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¿Qué está pasando en EE.UU. con el tema del aborto? ¡Entérate!



Es de sumo interés lo que ahora está sucediendo en Estados Unidos con el tema del aborto.

Nunca en la historia de ese país se había filtrado a la prensa un documento de la Suprema Corte de Justicia como ocurrió hace unos días.

El documento es un borrador que expresa la opinión de la mayoría de los nueve jueces de la Corte sobre el aborto, y en él se define como “error flagrante” la histórica decisión de la Corte Suprema en 1973 de legalizar el aborto en el famoso caso "Roe vs Wade".

Esto ha armado la pelotera en grande y desatado la furia de la progresía estadounidense que ve muy cerca el final del derecho al aborto.

La Suprema Corte confirmó el martes 3 de mayo que el documento filtrado es auténtico, pero aclaró que no es la decisión definitiva de la Corte ni la postura final de ninguno de los miembros.

Efectivamente, el documento tiene únicamente valor de estudio y está sujeto a nuevas discusiones y argumentos antes de dar el fallo definitivo, el cual se espera a más tardar en junio de este año.

La consecuencia inmediata de la filtración ha sido la enorme presión que comenzó a ejercerse contra los jueces a través de protestas y actos violentos frente a sus casas, al grado que uno de ellos tuvo que huir con su familia a un lugar secreto.

Pero además, y debido a que algunos jueces son católicos, los abortistas arremetieron contra diversas parroquias interrumpiendo la celebración de la Eucaristía con actos violentos y dejaron pintas en las paredes.

La pregunta es ¿por qué el documento se filtró a la prensa? El delito es gravísimo. El mismo juez de la Corte John Roberts calificó la filtración como una “atroz ruptura de la confianza” y ordenó abrir una investigación.

Según Pablo Muñoz Iturrieta, politólogo experto en política estadounidense, uno de los motivos puede ser que, debido a que la sentencia final sobre la derogación del derecho al aborto no ha sido dada y la información filtrada ha sido un escándalo gigantesco, esto puede hacer que el Congreso cierre el año de la Suprema Corte, así todos tengan que irse a casa y se posponga la sentencia final debido a la falta de consenso.

Así que las cosas no están fáciles, y menos con la filtración del documento, que ha puesto el agua progre a hervir antes de tiempo. Lo cierto es que si en junio se llega a eliminar el derecho al aborto en Estados Unidos, se dará el golpe más duro al negocio del aborto en nuestro vecino país y también en otros países.

Al menos 22 estados de la unión norteamericana impondrían muchas restricciones al aborto y, lo mejor para nosotros en latinoamérica es que se prohibiría a grupos económicos y asociaciones abortistas como Planned Parenthood financiar a grupos promotores del aborto en Hispanoamérica.

No sólo eso. La llegada de un presidente norteamericano pro vida a la Casa Blanca podría exigir a países que reciben ayuda financiera de Estados Unidos –México entre ellos– que dejara de promover el aborto en su país a cambio de tener esa ayuda.

El ambiente en Norteamérica está más polarizado que nunca. Se trata de dos posturas irreconciliables que reflejan dos manera de interpretar el derecho. Por un lado quienes juzgan y entienden la Constitución con el espíritu con el que fue escrita y, por otro, quienes afirman que la Constitución debe adecuarse a los tiempos actuales.

Algunos funcionarios de primer nivel, visiblemente enojados, azuzaron la furia de los demócratas abortistas, como la vicepresidenta Kamala Harris: “¿Cómo se atreven  a decirle a una mujer lo que puede hacer con su propio cuerpo? ¿Cómo se atreven a tratar de evitar que determine su propio futuro? ¿Cómo se atreven a negar a las mujeres sus derechos y libertades?”

A la progresía le han clavado banderillas negras. Están fúricos al grado de que algunos sitios católicos han comenzado a dar consejos e instrucciones de cómo los feligreses pueden defender sus parroquias de las hordas abortistas.

En las antípodas del progresismo estamos los pro vida que afirmamos que los abortos niegan todos los derechos y libertades a los bebés por nacer, ya que son seres humanos vivos e insustituibles desde el momento de su concepción; que el derecho a la vida de un inocente prevalece sobre otros derechos que reclamen las mujeres; y que la grandeza y el futuro de una nación democrática está en la protección a toda vida humana desde el vientre materno.

Mientras llega la decisión final de la Suprema Corte –que será hacia finales de junio y esperemos que sea a favor de la vida– quienes defendemos la dignidad de la persona humana debemos seguir orando; porque esta es una batalla, ante todo, espiritual, un choque frontal entre la luz y las tinieblas. La escalofriante cifra de más de 63 millones de bebés que han sido sacrificados en abortos en Estados Unidos desde 1973 podría empezar a detenerse, y Norteamérica podría representar un futuro de esperanza para muchas naciones.

El P. Eduardo Hayen es Director de Comunicación de la Diócesis de Ciudad Juárez.

¡El colmo! ¿Ahora hasta a los niños nacidos quieren matar?




La codicia de la industria del aborto no tiene límites, y la barbarie parece expandirse.

Hace unas semanas comenzó a discutirse en California un proyecto de ley que legalizaría el infanticidio. Es la ley AB 2223 que dice: “la persona no será sujeta de responsabilidad civil o penal, o privada de sus derechos, sobre la base de sus acciones u omisiones con respecto a su embarazo, o resultado real, potencial o presunto del embarazo, incluyendo aborto involuntario, muerte fetal, aborto, o la muerte perinatal”.

Muerte perinatal quiere decir que a los bebés se les podría matar una vez nacidos y el período podría extenderse, según algunos juristas, hasta los dos años de vida. El período perinatal aún no está bien definido. Algunos médicos lo señalan hasta la cuarta semana después del nacimiento, pero en algunos sitios de internet dicen que puede abarcar hasta las 18 o 24 semanas.

En respuesta a estas preocupaciones, la asambleísta Buffy Wicks, autora de la iniciativa de ley, habría aceptado modificar el proyecto de ley para especificar que sólo se aplica a las muertes perinatales derivadas de causas relacionadas con el embarazo.

Pero mientras tanto, la duda permanece en torno a esta propuesta de ley que sería monstruosa, pues intentaría ampliar los “derechos sexuales y reproductivos de la mujer” más allá del nacimiento de su hijo y permitirle que ella pudiera dar marcha atrás al proyecto de ser madre. Debemos esperar a ver cómo se desarrollan las cosas.

Por otro lado, California es el estado económicamente más rico de los Estados Unidos y semillero de ideas progresistas. Ahí hacen nido las feministas socialistas, los partidarios más radicales de la ideología de género alentados por Disney, los adoradores de la izquierda de Hollywood, una pléyade de ateos y agnósticos en Silicon Valley, así como activistas ambientalistas. Es en el “Estado dorado” donde se intenta suprimir el pasado cristiano y manipular la historia, derribando las estatuas de san Junípero Serra, fundador de sus misiones, para constituirse lo que llaman “un santuario abortista”.

Cuando la sociedad sólo mira su propio ombligo y no quiere quitarse las orejas del ratón Miguelito que le ha puesto Disney, entonces se queda dormida y empieza a planear su suicidio masivo. Crece la depravación. Cuando se cree que la vida espiritual es algo del pasado y la búsqueda de lo sagrado es medieval, ya nada importa, salvo las apetencias y caprichos –comida, bebida y diversión– y entonces se quiere eliminar a quien estorbe. Así se va la vida, solamente de fiesta en fiesta, de viaje en viaje, sin tiempo para horizontes más profundos y alegrías que perduran.

Dice el cardenal Robert Sarah: “Me sorprende el talento que ha desarrollado el hombre moderno para ensuciar lo que toca. Fíjese en el espacio: la belleza de las imágenes de los planetas y los astros es sobrecogedora. Cada cosa ocupa su lugar. El orden del universo rezuma paz. Fíjese en el mundo, las montañas, los ríos, los paisajes; todo rezuma una serena belleza. Fíjese en el rostro de un niño que ríe a carcajadas, en el rostro de un anciano arrugado por los años. Dios ha creado a su criatura con tanto amor que siempre emana de ella una impresión de nobleza y belleza. ¡Y ahora fíjese en lo que hace el mundo moderno!”

“La modernidad desfigura la belleza del Creador reflejada tanto en el rostro de los niños como en el de los moribundos. Ese reflejo le resulta tan insoportable que quiere deformarlo. Ese reflejo es un incesante reproche que no puede tolerar. Quiere envilecerlo”. Si la ternura de un bebé en gestación resultaba incómoda para los partidarios de la muerte, ¿será que la belleza y la inocencia de un niño nacido se vuelve tan inaguantable que haya que destruirlo?

Parece increíble que los hombres y mujeres de nuestro tiempo, tan preocupados por sacarle el máximo provecho posible a los encantos de la vida, luchen por eliminarla. En el fondo se trata de odio a la vida, odio al amor, odio a la belleza.

¿De qué sirve tanta educación universitaria, tanto bienestar económico, tanto progreso material cuando nos estamos convirtiendo en seres cada vez más malvados y perversos? Decía el cardenal Sarah: “La cultura de la muerte es obra de una contracultura de muertos vivientes”.

El espíritu humano puede llegar a niveles inauditos de deshumanización. Hemos de defender a los no nacidos y a los niños para que estas leyes criminales no se extiendan por el mundo. Y hemos de fortalecer nuestra Iglesia, que por hoy es el único reducto que nos queda para conservar la dignidad y vivir una vida auténticamente humana, la vida de los hijos de Dios.

El P. Eduardo Hayen es Director de Comunicación de la Diócesis de Ciudad Juárez.

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