta: ¿qué pasa con el alma de N, que muere de covid sin confesión (para bien morir) y tampoco pudo recibir la Unción de los Enfermos?

La gracia de los sacramentos

El Señor Jesucristo -médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos-, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo (cf Mc 2,1-12), quiso que su Iglesia continuara, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y salvación, incluso en sus propios miembros.

Esta es la finalidad de los dos Sacramentos de curación: del sacramento de la Penitencia y de la Unción de los Enfermos (CEC 421)

El Señor Jesús, desde el principio del anuncio del Reino de Dios, nos ha invitado, ayer y hoy, y más en estos tiempos a que estemos preparados, pues no sabemos ni el día ni la hora”.

Pero la realidad es otra

No estamos preparados para morir y las muertes por pandemia se multiplicaron y nos agarraron de sorpresa. Los sacerdotes tampoco estábamos preparados para algo así, y en muchos casos nos encontrábamos también resguardados.

En su desesperación, muchos fieles buscaban y no hallaban a un pastor dispuesto; aunque en la mayoría de los casos, ni siquiera lo pensaron o no les dio tiempo, pues la muerte sorprendió agresivamente a las familias.

¿Qué pasa con quien murió de covid sin confesión ni unción de enfermos?

Pero vayamos al punto. “Lo primero es lo primero”, dirían en mi rancho: la misericordia de Dios es infinita y mira el corazón de la persona enferma, las oraciones de los familiares y de la Iglesia.

El Señor se hace presente, en cada momento y circunstancia, en la vida de cada uno de nosotros (sus hijos), quienes, marcados por el Bautismo, fuimos llamados para participar de su vida, de la salvación y de la vida eterna.

Recordemos esta oración: 

Señor, dale el descanso eterno.

R. Y brille sobre él (ella) la luz eterna.

Descanse en paz.

R. Amén.

Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

La misericordia de Dios

Es decir, si el corazón del hombre se enfrenta al trono de la misericordia con fe, encuentra perdón y compasión, y por ello, el perdón de sus pecados y la salvación eterna.

En los rituales de estos dos Sacramentos hay clara referencia que el modo ordinario es a través de estos sacramentos de curación, del cuerpo y del alma, pero deja abierto el modo extraordinario de recibir dichas gracias, confiadas a la Iglesia.

Esto significa que lo ordinario es lo que nosotros los hombres podemos hacer en comunión de Iglesia, sacerdotes y laicado.

Por su parte, el modo extraordinario deja abierta la puerta a la acción directa de Dios para el perdón de los pecados, a través de un acto de contrición perfecta (como decían los clásicos): “un corazón puro, Señor, no lo rechazas”.

¿Qué es la penitencia interior?

“La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido.

Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia.

Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron animi cruciatus (aflicción del espíritu), compunctio cordis (arrepentimiento del corazón) (cf Concilio de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catecismo Romano, 2, 5, 4)”. (CEC 1431)

El amor de Dios nunca quita

Los ritual de los Sacramentos de la Iglesia se centra en la oración comunitaria, la oración de unos por otros, para pedir al Señor que derrame sus gracias sacramentales, pero no cierra, ni puede cerrar las gracias divinas a la intervención directa y amorosa de Dios sobre todos sus hijos, “¡si yo quiero, a ti qué!”;

El amor de Dios misericordioso da siempre de más, nunca quita. Aún en los Sacramentos de la Iglesia se pide y supone para su eficacia redentora, el corazón sincero de aquel que pide y recibe sacramentalmente la absolución.

De modo ordinario y de modo extraordinario, supone la disposición del fiel penitente que al pedir recibe.

Conclusión

Dios quiere que todos los hombres se salven y alcancen la salvación, no quiere que ninguno de sus hijos se pierda; por eso nos ha dado los sacramentos de manera ordinaria.

Pero también  mantiene abierta su gracia para aquellos que de modo extraordinario, en el lecho del dolor y del peligro de muerte le suplican, obtengan el perdón y la redención, siempre y cuando pongan su corazón sincero ante Él, tanto el enfermo como la familia que ora y confía.

¡La misericordia de Dios es para todo aquel que cree en Él y se deja salvar por Él!

México: sacerdote supera Covid-19 y abre comedor para afectados por la pandemia


MÉXICO: SACERDOTE SUPERA COVID-19 Y ABRE COMEDOR PARA AFECTADOS POR LA PANDEMIA

México: sacerdote supera Covid-19 y abre comedor para afectados por la pandemia
Por Miroslava López

El padre Janvier Sidjeu platica con Vida Nueva sobre esta iniciativa, que se suma a otras más que realiza la Diócesis de Azcapotzalco en apoyo a las personas más vulnerables

Este viernes 10 de julio, la Diócesis de Azcapotzalco (Ciudad de México), que gobierna pastoralmente el obispo Adolfo Miguel Castaño Fonseca, inaugurará un “comedor emergente” para brindar ayuda a las personas que se han visto afectadas económicamente por la pandemia de Covid-19.

Comida para llevar a casa

En entrevista para Vida Nueva, el comisionado diocesano de la Pastoral Social, el sacerdote Janvier Sidjeu, explica que, en un primer momento, tres días a la semana se dará este servicio a unas 50 personas cada día, en un horario 13:00 a 15:00 horas. El menú consta de tres tiempos, y ha sido elaborado con la supervisión de una nutrióloga.

El comedor estará ubicado en el atrio de la Parroquia Preciosa Sangre de Cristo, en Cuautepec Barrio Alto, una de las zonas más pobres de la delegación Gustavo A. Madero. Para atenderlo se cuenta con una responsable y unos 15 voluntarios, divididos en tres equipos, que cocinarán y auxiliarán en la preparación de los alimentos.

El sacerdote, que es originario de Camerún, pero ha desempeñado su ministerio en México durante 20 años, explica que pensó en prestar este servicio, ya que al iniciar el desconfinamiento, mucha gente saldrá a buscar alimento, pues se ha quedado sin empleo a causa de la pandemia.

“Es así que en la Diócesis de Azcapotzalco quisimos poner nuestro granito de arena y sumarnos a los esfuerzos que ya hace el gobierno y la Iglesia católica”.

Dejó en claro que no será un lugar para comer, sino que las personas necesitadas se llevarán los alimentos a sus casas debido a que los contagios continúan.

La iniciativa cuenta con recursos procedentes de Cáritas Mexicana, la Arquidiócesis de México y la propia Diócesis de Azcapotzalco.

Con relación a las medidas sanitarias que se aplican, refirió que los voluntarios usarán careta de plástico y cubrebocas KN-95; además, se tienen los espacios marcados en el piso para que la gente conserve la sana distancia y con termómetro infrarrojo para medir la temperatura de los asistentes.

También se cuenta con un lugar para lavar manos y dispensadores de gel antibacterial, y diariamente se desinfectará el área de 300 metros cuadrados.

La pandemia no ha terminado

Por otro lado, el sacerdote Sidjeu hizo un llamado a las personas a no relajar las medidas sanitarias en las actividades diarias, porque la pandemia no ha terminado y las cifras de contagios y muertes siguen siendo alarmantes.

“Entonces, si no tenemos nada que hacer afuera, quedémonos en casa; y si hay que salir, tomemos todas las medidas de higiene”.

El sacerdote habla desde su experiencia, pues él mismo quedó infectado de Covid-19, pero logró superar la enfermedad.

Narra: “Un colaborador mío me contagió. Dos días después de estar con él me empezó la temperatura de más de 38 grados, eso fue el 28 de mayo; desde ahí ya no salí de casa. Al día siguiente, un médico me hizo la prueba para saber si estaba infectado; el 4 de junio me confirmaron que lo tenía, y empecé a tener serios problemas para respirar”.

Cuando el oxímetro empezó a marcar niveles bajos, el sacerdote se trasladó a una clínica particular. “Me pusieron diversos medicamentos inyectados; y al día siguiente comencé a tener una mejor saturación de oxígeno. Cuando estuve mejor me dejaron regresar a casa, pero me llamaban cada tres horas para saber si estaba evolucionando bien. Luego estuve 25 días sin salir”.

Para el sacerdote, hay algo que no está funcionando en México en el combate contra la pandemia, pues mientras hay 50% de camas vacías en el país, la gente sigue muriendo. Asegura que la atención inmediata que se le brindó a él fue clave para superar la enfermedad.

Considera que si el gobierno federal hiciera un convenio con hospitales privados habría suficientes médicos para atender a los miles de enfermos, y las muertes se reducirían.



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