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Es lesbiana y se opone al “matrimonio” gay: La diferencia de los sexos es fundamental

Nathalie de Williencourt, fundadora de Homovox. Foto: HO.
ES LESBIANA Y SE OPONE AL "MATRIMONIO" GAY: LA DIFERENCIA DE LOS SEXOS ES FUNDAMENTAL 

Fuente ACI Prensa

Nathalie de Williencourt es lesbiana y se opone al mal llamado “matrimonio” homosexual, a pesar de enfrentarse al rechazo del lobby gay, y asegura que “la diferencia de los sexos es irreductible” y fundamental en la sociedad.

Nathalie es la fundadora de Homovox, una agrupación ciudadana que busca dar voz a los homosexuales que no se sienten representados por los grupos LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales).

Ella es lesbiana, pero asegura estar en contra de la equiparación del matrimonio a las uniones de parejas homosexuales y la adopción de niños por parte de estas parejas. Una opinión que le ha valido el rechazo de los lobbys gays.

En entrevista concedida a ACI Prensa, De Williencourt aseguró que así como hay leyes para evitar la homofobia, también son necesarias otras “que los alienten a comprometerse fielmente si lo desean. Pero las leyes deben ser diferentes para parejas de hombres y mujeres y parejas del mismo sexo; de lo contrario, estamos en la ideología del género que afirma que la diferencia entre hombres y mujeres no es fundamental en la humanidad”.

De Williencourt insistió en que siempre que se diferencie del matrimonio hombre-mujer, “el Estado puede ofrecer a estas parejas un contrato, pero debe ser absolutamente diferente del contrato de matrimonio que debe reservarse para la pareja hombre con mujer. La diferencia de los sexos es irreductible”.

En ese sentido, la fundadora de Homovox insistió en que “la justicia y la caridad hacia las personas homosexuales consisten en darles la bienvenida como son, sin juzgar” y reclamó que “todas las personas homosexuales deben ser escuchadas”, ya que no todas piensan igual.

De Williencourt dijo que para ella, la adopción es “dar unos padres a unos niños que han sido privados de ellos y no al revés. Porque es el más débil (el niño) al que se debe favorecer por una cuestión de justicia” y apuntó que “si un niño no tiene padre y no tiene madre, lo mejor para él es que lo acoja una pareja de hombre y mujer, en igualdad de condiciones”.

E insistió que la sociedad también tiene que saber que existen homosexuales que se alejan de los postulados LGTB y que reconociendo su atracción hacia personas del mismo sexo también “defienden el ‘derecho del niño’ antes que el ‘derecho al niño’, estas personas son numerosas, pero a menudo piensan que están aisladas y suelen ser muy atacados por homosexuales militantes”.

Sobre la ideología de género

Ante la imposición de la ideología de género, la fundadora de Homovox aseguró que “los estudios de género son el hogar de ideólogos que quieren formar conciencias de manera totalitaria desde una edad muy temprana, pero las preguntas que plantean son legítimas”.

Por eso animó a todos, “especialmente los cristianos, trabajar para responder de manera justa, con argumentos trabajados y sin ideología. Las conclusiones de estos estudios (de género) son discutibles, y creo que no tienen que tener lugar en las escuelas”.

Nathalie aseguró a ACI Prensa que a pesar de que todavía hoy en algunos países se castiga con la muerte a los homosexuales, “la humanidad está progresando en la forma en que ve a las personas con atracción hacia el mismo sexo”.

También alentó a reflexionar sobre los temas relacionados con la atracción hacia personas del mismo sexo: “No debemos temer confrontar esta parte misteriosa de nuestra humanidad, bajo la mirada de Dios”.

Por eso insistió en la importancia de que sean “acompañados al vivir esta condición que no han elegido”, recordó que “los cristianos estamos ante el mandato de Cristo de amar a nuestro prójimo incondicionalmente” y subrayó que “el encuentro con Cristo puede ayudar a estas personas a vivir la castidad”.

“Espero que en los siglos venideros, los hombres tengan la sabiduría y la humildad para dar a estas personas un lugar adecuado, ni vergüenza ni orgullo, sino la aceptación de lo que son en su totalidad, incluso en su infertilidad biológica, que protege a los niños de una filiación falsa”, aseguró.

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Joven lesbiana ruega a Obispos del Sínodo, que no cambie la doctrina Católica sobre la homosexualidad


JOVEN LESBIANA RUEGA A OBISPOS DEL SÍNODO QUE NO CAMBIE LA DOCTRINA CATÓLICA SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD

En el Sínodo de los jóvenes en 2018, a través de una carta abierta, una joven católica de 22 años de nacionalidad estadounidense, con atracción por las personas de su mismo sexo, pidió a los Obispos, no cambiar la doctrina católica sobre la homosexualidad y explicó cómo la doctrina católica sobre la homosexualidad le ayuda a llevar la cruz de ser lesbiana y poder vivir en santidad para «pasar la eternidad con mi único amor verdadero, Jesucristo».

Queridos obispos de la santa iglesia católica:

Cuando supe de los esfuerzos que están realizando los grupos pro LGBTque intentan persuadir a los obispos católicos para que cambien la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad, específicamente en el sínodo juvenil de este año, quedé devastada.

Como alguien que no solo ha crecido en la Iglesia, sino que también ha llegado a amarla tanto a ella como a sus enseñanzas, odiaría que dichas enseñanzas se modifiquen de alguna manera, especialmente de una forma en la que se podría causar un daño tan enorme .

Por tanto deseo dejar al descubierto mi corazón y compartir con ustedes, queridos obispos de la Santa Iglesia Católica, parte de mi historia y de mis convicciones, y suplicarles que mantengan las enseñanzas de la Iglesia sobre la homosexualidad como buenas, verdaderas y hermosas.

Soy una joven católica de 22 años que experimenta atracción por personas de mi mismo sexo. Mientras crecí, escuché muy poco, si acaso algo, sobre la homosexualidad, a pesar de que asistí a un escuela católica desde Pre-K hasta el grado 12.

Cuando finalmente acepté el hecho de que estaba románticamente interesada en otras mujeres, me aterroricé. ¡No sabía a quién recurrir, con quién hablar o si podía hablar de ello en absoluto! El miedo me paralizó en silencio por un largo periodo de tiempo.

A medida que pasaba el tiempo, comencé a aprender más y más sobre las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad y, durante algún tiempo, no las entendí. No estaba segura de lo que significaban las palabras «objetivamente» e «intrínsecamente desordenada», y la verdad sea dicha, tuve la sensación de que no quería saber. No fue hasta que tuve alrededor de 20 años que finalmente comencé a entender.

Admito que no me gustó lo que escuché, pero sabía que era lo que necesitaba escuchar.

Recientemente, encontré una cita del abad Jean-Charles Nault, O.S.B, que me habló mucho sobre la verdad. Decía:

«Para los filósofos de la antigüedad y para toda la tradición cristiana, la libertad es la habilidad que tiene el hombre, una habilidad que pertenece conjuntamente a su intelecto y su voluntad, para realizar acciones virtuosas, buenas acciones, acciones excelentes, cuando quiera y como quiera. . La libertad del hombre es, por lo tanto, su capacidad para realizar buenos actos de manera fácil, alegre y duradera. Esta libertad se define por la atracción del bien».

Una y otra vez, escucharemos frases como «Sólo quiero la libertad de amar a quien quiera» de parte de la comunidad «LGBTQ». Este deseo es inherentemente bueno, cuando está correctamente ordenado.

El hombre solo es verdaderamente libre cuando puede elegir hacer lo que debe, no simplemente lo que quiere,porque las cosas que podemos desear no siempre son buenas para nosotros.

Yo quería involucrarme en una relación con alguien de mi mismo sexo. El deseo era abrumador a veces, hasta el punto en que no podía ver otra manera de pasar el día. Pero ahora sé, por las enseñanzas buenas y llenas de gracia de Dios a través de su Iglesia, que tal relación dificulta no solo mi libertad de amar auténticamente, sino también mi capacidad para alcanzar la santidad.

Yendo un paso más allá, estar en una relación así podría, en última instancia, impedirme pasar la eternidad con mi único amor verdadero, Jesús.

Mis queridos obispos, no hay nadie en esta tierra que no sea llamado a una vida de castidad; eso incluye a mis hermanos y hermanas que experimentan atracciones con personas del mismo sexo. Esto no es porque la Iglesia sea opresiva y quiera que seamos miserables y pasivamente sumisos a ella, sino porque todos y cada uno de nosotros estamos invitados a entrar en la vida divina de nuestro Creador, una vida donde ningún pecado puede permanecer.

El Catecismo declara, en el párrafo 2331, que «Dios es amor, vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen [...] Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión».

No solo se me debería de recordar que, como cristiana, estoy llamada a amar como Cristo nos amó, sino que también tengo la capacidad de hacerlo. ¡Soy capaz de un amor auténtico!

Decirme que mi cruz de atracción por el mismo sexo es demasiado pesada como para que la pueda amar cuando Cristo me llama a hacerlo, no es simplemente degradante; es también mentira. Dios no nos abandonó cuando el hombre pecó por primera vez en el principio, y no nos abandonará ahora.

Él me ha llamado a mí, y a todos y cada uno de nosotros, para sí mismo, y tengo la intención de volver a Él, sin importar cuán pesada sea mi cruz.

Como Cristo se acordó de mí en la cruz, les pido que se acuerden de mí y de mis hermanos y hermanas como yo, queridos obispos, mientras oran y discuten sobre cómo ayudar a los jóvenes en cuestiones de fe y vocación, especialmente en lo que respecta al tema de la homosexualidad.

Por favor, recuerden que, como Santa Teresa, la pequeña flor, mi querida patrona, dijo de foma tan grande: «Mi vocación es amar».

Suya en Cristo

Avera Maria Santo




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