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Letanías de la sotana, la oración del sacerdote para permanecer fiel



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LETANÍAS DE LA SOTANA

Señor misericordioso que, sin mérito alguno por mi parte, me has escogido entre tantos millones de hombres para que sea tu Sacerdote: consérvame la santa sotana.

Para que yo recuerde siempre tu elección singular sobre mí: consérvame la santa sotana.

Para que ante el mundo predique el Evangelio aun sin hablar: consérvame la santa sotana.

Para encender una luz de vida eterna en medio de los hijos de la muerte: consérvame la santa sotana.

Para que todos puedan acudir más fácilmente a la fuente de aguas vivas: consérvame la santa sotana.

Para que me comprometa públicamente a ser luz y no tinieblas: consérvame la santa sotana.

Para recordar a los que me vean que soy faro de luz de vida y mediador entre Dios y los hombres: consérvame la santa sotana.

Para que no sea yo luz bajo el celemín, sino en el candelero, para que alumbre a todos los de la casa: consérvame la santa sotana.

Para que puedan hallar mejor a tu ministro los que con ansia o en agonía lo precisan: consérvame la santa sotana.

Para mejor recordar a los señalados de la tribu de Leví: consérvame la santa sotana.

Para que, expuesto a la vista de todos los pueblos, sea luz que ilumine a los gentiles y la gloria de tu pueblo: consérvame la santa sotana.

Para que sea bandera discutida y resurrección y ruina de muchos en Israel: consérvame la santa sotana.

Para estar más cerca del supremo testimonio de amor a Cristo: consérvame la santa sotana.

Para reparación pública por los pecados y crímenes públicos: consérvame la santa sotana.

Para que mi luz brille no sólo ante Ti sino también más fácilmente ante los hombres, a fin de que glorifiquen al Padre que está en los Cielos: consérvame la santa sotana.

Para dar testimonio como sacerdote que soy, y no como seglar que no soy: consérvame la santa sotana.

Para que el Rosario por mí rezado, en el metro, en el autobús o por la calle, aparezca como Rosario rezado por un sacerdote: consérvame la santa sotana.

Para mostrar lo que se es y no lo que no se es, en este tiempo de autenticidad: consérvame la santa sotana.

Para ayudar a los hermanos con la imagen externa en el siglo de la imagen: consérvame la santa sotana.

Para proporcionar antídoto sacralizador ante los movimientos secularizadores: consérvame la santa sotana.

Para ser ante los hombres signo visible de la Iglesia visible: consérvame la santa sotana.

Para dar a mi sacerdocio un ángel de la guarda más: consérvame la santa sotana.

Para alegría de los niños: consérvame la santa sotana.

Para consuelo de ancianos y moribundos: consérvame la santa sotana.

Para comunicar fortaleza a los jóvenes: consérvame la santa sotana.

Para que mejor te confiese delante de los hombres: consérvame la santa sotana.

Para que todos sepan que estoy en el mundo pero que no soy del mundo: consérvame la santa sotana.

Para que Tú me confieses delante de tu Padre que está en los Cielos: consérvame la santa sotana.

Para mejor repartir tu paz: consérvame la santa sotana.

Para mejor reconciliar a los enemistados: consérvame la santa sotana.

Para que todos sepan que estoy muerto al mundo para vivir para Dios y los hermanos: consérvame la santa sotana.

Para la siembra de vocaciones en los pequeñuelos y en los jóvenes: consérvame la santa sotana.

Para recordar mejor la gran gracia de la mediadora de todas ellas, que es mi sacerdocio: consérvame la santa sotana.

Para que al romper el alba y al llegar la noche, al fin de una apostólica jornada, pueda besarla como a mi bandera: consérvame la santa sotana.

Para que al terminar mi vida en la tierra, sea mi santa mortaja y mi compañía en la tumba: consérvame la santa sotana.

Para que, pues Tú me has adornado con ella, sólo se cambie un día ante el Trono y delante del Cordero, por el albo ropaje blanqueado con la sangre divina, pasada la gran tribulación: consérvame la santa sotana.

Para que no me pueda esconder de los pobres: consérvame la santa sotana.

Para que no me tiente nunca a compartir con la respetable secularidad del médico o del boticario del pueblo, del albañil o del sepulturero…, y así todos puedan verme como un enviado de Dios ante los hombres: consérvame la santa sotana.

Para cautela de flirteos y para que sepa el público, particularmente el femenino, el terreno que pisa: consérvame la santa sotana.

Por afán de austeridad, para que no me confundan con el marido de la señora Pepa o el padre de la Rigoberta: consérvame la santa sotana.

Para no dar gato por liebre en este tiempo de autenticidad: consérvame la santa sotana.

Oración.

¡Oh Jesús, eterno Sacerdote!, por el Inmaculado Corazón de María, Reina del Clero, ten piedad de tus pequeños hermanos y líbranos de los engaños de Satanás; haznos notar la influencia de lo externo en lo interno, para que en todo nos mostremos como dignos Ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. Amén.


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Letanías lauretanas, ¿Cuál es su origen?


LETANÍAS LAURETANAS, ¿CUÁL ES SU ORIGEN?

Las letanías lauretanas, son las letanías más difundidas como forma de alabanza y de súplica a María, madre de Jesucristo. Etimológicamente la palabra letanía proviene del vocablo griego litanéia que significa súplica, rogativa u oración de súplica.

Las letanías a los santos se originaron en el siglo VII, y las relativas a María se multiplicaron progresivamente en distintas Iglesias cristianas. El decreto Quoniam multi (1601) del papa Clemente VIII, aprobó específicamente las letanías lauretanas, ya testimoniadas por un manuscrito del siglo XII, y que deben su nombre a la advocación de la Virgen de Loreto, cuyo santuario constituyó el ámbito en que se desarrollaron.

HISTORIA

Los orígenes de las letanías se remontan a los primeros siglos de la cristiandad. Las letanías eran súplicas dialogadas entre los sacerdotes y los fieles, y se rezaban sobre todo en las procesiones. Aunque al principio eran dirigidas sólo a Dios (en súplicas) se añadieron con el tiempo invocaciones a santos y sobre todo a la Virgen María (en intercesiones) usadas a partir del siglo VII.

En la liturgia oriental se usaron desde el siglo III. La composición de letanías marianas siguió la línea de las generales y de las de los santos. En éstas se invocaba a María de tres modos: Sancta María, Sancta Dei Genetrix y Sancta Virgo Virginum. A lo cual siguió una serie de reflexiones y elogios de los santos padres orientales que constituyen el germen de las futuras letanías marianas.

El germen halló ambiente en la popularidad del Oficio de la Virgen Santísima que se cantaba en algunos monasterios. Este "Oficio" no era fijo y tenía variaciones según la orden religiosa que lo cantaba; éstas variaciones fueron abolidas por Pío V cuando estableció el "Oficio Parvo de la Virgen" reformado. Lo cierto es que entre las variantes que existían había ciertas letanías que se parecían a las futuras Lauretanas.

Las más antiguas letanías a María propiamente dichas se encuentran en un códice de Maguncia del siglo XII titulado: «Letania de Domina Nostra Dei genenetrice Virgine Maria. Ora valde bona, cotidie pro quacumque tribulatione dicenda est», con alabanzas largas y en cada verso repitiendo el «Sancta Maria».

Las letanías marianas empezaron a multiplicarse en el siglo XV y XVI. Por el año 1500 fueron creadas una serie de letanías en el santuario de Loreto, Italia. Hacia 1575surgen unas nuevas letanías lauretanas conocidas como "modernas" con alabanzas puramente bíblicas, que se hicieron tan populares que las primeras versiones fueron pasadas a segundo plano. Sixto V las aprobó en 1587 e incluso les dio indulgencias. Hacia el siglo XVII la situación se hizo exagerada, en Loreto se tenía una letanía para cada día de la semana y no era el único caso. En 1601, con el decreto Quoniuam multi del 6 de septiembre, el papa Clemente VIII prohibió todas las letanías que existían con excepción de las incluidas en el Misal y el Breviario y también las del santuario de Loreto, aquellas letanías ya eran llamadas como lauretanas. Paulo V, en 1503, ordenó que se cantasen en la basílica romana de Santa María la Mayor en festividades de la Virgen María. Los dominicos, en 1615 ordenaron que se recitasen en todos sus conventos después de sus oraciones de los sábados.

Con el tiempo se han ido añadiendo más títulos a ellas, como:

Auxilio de los cristianos, incluida por Pío V por la intercesión de la Virgen en la Batalla de Lepanto, en 1587 el papa Sixto V lo aprobó con un decreto papal.

Madre inmaculada, incluida por Clemente XIII a petición de Carlos III de España, para los dominios hispánicos el 12 de septiembre de 1767. Fue también concedida por el papa Pío IX al obispo de Malinas en 1846; tras la definición dogmática de 1854, Pío IX lo hizo extensivo a toda la Iglesia.

Reina concebida sin pecado original, incluida por Pío IX en 1854, tras la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.

Reina del Santo Rosario, incluida por León XIII en recuerdo de la Virgen del Rosario en 1883.

Madre del Buen Consejo, incluida por León XIII en homenaje al santuario de Genazzano en 1903.

Reina de la paz, incluida por Benedicto XV durante la I Guerra Mundial.

Reina asunta al cielo, incluida por Pío XII en 1951.

Madre de la Iglesia, incluida por Pablo VI en 1965 a la conclusión del Concilio Vaticano II.

Madre de la Misericordia, incluida por Juan Pablo II.

Reina de la Familia, entendiendo la familia como institución, incluida en 1995 por Juan Pablo II.

LETANÍAS LAURETANAS EN LA IGLESIA CATÓLICA

En el "Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones" elaborado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de la Santa Sede en el año 2002 se define las letanías así:

Entre las formas de oración a la Virgen, recomendadas por el Magisterio, están las letanías. Consisten en una prolongada serie de invocaciones dirigidas a la Virgen, que, al sucederse una a otra de manera uniforme, crean un flujo de oración caracterizado por una insistente alabanza-súplica. (...)

En los libros litúrgicos del Rito Romano hay dos formularios de letanías: Las letanías lauretanas, por las que los Romanos Pontífices han mostrado siempre su estima; las letanías para el rito de coronación de una imagen de la Virgen María, que en algunas ocasiones pueden constituir una alternativa válida al formulario lauretano.

RECOMENDANDO UN USO MODERADO

No sería útil, desde el punto de vista pastoral, una proliferación de formularios de letanías; por otra parte, una limitación excesiva no tendría suficientemente en cuenta las riquezas de algunas Iglesias locales o familias religiosas. Por ello, la Congregación para el Culto Divino ha exhortado a "tomar en consideración otros formularios antiguos o nuevos en uso en las Iglesias locales o Institutos religiosos, que resulten notables por su solidez estructural y la belleza de sus invocaciones".

León XIII recomendó concluir durante el mes de octubre (mes del Rosario) la recitación del Rosario con el canto de las letanías lauretanas, con ello se pensó que las letanías eran parte del rezo del Rosario, cuando en realidad son un acto de culto por sí mismas y pueden ser usadas para rendir un homenaje a la Virgen sea en una procesión (como en su uso primitivo) o como parte de la misa.

LAS LETANÍAS Y EL CONCILIO VATICANO II

En la Iglesia católica, después del Concilio Vaticano II surgieron letanías que reflexionaban en torno a los documentos sobre María como la Lumen Gentium o la Marialis Cultus. Un claro ejemplo es el libro publicado en 1981 llamado: "Rito de Coronación de las imágenes de la Virgen María" que propone letanías donde los términos "Señora" y "Reina" abundan, dada la liturgia de tono glorioso donde se recitan. El formato propuesto por la Santa Sede es el siguiente:

LETANÍAS DE LA VIRGEN

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te rogamos nos concedas,
Señor Dios nuestro,
gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión
de la bienaventurada siempre Virgen María,
vernos libres de las tristezas de la vida presente
y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

OTRA ORACIÓN:

Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz, seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


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