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La madre monja, el hijo sacerdote. Conoce esta hermosa historia.

 



Con regularidad se puede pensar que los padres son los encargados de guiar a los hijos en un camino específico de la vida; sin embargo, en esta historia fue Jonas, un sacerdote brasileño, el que también logró mostrarle nuevos horizontes a su madre, quien encontró su vocación en la religión gracias a su hijo.

En una entrevista, Jonas Magno de Oliveira aseguró que desde los ocho años él tuvo clara su vocación religiosa, esto motivado por crecer en un hogar católico y por la labor de un sacerdote diocesano que lo inspiró. Sin embargo, considera que su familia, a excepción de su madre, vio su interés como algo pasajero, aunque no era así.

“Ella se inspiraba mucho en Nuestra Señora, que siempre fue silenciosa, dejaba que Cristo hiciera lo que tenía que hacer”, recuerda el sacerdote Jonas.

A los 13 años, mientras su madre estaba en un “retiro de silencio” y él se quedó en el seminario del Instituto del Verbo Encarnado, fue cuando pudo aclarar lo que quería para su futuro y confirmar su vocación.

Con su decisión tomada, lo único que le preocupaba a Jonas era el dejar a su madre sola, pues él es hijo único. Sin embargo, el camino religioso también le abrió las puertas a su madre.


“Mi mamá es enfermera, entonces las religiosas (de la familia del Verbo Encarnado) la invitaron a vivir con ellas porque necesitaban a una en el hogar donde cuidan a personas con deficiencias mentales. Mi mamá encontró maravillosa la idea”, aseguró el sacerdote.

Tras trabajar con el grupo religioso como enfermera, la madre de Jonas “descubrió su verdadera de vocación y entró al convento realizando su noviciado”, recuerda el hijo, quien detalló que su madre se inclinó por ser monja contemplativa.

La formación monástica de la madre del sacerdote comenzó en Brasil y continuó en la región de la Toscana en Italia, donde vive actualmente y lugar al que su hijo la fue alcanzar.

Tras ser ordenado sacerdote en mayo de 2020, Jonas cambió su residencia a Roma, muy cerca de su madre, lo cual él agradece a “por estar tan cerca de mi mamá”.

“… ahora estamos siguiendo a Cristo en el mismo camino, en la misma vocación y con el mismo carisma, lo que es algo bastante especial y para dar gracias a Dios”, mencionó el sacerdote.

¿Por qué son populares los huevos de chocolate en Pascua?


La Pascua es la celebración más grande del cristianismo, la que le da sentido a nuestra fe. Si Cristo no hubiera resucitado, no tendría sentido creer en Él. Una manera popular en cómo la gente celebra este tiempo es regalando huevos de chocolate a sus seres queridos, o bien, decorando y pintando huevos de gallina. Pero, ¿En qué se relacionan los huevos con la Pascua?

Huevos de avestruz

Las avestruces empollan durante 40 días, como los 40 días de la Cuaresma. Por eso, algunas iglesias de Oriente cuelgan estos huevos en el techo. En la Edad Media, no se podían comer huevos en la Cuaresma. En aquella época, los huevos eran caros y, al terminar la Pascua, se regalaban objetos caros.

Decoración de los huevos 

En algunas iglesias se acostumbra decorarlos con colores y figuras durante las celebraciones de Pascua. Se dice que el cascarón del huevo se rompe para dar paso a la vida. Como Jesús, que resucita en la Pascua.

¿Y en dónde quedó el conejo?

Lo del conejo que trae huevos de chocolate es un invento comercial. Podemos disfrutar de los huevitos, pero mejor, ¡Olvidémonos del conejo!

La madre quiso abortar, él se hizo cargo: "Crío yo solo a mi hijo porque su madre no lo quiso tener”

 



La historia de Luis Fernando Palacios sacudió las redes sociales. Fue en su cuenta de Facebook donde este mexicano de Monterrey, que trabaja como enfermero, relató cómo fue que tuvo que hacerse cargo en soledad del cuidado de su hijo Fabri.

En su extenso descargo explicó que todo empezó con un amorío fugaz. Era diciembre del 2017 y su vida por aquellos días, era completamente distinta a la de hoy. Contó que rápidamente se pusieron de novios y que su novia "ya tenía una hija cuando la conocí". En esos primeros días "todo iba muy bien" pero todo cambió cuando llegó el test de embarazo positivo.

"Quedó embarazada y obviamente estoy de acuerdo en que fue muy rápido y no la conocía mucho", explicó el joven y aseguró que desde ese momento ella cambió completamente. Celos, peleas en las que hasta intervenían otros familiares, discusiones tensas, la relación ya no era la misma y algunos días más tarde, la joven confesó que quería abortar.

"Aunque yo no quería y estaba rotundamente en desacuerdo, no podía hacer nada ya que era su cuerpo y ella decidía. A mí me tocó callar y alejarme", describió Palacios en su extenso texto. Allí también explicó que la joven utilizó pastillas para tratar de interrumpir el embarazo y la pareja finalmente se separó. Sin embargo, cinco semanas más tarde, la chica volvió a contactarlo.

Ella le explicó que algo no estaba bien con su tratamiento y fueron juntos al ginecólogo. "Al llegar ahí le hicieron un eco y nos confirmaron que el embarazo había continuado y que el bebé ya tenía 18 semanas y estaba bien formado".

Lo que siguió fue una pareja destruida, que como podía llevaba adelante la gestación del niño: "Eramos dos desconocidos con algo en común (Fabri). Yo la recogía con el auto, ella se subía e íbamos sin hablarnos hasta llegar al ginecólogo. Entrábamos veíamos al doctor y después yo la iba a dejar y todo sin decirnos una palabra. Así fueron los 9 meses".

Hasta que llegó el 31 de octubre: "A las 8 de la mañana me llamó un familiar de ella y me dijo que ya estaba en el hospital. Llegué y ya había dado a luz. Salió al otro día. Fui, la recogí, la dejé en su casa y me vine a la mía. Pasaron dos horas y llegó ella a mi casa con Fabri y todas las cosas que le había comprado para el bebé: ropa, leche, pañales, biberones, etc".

"Todos en mi familia nos quedamos sorprendidos. Ella me dejó el bebé a mí para que lo cuide mientras se recuperaba del parto. Vino al tercer día, estuvo 30 minutos solamente y después pasó una semana hasta que regresó".

El vínculo que se terminó


La madre poco a poco se fue alejando por lo que Luis presentó una denuncia para tener la total custodia del bebé.

Después de hacer los trámites legales, el joven obtuvo los derechos de su pequeño. "Llegamos a un acuerdo en el que yo tenía la guardia y custodia del bebé y la patria potestad sería compartida. Me acuerdo muy bien de las palabras que dijo ella ante la jueza: 'Lo quiero ver, pero no lo quiero tener'. La jueza se quedó impactada y fue cuando me dio los derechos".

El joven explicó que ella debía cubrir una pensión alimenticia de 200 pesos por semana y "tendría derecho a verlo las horas establecidas". Sin embargo, el vínculo entre la mujer y su hijo duró apenas unos meses.

"El último día que lo vio fue en marzo del 2019. Desde entonces que no sabemos nada de ella, y ni siquiera me habló para saber si está bien Fabri o no (que no me importa porque se que esta en buenas manos)".

En su relato, que ha ganado trascendencia en los últimos días, aseguró: "A mi hijo no le falta nada y el cariño de madre le sobra porque mi mamá es como su mamá".

Además, señaló que su hijo le cambió la vida: "Muchos pensaran quizás perjudicó o paró mi juventud, pero todo lo contrario. Yo llevaba una vida con excesos, no medía mis peligros, pero desde que llegó a mi vida hubo un cambio rotundo en mí".

"Quizás no me queda mucho dinero para mi porque todo es para él, pero he tenido muchos ángeles que me ayudaron a salir adelante".

"A todas esas personas que han estado cerca de él les estoy eternamente agradecido. Y mis padres y mis hermanos que nunca me han dejado solo, sin ellos no hubiera podido con tanta responsabilidad. Cuando tuve que salir a trabajar mi mamá se encargó completamente de él, sin ellos no sería nada", agregó.

Al finalizar, sentenció: "No todo padre es malo ni toda madre es buena".

¿Por qué se entregan los novios un anillo el día del Matrimonio?



Me imagino que habrá muchas tradiciones y explicaciones sobre el anillo de matrimonio. Las personas necesitan ver signos y señales: un templo, el agua en el Bautismo, el pan transformado después en Eucaristía, la imposición de las manos en la ordenación, unción de las manos, una fotografía.

Pero a mí me llaman mucho la atención estas palabras: “Recibe este anillo cómo símbolo de mi amor y de mi fidelidad, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

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En el Matrimonio, como parte del rito, manifestamos una aceptación, hacemos unas promesas y nos entregamos unos anillos. ¿Cómo un objeto tan pequeño puede significar algo tan grande: amor y fidelidad? Reflexionando me di cuenta de cuánto se asemejan, el anillo y el Matrimonio.

El anillo está hecho a la medida, uno para el otro

Desde el momento en que te casaste por la Iglesia y Dios lo permitió, lo consintió, lo bendijo, es como una confirmación de que Dios los hizo el uno para el otro. Es incómodo al principio, ayer no tenías el anillo y se siente raro. Igual el matrimonio, casarse implica un cambio radical, aprender a vivir juntos, esto comporta roces, diferencias problemas, pero evidentemente es cuestión de tiempo, de amor, de ceder, de aprender, y pronto será parte de la vida.

Refleja la realidad del Matrimonio

El anillo es real, otras culturas y religiones hacen ritos diferentes: liberan palomas, arrojan una corona de flores al río o al fuego, nosotros lo llevamos puesto. Mi realidad es que estoy casado.

El brillo refleja orgullo y el oro, dureza

El anillo brilla: me siento orgulloso de que seas mi marido, mi mujer. “El que ama no posee, es un poseído”. Qué orgullo para la vida buscar la felicidad de alguien, vivir para alguien.

Es de metal precioso. ¡Oro! Tan precioso como tu Matrimonio, que es la empresa de tu vida. Hecho de material resistente, metal duro, es símbolo y señal de que tú debes estar hecho con la misma resistencia o más. Salvo raras excepciones, muchos matrimonios que se rompen, en el fondo, lo que faltó dureza, fortaleza, y la falta de amor fue haciendo cada vez más débil el vínculo, el compromiso.

Habla de un vínculo cerrado

Es circular. Cerrado. No es un espiral. No hay salidas alternas ni otras posibilidades. “Una sola carne, un sólo corazón”. Es tan cerrado ese vínculo que lo que te afecta a ti, me debe afectar a mí. Lo que me hace sufrir a mí, te debe hacer sufrir a ti. Ya es como una sola vida.

El anillo tiene fecha. Algunos quisieran que fuera de caducidad… (jajaja), pero más bien es la fecha en que todo termina y todo comienza. Termina tu soltería, tus planes personales, tu uso del tiempo en absoluta libertad. Comienza una vida a dos. Una melodía a cuatro manos. Con el tiempo ya no serán dos personas sino tres, o cuatro o cinco en una familia.

Está hecho con detalle: pulido, cromado, bañado, escrito, fechado, adornado, con el mismo detalle debes construir una vida que puede durar más de cincuenta años. Sin detalles de cariño diarios, no se llegará muy lejos.

Símbolo de respeto por la unión

El anillo es discreto, pequeño, callado, humilde. Símbolo y señal del respeto que deber haber en el Matrimonio. Llega un momento en que ya no sale, es imposible quitártelo, es parte de ti. ¿No es como símbolo de la fidelidad? ¿De la indisolubilidad? Fidelidad para con Dios, con el cónyuge, con los hijos.

El anillo se va desgastando con el tiempo, puede perder su brillo, pero adquiere otro diferente: el de la madurez, la constancia, la familia creada, la perseverancia, el compromiso mantenido.

Puede renovarse, igual que el Matrimonio

Se vale darle al anillo una manita, un retoque, un ajuste, un baño de oro. Igual de importante en el Matrimonio es renovarse, dialogar, pedir ayuda y perdonar.

Y un último detalle: te lo dieron sin precio. Un hombre y una mujer que se aman, que crean una familia en donde crecen juntos, se protegen, se quieren y tienen todo un proyecto de vida, eso no tiene precio.

Amar a Dios y sentirse amado por Él. Amar a una persona y percibir su reciprocidad, formar una familia y vivir de ella y en ella… eso, simplemente, no tiene precio.

Autor: Padre Ángel Espinosa de los Monteros.

La historia de la mujer que ha superado un parto prematuro de mellizos y un cáncer de mama


LA HISTORIA DE LA MUJER QUE HA SUPERADO UN PARTO PREMATURO DE MELLIZOS Y UN CÁNCER DE MAMA
Por María Martínez López

La mujer ha recibido el premio Corazón de Madre de la Universidad CEU San Pablo por luchar por la vida de sus hijos

"Corazones ok". Diana Comas mandaba este mensaje cada día a su marido, durante las tres semanas que estuvo ingresada en el hospital de La Paz intentando evitar un parto prematuro para el que sus mellizos no estaban preparados. Luis y ella habían esperado a esos niños desde que se casaron cinco años antes, en 2009. "Como tardaban, yo rezaba y le pedía a Dios que me enviara algún hijo. Le prometí que si venía malito, lo cuidaría".

Llegó el embarazo. Todo iba bien hasta la semana 25, cuando Diana tuvo una amenaza de parto prematuro. "Una ginecóloga amiga mía me dijo con todo su amor que el niño no crecía y era probable que su corazón se apagara. Era inviable hacer una cesárea porque seguramente morirían los dos. Fue muy doloroso". Pero los diminutos corazones continuaban latiendo, y Diana estaba dispuesta a aguantar, tumbada e inmóvil, el tiempo que hiciera falta. Hasta que tres semanas después rompió aguas y los niños nacieron: Sancho con 752 gramos y Almudena con 960.

Cantando villancicos en la UCI...en junio

"Se paró el tiempo para nosotros", recuerda su madre. Durante casi un año desde ese 17 de diciembre de 2014, la vida del matrimonio giró en torno a la UCI de neonatos. Almudena evolucionó bien y en tres meses le dieron el alta. Pero Sancho tuvo que sobreponerse a un vía crucis de complicaciones: una hemorragia e infecciones cerebrales, 14 operaciones… "Nos decían que tendría parálisis, ceguera… Pero yo le miraba lo poco que se le veía de la carita, y veía fuerza en sus ojos".

Diana recogió el lunes el Premio Bárbara Castro a un Corazón de Madre, de la Universidad CEU San Pablo. Compartió acto con Jaime Mayor Oreja, presidente de la Federación Europea One of Us, premiado por su "defensa pública de la vida". La candidatura de Diana la presentaron su hermana y su cuñado, subrayando la fuerza y el ánimo que mantuvo esos largos meses. Pero ella reconoce que "nos sentíamos con el agua al cuello; vivíamos minuto a minuto". Como Almudena estaba ya en casa y Luis trabajaba, la madre de Diana se fue a vivir con ellos y contrataron a una persona en casa.

"Íbamos a casa como zombis, a comer algo y desplomarnos, sin saber qué nos encontraríamos al día siguiente: un paso adelante, un paso atrás… Pedía: 'Virgencita, cuídamelo'. Sí reconoce que "todos los días entraba en la UCI con unas ganas locas de hablarle y animarle. Como no estábamos muy puestos en canciones infantiles, ¡ahí estaba yo, cantando villancicos en junio! Igual de lícito hubiera sido encerrarme y llorar. Pero recibí de fuera una fuerza superior a mí. Pedimos mucha ayuda. Tiempo después, algunas personas me han parado por la calle para preguntarme si era la madre de Sancho y me han dicho que habían rezado por nosotros.

Un cáncer para Diana y días en urgencias con Sancho

Sancho llegó a casa en noviembre con menos secuelas de las previstas. Diana pudo permitirse dejar de trabajar gracias a la prestación por cuidado de menores con enfermedades graves aprobada en 2010, y gracias a mucha estimulación y terapias el pequeño empezó a andar con 3 años. También ve, al menos algo. "Y es súpervaliente; si ve una pelota, allá que se va. Se ríe de cosas graciosas, tiene picardía… Nos da muchas alegrías". Todavía no habla, y les han advertido de que seguramente tenga discapacidad intelectual. Además, cada vez que se acatarra «cae en picado y necesita oxígeno. Pero nosotros confiamos en Dios, en la Virgen, en él y en los terapeutas. Queremos que sea él el que nos demuestre que no puede hacer algo". Su hermana, Almudena, "piensa que es más pequeño que ella. Le explicamos que simplemente nació muy malito. Es lista como un ratón, y ahora intenta enseñarle palabras. Tienen una relación muy bonita".
Diana recuerda cómo, en el hospital con Sancho, "pedía a Dios que ya no tuvieran que operarle más de la cabeza. Que lo que le tuviera que pasar a él me lo enviara a mí". Funcionó. Cuando el niño ya estaba en casa y todos intentaban adaptarse al nuevo ritmo ("aún no habíamos levantado cabeza"), llegó otro golpe en una revisión rutinaria de unos quistes en su pecho: "Cáncer. ¡Qué horror! Es como si te dijeran que vas a tener que subir una montaña imposible. El día antes de empezar la quimioterapia le decía a un sacerdote: "Es que no quiero esta cruz”. “Cómo vas a quererla”, respondió. Pero poco a poco la he ido limpiando, haciéndola pequeñita, haciéndola mía".

Ya ha terminado el tratamiento, pero alguna vez tuvo que pedir que la llevaran a urgencias con Sancho nada más salir de una sesión de quimioterapia. Ella le quita importancia: "Cuando eso es tu rutina…". Siente sobre todo no haber podido atender bien a los niños ese tiempo. "Pero en la vida nadie se va de rositas. Hay veces que la gente no puede con dificultades pequeñas, y otras veces vienen las grandes y sí recibes esa fuerza. Igual que con Sancho pedimos muchas oraciones, ahora he tenido mucho que ofrecer. Y, de verdad, el sufrimiento tiene algo bonito, porque te quedas sin escudos y solamente puedes confiar. Yo me siento muy acompañada por mis amigos, por la Virgen y por Dios. Sé que nada que me pase será malo". Eso sí, "como Dios escucha mis oraciones (también le pedí ser de utilidad y ahora llega este premio)… ¡sí que le estoy pidiendo que nos dé una tregua!".

Fuente, cope.es

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La historia del gato que busca la "protección" en la Virgen María


LA HISTORIA DEL GATO QUE BUSCA LA ‘PROTECCIÓN’ EN LA VIRGEN MARÍA
Por Cynthia Fabila 

Monsi visita todos los días la iglesia de San Sebastián Mártir, en Chimalistac.
Monsi es el gato de la escritora Elena Poniatowska que se refugia a los pies de la Virgen María.

Uno de los personajes más asiduos a visitar la iglesia de San Sebastián Mártir, en Chimalistac y refugiarse a los pies de la imagen de la Virgen María, es “Monsi”, uno de los gatos de la escritora Elena Poniatowska que adoptó al morir el cronista de la ciudad, Carlos Monsiváis.

No es raro ver al gato merodear en el atrio de la iglesia, ni tampoco echado sobre una banca o estar presente en la Santa Misa en el regazo de alguna feligresa, comenta el padre Martín Muñoz, párroco San Sebastián.

Monsi, el atrevido
“Hay varios gatos por aquí, pero Monsi es el más atrevido. Cuando lo vemos en el templo tratamos de sacarlo, pero regresa. No sé, si odiar la terquedad del animalito o admirar su perseverancia”, ríe el padre Martín.


Asegura que el gato prácticamente pertenece a la comunidad, pues le traen comida, pero no cualquiera. “Le traen comida en sobres, que no es barata, y eso es lo que hace que el gato no se vaya”.

Monsi pareciera que es devoto a la Virgen María, destaca el padre, “siempre que lo queremos sacar, se va a refugiar a la falda de Nuestra Señora, la Virgen Dolorosa, eso me da pendiente, porque pueda dañar sus vestiduras. Sin embargo, es un animalito pacífico, es muy sociable, no es destructor, pero no a todos los feligreses les gustan los animales”.

El párroco asegura que el gato es muy remolón, porque insiste en que lo acaricien; “las señoras que ya lo conocen prefieren tenerlo cargado durante la Misa para que no esté paseando en la iglesia, porque hay gente que sí le molesta”.

No obstante, Monsi, el gato de Elena Poniatowska, se ha vuelto parte de la comunidad de la Parroquia de San Sebastián Mártir en Chimalistac, aunque su dueña no asista al templo.

Fuente, desdelafe.mx

Fotos, Cynthia Fabila

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Una asombrosa historia de terror atada al poder del Santo Rosario


UNA ASOMBROSA HISTORIA DE TERROR ATADA AL PODER DEL SANTO ROSARIO
Por Miraculous Rosary

Reza el rosario cada día por protección y para derrotar a las fuerzas de Satanás! No te imaginas su increíble poder en el mundo espiritual.

Este es una poderosa e inquietante historia acerca del poder del Santo Rosario. En esta, se considera a un conocido asesino en serie en el estado de Florida, Estados Unidos, llamado Ted Bundy

Algunas personas están tan alejados de Dios y perdidos en el pecado que llegan a ser dominados completamente por el mal, pero nuestro Señor, a través de la Santísima Virgen María, tiene poder sobre ellos.

Rosario en mano

A las 3:00 de la mañana del 15 de enero, Ten Bundy ingresó en la casa de la hermandad «Chi Omega» en la Universidad Estatal de Florida y asesinó a dos chicas antes de ir a buscar a más víctimas.



Theodore "Ted" Robert Cowell Bundy
(1946-1989) secuestrador, violador, asesino en serie de mujeres.

Confesó 30 homicidios. Ejecutado en la silla eléctrica
el 24 de enero de 1989.
Cuando entró en la habitación de la tercera chica con un bate como arma, él vio que la chica, aún durmiendo, tenía un rosario agarrado en la mano, entonces dejó caer el bate y huyó despavorido.

Más tarde, la niña dijo a las autoridades que antes de irse a la universidad ella le había prometido a su abuela que rezaría el rosario todas las noches por protección, aun cuando se hubiese quedado dormida en el proceso. Eso fue justo lo que había hecho esa noche, ella seguía sosteniendo el rosario cuando el asesino entró en su habitación.

Tend Bundy confesó más tarde, más de treinta asesinatos.

El Padre Joseph M. Esper narra en su libro «Con María a Jesús» lo siguiente:

"Irónicamente, cuando Ted Bundy fue condenado a muerte, en espera de ejecución por sus crímenes, él pidió al Monseñor Kerr que le sirviera como un consejero espiritual, y el sacerdote aprovechó la oportunidad para preguntarle sobre aquella terrible noche.

Bundy le explicó que cuando entró en la habitación de la tercera niña, que tenía la completa intención de asesinarla; un poder misterioso se lo impedía".


El Padre Esper añade:

"Y no sólo el rosario ayuda a nuestro propio crecimiento espiritual, sino que también socava el reino de Satanás".
El famoso exorcista de la Diócesis de Roma, el Padre Gabriele Amorth declaró en una oportunidad:

"Un día, un colega mío escuchó al diablo decir durante un exorcismo: «Cada Ave María es como un golpe en la cabeza. Si los cristianos supieran lo poderoso que es el Rosario, sería mi fin»"
Reza el rosario todos los días por tu protección y para derrotar a las fuerzas de Satanás!

El Señor te bendiga.

Adaptación y traducción por Qriswell Quero, del artículo publicado en: Miraculous Rosary, autor: Miraculous Rosary

Fuente, pildorasdefe.net

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La historia del champagne, un aporte de la Iglesia Católica a la humanidad


LA HISTORIA DEL CHAMPAGNE, UN APORTE DE LA IGLESIA CATÓLICA A LA HUMANIDAD
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso)

Si se piensa en un vino selecto, se piensa en Francia. Esta nación produce grandes vinos gracias a su historia. Debe a los romanos muchos de sus viñedos, pero es con la iglesia católica con la que tiene su mayor deuda.




Hoy en día, el Champagne es un vino elite muy popular que siempre esta presente en las mejores y mas elegantes celebraciones; hasta los protestantes lo utilizan en sus festejos. Pero en realidad son muy pocas las personas que conocen sus orígenes y trayectoria a través de la historia del mejor vino del mundo.

El vino forma parte importante de la liturgia cristiana actual. En la Biblia existen más de 400 referencias sobre él. Se dice que fue Noé el primer viticultor. Moisés envió exploradores a ver si la tierra prometida era apta para cultivar uvas. Jesucristo lo compartió con sus discípulos en la última cena. En la Misa o Sagrada Eucaristía, el vino se convierte en la Sangre de Cristo.

La liturgia cristiana llevó el vino alrededor del mundo y cuando el imperio romano se retiró de Francia en el Siglo V, fue también la Iglesia Católica la que transmitió el vino a la siguiente generación de productores, los monjes de la Europa Medieval.

Los monjes y los monasterios nos legaron una gran herencia vinícola, fueron ellos los que empezaron a trabajar duramente las tierras. Los grandes avances en la producción de vino se han producido en lugares donde ellos se han esforzado. Los escritos de la época hablan de los duros trabajos a los que se sometían los monjes franceses para sacar adelante el vino. Se cuenta, por ejemplo, que los monjes de Borgoña probaban directamente la tierra para saber que terrenos eran los mejores para la vid.

También dejaron valiosos registros de tierras de diferentes parcelas y de como se cultivaban en ellas las viñas. Registraban las uvas usadas y hasta contaban las lluvias. Comenzaron a darse cuenta que ciertas regiones como Borgoña, Champagne; eran las mejores para el cultivo de viñedos.

Usaban el vino para la Misa, para los huéspedes del Monasterio y vendían los excedentes para ayudar a la manutención del Monasterio. Los monjes medievales dieron popularidad a las variedades de vinos o cepas más conocidas actualmente.

EL CHAMPAGNE FUE DESCUBIERTO ACCIDENTALMENTE POR UN MONJE EN EL SIGLO XVII AL NORTE DE FRANCIA

Todo comenzó en el monasterio benedictino de Hautvilliers en la región de Champagne, en donde se producían vinos tintos y blancos de mesa. En aquella época, un monje de nombre Dom Pierre Pérignon era el encargado de la bodega y la cava de la abadía benedictina.

En realidad Dom Pérignon no pretendía elaborar vino espumoso, su intención era la de innovar y elaborar vino blanco a partir de uvas tintas. El monje pasó mucho tiempo perfeccionando su arte. Evitaba las pieles de las uvas, las responsables del color, y mezclaba diferentes vinos de diferentes viñedos de la región para obtener un producto con el mejor sabor.

Dom Pérignon consiguió finalmente elaborar un gran vino blanco a partir de uvas tintas, pero apareció un problema, muchas veces surgían burbujas en las botellas de su vino. Dom Pérignon no se explicaba lo que ocurría, de hecho (ironías del destino) paso gran parte de su vida tratando de evitar esas indeseables burbujas en el vino.

Pérignon observó que tras el invierno, si estas pequeñas burbujas se acumulaban en gran cantidad, podían hacer explotar las botellas o disparar los tapones de las mismas.

Sin embargo, los ingleses a quiénes los monjes enviaban vino blanco, preferían el vino "malo", es decir, les gustaba más el vino "burbujeante".

En un principio Dom Pérignon se enfocó en limitar la presencia de estas insistentes burbujas, hasta que una noche decidió probar el chispeante liquido que cambiaría su vida y revolucionaria la elaboración de vinos espumosos. Fue tanta su sorpresa al sentir esa agradable y suave efervescencia en su boca que exclamo: “hermanos, vengan; estoy bebiendo estrellas!”.




Al paso de tiempo, Perignon introdujo varias mejoras a su producción y embotellado. Su principal reto radicaba en cómo cerrar efectivamente la botella para que no se escaparan sus valiosas burbujas, hasta que un día encontró a unos peregrinos españoles que cerraban sus cantimploras con corcho y decidió hacer lo mismo con sus vinos, asegurándolos además con un bozal de alambre sujeto al cuello de la botella que permitía llevar a cabo la segunda fermentación en botella sin ningun riesgo. Sí, ese bozal de alambre que hoy en día todavía usamos y debemos retirar antes de descorchar hasta una Sidra. Fue así como surgió el método “Champenoise”

Otra gran idea del monje, fue mezclar uvas de distintas zonas, para hacer mas complejo el sabor y aromas del Champagnne.

Dom Pérignon murió en 1715 y durante sus 47 años como maestro bodeguero creó los principios básicos que se siguen usando actualmente para hacer Champagne, Cava y la mayor parte de vinos espumosos existentes en el mundo basados en su sistema.

De modo que si tienes la oportunidad de disfrutar de un delicioso Champagne, ahora sabes que tienes que agradecer a Dios y a un humilde monje católico llamado Dom Pérignon, sí, el de la marca de fama mundial.




PAX ET BONUM


Fuentes diversas

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El Papa Francisco celebra ante más de 120 mil fieles, la misa más multitudinaria de la historia en un país Musulmán


EL PAPA FRANCISCO CELEBRA ANTE MÁS DE 120 MIL FIELES, LA MISA MÁS MULTITUDINARIA DE LA HISTORIA EN UN PAÍS MUSULMÁN

El Papa ante más de 120 mil fieles en Abu Dhabi:

“He venido a deciros: ¡bienaventurados!”

En Emiratos Árabes Unidos, la religión cristiana hace historia. Uno de los estadios más importantes del país acogió un momento histórico para el cristianismo. El Zayed Sports City fue el escenario de la Santa Misa que celebró el Papa Francisco. El Santo Padre también ingresa en la historia como el primer Papa de la Iglesia en visitar la región del golfo.

LA MISA MÁS MULTITUDINARIA DE LA HISTORIA EN UN PAÍS MUSULMÁN

El coliseo árabe viene de albergar otras citas importantes. El estadio ha visto a Catar levantar la Copa de Asia hace menos de una semana. También, ha sido la sede del último Mundial de Clubes que ha ganado el Real Madrid. Sin embargo, nunca ha acogido una misa como la que ha celebrado el Papa: la primera misa a cielo abierto y la más multitudinaria que se ha celebrado en un país musulmán.

La capacidad del estadio es de 43.000 personas. El poder de convocatoria, la importancia de la cita y la presencia del Sumo Pontífice han provocado que casi se multiplique por tres el número de personas en el Zayed Sports City.

El césped y las gradas del campo se llenaron de fieles que se reunieron para compartir la Eucaristía. Esa es la respuesta que se encontró el Papa y el propio país pérsico por parte de la comunidad cristiana. Los cristianos son la religión minoritaria, no alcanzan el millón de fieles, y su culto se reduce al ámbito privado. Con la presencia de Francisco, también ha enviado un mensaje a las autoridades para velar por la libertad de culto y por la cultura del encuentro y el diálogo interreligioso que ha venido a transmitir el Papa.

VACACIONES PARA IR A MISA

El gobierno del país ha responido a estos mensajes. Por esa razón, ha dado este día de vacaciones para los fieles que sacaron billete para la misa. Además, fletó varios autobuses y cortó algunas carreteras del país para facilitar la llegada de los fieles. La mayoría del menos de un millón de cristianos en EAU son trabajadores filipinos, indios y paquistaníes, que han podido encontrarse con el Papa.

Fuente, cope.es / ACI Prensa

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Los asesinatos de fe: La verdadera historia de crimen en la comunidad de los testigos de Jehová


LOS ASESINATOS DE FE: LA VERDADERA HISTORIA DE CRIMEN EN LA COMUNIDAD DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
Por James Kostelniuk

Un padre que perdió a sus hijos habla de crimen y traición dentro de la comunidad de los Testigos de Jehová

Ilustración por James McMullan

Estaba en casa con mi esposa, Marge, al tiempo que llegó el oficial del RCMP. Mi mente hizo un frenético recorrido por todas las posibles razones para su visita. Vestía de paisano y entendí por su porte que no se trataba de una llamada rutinaria. Recuerdo que no parecían las maneras que se espera de un policía, es decir, de forma calmada e impersonal. De hecho aparentaba estar muy nervioso.

El oficial parecía como si tuviera necesidad de algo firme sobre lo que sentarse y le ofrecí una silla en la mesa de la cocina. Tomó el asiento cautelosamente, como si pudiera romperse. Bajando la mirada hizo una pausa que pareció larga. Oí el papel que había sacado de su bolsillo y que sonaba entre sus manos, siendo entonces cuando advertí que estaba tembloroso. Pensé, "algo terrible ha sucedido". Entonces me di cuenta de que también yo estaba temblando.

Al fin le afloraron las palabras. "¿Es usted el padre de Juri y Lindsay Kostelniuk"? Sobrepuse mi ánimo y le dije que sí. "Siento comunicarle que ellos y su madre, Kim Anderson, han sido asesinados hoy hacia las 12, 30 del medio día en Burnaby, British Columbia. Jeff Anderson, marido de Kim, está bajo custodia de la policía".

Me descompuse y una especie de náusea me recorrió el cuerpo. Me sentí hecho añicos, como si una parte de mí estuviera estuviera observando desde cada rincón de la habitación.

"¿Cómo... han muerto?" , llegué a preguntar. ¿"Qué tipo de arma"?.

El oficial echó una ojeada a su papel y carraspeó. "Ha sido por disparos de escopeta, señor".

De nuevo las náuseas. Estreché mi estómago y me retorcí de dolor. ¿Una escopeta?

La voz de Marge sobresalió emocionada. "¿Por qué los niños?", gritó. "¿Qué han hecho? ¿Por qué...?"

El oficial hizo una mueca y se encogió de hombros impotente. "Lo siento", dijo. Es todo cuanto sé.

¿Qué otra cosa podría decir? ¿Qué podría decir nadie?

Ese día, 29 de agosto de 1985, marcaría el final de la vida que había llevado hasta entonces, así como el comienzo de un inconcebible estado de angustia y una pena interminable. También daría comienzo a una despiadada búsqueda de respuestas que me llevaría a hacer un examen de los rincones más oscuros de la experiencia humana.

A manera de terapia, comencé a escribir un diario, anotando mis sueños y los recuerdos de mi primera esposa y de los niños. Este ejercicio me llevó a darme cuenta de lo poco que llegué a saber de ellos después de nuestra separación. Empecé a trasladar el gran vacío que su asesinato dejó hacia una necesidad de información, sin la cual nunca llegaría a entender sus muertes. Y comencé de manera creciente a enfocar la atención sobre Jeff Anderson, el hombre que los había asesinado, como la única fuente de información.

A principios de abril de 1987, al recoger el correo, entre otros documentos, encontré un sobre delgado, color blanco, tamaño correo de negocios, pulcro y dirigido a mí. En el extremo superior izquierdo ponía: "Jeff Anderson, Internado, Kent Institution, Agassiz, British Columbia".

La carta estaba fechada el 2 de abril de 1987 y comenzaba así: "No hay palabras que puedan expresar la angustia por lo horrible de lo que hice...

Tomé la decisión de contestarle un mes después. Ese primer intercambio fue el comienzo de una correspondencia que durraría unos cinco años. Eventualmente serviría para poner de manifiesto toda la información que ansiaba.

Cuando conocí a Kim Evans en la primavera de 1972, en casa de un amigo, yo tenía veinticinco años, estaba soltero y andaba en busca de una chica testigo de Jehová apropiada para mí. Kim contaba con dieciocho años, recién graduada de la escuela superior. Era una testigo de Jehová de segunda generación, no una conversa como lo era yo, y tan sólo había conocido esa clase de vida.

Nos casamos al año siguiente y permanecimos juntos por casi seis años, no muy felices en su mayor parte. Kim era una ama de casa práctica y una excelente madre para Juri, nacido en 1974, y Lindsay, que nació en 1977, pero a menudo se sentía deprimida. Yo cumplía con mi obligación como proveedor de la casa, pero estaba un tanto alejado de la imagen que tenía Kim del marido ideal como Testigo. Según la doctrina de los testigos, el hombre de la familia ha de ser su cabeza espiritual, el que conduzca a sus miembros a través del camino recto y estrecho y manteniéndolos fieles. En lugar de proporcionar estabilidad, comencé a expresar profunda insatisfacción con la fe de los testigos de Jehová. Mis dudas amenazaban con alejar cada vez más a Kim y a los niños de lo que ella consideraba como su seguridad.

En abril de 1975 observé en las noticias de la noche que la guerra de Vietnam iba a terminarse. La guerra y todas sus atrocidades era algo repugnante para mí, pero los testigos de Jehová casi veían con displicencia su final. La doctrina de los Testigos ve en la guerra la señal del desorden que pudiera ser el desencadenante de Armagedón y la venida del Reino de Cristo. Los Testigos se veían desilusionados por el hecho de que el mundo parecía estar dando pasos hacia la paz. Comencé a darme cuenta de que 1975 no iba a ser un año diferente a cualesquiera otras fechas anteriores marcadas para ser el día del gran juicio, e intenté convencer a Kim de que aquellas predicciones eran disparatadas. Ella rehusó cuestionar o incluso considerar conmigo la doctrina de los testigos. Una y otra vez me decía que cualesquiera dudas o cuestiones que tuviera las expusiera a los ancianos.

Tres años más tarde decidí abandonar la religión de los Testigos de Jehová. Sabía que ello supondría el fin de mi matrimonio, y sabía que tendría que afrontar lo que ello representaría para mis hijos: Los Testigos de Jehová creen que los niños estarían mejor muertos que a cargo de un familiar incrédulo. Sabiendo cuán fuerte era el sentimiento de Kim hacia su fe, había decidido dejar la educación religiosa de nuestros hijos en sus manos.

Kim decía que encontraría un nuevo padre, alguien que asumiera el modelo espiritual para los niños y que fuera capaz de proporcionarle la vida de familia ideal que siempre deseó.

En mayo de 1980, un mes después de que Kim recibiera la notificación oficial de nuestro divorcio, ella dejó a los niños con su madre, Jackie, y se ausentó un fin de semana de vacaciones en Maui. Estuvo en un pequeño establecimiento con derecho a cama y desayuno en donde varios otros testigos de Jehová hacían vacaciones.

Allí conoció a Jeff Anderson, un testigo cinco años más joven que se presentó a sí mismo. Sin que Kim estuviera al tanto de ello, él acababa de escapar a Maui desde su casa en Texas, en donde era buscado por la policía local por robo. Había escapado con algo más de 300 dólares, una maleta y ropa. Al final de la semana había declarado su amor hacia Kim. Al pedirle una respuesta, ella sonrió nerviosa y dijo: "no sé. Me siento asustada.". Anderson le dijo que le gustaría irse cerca de ella (A Canadá) para continuar su relación. Ella contestó que le gustaría.

Después de un número de llamadas telefónicas de larga distancia y muchas cartas, Anderson abandonó Maui para vivir cerca de Tacoma, Washington, en donde contó a Kim que había obtenido un trabajo "en unos negocios". Los fines de semana había de cruzar la frontera a Canadá para visitar a Kim. En junio de 1981 propuso el matrimonio a Kim y ella aceptó. Poco después se casaron en Texas. Kim se fue a vivir con los niños a Houston.

Rápidamente Kim descubrió que Anderson le había mentido desde el primer momento que se conocieron. Le había hecho entender que llevaba una vida estable, pero su llamada carrera, en la radio, fue algo casual. Le reveló también que carecía de dinero para pagar el billete desde Canada, o el alquiler y depósito de garantía para su nuevo apartamento.

Anderson comenzó a ganar un pequeño sueldo como mecánico en la tienda de sus hermanos, pero no era suficiente para el sostén de dos niños y dos personas adultas. Kim tuvo que retirar dinero de sus escasos ahorros para mantener la familia y eventualmente hubo de echar mano de las cuentas de ahorro de los niños para atender las necesidades.

Kim llegó a estar temerosa por su situación financiera y el cada vez más enrarecido entorno de Anderson. Este insistió en llevar control de todo cuanto hacía la familia: las compras, la limpieza, la vestimenta de los niños, a dónde iban y lo que Kim hacía con su tiempo. Kim sintió una repugnancia hacia el sexo, cosa que también sintió en nuestro anterior matrimonio, pero que ahora se acentuó debido a la creciente crispación y temor ante Anderson. Cuando ella rechazó "el cumplimiento de su deber de esposa", él la amenazó con violencia y la intervención de los ancianos Testigos.

Kim se volvió a Calgary. Aterrorizada por lo que yo pudiera descubrir en ralación a su situación familiar e intentar obtener la custodia de los niños, a nadie habló de sus problemas.

Perplejo por las razones que la hubieran llevado a regresar tan pronto de Houston, la llamé por teléfono. Me dijo que no había razón para que me preocupara. Cuando le mencioné que deseaba visitar a los niños objetó con vehemencia. Dijo tajante que una Atalaya de septiembre de 1981 había puesto de manifiesto una normativa con respecto a la "desasociación" o expulsión de la comunidad. Todos los Testigos de Jehová corrían el riesgo permanente de ser expulsados si se asociaban con un Testigo expulsado o descarriado de alguna manera. Ella trataba de seguir al pie de la letra esa política.

"Pero Juri y Lindsay son pequeños", dije. "No son lo suficientemente adultos como para poder tomar una decisión como esa con respecto a su padre".

Kim replicó lenta y seriamente, "ellos probablemente no quieren tomar esa decisión, pero ellos quieren agradar a Jehová".

Entre tanto Anderson se desplazó en coche a Burnaby, B.C., a donde, a la sazón, Kim se había trasladado, con la determinación de solucionar el asunto de su matrimonio. Sus discusiones se intensificaron a tal grado que los niños llegaron a sentirse emocionalmente perturbados, gritando con frecuencia o enfureciéndose . Incapaz de manejar la situación, Kim se puso en contacto con los ancianos locales. Formuló acusaciones contra Anderson, en la confianza de que lo que ella les contaba llegaría a convencer a los ancianos de la justificación para una separación matrimonial. Al contrario de eso, ellos ordenaron a la pareja a que volvieran a convivir. Kim regresó a casa contrariada y desconcertada.

En julio de 1984, Kim se contactó con un asistente social del Ministerio de Servicios Sociales, quien le aconsejó que de inmediato abandonara a Anderson a fin de proteger a los niños. Anderson se puso en contacto con los ancianos Testigos, quienes ordenaron a Kim que volviera con su marido. Ella rehusó y pudo recobrar la aprobación de la congregación mediante la dedicación de más y más horas como precursora en la predicación de puerta en puerta. Así quedó restaurada su honorabilidad.

Yo hacía frecuentes llamadas telefónicas a Kim solicitándole visitar a los niños, pero, salvo en una ocasión en la que me permitió visitar a Lindsay, siempre recibía la misma respuesta: Los niños deseaban obedecer a Jehová y evitar la asociación con quienes han sido expulsados. Kim se mostraba cortés y amable, pensando que era natural y razonable lo que decía, pero calmadamente me explicaba que no podía esperar ver de nuevo a mis hijos a menos que regresara al redil de los Testigos.

Siendo muy improbable que yo volviera a ser nuevamente Testigo de Jehová, fui aceptando de mala gana el hecho de que, probablemente, no llegaría a tener una relación con ninguno de mis hijos hasta que alcanzaran suficiente madurez como para poder decidir por sí mismos. Sólo me quedaba la esperanza de que no siguieran ciegamente las enseñanzas de los testigos por el resto de sus vidas.

Mi propia vida había tomado un mejor rumbo cuando conocí a Merge Erhart Romanyshyn en 1980. Nos casamos en 1981 en una ceremonio de la Iglesia Unificada. Nuestro matrimonio era estable y placentero.

Con frecuencia mis hijos, físicamente separados de mí, aparecían en mis sueños; a menudo experimenté períodos de intensa tristeza y ansias por ellos. También tuve sentimientos de culpa por haber dejado a mi familia en manos de los Testigos de Jehová. De muchas maneras llegué a sentir que había obtenido mi felicidad personal a expensas de mis hijos y esperaba castigo de Dios por mi egoismo.

En mayo de 1985, observé un pequeño animal muerto en la carretera. Al acercarme vi que se trataba de un pequeño petirrojo ricién atropellado. La vista del cuerpo aplastado me perturbó profundamente y no pude alejar aquella imagen de mi mente. Me dije que me estaba comportando irracionalmente, pero llegué al convencimiento de que aquello era un mal presagio y que algo tenía que hacer con mis hijos. Durante muchos días después estuve preocupado por ellos.

Aunque los sentimientos eventualmente remitieron, continué sintiéndome inquieto y en diversas ocasiones tuve que vencer el impulso de llamar a Kim para ver cómo les iba a los niños.

Entre tanto Jeff Anderson se había mudado a un apartamento sótano por debajo del complejo de apartamentos de Beta Avenue en Burnaby, donde vivía Kim con los niños, y asistía a las reuniones de la misma congregación de los Testigos.

Kim rehusó dar contestación a sus largas y frecuentes cartas, y Juri y Lindsay eventualmente dejaron de reconocerlo en público.

El entorno de Anderson se hizo cada vez más perturbador. Kim se vio obligada a cambiar la cerradura de las puertas y cerrar las ventanas por la noche después de darse cuenta de que Anderson andaba al acecho en más de una ocasión por los alrededores del apartamento. Habiendo tenido noticia de que ella y los niños se tomaban unas vacaciones, pinchó los neumáticos del coche de Kim para evitar que se marcharan.

La madre de Anderson visitó Burnaby a finales de julio con la esperanza de hablarle para que se volviera con ella a Houston, pero él estaba absorto en la idea de regresar con Kim y los niños y rechazó marcharse de Barnaby sin ellos. Su madre le rogó que se olvidara de todo lo referente a Kim, pero fue en vano.

Anderson comenzó a pensar en la compra de un arma esa primavera, pero no estaba familiarizado con las leyes de tenencia de armas del Canadá. Se interesó por un revólver 357 Magnun de un anuncio en el periódico. Se trataba del mismo modelo que había tenido en Houston, pero el propietario rehusó vendérselo sin el Certificado de Adquisición de Armas de fuego. De modo que por 100 dólares logró comprar ilegalmente una escopeta. Después de comprar una caja de veinticinco proyectiles, recortó buena parte del cañón del arma, colocó tres balas en la cámara y la guardó junto a la munición debajo de su cama. Así mismo comenzó a escribir una carta a la madre y al padrastro de Kim.

A finales de julio de 1985, unos dos años después de que visité a Lindsay y tres años después de haber visto a Juri, tuve una serie de sueños aterradores, todos ellos en una misma noche. Estaba tan angustiado que al día siguiente llamé por teléfono a Kim tan pronto como me fue posible para interesarme por los niños.

En su respuesta había un tono de buen humor que hacía tiempo que no lo había oído. Me puso al corriente del progreso escolar de los niños. A Lidsay de ocho años le había ido especialmente bien en sus dos primeros años de enseñanza primaria e iba en camino de graduarse de tercero; Yuri de diez años se iba convirtiendo en un joven responsable, sintiendo predilección por las matemáticas y los programas de televisión que trataban sobre el espacio exterior. Tuve la sensación de que Kim había encontrado estabilidad y había logrado ser feliz después de separarse de Anderson y que estaba afrontando una nueva etapa en su vida. Mis inquietudes se desvanecieron.

Una vez más le pregunté si podía ir a Burnaby para visitar a los niños y, de nuevo, me respondió que los niños no querían desobedecer a Jehová. Ante mi insistencia me propuso que fueran los propios muchachos quienes por teléfono me lo expresaran. Recordando la última vez en que había intentado hablar por teléfono con Juri (una penosa conversación en la que él había apenas pronunció palabra), decliné la propuesta.

Kim pareció complacida con mi cooperación y continuó hablándome de los niños, haciéndome saber una vez más que probablemente ellos se sentirían muy felices de encontrarse conmigo en caso de que llegara a ser de nuevo un testigo de Jehová. En ningún momento de nuestra conversación hizo mención alguna sobre Anderson. 

Juri y Lidsay Kostelniuk
con su madre, Kim Anderson, por cortesía de the Vancouver Sun 

A primeros de agosto, Jeff Anderson partió de Burnaby en una gira de tres semanas en motocicleta por el sudoeste de los Estados Unidos. Durante su ausencia, su apartamento sótano en 250 Beta Avenue se inundó accidentalmente y una de las mantenedoras del edificio, también testigo de Jehová, descubrió el arma junto con la munición entre las pertenencias de Anderson. Comprensiblemente preocupada, consultó a dos ancianos Testigos de la localidad, quienes se entrevistaron con Anderson cuando éste volvió. Conocedores de que estaba deprimido, le preguntaron sobre lo que pensaba hacer con el arma. Al principio Anderson alegó que lo necesitaba como autodefensa para después confesar que había estado considerando el suicidio. Exigió de forma airada la devolución de lo suyo. Los ancianos se negaron y el arma fue entregada al RCMP el 24 de agosto de 1985.

Ese mismo dia Anderson se fue a comprar a crédito una escopeta semi-automática del calibre del doce, mediante una nueva tarjeta de crédito que acababa de obtener. Una vez más recortó los cañones, compró una caja de munición y cargó la recámara.

Al dia siguiente un policía de la RCMP de Burnaby fue al apartamento de Anderson para inquirir sobre la tenencia del arma. Anderson exhibió un pasaporte de los Estados Unidos y contó al oficial que había venido a Burnaby para reconciliarse con su esposa. Explicó que estaba familiarizado con las armas de fuego por haber sido guarda de seguridad en Texas y que no disponía del obligado Cerrtificado de Adquisición de Armas para la escopeta, porque no se había percibido de que fuera necesario. Preguntado por la razón para recortarle los cañones, respondió que de esa manera facilitaba su manejo. El oficial le explicó que era ilegal recortar los cañones a una escopeta y le dijo que haría indagaciones sobre él en Texas.

El policía no obtuvo información alguna procedente de Texas con respecto a Anderson y, como resultado, no vio necesidad de completar la investigación. Al tiempo de su visita, carecía de noticias relativas a la nueva escopeta que Anderson había adquirido el día anterior, la cual había colocado en un armario junto a la escalera, recién engrasada y puesta a punto en el momento en que el oficial llamaba a la puerta de Anderson.

En la mañana del 29 de agosto de 1985 Anderson terminó de redactar la nota de suicidio que había comenzado al principio de la primavera. La nota iba dirigida a la madre y al padrastro de Kim, Jackie y Norman Cole. En la misma expresaba su pesar por "la cosa terrible que he hecho", lamentándose por el "dolor", la "angustia", la "rabia" y la "frustración" que la "indiferencia" de Kim le había causado, el hecho de que Kim parecía estar "disfrutando de su liberación" y "retregándoselo por el rostro". Terminaba la carta afirmando que no merecía la pena vivir más y "en modo alguno lo deseaba sin Kim".

Al terminar la carta hizo una corta gira en motocicleta. Cuando volvió a su apartamento colocó la escopeta de cañones recortados verticalmente en una gran bolsa de papel de una tienda y cubrió los cañones cocn una funda de trípode. Había tres balas en el arma y el resto de la munición (veintidós balas) en los bolsillos de su chaqueta. Poco después de las once de la mañana telefoneó a Kim.

Cuando Kim atendió al teléfono, él colgó sin decir palabra. Pensando que podría haber sido su madre, Kim telefoneó inmediatamente a Jackie.

Después de colgar el telófono Anderson dejó la carta de suicidio en su apartamento y caminó media manzana hasta el apartamento de Kim en 107-205 Beta Avenue. Al llegar frente a la puerta sacó el arma de la bolsa. Al encontrar la puerta abierta entró al apartamento, cerró sigilosamente la puerta tras sí y avanzó dos o tres pasos por el salón hacia la cocina.

Anderson encontró a Kim en camisón sentada a la mesa de la cocina, hablando por teléfono con su madre. Apoyando el arma a la altura del cuello, la apunto hacia ella y esperó a que ella lo advirtiera. Le pidió que colgara el teléfono y le dijo que necesitaba hablarle. Kim lo observó por un momento y tranquilamente dijo a su madre: "He de dejarte. Hay un arma apuntándome". Jackie preguntó si podía llamar a la policía y Kim le dijo que sí. Kim colgó el teléfono y se levantó.

Momentos después volvió a sonar el teléfono, pero ninguno de ellos se movió para contestar. De pie a la entrada, entre el salón y la cocina, Anderson pidió a Kim que fuera al dormitorio. Creyendo que intentaba forzarla sexualmente, como había hecho antes, ella se negó. "Eso sería violación". Anderson dijo que lo único que quería era hablar. Le advirtió, además, que lo tomara en serio y le preguntó si sabía "lo que una escopeta de cañones recortados podria hacer". Ella movió la cabeza afirmativamente, pero cuando él se le acercó más, ella confiadamente pasó por delante de él, empujando el arma un poco a un lado y diciendo: "No sé con respecto a ti, pero por mi parte voy a preparar la comida de los niños".

Anderson fue en busca de Juri y Lindsay y los encontró juntos en su dormitorio cerca de una ventana, mirando atónitos. El asomó su cabeza a la entrada y dijo: "Chicos, tranquilos, estoy aquí sólo para hablar. Nadie va a salir lastimado". A continuación volvió a la cocina. Kim parecía más preocupada ahora que Anderson había encontrado a los muchachos. "Déjalos", dijo, "y puedes tenerme". Anderson rehusó.

Volvió a sonar el teléfono y atendió Kim. El policía del RCMP, Mel Trekofski, le dijo que llamaba a petición de Jackie Cole. Kim suspiró aliviada y se produjo un diálogo de cuatro minutos en el que Trekofski habló en primer lugar con Kim y después con Anderson.

Kim: "Ah, por favor... Mis hijos están... El va hacia el dormitorio donde están mis hijos con un arma. Espere, por favor."

Trekofski: "De acuerdo, ¿Quién está ahí?, ¿Quién es?"

Kim: "Es Jeff, mi marido".

Trekofsky: "¿Está bebido?"

Kim: "No, está muy sobrio"

Después de algunas otras palabras, Trekofski preguntó: "¿Qué cree que va a hacer?". Kim respondió: "No sé. Ahora mismo está colocando una cadenilla en la puerta". Poco más tarde ella añadió: "Está cerrando las cortinas. No desea que la gente observe". Después Trekofski preguntó: "¿Por qué no quiere hablar conmigo ahora?"

Kim: "¿Por qué no quieres hablar con él, Jeff? [A Trekofski] Me dice que deje el telófono y vaya con él".

Trekofski: ¿"Perdón"?

Kim: "Me ha dicho que deje el telófono y vaya para allá. A dónde no lo sé, si a la habitación de mis hijos o a la mía, y no quiere hablarme. No, parece que no quiere hacerlo, pero tiene una escopeta de cañones recortados".

Trekofsky: "¿De cañones recortados?"

Kim: "Estoy muy preocupada por mis hijos".

Después de posterior diálogo, Anderson se puso finalmente al teléfono. Trekofski se identificó y dijo: "Nos gustaría aclarar las cosas, lo sabes. Nos gustaría ayudar, si se puede".

Anderson: "No creo que pueda. Se ha llegado a una situación límite. Ahora, existe una posibilidad que pensaré mientras usted permanezca ahí. Nosotros dos... Cada cual ve las cosas según le va. Sabemos cómo ocurre. Dejémoslo así durante tres o cuatro horas. Quizá ella llegue a sentir el sufrimiento y la desdicha que siento yo".

Trekofski: "Bien, así no va por el buen camino, Jeff"

Anderson: "Estoy seguro de que ahora se están apostando fuera. Si intervienen, si hacen algo, tendré que herirla. Tendré que dispararle a ella y luego a los niños"

Trekofski: "No haga eso".

Anderson: "Hay la posibilidad de que me pueda hablar de ello si permanece ahí. Me mantendré en contacto con usted a través del teléfono. Permanezca ahí de momento".

A continuación, Anderson colgó el teléfono. Eran las once y dieciséis de la mañana. Para entonces los oficiales de la RCMP habían rodeado la casa. No intentaron entrar debido a la intención de Anderson de disparar contra Kim y los niños, si intentaban intervenir.

En ese preciso momento Anderson entró en el dormitorio de los niños. Kim les había dado instrucciones para que se separaran de la ventana y se sentaran en la litera inferior. Lindsay se sentó en la esquina de la cama junto a la pared y Juri lo hizo a su izquierda. Entre ellos había un juego de cartas sobre la cama. Kim se sentó sobre una caja amarilla crema al final de la cama, cerca de la ventana.

Anderson apuntó el arma a Kim y le dijo que tenían que hablar. La habitación era pequeña y calurosa, y no permitió que Kim o los niños salieran. Durante aproximadamente una hora se dedicó a censurar airadamente el rechazo de Kim. ¿Por qué le era tan indiferente? ¿No se daba ella cuenta que lo estaba pasando mal, cuán deplorable era su situación? ¿No había recibido sus muchos mensajes, sus cartas? Pidió explicación sobre todo lo que siempre había querido saber, asuntos a los que ella no había dado respuesta por carta, por teléfono o en su puerta cuando la había llamado.

Kim se sentó al lado de Anderson con preocupación y temor en sus ojos. Se sentó inclinada hacia delante con sus manos juntas, apoyando en ocasiones su barbilla en sus palmas. A medida que Anderson hablaba, ella ocasionalmente volvía la cabeza y le echaba una ojeada fugaz.

El le preguntó si ella se daba cuenta de que él había intentado llevar el asunto según "la manera de Jehová". Dijo que había intentado vivir de acuerdo el patrón de ella, conforme a las normas de los Testigos. ¿Por qué estaba ella prolongando la separación? ¿No se daba cuenta cuán desgraciados eran todos? Parecía que su matrimonio permanecería para siempre en el limbo. ¿Nunca se había planteado volver con él?

Kim mencionó algo respecto a haber fracasado en dos matrimonios y que se acababa para ella el matrimonio completamente. Intentó distraerlo preguntándole otras cosas, principalmente con respecto a sus vacaciones en motocicleta. Los niños comenzaron a quejarse de que "tenían hambre y estaban cansados". En un momento determinado preguntaron a Anderson si les iba a disparar, a lo que éste replicó: "No, os quiero demasiado".

Anderson explicó a Kim cuánto la amaba, cuánto quería a los niños, cómo había deseado que volvieran a estar juntos de nueva ella, los niños y él.

Anderson se preguntaba en voz alta si siempre había estado un poco chiflado. Pensaba que tal vez la situación por resolver entre ellos había hecho aflorar su estupidez. Pidió excusas por lo que iba a hacer, diciendo a ella que había esperado tener suficiente coraje para dispararse después. Dijo a Kim que temía, si no lo hacía así, que el castigo fuera peor, la vida en la prisión en donde un hombre podría ser violado y apuñalado.

Anderson: "Lo siento. He de hacer eso".

Kim: "Tú no tienes por qué hacer eso".

Anderson: "No, he de hacerlo. Lo siento, soy un hombre enfermo".

Kim: "No, no estás enfermo. Puedes obtener ayuda".

Preguntó a Kim si ella le había amado alguna vez y ella le dijo que no le había querido desde que le abandonó en Houston. El le preguntó por qué ella no le amaba ahora, por qué había dejado de quererle. Las últimas palabras de Kim fueron: "No lo sé".

Anderson pidió a Kim un último abrazo. Cuando ella lo rechazó, él comenzó a disparar.

¿Por qué Jeff Anderson mató a Kim y a mis hijos? ¿Por qué fracasé en evitarlo? ¿Por qué permitió Dios que murieran?

Después de los asesinatos, mi vida se vio afectada por estas tres cuestiones. No importa las veces que me dijera que nunca podría obtener una respuesta. Continuamente estas cuestiones iban y venían en mi subconsciente como una machacona cantinela. Desesperado volví a la visita del sicoterapeuta. Repetidamente solicité la opinión de mi terapeuta sobre la mente y las motivaciones de Anderson. Semana tras semana el terapeuta me informaba de que probablemente Anderson padecía un trastorno de personalidad y resultaba imposible la interpretación sobre un acto irracional. Amablemente siempre me llevaba al mismo punto: "Anderson no es su problema, Jim".

Unos meses después de la muerte de mis hijos tuve un sueño extraordinario. Juri, Lindsay y yo estábamos en una extensa piscina cubierta. El agua era azul brillante en la superficie y más oscura hacia el fondo. Juri se sumergió hasta el fondo, desapareciendo por largo rato. Al salir a la superficie vino caminando hacia mí, ofreciéndome joyas relucientes recogidas del fondo de la piscina.

Por vez primera comencé a creer que mis hijos se encontraban a salvo en otra dimensión. Empecé a sentir el hálito curativo del soplo de Dios sobre mí.

Un día de aquel verano Marge se sentó en nuestro balcón con una bebida fría en la mano, gimiendo silenciosamente. Aquello me hizo ver hasta qué grado había llevado ella su propio dolor el pasado año a fin de mostrarse fuerte. "Lo siento", dije, tratando interiormente de mostrarme como fuerte soporte para ella, al igual que ella lo había sido para mí. Dí gracias a Dios por proporcionarme una mujer tan extraordinaria.

El 29 de agosto de 1986, en el primer aniversario de la muerte de los niños, Marge y yo visitamos su tumba. La habíamos visitado muchas veces antes en primavera y verano y, en cada ocasión, Marge había cortado cuidadosamente la hierba que la cubría. Al observar con cuánta uniformidad cortaba cada brizna, frunciendo el entrecejo, le pregunté por qué siempre hacía esa tarea tan concienzudamente.

Ella se puso en cuclillas y me miró: "Es cuanto puedo hacer por ellos ahora", dijo.

Jeffery Lynn Anderson fue condenado a tres sentencias de cadena perpetua por asesinato en primer grado. Actualmente cumple condena en la prisión B.C. y no podrá gozar de libertad condicional hasta el 2011. Sin embargo, el 29 de agosto de 2000 pudo solicitar reducción de ese tiempo bajo Bill C-45, una cláusula con escasa posibilidad.

James y Marge Kostelniuk fundaron en 1988 el grupo de apoyo a los Familiares Supervivientes de Homicidio. James Kostelniuk y Jeffery Anderson mantuvieron correspondencia durante cinco años, hasta que Kostelniuk descubrió que Anderson había revelado a un criminalista de Vancouver que él había estado abusando sexualmente de uno de los hijos de Kostelniuk. Posteriormente Anderson lo negó, alegando que cuaalesquiera comentarios que hubiera hecho fueron debidos a presión y manipulación.

El libro de Kostelniuk, del que se ha extraido este artículo, se titula Lobos entre Ovejas: La Verdadera Historia de Crimen en la Comunidad de los Testigos de Jehová.

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