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¿La Iglesia prohíbe a los laicos crear partidos políticos católicos?


Verás, la Iglesia Católica siempre ha promovido la participación activa de los laicos en la vida política y social. De hecho, el Concilio Vaticano II afirmó claramente que los laicos tienen el deber y el derecho de participar en la vida pública, para así contribuir al bien común y al progreso de la sociedad (cf. Gaudium et Spes, 75). Esto significa que cada uno de nosotros, como católicos, tiene la responsabilidad de involucrarnos en la vida política, no solo como votantes, sino también, en el caso de los laicos, como líderes, legisladores y agentes de cambio en nuestra comunidad.

Ahora bien, respecto a la creación de partidos políticos específicamente católicos, la Iglesia no prohíbe tal acción, pero tampoco la promueve de manera explícita y específica. ¿Por qué? Bueno, déjame explicártelo.

En primer lugar, es importante entender que la Iglesia tiene una visión de la política que va más allá de las divisiones partidistas. Nuestro enfoque no se limita a la defensa de intereses particulares o a la búsqueda del poder político. Más bien, la Iglesia nos llama a trabajar por el bien común y la justicia social, inspirados por los valores evangélicos y la dignidad de la persona humana.

La política, para un católico, no es simplemente una cuestión de ganar elecciones o promover una agenda específica, sino de servir a los demás con amor y justicia. Como nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, la autoridad política debe ejercerse como un servicio al bien común, reconociendo siempre la primacía de la ley moral (cf. Catecismo, 1903-1904). Por lo tanto, nuestro compromiso político debe estar guiado por la búsqueda de la verdad, la justicia y la solidaridad, más que por intereses partidistas o ideológicos estrechos.

Crear un partido político específicamente católico podría tener el riesgo de reducir la riqueza y la diversidad del compromiso político de los católicos. La fe católica nos llama a ser fermento en la masa, a influir en todas las áreas de la sociedad, no solo en un partido político particular. Al unirnos a diversos partidos y movimientos, podemos llevar los valores del Evangelio a todas partes, enriqueciendo así el debate público y promoviendo un auténtico diálogo social.

Además, la historia nos enseña que la identificación estrecha entre la Iglesia y un partido político puede generar divisiones y tensiones dentro de la comunidad cristiana. La Iglesia es universal, está llamada a acoger a personas de todas las condiciones y procedencias, y no debe estar alineada exclusivamente con una opción política particular. La fe católica trasciende las fronteras partidistas y nos llama a buscar la verdad y la justicia donde quiera que se encuentren, más allá de las etiquetas políticas.

Por supuesto, esto no significa que los católicos no puedan participar en partidos políticos existentes o que no puedan promover sus valores en el ámbito político. Muy al contrario, la Iglesia anima a los laicos a comprometerse activamente en la vida política, llevando nuestra fe al corazón de la sociedad y trabajando por un mundo más justo y solidario. Lo que no promueve la Iglesia es la participación de los religiosos en la política.

El Papa San Juan Pablo II explicó lo anterior de la siguiente manera: "la participación activa en los partidos políticos está reservada a los laicos" (JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles laici).

Y como también nos recuerda el Papa Francisco, "la política, según la doctrina social de la Iglesia, es una de las formas más elevadas de la caridad, porque sirve al bien común" (cf. Evangelii Gaudium, 205). Por lo tanto, cada católico debe discernir cómo puede contribuir mejor al bien común, teniendo en cuenta su conciencia y las enseñanzas de la Iglesia, pero también las circunstancias concretas de su contexto político y social.

En resumen, la Iglesia no prohíbe la creación de partidos políticos católicos, pero tampoco los promueve de manera explícita y específica. En lugar de eso, nos llama a participar activamente en la vida política, inspirados por los valores del Evangelio, y a trabajar por el bien común en todas las esferas de la sociedad. Recordemos siempre que nuestra identidad como católicos va más allá de las etiquetas políticas y que nuestro compromiso debe ser siempre con la verdad, la justicia y el amor al prójimo.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

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